lunes, 2 de mayo de 2016

LECTURA BÍBLICA 2 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    10:1-16

Mar 10:1 Luego Jesús salió de Capernaúm, descendió a la región de Judea y entró en la zona que está al este del río Jordán. Una vez más, las multitudes lo rodearon, y él les enseñaba como de costumbre.
Mar 10:2 Unos fariseos se acercaron y trataron de tenderle una trampa con la siguiente pregunta: —¿Está bien permitir que un hombre se divorcie de su esposa?
Mar 10:3 Jesús les contestó con otra pregunta: —¿Qué dijo Moisés en la ley sobre el divorcio?
Mar 10:4 —Bueno, él lo permitió —contestaron —. Dijo que un hombre puede darle a su esposa un aviso de divorcio por escrito y despedirla.*
Mar 10:5 Pero Jesús respondió: —Moisés escribió ese mandamiento sólo como una concesión ante la dureza del corazón de ustedes.
Mar 10:6 Pero, desde el principio de la creación, “Dios los hizo hombre y mujer”.*
Mar 10:7 Esto explica por qué “un hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa,*
Mar 10:8 y los dos se convierten en uno solo”*. Como ya no son dos sino uno,
Mar 10:9 que nadie separe lo que Dios ha unido.
Mar 10:10 Más tarde, cuando quedó a solas con sus discípulos en la casa, ellos sacaron el tema de nuevo.
Mar 10:11 Él les dijo: «El que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio contra ella.
Mar 10:12 Y, si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio».
Mar 10:13 Cierto día, algunos padres llevaron a sus niños a Jesús para que los tocara y los bendijera, pero los discípulos regañaron a los padres por molestarlo.
Mar 10:14 Cuando Jesús vio lo que sucedía, se enojó con sus discípulos y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino de Dios pertenece a los que son como estos niños.
Mar 10:15 Les digo la verdad, el que no reciba el reino de Dios como un niño nunca entrará en él».
Mar 10:16 Entonces tomó a los niños en sus brazos y después de poner sus manos sobre la cabeza de ellos, los bendijo.


2 CORINTIOS 1:12-24

2Co 1:12 Podemos decir con confianza y con una conciencia limpia que, en todos nuestros asuntos, hemos vivido en santidad* y con una sinceridad dadas por Dios. Hemos dependido de la gracia de Dios y no de nuestra propia sabiduría humana. Ésa es la forma en que nos hemos comportado ante el mundo y en especial con ustedes.
2Co 1:13 Nuestras cartas fueron transparentes, y no hay nada escrito entre líneas ni nada que no puedan entender. Espero que algún día nos entiendan plenamente,
2Co 1:14 aunque por ahora no nos entiendan. Entonces, en el día que el Señor Jesús* regrese, estarán orgullosos de nosotros de la misma manera que nosotros estamos orgullosos de ustedes.
2Co 1:15 Como estaba tan seguro de su comprensión y confianza, quise darles una doble bendición al visitarlos dos veces:
2Co 1:16 primero, de camino a Macedonia y, otra vez al regresar de Macedonia.* Luego podrían ayudarme a seguir mi viaje a Judea.
2Co 1:17 Tal vez se pregunten por qué cambié de planes. ¿Acaso piensan que hago mis planes a la ligera? ¿Piensan que soy como la gente del mundo que dice «sí» cuando en realidad quiere decir «no»?
2Co 1:18 Tan cierto como que Dios es fiel, nuestra palabra a ustedes no oscila entre el «sí» y el «no».
2Co 1:19 Pues Jesucristo, el Hijo de Dios, no titubea entre el «sí» y el «no». Él es aquél de quien Silas,* Timoteo y yo les predicamos, y siendo el «sí» definitivo de Dios, él siempre hace lo que dice.
2Co 1:20 Pues todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo con un resonante «¡sí!». Y, por medio de Cristo, nuestro «amén» (que significa «sí») se eleva a Dios para su gloria.
2Co 1:21 Es Dios quien nos capacita, junto con ustedes, para estar firmes por Cristo. Él nos comisionó
2Co 1:22 y nos identificó como suyos al poner al Espíritu Santo en nuestro corazón como un anticipo que garantiza todo lo que él nos prometió.
2Co 1:23 Ahora pongo a Dios por testigo de que les digo la verdad. La razón por la cual no regresé a Corinto fue para ahorrarles una severa reprimenda.
2Co 1:24 Pero eso no significa que queramos dominarlos al decirles cómo poner en práctica su fe. Queremos trabajar junto con ustedes para que estén llenos de alegría, porque es por medio de su propia fe que se mantienen firmes.


SALMO 96

Sal 96:1 ¡Canten al SEÑOR una nueva canción! ¡Qué toda la tierra cante al SEÑOR!
Sal 96:2 Canten al SEÑOR, alaben su nombre; cada día anuncien las buenas noticias de que él salva.
Sal 96:3 Anuncien sus gloriosas obras entre las naciones; cuéntenles a todos las cosas asombrosas que él hace.
Sal 96:4 ¡Grande es el SEÑOR! ¡Es el más digno de alabanza! A él hay que temer por sobre todos los dioses.
Sal 96:5 Los dioses de las otras naciones no son más que ídolos, ¡pero el SEÑOR hizo los cielos!
Sal 96:6 Honor y majestad lo rodean; fuerza y belleza llenan su santuario.
Sal 96:7 Oh naciones del mundo, reconozcan al SEÑOR; reconozcan que el SEÑOR es fuerte y glorioso.
Sal 96:8 ¡Den al SEÑOR la gloria que merece! Lleven ofrendas y entren en sus atrios.
Sal 96:9 Adoren al SEÑOR en todo su santo esplendor; que toda la tierra tiemble delante de él.
Sal 96:10 Digan a todas las naciones: «¡El SEÑOR reina!». El mundo permanece firme y no puede ser sacudido. Él juzgará a todos los pueblos con imparcialidad.
Sal 96:11 ¡Que los cielos se alegren, y la tierra se goce! ¡Que el mar y todo lo que contiene exclamen sus alabanzas!
Sal 96:12 ¡Que los campos y sus cultivos estallen de alegría! Que los árboles del bosque susurren con alabanza
Sal 96:13 delante del SEÑOR, ¡porque él viene! Viene a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia y a las naciones con su verdad.

LECTURA PARA LA NOCHE

1 SAMUEL    3-5

1Sa 3:1 Mientras tanto, el niño Samuel servía al SEÑOR ayudando a Elí. Ahora bien, en esos días los mensajes del SEÑOR eran muy escasos y las visiones eran poco comunes.
1Sa 3:2 Una noche, Elí, que para entonces estaba casi ciego, ya se había acostado.
1Sa 3:3 La lámpara de Dios aún no se había apagado, y Samuel estaba dormido en el tabernáculo* cerca del arca de Dios.
1Sa 3:4 De pronto el SEÑOR llamó: —¡Samuel! —Sí —respondió Samuel—. ¿Qué quiere?
1Sa 3:5 Se levantó y corrió hasta donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? —Yo no te llamé —dijo Elí—. Vuelve a la cama. Entonces, Samuel se volvió a acostar.
1Sa 3:6 Luego, el SEÑOR volvió a llamar: —¡Samuel! Nuevamente Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? —Yo no te llamé, hijo mío —respondió Elí—. Vuelve a la cama.
1Sa 3:7 Samuel todavía no conocía al SEÑOR, porque nunca antes había recibido un mensaje de él.
1Sa 3:8 Así que el SEÑOR llamó por tercera vez, y una vez más Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? En ese momento Elí se dio cuenta de que era el SEÑOR quien llamaba al niño.
1Sa 3:9 Entonces le dijo a Samuel: —Ve y acuéstate de nuevo y, si alguien vuelve a llamarte, di: “Habla, SEÑOR, que tu siervo escucha”. Así que Samuel volvió a su cama.
1Sa 3:10 Y el SEÑOR vino y llamó igual que antes: —¡Samuel! ¡Samuel! Y Samuel respondió: —Habla, que tu siervo escucha.
1Sa 3:11 Entonces el SEÑOR le dijo a Samuel: —Estoy por hacer algo espantoso en Israel.
1Sa 3:12 Llevaré a cabo todas mis amenazas contra Elí y su familia, de principio a fin.
1Sa 3:13 Le advertí que viene juicio sobre su familia para siempre, porque sus hijos blasfeman a Dios* y él no los ha disciplinado.
1Sa 3:14 Por eso juré que los pecados de Elí y los de sus hijos jamás serán perdonados ni por medio de sacrificios ni ofrendas.
1Sa 3:15 Entonces Samuel se quedó en la cama hasta la mañana; luego se levantó y abrió las puertas del tabernáculo,* como de costumbre. Tenía miedo de contarle a Elí lo que el SEÑOR le había dicho.
1Sa 3:16 Pero Elí lo llamó: —Samuel, hijo mío. —Aquí estoy —respondió Samuel.
1Sa 3:17 —¿Qué te dijo el SEÑOR? Dímelo todo. ¡Y que el SEÑOR te castigue, y aun te mate, si me ocultas algo!
1Sa 3:18 Entonces Samuel le contó todo a Elí; no le ocultó nada. —Es la voluntad del SEÑOR —respondió Elí—. Que él haga lo que mejor le parezca.
1Sa 3:19 El SEÑOR estaba con Samuel mientras crecía, y todo lo que Samuel decía se cumplía.
1Sa 3:20 Entonces todo Israel, desde Dan en el norte hasta Beerseba en el sur, supo que Samuel había sido confirmado como profeta del SEÑOR.
1Sa 3:21 El SEÑOR siguió apareciéndose en Silo y le daba mensajes a Samuel allí en el tabernáculo.
1Sa 4:1 Y las palabras de Samuel llegaban a todo el pueblo de Israel. En aquel tiempo, Israel estaba en guerra con los filisteos. El ejército israelita acampaba cerca de Ebenezer y los filisteos estaban en Afec.
1Sa 4:2 Los filisteos atacaron al ejército de Israel y lo derrotaron matando a cuatro mil hombres.
1Sa 4:3 Terminada la batalla, las tropas se retiraron a su campamento, y los ancianos de Israel se preguntaban: «¿Por qué permitió el SEÑOR que los filisteos nos derrotaran?». Después dijeron: «Traigamos de Silo el arca del pacto del SEÑOR. Si la llevamos con nosotros a la batalla, nos salvará* de nuestros enemigos».
1Sa 4:4 Así que enviaron hombres a Silo para que trajeran el arca del pacto del SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, quien está entronizado entre los querubines. Los hijos de Elí, Ofni y Finees, también estaban allí con el arca del pacto de Dios.
1Sa 4:5 Cuando los israelitas vieron que el arca del pacto del SEÑOR llegaba al campamento, ¡su grito de alegría fue tan fuerte que hizo temblar la tierra!
1Sa 4:6 «¿Qué estará pasando? —se preguntaron los filisteos—. ¿Qué es todo ese griterío en el campamento de los hebreos?». Cuando les dijeron que era porque el arca del SEÑOR había llegado al campamento,
1Sa 4:7 entraron en pánico. «¡Los dioses han* llegado a su campamento! —exclamaron—. ¡Esto es un desastre! ¡Nunca antes nos hemos enfrentado a algo así!
1Sa 4:8 ¡Socorro! ¿Quién podrá librarnos de los dioses poderosos de Israel? Son los mismos dioses que destruyeron a los egipcios con plagas cuando Israel estaba en el desierto.
1Sa 4:9 ¡Filisteos, peleen como nunca antes! ¡Si no lo hacen, seremos esclavos de los hebreos así como ellos han sido esclavos nuestros! ¡Peleen como hombres!».
1Sa 4:10 Así que los filisteos pelearon con desesperación, y de nuevo derrotaron a Israel. La matanza fue grande; ese día murieron treinta mil soldados israelitas. Los sobrevivientes dieron la vuelta y huyeron, cado uno a su carpa.
1Sa 4:11 Entonces los filisteos capturaron el arca de Dios y mataron a Ofni y a Finees, los dos hijos de Elí.
1Sa 4:12 Un hombre de la tribu de Benjamín corrió desde el campo de batalla y, más tarde ese mismo día, llegó a Silo. Había rasgado su ropa y echado polvo sobre su cabeza en señal de dolor.
1Sa 4:13 Elí esperaba junto al camino para oír noticias de la batalla, pues estaba tan preocupado por la seguridad del arca de Dios que le temblaba el corazón. Cuando llegó el mensajero y contó lo que había sucedido, un clamor resonó por todo el pueblo.
1Sa 4:14 «¿A qué se debe todo ese ruido?», preguntó Elí. Entonces el mensajero corrió a donde estaba Elí,
1Sa 4:15 quien tenía noventa y ocho años de edad y ya estaba ciego,
1Sa 4:16 y le dijo: —Acabo de llegar del campo de batalla; estuve allí hoy mismo. —¿Qué pasó, hijo mío? —preguntó Elí.
1Sa 4:17 —Israel fue derrotado por los filisteos —le contestó el mensajero—. Masacraron a la gente, también mataron a sus dos hijos, Ofni y Finees, y capturaron el arca de Dios.
1Sa 4:18 Cuando el mensajero mencionó lo que había sucedido al arca de Dios, Elí cayó de espaldas de su asiento junto a la puerta. Se quebró la nuca y murió, porque era viejo y demasiado gordo. Durante cuarenta años había sido el juez de Israel.
1Sa 4:19 La nuera de Elí, esposa de Finees, estaba embarazada y próxima a dar a luz. Cuando se enteró de que habían capturado el arca de Dios y que su suegro y su esposo habían muerto, entró en trabajo de parto y dio a luz.
1Sa 4:20 Ella murió después del parto, pero antes de que muriera las parteras trataron de animarla. «No tengas miedo —le dijeron—. ¡Tienes un varón!». Pero ella no contestó ni les prestó atención.
1Sa 4:21 Al niño le puso por nombre Icabod (que significa «¿dónde está la gloria?») porque dijo: «La gloria de Israel se ha ido». Le puso ese nombre porque el arca de Dios había sido capturada y porque murieron su suegro y su esposo.
1Sa 4:22 Y luego dijo: «La gloria se ha ido de Israel, porque el arca de Dios ha sido capturada».
1Sa 5:1 Después de que los filisteos capturaran el arca de Dios, la llevaron del campo de batalla en Ebenezer hasta la ciudad de Asdod.
1Sa 5:2 Llevaron el arca de Dios al templo del dios Dagón y la pusieron junto a una estatua de Dagón.
1Sa 5:3 Pero cuando los ciudadanos de Asdod fueron a verla a la mañana siguiente, ¡la estatua de Dagón había caído boca abajo delante del arca del SEÑOR! Así que levantaron a Dagón y nuevamente lo colocaron en su lugar.
1Sa 5:4 Pero temprano al día siguiente sucedió lo mismo: de nuevo Dagón había caído boca abajo frente al arca del SEÑOR. Esta vez su cabeza y sus manos se habían quebrado y estaban a la entrada; sólo el tronco de su cuerpo quedó intacto.
1Sa 5:5 Por eso, hasta el día de hoy, ni los sacerdotes de Dagón ni nadie más que entra al templo de Dagón, en Asdod, pisan el umbral.
1Sa 5:6 Entonces la mano dura del SEÑOR hirió a la gente de Asdod y de las aldeas cercanas con una plaga de tumores.*
1Sa 5:7 Cuando el pueblo se dio cuenta de lo que sucedía, exclamó: «¡No podemos quedarnos con el arca del Dios de Israel ni un minuto más! ¡Él está en contra de nosotros! Todos seremos destruidos junto con Dagón, nuestro dios».
1Sa 5:8 De modo que convocaron a los gobernantes de las ciudades filisteas y les preguntaron: —¿Qué debemos hacer con el arca del Dios de Israel? Los gobernantes deliberaron y contestaron: —Trasládenla a la ciudad de Gat. Así que trasladaron el arca del Dios de Israel a Gat.
1Sa 5:9 Pero cuando el arca llegó a Gat, la mano dura del SEÑOR cayó sobre sus hombres, jóvenes y mayores; los hirió con una plaga de tumores, y hubo gran pánico.
1Sa 5:10 Entonces enviaron el arca de Dios a la ciudad de Ecrón, pero cuando los habitantes de Ecrón vieron que se acercaba, clamaron: «¡Traen el arca del Dios de Israel a nuestra ciudad para matarnos a nosotros también!».
1Sa 5:11 Entonces el pueblo volvió a llamar a los gobernantes filisteos y les suplicó: «¡Por favor, regresen el arca del Dios de Israel a su propio país, o nos matará* a todos!». Pues ya había comenzado la plaga mortal enviada por Dios, y un gran temor se apoderaba del pueblo.
1Sa 5:12 Los que no morían, sufrían de tumores; y el clamor del pueblo ascendió al cielo.

