jueves, 24 de agosto de 2017

LECTURA BÍBLICA 24 DE AGOSTO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    20:9-19

Luc 20:1 Cierto día, mientras Jesús enseñaba a la gente y predicaba la Buena Noticia en el templo, los principales sacerdotes, los maestros de la ley religiosa y los ancianos se le acercaron.
Luc 20:2 —¿Con qué autoridad haces todas estas cosas? —le reclamaron —. ¿Quién te dio el derecho?
Luc 20:3 —Primero, déjenme hacerles una pregunta —les respondió él —.
Luc 20:4 La autoridad de Juan para bautizar, ¿provenía del cielo o era meramente humana?
Luc 20:5 Ellos discutieron el asunto unos con otros. «Si decimos que provenía del cielo, preguntará por qué nosotros no le creímos a Juan.
Luc 20:6 Pero, si decimos que era meramente humana, la gente nos apedreará, porque están convencidos de que Juan era un profeta».
Luc 20:7 Entonces finalmente contestaron que no sabían.
Luc 20:8 Y Jesús respondió: —Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas.
Luc 20:9 Jesús se dirigió nuevamente a la gente y les contó la siguiente historia: «Un hombre plantó un viñedo, lo alquiló a unos agricultores arrendatarios y se mudó a vivir a otro país por varios años.




 FILEMÓN 1:1-11

Flm 1:1 Yo, Pablo, prisionero por predicar la Buena Noticia acerca de Cristo Jesús, junto con nuestro hermano Timoteo, les escribo esta carta a Filemón, nuestro amado colaborador,
Flm 1:2 a nuestra hermana Apia, a Arquipo, nuestro compañero en la lucha, y a la iglesia que se reúne en tu casa.
Flm 1:3 Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les den gracia y paz.
Flm 1:4 Filemón, siempre le doy gracias a mi Dios cuando oro por ti
Flm 1:5 porque sigo oyendo de tu fe en el Señor Jesús y de tu amor por todo el pueblo de Dios.
Flm 1:6 Pido a Dios que pongas en práctica la generosidad que proviene de tu fe a medida que comprendes y vives todo lo bueno que tenemos en Cristo.
Flm 1:7 Hermano, tu amor me ha dado mucha alegría y consuelo, porque muchas veces tu bondad reanimó el corazón del pueblo de Dios.
Flm 1:8 Por esta razón me atrevo a pedirte un favor. Podría exigírtelo en el nombre de Cristo, porque es correcto que lo hagas.
Flm 1:9 Pero, por amor, prefiero simplemente pedirte el favor. Toma esto como una petición mía, de Pablo, un hombre viejo y ahora también preso por la causa de Cristo Jesús.*
Flm 1:10 Te suplico que le muestres bondad a mi hijo Onésimo. Me convertí en su padre en la fe mientras yo estaba aquí, en la cárcel.
Flm 1:11 Onésimo* no fue de mucha ayuda para ti en el pasado, pero ahora nos es muy útil a los dos.

PROVERBIOS 17:1-14

Pro 17:1 Mejor comer pan duro donde reina la paz, que vivir en una casa llena de banquetes donde hay peleas.
Pro 17:2 El sirviente sabio gobernará sobre el hijo sinvergüenza de su amo y compartirá la herencia con los demás hijos.
Pro 17:3 El fuego prueba la pureza del oro y de la plata, pero el SEÑOR prueba el corazón.
Pro 17:4 Los malhechores están ansiosos por escuchar el chisme; los mentirosos prestan suma atención a la calumnia.
Pro 17:5 Los que se burlan del pobre insultan a su Creador; los que se alegran de la desgracia de otros serán castigados.
Pro 17:6 Los nietos son la corona de gloria de los ancianos; los padres* son el orgullo de sus hijos.
Pro 17:7 Las palabras elocuentes no son apropiadas para el necio; mucho menos las mentiras para el gobernante.
Pro 17:8 El soborno es como tener un amuleto de la suerte; ¡el que lo da, prospera!
Pro 17:9 Cuando se perdona una falta, el amor florece, pero mantenerla presente separa a los amigos íntimos.
Pro 17:10 Es más efectivo un solo regaño al que tiene entendimiento que cien latigazos en la espalda del necio.
Pro 17:11 Los malvados están ansiosos por rebelarse, pero serán severamente castigados.
Pro 17:12 Es menos peligroso toparse con una osa a la que le han robado sus crías que enfrentar a un necio en plena necedad.
Pro 17:13 Si pagas mal por bien, el mal nunca se irá de tu casa.
Pro 17:14 Comenzar una pelea es como abrir las compuertas de una represa, así que detente antes de que estalle la disputa.


