miércoles, 9 de agosto de 2017

LECTURA BÍBLICA 9 DE AGOSTO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    16:1-9

Luc 16:1 Jesús les contó la siguiente historia a sus discípulos: «Había cierto hombre rico que tenía un administrador que manejaba sus negocios. Un día llegó la noticia de que el administrador estaba malgastando el dinero de su patrón.
Luc 16:2 Entonces el patrón lo llamó y le dijo: “¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Prepara un informe final porque voy a despedirte”.
Luc 16:3 »El administrador pensó: “¿Y ahora qué haré? Mi jefe me ha despedido. No tengo fuerzas para cavar zanjas y soy demasiado orgulloso para mendigar.
Luc 16:4 Ah, ya sé cómo asegurarme de que tendré muchos amigos que me recibirán en sus casas cuando mi patrón me despida.
Luc 16:5 »Entonces invitó a todo el que le debía dinero a su patrón para conversar sobre la situación. Le preguntó al primero: “¿Cuánto debes a mi patrón?”
Luc 16:6 El hombre contestó: “Le debo tres mil litros de aceite de oliva”. Entonces el administrador le dijo: “Toma la factura y cámbiala a mil quinientos litros”.*
Luc 16:7 »Le preguntó al siguiente: “¿Cuánto le debes tú?” “Le debo mil medidas de trigo”, respondió. “Toma la factura y cámbiala a ochocientas medidas”, le dijo.*
Luc 16:8 »El hombre rico tuvo que admirar a este pícaro deshonesto por su astucia. Y la verdad es que los hijos de este mundo son más astutos al lidiar con el mundo que los rodea que los hijos de la luz.
Luc 16:9 Aquí está la lección: usen sus recursos mundanos para beneficiar a otros y para hacer amigos. Entonces, cuando esas posesiones terrenales se acaben, ellos les darán la bienvenida a un hogar eterno.*





1 TIMOTEO 6:1-10

1Ti 6:1 Todos los esclavos deberían tener sumo respeto por sus amos para no avergonzar el nombre de Dios y su enseñanza.
1Ti 6:2 El hecho de que tengan amos creyentes no es excusa para ser irrespetuosos. Al contrario, esos esclavos deberían servir a sus amos con mucho más esmero, porque ese esfuerzo beneficia a otros muy amados creyentes.*
1Ti 6:3 Puede ser que algunas personas nos contradigan, pero lo que enseñamos es la sana enseñanza de nuestro Señor Jesucristo, la cual conduce a una vida de sumisión a Dios.
1Ti 6:4 Cualquiera que enseñe algo diferente es arrogante y le falta entendimiento. Tal persona tiene el deseo enfermizo de cuestionar el significado de cada palabra. Esto provoca discusiones que terminan en celos, divisiones, calumnias y malas sospechas.
1Ti 6:5 Individuos como éstos siempre causan problemas. Tienen la mente corrompida y le han dado la espalda a la verdad. Para ellos, mostrar sumisión a Dios es sólo un medio para enriquecerse.
1Ti 6:6 Pero la verdadera sumisión a Dios es una gran riqueza en sí misma cuando uno está contento con lo que tiene.
1Ti 6:7 Después de todo, no trajimos nada cuando vinimos a este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada cuando lo dejemos.
1Ti 6:8 Así que, si tenemos suficiente alimento y ropa, estemos contentos.
1Ti 6:9 Pero los que viven con la ambición de hacerse ricos caen en tentación y quedan atrapados por muchos deseos necios y dañinos que los hunden en la ruina y la destrucción.
1Ti 6:10 Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal. Y algunas personas, en su intenso deseo por el dinero, se han desviado de la fe verdadera y se han causado muchas heridas dolorosas.




