lunes, 23 de mayo de 2016

LECTURA BÍBLICA 23 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    15:33-41

Mar 15:33 Al mediodía, la tierra se llenó de oscuridad hasta las tres de la tarde.
Mar 15:34 Luego, a las tres de la tarde, Jesús clamó con voz fuerte: «Eloi, Eloi, ¿lema sabactani?», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»*.
Mar 15:35 Algunos que pasaban por allí entendieron mal y pensaron que estaba llamando al profeta Elías.
Mar 15:36 Uno de ellos corrió y empapó una esponja en vino agrio, la puso sobre una caña de junco y la levantó para que él pudiera beber. «¡Esperen! —dijo —. ¡A ver si Elías viene a bajarlo!».
Mar 15:37 Entonces Jesús soltó otro fuerte grito y dio su último suspiro.
Mar 15:38 Y la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
Mar 15:39 El oficial romano* que estaba frente a él,* al ver cómo había muerto, exclamó: «¡Este hombre era verdaderamente el Hijo de Dios!».
Mar 15:40 Algunas mujeres miraban de lejos, entre ellas, María Magdalena, María (la madre de Santiago el menor y de José*), y Salomé.
Mar 15:41 Eran seguidoras de Jesús y lo habían cuidado mientras estaba en Galilea. También estaban allí muchas otras mujeres que habían venido con él a Jerusalén.



GÁLATAS 5:1-12

Gál 5:1 Por lo tanto, Cristo en verdad nos ha liberado. Ahora asegúrense de permanecer libres y no se esclavicen de nuevo a la ley.
Gál 5:2 ¡Presten atención! Yo, Pablo, les digo lo siguiente: si dependen de la circuncisión para hacerse justos ante Dios, entonces Cristo no les servirá de nada.
Gál 5:3 Lo repito: si pretenden lograr el favor de Dios mediante la circuncisión, entonces están obligados a obedecer cada una de las ordenanzas de la ley de Moisés.
Gál 5:4 Pues, si ustedes pretenden hacerse justos ante Dios por cumplir la ley, ¡han quedado separados de Cristo! Han caído de la gracia de Dios.
Gál 5:5 Pero los que vivimos por el Espíritu esperamos con anhelo recibir por la fe la justicia que Dios nos ha prometido.
Gál 5:6 Pues, una vez que depositamos nuestra fe en Cristo Jesús, de nada sirve estar o no circuncidado. Lo importante es la fe que se expresa por medio del amor.
Gál 5:7 Ustedes corrían muy bien la carrera. ¿Quién les impidió seguir la verdad?
Gál 5:8 Seguro que no fue Dios, porque él es quien los llamó a ser libres.
Gál 5:9 ¡Esa falsa enseñanza es como un poquito de levadura que impregna toda la masa!
Gál 5:10 Confío en que el Señor los guardará de creer falsas enseñanzas. Dios juzgará a la persona que los está confundiendo, sea quien fuere.
Gál 5:11 Amados hermanos, si yo todavía predicara que ustedes deben circuncidarse —como algunos dicen que hago—, ¿por qué, entonces, aún se me persigue? Si ya no predicara que la salvación es por medio de la cruz de Cristo, nadie se ofendería.
Gál 5:12 Cómo me gustaría que esos perturbadores que quieren mutilarlos a ustedes mediante la circuncisión se mutilaran ellos mismos.*