domingo, 1 de mayo de 2016

LECTURA BÍBLICA 1 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    9:33-50

Mar 9:33 Después de llegar a Capernaúm e instalarse en una casa, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué venían conversando en el camino?».
Mar 9:34 Pero ellos no le contestaron porque venían discutiendo sobre quién de ellos era el más importante.
Mar 9:35 Jesús se sentó y llamó a los doce discípulos y dijo: «Quien quiera ser el primero, debe tomar el último lugar y ser el sirviente de todos los demás».
Mar 9:36 Entonces puso a un niño pequeño en medio de ellos. Y, tomándolo en sus brazos, les dijo:
Mar 9:37 «Todo el que recibe de mi parte* a un niño pequeño como éste me recibe a mí, y todo el que me recibe, no sólo me recibe a mí, sino también a mi Padre, quien me envió».
Mar 9:38 Juan le dijo a Jesús: —Maestro, vimos a alguien usar tu nombre para expulsar demonios, pero le dijimos que no lo hiciera, porque no pertenece a nuestro grupo.
Mar 9:39 —¡No lo detengan! —dijo Jesús —. Nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí.
Mar 9:40 Todo el que no está en contra de nosotros está a nuestro favor.
Mar 9:41 Si alguien les da a ustedes incluso un vaso de agua porque pertenecen al Mesías, les digo la verdad, esa persona ciertamente será recompensada.
Mar 9:42 »Pero, si tú haces que uno de estos pequeños que confían en mí caiga en pecado, sería mejor que te arrojaran al mar con una gran piedra de molino atada al cuello.
Mar 9:43 Si tu mano te hace pecar, córtatela. Es preferible entrar en la vida eterna con una sola mano que en el fuego inextinguible del infierno* con las dos manos.*
Mar 9:44 -.-
Mar 9:45 Si tu pie te hace pecar, córtatelo. Es preferible entrar en la vida eterna con un solo pie que ser arrojado al infierno con los dos pies.*
Mar 9:46 -.-
Mar 9:47 Y, si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Es preferible entrar en el reino de Dios con un solo ojo que tener los dos ojos y ser arrojado al infierno,
Mar 9:48 “donde los gusanos nunca mueren y el fuego nunca se apaga”*.
Mar 9:49 »Pues cada uno será probado con fuego.*
Mar 9:50 La sal es buena para condimentar. Pero, si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo? Entre ustedes deben tener las cualidades de la sal y vivir en paz unos con otros.




2 CORINTIOS 1:1-11

2Co 1:1 Yo, Pablo, elegido por la voluntad de Dios para ser un apóstol de Cristo Jesús, escribo esta carta junto con nuestro hermano Timoteo. Va dirigida a la iglesia de Dios en Corinto y a todo su pueblo santo que está en toda Grecia.*
2Co 1:2 Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les den gracia y paz.
2Co 1:3 Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo.
2Co 1:4 Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros.
2Co 1:5 Pues, cuanto más sufrimos por Cristo, tanto más Dios nos colmará de su consuelo por medio de Cristo.
2Co 1:6 Aun cuando estamos abrumados por dificultades, ¡es para el consuelo y la salvación de ustedes! Pues, cuando nosotros somos consolados, ciertamente los consolaremos a ustedes. Entonces pueden soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros.
2Co 1:7 Tenemos la plena confianza de que, al participar ustedes de nuestros sufrimientos, también tendrán parte del consuelo que Dios nos da.
2Co 1:8 Amados hermanos, pensamos que tienen que estar al tanto de las dificultades que hemos atravesado en la provincia de Asia. Fuimos oprimidos y agobiados más allá de nuestra capacidad de aguantar y hasta pensamos que no saldríamos con vida.
2Co 1:9 De hecho, esperábamos morir. Pero, como resultado, dejamos de confiar en nosotros mismos y aprendimos a confiar sólo en Dios, quien resucita a los muertos.
2Co 1:10 Y efectivamente él nos rescató del peligro mortal y volverá a hacerlo de nuevo. Hemos depositado nuestra confianza en Dios, y él seguirá rescatándonos.
2Co 1:11 Y ustedes nos están ayudando al orar por nosotros. Entonces mucha gente dará gracias porque Dios contestó bondadosamente tantas oraciones por nuestra seguridad.




SALMO 95

Sal 95:1 ¡Vengan, cantemos al SEÑOR! Aclamemos con alegría a la Roca de nuestra salvación.
Sal 95:2 Acerquémonos a él con acción de gracias. Cantémosle salmos de alabanza,
Sal 95:3 porque el SEÑOR es Dios grande, un gran Rey sobre todos los dioses.
Sal 95:4 En sus manos sostiene las profundidades de la tierra y las montañas más imponentes.
Sal 95:5 El mar le pertenece, pues él lo creó; sus manos también formaron la tierra firme.
Sal 95:6 Vengan, adoremos e inclinémonos. Arrodillémonos delante del SEÑOR, nuestro creador,
Sal 95:7 porque él es nuestro Dios. Somos el pueblo que él vigila, el rebaño a su cuidado. ¡Si tan sólo escucharan hoy su voz!
Sal 95:8 El SEÑOR dice: «No endurezcan el corazón como Israel en Meriba, como lo hizo el pueblo en el desierto de Masá.
Sal 95:9 Allí sus antepasados me tentaron y pusieron a prueba mi paciencia, a pesar de haber visto todo lo que hice.
Sal 95:10 Durante cuarenta años estuve enojado con ellos y dije: “Son un pueblo cuyo corazón se aleja de mí; rehúsan hacer lo que les digo”.
Sal 95:11 Así que en mi enojo juré: “Ellos nunca entrarán a mi lugar de descanso”».