PROVERBIOS 9

Pro 9:1 La Sabiduría edificó su casa, labró sus siete pilares.
Pro 9:2 Preparó un gran banquete, mezcló los vinos y puso la mesa.
Pro 9:3 Envió a sus sirvientes para que invitaran a todo el mundo. Convoca desde el lugar más alto con vista a la ciudad:
Pro 9:4 «Entren conmigo», clama a los ingenuos. Y a quienes les falta buen juicio, les dice:
Pro 9:5 «Vengan, disfruten mi comida y beban el vino que he mezclado.
Pro 9:6 Dejen atrás sus caminos de ingenuidad y empiecen a vivir; aprendan a usar el buen juicio».
Pro 9:7 El que reprende a un burlón recibirá un insulto a cambio; el que corrige al perverso saldrá herido.
Pro 9:8 Por lo tanto, no te molestes en corregir a los burlones; sólo ganarás su odio. En cambio, corrige a los sabios y te amarán.
Pro 9:9 Instruye a los sabios, y se volverán aún más sabios. Enseña a los justos, y aprenderán aún más.
Pro 9:10 El temor del SEÑOR es la base de la sabiduría. Conocer al Santo da por resultado el buen juicio.
Pro 9:11 La sabiduría multiplicará tus días y dará más años a tu vida.
Pro 9:12 Si te haces sabio, serás tú quien se beneficie. Si desprecias la sabiduría, serás tú quien sufra.
Pro 9:13 La mujer llamada Necedad es una atrevida y aunque no se da cuenta es una ignorante.
Pro 9:14 Se sienta a la entrada de su casa, en el lugar más alto con vista a la ciudad.
Pro 9:15 Llama a los hombres que pasan por ahí, ocupados en sus propios asuntos.
Pro 9:16 «Entren conmigo», les dice a los ingenuos. Y a los que les falta buen juicio, les dice:
Pro 9:17 «¡El agua robada es refrescante; lo que se come a escondidas es más sabroso!».
Pro 9:18 Pero lo que menos se imaginan es que allí están los muertos. Sus invitados están en lo profundo de la tumba.*