SALMO 116

Sal 116:1 Amo al SEÑOR porque escucha mi voz y mi oración que pide misericordia.
Sal 116:2 Debido a que él se inclina para escuchar, ¡oraré mientras tenga aliento!
Sal 116:3 La muerte me envolvió en sus cuerdas; los terrores de la tumba* se apoderaron de mí. Lo único que veía era dificultad y dolor.
Sal 116:4 Entonces invoqué el nombre del SEÑOR: «¡SEÑOR, por favor, sálvame!».
Sal 116:5 ¡Qué bondadoso es el SEÑOR! ¡Qué bueno es él! ¡Tan misericordioso, este Dios nuestro!
Sal 116:6 El SEÑOR protege a los que tienen fe como de un niño; estuve frente a la muerte, y él me salvó.
Sal 116:7 Que mi alma descanse nuevamente, porque el SEÑOR ha sido bueno conmigo.
Sal 116:8 Me rescató de la muerte, quitó las lágrimas de mis ojos, y libró a mis pies de tropezar.
Sal 116:9 ¡Así que camino en la presencia del SEÑOR mientras vivo aquí en la tierra!
Sal 116:10 Creí en ti, por tanto dije: «SEÑOR, estoy muy afligido».
Sal 116:11 En mi ansiedad clamé a ti: «¡Estas personas son todas mentirosas!».
Sal 116:12 ¿Qué puedo ofrecerle al SEÑOR por todo lo que ha hecho a mi favor?
Sal 116:13 Levantaré la copa de la salvación y alabaré el nombre del SEÑOR por salvarme.
Sal 116:14 Cumpliré las promesas que le hice al SEÑOR en presencia de todo su pueblo.
Sal 116:15 Al SEÑOR le conmueve profundamente la muerte de sus amados.
Sal 116:16 Oh SEÑOR, soy tu siervo; sí, soy tu siervo, nací en tu casa; me has liberado de mis cadenas.
Sal 116:17 Te ofreceré un sacrificio de agradecimiento e invocaré el nombre del SEÑOR.
Sal 116:18 Cumpliré mis votos al SEÑOR en presencia de todo su pueblo,
Sal 116:19 en la casa del SEÑOR, en el corazón de Jerusalén. ¡Alabado sea el SEÑOR!


