lunes, 25 de julio de 2016

LECTURA BÍBLICA 25 DE JULIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    12:49-59

Luc 12:49 »Yo he venido para encender con fuego el mundo, ¡y quisiera que ya estuviera en llamas!
Luc 12:50 Me espera un terrible bautismo de sufrimiento, y estoy bajo una carga pesada hasta que se lleve a cabo.
Luc 12:51 ¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? No, ¡vine a causar división entre las personas!
Luc 12:52 De ahora en adelante, las familias estarán divididas, tres a mi favor y dos en mi contra, o dos a favor y tres en contra.
Luc 12:53 “Habrá divisiones, el padre estará contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera, y la nuera contra la suegra”*.
Luc 12:54 Entonces Jesús se dirigió a la multitud y dijo: «Cuando ustedes ven que se forman nubes en el occidente, dicen: “Viene la lluvia”. Y tienen razón.
Luc 12:55 Cuando sopla viento del sur, dicen: “Hoy será un día de mucho calor”. Y así sucede.
Luc 12:56 ¡Necios! Saben interpretar las señales del clima en la tierra y en los cielos, pero no saben interpretar los tiempos presentes.
Luc 12:57 »¿Por qué no pueden decidir por ustedes mismos lo que es correcto?
Luc 12:58 Cuando vayan camino al juicio con el que los acusa, traten de resolver el asunto antes de llegar. De no ser así, su acusador podría arrastrarlos ante el juez, quien los entregará a un oficial, que los meterá en la cárcel.
Luc 12:59 Y, si eso sucede, no los pondrán en libertad hasta que hayan pagado el último centavo*».





2 TESALONICENSES 3:14-18

2Ts 3:14 Tomen nota de quienes rehúsan obedecer lo que decimos en esta carta. Aléjense de ellos, para que se avergüencen.
2Ts 3:15 No los vean como enemigos, sino que llámenles la atención como lo harían con un hermano.*
2Ts 3:16 Ahora, que el mismo Señor de paz les dé su paz en todo momento y en cada situación. El Señor sea con todos ustedes.
2Ts 3:17 AQUÍ ESTÁ MI SALUDO DE MI PROPIO PUÑO Y LETRA: PABLO. HAGO ESTO EN TODAS MIS CARTAS PARA PROBAR QUE SON MÍAS.
2Ts 3:18 Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes.





SALMO 150

Sal 150:1 ¡Alabado sea el SEÑOR! Alaben a Dios en su santuario; ¡alábenlo en su poderoso cielo!
Sal 150:2 Alábenlo por sus obras poderosas; ¡alaben su grandeza sin igual!
Sal 150:3 Alábenlo con un fuerte toque del cuerno de carnero; ¡alábenlo con la lira y el arpa!
Sal 150:4 Alábenlo con panderetas y danzas; ¡alábenlo con instrumentos de cuerda y flautas!
Sal 150:5 Alábenlo con el sonido de los címbalos; alábenlo con címbalos fuertes y resonantes.
Sal 150:6 ¡Que todo lo que respira cante alabanzas al SEÑOR! ¡Alabado sea el SEÑOR! Proverbios

LECTURA PARA LA NOCHE

2 CRÓNICAS    34-36

2Cr 34:1 Josías tenía ocho años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén treinta y un años.
2Cr 34:2 Hizo lo que era agradable a los ojos del SEÑOR y siguió el ejemplo de su antepasado David; no se apartó de lo que era correcto.
2Cr 34:3 Durante el octavo año de su reinado, siendo aún joven, Josías comenzó a buscar al Dios de su antepasado David. Luego, en el año doce, empezó a purificar a Judá y a Jerusalén, destruyendo todos los santuarios paganos, los postes dedicados a la diosa Asera, los ídolos tallados y las imágenes fundidas.
2Cr 34:4 Ordenó que demolieran los altares de Baal y que derribaran los altares del incienso que había encima. También se aseguró de que despedazaran los postes dedicados a la diosa Asera, los ídolos tallados y las imágenes fundidas, y que los pedazos fueran esparcidos sobre las tumbas de aquellos que les habían ofrecido sacrificios.
2Cr 34:5 Quemó los huesos de los sacerdotes paganos sobre sus propios altares, y de esta manera purificó a Judá y a Jerusalén.
2Cr 34:6 Hizo lo mismo en las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón e incluso hasta tan lejos como Neftalí, y en las regiones* que las rodean.
2Cr 34:7 Destruyó los altares paganos y los postes dedicados a la diosa Asera, y redujo los ídolos a polvo. Derribó todos los altares del incienso en toda la tierra de Israel y, finalmente, volvió a Jerusalén.
2Cr 34:8 En el año dieciocho de su reinado, después de haber purificado el país y el templo, Josías encargó a Safán, hijo de Azalía, a Maaseías, el gobernador de Jerusalén y a Joa, hijo de Yoajaz, el historiador real, para que repararan el templo del SEÑOR su Dios.
2Cr 34:9 Estos hombres le dieron al sumo sacerdote Hilcías el dinero que habían recaudado los levitas que servían como porteros en el templo de Dios. Las ofrendas las traían la gente de Manasés, de Efraín y los que quedaban de Israel; al igual que la gente de todo Judá, de Benjamín y de Jerusalén.
2Cr 34:10 El sumo sacerdote les confió el dinero a los hombres designados para supervisar la restauración del templo del SEÑOR. A su vez ellos pagaban a los trabajadores que hacían las reparaciones y la renovación del templo.
2Cr 34:11 Contrataron carpinteros y constructores, los cuales compraban piedras labradas para las paredes y madera para las vigas y los soportes. Restauraron lo que los reyes anteriores de Judá habían permitido que cayera en ruinas.
2Cr 34:12 Los obreros servían fielmente bajo el liderazgo de Jahat y Abdías, levitas del clan de Merari, y de Zacarías y Mesulam, levitas del clan de Coat. Otros levitas, todos músicos hábiles,
2Cr 34:13 quedaron encargados de los trabajadores de los diversos oficios. Incluso otros ayudaban como secretarios, oficiales y porteros.
2Cr 34:14 Mientras sacaban el dinero recaudado en el templo del SEÑOR, el sacerdote Hilcías encontró el libro de la ley del SEÑOR que escribió Moisés.
2Cr 34:15 Hilcías le dijo a Safán, secretario de la corte: «¡He encontrado el libro de la ley en el templo del SEÑOR!». Entonces Hilcías le dio el rollo a Safán.
2Cr 34:16 Safán llevó el rollo al rey y le informó: «Sus funcionarios están haciendo todo lo que se les asignó.
2Cr 34:17 El dinero que se recaudó en el templo del SEÑOR ha sido entregado a los supervisores y a los trabajadores».
2Cr 34:18 Safán también dijo al rey: «El sacerdote Hilcías me entregó un rollo». Así que Safán se lo leyó al rey.
2Cr 34:19 Cuando el rey oyó lo que estaba escrito en la ley, rasgó su ropa en señal de desesperación.
2Cr 34:20 Luego dio las siguientes órdenes a Hilcías; a Ahicam, hijo de Safán; a Acbor, hijo de Micaías;* a Safán, secretario de la corte y a Asaías, consejero personal del rey:
2Cr 34:21 «Vayan al templo y consulten al SEÑOR por mí y por todo el remanente de Israel y de Judá. Pregunten acerca de las palabras escritas en el rollo que se encontró. Pues el gran enojo del SEÑOR ha sido derramado sobre nosotros, porque nuestros antepasados no obedecieron la palabra del SEÑOR. No hemos estado haciendo todo lo que este rollo dice que debemos hacer».
2Cr 34:22 Entonces Hilcías y los otros hombres se dirigieron al Barrio Nuevo* de Jerusalén para consultar a la profetisa Hulda. Ella era la esposa de Salum, hijo de Ticvah, hijo de Harhas,* el encargado del guardarropa del templo.
2Cr 34:23 Ella les dijo: «¡El SEÑOR, Dios de Israel, ha hablado! Regresen y díganle al hombre que los envió:
2Cr 34:24 “Esto dice el SEÑOR: ‘Traeré desastre sobre esta ciudad* y sobre sus habitantes. Todas las maldiciones escritas en el rollo que fue leído al rey de Judá se cumplirán,
2Cr 34:25 pues los de mi pueblo me han abandonado y han ofrecido sacrificios a dioses paganos. Estoy muy enojado con ellos por todo lo que han hecho. Mi enojo será derramado sobre este lugar y no se apagará’ ”.
2Cr 34:26 »Vayan a ver al rey de Judá, quien los envió a buscar al SEÑOR, y díganle: “Esto dice el SEÑOR, Dios de Israel, acerca del mensaje que acabas de escuchar:
2Cr 34:27 ‘Estabas apenado y te humillaste ante Dios al oír las palabras que él pronunció contra la ciudad y sus habitantes. Te humillaste, rasgaste tu ropa en señal de desesperación y lloraste delante de mí, arrepentido. Ciertamente te escuché, dice el SEÑOR.
2Cr 34:28 Por eso, no enviaré el desastre que he prometido hasta después de que hayas muerto y seas enterrado en paz. Tú mismo no llegarás a ver la calamidad que traeré sobre esta ciudad y sus habitantes’ ”». De modo que llevaron su mensaje al rey.
2Cr 34:29 Entonces el rey convocó a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén.
2Cr 34:30 Luego subió al templo del SEÑOR junto con todos los habitantes de Judá y de Jerusalén, acompañado por los sacerdotes y los levitas: toda la gente, desde el menos importante hasta el más importante. Allí el rey les leyó todo el libro del pacto que se había encontrado en el templo del SEÑOR.
2Cr 34:31 El rey tomó su lugar de autoridad junto a la columna y renovó el pacto en presencia del SEÑOR. Se comprometió a obedecer al SEÑOR cumpliendo sus mandatos, leyes y decretos con todo el corazón y con toda el alma. Prometió obedecer todas las condiciones del pacto que estaban escritas en el rollo.
2Cr 34:32 Además, exigió a todos los que estaban en Jerusalén y en Benjamín que hicieran una promesa similar. El pueblo de Jerusalén lo hizo, y renovó su pacto con Dios, el Dios de sus antepasados.
2Cr 34:33 Josías quitó todos los ídolos detestables de toda la tierra de Israel y exigió que todos adoraran al SEÑOR su Dios. Durante el resto de la vida de Josías, no se apartaron del SEÑOR, Dios de sus antepasados.
2Cr 35:1 Josías anunció que se celebraría la Pascua del SEÑOR en Jerusalén, y entonces se sacrificó el cordero de la Pascua el día catorce del primer mes.*
2Cr 35:2 Josías también asignó a los sacerdotes sus responsabilidades y los animó en su trabajo en el templo del SEÑOR.
2Cr 35:3 Dio esta orden a los levitas, quienes debían enseñar a todo Israel y quienes habían sido apartados para servir al SEÑOR: «Pongan el arca sagrada en el templo que construyó Salomón, hijo de David, rey de Israel. Ustedes ya no tienen que seguir cargándola de un sitio a otro sobre sus hombros. Ahora dediquen su tiempo a servir al SEÑOR su Dios y a su pueblo Israel.
2Cr 35:4 Preséntense para su turno según las divisiones de familia de sus antepasados, de acuerdo con las instrucciones del rey David de Israel y las de su hijo Salomón.
2Cr 35:5 »Luego preséntense en el santuario, en el lugar designado para su respectiva división de familia, y ayuden a las familias que les hayan sido asignadas cuando estas traigan sus ofrendas al templo.
2Cr 35:6 Maten los corderos de la Pascua, purifíquense y prepárense para ayudar a los que lleguen. Sigan todas las instrucciones que el SEÑOR dio por medio de Moisés».
2Cr 35:7 Después Josías proveyó treinta mil corderos y cabritos para las ofrendas de la Pascua del pueblo, junto con tres mil cabezas de ganado; todos eran de los rebaños y de las manadas del rey.
2Cr 35:8 Los funcionarios del rey también hicieron contribuciones voluntarias al pueblo, a los sacerdotes y a los levitas. Hilcías, Zacarías y Jehiel, administradores del templo de Dios, dieron a los sacerdotes dos mil seiscientos corderos y cabritos y trescientas cabezas de ganado como ofrendas de la Pascua.
2Cr 35:9 Los jefes de los levitas —Conanías y sus hermanos Semaías y Natanael, al igual que Hasabías, Jeiel y Josabad— dieron cinco mil corderos y cabritos, y quinientas cabezas de ganado a los levitas para sus ofrendas de la Pascua.
2Cr 35:10 Cuando todo estaba listo para la celebración de la Pascua, los sacerdotes y los levitas ocuparon sus lugares, organizados según sus divisiones, tal como el rey lo había ordenado.
2Cr 35:11 Luego los levitas mataron los corderos de la Pascua y presentaron la sangre a los sacerdotes, quienes la rociaron sobre el altar mientras los levitas preparaban los animales.
2Cr 35:12 Repartieron las ofrendas quemadas entre la gente de acuerdo a sus grupos de familia, para que las ofrecieran al SEÑOR según estaba establecido en el libro de Moisés. Hicieron lo mismo con el ganado.
2Cr 35:13 Luego asaron los corderos de la Pascua como estaba establecido. Hirvieron las ofrendas sagradas en ollas, calderos y sartenes, y las llevaron rápidamente a la gente para que comiera.
2Cr 35:14 Después los levitas prepararon las ofrendas de la Pascua para sí mismos y para los sacerdotes, descendientes de Aarón, porque los sacerdotes habían estado ocupados desde la mañana hasta la noche presentando las ofrendas quemadas y las porciones de grasa. Los levitas se hicieron cargo de todos estos preparativos.
2Cr 35:15 Los músicos, descendientes de Asaf, estaban en sus lugares asignados y seguían las órdenes que les habían dado David, Asaf, Hemán y Jedutún, vidente del rey. Los porteros cuidaban las puertas y no era necesario que se alejaran de sus puestos de servicio porque sus hermanos levitas les preparaban sus ofrendas de la Pascua.
2Cr 35:16 Toda la ceremonia de la Pascua del SEÑOR se terminó en ese día. Todas las ofrendas quemadas fueron sacrificadas en el altar del SEÑOR, como lo había ordenado el rey Josías.
2Cr 35:17 Todos los israelitas que estaban presentes en Jerusalén celebraron la Pascua y el Festival de los Panes sin Levadura durante siete días.
2Cr 35:18 Desde los tiempos del profeta Samuel no se había celebrado una Pascua semejante. Ninguno de los reyes de Israel jamás había celebrado la Pascua como lo hizo Josías, porque hizo participar a todos los sacerdotes y levitas, a todo el pueblo de Jerusalén y a la gente de todo Judá e Israel.
2Cr 35:19 Esta celebración de la Pascua ocurrió en el año dieciocho del reinado de Josías.
2Cr 35:20 Después de que Josías terminó de restaurar el templo, Necao, rey de Egipto, dirigió a su ejército desde Egipto, para hacer la guerra en Carquemis, junto al río Éufrates. Entonces Josías y su ejército salieron a enfrentarlo;*
2Cr 35:21 pero el rey Necao envió mensajeros a Josías con el siguiente mensaje: «¿Qué quieres de mí, rey de Judá? ¡No tengo nada contra ti! ¡Voy de camino a pelear contra otra nación, y Dios me ha dicho que me apresure! No interfieras con Dios, quien está conmigo, o él te destruirá».
2Cr 35:22 Sin embargo, Josías se negó a escuchar a Necao, a quien Dios realmente le había hablado, y no quiso regresar. En cambio, se disfrazó y dirigió al ejército en la batalla, en la llanura de Meguido.
2Cr 35:23 Entonces los arqueros enemigos hirieron al rey Josías con sus flechas y el rey gritó a sus hombres: «¡Sáquenme de la batalla, porque estoy gravemente herido!».
2Cr 35:24 Así que sacaron a Josías de su carro de guerra y lo pusieron en otro. Luego lo regresaron a Jerusalén, donde murió. Lo enterraron allí, en el cementerio de los reyes, y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por él.
2Cr 35:25 El profeta Jeremías compuso canciones fúnebres en honor de Josías, y hasta el día de hoy los coros siguen entonando estas tristes canciones acerca de su muerte. Estas canciones de duelo se han convertido en una tradición y están registradas en El libro de los lamentos .
2Cr 35:26 Los demás acontecimientos del reinado de Josías y sus actos de devoción (realizados según lo que estaba escrito en la ley del SEÑOR),
2Cr 35:27 desde el principio hasta el fin, están registrados en El libro de los reyes de Israel y de Judá .2Cr 36:1 Entonces la gente de la nación tomó a Joacaz, hijo de Josías, y lo proclamó el siguiente rey en Jerusalén.
2Cr 36:2 Joacaz* tenía veintitrés años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén tres meses.
2Cr 36:3 Luego fue quitado por el rey de Egipto, quien exigió que Judá pagara un tributo de tres mil cuatrocientos kilos de plata, y treinta y cuatro kilos de oro.*
2Cr 36:4 El rey de Egipto puso en el trono a Eliaquim, hermano de Joacaz, para que fuera el siguiente rey de Judá y de Jerusalén, y le cambió el nombre a Joacim. Después Necao se llevó a Joacaz a Egipto como prisionero.
2Cr 36:5 Joacim tenía veinticinco años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén once años. Él hizo lo malo a los ojos del SEÑOR su Dios.
2Cr 36:6 Luego el rey Nabucodonosor de Babilonia fue a Jerusalén y la conquistó, sujetó a Joacim con cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia.
2Cr 36:7 Nabucodonosor también se llevó algunos de los tesoros del templo del SEÑOR y los colocó en su palacio* en Babilonia.
2Cr 36:8 Los demás acontecimientos del reinado de Joacim, incluidas todas las maldades que cometió y todo lo que se descubrió en su contra, están registrados en El libro de los reyes de Israel y de Judá . Después su hijo Joaquín ocupó su lugar en el trono.
2Cr 36:9 Joaquín tenía dieciocho* años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén tres meses y diez días. Joaquín hizo lo malo a los ojos del SEÑOR.
2Cr 36:10 En la primavera de ese año,* el rey Nabucodonosor llevó a Joaquín a Babilonia. En esa ocasión, también se llevaron muchos tesoros del templo del SEÑOR. Nabucodonosor puso en el trono a Sedequías, tío* de Joaquín, para que fuera el siguiente rey de Judá y de Jerusalén.
2Cr 36:11 Sedequías tenía veintiún años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén once años.
2Cr 36:12 Él hizo lo malo a los ojos del SEÑOR su Dios y se negó a humillarse cuando el profeta Jeremías le habló directamente de parte del SEÑOR.
2Cr 36:13 También se rebeló contra el rey Nabucodonosor, a pesar de que había hecho un juramento de lealtad en nombre de Dios. Sedequías era un hombre duro y terco, y rehusó volverse al SEÑOR, Dios de Israel.
2Cr 36:14 Asimismo, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo se volvieron cada vez más infieles. Siguieron todas las prácticas paganas de las naciones vecinas y profanaron el templo del SEÑOR que había sido consagrado en Jerusalén.
2Cr 36:15 Repetidas veces el SEÑOR, Dios de sus antepasados, envió a sus profetas para advertirles, porque tenía compasión de su pueblo y de su templo.
2Cr 36:16 Sin embargo, el pueblo se mofaba de estos mensajeros de Dios y despreciaba sus palabras. Se burlaron con desprecio de los profetas hasta que el enojo del SEÑOR no pudo ser contenido y ya no se podía hacer nada.
2Cr 36:17 Entonces el SEÑOR mandó al rey de Babilonia contra ellos. Los babilonios* mataron a los hombres jóvenes de Judá, y los persiguieron incluso dentro del templo. No tuvieron compasión de la gente, y mataron tanto a los jóvenes como a las muchachas, a los ancianos y a los débiles. Dios los entregó a todos en manos de Nabucodonosor.
2Cr 36:18 El rey se llevó a Babilonia todos los objetos, grandes y pequeños, que se usaban en el templo de Dios, y los tesoros tanto del templo del SEÑOR como del palacio del rey y de sus funcionarios.
2Cr 36:19 Luego su ejército quemó el templo de Dios, derribó las murallas de Jerusalén, incendió todos los palacios y destruyó por completo todo lo que había de valor.*
2Cr 36:20 Se llevaron desterrados a Babilonia a los pocos sobrevivientes, y se convirtieron en sirvientes del rey y sus hijos hasta que el reino de Persia llegó al poder.
2Cr 36:21 Así se cumplió el mensaje del SEÑOR anunciado por medio de Jeremías. La tierra finalmente disfrutó de su tiempo de descanso, y quedó desolada hasta que se cumplieron los setenta años, tal como el profeta había dicho.
2Cr 36:22 “En el primer año de Ciro, rey de Persia,* el SEÑOR cumplió la profecía que había dado por medio de Jeremías.* Movió el corazón de Ciro a poner por escrito el siguiente edicto y enviarlo a todo el reino:
2Cr 36:23 «Esto dice Ciro, rey de Persia: »“El SEÑOR, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra. Me encargó que le construya un templo en Jerusalén, que está en Judá. Cualquiera que pertenezca al pueblo del SEÑOR puede regresar para realizar esta tarea, ¡y que el SEÑOR su Dios esté con ustedes!”».