LECTURA PARA LA NOCHE

NEHEMÍAS 1-2

Neh 1:1 Estas son las memorias de Nehemías, hijo de Hacalías. A finales del otoño, en el mes de quisleu , del año veinte del reinado del rey Artajerjes,* me encontraba en la fortaleza de Susa.
Neh 1:2 Hananí, uno de mis hermanos, vino a visitarme con algunos hombres que acababan de llegar de Judá. Les pregunté por los judíos que habían regresado del cautiverio y sobre la situación en Jerusalén.
Neh 1:3 Me dijeron: «Las cosas no andan bien. Los que regresaron a la provincia de Judá tienen grandes dificultades y viven en desgracia. La muralla de Jerusalén fue derribada, y las puertas fueron consumidas por el fuego».
Neh 1:4 Cuando oí esto, me senté a llorar. De hecho, durante varios días estuve de duelo, ayuné y oré al Dios del cielo,
Neh 1:5 y dije: «Oh SEÑOR, Dios del cielo, Dios grande y temible que cumples tu pacto de amor inagotable con los que te aman y obedecen tus mandatos,
Neh 1:6 ¡escucha mi oración! Mírame y verás que oro día y noche por tu pueblo Israel. Confieso que hemos pecado contra ti. ¡Es cierto, incluso mi propia familia y yo hemos pecado!
Neh 1:7 Hemos pecado terriblemente al no haber obedecido los mandatos, los decretos y las ordenanzas que nos diste por medio de tu siervo Moisés.
Neh 1:8 »Te suplico que recuerdes lo que le dijiste a tu siervo Moisés: “Si me son infieles los dispersaré entre las naciones;
Neh 1:9 pero si vuelven a mí y obedecen mis mandatos y viven conforme a ellos, entonces aunque se encuentren desterrados en los extremos más lejanos de la tierra, yo los volveré a traer al lugar que elegí para que mi nombre sea honrado”.
Neh 1:10 »El pueblo que rescataste con tu gran poder y mano fuerte es tu siervo.
Neh 1:11 ¡Oh Señor, te suplico que oigas mi oración! Escucha las oraciones de aquellos quienes nos deleitamos en darte honra. Te suplico que hoy me concedas éxito y hagas que el rey me dé su favor.* Pon en su corazón el deseo de ser bondadoso conmigo». En esos días yo era el copero del rey.
Neh 2:1 A comienzos de la siguiente primavera, en el mes de nisán ,* durante el año veinte del reinado de Artajerjes, le servía el vino al rey y, como nunca antes había estado triste en su presencia,
Neh 2:2 me preguntó: —¿Por qué te ves tan triste? No me parece que estés enfermo; debes estar profundamente angustiado. Entonces quedé aterrado,
Neh 2:3 pero le contesté: —Viva el rey para siempre. ¿Cómo no voy a estar triste cuando la ciudad donde están enterrados mis antepasados está en ruinas, y sus puertas han sido consumidas por el fuego?
Neh 2:4 El rey preguntó: —Bueno, ¿cómo te puedo ayudar? Después de orar al Dios del cielo,
Neh 2:5 contesté: —Si al rey le agrada, y si está contento conmigo, su servidor, envíeme a Judá para reconstruir la ciudad donde están enterrados mis antepasados.
Neh 2:6 El rey, con la reina sentada a su lado, preguntó: —¿Cuánto tiempo estarás fuera? ¿Cuándo piensas regresar? Después de decirle cuánto tiempo estaría ausente, el rey accedió a mi petición.
Neh 2:7 Además le dije al rey: —Si al rey le agrada, permítame llevar cartas dirigidas a los gobernadores de la provincia al occidente del río Éufrates,* indicándoles que me permitan viajar sin peligro por sus territorios de camino a Judá.
Neh 2:8 Además, le ruego que me dé una carta dirigida a Asaf, el encargado del bosque del rey, con instrucciones de suministrarme madera. La necesitaré para hacer vigas para las puertas de la fortaleza del templo, para las murallas de la ciudad y para mi propia casa. Entonces el rey me concedió estas peticiones porque la bondadosa mano de Dios estaba sobre mí.
Neh 2:9 Cuando llegué ante los gobernadores de la provincia al occidente del río Éufrates, les entregué las cartas del rey. Debo agregar que el rey mandó oficiales del ejército y jinetes* para protegerme.
Neh 2:10 Ahora bien, cuando Sanbalat, el horonita, y Tobías, el oficial amonita, se enteraron de mi llegada, se molestaron mucho porque alguien había venido para ayudar al pueblo de Israel.
Neh 2:11 Entonces llegué a Jerusalén. Tres días después,
Neh 2:12 me escabullí durante la noche, llevando conmigo a unos cuantos hombres. No le había dicho a nadie acerca de los planes que Dios había puesto en mi corazón para Jerusalén. No llevamos ningún animal de carga, con excepción del burro en el que yo cabalgaba.
Neh 2:13 Salí por la Puerta del Valle cuando ya había oscurecido y pasé por el Pozo del Chacal* hacia la Puerta del Estiércol para inspeccionar las murallas caídas y las puertas quemadas.
Neh 2:14 Luego fui a la Puerta de la Fuente y al Estanque del Rey, pero mi burro no pudo pasar por los escombros.
Neh 2:15 A pesar de que aún estaba oscuro, subí por el valle de Cedrón* e inspeccioné la muralla, antes de regresar y entrar nuevamente por la Puerta del Valle.
Neh 2:16 Los funcionarios de la ciudad no supieron de mi salida ni de lo que hice, porque aún no le había dicho nada a nadie sobre mis planes. Todavía no había hablado con los líderes judíos: los sacerdotes, los nobles, los funcionarios, ni con ningún otro en la administración;
Neh 2:17 pero ahora les dije: —Ustedes saben muy bien las dificultades en que estamos. Jerusalén yace en ruinas y sus puertas fueron destruidas por fuego. ¡Reconstruyamos la muralla de Jerusalén y pongamos fin a esta desgracia!
Neh 2:18 Después les conté cómo la bondadosa mano de Dios estaba sobre mí, y acerca de mi conversación con el rey. De inmediato contestaron: —¡Sí, reconstruyamos la muralla! Así que comenzaron la buena obra.
Neh 2:19 Sin embargo, cuando Sanbalat, Tobías y Gesem el árabe se enteraron de nuestro plan, se burlaron con desprecio. —¿Qué están haciendo? —preguntaron—. ¿Se rebelan contra el rey?
Neh 2:20 Yo contesté: —El Dios del cielo nos ayudará a tener éxito. Nosotros, sus siervos, comenzaremos a reconstruir esta muralla; pero ustedes no tienen ninguna parte ni derecho legal o reclamo histórico en Jerusalén.

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