LECTURA PARA LA NOCHE

1 SAMUEL    1-2

1Sa 1:1 Había un hombre llamado Elcana que vivía en Ramá, en la región de Zuf* ubicada en la zona montañosa de Efraín. Era hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, de la tribu de Efraín.
1Sa 1:2 Elcana tenía dos esposas: Ana y Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no.
1Sa 1:3 Cada año Elcana viajaba a la ciudad de Silo para adorar al SEÑOR de los Ejércitos Celestiales y ofrecerle sacrificios en el tabernáculo. Los sacerdotes del SEÑOR en ese tiempo eran los dos hijos de Elí: Ofni y Finees.
1Sa 1:4 Cuando Elcana presentaba su sacrificio, les daba porciones de esa carne a Penina y a cada uno de sus hijos.
1Sa 1:5 Sin embargo, a Ana, aunque la amaba, sólo le daba una porción selecta* porque el SEÑOR no le había dado hijos.
1Sa 1:6 De manera que Penina se mofaba y se reía de Ana porque el SEÑOR no le había permitido tener hijos.
1Sa 1:7 Año tras año sucedía lo mismo, Penina se burlaba de Ana mientras iban al tabernáculo.* En cada ocasión, Ana terminaba llorando y ni siquiera quería comer.
1Sa 1:8 «¿Por qué lloras, Ana? —le preguntaba Elcana—. ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás desanimada? ¿Sólo por no tener hijos? Me tienes a mí, ¿acaso no es mejor que tener diez hijos?».
1Sa 1:9 Una vez, después de comer lo que fue ofrecido como sacrificio en Silo, Ana se levantó y fue a orar. El sacerdote Elí estaba sentado en su lugar de costumbre junto a la entrada del tabernáculo.*
1Sa 1:10 Ana, con una profunda angustia, lloraba amargamente mientras oraba al SEÑOR
1Sa 1:11 e hizo el siguiente voto: «Oh SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, si miras mi dolor y contestas mi oración y me das un hijo, entonces te lo devolveré. Él será tuyo durante toda su vida, y como señal de que fue dedicado al SEÑOR, nunca se le cortará el cabello».*
1Sa 1:12 Mientras Ana oraba al SEÑOR, Elí la observaba
1Sa 1:13 y la veía mover los labios. Pero como no oía ningún sonido, pensó que estaba ebria.
1Sa 1:14 —¿Tienes que venir borracha? —le reclamó—. ¡Abandona el vino!
1Sa 1:15 —¡Oh no, Señor! —respondió ella—. No he bebido vino ni nada más fuerte. Pero como estoy muy desanimada, derramaba ante el SEÑOR lo que hay en mi corazón.
1Sa 1:16 ¡No piense que soy una mujer perversa! Pues he estado orando debido a mi gran angustia y a mi profundo dolor.
1Sa 1:17 —En ese caso —le dijo Elí—, ¡ve en paz! Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.
1Sa 1:18 —¡Oh, muchas gracias! —exclamó ella. Así que se fue, comenzó a comer de nuevo y ya no estuvo triste.
1Sa 1:19 Temprano a la mañana siguiente, la familia se levantó y una vez más fue a adorar al SEÑOR. Después regresaron a su casa en Ramá. Ahora bien, cuando Elcana se acostó con Ana, el SEÑOR se acordó de la súplica de ella,
1Sa 1:20 y a su debido tiempo dio a luz un hijo a quien le puso por nombre Samuel,* porque dijo: «Se lo pedí al SEÑOR».
1Sa 1:21 Al año siguiente, Elcana y su familia hicieron su viaje anual para ofrecer sacrificio al SEÑOR.
1Sa 1:22 Pero Ana no los acompañó y le dijo a su esposo: —Esperemos hasta que el niño sea destetado. Entonces lo llevaré al tabernáculo y lo dejaré allí con el SEÑOR para siempre.*
1Sa 1:23 —Haz lo que mejor te parezca —acordó Elcana—. Quédate aquí por ahora, y que el SEÑOR te ayude a cumplir tu promesa. Así que ella se quedó en casa y amamantó al niño hasta que lo destetó.
1Sa 1:24 Cuando el niño fue destetado, Ana lo llevó al tabernáculo en Silo. Ellos llevaron un toro de tres años* para el sacrificio, una canasta* de harina y un poco de vino.
1Sa 1:25 Después de sacrificar el toro, llevaron al niño a Elí.
1Sa 1:26 «Señor, ¿se acuerda de mí? —preguntó Ana—. Soy la mujer que estuvo aquí hace varios años orando al SEÑOR.
1Sa 1:27 Le pedí al SEÑOR que me diera este niño, y él concedió mi petición.
1Sa 1:28 Ahora se lo entrego al SEÑOR, y le pertenecerá a él toda su vida». Y allí ellos* adoraron al SEÑOR.
1Sa 2:1 Luego Ana oró: «¡Mi corazón se alegra en el SEÑOR! El SEÑOR me ha fortalecido.* Ahora tengo una respuesta para mis enemigos; me alegro porque tú me rescataste.
1Sa 2:2 ¡Nadie es santo como el SEÑOR! Aparte de ti, no hay nadie; no hay Roca como nuestro Dios.
1Sa 2:3 »¡Dejen de ser tan orgullosos y altaneros! ¡No hablen con tanta arrogancia! Pues el SEÑOR es un Dios que sabe lo que han hecho; él juzgará sus acciones.
1Sa 2:4 El arco de los poderosos está quebrado, y los que tropezaban ahora son fuertes.
1Sa 2:5 Los que estaban bien alimentados ahora tienen hambre, y los que se morían de hambre ahora están saciados. La mujer que no podía tener hijos ahora tiene siete, y la mujer con muchos hijos se consume.
1Sa 2:6 El SEÑOR da tanto la muerte como la vida; a unos baja a la tumba* y a otros levanta.
1Sa 2:7 El SEÑOR hace a algunos pobres y a otros ricos; a unos derriba y a otros levanta.
1Sa 2:8 Él levanta al pobre del polvo y al necesitado del basurero. Los pone entre los príncipes y los coloca en los asientos de honor. Pues toda la tierra pertenece al SEÑOR, y él puso en orden el mundo.
1Sa 2:9 »Él protegerá a sus fieles, pero los perversos desaparecerán en la oscuridad. Nadie tendrá éxito sólo por la fuerza.
1Sa 2:10 Los que pelean contra el SEÑOR, serán destrozados. Él retumba contra ellos desde el cielo; el SEÑOR juzga en toda la tierra. Él da poder a su rey; aumenta la fuerza* de su ungido».
1Sa 2:11 Después Elcana regresó a su casa en Ramá sin Samuel, y el niño servía al SEÑOR como ayudante del sacerdote Elí.
1Sa 2:12 Ahora bien, los hijos de Elí eran unos sinvergüenzas que no le tenían respeto al SEÑOR
1Sa 2:13 ni a sus obligaciones sacerdotales. Cada vez que alguien ofrecía un sacrificio, los hijos de Elí enviaban a un sirviente con un tenedor grande de tres dientes. Mientras la carne del animal sacrificado aún se cocía,
1Sa 2:14 el sirviente metía el tenedor en la olla y exigía que todo lo que sacara con el tenedor fuera entregado a los hijos de Elí. Así trataban a todos los israelitas que llegaban a Silo para adorar.
1Sa 2:15 Algunas veces el sirviente llegaba aun antes de que la grasa del animal fuera quemada sobre el altar. Exigía carne cruda antes de que hubiera sido cocida, para poder asarla.
1Sa 2:16 Si el hombre que ofrecía el sacrificio respondía: «Toma toda la que quieras, pero sólo después de quemarse la grasa», el sirviente insistía: «No, dámela ahora o la tomaré por la fuerza».
1Sa 2:17 Así que el pecado de estos jóvenes era muy serio ante los ojos del SEÑOR, porque trataban las ofrendas del SEÑOR con desprecio.
1Sa 2:18 Pero Samuel, aunque era sólo un niño, servía al SEÑOR; vestía una túnica de lino como la del sacerdote.*
1Sa 2:19 Cada año su madre le hacía un pequeño abrigo y se lo llevaba cuando iba con su esposo para el sacrificio.
1Sa 2:20 Antes de que ellos regresaran a su casa, Elí bendecía a Elcana y a su esposa diciendo: «Que el SEÑOR les dé otros hijos para que tomen el lugar de este que ella entregó al SEÑOR»* .
1Sa 2:21 Entonces el SEÑOR le dio a Ana tres hijos y dos hijas. Entre tanto, Samuel crecía en la presencia del SEÑOR.
1Sa 2:22 Ahora bien, Elí era muy viejo, pero estaba consciente de lo que sus hijos le hacían al pueblo de Israel. Por ejemplo, sabía que sus hijos seducían a las jóvenes que ayudaban a la entrada del tabernáculo.*
1Sa 2:23 Elí les dijo: «He oído lo que la gente dice acerca de las cosas perversas que ustedes hacen. ¿Por qué siguen pecando?
1Sa 2:24 ¡Basta, hijos míos! Los comentarios que escucho del pueblo del SEÑOR no son buenos.
1Sa 2:25 Si alguien peca contra otra persona, Dios puede* mediar por el culpable. Pero si alguien peca contra el SEÑOR, ¿quién podrá interceder?». Sin embargo, los hijos de Elí no hicieron caso a su padre, porque el SEÑOR ya había decidido quitarles la vida.
1Sa 2:26 Mientras tanto, el niño Samuel crecía en estatura física y en el favor del SEÑOR y en el de toda la gente.
1Sa 2:27 Cierto día un hombre de Dios vino a Elí y le dio el siguiente mensaje del SEÑOR: «Cuando el pueblo de Israel era esclavo en Egipto, yo me revelé* a tus antepasados.
1Sa 2:28 Elegí a tu antepasado* Aarón de entre todas las tribus de Israel para que fuera mi sacerdote, ofreciera sacrificios sobre mi altar, quemara incienso y vistiera el chaleco sacerdotal,* cuando me servía. Y les asigné las ofrendas de los sacrificios a ustedes, los sacerdotes.
1Sa 2:29 Entonces, ¿por qué menosprecian mis sacrificios y ofrendas? ¿Por qué les das más honor a tus hijos que a mí? ¡Pues tú y ellos han engordado con lo mejor de las ofrendas de mi pueblo Israel!
1Sa 2:30 »Por lo tanto, el SEÑOR, Dios de Israel, dice: prometí que los de tu rama de la tribu de Leví* me servirían siempre como sacerdotes. Sin embargo, honraré a los que me honran y despreciaré a los que me menosprecian.
1Sa 2:31 Llegará el tiempo cuando pondré fin a tu familia para que ya no me sirva como sacerdotes. Todos los miembros de tu familia morirán antes de tiempo; ninguno llegará a viejo.
1Sa 2:32 Con envidia mirarás cuando derrame prosperidad sobre el pueblo de Israel, pero ningún miembro de tu familia jamás cumplirá sus días.
1Sa 2:33 Los que sobrevivan llevarán una vida de tristeza y dolor, y sus hijos morirán de muerte violenta.*
1Sa 2:34 Y para comprobar que lo que dije se hará realidad, ¡haré que tus dos hijos, Ofni y Finees, mueran el mismo día!
1Sa 2:35 »Entonces levantaré a un sacerdote fiel, quien me servirá y hará lo que yo deseo. Estableceré para él una descendencia duradera, y ellos serán por siempre sacerdotes para mis reyes ungidos.
1Sa 2:36 Así pues, todos los que sobrevivan de tu familia se inclinarán ante él, mendigando dinero y comida. Dirán: “Le rogamos que nos dé trabajo entre los sacerdotes para que tengamos suficiente para comer”».

lunes, 25 de abril de 2016

LECTURA BÍBLICA 25 DE ABRIL

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    9:14-32

Mar 9:14 Cuando regresaron adonde estaban los demás discípulos, vieron que los rodeaba una gran multitud y que algunos maestros de la ley religiosa discutían con ellos.
Mar 9:15 Cuando la multitud vio a Jesús, todos se llenaron de asombro y corrieron a saludarlo.
Mar 9:16 —¿Sobre qué discuten? —preguntó Jesús.
Mar 9:17 Un hombre de la multitud tomó la palabra y dijo: —Maestro, traje a mi hijo para que lo sanaras. Está poseído por un espíritu maligno que no le permite hablar.
Mar 9:18 Y, siempre que este espíritu se apodera de él, lo tira violentamente al suelo y él echa espuma por la boca, rechina los dientes y se pone rígido.* Así que les pedí a tus discípulos que echaran fuera al espíritu maligno, pero no pudieron hacerlo.
Mar 9:19 Jesús les dijo:* «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho».
Mar 9:20 Así que se lo llevaron. Pero, cuando el espíritu maligno vio a Jesús, le dio una violenta convulsión al muchacho, quien cayó al piso retorciéndose y echando espuma por la boca.
Mar 9:21 —¿Hace cuánto tiempo que le pasa esto? —preguntó Jesús al padre del muchacho. —Desde que era muy pequeño —contestó él —.
Mar 9:22 A menudo el espíritu lo arroja al fuego o al agua para matarlo. Ten misericordia de nosotros y ayúdanos si puedes.
Mar 9:23 —¿Cómo que “si puedo”? —preguntó Jesús —. Todo es posible si uno cree.
Mar 9:24 Al instante el padre clamó: —¡Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!
Mar 9:25 Cuando Jesús vio que aumentaba el número de espectadores, reprendió al espíritu maligno.* «Escucha, espíritu que impides que este muchacho oiga y hable —dijo —. ¡Te ordeno que salgas de este muchacho y nunca más entres en él!».
Mar 9:26 Entonces el espíritu gritó, dio otra convulsión violenta al muchacho y salió de él. El muchacho quedó como muerto. Un murmullo recorrió la multitud: «Está muerto» —decía la gente.
Mar 9:27 Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó, y el muchacho se puso de pie.
Mar 9:28 Más tarde, cuando Jesús quedó a solas en la casa con sus discípulos, ellos le preguntaron: —¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese espíritu maligno?
Mar 9:29 Jesús contestó: —Esa clase sólo puede ser expulsada con oración.*
Mar 9:30 Saliendo de esa región, viajaron por Galilea. Jesús no quería que nadie supiera que él estaba allí,
Mar 9:31 porque deseaba pasar más tiempo con sus discípulos y enseñarles. Les dijo: «El Hijo del Hombre será traicionado y entregado en manos de sus enemigos. Lo matarán, pero tres días después se levantará de los muertos».
Mar 9:32 Ellos no entendieron lo que quería decir, sin embargo, tenían miedo de preguntarle.





1 CORINTIOS 16

1Co 16:1 Ahora bien, consideremos la pregunta acerca del dinero que se está juntando para el pueblo de Dios en Jerusalén. Deberían seguir el mismo procedimiento que les di a las iglesias de Galacia.
1Co 16:2 El primer día de cada semana, cada uno debería separar una parte del dinero que ha ganado. No esperen hasta que yo llegue para luego tratar de reunirlo todo de golpe.
1Co 16:3 Cuando yo vaya, escribiré cartas de recomendación para los mensajeros que ustedes escojan como encargados de entregar su ofrenda en Jerusalén.
1Co 16:4 Y, si parece oportuno que yo también vaya, ellos pueden viajar conmigo.
1Co 16:5 Los visitaré después de haber ido a Macedonia,* pues estoy pensando pasar por Macedonia.
1Co 16:6 Tal vez me quede un tiempo con ustedes, quizá todo el invierno, y después podrán enviarme a mi próximo destino.
1Co 16:7 Esta vez no quiero hacerles una visita corta nada más y luego seguir mi viaje. Deseo ir y quedarme un tiempo si el Señor me lo permite.
1Co 16:8 Mientras tanto, seguiré aquí, en Éfeso, hasta el Festival de Pentecostés.
1Co 16:9 Se ha abierto una puerta de par en par para hacer un gran trabajo en este lugar, aunque muchos se me oponen.
1Co 16:10 Cuando llegue Timoteo, no lo intimiden. Él hace la obra del Señor igual que yo.
1Co 16:11 No permitan que nadie lo trate con desprecio. Despídanlo con su bendición cuando regrese para estar conmigo. Espero que venga, junto con los demás creyentes.*
1Co 16:12 Ahora, en cuanto a nuestro hermano Apolos, yo le rogué que fuera a visitarlos en compañía de los otros creyentes, pero él no estaba dispuesto a ir por el momento. Los verá después, cuando tenga la oportunidad.
1Co 16:13 Estén alerta. Permanezcan firmes en la fe. Sean valientes.* Sean fuertes.
1Co 16:14 Y hagan todo con amor.
1Co 16:15 Ustedes ya saben que Estéfanas y los de su casa fueron los primeros frutos de la cosecha de creyentes en Grecia,* y ellos tienen su vida puesta al servicio del pueblo de Dios. Les ruego, amados hermanos,
1Co 16:16 que se sometan a ellos y a otros como ellos, que sirven con tanta devoción.
1Co 16:17 Estoy muy contento de que Estéfanas, Fortunato y Acaico hayan llegado. Ellos me han dado la ayuda que ustedes no pudieron darme al no estar aquí.
1Co 16:18 Ellos también han sido de mucho aliento para mí como lo fueron para ustedes. Muéstrenles agradecimiento a todos los que sirven así de bien.
1Co 16:19 Las iglesias de aquí, en la provincia de Asia,* les mandan saludos en el Señor, igual que Aquila y Priscila* y todos los demás que se congregan en la casa de ellos para las reuniones de la iglesia.
1Co 16:20 Todos los hermanos de aquí les envían saludos. Salúdense unos a otros con amor cristiano.*
1Co 16:21 ESTE ES MI SALUDO DE PUÑO Y LETRA: PABLO.
1Co 16:22 Si alguien no ama al Señor, tal persona es maldita. Señor nuestro, ¡ven!*
1Co 16:23 Que la gracia del Señor Jesús sea con ustedes.
1Co 16:24 Mi amor a todos ustedes en Cristo Jesús.*