LECTURA PARA LA NOCHE

2 SAMUEL    20-21

2Sa 20:1 Sucedió que había un alborotador allí de nombre Seba, hijo de Bicri, un hombre de la tribu de Benjamín. Seba tocó un cuerno de carnero y comenzó a repetir: «¡Abajo la dinastía de David! No nos interesa para nada el hijo de Isaí. Vamos, hombres de Israel, todos a sus casas».
2Sa 20:2 Así que todos los hombres de Israel abandonaron a David y siguieron a Seba, hijo de Bicri. Pero los hombres de Judá se quedaron con su rey y lo escoltaron desde el río Jordán hasta Jerusalén.
2Sa 20:3 Cuando David llegó a su palacio en Jerusalén, tomó a las diez concubinas que había dejado para que cuidaran el palacio y las puso en reclusión. Les proveyó para sus necesidades, pero no volvió a acostarse con ninguna. De modo que cada una de ellas vivió como una viuda hasta que murió.
2Sa 20:4 Luego David le dijo a Amasa: «Moviliza al ejército de Judá dentro de tres días y enseguida preséntate aquí».
2Sa 20:5 Así que Amasa salió a notificar a la tribu de Judá, pero le llevó más tiempo del que le fue dado.
2Sa 20:6 Por eso David le dijo a Abisai: «Seba, hijo de Bicri, nos va a causar más daño que Absalón. Rápido, toma a mis tropas y persíguelo antes de que llegue a alguna ciudad fortificada donde no podamos alcanzarlo».
2Sa 20:7 Entonces Abisai y Joab,* junto con la escolta del rey* y todos sus poderosos guerreros salieron de Jerusalén para perseguir a Seba.
2Sa 20:8 Al llegar a la gran roca de Gabaón, Amasa les salió al encuentro. Joab llevaba puesta su túnica militar con una daga sujeta a su cinturón. Cuando dio un paso al frente para saludar a Amasa, sacó la daga de su vaina.*
2Sa 20:9 «¿Cómo estás, primo mío?», dijo Joab, y con la mano derecha lo tomó por la barba como si fuera a besarlo.
2Sa 20:10 Amasa no se dio cuenta de la daga que tenía en la mano izquierda, y Joab se la clavó en el estómago, de manera que sus entrañas se derramaron por el suelo. Joab no necesitó volver a apuñalarlo, y Amasa pronto murió. Joab y su hermano Abisai lo dejaron tirado allí y siguieron en busca de Seba.
2Sa 20:11 Uno de los jóvenes de Joab les gritó a las tropas de Amasa: «Si están a favor de Joab y David, vengan y sigan a Joab».
2Sa 20:12 Pero como Amasa yacía bañado en su propia sangre en medio del camino, y el hombre de Joab vio que todos se detenían para verlo, lo arrastró fuera del camino hasta el campo y le echó un manto encima.
2Sa 20:13 Con el cuerpo de Amasa quitado de en medio, todos continuaron con Joab a capturar a Seba, hijo de Bicri.
2Sa 20:14 Mientras tanto, Seba recorría todas las tribus de Israel y finalmente llegó a la ciudad de Abel-bet-maaca. Todos los miembros de su propio clan, los bicritas,* se reunieron para la batalla y lo siguieron a la ciudad.
2Sa 20:15 Cuando llegaron las fuerzas de Joab, atacaron Abel-bet-maaca. Construyeron una rampa de asalto contra las fortificaciones de la ciudad y comenzaron a derribar la muralla.
2Sa 20:16 Pero una mujer sabia de la ciudad llamó a Joab y le dijo: —Escúcheme, Joab. Venga aquí para que pueda hablar con usted.
2Sa 20:17 Cuando Joab se acercó, la mujer le preguntó: —¿Es usted Joab? —Sí, soy yo —le respondió. Entonces ella dijo: —Escuche atentamente a su sierva. —Estoy atento —le dijo.
2Sa 20:18 Así que ella continuó: —Había un dicho que decía: “Si quieres resolver una disputa, pide consejo en la ciudad de Abel”.
2Sa 20:19 Soy alguien que ama la paz y que es fiel en Israel, pero usted está por destruir una ciudad importante de Israel.* ¿Por qué quiere devorar lo que le pertenece al SEÑOR?
2Sa 20:20 Joab contestó: —¡Créame, no quiero devorar ni destruir su ciudad!
2Sa 20:21 Ese no es mi propósito. Lo único que quiero es capturar a un hombre llamado Seba, hijo de Bicri, de la zona montañosa de Efraín, quien se rebeló contra el rey David. Si ustedes me entregan a ese hombre, dejaré a la ciudad en paz. —Muy bien —respondió la mujer—, arrojaremos su cabeza sobre la muralla.
2Sa 20:22 Enseguida la mujer se dirigió a todo el pueblo con su sabio consejo, y le cortaron la cabeza a Seba y se la arrojaron a Joab. Así que Joab tocó el cuerno de carnero, llamó a sus tropas y se retiraron del ataque. Todos volvieron a sus casas y Joab regresó a Jerusalén para encontrarse con el rey.
2Sa 20:23 Ahora bien, Joab era el comandante del ejército de Israel; Benaía, hijo de Joiada, era el capitán de la escolta del rey.