domingo, 24 de julio de 2016

LECTURA BÍBLICA 24 DE JULIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    12:35-48

Luc 12:35 »Estén vestidos, listos para servir y mantengan las lámparas encendidas,
Luc 12:36 como si esperaran el regreso de su amo de la fiesta de bodas. Entonces estarán listos para abrirle la puerta y dejarlo entrar en el momento que llegue y llame.
Luc 12:37 Los siervos que estén listos y a la espera de su regreso serán recompensados. Les digo la verdad, él mismo les indicará dónde sentarse, se pondrá el delantal y les servirá mientras están a la mesa y comen.
Luc 12:38 Puede ser que llegue en la mitad de la noche o durante la madrugada.* Pero cualquiera que sea la hora que llegue, recompensará a los siervos que estén preparados.
Luc 12:39 »Entiendan lo siguiente: si el dueño de una casa supiera exactamente a qué hora viene un ladrón, no dejaría que asaltara su casa.
Luc 12:40 Ustedes también deben estar preparados todo el tiempo, porque el Hijo del Hombre vendrá cuando menos lo esperen.
Luc 12:41 Pedro preguntó: —Señor, ¿esa ilustración es sólo para nosotros o es para todos?
Luc 12:42 Y el Señor respondió: —Un siervo fiel y sensato es aquel a quien el amo puede darle la responsabilidad de dirigir a los demás siervos y alimentarlos.
Luc 12:43 Si el amo regresa y encuentra que el siervo ha hecho un buen trabajo, habrá una recompensa.
Luc 12:44 Les digo la verdad, el amo pondrá a ese siervo a cargo de todo lo que posee.
Luc 12:45 ¿Pero qué tal si el siervo piensa: “Mi amo no regresará por un tiempo” y comienza a golpear a los otros siervos, a parrandear y a emborracharse?
Luc 12:46 El amo regresará inesperadamente y sin previo aviso, cortará al siervo en pedazos y lo expulsará junto con los infieles.
Luc 12:47 »Y un siervo que sabe lo que su amo quiere, pero no se prepara ni cumple las instrucciones, será severamente castigado.
Luc 12:48 Pero alguien que no lo sabe y hace algo malo, será castigado levemente. Alguien a quien se le ha dado mucho, mucho se le pedirá a cambio; y alguien a quien se le ha confiado mucho, aún más se le exigirá.





2 TESALONICENSES 3:6-13

2Ts 3:6 Y ahora, amados hermanos, les damos el siguiente mandato en el nombre de nuestro Señor Jesucristo: aléjense de todos los creyentes* que llevan vidas ociosas y que no siguen la tradición que recibieron* de nosotros.
2Ts 3:7 Pues ustedes saben que deben imitarnos. No estuvimos sin hacer nada cuando los visitamos a ustedes.
2Ts 3:8 En ningún momento aceptamos comida de nadie sin pagarla. Trabajamos mucho de día y de noche a fin de no ser una carga para ninguno de ustedes.
2Ts 3:9 Por cierto, teníamos el derecho de pedirles que nos alimentaran, pero quisimos dejarles un ejemplo que seguir.
2Ts 3:10 Incluso mientras estábamos con ustedes les dimos la siguiente orden: «Los que no están dispuestos a trabajar que tampoco coman».
2Ts 3:11 Sin embargo, oímos que algunos de ustedes llevan vidas de ocio, se niegan a trabajar y se entrometen en los asuntos de los demás.
2Ts 3:12 Les ordenamos a tales personas y las instamos en el nombre del Señor Jesucristo a que se tranquilicen y a que trabajen para ganarse la vida.
2Ts 3:13 En cuanto al resto de ustedes, amados hermanos, nunca se cansen de hacer el bien.





SALMO 149

Sal 149:1 ¡Alabado sea el SEÑOR! Canten al SEÑOR una nueva canción; canten sus alabanzas en la asamblea de los fieles.
Sal 149:2 Oh Israel, alégrate de tu Creador. Oh pueblo de Jerusalén,* regocíjate de tu Rey.
Sal 149:3 Alaba su nombre con danza, acompáñala con panderetas y arpas,
Sal 149:4 porque el SEÑOR se deleita en su pueblo; él corona al humilde con victoria.
Sal 149:5 Que los fieles se alegren de que él los honra; que canten de alegría mientras descansan en sus camas.
Sal 149:6 Que las alabanzas de Dios estén en sus labios y tengan una espada afilada en las manos,
Sal 149:7 para tomar venganza contra las naciones y castigar a los pueblos,
Sal 149:8 para encadenar a sus reyes con grilletes y a sus líderes, con cadenas de hierro,
Sal 149:9 para ejecutar el juicio que está escrito contra ellos. Éste es el privilegio glorioso que tienen sus fieles. ¡Alabado sea el SEÑOR!