SALMO 94

Sal 94:1 Oh SEÑOR, Dios de venganza, oh Dios de venganza, ¡haz que tu gloriosa justicia resplandezca!
Sal 94:2 Levántate, oh juez de la tierra; dales su merecido a los orgullosos.
Sal 94:3 ¿Hasta cuándo, SEÑOR? ¿Hasta cuándo los perversos tendrán permiso para regodearse?
Sal 94:4 ¿Hasta cuándo hablarán con arrogancia? ¿Hasta cuándo se jactarán estos malvados?
Sal 94:5 Aplastan a tu pueblo, SEÑOR, lastiman a los que llamas tuyos.
Sal 94:6 Matan a las viudas y a los extranjeros, y asesinan a los huérfanos.
Sal 94:7 «El SEÑOR no está mirando —dicen—, y además, al Dios de Israel* no le importa».
Sal 94:8 ¡Piénsenlo mejor, necios! ¿Cuándo por fin se darán cuenta?
Sal 94:9 El que les hizo los oídos, ¿acaso es sordo? El que les formó los ojos, ¿acaso es ciego?
Sal 94:10 Él castiga a las naciones, ¿acaso no los castigará a ustedes? Él todo lo sabe, ¿acaso no sabe también lo que ustedes hacen?
Sal 94:11 El SEÑOR conoce los pensamientos de la gente; ¡sabe que no valen nada!
Sal 94:12 Felices aquellos a quienes tú disciplinas, SEÑOR, aquellos a los que les enseñas tus instrucciones.
Sal 94:13 Los alivias en tiempos difíciles hasta que se cave un pozo para capturar a los malvados.
Sal 94:14 El SEÑOR no rechazará a su pueblo, no abandonará a su posesión más preciada.
Sal 94:15 El juicio volverá a basarse en la justicia, y los de corazón íntegro la procurarán.
Sal 94:16 ¿Quién me protegerá de los perversos? ¿Quién me defenderá de los malvados?
Sal 94:17 Si el SEÑOR no me hubiera ayudado, pronto me habría quedado en el silencio de la tumba.
Sal 94:18 Clamé: «¡Me resbalo!», pero tu amor inagotable, oh SEÑOR, me sostuvo.
Sal 94:19 Cuando mi mente se llenó de dudas, tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría.
Sal 94:20 ¿Acaso pueden los líderes injustos afirmar que Dios está de su lado, los líderes cuyos decretos permiten la injusticia?
Sal 94:21 Se unen contra los justos y condenan a muerte a los inocentes.
Sal 94:22 Pero el SEÑOR es mi fortaleza; mi Dios es la roca poderosa donde me escondo.
Sal 94:23 Dios hará que los pecados de los malvados se tornen contra ellos; los destruirá por sus pecados. El SEÑOR nuestro Dios los destruirá.

LECTURA PARA LA NOCHE

RUT    4

Rut 4:1 Booz fue a la puerta de la ciudad y allí se sentó. En ese momento, pasó por ese lugar el redentor de la familia que Booz había mencionado, así que lo llamó: —Amigo, ven, siéntate aquí. Quiero hablar contigo. Así que se sentaron juntos.
Rut 4:2 Enseguida Booz llamó a diez líderes del pueblo y les pidió que se sentaran allí como testigos.
Rut 4:3 Entonces Booz le dijo al redentor de la familia: —Tú conoces a Noemí, la que volvió de Moab. Está por vender el terreno que pertenecía a Elimelec, nuestro pariente.
Rut 4:4 Pensé que yo debía hablar contigo para que pudieras redimir la tierra si deseas hacerlo. Si quieres la tierra, entonces cómprala ahora en presencia de estos testigos. Pero si no quieres la tierra, házmelo saber ahora mismo, porque, después de ti, soy el pariente más cercano para redimirla. El hombre respondió: —Muy bien, yo la redimo.
Rut 4:5 Entonces le dijo Booz: —Por supuesto, al comprar tú la tierra de Noemí, estás obligado a casarte con Rut, la viuda moabita. De esta manera ella podrá tener hijos que lleven el nombre de su esposo y así conservar la tierra para su familia.
Rut 4:6 —Entonces no puedo redimir la tierra —respondió el pariente redentor— porque esto pondría en peligro mi propia herencia. Redime tú la tierra; yo no lo puedo hacer.
Rut 4:7 En esos días era costumbre en Israel que cualquiera que transfiriera un derecho de compra se quitara la sandalia y se la entregara a la otra parte. Esto hacía válida la transacción de una manera pública.
Rut 4:8 Entonces el otro redentor de la familia se quitó la sandalia mientras le decía a Booz: —Compra tú la tierra.
Rut 4:9 Entonces Booz les dijo a los ancianos y a la gente que estaba alrededor: —Ustedes son testigos de que hoy le compré a Noemí toda la propiedad de Elimelec, Quelión y Mahlón.
Rut 4:10 Además, junto con la tierra adquirí a Rut, la viuda moabita de Mahlón, para que sea mi esposa. De este modo ella podrá tener un hijo para que el nombre de la familia de su difunto esposo continúe y herede aquí, en su pueblo natal, la propiedad de su familia. Hoy todos ustedes son testigos.
Rut 4:11 Entonces los ancianos y toda la gente que estaba en la puerta respondieron: —¡Somos testigos! ¡Que el SEÑOR haga que esta mujer que va a ser parte de tu hogar sea como Raquel y Lea, de quienes descendió toda la nación de Israel! Que prosperes en Efrata y que seas famoso en Belén.
Rut 4:12 Y que el SEÑOR te dé descendientes por medio de esta joven que sean como los de nuestro antepasado Fares, el hijo de Tamar y Judá.
Rut 4:13 Así que Booz llevó a Rut a su casa y la hizo su esposa. Cuando se acostó con ella, el SEÑOR permitió que quedara embarazada y diera a luz un hijo.
Rut 4:14 Entonces las mujeres del pueblo le dijeron a Noemí: «¡Alabado sea el SEÑOR, que te ha dado ahora un redentor para tu familia! Que este niño sea famoso en Israel.
Rut 4:15 Que él restaure tu juventud y te cuide en tu vejez. ¡Pues es el hijo de tu nuera que te ama y que te ha tratado mejor que siete hijos!».
Rut 4:16 Entonces Noemí tomó al niño, lo abrazó contra su pecho y cuidó de él como si fuera su propio hijo.
Rut 4:17 Las vecinas decían: «¡Por fin ahora Noemí tiene nuevamente un hijo!». Y le pusieron por nombre Obed. Él llegó a ser el padre de Isaí y abuelo de David.
Rut 4:18 Este es el registro genealógico de su antepasado Fares: Fares fue el padre de Hezrón.
Rut 4:19 Hezrón fue el padre de Ram. Ram fue el padre de Aminadab.
Rut 4:20 Aminadab fue el padre de Naasón. Naasón fue el padre de Salmón.*
Rut 4:21 Salmón fue el padre de Booz. Booz fue el padre de Obed.
Rut 4:22 Obed fue el padre de Isaí. Isaí fue el padre de David.

domingo, 24 de abril de 2016

LECTURA BÍBLICA 24 DE ABRIL

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    9:1-13

Mar 9:1 Jesús continuó diciendo: «¡Les digo la verdad, algunos de los que están aquí ahora no morirán antes de ver el reino de Dios llegar con gran poder!».
Mar 9:2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan y los llevó a una montaña alta para estar a solas. Mientras los hombres observaban, la apariencia de Jesús se transformó,
Mar 9:3 y su ropa se volvió blanca resplandeciente, más de lo que cualquier blanqueador terrenal jamás podría lograr.
Mar 9:4 Después aparecieron Elías y Moisés y comenzaron a conversar con Jesús.
Mar 9:5 Pedro exclamó: «Rabí,* ¡es maravilloso que estemos aquí! Hagamos tres enramadas como recordatorios:* una para ti, una para Moisés y la otra para Elías».
Mar 9:6 Dijo esto porque realmente no sabía qué otra cosa decir, pues todos estaban aterrados.
Mar 9:7 Luego una nube los cubrió y, desde la nube, una voz dijo: «Éste es mi Hijo muy amado. Escúchenlo a él».
Mar 9:8 De pronto, cuando miraban ellos a su alrededor, Moisés y Elías se habían ido, y vieron sólo a Jesús con ellos.
Mar 9:9 Mientras descendían de la montaña, él les dijo que no le contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del Hombre* se levantara de los muertos.
Mar 9:10 Así que guardaron el secreto, pero a menudo se preguntaban qué quería decir con «levantarse de los muertos».
Mar 9:11 Entonces le preguntaron: —¿Por qué los maestros de la ley religiosa insisten en que Elías debe regresar antes de que venga el Mesías?*
Mar 9:12 Jesús contestó: —Es cierto que Elías viene primero a fin de dejar todo preparado. Sin embargo, ¿por qué las Escrituras dicen que el Hijo del Hombre debe sufrir mucho y ser tratado con total desprecio?
Mar 9:13 Pero les digo, Elías ya vino, y ellos prefirieron maltratarlo, tal como lo predijeron las Escrituras.




1 CORINTIOS 15:29-58

1Co 15:29 Si los muertos no serán resucitados, ¿para qué se bautiza la gente por los que están muertos? ¿Para qué hacerlo a menos que los muertos algún día resuciten?
1Co 15:30 ¿Y para qué nosotros a todas horas pondríamos en peligro nuestra vida?
1Co 15:31 Pues juro, amados hermanos, que todos los días enfrento la muerte. Esto es tan cierto como el orgullo que siento por lo que Cristo Jesús nuestro Señor ha hecho en ustedes.
1Co 15:32 ¿Y qué valor hubo en luchar contra las fieras salvajes —esa gente de Éfeso —* si no habrá resurrección de los muertos? Y, si no hay resurrección, «¡comamos y bebamos, que mañana moriremos!»*.
1Co 15:33 No se dejen engañar por los que dicen semejantes cosas, porque «las malas compañías corrompen el buen carácter».
1Co 15:34 Piensen bien sobre lo que es correcto y dejen de pecar. Pues para su vergüenza les digo que algunos de ustedes no conocen a Dios en absoluto.
1Co 15:35 Pero alguien podría preguntar: «¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Qué clase de cuerpos tendrán?».
1Co 15:36 ¡Qué pregunta tan tonta! Cuando pones una semilla en la tierra, no crece y llega a ser una planta a menos que muera primero.
1Co 15:37 Y lo que pones en el suelo no es la planta que crecerá sino tan sólo una simple semilla de trigo o de lo que estés sembrando.
1Co 15:38 Luego Dios le da el cuerpo nuevo que él quiere que tenga. De cada clase de semilla crece una planta diferente.
1Co 15:39 De modo parecido, hay diferentes clases de carne: una para los humanos, otra para los animales, otra para las aves y otra para los peces.
1Co 15:40 También hay cuerpos en los cielos y cuerpos sobre la tierra. La gloria de los cuerpos celestiales es diferente de la gloria de los cuerpos terrenales.
1Co 15:41 El sol tiene una clase de gloria, mientras que la luna tiene otra y las estrellas tienen otra. Y hasta las estrellas se diferencian unas de otras por la gloria de cada una.
1Co 15:42 Lo mismo sucede con la resurrección de los muertos. Cuando morimos, nuestros cuerpos terrenales son plantados en la tierra, pero serán resucitados para que vivan por siempre.
1Co 15:43 Nuestros cuerpos son enterrados en deshonra, pero serán resucitados en gloria. Son enterrados en debilidad, pero serán resucitados en fuerza.
1Co 15:44 Son enterrados como cuerpos humanos naturales, pero serán resucitados como cuerpos espirituales. Pues, así como hay cuerpos naturales, también hay cuerpos espirituales.
1Co 15:45 Las Escrituras nos dicen: «El primer hombre, Adán, se convirtió en ser viviente»*. Pero el último Adán —es decir, Cristo —es un Espíritu que da vida.
1Co 15:46 Lo que primero viene es el cuerpo natural, y más tarde viene el cuerpo espiritual.
1Co 15:47 Adán, el primer hombre, fue formado del polvo de la tierra, mientras que Cristo, el segundo hombre, vino del cielo.
1Co 15:48 Los que son terrenales son como el hombre terrenal, y los que son celestiales son como el hombre celestial.
1Co 15:49 Al igual que ahora somos como el hombre terrenal, algún día seremos como* el hombre celestial.
1Co 15:50 Lo que les digo, amados hermanos, es que nuestros cuerpos físicos no pueden heredar el reino de Dios. Estos cuerpos que mueren no pueden heredar lo que durará para siempre.
1Co 15:51 Pero permítanme revelarles un secreto maravilloso. ¡No todos moriremos, pero todos seremos transformados!
1Co 15:52 Sucederá en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando se toque la trompeta final. Pues, cuando suene la trompeta, los que hayan muerto resucitarán para vivir por siempre. Y nosotros, los que estemos vivos también seremos transformados.
1Co 15:53 Pues nuestros cuerpos mortales tienen que ser transformados en cuerpos que nunca morirán; nuestros cuerpos mortales deben ser transformados en cuerpos inmortales.
1Co 15:54 Entonces, cuando nuestros cuerpos mortales hayan sido transformados en cuerpos que nunca morirán,* se cumplirá la siguiente Escritura: «La muerte es devorada en victoria.*
1Co 15:55 Oh muerte, ¿dónde está tu victoria? Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón?»*.
1Co 15:56 Pues el pecado es el aguijón que termina en muerte, y la ley le da al pecado su poder.
1Co 15:57 ¡Pero gracias a Dios! Él nos da la victoria sobre el pecado y la muerte por medio de nuestro Señor Jesucristo.
1Co 15:58 Por lo tanto, mis amados hermanos, permanezcan fuertes y constantes. Trabajen siempre para el Señor con entusiasmo, porque ustedes saben que nada de lo que hacen para el Señor es inútil.