2Sa 20:24 Adoniram* estaba a cargo de los trabajadores; Josafat, hijo de Ahilad, era el historiador real.
2Sa 20:25 Seva era el secretario de la corte; Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes,
2Sa 20:26 e Ira, un descendiente de Jair, era el sacerdote personal de David.
2Sa 21:1 Durante el reinado de David hubo un hambre que duró tres años. Entonces David consultó al SEÑOR, y el SEÑOR dijo: «El hambre se debe a que Saúl y su familia son culpables de la muerte de los gabaonitas».
2Sa 21:2 Entonces el rey mandó llamar a los gabaonitas. No formaban parte de Israel, pero eran todo lo que quedaba de la nación de los amorreos. El pueblo de Israel había jurado no matarlos, pero Saúl, en su celo por Israel y Judá, trató de exterminarlos.
2Sa 21:3 David les preguntó: —¿Qué puedo hacer por ustedes? ¿Cómo puedo compensarlos para que ustedes vuelvan a bendecir al pueblo del SEÑOR?
2Sa 21:4 —Bueno, el dinero no puede resolver este asunto entre nosotros y la familia de Saúl —le contestaron los gabaonitas—. Tampoco podemos exigir la vida de cualquier persona de Israel. —¿Qué puedo hacer entonces? —preguntó David—. Sólo díganme, y lo haré por ustedes.
2Sa 21:5 Ellos respondieron: —Fue Saúl quien planeó destruirnos, para impedir que tengamos un lugar en el territorio de Israel.
2Sa 21:6 Así que entréguennos siete hijos de Saúl, y los ejecutaremos delante del SEÑOR en Guibeá en el monte del SEÑOR.* —Muy bien —dijo el rey— lo haré.
2Sa 21:7 Debido al juramento que David y Jonatán habían hecho delante del SEÑOR, el rey le perdonó la vida a Mefiboset,* el hijo de Jonatán, nieto de Saúl.
2Sa 21:8 Sin embargo, les entregó a los dos hijos de Saúl, Armoni y Mefiboset, cuya madre fue Rizpa la hija de Aja. También les entregó a los cinco hijos de la hija de Saúl, Merab,* la esposa de Adriel, hijo de Barzilai de Mehola.
2Sa 21:9 Los hombres de Gabaón los ejecutaron en el monte delante del SEÑOR. Los siete murieron juntos al comienzo de la cosecha de la cebada.
2Sa 21:10 Después Rizpa, la hija de Aja y madre de dos de los hombres, extendió una tela áspera sobra una roca y permaneció allí toda la temporada de la cosecha. Ella evitó que las aves carroñeras despedazaran los cuerpos durante el día e impidió que los animales salvajes se los comieran durante la noche.
2Sa 21:11 Cuando David supo lo que había hecho Rizpa, la concubina de Saúl,
2Sa 21:12 fue a ver a la gente de Jabes de Galaad para recuperar los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán. (Cuando los filisteos mataron a Saúl y a Jonatán en el monte Gilboa, la gente de Jabes de Galaad robó sus cuerpos de la plaza pública de Bet-sán donde los filisteos los habían colgado).
2Sa 21:13 De esa manera David obtuvo los huesos de Saúl y Jonatán, al igual que los huesos de los hombres que los gabaonitas habían ejecutado.
2Sa 21:14 Luego el rey ordenó que enterraran los huesos en la tumba de Cis, padre de Saúl, en la ciudad de Zela, en la tierra de Benjamín. Después Dios hizo que terminara el hambre en la tierra.
2Sa 21:15 Una vez más los filisteos estaban en guerra con Israel. Y cuando David y sus hombres estaban en lo más reñido de la pelea, a David se le acabaron las fuerzas y quedó exhausto.
2Sa 21:16 Isbi-benob era un descendiente de los gigantes;* la punta de bronce de su lanza pesaba más de tres kilos,* y estaba armado con una espada nueva. Había acorralado a David y estaba a punto de matarlo.
2Sa 21:17 Pero Abisai, hijo de Sarvia, llegó al rescate de David y mató al filisteo. Entonces los hombres de David declararon: «¡No volverás a salir con nosotros a la batalla! ¿Por qué arriesgarnos a que se apague la luz de Israel?».
2Sa 21:18 Después hubo otra batalla contra los filisteos en Gob. Mientras peleaban, Sibecai de Husa, mató a Saf, otro descendiente de los gigantes.
2Sa 21:19 Durante otra batalla en Gob, Elhanán, hijo de Jaare,* de Belén, mató al hermano de Goliat de Gat.* ¡El asta de su lanza era tan gruesa como un rodillo de telar!
2Sa 21:20 En otra batalla contra los filisteos en Gat, se enfrentaron con un hombre enorme que tenía seis dedos en cada mano y seis en cada pie, veinticuatro dedos en total, que era también descendiente de los gigantes.
2Sa 21:21 Pero cuando desafió a los israelitas y se mofó de ellos, lo mató Jonatán, hijo de Simea,* hermano de David.
2Sa 21:22 Estos cuatro filisteos eran descendientes de los gigantes de Gat, pero David y sus guerreros los mataron.