LECTURA PARA LA NOCHE

2 CRÓNICAS    30-33

2Cr 30:1 El rey Ezequías envió mensajes a todo Israel y Judá, y escribió cartas de invitación a la gente de Efraín y Manasés. Les pidió a todos que vinieran al templo del SEÑOR en Jerusalén para celebrar la Pascua del SEÑOR, Dios de Israel.
2Cr 30:2 El rey, sus funcionarios y toda la comunidad de Jerusalén decidieron celebrar la Pascua un mes más tarde de lo habitual.*
2Cr 30:3 No pudieron celebrarla en el tiempo establecido porque no era posible purificar suficientes sacerdotes para esa fecha, y el pueblo todavía no se había reunido en Jerusalén.
2Cr 30:4 Esta propuesta para celebrar la Pascua les pareció bien al rey y a todo el pueblo.
2Cr 30:5 De modo que mandaron un edicto por todo Israel, desde Beerseba en el sur hasta Dan en el norte, para invitar a todos a reunirse en Jerusalén para celebrar la Pascua del SEÑOR, Dios de Israel. Hacía tiempo que el pueblo no la celebraba en forma masiva, como lo exigía la ley.
2Cr 30:6 Por orden del rey se enviaron mensajeros por todo Israel y Judá con cartas que decían: «Oh pueblo de Israel, vuélvanse al SEÑOR, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel,* para que él se vuelva a los pocos de nosotros que hemos sobrevivido la conquista de los reyes asirios.
2Cr 30:7 No sean como sus antepasados y parientes que abandonaron al SEÑOR, Dios de sus antepasados, y se convirtieron en objeto de desdén, como ustedes mismos pueden ver.
2Cr 30:8 No sean tercos como fueron ellos, sino sométanse al SEÑOR y vengan a su templo que él mismo separó como santo para siempre. Adoren al SEÑOR su Dios, para que su ira feroz se aleje de ustedes.
2Cr 30:9 »Pues si ustedes se vuelven al SEÑOR, sus parientes y sus hijos serán tratados con compasión por sus captores, y podrán regresar a esta tierra. El SEÑOR su Dios es bondadoso y misericordioso. Si ustedes se vuelven a él, él no seguirá apartando su rostro de ustedes».
2Cr 30:10 Los mensajeros corrieron de ciudad en ciudad por todo Efraín y Manasés y hasta el territorio de Zabulón; pero la mayoría de la gente simplemente se reía de los mensajeros y se burlaba de ellos.
2Cr 30:11 Sin embargo, algunos habitantes de Aser, Manasés y Zabulón se humillaron y fueron a Jerusalén.
2Cr 30:12 Al mismo tiempo, la mano de Dios estaba sobre la gente en la tierra de Judá, y les dio un solo corazón para obedecer las órdenes del rey y de sus funcionarios, quienes seguían la palabra del SEÑOR.
2Cr 30:13 Así que, una gran multitud se reunió en Jerusalén a mediados de la primavera* para celebrar el Festival de los Panes sin Levadura.
2Cr 30:14 Pusieron manos a la obra y quitaron todos los altares paganos de Jerusalén. Sacaron todos los altares del incienso y los arrojaron al valle de Cedrón.
2Cr 30:15 El día catorce del segundo mes, un mes más tarde de lo habitual,* el pueblo sacrificó el cordero de la Pascua. Eso avergonzó a los sacerdotes y a los levitas, de modo que se purificaron y llevaron ofrendas quemadas al templo del SEÑOR.
2Cr 30:16 Después ocuparon sus lugares en el templo, tal como estaba establecido en la ley de Moisés, hombre de Dios. Los levitas llevaron la sangre de los sacrificios a los sacerdotes, quienes la rociaron sobre el altar.
2Cr 30:17 Como muchos del pueblo no se habían purificado, a fin de separarlos para el SEÑOR, los levitas tuvieron que matar por ellos el cordero de la Pascua.
2Cr 30:18 La mayoría de los que habían venido de Efraín, Manasés, Isacar y Zabulón no se habían purificado. Sin embargo, se les permitió comer la cena de Pascua aunque estuviera en contra de las exigencias de la ley, porque Ezequías oró por ellos diciendo: «Que el SEÑOR, quien es bueno, perdone a los
2Cr 30:19 que han decidido seguir al SEÑOR, Dios de sus antepasados, aunque no estén debidamente purificados para la ceremonia»;
2Cr 30:20 y el SEÑOR escuchó la oración de Ezequías y sanó a la gente.
2Cr 30:21 Entonces los israelitas que estaban presentes en Jerusalén celebraron con gran alegría el Festival de los Panes sin Levadura durante siete días. Cada día los levitas y los sacerdotes cantaban al SEÑOR, al son de instrumentos resonantes.*
2Cr 30:22 Ezequías les dio ánimo a todos los levitas en cuanto a la habilidad que demostraban mientras servían al SEÑOR. La celebración continuó durante siete días y se sacrificaron ofrendas de paz, y la gente le dio gracias al SEÑOR, Dios de sus antepasados.
2Cr 30:23 Toda la asamblea decidió continuar el festival otros siete días, de modo que celebraron con gran alegría una semana más.
2Cr 30:24 El rey Ezequías le dio al pueblo mil toros y siete mil ovejas y cabras para las ofrendas, y los funcionarios donaron mil toros y diez mil ovejas y cabras. Mientras tanto, muchos otros sacerdotes se purificaron.
2Cr 30:25 Toda la asamblea de Judá se alegró, incluidos los sacerdotes, los levitas, todos los que habían venido del territorio de Israel, los extranjeros que vinieron al festival y todos los que vivían en Judá.
2Cr 30:26 Hubo gran alegría en la ciudad, porque en Jerusalén no se había presenciado una celebración como ésta desde los días de Salomón, hijo del rey David.
2Cr 30:27 Luego los sacerdotes y los levitas se pusieron de pie y bendijeron al pueblo, y Dios escuchó su oración desde su santa morada en el cielo.
2Cr 31:1 Cuando terminó el festival, los israelitas que estuvieron presentes fueron a todas las ciudades de Judá, Benjamín, Efraín y Manasés, destrozaron todas las columnas sagradas, derribaron los postes dedicados a la diosa Asera y quitaron los altares y los santuarios paganos. Después de esto, los israelitas regresaron a sus ciudades, cada uno a su hogar.
2Cr 31:2 Luego Ezequías organizó a los sacerdotes y a los levitas en divisiones para que presentaran las ofrendas quemadas y las ofrendas de paz y para que adoraran, dieran gracias y alabaran al SEÑOR en las puertas del templo.
2Cr 31:3 El rey también contribuyó personalmente con animales para las ofrendas quemadas diarias de la mañana y de la tarde, para los festivales semanales de los días de descanso y para los festivales mensuales de luna nueva, como también para todos los demás festivales anuales establecidos en la ley del SEÑOR.
2Cr 31:4 Además, exigió al pueblo de Jerusalén que llevara una parte de sus bienes a los sacerdotes y levitas, para que ellos pudieran dedicarse por completo a la ley del SEÑOR.
2Cr 31:5 Cuando los israelitas escucharon estos requisitos respondieron con generosidad; dieron la primera porción de su grano, vino nuevo, aceite de oliva, miel y de todo lo que producían sus campos. Llevaron grandes cantidades, el diezmo de todo lo que habían producido.
2Cr 31:6 La gente que se había mudado de Israel a Judá, y la misma gente de Judá, llevaron el diezmo de su ganado, de sus ovejas y de sus cabras, y el diezmo de las cosas que habían dedicado al SEÑOR su Dios, y las apilaron en grandes montones.
2Cr 31:7 Empezaron a apilarlas a fines de la primavera y los montones siguieron creciendo hasta principios del otoño.*
2Cr 31:8 Cuando Ezequías y sus funcionarios fueron y vieron esos enormes montones, ¡le dieron gracias al SEÑOR y a su pueblo, Israel!
2Cr 31:9 —¿De dónde vino todo esto? —preguntó Ezequías a los sacerdotes y a los levitas.
2Cr 31:10 Y el sumo sacerdote Azarías, de la familia de Sadoc, le contestó: —Desde que la gente empezó a llevar sus ofrendas al templo del SEÑOR, hemos tenido suficiente para comer y mucho de sobra. El SEÑOR ha bendecido a su pueblo, y sobró todo esto.
2Cr 31:11 Ezequías ordenó que se prepararan unos depósitos en el templo del SEÑOR. Cuando estuvieron listos,
2Cr 31:12 la gente fielmente llevó todos los diezmos y las ofrendas al templo. Conanías, el levita, quedó encargado y su hermano Simei lo ayudaba.
2Cr 31:13 Los supervisores bajo su mando fueron Jehiel, Azazías, Nahat, Asael, Jerimot, Jozabad, Eliel, Ismaquías, Mahat y Benaía. El rey Ezequías y Azarías, el funcionario principal en el templo de Dios, hicieron estos nombramientos.
2Cr 31:14 Coré, hijo del levita Imna, portero de la Puerta Oriental, quedó encargado de distribuir las ofrendas voluntarias entregadas a Dios, los regalos y las cosas que habían sido dedicadas al SEÑOR.
2Cr 31:15 Sus fieles ayudantes eran Edén, Miniamín, Jesúa, Semaías, Amarías y Secanías. Ellos distribuían los regalos entre las familias de los sacerdotes en sus ciudades según sus divisiones, repartiéndolos equitativamente entre ancianos y jóvenes por igual.
2Cr 31:16 Distribuían los regalos a todos los varones de tres años o más, sin tomar en cuenta su lugar en los registros genealógicos. La distribución era para todos los que iban al templo del SEÑOR para cumplir con sus responsabilidades diarias según sus divisiones.
2Cr 31:17 Distribuían los regalos a los sacerdotes que estaban anotados por sus familias en los registros genealógicos, y a los levitas de veinte años o más que estaban anotados según sus funciones y sus divisiones.
2Cr 31:18 Las raciones de alimentos también se entregaban a las familias de todos los que estuvieran anotados en los registros genealógicos, incluidos los bebés, las esposas, los hijos y las hijas. Pues todos habían sido fieles purificándose a sí mismos.
2Cr 31:19 En cuanto a los sacerdotes, los descendientes de Aarón, que vivían en las aldeas sin murallas alrededor de las ciudades, algunos hombres fueron designados por nombre para que distribuyeran raciones a todos los varones entre los sacerdotes y a todos los levitas anotados en los registros genealógicos.
2Cr 31:20 De esta manera, el rey Ezequías manejó la distribución en todo Judá, haciendo lo agradable y bueno a los ojos del SEÑOR su Dios.
2Cr 31:21 En todo lo que hizo para el servicio del templo de Dios y en sus esfuerzos por seguir las leyes y los mandatos de Dios, Ezequías buscó a su Dios de todo corazón; y como resultado, tuvo mucho éxito.
2Cr 32:1 Después de que Ezequías llevó a cabo fielmente este trabajo, Senaquerib, rey de Asiria, invadió Judá. Sitió las ciudades fortificadas y dio órdenes a su ejército para que penetraran las murallas.
2Cr 32:2 Cuando Ezequías se dio cuenta de que Senaquerib también pensaba atacar a Jerusalén,
2Cr 32:3 consultó con sus funcionarios y consejeros militares, y decidieron bloquear los manantiales fuera de la ciudad.
2Cr 32:4 Organizaron una gran cuadrilla de trabajadores para cegar los manantiales, como consecuencia se cortó el arroyo que corría por los campos, porque dijeron: «¿Por qué han de venir aquí los reyes de Asiria y encontrar abundancia de agua?».
2Cr 32:5 Luego Ezequías se esforzó en reparar todas las secciones caídas de la muralla, erigió torres y construyó una segunda muralla exterior a la primera. También reforzó los terraplenes* en la Ciudad de David y fabricó grandes cantidades de armas y escudos.
2Cr 32:6 Designó oficiales militares con mando sobre los habitantes y los reunió delante de él en la plaza junto a la puerta de la ciudad. Luego Ezequías les dio ánimo diciendo:
2Cr 32:7 «¡Sean fuertes y valientes! No tengan miedo ni se desalienten por causa del rey de Asiria o de su poderoso ejército, ¡porque hay un poder mucho más grande de nuestro lado!
2Cr 32:8 El rey podrá tener un gran ejército, pero no son más que hombres. ¡Con nosotros está el SEÑOR nuestro Dios para ayudarnos y para pelear nuestras batallas por nosotros!». Las palabras de Ezequías alentaron en gran manera a la gente.
2Cr 32:9 Mientras el rey Senaquerib de Asiria aún sitiaba a la ciudad de Laquis, envió a sus oficiales a Jerusalén con el siguiente mensaje para Ezequías y para toda la gente en la ciudad:
2Cr 32:10 «Esto dice el rey Senaquerib de Asiria: “¿En qué confían ustedes que les hace pensar que podrán sobrevivir mi sitio de Jerusalén?
2Cr 32:11 Ezequías ha dicho: ‘El SEÑOR nuestro Dios nos librará del rey de Asiria’. ¡Ezequías los está engañando y los está condenando a morir de hambre y de sed!
2Cr 32:12 ¿Acaso no se dan cuenta de que fue el mismo Ezequías quien destruyó todos los santuarios y altares del SEÑOR? Él ordenó a Judá y a Jerusalén que se adorara sólo en el altar del templo y que se ofreciera sacrificios únicamente sobre él.
2Cr 32:13 »¡De seguro ustedes se han dado cuenta de lo que yo y los otros reyes de Asiria antes de mí hemos hecho a todos los pueblos de la tierra! ¿Pudieron acaso los dioses de esas naciones librar a sus pueblos de mi poder?
2Cr 32:14 ¿Cuál de sus dioses fue capaz de librar a su pueblo del poder destructor de mis antecesores? ¿Qué les hace pensar que su Dios puede librarlos de mí?
2Cr 32:15 ¡No dejen que Ezequías los engañe! ¡No permitan que se burle así de ustedes! Lo vuelvo a repetir: ningún dios de ninguna nación o reino jamás ha sido capaz de librar a su pueblo de mí o de mis antepasados. ¡Mucho menos podrá su Dios librarlos a ustedes de mi poder!”».
2Cr 32:16 Los oficiales de Senaquerib siguieron burlándose del SEÑOR Dios y de su siervo Ezequías, amontonando insulto sobre insulto.
2Cr 32:17 El rey también envió cartas en las que menospreciaba al SEÑOR, Dios de Israel. Escribió: «Así como los dioses de todas las demás naciones fueron incapaces de librar a sus pueblos de mi poder, el Dios de Ezequías tampoco será capaz de librar a su pueblo».
2Cr 32:18 Los oficiales asirios que entregaron las cartas gritaron esto en hebreo* a las personas que se habían juntado en la muralla de la ciudad, con el fin de atemorizarlas para que luego les fuera más fácil conquistar la ciudad.
2Cr 32:19 Estos oficiales hablaban del Dios de Jerusalén como si fuera uno de los dioses paganos hechos por manos humanas.
2Cr 32:20 Entonces el rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amoz, clamaron en oración al Dios del cielo.
2Cr 32:21 Entonces el SEÑOR envió a un ángel que destruyó al ejército asirio junto con todos sus comandantes y oficiales. Senaquerib se vio obligado a regresar a su propia tierra avergonzado; y cuando entró al templo de su dios, algunos de sus propios hijos lo mataron allí mismo a espada.
2Cr 32:22 Así es como el SEÑOR libró a Ezequías y al pueblo de Jerusalén del rey Senaquerib de Asiria y de todos los demás que los amenazaban. Entonces hubo paz por todo el país.
2Cr 32:23 A partir de entonces el rey Ezequías fue muy respetado entre las naciones vecinas, y llegaron a Jerusalén muchos obsequios para el SEÑOR junto con valiosos regalos para el rey Ezequías.
2Cr 32:24 Por ese tiempo Ezequías se enfermó gravemente. Así que oró al SEÑOR, quien lo sanó y le dio una señal milagrosa;
2Cr 32:25 pero Ezequías no respondió de manera adecuada a la bondad que le había sido mostrada y se volvió orgulloso. Por eso el enojo del SEÑOR vino contra él y contra Judá y Jerusalén.
2Cr 32:26 Entonces Ezequías se humilló y se arrepintió de su soberbia, junto con el pueblo de Jerusalén. De modo que el enojo del SEÑOR no cayó sobre ellos durante la vida de Ezequías.
2Cr 32:27 Ezequías era muy rico y altamente honrado. Construyó edificios especiales para guardar sus tesoros: plata, oro, piedras preciosas y especias, así como los escudos y otros objetos de valor.
2Cr 32:28 También construyó muchos depósitos para su grano, vino nuevo y aceite de oliva; e hizo muchos establos para su ganado y corrales para sus rebaños de ovejas y cabras.
2Cr 32:29 Construyó muchas ciudades y adquirió enormes rebaños y manadas, porque Dios le había dado grandes riquezas.
2Cr 32:30 Bloqueó el manantial de la parte alta de Gihón y condujo el agua por un túnel hasta la parte occidental de la Ciudad de David. De modo que tuvo éxito en todo lo que hizo.
2Cr 32:31 Sin embargo, cuando llegaron embajadores de Babilonia para preguntar por los sorprendentes acontecimientos que habían ocurrido en la tierra, Dios se apartó de Ezequías para ponerlo a prueba y ver lo que realmente había en su corazón.
2Cr 32:32 Los demás acontecimientos del reinado de Ezequías y sus actos de devoción están registrados en La visión del profeta Isaías, hijo de Amoz , que está incluida en El libro de los reyes de Judá y de Israel .
2Cr 32:33 Cuando Ezequías murió, lo enterraron en la parte superior del cementerio de los reyes, y todos los habitantes de Judá y de Jerusalén le rindieron honores en su muerte; y su hijo Manasés lo sucedió en el trono.
2Cr 33:1 Manasés tenía doce años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén cincuenta y cinco años.
2Cr 33:2 Hizo lo malo a los ojos del SEÑOR y siguió las prácticas detestables de las naciones paganas que el SEÑOR había expulsado de la tierra al paso de los israelitas.
2Cr 33:3 Reconstruyó los santuarios paganos que su padre Ezequías había derribado. Construyó altares para las imágenes de Baal y levantó postes dedicados a la diosa Asera. También se inclinó ante todos los poderes de los cielos y les rindió culto.
2Cr 33:4 Construyó altares paganos dentro del templo del SEÑOR, el lugar sobre el cual el SEÑOR había dicho: «Mi nombre permanecerá en Jerusalén para siempre».
2Cr 33:5 Construyó estos altares para todos los poderes de los cielos en ambos atrios del templo del SEÑOR.
2Cr 33:6 Manasés también sacrificó a sus propios hijos en el fuego* en el valle de Ben-hinom. Practicó la hechicería, la adivinación y la brujería, y consultó a los médiums y a los videntes. Hizo muchas cosas que eran malas a los ojos del SEÑOR y con eso provocó su enojo.
2Cr 33:7 Incluso Manasés tomó un ídolo que había tallado y lo colocó en el templo de Dios, en el mismo lugar donde Dios les había dicho a David y a su hijo Salomón: «Mi nombre será honrado para siempre en este templo y en Jerusalén, la ciudad que he escogido entre todas las tribus de Israel.
2Cr 33:8 Si los israelitas se aseguran de obedecer mis mandatos —todas las leyes, los decretos y las ordenanzas que les di por medio de Moisés—, no los expulsaré de esta tierra que aparté para sus antepasados».
2Cr 33:9 Sin embargo, Manasés llevó al pueblo de Judá y de Jerusalén a cometer cosas aún peores de las que habían hecho las naciones paganas que el SEÑOR había destruido cuando el pueblo de Israel entró en la tierra.
2Cr 33:10 El SEÑOR les habló a Manasés y a su pueblo, pero no hicieron caso a sus advertencias.
2Cr 33:11 De modo que el SEÑOR envió a los comandantes de los ejércitos asirios y tomó a Manasés prisionero. Le pusieron un aro en la nariz, lo sujetaron con cadenas de bronce y se lo llevaron a Babilonia;
2Cr 33:12 pero cuando estaba sumido en profunda angustia, Manasés buscó al SEÑOR su Dios y se humilló con sinceridad ante el Dios de sus antepasados.
2Cr 33:13 Cuando oró, el SEÑOR lo escuchó y se conmovió por su petición. Así que el SEÑOR hizo que Manasés regresara a Jerusalén y a su reino. ¡Entonces Manasés finalmente se dio cuenta de que el SEÑOR es el único Dios!
2Cr 33:14 Después de esto, Manasés reconstruyó la muralla exterior de la Ciudad de David, desde el occidente del manantial de Gihón en el valle de Cedrón, hasta la Puerta del Pescado, y continuó alrededor del monte Ofel; edificó la muralla muy alta. Además colocó a sus oficiales militares en todas las ciudades fortificadas de Judá.
2Cr 33:15 Manasés también quitó los dioses ajenos y el ídolo del templo del SEÑOR. Derribó todos los altares que había construido en el monte donde estaba el templo y todos los altares que había en Jerusalén, y los arrojó fuera de la ciudad.
2Cr 33:16 Después restauró el altar del SEÑOR y allí sacrificó ofrendas de paz y ofrendas de acción de gracias. También alentó al pueblo de Judá para que adorara al SEÑOR, Dios de Israel.
2Cr 33:17 Sin embargo, la gente seguía ofreciendo sacrificios en los santuarios paganos, aunque sólo los ofrecía al SEÑOR su Dios.
2Cr 33:18 Los demás acontecimientos del reinado de Manasés, su oración a Dios y las palabras que los videntes le hablaron en nombre del SEÑOR, Dios de Israel, están registrados en El libro de los reyes de Israel .
2Cr 33:19 La oración de Manasés, el relato de la forma en que Dios le respondió, y el relato de todos sus pecados y su infidelidad están escritos en El registro de los videntes .* Incluye una lista de los sitios donde construyó santuarios paganos y levantó ídolos y postes dedicados a la diosa Asera antes de que se humillara y se arrepintiera.
2Cr 33:20 Cuando Manasés murió, lo enterraron en su palacio. Luego su hijo Amón lo sucedió en el trono.
2Cr 33:21 Amón tenía veintidós años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén dos años.
2Cr 33:22 Él hizo lo malo a los ojos del SEÑOR, así como su padre Manasés. Rindió culto y ofreció sacrificios a todos los ídolos que su padre había hecho;
2Cr 33:23 pero a diferencia de su padre, no se humilló ante el SEÑOR, sino que Amón pecó aún más.
2Cr 33:24 Tiempo después, los propios funcionarios de Amón conspiraron contra él y lo asesinaron en su palacio;
2Cr 33:25 pero los habitantes del reino mataron a todos los que habían conspirado contra el rey Amón y luego proclamaron rey a su hijo Josías.