SALMO 93

Sal 93:1 ¡El SEÑOR es rey! Se viste de majestad. Ciertamente el SEÑOR se viste de majestad y está armado con fuerza. El mundo permanece firme y no puede ser sacudido.
Sal 93:2 Tu trono, oh SEÑOR, permanece desde tiempos inmemoriales; tú mismo existes desde el pasado eterno.
Sal 93:3 Las aguas crecieron, oh SEÑOR. Los diluvios han rugido como truenos; las inundaciones elevaron sus impetuosas olas.
Sal 93:4 Pero más poderoso que el estruendo de los mares enfurecidos, más potente que las rompientes olas en la orilla; el SEÑOR, quien está en lo alto, es más poderoso que éstos.
Sal 93:5 Tus leyes soberanas no pueden ser modificadas; tu reino, oh SEÑOR, es santo por siempre y para siempre.

LECTURA PARA LA NOCHE

RUT    2-3

Rut 2:1 Había en Belén un hombre rico y muy influyente llamado Booz que era pariente de Elimelec, el esposo de Noemí.
Rut 2:2 Un día Rut la moabita le dijo a Noemí: —Déjame ir a los campos de cosecha a ver si alguien en su bondad me permite recoger las espigas de grano dejadas atrás. Noemí respondió: —Está bien, hija mía, puedes ir.
Rut 2:3 Así que Rut salió a recoger espigas detrás de los cosechadores, y resultó que lo hizo en un campo que pertenecía a Booz, el pariente de su suegro, Elimelec.
Rut 2:4 Mientras estaba allí, llegó Booz de Belén y saludó a los cosechadores: —¡El SEÑOR sea con ustedes! —les dijo. —¡El SEÑOR lo bendiga! —respondieron los cosechadores.
Rut 2:5 Entonces Booz le preguntó a su capataz: —¿Quién es esa joven que veo allá? ¿De quién es?
Rut 2:6 Y el capataz le contestó: —Es la joven moabita que volvió con Noemí.
Rut 2:7 Esta mañana me pidió permiso para recoger grano detrás de los segadores. Desde que llegó no ha dejado de trabajar con esmero, excepto por unos momentos de descanso en el refugio.
Rut 2:8 Booz se acercó a Rut y le dijo: —Escucha, hija mía. Quédate aquí mismo con nosotros cuando recojas grano; no vayas a ningún otro campo. Sigue muy de cerca a las jóvenes que trabajan en mi campo.
Rut 2:9 Fíjate en qué parcela están cosechando y síguelas. Advertí a los hombres que no te traten mal. Y cuando tengas sed, sírvete del agua que hayan sacado del pozo.
Rut 2:10 Entonces Rut cayó a sus pies muy agradecida. —¿Qué he hecho para merecer tanta bondad? —le preguntó—. No soy más que una extranjera.
Rut 2:11 —Sí, lo sé —respondió Booz—; pero también sé todo lo que has hecho por tu suegra desde la muerte de tu esposo. He oído que dejaste a tu padre y a tu madre, y a tu tierra natal, para vivir aquí entre gente totalmente desconocida.
Rut 2:12 Que el SEÑOR, Dios de Israel, bajo cuyas alas viniste a refugiarte, te recompense abundantemente por lo que hiciste.
Rut 2:13 —Espero continuar siendo de su agrado, señor —respondió ella—. Usted me consoló al hablarme con tanta bondad, aunque ni siquiera soy una de sus trabajadoras.
Rut 2:14 Después, a la hora de comer, Booz la llamó: —Ven aquí y sírvete de la comida. Puedes mojar tu pan en el vinagre. De modo que Rut se sentó junto a los cosechadores, y Booz le dio a comer grano tostado. Ella comió todo lo que quiso y hasta le sobró.
Rut 2:15 Cuando Rut regresó a trabajar, Booz ordenó a sus trabajadores: —Déjenla recoger espigas aun entre las gavillas, y no se lo impidan.
Rut 2:16 Además, arranquen de los manojos algunas espigas de cebada y déjenlas caer a propósito. ¡Permítanle recogerlas y no la molesten!
Rut 2:17 Así que Rut recogió cebada allí todo el día y, cuando la desgranó por la tarde, llenó toda una canasta.*
Rut 2:18 Luego la cargó de vuelta al pueblo y la mostró a su suegra. También le dio el grano tostado que le había sobrado de su comida.
Rut 2:19 —¿Dónde recogiste todo este grano hoy? —preguntó Noemí—. ¿Dónde trabajaste? ¡Que el SEÑOR bendiga al que te ayudó! Entonces Rut le contó a su suegra acerca del hombre en cuyo campo había trabajado. Le dijo: —El hombre con quien trabajé hoy se llama Booz.
Rut 2:20 —¡Que el SEÑOR lo bendiga! —le dijo Noemí a su nuera—. Nos muestra su bondad no sólo a nosotras sino también a tu marido que murió.* Ese hombre es uno de nuestros parientes más cercanos, uno de los redentores de nuestra familia.
Rut 2:21 Entonces Rut* dijo: —Es más, Booz me dijo que volviera y me quedara con sus trabajadores hasta que termine la cosecha.
Rut 2:22 —¡Excelente! —exclamó Noemí—. Haz lo que te dijo, hija mía. Quédate con las jóvenes hasta que termine la cosecha. En otros campos podrían molestarte, pero con él estarás segura.
Rut 2:23 De modo que Rut trabajó junto a las mujeres en los campos de Booz y recogió grano con ellas hasta el final de la cosecha de cebada. Luego siguió trabajando con ellas durante la cosecha de trigo, a comienzos del verano. Y todo ese tiempo vivió con su suegra.
Rut 3:1 Un día Noemí le dijo a Rut: —Hija mía, es tiempo de que yo te encuentre un hogar permanente para que tengas un porvenir asegurado.
Rut 3:2 Booz es nuestro pariente cercano, y él ha sido muy amable al dejarte recoger grano con las jóvenes. Esta noche estará aventando cebada en el campo de trillar.
Rut 3:3 Mira, haz lo que te digo. Báñate, perfúmate y vístete con tu ropa más linda. Después baja al campo de trillar pero no dejes que Booz te vea hasta que termine de comer y de beber.
Rut 3:4 Fijate bien dónde se acuesta; después acércate a él, destapa sus pies y acuéstate allí. Entonces él te dirá lo que debes hacer.
Rut 3:5 —Haré todo lo que me dices —respondió Rut.
Rut 3:6 Así que esa noche bajó al campo donde se trilla el grano y siguió las instrucciones de su suegra.
Rut 3:7 Después de que Booz terminó de comer y de beber y estuvo de buen ánimo, se acostó al otro extremo del montón de grano y se durmió. Entonces Rut se acercó sin hacer ruido, le destapó los pies y se acostó.
Rut 3:8 Alrededor de la medianoche, Booz se despertó de pronto y se dio vuelta. Entonces se sorprendió, ¡al encountrar a una mujer acostada a sus pies!
Rut 3:9 —¿Quién eres? —preguntó. —Soy Rut, su sierva —contestó ella—. Extienda sobre mí el borde de su manto ya que usted es el redentor de mi familia.
Rut 3:10 —¡El SEÑOR te bendiga, hija mía! —exclamó Booz—. Muestras aún más lealtad familiar ahora que antes, pues no has ido tras algún hombre más joven, sea rico o pobre.
Rut 3:11 Ahora, hija mía, no te preocupes por nada. Yo haré lo que sea necesario, porque todo el pueblo sabe que eres una mujer virtuosa.
Rut 3:12 Pero aunque es cierto que yo soy uno de los redentores de tu familia, hay un pariente más cercano que yo.
Rut 3:13 Quédate aquí esta noche, y por la mañana hablaré con él. Si está dispuesto a redimirte, muy bien; que se case contigo. Pero si no está dispuesto a hacerlo, entonces, ¡tan cierto como que el SEÑOR vive, yo mismo te redimiré! Ahora acuéstate aquí hasta la mañana.
Rut 3:14 Entonces Rut se acostó a los pies de Booz hasta la mañana, pero ella se levantó muy temprano, antes de que hubiera suficiente luz para que una persona pudiera reconocer a otra; pues Booz había dicho: —Nadie debe saber que estuvo una mujer aquí en el campo de trillar.
Rut 3:15 Luego Booz le dijo: —Trae tu manto y extiéndelo. Entonces él midió seis medidas* de cebada sobre el manto y lo colocó sobre las espaldas de ella. Después él* regresó al pueblo.
Rut 3:16 Cuando Rut volvió a donde estaba su suegra, Noemí le preguntó: —¿Qué sucedió, hija mía? Rut le contó a Noemí todo lo que Booz había hecho por ella
Rut 3:17 y agregó: —Me dio estas seis medidas de cebada y dijo: “No vuelvas a tu suegra con las manos vacías”.
Rut 3:18 Entonces Noemí le dijo: —Ten paciencia, hija mía, hasta que sepamos lo que pasa. El hombre no descansará hasta dejar resuelto el asunto hoy mismo.

sábado, 23 de abril de 2016

LECTURA BÍBLICA 23 DE ABRIL

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    8:31-38

Mar 8:31 Entonces Jesús comenzó a decirles que el Hijo del Hombre* tendría que sufrir muchas cosas terribles y ser rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Lo matarían, pero tres días después resucitaría.
Mar 8:32 Mientras hablaba abiertamente de eso con sus discípulos, Pedro lo llevó aparte y empezó a reprenderlo por decir semejantes cosas.*
Mar 8:33 Jesús se dio la vuelta, miró a sus discípulos y reprendió a Pedro: «¡Aléjate de mí, Satanás! —dijo —. Ves las cosas solamente desde el punto de vista humano, no del punto de vista de Dios».
Mar 8:34 Entonces llamó a la multitud para que se uniera a los discípulos, y dijo: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz y seguirme.
Mar 8:35 Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás; pero, si entregas tu vida por mi causa y por causa de la Buena Noticia, la salvarás.
Mar 8:36 ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?*
Mar 8:37 ¿Hay algo que valga más que tu alma?*
Mar 8:38 Si alguien se avergüenza de mí y de mi mensaje en estos días de adulterio y de pecado, el Hijo del Hombre se avergonzará de esa persona cuando regrese en la gloria de su Padre con sus santos ángeles».



1 CORINTIOS 15:1-28

1Co 15:1 Ahora, amados hermanos, permítanme recordarles la Buena Noticia que ya les prediqué. En ese entonces, la recibieron con gusto y todavía permanecen firmes en ella.
1Co 15:2 Esa es la Buena Noticia que los salva si ustedes siguen creyendo el mensaje que les prediqué, a menos que hayan creído algo que a principio de cuentas nunca fue cierto.*
1Co 15:3 Yo les transmití a ustedes lo más importante y lo que se me había transmitido a mí también. Cristo murió por nuestros pecados tal como dicen las Escrituras.
1Co 15:4 Fue enterrado y, al tercer día, fue levantado de los muertos, tal como dicen las Escrituras.
1Co 15:5 Lo vio Pedro* y luego lo vieron los Doce.
1Co 15:6 Más tarde, lo vieron más de quinientos de sus seguidores* a la vez, la mayoría de los cuales todavía viven, aunque algunos ya han muerto.
1Co 15:7 Luego lo vio Santiago, y después lo vieron todos los apóstoles.
1Co 15:8 Por último, como si hubiera nacido en un tiempo que no me correspondía, también lo vi yo.
1Co 15:9 Pues soy el más insignificante de todos los apóstoles. De hecho, ni siquiera soy digno de ser llamado apóstol después de haber perseguido la iglesia de Dios, como lo hice.
1Co 15:10 Sin embargo, lo que ahora soy, todo se debe a que Dios derramó su favor especial sobre mí, y no sin resultados. Pues he trabajado mucho más que cualquiera de los otros apóstoles; pero no fui yo sino Dios quien obraba a través de mí por su gracia.
1Co 15:11 Así que no importa si predico yo o predican ellos, porque todos predicamos el mismo mensaje que ustedes ya han creído.
1Co 15:12 Pero díganme lo siguiente: dado que nosotros predicamos que Cristo se levantó de los muertos, ¿por qué algunos de ustedes dicen que no habrá resurrección de los muertos?
1Co 15:13 Pues, si no hay resurrección de los muertos, entonces Cristo tampoco ha resucitado.
1Co 15:14 Y, si Cristo no ha resucitado, entonces toda nuestra predicación es inútil, y la fe de ustedes también es inútil.
1Co 15:15 Y nosotros, los apóstoles, estaríamos todos mintiendo acerca de Dios, porque hemos dicho que Dios levantó a Cristo de la tumba. Pero eso no puede ser cierto si no hay resurrección de los muertos.
1Co 15:16 Y, si no hay resurrección de los muertos, entonces Cristo no ha resucitado.
1Co 15:17 Y, si Cristo no ha resucitado, entonces la fe de ustedes es inútil, y todavía son culpables de sus pecados.
1Co 15:18 En ese caso, ¡todos los que murieron creyendo en Cristo están perdidos!
1Co 15:19 Y, si nuestra esperanza en Cristo es sólo para esta vida, somos los más dignos de lástima de todo el mundo.
1Co 15:20 Pero lo cierto es que Cristo sí resucitó de los muertos. Él es el primer fruto de una gran cosecha, el primero de todos los que murieron.
1Co 15:21 Así que, ya ven, tal como la muerte entró en el mundo por medio de un hombre, ahora la resurrección de los muertos ha comenzado por medio de otro hombre.
1Co 15:22 Así como todos mueren porque todos pertenecemos a Adán, todos los que pertenecen a Cristo recibirán vida nueva.
1Co 15:23 Pero esta resurrección tiene un orden: Cristo fue resucitado como el primero de la cosecha, luego todos los que pertenecen a Cristo serán resucitados cuando él regrese.
1Co 15:24 Después de eso, vendrá el fin, cuando él le entregará el reino a Dios el Padre, luego de destruir a todo gobernante y poder y toda autoridad.
1Co 15:25 Pues Cristo tiene que reinar hasta que humille a todos sus enemigos debajo de sus pies.
1Co 15:26 Y el último enemigo que será destruido es la muerte.
1Co 15:27 Pues las Escrituras dicen: «Dios ha puesto todas las cosas bajo su autoridad»*. (Claro que, cuando dice «todas las cosas están bajo su autoridad», no incluye a Dios mismo, quien le dio a Cristo su autoridad).
1Co 15:28 Entonces, cuando todas las cosas estén bajo su autoridad, el Hijo se pondrá a sí mismo bajo la autoridad de Dios, para que Dios, quien le dio a su Hijo la autoridad sobre todas las cosas, sea completamente supremo sobre todas las cosas en todas partes.