domingo, 22 de mayo de 2016

LECTURA BÍBLICA 22 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    15:16-32

Mar 15:16 Los soldados llevaron a Jesús al patio del cuartel general del gobernador (llamado pretorio) y llamaron a todo el regimiento.
Mar 15:17 Lo vistieron con un manto púrpura y armaron una corona con ramas de espinos y se la pusieron en la cabeza.
Mar 15:18 Entonces lo saludaban y se mofaban: «¡Viva el rey de los judíos!».
Mar 15:19 Y lo golpeaban en la cabeza con una caña de junco, le escupían y se ponían de rodillas para adorarlo burlonamente.
Mar 15:20 Cuando al fin se cansaron de hacerle burla, le quitaron el manto púrpura y volvieron a ponerle su propia ropa. Luego lo llevaron para crucificarlo.
Mar 15:21 Un hombre llamado Simón, que pasaba por allí pero era de Cirene,* venía del campo justo en ese momento, y los soldados lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. (Simón era el padre de Alejandro y de Rufo).
Mar 15:22 Y llevaron a Jesús a un lugar llamado Gólgota (que significa «Lugar de la Calavera»).
Mar 15:23 Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él lo rechazó.
Mar 15:24 Después los soldados lo clavaron en la cruz. Dividieron su ropa y tiraron los dados* para ver quién se quedaba con cada prenda.
Mar 15:25 Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron.
Mar 15:26 Un letrero anunciaba el cargo en su contra. Decía: «El Rey de los judíos».
Mar 15:27 Con él crucificaron a dos revolucionarios,* uno a su derecha y otro a su izquierda.*
Mar 15:28 -.-
Mar 15:29 La gente que pasaba por allí gritaba insultos y movía la cabeza en forma burlona. «¡Eh! ¡Pero mírate ahora! —le gritaban —. Dijiste que ibas a destruir el templo y a reconstruirlo en tres días.
Mar 15:30 ¡Muy bien, sálvate a ti mismo y bájate de la cruz!».
Mar 15:31 Los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa también se burlaban de Jesús. «Salvó a otros —se mofaban—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo!
Mar 15:32 ¡Que este Mesías, este Rey de Israel, baje de la cruz para que podamos verlo y creerle!». Hasta los hombres que estaban crucificados con Jesús se burlaban de él.




GÁLATAS 4:21-31

Gál 4:21 Díganme ustedes, los que quieren vivir bajo la ley, ¿saben lo que en realidad dice la ley?
Gál 4:22 Las Escrituras dicen que Abraham tuvo dos hijos, uno de la mujer esclava y el otro de su esposa, quien había nacido libre.*
Gál 4:23 El nacimiento del hijo de la esclava fue el resultado de un intento humano por lograr que se cumpliera la promesa de Dios; pero el nacimiento del hijo de la libre fue la manera en que Dios cumplió su promesa.
Gál 4:24 Esas dos mujeres son una ilustración de los dos pactos de Dios. La primera mujer, Agar, representa el monte Sinaí, donde el pueblo recibió la ley que los hizo esclavos.
Gál 4:25 Y ahora Jerusalén es igual que el monte Sinaí, en Arabia,* porque la ciudad y sus hijos viven bajo la esclavitud de la ley.
Gál 4:26 Pero la otra mujer, Sara, representa la Jerusalén celestial. Ella es la mujer libre y es nuestra madre.
Gál 4:27 Como dijo Isaías: «¡Alégrate, oh mujer sin hijos, tú que nunca diste a luz! ¡Ponte a gritar de alegría, tú que nunca tuviste dolores de parto! ¡Pues la mujer desolada ahora tiene más hijos que la que vive con su esposo!»*.
Gál 4:28 Y ustedes, amados hermanos, son hijos de la promesa igual que Isaac.
Gál 4:29 Pero ahora son perseguidos por los que quieren que cumplan la ley, tal como Ismael —el hijo que nació del esfuerzo humano —persiguió a Isaac, el hijo que nació por el poder del Espíritu.
Gál 4:30 ¿Pero qué dicen las Escrituras al respecto? «Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque el hijo de la mujer esclava no compartirá la herencia del hijo de la mujer libre»*.
Gál 4:31 Así que, amados hermanos, no somos hijos de la mujer esclava; somos hijos de la mujer libre.