sábado, 23 de julio de 2016

LECTURA BÍBLICA 23 DE JULIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    12:22-34

Luc 12:22 Luego, dirigiéndose a sus discípulos, dijo: «Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento para comer o suficiente ropa para vestirse.
Luc 12:23 Pues la vida es más que la comida, y el cuerpo es más que la ropa.
Luc 12:24 Miren los cuervos. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque Dios los alimenta. ¡Y ustedes son para él mucho más valiosos que cualquier pájaro!
Luc 12:25 ¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir un solo momento a su vida?
Luc 12:26 Y, si por mucho preocuparse no se logra algo tan pequeño como eso, ¿de qué sirve preocuparse por cosas más grandes?
Luc 12:27 »Miren cómo crecen los lirios. No trabajan ni cosen su ropa; sin embargo, ni Salomón con toda su gloria se vistió tan hermoso como ellos.
Luc 12:28 Y, si Dios cuida de manera tan maravillosa a las flores que hoy están y mañana se echan al fuego, tengan por seguro que cuidará de ustedes. ¿Por qué tienen tan poca fe?
Luc 12:29 »No se inquieten por lo que van a comer o lo que van a beber. No se preocupen por esas cosas.
Luc 12:30 Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos en todo el mundo, pero su Padre ya conoce sus necesidades.
Luc 12:31 Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás, y él les dará todo lo que necesiten.
Luc 12:32 »Así que no se preocupe, pequeño rebaño. Pues al Padre le da mucha felicidad entregarles el reino.
Luc 12:33 »Vendan sus posesiones y den a los que pasan necesidad. ¡Eso almacenará tesoros para ustedes en el cielo! Y las bolsas celestiales nunca se ponen viejas ni se agujerean. El tesoro de ustedes estará seguro; ningún ladrón podrá robarlo y ninguna polilla, destruirlo.
Luc 12:34 Donde esté su tesoro, allí estarán también los deseos de su corazón.




2 TESALONICENSES 3:1-5

2Ts 3:1 Finalmente, amados hermanos, les pedimos que oren por nosotros. Oren para que el mensaje del Señor se difunda rápidamente y sea honrado en todo lugar adonde llegue, así como cuando les llegó a ustedes.
2Ts 3:2 Oren, también, para que seamos rescatados de gente perversa y mala, porque no todos son creyentes.
2Ts 3:3 Pero el Señor es fiel; él los fortalecerá y los protegerá del maligno.*
2Ts 3:4 Y confiamos en el Señor que ustedes hacen y seguirán haciendo lo que les ordenamos.
2Ts 3:5 Que el Señor les guíe el corazón a un entendimiento total y a una expresión plena del amor de Dios, y a la perseverancia con paciencia que proviene de Cristo.




SALMO 148

Sal 148:1 ¡Alabado sea el SEÑOR! ¡Alaben al SEÑOR desde los cielos! ¡Alábenlo desde el firmamento!
Sal 148:2 ¡Alábenlo, todos sus ángeles! ¡Alábenlo, todos los ejércitos celestiales!
Sal 148:3 ¡Alábenlo, sol y luna! ¡Alábenlo, todas las estrellas brillantes!
Sal 148:4 ¡Alábenlo, los altos cielos! ¡Alábenlo, los vapores que están mucho más allá de las nubes!
Sal 148:5 Que toda cosa creada alabe al SEÑOR, pues él dio la orden y todo cobró vida.
Sal 148:6 Puso todo lo creado en su lugar por siempre y para siempre. Su decreto jamás será revocado.
Sal 148:7 Alaben al SEÑOR desde la tierra, ustedes, criaturas de las profundidades del océano,
Sal 148:8 el fuego y el granizo, la nieve y las nubes,* el viento y el clima que le obedecen,
Sal 148:9 ustedes, las montañas y todas las colinas, los árboles frutales y los cedros,
Sal 148:10 los animales salvajes y todo el ganado, los animales pequeños que corren por el suelo y las aves,
Sal 148:11 los reyes de la tierra y toda la gente, los gobernantes y los jueces de la tierra,
Sal 148:12 los muchachos y las jovencitas, los ancianos y los niños.
Sal 148:13 Que todos alaben el nombre del SEÑOR, porque su nombre es muy grande; ¡su gloria está muy por encima de la tierra y el cielo!
Sal 148:14 Dios hizo fuerte a su pueblo y honró a sus fieles: los del pueblo de Israel que están cerca de él. ¡Alabado sea el SEÑOR!


LECTURA PARA LA NOCHE

2 CRÓNICAS    28-29

2Cr 28:1 Acaz tenía veinte años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén dieciséis años. Él no hizo lo que era agradable a los ojos del SEÑOR, como sí lo había hecho su antepasado David.
2Cr 28:2 En cambio, siguió el ejemplo de los reyes de Israel. Fundió imágenes de metal para rendir culto a Baal.
2Cr 28:3 Ofreció sacrificios en el valle de Ben-hinom y hasta sacrificó a sus hijos en el fuego.* De esta manera, siguió las prácticas detestables de las naciones paganas que el SEÑOR había expulsado de la tierra al paso de los israelitas.
2Cr 28:4 Ofreció sacrificios y quemó incienso en los santuarios paganos, en las colinas y debajo de todo árbol frondoso.
2Cr 28:5 Por todo eso, el SEÑOR su Dios permitió al rey de Aram que derrotara a Acaz y que desterrara a Damasco a un gran número de habitantes de su pueblo. Los ejércitos del rey de Israel también derrotaron a Acaz y causaron muchas bajas en su ejército.
2Cr 28:6 En un solo día Peka, hijo de Remalías y rey de Israel, mató a ciento veinte mil soldados de Judá —todos ellos guerreros con experiencia—, porque habían abandonado al SEÑOR, Dios de sus antepasados.
2Cr 28:7 Luego Zicri, un guerrero de Efraín, mató a Maaseías, el hijo del rey; a Azricam, el comandante del palacio del rey; y a Elcana, el segundo en autoridad después del rey.
2Cr 28:8 Los ejércitos de Israel capturaron a mujeres y niños de Judá, un total de doscientos mil, también tomaron un enorme botín, y se llevaron todo a Samaria.
2Cr 28:9 Ahora bien, un profeta del SEÑOR llamado Obed estaba allí en Samaria cuando el ejército de Israel volvía. Salió a su encuentro y dijo: «El SEÑOR, Dios de sus antepasados, estaba enojado con Judá y por eso les permitió derrotarlos; pero ustedes se han excedido, los han matado sin compasión y todo el cielo está perturbado.
2Cr 28:10 Ahora planean hacer esclavos a esta gente de Judá y de Jerusalén. ¿Y qué de sus propios pecados contra el SEÑOR su Dios?
2Cr 28:11 Escúchenme y devuelvan a los prisioneros que han tomado, porque son sus propios parientes. ¡Tengan cuidado, porque ahora la ira feroz del SEÑOR se ha vuelto contra ustedes!».
2Cr 28:12 Entonces algunos líderes de Israel* —Azarías, hijo de Johanán; Berequías, hijo de Mesilemot; Ezequías, hijo de Salum y Amasa, hijo de Hadlai— estuvieron de acuerdo con esto y se enfrentaron a los hombres que regresaban de la batalla.
2Cr 28:13 «¡No deben traer aquí a los prisioneros! —exclamaron—. ¡De ninguna manera nos conviene aumentar nuestros pecados y culpas! Nuestra culpa ya es muy grande, y la ira feroz del SEÑOR ya se ha vuelto contra Israel».
2Cr 28:14 Entonces los guerreros pusieron en libertad a los prisioneros y entregaron el botín en presencia de los líderes y de todo el pueblo.
2Cr 28:15 Luego los cuatro hombres recién mencionados por nombre pasaron adelante y les repartieron ropa del botín a los prisioneros que estaban desnudos. Los proveyeron de ropa y sandalias, les dieron suficiente comida y bebida, y les cubrieron las heridas con aceite de oliva. A los que estaban débiles los montaron en burros y llevaron a todos los prisioneros de regreso a su propia gente en Jericó, la ciudad de las palmeras. Después regresaron a Samaria.
2Cr 28:16 En ese tiempo el rey Acaz de Judá pidió ayuda al rey de Asiria.
2Cr 28:17 Los ejércitos de Edom habían invadido nuevamente Judá y habían tomado prisioneros.
2Cr 28:18 Por su parte, los filisteos habían asaltado las ciudades de Judá situadas en las colinas* y en el Neguev. Ya habían tomado y ocupado Bet-semes, Ajalón, Gederot, Soco con sus aldeas, Timna con sus aldeas y Gimzo con sus aldeas.
2Cr 28:19 El SEÑOR estaba humillando a Judá por causa de Acaz, rey de Judá,* pues este había incitado a su pueblo a que pecara y le había sido totalmente infiel al SEÑOR.
2Cr 28:20 Así que cuando llegó Tiglat-pileser,* rey de Asiria, atacó a Acaz en lugar de ayudarlo.
2Cr 28:21 Acaz tomó objetos valiosos del templo del SEÑOR, del palacio real y de las casas de los funcionarios y se los entregó al rey de Asiria como tributo; pero no le sirvió de nada.
2Cr 28:22 Aun durante este tiempo de dificultades, el rey Acaz siguió rechazando al SEÑOR.
2Cr 28:23 Ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que lo habían vencido, porque dijo: «Puesto que estos dioses ayudaron a los reyes de Aram, me ayudarán a mí también si les ofrezco sacrificios»; pero en lugar de ayudarlo, lo llevaron a la ruina a él y a todo Judá.
2Cr 28:24 El rey tomó varios objetos del templo de Dios y los hizo pedazos. Cerró las puertas del templo del SEÑOR para que allí nadie pudiera adorar y levantó altares a dioses paganos en cada esquina de Jerusalén.
2Cr 28:25 Construyó santuarios paganos en todas las ciudades de Judá para ofrecer sacrificios a otros dioses. De esa manera provocó el enojo del SEÑOR, Dios de sus antepasados.
2Cr 28:26 Los demás acontecimientos del reinado de Acaz y todo lo que hizo, desde el principio hasta el fin, están registrados en El libro de los reyes de Judá y de Israel .
2Cr 28:27 Cuando Acaz murió, lo enterraron en Jerusalén pero no en el cementerio de los reyes de Judá. Luego su hijo Ezequías lo sucedió en el trono.
2Cr 29:1 Ezequías tenía veinticinco años cuando subió al trono de Judá y reinó en Jerusalén veintinueve años. Su madre se llamaba Abías, hija de Zacarías.
2Cr 29:2 Él hizo lo que era agradable a los ojos del SEÑOR, igual que su antepasado David.
2Cr 29:3 En el primer mes del primer año de su reinado, Ezequías reabrió las puertas del templo del SEÑOR y las reparó.
2Cr 29:4 Convocó a los sacerdotes y a los levitas a encontrarse con él en el atrio al oriente del templo.
2Cr 29:5 Les dijo: «¡Levitas, escúchenme! Purifíquense ustedes y purifiquen el templo del SEÑOR, Dios de sus antepasados. Quiten del santuario todos los objetos contaminados.
2Cr 29:6 Nuestros antepasados fueron infieles e hicieron lo malo a los ojos del SEÑOR nuestro Dios. Abandonaron al SEÑOR y al lugar donde él habita; le dieron la espalda.
2Cr 29:7 También cerraron las puertas de la antesala del templo y apagaron las lámparas. Dejaron de quemar incienso y de presentar ofrendas quemadas en el santuario del Dios de Israel.
2Cr 29:8 »Por eso el enojo del SEÑOR ha caído sobre Judá y Jerusalén. Él los hizo objeto de espanto, horror y ridículo, como ustedes pueden ver con sus propios ojos.
2Cr 29:9 Debido a eso, nuestros padres murieron en batalla, y nuestros hijos, hijas y esposas fueron capturados;
2Cr 29:10 pero ahora haré un pacto con el SEÑOR, Dios de Israel, para que su ira feroz se aparte de nosotros.
2Cr 29:11 Hijos míos, ¡no descuiden más sus responsabilidades! El SEÑOR los ha elegido para que estén en su presencia, le sirvan, dirijan al pueblo en la adoración y presenten a él sus ofrendas».
2Cr 29:12 Enseguida los siguientes levitas pusieron manos a la obra: del clan de Coat: Mahat, hijo de Amasai y Joel, hijo de Azarías; del clan de Merari: Cis, hijo de Abdi y Azarías, hijo de Jehalelel; del clan de Gersón: Joa, hijo de Zima y Edén, hijo de Joa;
2Cr 29:13 de la familia de Elizafán: Simri y Jeiel; de la familia de Asaf: Zacarías y Matanías;
2Cr 29:14 de la familia de Hemán: Jehiel y Simei; de la familia de Jedutún: Semaías y Uziel.
2Cr 29:15 Estos hombres reunieron a sus hermanos levitas, y todos se purificaron. Luego empezaron a purificar el templo del SEÑOR, tal como el rey lo había ordenado. Se aseguraron de seguir todas las instrucciones del SEÑOR al hacer su trabajo.
2Cr 29:16 Los sacerdotes entraron en el santuario del templo del SEÑOR para purificarlo y sacaron al atrio del templo todos los objetos contaminados que encontraron. De allí los levitas los llevaron al valle de Cedrón.
2Cr 29:17 Comenzaron a trabajar a principios de la primavera, en el primer día del nuevo año,* y en ocho días habían llegado hasta la antesala del templo del SEÑOR. Luego purificaron el templo del SEÑOR, lo cual llevó ocho días más. Así que terminaron toda la tarea en dieciséis días.
2Cr 29:18 Luego los levitas se presentaron ante el rey Ezequías y le dieron el siguiente informe: «Hemos purificado todo el templo del SEÑOR, el altar de las ofrendas quemadas con todos sus utensilios y la mesa del pan de la Presencia con todos sus utensilios.
2Cr 29:19 También recuperamos todos los objetos que había desechado el rey Acaz cuando, en su infidelidad, cerró el templo. Ahora están delante del altar del SEÑOR, purificados y listos para su uso».
2Cr 29:20 Temprano a la mañana siguiente, el rey Ezequías reunió a los funcionarios de la ciudad y fue al templo del SEÑOR.
2Cr 29:21 Llevaron siete toros, siete carneros y siete corderos como ofrenda quemada, junto con siete chivos como ofrenda por el pecado por el reino, por el templo y por Judá. El rey ordenó a los sacerdotes, descendientes de Aarón, que sacrificaran los animales en el altar del SEÑOR.
2Cr 29:22 Así que después de matar los toros, los sacerdotes tomaron la sangre y la rociaron sobre el altar. A continuación mataron los carneros y rociaron la sangre sobre el altar y por último, hicieron lo mismo con los corderos.
2Cr 29:23 Después, llevaron los chivos para la ofrenda por el pecado ante el rey y ante la asamblea, quienes pusieron sus manos sobre ellos.
2Cr 29:24 Luego los sacerdotes mataron los chivos como ofrenda por el pecado y rociaron su sangre sobre el altar para hacer expiación por los pecados de todo Israel. El rey había ordenado expresamente que esta ofrenda quemada así como la ofrenda por el pecado se hicieran por todo Israel.
2Cr 29:25 Luego el rey Ezequías ubicó a los levitas en el templo del SEÑOR provistos de címbalos, liras y arpas. Obedeció todos los mandatos que el SEÑOR le había dado al rey David por medio de Gad, el vidente del rey, y del profeta Natán.
2Cr 29:26 Después los levitas tomaron sus posiciones alrededor del templo con los instrumentos de David, y los sacerdotes tomaron sus posiciones con las trompetas.
2Cr 29:27 Entonces Ezequías ordenó que pusieran la ofrenda quemada sobre el altar. Mientras se presentaba la ofrenda quemada, comenzaron los cánticos de alabanza al SEÑOR, al son de las trompetas y de los demás instrumentos de David, rey anterior de Israel.
2Cr 29:28 Toda la asamblea adoró al SEÑOR mientras los cantores entonaban los cánticos y las trompetas sonaban, hasta que se terminaron todas las ofrendas quemadas.
2Cr 29:29 Luego el rey y todos los que estaban con él se inclinaron en adoración.
2Cr 29:30 El rey Ezequías y los funcionarios ordenaron a los levitas que alabaran al SEÑOR con los salmos escritos por David y por el vidente Asaf. De modo que ofrecieron alegres alabanzas y se inclinaron en adoración.
2Cr 29:31 Luego Ezequías exclamó: «Ahora que ustedes se han consagrado al SEÑOR, traigan sus sacrificios y ofrendas de acción de gracias al templo del SEÑOR». Entonces la gente llevó sus sacrificios y ofrendas de acción de gracias, y todos los que tenían el corazón dispuesto llevaron también ofrendas quemadas.
2Cr 29:32 El pueblo llevó al SEÑOR setenta toros, cien carneros y doscientos corderos para las ofrendas quemadas.
2Cr 29:33 También llevaron seiscientas cabezas de ganado y tres mil ovejas y cabras como ofrendas sagradas.
2Cr 29:34 Sin embargo, no había suficientes sacerdotes para preparar todas las ofrendas quemadas. Por eso sus parientes, los levitas, los ayudaron hasta terminar el trabajo, y hasta que se purificaran más sacerdotes, porque los levitas habían sido más cuidadosos en cuanto a purificarse que los sacerdotes.
2Cr 29:35 Hubo abundancia de ofrendas quemadas, junto con las ofrendas líquidas habituales, y una gran cantidad de grasa de las muchas ofrendas de paz. Así que se restituyó el servicio en el templo del SEÑOR.
2Cr 29:36 Ezequías y todo el pueblo se alegraron por lo que Dios había hecho por el pueblo, porque todo se había llevado a cabo con tanta rapidez.