SALMO 92

Sal 92:1 
Salmo. Cántico para entonar el día de reposo.
Es bueno dar gracias al SEÑOR, cantar alabanzas al Altísimo.
Sal 92:2 Es bueno proclamar por la mañana tu amor inagotable y por la noche tu fidelidad,
Sal 92:3 al son del arpa de diez cuerdas y de la melodía de la lira.
Sal 92:4 Todo lo que has hecho por mí, SEÑOR, ¡me emociona! Canto de alegría por todo lo que has hecho.
Sal 92:5 ¡Oh SEÑOR, qué grandes son tus obras! Y qué profundos son tus pensamientos.
Sal 92:6 Sólo un simplón no sabría y un necio no entendería que:
Sal 92:7 aunque los malvados broten como maleza y los malhechores florezcan, serán destruidos para siempre.
Sal 92:8 Tú, oh SEÑOR, para siempre serás exaltado.
Sal 92:9 Tus enemigos, SEÑOR, sin duda perecerán; todos los malhechores quedarán esparcidos.
Sal 92:10 Pero tú me has hecho fuerte como un buey salvaje; me has ungido con el mejor aceite.
Sal 92:11 Mis ojos vieron la caída de mis enemigos; mis oídos escucharon la derrota de mis perversos oponentes.
Sal 92:12 Pero los justos florecerán como palmeras y se harán fuertes como los cedros del Líbano;
Sal 92:13 trasplantados a la casa del SEÑOR florecen en los atrios de nuestro Dios.
Sal 92:14 Incluso en la vejez aún producirán fruto, seguirán verdes y llenos de vitalidad.
Sal 92:15 Declararán: «¡El SEÑOR es justo! ¡Es mi roca! ¡No existe maldad en él!».

LECTURA PARA LA NOCHE

RUT    1

Rut 1:1 En los días en que los jueces gobernaban Israel, un hambre severa azotó la tierra. Por eso, un hombre de Belén de Judá dejó su casa y se fue a vivir a la tierra de Moab, junto con su esposa y sus dos hijos.
Rut 1:2 El hombre se llamaba Elimelec, y el nombre de su esposa era Noemí. Sus dos hijos se llamaban Mahlón y Quelión. Eran efrateos de Belén, en la tierra de Judá. Así que cuando llegaron a Moab se establecieron allí.
Rut 1:3 Tiempo después murió Elimelec, y Noemí quedó sola con sus dos hijos.
Rut 1:4 Ellos se casaron con mujeres moabitas. Uno se casó con una mujer llamada Orfa y el otro con una mujer llamada Rut. Pero unos diez años después
Rut 1:5 murieron tanto Mahlón como Quelión. Entonces, Noemí quedó sola, sin sus dos hijos y sin su esposo.
Rut 1:6 Estando en Moab, Noemí se enteró de que el SEÑOR había bendecido a su pueblo en Judá al volver a darle buenas cosechas. Entonces Noemí y sus nueras se prepararon para salir de Moab y regresar a su tierra natal.
Rut 1:7 Acompañada por sus dos nueras, partió del lugar donde vivía y tomó el camino que las llevaría de regreso a Judá.
Rut 1:8 Sin embargo, ya puestas en camino, Noemí les dijo a sus dos nueras: —Vuelva cada una a la casa de su madre, y que el SEÑOR las recompense por la bondad que mostraron a sus esposos y a mí.
Rut 1:9 Que el SEÑOR las bendiga con la seguridad de un nuevo matrimonio. Entonces les dio un beso de despedida y todas se echaron a llorar desconsoladas.
Rut 1:10 —No —le dijeron—, queremos ir contigo a tu pueblo.
Rut 1:11 Pero Noemí respondió: —¿Por qué habrían de continuar conmigo? ¿Acaso puedo tener más hijos que crezcan y sean sus esposos?
Rut 1:12 No, hijas mías, regresen a la casa de sus padres, porque ya soy demasiado vieja para volverme a casar. Aunque fuera posible, y me casara esta misma noche y tuviera hijos varones, entonces, ¿qué?
Rut 1:13 ¿Esperarían ustedes hasta que ellos crecieran y se negarían a casarse con algún otro? ¡Por supuesto que no, hijas mías! La situación es mucho más amarga para mí que para ustedes, porque el SEÑOR mismo ha levantado su puño contra mí.
Rut 1:14 Entonces volvieron a llorar juntas y Orfa se despidió de su suegra con un beso, pero Rut se aferró con firmeza a Noemí.
Rut 1:15 —Mira —le dijo Noemí—, tu cuñada regresó a su pueblo y a sus dioses. Tú deberías hacer lo mismo.
Rut 1:16 Pero Rut respondió: —No me pidas que te deje y regrese a mi pueblo. A donde tú vayas, yo iré; dondequiera que tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.
Rut 1:17 Donde tú mueras, allí moriré y allí me enterrarán. ¡Que Dios me castigue severamente si permito que algo nos separe, aparte de la muerte!
Rut 1:18 Cuando Noemí vio que Rut estaba decidida a irse con ella, no insistió más.
Rut 1:19 De modo que las dos siguieron el viaje. Cuando entraron a Belén, todo el pueblo se conmocionó por causa de su llegada. —¿De verdad es Noemí? —preguntaban las mujeres.
Rut 1:20 —No me llamen Noemí —contestó ella—. Más bien llámenme Mara,* porque el Todopoderoso me ha hecho la vida muy amarga.
Rut 1:21 Me fui llena, pero el SEÑOR me ha traído vacía a casa. ¿Por qué llamarme Noemí cuando el SEÑOR me ha hecho sufrir* y el Todopoderoso ha enviado semejante tragedia sobre mí?
Rut 1:22 Así que Noemí regresó de Moab acompañada de su nuera Rut, la joven moabita. Llegaron a Belén a fines de la primavera, al comienzo de la cosecha de la cebada.

viernes, 22 de abril de 2016

LECTURA BÍBLICA 22 DE ABRIL

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    8:22-30

Mar 8:22 Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas le llevaron a un hombre ciego ante Jesús y le suplicaron que lo tocara y lo sanara.
Mar 8:23 Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera de la aldea. Luego escupió en los ojos del hombre, puso sus manos sobre él y le preguntó: —¿Puedes ver algo ahora?
Mar 8:24 El hombre miró a su alrededor y dijo: —Sí, veo a algunas personas, pero no puedo verlas con claridad; parecen árboles que caminan.
Mar 8:25 Entonces Jesús puso nuevamente sus manos sobre los ojos del hombre y fueron abiertos. Su vista fue totalmente restaurada y podía ver todo con claridad.
Mar 8:26 Jesús lo envió a su casa y le dijo: —No pases por la aldea cuando regreses a tu casa.
Mar 8:27 Jesús y sus discípulos salieron de Galilea y fueron a las aldeas cerca de Cesarea de Filipo. Mientras caminaban, él les preguntó: —¿Quién dice la gente que soy?
Mar 8:28 —Bueno —contestaron—, algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen que eres uno de los otros profetas.
Mar 8:29 Entonces les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Pedro contestó: —Tú eres el Mesías.*
Mar 8:30 Pero Jesús les advirtió que no le contaran a nadie acerca de él.






1 CORINTIOS 14:26-40

1Co 14:26 Ahora bien, mis hermanos, hagamos un resumen. Cuando se reúnan, uno de ustedes cantará, otro enseñará, otro contará alguna revelación especial que Dios le haya dado, otro hablará en lenguas y otro interpretará lo que se dice. Pero cada cosa que se haga debe fortalecer a cada uno de ustedes.
1Co 14:27 No más de dos o tres deberían hablar en lenguas. Deben hablar uno a la vez y que alguien interprete lo que ellos digan.
1Co 14:28 Pero, si no hay nadie presente que pueda interpretar, ellos deberán guardar silencio en la reunión de la iglesia y hablar en lenguas a Dios en forma privada.
1Co 14:29 Que dos o tres personas profeticen y que los demás evalúen lo que se dice.
1Co 14:30 Pero, si alguien está profetizando y otra persona recibe una revelación del Señor, el que está hablando debe callarse.
1Co 14:31 De esa manera, todos los que profeticen tendrán su turno para hablar, uno después de otro, para que todos aprendan y sean alentados.
1Co 14:32 Recuerden que la gente que profetiza está en control de su espíritu y puede turnarse con otros.
1Co 14:33 Pues Dios no es Dios de desorden sino de paz, como en todas las reuniones del pueblo santo de Dios.*
1Co 14:34 Las mujeres deben guardar silencio durante las reuniones de la iglesia. No es apropiado que hablen. Deben ser sumisas, tal como dice la ley.
1Co 14:35 Si tienen preguntas, que le pregunten a su marido en casa, porque no es apropiado que las mujeres hablen en las reuniones de la iglesia.*
1Co 14:36 ¿O acaso piensan, corintios, que la palabra de Dios se originó con ustedes? ¿Son ustedes los únicos a quienes fue entregada?
1Co 14:37 Si alguien afirma ser profeta o piensa que es espiritual, debería reconocer que lo que digo es un mandato del Señor mismo.
1Co 14:38 Pero, si no lo reconoce, tampoco él será reconocido.*
1Co 14:39 Por lo tanto, mis amados hermanos, con todo corazón deseen profetizar y no prohíban que se hable en lenguas.
1Co 14:40 Pero asegúrense de que todo se haga de forma apropiada y con orden.



SALMO 91

Sal 91:1 Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso.
Sal 91:2 Declaro lo siguiente acerca del SEÑOR: Sólo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío.
Sal 91:3 Te rescatará de toda trampa y te protegerá de enfermedades mortales.
Sal 91:4 Con sus plumas te cubrirá y con sus alas te dará refugio. Sus fieles promesas son tu armadura y tu protección.
Sal 91:5 No tengas miedo de los terrores de la noche ni de la flecha que se lanza en el día.
Sal 91:6 No temas a la enfermedad que acecha en la oscuridad, ni a la catástrofe que estalla al mediodía.
Sal 91:7 Aunque caigan mil a tu lado, aunque mueran diez mil a tu alrededor, esos males no te tocarán.
Sal 91:8 Simplemente abre tus ojos y mira cómo los perversos reciben su merecido.
Sal 91:9 Si haces al SEÑOR tu refugio y al Altísimo tu resguardo,
Sal 91:10 ningún mal te conquistará; ninguna plaga se acercará a tu hogar.
Sal 91:11 Pues él ordenará a sus ángeles que te protejan por donde vayas.
Sal 91:12 Te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra.
Sal 91:13 Pisotearás leones y cobras; ¡aplastarás feroces leones y serpientes bajo tus pies!
Sal 91:14 El SEÑOR dice: «Rescataré a los que me aman; protegeré a los que confían en mi nombre.
Sal 91:15 Cuando me llamen, yo les responderé; estaré con ellos en medio de las dificultades. Los rescataré y los honraré.
Sal 91:16 Los recompensaré con una larga vida y les daré mi salvación».