SALMO 115

Sal 115:1 No a nosotros, oh SEÑOR, no a nosotros sino a tu nombre le corresponde toda la gloria, por tu amor inagotable y tu fidelidad.
Sal 115:2 ¿Por qué dejar que las naciones digan: «Dónde está el Dios de Israel»?
Sal 115:3 Nuestro Dios está en los cielos y hace lo que le place.
Sal 115:4 Los ídolos de ellos no son más que objetos de plata y oro, manos humanas les dieron forma.
Sal 115:5 Tienen boca pero no pueden hablar, tienen ojos pero no pueden ver.
Sal 115:6 Tienen oídos pero no pueden oír, y nariz, pero no pueden oler.
Sal 115:7 Tienen manos pero no pueden sentir, tienen pies pero no pueden caminar, y tienen garganta pero no pueden emitir sonidos.
Sal 115:8 Y los que hacen ídolos son iguales a ellos, como también todos los que confían en ellos.
Sal 115:9 ¡Oh Israel, confía en el SEÑOR! Él es tu ayudador y tu escudo.
Sal 115:10 ¡Oh sacerdotes, descendientes de Aarón, confíen en el SEÑOR! Él es su ayudador y su escudo.
Sal 115:11 ¡Todos los que temen al SEÑOR, confíen en el SEÑOR! Él es su ayudador y su escudo.
Sal 115:12 El SEÑOR se acuerda de nosotros y nos bendecirá. Bendecirá al pueblo de Israel y bendecirá a los sacerdotes, los descendientes de Aarón.
Sal 115:13 Bendecirá a los que temen al SEÑOR, tanto a los grandes como a los humildes.
Sal 115:14 Que el SEÑOR los bendiga ricamente, tanto a ustedes como a sus hijos.
Sal 115:15 Que sean bendecidos por el SEÑOR, quien hizo los cielos y la tierra.
Sal 115:16 Los cielos pertenecen al SEÑOR, pero él ha dado la tierra a toda la humanidad.
Sal 115:17 Los muertos no pueden cantar alabanzas al SEÑOR porque han entrado en el silencio de la tumba.
Sal 115:18 ¡Pero nosotros podemos alabar al SEÑOR ahora y para siempre! ¡Alabado sea el SEÑOR!