viernes, 22 de julio de 2016

LECTURA BÍBLICA 22 DE JULIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    12:13-21

Luc 12:13 Entonces alguien de la multitud exclamó: —Maestro, por favor, dile a mi hermano que divida la herencia de nuestro padre conmigo.
Luc 12:14 Jesús le respondió: —Amigo, ¿quién me puso por juez sobre ustedes para decidir cosas como ésa?
Luc 12:15 Y luego dijo: «¡Tengan cuidado con toda clase de avaricia! La vida no se mide por cuánto tienen».
Luc 12:16 Luego les contó una historia: «Un hombre rico tenía un campo fértil que producía buenas cosechas.
Luc 12:17 Se dijo a sí mismo: “¿Qué debo hacer? No tengo lugar para almacenar todas mis cosechas”.
Luc 12:18 Entonces pensó: “Ya sé. Tiraré abajo mis graneros y construiré unos más grandes. Así tendré lugar suficiente para almacenar todo mi trigo y mis otros bienes.
Luc 12:19 Luego me pondré cómodo y me diré a mí mismo: ‘Amigo mío, tienes almacenado para muchos años. ¡Relájate! ¡Come y bebe y diviértete!’ ”.
Luc 12:20 »Pero Dios le dijo: “¡Necio! Vas a morir esta misma noche. ¿Y quién se quedará con todo aquello por lo que has trabajado?”.
Luc 12:21 »Así es, el que almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios, es un necio».





2 TESALONICENSES 2:13-17

2Ts 2:13 En cuanto a nosotros, no podemos más que agradecerle a Dios por ustedes, queridos hermanos, amados por el Señor. Siempre estamos agradecidos de que Dios los eligió para que estén entre los primeros* en experimentar la salvación, una salvación que vino mediante el Espíritu —quien los hace santos —y por creer en la verdad.
2Ts 2:14 Él los llamó a la salvación cuando les anunciamos la Buena Noticia; ahora pueden participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
2Ts 2:15 Con todo esto en mente, amados hermanos, permanezcan firmes y sigan bien aferrados a las enseñanzas que les transmitimos tanto en persona como por carta.
2Ts 2:16 Que nuestro Señor Jesucristo mismo y Dios nuestro Padre, quien nos amó y por su gracia nos dio consuelo eterno y una esperanza maravillosa,
2Ts 2:17 los conforten y fortalezcan en todo lo bueno que ustedes hagan y digan.



SALMO 147

Sal 147:1 ¡Alabado sea el SEÑOR! ¡Qué bueno es cantar alabanzas a nuestro Dios! ¡Qué agradable y apropiado!
Sal 147:2 El SEÑOR reconstruye a Jerusalén y trae a los desterrados de vuelta a Israel.
Sal 147:3 Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas.
Sal 147:4 Cuenta las estrellas y llama a cada una por su nombre.
Sal 147:5 ¡Qué grande es nuestro Señor! ¡Su poder es absoluto! ¡Su comprensión supera todo entendimiento!
Sal 147:6 El SEÑOR sostiene a los humildes, pero derriba a los perversos y los hace morder el polvo.
Sal 147:7 Canten su gratitud al SEÑOR; entonen al son del arpa alabanzas a nuestro Dios.
Sal 147:8 Él cubre los cielos con nubes, provee lluvia a la tierra, y hace crecer la hierba en los pastizales de los montes.
Sal 147:9 Da alimento a los animales salvajes y alimenta a las crías del cuervo cuando chillan.
Sal 147:10 No se complace en la fuerza del caballo ni en el poder del ser humano.
Sal 147:11 No, el SEÑOR se deleita en los que le temen, en los que ponen su esperanza en su amor inagotable.
Sal 147:12 ¡Glorifica al SEÑOR, oh Jerusalén! ¡Alaba a tu Dios, oh Sión!
Sal 147:13 Pues él ha reforzado las rejas de tus puertas y ha bendecido a tus hijos que habitan dentro de tus murallas.
Sal 147:14 Envía paz por toda tu nación y te sacia el hambre con el mejor trigo.
Sal 147:15 Envía sus órdenes al mundo; ¡qué veloz corre su palabra!
Sal 147:16 Envía la nieve como lana blanca y esparce la escarcha sobre la tierra como ceniza.
Sal 147:17 Lanza el granizo como piedras.* ¿Quién puede resistir su frío congelante?
Sal 147:18 Luego, a su orden todo se derrite; envía sus vientos y el hielo se derrite.
Sal 147:19 Dios reveló su palabra a Jacob, sus decretos y ordenanzas a Israel.
Sal 147:20 No ha hecho esto con ninguna otra nación; las demás naciones no conocen sus ordenanzas. ¡Alabado sea el SEÑOR!