LECTURA PARA LA NOCHE

JUECES 20-21

Jue 20:1 Entonces todos los israelitas se unieron como un solo hombre, desde Dan, al norte, hasta Beerseba, al sur, incluidos los del otro lado del Jordán, en la tierra de Galaad. Toda la comunidad se reunió en asamblea ante la presencia del SEÑOR en Mizpa.
Jue 20:2 Los líderes de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel —cuatrocientos mil guerreros armados con espadas—, ocuparon sus puestos en la asamblea del pueblo de Dios.
Jue 20:3 (Pronto llegó la noticia a la tierra de Benjamín de que las otras tribus habían subido a Mizpa). Entonces los israelitas preguntaron cómo había sucedido ese crimen tan terrible.
Jue 20:4 El levita, el esposo de la mujer asesinada, explicó: —Mi concubina y yo nos detuvimos para pasar la noche en Guibeá, una ciudad que pertenece a la tribu de Benjamín.
Jue 20:5 Esa noche, algunos de los ciudadanos prominentes de Guibeá rodearon la casa con la intención de matarme, y violaron a mi concubina hasta que quedó muerta.
Jue 20:6 Entonces corté su cuerpo en doce pedazos y envié los pedazos por todo el territorio asignado a Israel, porque esos hombres han cometido un crimen terrible y vergonzoso.
Jue 20:7 Ahora bien, todos ustedes —la comunidad entera de Israel— tienen que decidir aquí y ahora qué debe hacerse al respecto.
Jue 20:8 Y todo el pueblo se puso de pie al mismo tiempo y proclamó a una voz: —¡Ninguno de nosotros volverá a su hogar! ¡No, ni una sola persona!
Jue 20:9 En cambio, haremos lo siguiente con Guibeá: echaremos suertes para decidir quién la atacará.
Jue 20:10 Una décima parte de los hombres* de cada tribu se encargará de abastecer a los guerreros con provisiones; los demás nos vengaremos de Guibeá,* en Benjamín, por la infamia que sus hombres han cometido en Israel.
Jue 20:11 Así que los israelitas estaban en total unanimidad, y se juntaron para atacar la ciudad.
Jue 20:12 Los israelitas enviaron mensajeros a la tribu de Benjamín, diciendo: «¡Qué acto tan terrible se ha cometido en medio de ustedes!
Jue 20:13 Entréguennos a esos hombres malvados, a esos perturbadores de Guibeá, para que los ejecutemos y así purifiquemos a Israel de semejante maldad». Pero los de Benjamín no quisieron escuchar.
Jue 20:14 En cambio, salieron de sus ciudades y se juntaron en Guibeá para pelear contra los israelitas.
Jue 20:15 En total, de toda la tribu de Benjamín, llegaron a Guibeá veintiséis mil guerreros armados con espadas, los cuales se sumaron a los setecientos guerreros selectos que vivían allí.
Jue 20:16 Entre las tropas selectas de Benjamín había setecientos hombres zurdos, capaces de tirar una piedra con la honda y acertar en un cabello sin errar el blanco.
Jue 20:17 Israel, a su vez, tenía cuatrocientos mil soldados con experiencia en la guerra, armados con espadas, sin contar a los guerreros de Benjamín.
Jue 20:18 Antes de la batalla, los israelitas fueron a Betel y le preguntaron a Dios: —¿Cuál de las tribus debe ser la primera en atacar a la gente de Benjamín? El SEÑOR contestó: —Judá debe ir primero.
Jue 20:19 Entonces los israelitas salieron temprano a la mañana siguiente y acamparon cerca de Guibeá.
Jue 20:20 Después avanzaron hacia Guibeá para atacar a los hombres de Benjamín.
Jue 20:21 Pero los guerreros de Benjamín, que estaban defendiendo la ciudad, salieron y mataron ese día a veintidós mil israelitas en el campo de batalla.
Jue 20:22 Sin embargo, los israelitas se animaron unos a otros y otra vez tomaron sus posiciones en el mismo lugar donde habían luchado el día anterior.
Jue 20:23 Pues habían subido a Betel y habían llorado en presencia del SEÑOR hasta la noche. Le habían preguntado al SEÑOR: —¿Debemos salir nuevamente a pelear contra nuestros parientes de Benjamín? Y el SEÑOR había dicho: —Salgan a pelear contra ellos.
Jue 20:24 Así que, al día siguiente, volvieron a pelear contra los hombres de Benjamín,
Jue 20:25 pero los hombres de Benjamín mataron a otros dieciocho mil israelitas, todos ellos expertos en el uso de la espada.
Jue 20:26 Entonces todos los israelitas subieron a Betel y lloraron en presencia del SEÑOR, y ayunaron hasta la noche. También le llevaron al SEÑOR ofrendas quemadas y ofrendas de paz.
Jue 20:27 Los israelitas fueron a buscar dirección del SEÑOR. (En esos días el arca del pacto de Dios estaba en Betel,
Jue 20:28 y el sacerdote era Finees, hijo de Eleazar y nieto de Aarón). Los israelitas le preguntaron al SEÑOR: —¿Debemos volver a pelear contra nuestros parientes de Benjamín o debemos detenernos? El SEÑOR dijo: —¡Vayan! Mañana se los entregaré.
Jue 20:29 Entonces los israelitas armaron una emboscada alrededor de Guibeá.
Jue 20:30 Salieron al tercer día, y tomaron sus posiciones en los mismos lugares que antes.
Jue 20:31 Cuando los hombres de Benjamín salieron a atacar, fueron alejados de la ciudad. Y tal como habían hecho antes, comenzaron a matar a los israelitas. Unos treinta israelitas murieron en campo abierto y por los dos caminos, uno que lleva a Betel, y el otro que lleva de vuelta a Guibeá.
Jue 20:32 Entonces los guerreros de Benjamín gritaron: «¡Los estamos derrotando igual que antes!»; pero los israelitas habían planeado huir de antemano, para que los hombres de Benjamín salieran a perseguirlos por los caminos y quedaran alejados de la ciudad.
Jue 20:33 Cuando los guerreros israelitas llegaron a Baal-tamar, se dieron vuelta y tomaron sus posiciones de batalla. Mientras tanto, los israelitas que estaban escondidos en emboscada al occidente* de Guibeá salieron de repente a pelear.
Jue 20:34 Sumaban diez mil los guerreros israelitas selectos que avanzaron contra Guibeá. El enfrentamiento fue tan intenso, que Benjamín no se dio cuenta del desastre que se avecinaba.
Jue 20:35 Y el SEÑOR ayudó a Israel a derrotar a Benjamín, y ese día los israelitas mataron a veinticinco mil cien guerreros de Benjamín, todos expertos en el manejo de la espada.
Jue 20:36 Entonces los hombres de Benjamín se dieron cuenta de que estaban vencidos. Los israelitas habían retrocedido frente a los guerreros de Benjamín para que los que estaban escondidos en emboscada tuvieran más terreno para maniobrar contra Guibeá.
Jue 20:37 Entonces los que estaban escondidos en los alrededores se lanzaron contra la ciudad y mataron a todos los habitantes.
Jue 20:38 Habían acordado hacer una gran columna de humo desde la ciudad como señal.
Jue 20:39 Cuando los israelitas vieron el humo, se dieron vuelta y atacaron a los guerreros de Benjamín. Para entonces, los guerreros de Benjamín habían matado a unos treinta israelitas y gritaban: «¡Los estamos derrotando como en la primera batalla!».
Jue 20:40 Pero cuando los guerreros de Benjamín miraron hacia atrás y vieron el humo que se elevaba al cielo desde todos los rincones de la ciudad,
Jue 20:41 los hombres de Israel giraron y los atacaron. En ese instante, los hombres de Benjamín se aterrorizaron, porque se dieron cuenta de que se les venía el desastre encima.
Jue 20:42 Así que dieron media vuelta y huyeron frente a los israelitas hacia el desierto. Pero no pudieron escapar de la batalla, y la gente que salió de las ciudades cercanas también pereció.*
Jue 20:43 Los israelitas cercaron a los hombres de Benjamín y los persiguieron sin tregua, hasta que por fin los alcanzaron al oriente de Guibeá.*
Jue 20:44 Ese día murieron en batalla dieciocho mil de los guerreros más fuertes de Benjamín.
Jue 20:45 Los sobrevivientes huyeron al desierto, hacia la roca de Rimón, pero Israel mató a cinco mil de ellos a lo largo del camino. Los israelitas continuaron persiguiéndolos hasta que mataron a otros dos mil cerca de Guidom.
Jue 20:46 Ese día la tribu de Benjamín perdió veinticinco mil guerreros fuertes armados con espada,
Jue 20:47 y quedaron sólo seiscientos hombres, quienes escaparon a la roca de Rimón, donde vivieron durante cuatro meses.
Jue 20:48 Entonces los israelitas regresaron al territorio de Benjamín y en todas las ciudades masacraron a todo ser viviente: a la gente, a los animales y a todo lo que encontraron. También quemaron por completo todas las ciudades por las que pasaron.
Jue 21:1 Los israelitas habían jurado en Mizpa: «Nunca daremos nuestras hijas en matrimonio a ningún hombre de la tribu de Benjamín».
Jue 21:2 Entonces el pueblo de Israel fue a Betel y permaneció en presencia de Dios hasta la noche, llorando amargamente en alta voz.
Jue 21:3 «Oh SEÑOR, Dios de Israel —clamaban—, ¿por qué ha sucedido esto en Israel? ¡Ahora Israel ha perdido una de sus tribus!».
Jue 21:4 Temprano a la mañana siguiente, el pueblo construyó un altar y allí presentó sus ofrendas quemadas y ofrendas de paz.
Jue 21:5 Entonces se preguntaron: «¿Quién de entre las tribus de Israel no estuvo con nosotros en Mizpa cuando nos reunimos en asamblea en presencia del SEÑOR?». En esa ocasión, habían hecho un juramento solemne ante el SEÑOR de que matarían a todo el que se negara a presentarse.
Jue 21:6 Los israelitas sintieron lástima por su hermano Benjamín y dijeron: «Hoy ha sido cortada una de las tribus de Israel.
Jue 21:7 ¿Cómo podemos encontrar esposas para los pocos hombres que quedan, ya que hemos jurado por el SEÑOR que no les daríamos nuestras hijas en matrimonio?».
Jue 21:8 Así que preguntaron: «¿Quién de entre las tribus de Israel no estuvo con nosotros en Mizpa cuando nos reunimos en asamblea en presencia del SEÑOR?». Y descubrieron que ninguno de Jabes de Galaad había asistido a la asamblea.
Jue 21:9 Pues luego de contar a todos los presentes, no había nadie de Jabes de Galaad.
Jue 21:10 Entonces la asamblea envió a doce mil de sus mejores guerreros a Jabes de Galaad con órdenes de matar a todos los habitantes, entre ellos mujeres y niños.
Jue 21:11 «Lo que harán —les dijeron— es destruir por completo* a todos los varones y a las mujeres que no sean vírgenes».
Jue 21:12 Entre los habitantes de Jabes de Galaad, encontraron a cuatrocientas muchachas vírgenes, que nunca se habían acostado con un hombre, y las llevaron al campamento en Silo, que está en la tierra de Canaán.
Jue 21:13 Así que la asamblea de Israel envió una delegación de paz a los hombres que habían quedado de Benjamín, y que estaban viviendo en la roca de Rimón.
Jue 21:14 Entonces los hombres de Benjamín volvieron a sus hogares y recibieron como esposas a las cuatrocientas mujeres de Jabes de Galaad, a quienes se les había perdonado la vida. Pero no hubo suficientes mujeres para todos los hombres.
Jue 21:15 El pueblo sintió lástima por Benjamín, porque el SEÑOR había dejado un vacío en las tribus de Israel.
Jue 21:16 A raíz de eso, los ancianos de la asamblea preguntaron: «¿Cómo podemos conseguir esposas para los pocos que quedan, ya que las mujeres de la tribu de Benjamín están muertas?
Jue 21:17 Los sobrevivientes deben tener herederos, para que no quede exterminada toda una tribu de Israel.
Jue 21:18 Pero no podemos darles a nuestras hijas en matrimonio porque hemos jurado solemnemente que quien lo haga caerá bajo la maldición de Dios».
Jue 21:19 Entonces se acordaron del festival anual del SEÑOR que se celebra en Silo, al sur de Lebona y al norte de Betel, por el lado oriente del camino que va de Betel a Siquem.
Jue 21:20 Así que les dijeron a los hombres de Benjamín que aún necesitaban esposa: «Vayan y escóndanse en los viñedos.
Jue 21:21 Cuando vean que las jóvenes de Silo salen a danzar, salgan corriendo de los viñedos, y entonces cada uno de ustedes llevese a una de ellas a la tierra de Benjamín, para que sea su esposa.
Jue 21:22 Cuando los padres y los hermanos de las muchachas vengan a reclamarnos, nosotros les diremos: “Sean comprensivos, por favor. Dejen que se queden con sus hijas, porque no encontramos esposas para todos ellos cuando destruimos Jabes de Galaad. Y ustedes no son culpables de romper el voto, ya que, en realidad, no les entregaron a sus hijas en matrimonio”».
Jue 21:23 Así que los hombres de Benjamín hicieron lo que se les dijo. Cada hombre tomó a una de las mujeres mientras danzaban en la celebración, y se la llevó para que fuera su esposa. Regresaron a su propia tierra, reedificaron sus ciudades y vivieron en ellas.
Jue 21:24 Luego el pueblo de Israel se retiró por tribus y familias, y cada uno volvió a su propia casa.
Jue 21:25 En esos días, Israel no tenía rey; cada uno hacía lo que le parecía correcto según su propio criterio.

jueves, 21 de abril de 2016

LECTURA BÍBLICA 21 DE ABRIL

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    8:14-21

Mar 8:14 Pero los discípulos se habían olvidado de llevar comida y sólo tenían un pan en la barca.
Mar 8:15 Mientras cruzaban el lago, Jesús les advirtió: «¡Atención! ¡Tengan cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes!».
Mar 8:16 Al oír esto, comenzaron a discutir entre sí, pues no habían traído nada de pan.
Mar 8:17 Jesús supo lo que hablaban, así que les dijo: —¿Por qué discuten por no tener pan? ¿Todavía no saben ni entienden? ¿Tienen el corazón demasiado endurecido para comprenderlo?
Mar 8:18 “Tienen ojos, ¿y no pueden ver? Tienen oídos, ¿y no pueden oír?”* ¿No recuerdan nada en absoluto?
Mar 8:19 Cuando alimenté a los cinco mil con cinco panes, ¿cuántas canastas con sobras recogieron después? —Doce —contestaron ellos.
Mar 8:20 —Y cuando alimenté a los cuatro mil con siete panes, ¿cuántas canastas grandes con sobras recogieron? —Siete —dijeron.
Mar 8:21 —¿Todavía no entienden? —les preguntó.