LECTURA PARA LA NOCHE

2 SAMUEL    18-19

2Sa 18:1 David entonces reunió a los hombres que estaban con él y nombró generales y capitanes* para que los dirigieran.
2Sa 18:2 Envió las tropas en tres grupos: un grupo bajo el mando de Joab; otro bajo el mando del hermano de Joab, Abisai hijo de Sarvia; y el tercero bajo Itai de Gat. Entonces el rey les dijo a sus tropas: —Yo iré con ustedes.
2Sa 18:3 Pero sus hombres se opusieron terminantemente e insistieron: —No debe ir. Si tenemos que salir en retirada y huir, aunque maten a la mitad de nosotros, no cambiaría nada para las tropas de Absalón; es a usted al que buscan. Usted vale por diez mil de nosotros.* Es mejor que se quede aquí en la ciudad y nos envíe ayuda si la necesitamos.
2Sa 18:4 —Si ustedes piensan que ese es el mejor plan, lo seguiré —respondió el rey. De modo que se quedó al lado de la puerta de la ciudad mientras las tropas marchaban en grupos de cientos y de miles.
2Sa 18:5 Entonces el rey les dio esta orden a Joab, a Abisai y a Itai: —Por consideración a mí, traten con bondad al joven Absalón. Y todas las tropas escucharon que el rey daba esta orden a sus comandantes.
2Sa 18:6 Así que comenzó la batalla en el bosque de Efraín,
2Sa 18:7 y los hombres de David rechazaron los ataques de las tropas israelitas. Aquel día hubo una gran matanza, y veinte mil hombres perdieron la vida.
2Sa 18:8 La batalla se extendió con furor por todo el campo, y perecieron en el bosque más hombres que los que murieron a espada.
2Sa 18:9 Durante la batalla, Absalón se cruzó con algunos hombres de David. Trató de escapar en su mula, pero al pasar cabalgando debajo de un gran árbol, su cabello* se enredó en las gruesas ramas. La mula siguió y dejó a Absalón suspendido en el aire.
2Sa 18:10 Entonces uno de los hombres de David vio lo que había pasado y le dijo a Joab: —Vi a Absalón colgando de un gran árbol.
2Sa 18:11 —¿Qué? —preguntó Joab—. ¿Lo viste ahí y no lo mataste? ¡Te hubiera recompensado con diez piezas de plata* y un cinturón de héroe!
2Sa 18:12 —No mataría al hijo del rey ni por mil piezas de plata* —le respondió el hombre a Joab—. Todos escuchamos lo que el rey les dijo a usted, a Abisai y a Itai: “Por consideración a mí, por favor perdonen la vida del joven Absalón”.
2Sa 18:13 Si yo hubiera traicionado al rey y matado a su hijo —y de seguro el rey descubriría quién lo hizo—, usted sería el primero en abandonarme a mi suerte.
2Sa 18:14 —Basta ya de esta tontería —dijo Joab. Enseguida Joab tomó tres dagas y las clavó en el corazón de Absalón mientras estaba colgado, todavía vivo, del gran árbol.
2Sa 18:15 Luego diez jóvenes escuderos de Joab rodearon a Absalón y lo remataron.
2Sa 18:16 Entonces Joab hizo sonar el cuerno de carnero, y sus hombres regresaron de perseguir al ejército de Israel.
2Sa 18:17 Arrojaron el cuerpo de Absalón dentro de un hoyo grande en el bosque y encima apilaron un montón de piedras. Y todo Israel huyó a sus hogares.
2Sa 18:18 Mientras aún vivía, Absalón se había erigido a sí mismo un monumento en el valle del Rey, porque dijo: «No tengo hijo que perpetúe mi nombre». Le puso al monumento su propio nombre, y es conocido como el monumento de Absalón hasta el día de hoy.
2Sa 18:19 Después Ahimaas, hijo de Sadoc, dijo: —Déjeme ir corriendo para darle al rey las buenas noticias: que el SEÑOR lo ha librado de sus enemigos.
2Sa 18:20 —No —le dijo Joab—, no serían buenas noticias para el rey saber que su hijo está muerto. Puedes ser mi mensajero otro día, pero hoy no.
2Sa 18:21 Entonces Joab le dijo a un etíope:* —Ve a decirle al rey lo que has visto. El hombre se inclinó y se fue corriendo.
2Sa 18:22 Pero Ahimaas continuó rogándole a Joab: —Pase lo que pase, por favor, deje también que yo vaya. —¿Para qué quieres ir, hijo mío? —le respondió Joab—. No habrá recompensa por las noticias.
2Sa 18:23 —Estoy de acuerdo, pero igual permítame ir —le suplicó. Joab finalmente le dijo: —Está bien, puedes ir. Entonces Ahimaas tomó el camino más fácil por la llanura y corrió a Mahanaim y llegó antes que el etíope.