LECTURA PARA LA NOCHE

2 CRÓNICAS    25-27

2Cr 25:1 Amasías tenía veinticinco años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén veintinueve años. Su madre se llamaba Joadín* y era de Jerusalén.
2Cr 25:2 Amasías hizo lo que era agradable a los ojos del SEÑOR, pero no de todo corazón.
2Cr 25:3 Cuando Amasías se afianzó en el trono, ejecutó a los oficiales que habían asesinado a su padre.
2Cr 25:4 Sin embargo, no mató a los hijos de los asesinos porque obedeció el mandato del SEÑOR que Moisés había escrito en el libro de la ley: «Los padres no tienen que morir por los pecados de sus hijos, ni los hijos deben morir por los pecados de sus padres. Los que merezcan la muerte serán ejecutados por sus propios delitos»* .
2Cr 25:5 Después Amasías organizó al ejército, y designó generales y capitanes* para todo Judá y Benjamín. Hizo un censo y descubrió que tenía un ejército de trescientos mil soldados selectos, hombres de veinte años o más, todos entrenados en el uso de la lanza y el escudo.
2Cr 25:6 También pagó alrededor de tres mil cuatrocientos kilos* de plata para contratar de Israel cien mil hombres de guerra con experiencia.
2Cr 25:7 Entonces un hombre de Dios se presentó ante él y le dijo: —Su Majestad, no contrate tropas de Israel porque el SEÑOR no está con Israel. ¡Él no ayudará a esa gente de Efraín!
2Cr 25:8 Si usted permite que ellos vayan a la batalla junto con sus tropas, ustedes serán derrotados por el enemigo sin importar qué tan bien peleen. Dios los derribará, porque él tiene el poder para ayudarlos o para hacerlos tropezar.
2Cr 25:9 Amasías le preguntó al hombre de Dios: —¿Pero qué de toda esa plata que pagué para contratar al ejército de Israel? El hombre de Dios contestó: —¡El SEÑOR puede darle a usted mucho más que eso!
2Cr 25:10 Así que Amasías dio de baja a las tropas que había contratado y las envió de regreso a Efraín. En consecuencia se enojaron con Judá y regresaron enfurecidos a sus casas.
2Cr 25:11 Luego Amasías se armó de valor y dirigió a su ejército al valle de la Sal, donde mataron a diez mil soldados edomitas de Seir.
2Cr 25:12 Capturaron a otros diez mil, los llevaron hasta el borde de un precipicio y desde allí los despeñaron. Al caer sobre las rocas abajo, se hicieron pedazos.
2Cr 25:13 Mientras tanto, las tropas contratadas que Amasías había enviado de regreso hicieron incursiones en varias ciudades de Judá entre Samaria y Bet-horón. Mataron a tres mil personas y se llevaron un gran botín.
2Cr 25:14 Cuando el rey Amasías regresó de masacrar a los edomitas, trajo consigo los ídolos que le había quitado a la gente de Seir. ¡Los puso como sus propios dioses, se inclinó ante ellos y les ofreció sacrificios!
2Cr 25:15 Esto hizo enojar mucho al SEÑOR, quien le envió un profeta para que le preguntara: —¿Por qué acudes a dioses que ni siquiera pudieron salvar a su propio pueblo de tu mano?
2Cr 25:16 Pero el rey lo interrumpió y le dijo: —¿Desde cuándo te nombré consejero del rey? ¡Cállate antes de que te mande matar! El profeta no insistió más pero hizo esta advertencia: —Yo sé que Dios ha decidido destruirte porque has hecho esto y te negaste a aceptar mi consejo.
2Cr 25:17 Después de consultar con sus consejeros, el rey Amasías de Judá envió a Yoás,* rey de Israel, hijo de Joacaz y nieto de Jehú, el siguiente desafío: «¡Ven y enfréntate conmigo en batalla!»* .
2Cr 25:18 Entonces el rey Yoás de Israel respondió a Amasías, rey de Judá, con el siguiente relato: «En las montañas del Líbano, un cardo le envió un mensaje a un poderoso cedro: “Entrega a tu hija en matrimonio a mi hijo”; pero en ese momento, un animal salvaje del Líbano pasó por allí, ¡pisó el cardo y lo aplastó!
2Cr 25:19 »Tú dices: “He derrotado a Edom”, y estás muy orgulloso de eso; pero mi consejo es que te quedes en casa. ¿Para qué causar problemas que sólo te traerán calamidad a ti y al pueblo de Judá?».
2Cr 25:20 Sin embargo, Amasías no le hizo caso, porque Dios estaba decidido a destruirlo por haber recurrido a los dioses de Edom.
2Cr 25:21 Entonces Yoás, rey de Israel, movilizó a su ejército contra Amasías, rey de Judá. Los dos ejércitos se pusieron en pie de guerra en Bet-semes, en Judá.
2Cr 25:22 El ejército de Israel venció de manera aplastante a Judá, y sus soldados se dispersaron y huyeron a sus casas.
2Cr 25:23 En Bet-semes, el rey Yoás de Israel capturó a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás y nieto de Ocozías. Después lo llevó a Jerusalén, donde demolió ciento ochenta metros* de la muralla de la ciudad, desde la Puerta de Efraín hasta la Puerta de la Esquina.
2Cr 25:24 Se llevó todo el oro y la plata, y todos los objetos del templo de Dios que habían estado al cuidado de Obed-edom. También se apoderó de los tesoros del palacio real y tomó rehenes; luego regresó a Samaria.
2Cr 25:25 Amasías, rey de Judá, vivió quince años más después de la muerte del rey Yoás de Israel.
2Cr 25:26 Los demás acontecimientos del reinado de Amasías, desde el principio hasta el fin, están registrados en El libro de los reyes de Judá y de Israel .
2Cr 25:27 Después que Amasías se alejó del SEÑOR hubo una conspiración en Jerusalén contra su vida, y el rey huyó a Laquis; pero sus enemigos mandaron a unos asesinos tras él, y allí lo mataron.
2Cr 25:28 Llevaron su cuerpo sobre un caballo y lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David.*
2Cr 26:1 Todo el pueblo de Judá había coronado a Uzías, hijo de Amasías, quien tenía dieciséis años de edad, para que reinara en lugar de su padre.
2Cr 26:2 Después de la muerte de su padre, Uzías reconstruyó la ciudad de Elat* y la restituyó a Judá.
2Cr 26:3 Uzías tenía dieciséis años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén cincuenta y dos años. Su madre se llamaba Jecolías y era de Jerusalén.
2Cr 26:4 El rey hizo lo que era agradable a los ojos del SEÑOR, así como su padre Amasías.
2Cr 26:5 Uzías buscó a Dios en el tiempo de Zacarías, quien le enseñó a temer a Dios;* y mientras el rey buscó la dirección del SEÑOR, Dios le dio éxito.
2Cr 26:6 Uzías declaró la guerra a los filisteos y derribó las murallas de Gat, Jabnia y Asdod. Luego construyó nuevas ciudades en la región de Asdod y en otras partes de Filistea.
2Cr 26:7 Dios lo ayudó en las guerras contra los filisteos, en sus batallas contra los árabes de Gur* y en sus guerras contra los meunitas.
2Cr 26:8 Los meunitas* le pagaban un tributo anual, y la fama del rey se extendió incluso hasta Egipto, porque había llegado a ser muy poderoso.
2Cr 26:9 Uzías construyó torres fortificadas en Jerusalén en la Puerta de la Esquina, en la Puerta del Valle y en el ángulo de la muralla.
2Cr 26:10 También construyó fuertes en el desierto y cavó muchas cisternas de agua, porque tenía grandes manadas de animales en las colinas de Judá* y en las llanuras. También era un hombre que amaba la tierra. Tenía muchos trabajadores que cuidaban de sus granjas y de sus viñedos, tanto en las laderas como en los valles fértiles.
2Cr 26:11 Uzías tenía un ejército de guerreros bien entrenados, listos para marchar a la batalla, unidad por unidad. Este ejército había sido reunido y organizado por Jeiel, el secretario del ejército, y por su ayudante Maaseías. Estaban bajo el mando de Hananías, uno de los funcionarios del rey.
2Cr 26:12 Estos regimientos de poderosos guerreros eran comandados por dos mil seiscientos jefes de clanes.
2Cr 26:13 El ejército estaba formado por trescientos siete mil quinientos hombres, todos soldados selectos. Estaban preparados para ayudar al rey contra cualquier enemigo.
2Cr 26:14 Uzías proveyó a todo el ejército de escudos, lanzas, cascos, cotas de malla, arcos y piedras para hondas.
2Cr 26:15 También edificó estructuras sobre las murallas de Jerusalén, diseñadas por expertos para proteger a los que disparaban flechas y lanzaban grandes piedras* desde las torres y las esquinas de la muralla. Su fama se extendió por todas partes porque el SEÑOR le dio maravillosa ayuda, y llegó a ser muy poderoso.
2Cr 26:16 Pero cuando llegó a ser poderoso, Uzías también se volvió orgulloso, lo cual resultó en su ruina. Pecó contra el SEÑOR su Dios cuando entró al santuario del templo del SEÑOR y personalmente quemó incienso sobre el altar del incienso.
2Cr 26:17 Azarías, el sumo sacerdote, fue tras él junto con ochenta sacerdotes del SEÑOR, todos ellos hombres valientes.
2Cr 26:18 Enfrentaron al rey Uzías y le dijeron: «No es a usted, Uzías, a quien corresponde quemar incienso al SEÑOR. Eso es función exclusiva de los sacerdotes, los descendientes de Aarón, los cuales son apartados para este servicio. Salga del santuario, porque ha pecado. ¡El SEÑOR Dios no le honrará por esto!».
2Cr 26:19 Uzías, que tenía en sus manos un recipiente para quemar incienso, se puso furioso; y mientras expresaba su rabia contra los sacerdotes, ante el altar del incienso en el templo del SEÑOR, de pronto le brotó lepra* en la frente.
2Cr 26:20 Cuando Azarías, el sumo sacerdote, y los demás sacerdotes vieron la lepra, lo sacaron del templo a toda prisa. El propio rey estaba ansioso por salir porque el SEÑOR lo había herido.
2Cr 26:21 De modo que el rey Uzías tuvo lepra hasta el día de su muerte. Vivió aislado en una casa aparte, porque fue excluido del templo del SEÑOR. Su hijo Jotam quedó encargado del palacio real y él gobernaba a los habitantes del reino.
2Cr 26:22 Los demás acontecimientos del reinado de Uzías, desde el principio hasta el fin, están registrados por el profeta Isaías, hijo de Amoz.
2Cr 26:23 Cuando Uzías murió, lo enterraron con sus antepasados; su tumba estaba en un cementerio cercano que pertenecía a los reyes, porque el pueblo decía: «Tenía lepra». Su hijo Jotam lo sucedió en el trono.
2Cr 27:1 Jotam tenía veinticinco años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén dieciséis años. Su madre se llamaba Jerusa y era hija de Sadoc.
2Cr 27:2 Jotam hizo lo que era agradable a los ojos del SEÑOR. Hizo todo lo que había hecho su padre Uzías, sólo que Jotam no pecó porque no entró en el templo del SEÑOR; pero el pueblo continuó con sus prácticas corruptas.
2Cr 27:3 Jotam reconstruyó la puerta superior del templo del SEÑOR. También hizo extensas reparaciones en la muralla en el monte de Ofel.
2Cr 27:4 Edificó ciudades en la zona montañosa de Judá y construyó fortalezas y torres en las zonas boscosas.
2Cr 27:5 Jotam entró en guerra contra los amonitas y los venció. Durante los tres años siguientes recibió de ellos un tributo anual de tres mil cuatrocientos kilos* de plata, dos millones doscientos mil kilos de trigo, y dos millones doscientos mil kilos de cebada.*
2Cr 27:6 El rey Jotam llegó a ser muy poderoso porque procuró vivir en obediencia al SEÑOR su Dios.
2Cr 27:7 Los demás acontecimientos del reinado de Jotam, incluidas todas sus guerras y demás actividades, están registrados en El libro de los reyes de Israel y de Judá .
2Cr 27:8 Tenía veinticinco años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén dieciséis años.
2Cr 27:9 Cuando Jotam murió, lo enterraron en la Ciudad de David, y su hijo Acaz lo sucedió en el trono.

jueves, 21 de julio de 2016

LECTURA BÍBLICA 21 DE JULIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    12:1-12

Luc 12:1 Mientras tanto, las multitudes crecieron hasta que miles de personas se arremolinaban y se atropellaban unas a otras. Jesús primero se dirigió a sus discípulos y les advirtió: «Tengan cuidado con la levadura de los fariseos, es decir, su hipocresía.
Luc 12:2 Llegará el tiempo en que todo lo que está encubierto será revelado y todo lo secreto se dará a conocer a todos.
Luc 12:3 Todo lo que hayan dicho en la oscuridad se oirá a plena luz, y todo lo que hayan susurrado a puerta cerrada, ¡será gritado desde los techos para que todo el mundo lo oiga!
Luc 12:4 »Queridos amigos, no teman a los que quieren matarles el cuerpo, después de eso, no pueden hacerles nada más.
Luc 12:5 Pero les diré a quién temer. Teman a Dios, quien tiene el poder de quitarles la vida y luego arrojarlos al infierno.* Claro, él es a quien deben temer.
Luc 12:6 »¿Cuánto cuestan cinco gorriones: dos monedas de cobre?* Sin embargo, Dios no se olvida de ninguno de ellos.
Luc 12:7 Y, en cuanto a ustedes, cada cabello de su cabeza está contado. Así que no tengan miedo; para Dios ustedes son más valiosos que toda una bandada de gorriones.
Luc 12:8 »Les digo la verdad, a todo el que me reconozca en público aquí en la tierra, el Hijo del Hombre* también lo reconocerá en presencia de los ángeles de Dios.
Luc 12:9 Pero el que me niegue aquí en la tierra será negado delante de los ángeles de Dios.
Luc 12:10 El que hable en contra del Hijo del Hombre puede ser perdonado, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no será perdonado.
Luc 12:11 »Y, cuando sean sometidos a juicio en las sinagogas y delante de gobernantes y autoridades, no se preocupen por cómo defenderse o qué decir,
Luc 12:12 porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que hay que decir».




2 TESALONICENSES 2:1-12

2Ts 2:1 Ahora, amados hermanos, aclaremos algunos aspectos sobre la venida de nuestro Señor Jesucristo y cómo seremos reunidos para encontrarnos con él.
2Ts 2:2 No se dejen perturbar ni se alarmen tan fácilmente por los que dicen que el día del Señor ya ha comenzado. No les crean, ni siquiera si afirman haber tenido una visión espiritual, una revelación o haber recibido una carta supuestamente de nosotros.
2Ts 2:3 No se dejen engañar por lo que dicen. Pues aquel día no vendrá hasta que haya una gran rebelión contra Dios y se dé a conocer el hombre de anarquía,* aquél que trae destrucción.*
2Ts 2:4 Se exaltará a sí mismo y se opondrá a todo lo que la gente llame «dios» y a cada objeto de culto. Incluso se sentará en el templo de Dios y afirmará que él mismo es Dios.
2Ts 2:5 ¿No se acuerdan de que les mencioné todo esto cuando estuve con ustedes?
2Ts 2:6 Y ustedes saben qué es lo que lo detiene, porque sólo puede darse a conocer cuando le llegue su momento.
2Ts 2:7 Pues esa anarquía ya está en marcha en forma secreta, y permanecerá secreta hasta que el que la detiene se quite de en medio.
2Ts 2:8 Entonces el hombre de anarquía será dado a conocer, pero el Señor Jesús lo matará con el soplo de su boca y lo destruirá con el esplendor de su venida.
2Ts 2:9 Ese hombre vendrá a hacer la obra de Satanás con poder, señales y milagros falsos.
2Ts 2:10 Se valdrá de toda clase de mentiras malignas para engañar a los que van rumbo a la destrucción, porque se niegan a amar y a aceptar la verdad que los salvaría.
2Ts 2:11 Por lo tanto, Dios hará que ellos sean engañados en gran manera y creerán esas mentiras.
2Ts 2:12 Entonces serán condenados por deleitarse en la maldad en lugar de creer en la verdad.






SALMO 146

Sal 146:1 ¡Alabado sea el SEÑOR! Que todo lo que soy alabe al SEÑOR.
Sal 146:2 Alabaré al SEÑOR mientras viva; cantaré alabanzas a mi Dios con el último aliento.
Sal 146:3 No pongan su confianza en los poderosos; no está allí la ayuda para ustedes.
Sal 146:4 Ellos, al dar su último suspiro, vuelven al polvo, y todos sus planes mueren con ellos.
Sal 146:5 Pero felices son los que tienen como ayudador, al Dios de Israel* los que han puesto su esperanza en el SEÑOR su Dios.
Sal 146:6 Él hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. Él cumple todas sus promesas para siempre.
Sal 146:7 Hace justicia al oprimido y da alimento al que tiene hambre. El SEÑOR libera a los prisioneros.
Sal 146:8 El SEÑOR abre los ojos de los ciegos. El SEÑOR levanta a los agobiados. El SEÑOR ama a los justos.
Sal 146:9 El SEÑOR protege a los extranjeros que viven entre nosotros. Cuida de los huérfanos y las viudas, pero frustra los planes de los perversos.
Sal 146:10 El SEÑOR reinará por siempre. Él será tu Dios, oh Jerusalén,* por todas las generaciones. ¡Alabado sea el SEÑOR!