LECTURA PARA LA NOCHE

ESTER 7-8

Est 7:1 Entonces el rey y Amán fueron al banquete de la reina Ester.
Est 7:2 En esta segunda ocasión, mientras bebían vino, el rey volvió a decir a Ester: —Dime lo que desees, reina Ester. ¿Cuál es tu petición? ¡Yo te la daré, aun si fuera la mitad del reino!
Est 7:3 La reina Ester contestó: —Si he logrado el favor del rey, y si al rey le agrada conceder mi petición, pido que mi vida y la vida de mi pueblo sean libradas de la muerte.
Est 7:4 Pues mi pueblo y yo hemos sido vendidos para ser muertos, masacrados y aniquilados. Si sólo nos hubieran vendido como esclavos, yo me quedaría callada, porque sería un asunto por el cual no merecería molestar al rey.
Est 7:5 —¿Quién sería capaz de hacer semejante cosa? —preguntó el rey Jerjes—. ¿Quién podría ser tan descarado para tocarte a ti?
Est 7:6 Ester contestó: —Este malvado Amán es nuestro adversario y nuestro enemigo. Amán se puso pálido de miedo delante del rey y de la reina.
Est 7:7 Entonces el rey, enfurecido, se levantó de un salto y salió al jardín del palacio. Amán, en cambio, se quedó con la reina Ester para implorar por su vida, porque sabía que el rey pensaba matarlo.
Est 7:8 En su desesperación se dejó caer sobre el diván donde estaba reclinada la reina Ester, justo cuando el rey volvía del jardín del palacio. El rey exclamó: «¿Hasta se atreve a atacar a la reina aquí mismo, en el palacio, ante mis propios ojos?». Entonces, en cuanto el rey habló, sus asistentes le cubrieron la cara a Amán en señal de condena.
Est 7:9 Luego Harbona, uno de los eunucos del rey, dijo: —Amán ha levantado un poste afilado de veintidós metros y medio* en el patio de su casa. Tenía pensado utilizarlo para atravesar a Mardoqueo, el hombre que salvó al rey de ser asesinado. —¡Que atraviesen a Amán en ese poste! —ordenó el rey.
Est 7:10 Entonces atravesaron a Amán con el poste que había levantado para Mardoqueo, y la furia del rey se calmó.
Est 8:1 Ese mismo día, el rey Jerjes entregó a la reina Ester las propiedades de Amán, el enemigo de los judíos. Luego llevaron a Mardoqueo ante el rey, porque Ester le había contado al rey el parentesco que había entre ellos.
Est 8:2 El rey se quitó el anillo con su sello oficial —el cual había recuperado de Amán— y se lo dio a Mardoqueo; y Ester nombró a Mardoqueo como encargado de las propiedades de Amán.
Est 8:3 Luego Ester volvió a presentarse ante el rey, cayó a sus pies y le suplicó con lágrimas que detuviera el plan siniestro que Amán, el agagueo, había conspirado contra los judíos.
Est 8:4 Nuevamente el rey extendió su cetro de oro hacia Ester. De modo que ella se levantó y permaneció de pie delante de él.
Est 8:5 Ester dijo: —Si al rey le place y yo he logrado su favor, y si al rey le parece correcto y yo le resulto agradable, que se emita un decreto que anule las órdenes de Amán, hijo de Hamedata el agagueo, quien ordenó la destrucción de los judíos en todas las provincias del rey.
Est 8:6 Pues, ¿cómo podría soportar ver a mi pueblo y a mi familia ser masacrados y destruidos?
Est 8:7 Entonces el rey Jerjes dijo a la reina Ester y a Mardoqueo, el judío: —Le he dado a Ester las propiedades de Amán, a quien atravesaron en un poste porque trató de destruir a los judíos.
Est 8:8 Ahora envíen un mensaje a los judíos en nombre del rey, que exprese lo que ustedes quieran, y séllenlo con el anillo del rey. Sin embargo, recuerden que todo lo que ya se ha escrito en nombre del rey y lo que se ha sellado con su anillo jamás puede ser revocado.
Est 8:9 Así que, el 25 de junio,* reunieron a los secretarios del rey, y se escribió un decreto tal como Mardoqueo lo dictó. Lo enviaron a los judíos y a los funcionarios de más alta posición, a los gobernadores y a los nobles de las ciento veintisiete provincias, que se extendían desde la India hasta Etiopía.* Este decreto se escribió en los propios sistemas de escritura y en los propios idiomas de cada pueblo del imperio, incluido el de los judíos.
Est 8:10 El decreto se redactó en nombre del rey Jerjes y fue sellado con el anillo del rey. Mardoqueo envió los comunicados por medio de mensajeros veloces, quienes montaban caballos rápidos, criados especialmente para el servicio del rey.
Est 8:11 El decreto del rey les daba autoridad a los judíos de todas las ciudades para unirse y defender su vida. Se les permitía matar, masacrar y aniquilar a cualquiera, de cualquier nacionalidad o provincia, que los atacara a ellos o a sus esposas e hijos. También podían apoderarse de los bienes de sus enemigos.
Est 8:12 El día escogido para llevar a cabo esa acción en todas las provincias del rey Jerjes fue el 7 de marzo del año siguiente.*
Est 8:13 En cada provincia debía emitirse una copia de ese decreto como ley y proclamarse a todos los pueblos, para que los judíos estuvieran preparados para vengarse de sus enemigos el día señalado.
Est 8:14 Así que, impulsados por el mandato del rey, los mensajeros salieron a toda prisa sobre caballos rápidos, criados para el servicio del rey. Este mismo decreto también se proclamó en la fortaleza de Susa.
Est 8:15 Luego Mardoqueo salió de la presencia del rey vestido con el manto real azul y blanco, con una gran corona de oro y con una capa de púrpura y lino de la más alta calidad. La gente de Susa también celebró el nuevo decreto y
Est 8:16 los judíos se llenaron de gozo y alegría y recibieron honra en todas partes.
Est 8:17 En cada provincia y ciudad, en cada lugar donde llegaba el decreto del rey, los judíos se alegraban mucho, festejaban a lo grande, y declararon día feriado y de celebración. También muchas personas del territorio se hicieron judíos por temor a lo que pudieran hacerles los judíos.

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