1 CORINTIOS 14:1-25

1Co 14:1 ¡Que el amor sea su meta más alta! Pero también deberían desear las capacidades especiales que da el Espíritu, sobre todo la capacidad de profetizar.
1Co 14:2 Pues, si alguien tiene la capacidad de hablar en lenguas,* le hablará sólo a Dios, dado que la gente no podrá entenderle. Hablará por el poder del Espíritu,* pero todo será un misterio.
1Co 14:3 En cambio el que profetiza fortalece a otros, los anima y los consuela.
1Co 14:4 La persona que habla en lenguas se fortalece a sí misma, pero el que dice una palabra de profecía fortalece a toda la iglesia.
1Co 14:5 Yo desearía que todos pudieran hablar en lenguas, pero más aún me gustaría que todos pudieran profetizar. Pues la profecía es superior que hablar en lenguas, a menos que alguien interprete lo que se dice, para que toda la iglesia se fortalezca.
1Co 14:6 Amados hermanos, si yo fuera a visitarlos y les hablara en un idioma desconocido,* ¿de qué les serviría a ustedes? Pero, si les llevo una revelación o un conocimiento especial o una profecía o una enseñanza, eso sí les sería de ayuda.
1Co 14:7 Aun los instrumentos inanimados como la flauta y el arpa, tienen que emitir sonidos nítidos, o nadie reconocerá la melodía.
1Co 14:8 Y si el toque de trompeta no es entendible, ¿cómo sabrán los soldados que se les llama a la batalla?
1Co 14:9 Lo mismo ocurre con ustedes. Si hablan a la gente con palabras que no entienden, ¿cómo podrían saber lo que ustedes dicen? Igual estarían hablando al viento.
1Co 14:10 Hay muchos idiomas diferentes en el mundo, y cada uno tiene significado.
1Co 14:11 Pero, si no entiendo un idioma, soy un extranjero para el que lo habla, y el que lo habla es un extranjero para mí.
1Co 14:12 Y lo mismo ocurre con ustedes. Ya que están tan deseosos de tener las capacidades especiales que da el Espíritu, procuren las que fortalecerán a toda la iglesia.
1Co 14:13 Por lo tanto, el que habla en lenguas también debería pedir en oración la capacidad de interpretar lo que se ha dicho.
1Co 14:14 Pues, si oro en lenguas, mi espíritu ora, pero yo no entiendo lo que digo.
1Co 14:15 ¿Qué debo hacer entonces? Oraré en el espíritu* y también oraré con palabras que entiendo. Cantaré en el espíritu y también cantaré con palabras que entiendo.
1Co 14:16 Pues, si alabas a Dios sólo en el espíritu, ¿cómo podrán los que no te entienden alabar a Dios contigo? ¿Cómo podrán unirse a tus agradecimientos cuando no entienden lo que dices?
1Co 14:17 Tú darás gracias muy bien, pero eso no fortalecerá a la gente que te oye.
1Co 14:18 Yo le agradezco a Dios que hablo en lenguas más que cualquiera de ustedes.
1Co 14:19 Pero, en una reunión de la iglesia, para ayudar a otros preferiría hablar cinco palabras comprensibles que diez mil palabras en un idioma desconocido.
1Co 14:20 Amados hermanos, no sean infantiles en su comprensión de estas cosas. Sean inocentes como bebés en cuanto a la maldad pero maduros en la comprensión de asuntos como éstos.
1Co 14:21 En las Escrituras* está escrito: «Hablaré a mi propio pueblo en idiomas extraños y mediante labios de extranjeros. Pero aun así, no me escucharán»*, dice el SEÑOR.
1Co 14:22 Así que, como ven, el hablar en lenguas es una señal no para los creyentes sino para los incrédulos. La profecía, sin embargo, es para el beneficio de los creyentes, no de los incrédulos.
1Co 14:23 Aun así, si los incrédulos o la gente que no entiende esas cosas entran en la reunión de la iglesia y oyen a todos hablando en un idioma desconocido, pensarán que ustedes están locos.
1Co 14:24 Pero, si todos ustedes están profetizando, y los incrédulos o la gente que no entiende esas cosas entran en la reunión, serán convencidos de pecado y juzgados por lo que ustedes dicen.
1Co 14:25 Al escuchar, sus pensamientos secretos quedarán al descubierto y caerán de rodillas y adorarán a Dios declarando: «En verdad, Dios está aquí, entre ustedes».



SALMO 90

Sal 90:1 
Oración de Moisés, hombre de Dios.
Señor, a lo largo de todas las generaciones, ¡tú has sido nuestro hogar!
Sal 90:2 Antes de que nacieran las montañas, antes de que dieras vida a la tierra y al mundo, desde el principio y hasta el fin, tú eres Dios.
Sal 90:3 Haces que la gente vuelva al polvo con sólo decir: «¡Vuelvan al polvo, ustedes, mortales!».
Sal 90:4 Para ti, mil años son como un día pasajero, tan breves como unas horas de la noche.
Sal 90:5 Arrasas a las personas como si fueran sueños que desaparecen. Son como la hierba que brota en la mañana.
Sal 90:6 Por la mañana se abre y florece, pero al anochecer está seca y marchita.
Sal 90:7 Nos marchitamos bajo tu enojo; tu furia nos abruma.
Sal 90:8 Despliegas nuestros pecados delante de ti —nuestros pecados secretos —y los ves todos.
Sal 90:9 Vivimos la vida bajo tu ira, y terminamos nuestros años con un gemido.
Sal 90:10 ¡Setenta son los años que se nos conceden! Algunos incluso llegan a ochenta. Pero hasta los mejores años se llenan de dolor y de problemas; pronto desaparecen, y volamos.
Sal 90:11 ¿Quién puede comprender el poder de tu enojo? Tu ira es tan imponente como el temor que mereces.
Sal 90:12 Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría.
Sal 90:13 ¡Oh SEÑOR, vuelve a nosotros! ¿Hasta cuándo tardarás? ¡Compadécete de tus siervos!
Sal 90:14 Sácianos cada mañana con tu amor inagotable, para que cantemos de alegría hasta el final de nuestra vida.
Sal 90:15 ¡Danos alegría en proporción a nuestro sufrimiento anterior! Compensa los años malos con bien.
Sal 90:16 Permite que tus siervos te veamos obrar otra vez, que nuestros hijos vean tu gloria.
Sal 90:17 Y que el Señor nuestro Dios nos dé su aprobación y haga que nuestros esfuerzos prosperen; sí, ¡haz que nuestros esfuerzos prosperen!

LECTURA PARA LA NOCHE

JUECES 19

Jue 19:1 En esos días, Israel no tenía rey. Hubo un hombre de la tribu de Leví que vivía en un lugar remoto de la zona montañosa de Efraín. Cierto día se llevó a su casa a una mujer de Belén de Judá, para que fuera su concubina.
Jue 19:2 Pero ella se enojó con él* y volvió a la casa de su padre, en Belén. Unos cuatro meses después,
Jue 19:3 su marido viajó a Belén para hablar personalmente con ella y convencerla de que regresara. Llevó consigo a un siervo y a un par de burros. Cuando llegó a* la casa del padre, este lo vio y le dio la bienvenida.
Jue 19:4 Le insistió a quedarse por un tiempo, así que pasó allí tres días, comiendo, bebiendo y durmiendo.
Jue 19:5 Al cuarto día, el hombre se levantó temprano y estaba listo para partir, pero el padre de la mujer le dijo a su yerno: «Come algo antes de irte».
Jue 19:6 Así que los dos hombres se sentaron a comer y beber juntos. Luego el padre de la mujer le dijo: «Quédate, por favor, otra noche y diviértete».
Jue 19:7 El hombre se levantó para irse, pero su suegro siguió insistiendo en que se quedara, así que al final cedió y pasó allí otra noche.
Jue 19:8 A la mañana del quinto día, el hombre se levantó temprano nuevamente, listo para partir, pero una vez más el padre de la mujer le dijo: «Come algo; después podrás irte esta tarde». Así que se pasaron otro día de festejo.
Jue 19:9 Más tarde, mientras el hombre, su concubina y el siervo se preparaban para marcharse, el suegro le dijo: «Mira, está atardeciendo. Quédate esta noche y diviértete. Mañana podrás levantarte temprano y marcharte».
Jue 19:10 Pero esta vez, el hombre estaba decidido a irse. Así que tomó a sus dos burros ensillados y a su concubina, y se dirigió a Jebús (es decir, Jerusalén).
Jue 19:11 Ya era tarde cuando se acercaron a Jebús, y el siervo le dijo: —Paremos en esta ciudad jebusea y pasemos aquí la noche.
Jue 19:12 —No —le dijo su amo—, no podemos quedarnos en esta ciudad extranjera donde no hay israelitas. Seguiremos, en cambio, hasta Guibeá.
Jue 19:13 Vamos, tratemos de llegar hasta Guibeá o Ramá, y pasaremos la noche en una de esas ciudades.
Jue 19:14 Así que siguieron adelante. El sol se ponía cuando llegaron a Guibeá, una ciudad situada en Benjamín,
Jue 19:15 y se detuvieron allí para pasar la noche. Descansaron en la plaza de la ciudad, pero nadie los invitó a su casa para pasar la noche.
Jue 19:16 Esa noche un anciano regresaba a su hogar después del trabajo en los campos. Era de la zona montañosa de Efraín, pero vivía en Guibeá, donde la gente era de la tribu de Benjamín.
Jue 19:17 Cuando vio a los viajeros sentados en la plaza de la ciudad, les preguntó de dónde venían y hacia dónde iban.
Jue 19:18 —Regresamos de Belén, en Judá —le contestó el hombre—, y vamos hacia una zona remota de la región montañosa de Efraín, donde yo vivo. Viajé a Belén y ahora voy de regreso a mi hogar.* Pero nadie nos ha invitado a su casa para pasar la noche,
Jue 19:19 aunque traemos todo lo que necesitamos. Tenemos paja y forraje para nuestros burros, y bastante pan y vino para nosotros.
Jue 19:20 —Serán bienvenidos en mi casa —les dijo el anciano—. Yo les daré todo lo que pudiera faltarles; pero no se les ocurra pasar la noche en la plaza.
Jue 19:21 Entonces los llevó a su casa y dio alimento a los burros. Después de lavarse los pies, comieron y bebieron juntos.
Jue 19:22 Mientras disfrutaban el momento, un grupo de alborotadores de la ciudad rodeó la casa. Comenzaron a golpear la puerta y a gritarle al anciano: —Saca al hombre que se hospeda contigo para que podamos tener sexo con él.
Jue 19:23 Entonces el anciano salió para hablar con ellos. —No, hermanos míos, no hagan algo tan perverso. Pues este hombre es huésped en mi casa, y semejante acto sería vergonzoso.
Jue 19:24 Miren, llévense a mi hija virgen y a la concubina de este hombre. Yo se las sacaré, y ustedes podrán abusar de ellas y hacerles lo que quieran. Pero no cometan semejante vergüenza contra este hombre.
Jue 19:25 Sin embargo ellos no le hicieron caso. Entonces el levita tomó a su concubina y la empujó por la puerta. Los hombres de la ciudad abusaron de ella toda la noche, violándola uno por uno hasta la mañana. Finalmente, al amanecer, la soltaron.
Jue 19:26 Cuando ya amanecía, la mujer regresó a la casa donde estaba hospedado su esposo y se desplomó en la puerta de la casa, y permaneció allí hasta que hubo luz.
Jue 19:27 Cuando su esposo abrió la puerta para salir, allí encontró a su concubina, tirada, con las manos en el umbral.
Jue 19:28 «¡Levántate, vamos!», le dijo. Pero no hubo respuesta.* Entonces subió el cuerpo de la mujer a su burro y se la llevó a su casa.
Jue 19:29 Cuando llegó a su casa, tomó un cuchillo y cortó el cuerpo de su concubina en doce pedazos. Después envió un pedazo a cada tribu por todo el territorio de Israel.
Jue 19:30 Todos los que lo veían exclamaban: «En todo este tiempo, desde que Israel salió de Egipto, nunca se había cometido un crimen tan horrible. ¡Pensémoslo bien! ¿Qué vamos a hacer? ¿Quién lo denunciará?».