LECTURA PARA LA NOCHE

2 CRÓNICAS    22-24

2Cr 22:1 Entonces el pueblo de Jerusalén proclamó como siguiente rey a Ocozías, el hijo menor de Yoram, ya que bandas saqueadoras que llegaron con los árabes* habían matado a todos los hijos mayores. Por eso Ocozías, hijo de Yoram, reinó sobre Judá.
2Cr 22:2 Ocozías tenía veintidós* años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén un año. Su madre se llamaba Atalía y era nieta del rey Omri.
2Cr 22:3 Ocozías también siguió el mal ejemplo de la familia del rey Acab, porque su madre lo animaba a hacer lo malo.
2Cr 22:4 Hizo lo malo a los ojos del SEÑOR, igual que la familia de Acab. Los parientes de Acab incluso llegaron a ser asesores de Ocozías después de la muerte de su padre y lo llevaron a la ruina.
2Cr 22:5 Siguiendo su mal consejo, Ocozías se unió a Joram,* hijo de Acab, rey de Israel, en su guerra contra el rey Hazael de Aram, en Ramot de Galaad. Cuando los arameos hirieron a Joram en la batalla,
2Cr 22:6 él regresó a Jezreel para recuperarse de las heridas que había recibido en Ramot.* Como Joram estaba herido, el rey Ocozías* de Judá fue a visitarlo a Jezreel.
2Cr 22:7 Ahora bien, Dios había decidido que esta visita sería la ruina de Ocozías. Mientras estaba allí, Ocozías salió con Joram para encontrarse con Jehú, nieto de Nimsi,* a quien el SEÑOR había designado para destruir la dinastía de Acab.
2Cr 22:8 Mientras Jehú llevaba a cabo el juicio contra la familia de Acab, por casualidad se encontró con algunos de los funcionarios de Judá y con parientes* de Ocozías que viajaban con él. Entonces Jehú los mató a todos.
2Cr 22:9 Luego los hombres de Jehú buscaron a Ocozías y lo encontraron escondido en la ciudad de Samaria. Lo llevaron ante Jehú, quien lo mató. Ocozías recibió un entierro digno, porque la gente decía: «Era el nieto de Josafat, un hombre que buscó al SEÑOR con todo el corazón»; pero ninguno de los sobrevivientes de la familia de Ocozías estaba en condiciones de gobernar el reino.
2Cr 22:10 Cuando Atalía, la madre del rey Ocozías de Judá, supo que su hijo había muerto, comenzó a aniquilar al resto de la familia real de Judá;
2Cr 22:11 pero Josaba,* hermana de Ocozías e hija del rey Yoram, tomó a Joás, el hijo más pequeño de Ocozías, y lo rescató de entre los demás hijos del rey que estaban a punto de ser ejecutados. Josaba puso a Joás con su nodriza en un dormitorio. De esa manera Josaba, esposa del sacerdote Joiada y hermana de Ocozías, escondió al niño para que Atalía no pudiera asesinarlo.
2Cr 22:12 Joás permaneció escondido en el templo de Dios durante seis años, mientras Atalía gobernaba el país.
2Cr 23:1 En el séptimo año del reinado de Atalía, el sacerdote Joiada decidió actuar. Se armó de valor e hizo un pacto con cinco comandantes del ejército: Azarías, hijo de Jeroham; Ismael, hijo de Johanán; Azarías, hijo de Obed; Maaseías, hijo de Adaía y Elisafat hijo de Zicri.
2Cr 23:2 Estos hombres viajaron en secreto por todo Judá y convocaron a los levitas y a los jefes de clanes de todas las ciudades para que fueran a Jerusalén.
2Cr 23:3 Entonces se reunieron frente al templo de Dios, donde hicieron un pacto solemne con Joás, el joven rey. Joiada les dijo: «¡Aquí está el hijo del rey! ¡Ha llegado el momento para que él reine! El SEÑOR prometió que un descendiente de David sería nuestro rey.
2Cr 23:4 Tienen que hacer lo siguiente: cuando ustedes, sacerdotes y levitas, empiecen el turno el día de descanso, una tercera parte de ustedes servirán como porteros;
2Cr 23:5 otra tercera parte irá hasta el palacio real; y la otra tercera parte estará en la Puerta de los Cimientos. Todos los demás deberán quedarse en los atrios del templo del SEÑOR.
2Cr 23:6 Recuerden, sólo los sacerdotes y los levitas de turno pueden entrar al templo del SEÑOR, porque han sido separados como santos. El resto del pueblo deberá obedecer las instrucciones del SEÑOR y permanecer fuera.
2Cr 23:7 Ustedes levitas, formen una escolta alrededor del rey y tengan sus armas en la mano. Maten a cualquiera que intente entrar al templo. Quédense junto al rey vaya donde vaya».
2Cr 23:8 De manera que los levitas y todo el pueblo de Judá hicieron todo tal como el sacerdote Joiada les había ordenado. Los comandantes se encargaron de los hombres que se presentaban para su turno ese día de descanso, así como los que terminaban el suyo. El sacerdote Joiada no permitió que ninguno se fuera a su casa después de haber terminado su turno.
2Cr 23:9 Luego Joiada dio a los comandantes las lanzas y los escudos grandes y pequeños que habían pertenecido al rey David y estaban guardados en el templo de Dios.
2Cr 23:10 Ubicó a todos los hombres alrededor del rey, con sus armas listas. Formaron una hilera desde el lado sur del templo hasta el lado norte y alrededor del altar.
2Cr 23:11 Entonces Joiada y sus hijos sacaron a Joás, el hijo del rey, pusieron la corona sobre su cabeza y le entregaron una copia de las leyes de Dios.* Lo ungieron y lo proclamaron rey, y todos gritaron: «¡Viva el rey!».
2Cr 23:12 Cuando Atalía oyó el ruido de la gente que corría y los gritos aclamando al rey, fue de prisa al templo del SEÑOR para ver qué pasaba.
2Cr 23:13 Cuando llegó, vio al recién coronado rey de pie en el lugar de autoridad, junto a la columna de entrada al templo. Los comandantes y los trompetistas lo rodeaban, y gente de todo el reino celebraba y tocaba las trompetas. Los cantores, con instrumentos musicales, dirigían al pueblo en una gran celebración. Cuando Atalía vio todo esto, rasgó su ropa en señal de desesperación y gritó: «¡Traición! ¡Traición!».
2Cr 23:14 Después el sacerdote Joiada ordenó a los comandantes que estaban a cargo de las tropas: «Llévensela a los soldados que están de guardia frente al templo,* y maten a cualquiera que intente rescatarla». Pues el sacerdote había dicho: «No deben matarla dentro del templo del SEÑOR».
2Cr 23:15 Por eso la agarraron y la llevaron a la entrada de la Puerta de los Caballos, en el predio del palacio, y allí la mataron.
2Cr 23:16 Luego Joiada hizo un pacto entre él mismo, el rey y el pueblo, de que serían el pueblo del SEÑOR.
2Cr 23:17 Así que toda la gente fue al templo de Baal y entre todos lo destruyeron; demolieron los altares, destrozaron los ídolos y mataron a Matán, el sacerdote de Baal, frente a los altares.
2Cr 23:18 Entonces, siguiendo las instrucciones que había dado David, Joiada puso sacerdotes y levitas a cargo del templo del SEÑOR. También les ordenó que presentaran ofrendas quemadas al SEÑOR, como estaba establecido en la ley de Moisés, y que cantaran y se alegraran tal como David había instruido.
2Cr 23:19 También colocó porteros en las puertas del templo del SEÑOR para impedir la entrada a todo aquel que, por cualquier motivo, estuviera ceremonialmente impuro.
2Cr 23:20 Después los comandantes, los nobles, los gobernantes y toda la gente del reino escoltaron al rey desde el templo del SEÑOR; pasaron por la puerta superior, entraron al palacio y sentaron al rey en el trono real.
2Cr 23:21 Toda la gente del reino se alegró, y la ciudad estaba tranquila porque Atalía había sido ejecutada.
2Cr 24:1 Joás tenía siete años de edad cuando subió al trono y reinó en Jerusalén cuarenta años. Su madre se llamaba Sibia y era de Beerseba.
2Cr 24:2 Joás hizo lo que era agradable a los ojos del SEÑOR mientras vivió el sacerdote Joiada.
2Cr 24:3 Joiada eligió dos esposas para Joás, y tuvo hijos e hijas.
2Cr 24:4 En un momento dado, Joás decidió reparar y restaurar el templo del SEÑOR.
2Cr 24:5 Mandó llamar a los sacerdotes y a los levitas y les dio las siguientes instrucciones: «Vayan a todas las ciudades de Judá y recojan las ofrendas requeridas anualmente, para que podamos reparar el templo de su Dios. ¡No se demoren!»; pero los levitas no actuaron de inmediato.
2Cr 24:6 Entonces el rey mandó llamar al sumo sacerdote Joiada y le preguntó: «¿Por qué no has exigido a los levitas que salgan a recaudar los impuestos del templo en las ciudades de Judá y en Jerusalén? Moisés, el siervo del SEÑOR, impuso a la comunidad de Israel este impuesto para el mantenimiento del tabernáculo del pacto* ».
2Cr 24:7 A través de los años, los seguidores de la perversa Atalía habían forzado la entrada al templo de Dios y habían usado todos los objetos consagrados del templo del SEÑOR para rendir culto a las imágenes de Baal.
2Cr 24:8 Por esa razón, el rey ordenó que se hiciera un cofre y se colocara fuera de la puerta que conducía al templo del SEÑOR.
2Cr 24:9 Luego envió un edicto por todo Judá y Jerusalén para que el pueblo trajera al SEÑOR el impuesto que Moisés, el siervo de Dios, había exigido de los israelitas en el desierto.
2Cr 24:10 Esto agradó a todos los líderes y al pueblo, y con gusto llevaron su dinero y lo pusieron en el cofre hasta llenarlo.
2Cr 24:11 Cada vez que el cofre se llenaba, los levitas lo llevaban a los funcionarios del rey. Entonces se presentaban el secretario de la corte y un oficial del sumo sacerdote para vaciar el cofre y luego llevarlo de regreso al templo. Así fue día tras día, por lo tanto se recogió una gran cantidad de dinero.
2Cr 24:12 El rey y Joiada entregaban el dinero a los supervisores de la construcción, quienes contrataron albañiles y carpinteros para restaurar el templo del SEÑOR. También contrataron herreros que hicieron objetos de hierro y de bronce para el templo del SEÑOR.
2Cr 24:13 Los hombres que estaban a cargo de la restauración trabajaron arduamente y la obra siguió progresando. Restauraron el templo de Dios de acuerdo con el diseño original y lo reforzaron.
2Cr 24:14 Cuando terminaron con todas las reparaciones, llevaron el dinero que sobró al rey y a Joiada. Este dinero se utilizó para hacer diversos objetos para el templo del SEÑOR: objetos para los servicios de adoración y para las ofrendas quemadas, entre ellos cucharones y otros objetos hechos de oro y de plata. Mientras vivió el sacerdote Joiada, continuamente sacrificaron ofrendas quemadas en el templo del SEÑOR.
2Cr 24:15 Joiada vivió hasta una edad muy avanzada y finalmente murió a los ciento treinta años.
2Cr 24:16 Lo enterraron con los reyes en la Ciudad de David, porque había hecho mucho bien en Israel para Dios y su templo.
2Cr 24:17 Después de la muerte de Joiada, los líderes de Judá fueron y se inclinaron ante el rey Joás y lo persuadieron para que escuchara sus consejos.
2Cr 24:18 ¡Decidieron abandonar el templo del SEÑOR, Dios de sus antepasados y, en cambio, rindieron culto a ídolos y a los postes dedicados a la diosa Asera! A causa de este pecado, el enojo divino cayó sobre Judá y Jerusalén.
2Cr 24:19 Sin embargo, el SEÑOR envió profetas para que el pueblo se volviera a él. Los profetas advirtieron al pueblo, pero aun así ellos no quisieron escuchar.
2Cr 24:20 Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo de Joiada el sacerdote. Se puso de pie delante del pueblo y dijo: «Esto dice Dios: “¿Por qué desobedecen los mandatos del SEÑOR e impiden su propia prosperidad? ¡Ustedes han abandonado al SEÑOR, y ahora él los ha abandonado a ustedes!”».
2Cr 24:21 Entonces los líderes tramaron matar a Zacarías, y el rey Joás ordenó que lo mataran a pedradas en el atrio del templo del SEÑOR.
2Cr 24:22 Así fue como el rey Joás pagó a Joiada por su lealtad: mató a su hijo. Las últimas palabras de Zacarías al morir fueron: «¡Que el SEÑOR vea lo que ellos hacen y vengue mi muerte!».
2Cr 24:23 En la primavera de ese año* el ejército arameo marchó contra Joás. Invadieron a Judá y a Jerusalén y mataron a todos los líderes de la nación. Luego enviaron todo el botín a su rey en Damasco.
2Cr 24:24 Aunque los arameos atacaron con sólo un ejército pequeño, el SEÑOR los ayudó a vencer al ejército mucho más grande de Judá. El pueblo de Judá había abandonado al SEÑOR, Dios de sus antepasados, y por eso se llevó a cabo juicio sobre Joás.
2Cr 24:25 Los arameos se retiraron y dejaron a Joás gravemente herido, pero sus propios oficiales conspiraron para matarlo por haber asesinado al hijo* de Joiada, el sacerdote; lo asesinaron mientras estaba en su cama. Luego lo enterraron en la Ciudad de David, pero no en el cementerio de los reyes.
2Cr 24:26 Los asesinos eran Josacar,* hijo de una mujer amonita llamada Simeat, y Jozabad, hijo de una mujer moabita llamada Somer.*
2Cr 24:27 El relato sobre los hijos de Joás, las profecías acerca de él y el registro de la restauración del templo de Dios están escritos en El comentario sobre el libro de los reyes . Su hijo Amasías lo sucedió en el trono.

miércoles, 20 de julio de 2016

LECTURA BÍBLICA 20 DE JULIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    11:37-54

Luc 11:37 Mientras Jesús hablaba, uno de los fariseos lo invitó a comer en su casa. Jesús fue y se sentó a la mesa.*
Luc 11:38 Su anfitrión se sorprendió de que se sentara a la mesa sin antes realizar la ceremonia de lavarse las manos que exigía la costumbre judía.
Luc 11:39 Entonces el Señor le dijo: «Ustedes, los fariseos, son tan cuidadosos para limpiar la parte exterior de la taza y del plato pero ustedes están sucios por dentro, ¡llenos de avaricia y perversidad!
Luc 11:40 ¡Necios! ¿No hizo Dios tanto el interior como el exterior?
Luc 11:41 Por lo tanto, limpien el interior dando de sus bienes a los pobres, y quedarán completamente limpios.
Luc 11:42 »¡Qué aflicción les espera, fariseos! Pues se cuidan de dar el diezmo sobre el más mínimo ingreso de sus jardines de hierbas,* pero pasan por alto la justicia y el amor de Dios. Es cierto que deben diezmar, pero sin descuidar las cosas más importantes.
Luc 11:43 »¡Qué aflicción les espera, fariseos! Pues les encanta ocupar los asientos de honor en las sinagogas y recibir saludos respetuosos cuando caminan por las plazas.
Luc 11:44 ¡Sí, qué aflicción les espera! Pues son como tumbas escondidas en el campo. Las personas caminan sobre ellas sin saber de la corrupción que están pisando».
Luc 11:45 —Maestro —le dijo un experto en la ley religiosa—, nos has insultado a nosotros también con lo que has dicho.
Luc 11:46 —Sí —dijo Jesús—, ¡qué aflicción les espera también a ustedes, expertos en la ley religiosa! Pues aplastan a la gente bajo el peso de exigencias religiosas imposibles insoportables y jamás mueven un dedo para aligerar la carga.
Luc 11:47 ¡Qué aflicción les espera! Pues levantan monumentos a los profetas que sus propios antepasados mataron tiempo atrás.
Luc 11:48 Pero, de hecho, ustedes quedan como testigos que aprueban lo que hicieron sus antepasados. Ellos mataron a los profetas ¡y ustedes se convierten en cómplices al edificar los monumentos!
Luc 11:49 Esto es lo que Dios en su sabiduría dijo acerca de ustedes:* “Les enviaré profetas y apóstoles, pero ellos matarán a unos y perseguirán a otros”.
Luc 11:50 »Como consecuencia, a esta generación se le hará responsable del asesinato de todos los profetas de Dios desde la creación del mundo,
Luc 11:51 desde el asesinato de Abel hasta el de Zacarías, a quien mataron entre el altar y el santuario. Sí, de verdad se culpará a esta generación.
Luc 11:52 »¡Qué aflicción les espera a ustedes, expertos en la ley religiosa! Pues le quitan a la gente la llave del conocimiento. Ustedes mismos no entran al reino e impiden que otros entren.
Luc 11:53 Mientras Jesús se retiraba, los maestros de la ley religiosa y los fariseos se pusieron agresivos y trataron de provocarlo con muchas preguntas.
Luc 11:54 Querían tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra.





2 TESALONICENSES 1:8-12

2Ts 1:8 en llamas de fuego, y traerá juicio sobre los que no conocen a Dios y sobre los que se niegan a obedecer la Buena Noticia de nuestro Señor Jesús.
2Ts 1:9 Serán castigados con destrucción eterna, separados para siempre del Señor y de su glorioso poder.
2Ts 1:10 Aquel día cuando él venga, recibirá gloria de su pueblo santo y alabanza de todos los que creen. Esto también los incluye a ustedes, porque creyeron lo que les dijimos acerca de él.
2Ts 1:11 Así que seguimos orando por ustedes, pidiéndole a nuestro Dios que los ayude para que vivan una vida digna de su llamado. Que él les dé el poder para llevar a cabo todas las cosas buenas que la fe los mueve a hacer.
2Ts 1:12 Entonces el nombre de nuestro Señor Jesús será honrado por la vida que llevan ustedes, y serán honrados junto con él. Todo esto se hace posible por la gracia de nuestro Dios y Señor, Jesucristo.*





SALMO 145

Sal 145:1
*Salmo de alabanza de David.
Te exaltaré, mi Dios y Rey, y alabaré tu nombre por siempre y para siempre.
Sal 145:2 Te alabaré todos los días; sí, te alabaré por siempre.
Sal 145:3 ¡Grande es el SEÑOR! ¡El más digno de alabanza! Nadie puede medir su grandeza.
Sal 145:4 Que cada generación cuente a sus hijos de tus poderosos actos y que proclame tu poder.
Sal 145:5 Meditaré* en la gloria y la majestad de tu esplendor, y en tus maravillosos milagros.
Sal 145:6 Tus obras imponentes estarán en boca de todos; proclamaré tu grandeza.
Sal 145:7 Todos contarán la historia de tu maravillosa bondad; cantarán de alegría acerca de tu justicia.
Sal 145:8 El SEÑOR es misericordioso y compasivo, lento para enojarse y está lleno de amor inagotable.
Sal 145:9 El SEÑOR es bueno con todos; desborda compasión sobre toda su creación.
Sal 145:10 Todas tus obras te agradecerán, SEÑOR, y tus fieles seguidores te darán alabanza.
Sal 145:11 Hablarán de la gloria de tu reino; darán ejemplos de tu poder.
Sal 145:12 Contarán de tus obras poderosas y de la majestad y la gloria de tu reinado.
Sal 145:13 Pues tu reino es un reino eterno; gobiernas de generación en generación. El SEÑOR siempre cumple sus promesas; es bondadoso en todo lo que hace.*
Sal 145:14 El SEÑOR ayuda a los caídos y levanta a los que están agobiados por sus cargas.
Sal 145:15 Los ojos de todos buscan en ti la esperanza; les das su alimento según la necesidad.
Sal 145:16 Cuando abres tu mano, sacias el hambre y la sed de todo ser viviente.
Sal 145:17 El SEÑOR es justo en todo lo que hace; está lleno de bondad.
Sal 145:18 El SEÑOR está cerca de todos los que lo invocan, sí, de todos los que lo invocan de verdad.
Sal 145:19 Él concede los deseos de los que le temen; oye sus gritos de auxilio y los rescata.
Sal 145:20 El SEÑOR protege a todos los que lo aman, pero destruye a los perversos.
Sal 145:21 Alabaré al SEÑOR, y que todo el mundo bendiga su santo nombre por siempre y para siempre.

LECTURA PARA LA NOCHE

2 CRÓNICAS    20-21

2Cr 20:1 Después de esto, los ejércitos de los moabitas y de los amonitas, y algunos meunitas* le declararon la guerra a Josafat.
2Cr 20:2 Llegaron mensajeros e informaron a Josafat: «Un enorme ejército de Edom* marcha contra ti desde más allá del mar Muerto;* ya está en Hazezon-tamar» (este era otro nombre para En-gadi).
2Cr 20:3 Josafat quedó aterrado con la noticia y le suplicó al SEÑOR que lo guiara. También ordenó a todos en Judá que ayunaran.
2Cr 20:4 De modo que los habitantes de todas las ciudades de Judá fueron a Jerusalén para buscar la ayuda del SEÑOR.
2Cr 20:5 Josafat se puso de pie ante la comunidad de Judá en Jerusalén, frente al nuevo atrio del templo del SEÑOR,
2Cr 20:6 y oró diciendo: «Oh SEÑOR, Dios de nuestros antepasados, sólo tú eres el Dios que está en el cielo. Tú eres el gobernante de todos los reinos de la tierra. Tú eres fuerte y poderoso. ¡Nadie puede hacerte frente!
2Cr 20:7 Oh Dios nuestro, ¿acaso no expulsaste a los que vivían en esta tierra cuando llegó tu pueblo Israel? ¿Acaso no les diste esta tierra para siempre a los descendientes de tu amigo Abraham?
2Cr 20:8 Tu pueblo se estableció aquí y construyó este templo para honrar tu nombre.
2Cr 20:9 Ellos dijeron: “Cuando enfrentemos cualquier calamidad, ya sea guerra,* plagas o hambre, podremos venir a este lugar para estar en tu presencia ante este templo donde se honra tu nombre. Podremos clamar a ti para que nos salves y tú nos oirás y nos rescatarás”.
2Cr 20:10 »Ahora mira lo que los ejércitos de Amón, Moab y del monte Seir están haciendo. Tú no permitiste que nuestros antepasados invadieran esas naciones cuando Israel salió de Egipto, así que las rodearon y no las destruyeron.
2Cr 20:11 ¡Mira cómo nos pagan ahora, porque han venido para echarnos de tu tierra, la cual nos diste como herencia!
2Cr 20:12 Oh Dios nuestro, ¿no los vas a detener? Somos impotentes ante este ejército poderoso que está a punto de atacarnos. No sabemos qué hacer, pero en ti buscamos ayuda».
2Cr 20:13 Mientras todos los hombres de Judá estaban de pie ante el SEÑOR junto con sus esposas, sus hijos y aun los niños pequeños,
2Cr 20:14 el Espíritu del SEÑOR vino sobre uno de los hombres allí presentes. Se llamaba Jahaziel, hijo de Zacarías, hijo de Benaía, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, un levita, quien era un descendiente de Asaf.
2Cr 20:15 Dijo: «¡Escuchen habitantes de Judá y de Jerusalén! ¡Escuche, rey Josafat! Esto dice el SEÑOR: “¡No tengan miedo! No se desalienten por este poderoso ejército, porque la batalla no es de ustedes sino de Dios.
2Cr 20:16 Mañana, marchen contra ellos. Los encontrarán subiendo por la cuesta de Sis al extremo del valle que da al desierto de Jeruel.
2Cr 20:17 Sin embargo, ustedes ni siquiera tendrán que luchar. Tomen sus posiciones; luego quédense quietos y observen la victoria del SEÑOR. Él está con ustedes, pueblo de Judá y de Jerusalén. No tengan miedo ni se desalienten. ¡Salgan mañana contra ellos, porque el SEÑOR está con ustedes!”».
2Cr 20:18 Entonces el rey Josafat se inclinó rostro en tierra y todo el pueblo de Judá y de Jerusalén hizo lo mismo en adoración al SEÑOR.
2Cr 20:19 Después los levitas de los clanes de Coat y de Coré se pusieron de pie para alabar a viva voz al SEÑOR, Dios de Israel.
2Cr 20:20 Temprano a la mañana siguiente, el ejército de Judá salió al desierto de Tecoa. De camino, el rey Josafat se detuvo y dijo: «¡Escúchenme, habitantes de Judá y de Jerusalén! Crean en el SEÑOR su Dios y podrán permanecer firmes. Créanles a sus profetas y tendrán éxito».
2Cr 20:21 Después de consultar con el pueblo, el rey nombró cantores que caminaran delante del ejército cantando al SEÑOR y alabándolo por su santo esplendor. Esto es lo que cantaban: «¡Den gracias al SEÑOR; su fiel amor perdura para siempre!».
2Cr 20:22 Cuando comenzaron a cantar y a dar alabanzas, el SEÑOR hizo que los ejércitos de Amón, de Moab y del monte Seir comenzaran a luchar entre sí.
2Cr 20:23 Los ejércitos de Moab y de Amón se volvieron contra sus aliados del monte Seir y mataron a todos y a cada uno de ellos. Después de destruir al ejército de Seir, empezaron a atacarse entre sí.
2Cr 20:24 De modo que cuando el ejército de Judá llegó al puesto de observación en el desierto, no vieron más que cadáveres hasta donde alcanzaba la vista. Ni un solo enemigo había escapado con vida.
2Cr 20:25 El rey Josafat y sus hombres salieron a recoger el botín. Encontraron una enorme cantidad de objetos, vestidos* y otros artículos valiosos, más de lo que podían cargar. ¡Había tanto botín que les llevó tres días sólo para juntarlo!
2Cr 20:26 Al cuarto día se reunieron en el valle de la Bendición,* el cual recibió ese nombre aquel día porque allí el pueblo alabó y agradeció al SEÑOR. Aún se conoce como valle de la Bendición hasta el día de hoy.
2Cr 20:27 Luego todos los hombres volvieron a Jerusalén, con Josafat a la cabeza, rebosando de alegría porque el SEÑOR les había dado la victoria sobre sus enemigos.
2Cr 20:28 Entraron a Jerusalén al son de arpas, liras y trompetas, y se dirigieron al templo del SEÑOR.
2Cr 20:29 Cuando todos los reinos vecinos oyeron que el SEÑOR mismo había luchado contra los enemigos de Israel, el temor de Dios se apoderó de ellos.
2Cr 20:30 Así que el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le había dado descanso por todo el territorio.
2Cr 20:31 De manera que Josafat gobernó la tierra de Judá. Tenía treinta y cinco años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén veinticinco años. Su madre era Azuba, hija de Silhi.
2Cr 20:32 Josafat fue un buen rey, quien siguió los caminos de su padre Asa. Hizo lo que era agradable a los ojos del SEÑOR.
2Cr 20:33 Sin embargo, durante su reinado no quitó todos los santuarios paganos, y la gente nunca se comprometió por completo a seguir al Dios de sus antepasados.
2Cr 20:34 Los demás acontecimientos del reinado de Josafat, desde el principio hasta el fin, están registrados en El registro de Jehú, hijo de Hananí , el cual está incluido en El libro de los reyes de Israel .
2Cr 20:35 Tiempo después, Josafat, rey de Judá, hizo una alianza con el rey Ocozías de Israel, quien era un hombre muy perverso.*
2Cr 20:36 Juntos construyeron una flota de barcos mercantes* en el puerto de Ezión-geber.
2Cr 20:37 Luego Eliezer, hijo de Dodava, de Maresa, profetizó contra Josafat y le dijo: «Por haberte aliado con el rey Ocozías, el SEÑOR destruirá tu labor». Así que los barcos naufragaron y nunca se hicieron a la mar.*
2Cr 21:1 Cuando murió Josafat, lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David. Después su hijo Yoram lo sucedió en el trono.
2Cr 21:2 Los hermanos de Yoram —los otros hijos de Josafat— fueron Azarías, Jehiel, Zacarías, Azaryahu, Micael y Sefatías; todos estos fueron hijos de Josafat, rey de Judá.*
2Cr 21:3 Su padre había dado a cada uno de ellos regalos valiosos de plata, oro y objetos costosos, y también les dio algunas de las ciudades fortificadas de Judá; pero designó a Yoram para que fuera el siguiente rey porque era el hijo mayor.
2Cr 21:4 Sin embargo, cuando Yoram se afianzó firmemente en el trono mató a todos sus hermanos y a algunos de los otros líderes de Judá.
2Cr 21:5 Yoram tenía treinta y dos años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén ocho años.
2Cr 21:6 Sin embargo, siguió el ejemplo de los reyes de Israel y fue tan perverso como el rey Acab, porque se había casado con una de las hijas de Acab. Así que Yoram hizo lo malo a los ojos del SEÑOR.
2Cr 21:7 No obtante, el SEÑOR no quiso destruir la dinastía de David, porque había hecho un pacto con David y le había prometido que sus descendientes seguirían gobernando, como una lámpara que brilla para siempre.
2Cr 21:8 Durante el reinado de Yoram, los edomitas se rebelaron contra Judá y coronaron a su propio rey.
2Cr 21:9 Entonces Yoram marchó con todo su ejército y todos sus carros de guerra. Los edomitas rodearon a Yoram y a los comandantes de sus carros, pero él los atacó* de noche al abrigo de la oscuridad.
2Cr 21:10 Aun así, Edom ha sido independiente de Judá hasta el día de hoy. La ciudad de Libna también se rebeló por ese mismo tiempo. Todo esto ocurrió porque Yoram había abandonado al SEÑOR, Dios de sus antepasados.
2Cr 21:11 Había construido santuarios paganos en la zona montañosa de Judá y había inducido a la gente de Jerusalén y de Judá a apartarse del buen camino y a entregarse a dioses paganos.
2Cr 21:12 Luego el profeta Elías le escribió la siguiente carta a Yoram: «Esto dice el SEÑOR, Dios de tu antepasado David: “Tú no has seguido el buen ejemplo de tu padre, Josafat, ni el de tu abuelo Asa, rey de Judá.
2Cr 21:13 En cambio, has sido tan perverso como los reyes de Israel. Has llevado al pueblo de Jerusalén y de Judá a rendir culto a los ídolos, tal como lo hizo el rey Acab en Israel. Incluso has matado a tus propios hermanos, hombres que eran mejores que tú.
2Cr 21:14 Por eso ahora el SEÑOR está a punto de herirte con un fuerte golpe a ti, a tu pueblo, a tus hijos, a tus esposas y a todo lo que te pertenece.
2Cr 21:15 Sufrirás una grave enfermedad abdominal que se empeorará cada día hasta que se te salgan los intestinos”».
2Cr 21:16 Después el SEÑOR incitó a los filisteos y a los árabes, pueblos que vivían cerca de los etíopes,* para que atacaran a Yoram.
2Cr 21:17 Marcharon contra Judá, derribaron sus defensas y se llevaron todo lo que había de valor en el palacio real, incluso a los hijos y a las esposas del rey. Sólo Ocozías,* el menor de sus hijos, quedó con vida.
2Cr 21:18 Después de todo esto, el SEÑOR afligió a Yoram con una grave enfermedad intestinal.
2Cr 21:19 Cada día empeoraba y, al cabo de dos años, se le salieron los intestinos por causa de la enfermedad y murió con terribles dolores. Su pueblo no hizo una gran hoguera funeraria para honrarlo, como se había hecho con sus antepasados.
2Cr 21:20 Yoram tenía treinta y dos años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén ocho años. Nadie sintió pena cuando murió. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no en el cementerio de los reyes.