2Sa 18:24 Mientras David estaba sentado entre las puertas internas y externas de la ciudad, el centinela subió al techo de la entrada de la muralla. Cuando se asomó, vio a un solo hombre que corría hacia ellos.
2Sa 18:25 Desde arriba le gritó la novedad a David, y el rey respondió: —Si está solo, trae noticias. Al acercarse el mensajero,
2Sa 18:26 el centinela vio que otro hombre corría hacia ellos. Gritó hacia abajo: —¡Allí viene otro! El rey respondió: —También trae noticias.
2Sa 18:27 —El primer hombre corre como Ahimaas, hijo de Sadoc —dijo el centinela. —Él es un buen hombre y trae buenas noticias —respondió el rey.
2Sa 18:28 Ahimaas le gritó al rey: —¡Todo está bien! Se inclinó delante del rey rostro en tierra y dijo: —Alabado sea el SEÑOR su Dios, quien ha entregado a los rebeldes que se atrevieron a hacerle frente a mi señor el rey.
2Sa 18:29 —¿Qué me dices del joven Absalón? —preguntó el rey—. ¿Está bien? —Cuando Joab me dijo que viniera, había una gran conmoción —contestó Ahimaas—, pero no supe lo que pasaba.
2Sa 18:30 —Espera aquí —le dijo el rey. Y Ahimaas se hizo a un lado.
2Sa 18:31 Enseguida el etíope llegó y le dijo: —Tengo buenas noticias para mi señor el rey. Hoy el SEÑOR lo ha librado de todos los que se rebelaron en su contra.
2Sa 18:32 —¿Qué me dices del joven Absalón? —preguntó el rey—. ¿Se encuentra bien? Y el etíope contestó: —¡Que todos sus enemigos, mi señor el rey, ahora y en el futuro, corran con la misma suerte de ese joven!
2Sa 18:33 * Entonces el rey se sintió abrumado por la emoción. Subió a la habitación que estaba sobre la entrada y se echó a llorar. Y mientras subía, clamaba: «¡Oh, mi hijo Absalón! ¡Hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Si tan sólo yo hubiera muerto en tu lugar! ¡Oh Absalón, mi hijo, mi hijo!».
2Sa 19:1 * Pronto le llegó a Joab la noticia de que el rey estaba llorando y haciendo duelo por Absalón.
2Sa 19:2 A medida que el pueblo se enteraba del profundo dolor del rey por su hijo, la alegría por la victoria se tornaba en profunda tristeza.
2Sa 19:3 Ese día todos regresaron sigilosamente a la ciudad, como si estuvieran avergonzados y hubieran desertado de la batalla.
2Sa 19:4 El rey se cubrió el rostro con las manos y seguía llorando: «¡Oh, Absalón, hijo mío! ¡Oh, Absalón, hijo mío, hijo mío!».
2Sa 19:5 Entonces Joab fue a la habitación del rey y le dijo: «Hoy salvamos su vida y la de sus hijos e hijas, sus esposas y concubinas. Sin embargo, al actuar de esa forma hace que nos sintamos avergonzados de nosotros mismos.
2Sa 19:6 Parece que usted ama a los que lo odian y odia a los que lo aman. Hoy nos ha dejado muy en claro que sus comandantes y sus tropas no significan nada para usted. Pareciera que si Absalón hubiera vivido y todos nosotros estuviéramos muertos, estaría contento.
2Sa 19:7 Ahora salga y felicite a sus tropas porque si no lo hace, le juro por el SEÑOR que ni uno solo de ellos permanecerá aquí esta noche. Entonces quedará peor que antes».
2Sa 19:8 Así que el rey salió y tomó su lugar a las puertas de la ciudad y, a medida que se corría la voz por la ciudad de que él estaba allí, todos iban a él. Mientras tanto, los israelitas que habían apoyado a Absalón huyeron a sus casas.
2Sa 19:9 Y por todas las tribus de Israel había mucha discusión y disputa. La gente decía: «El rey nos rescató de nuestros enemigos y nos salvó de los filisteos, pero Absalón lo echó del país.
2Sa 19:10 Ahora Absalón, a quien ungimos para que nos gobernara, está muerto. ¿Por qué no pedirle a David que regrese y sea nuestro rey otra vez?».
2Sa 19:11 Entonces el rey David envió a los sacerdotes Sadoc y Abiatar para que les dijeran a los ancianos de Judá: «¿Por qué son ustedes los últimos en dar la bienvenida al rey en su regreso al palacio? Pues he oído que todo Israel está listo.
2Sa 19:12 ¡Ustedes son mis parientes, mi propia tribu, mi misma sangre! ¿Por qué son los últimos en dar la bienvenida al rey?».
2Sa 19:13 Además David les pidió que le dijeran a Amasa: «Como eres de mi misma sangre, al igual que Joab, que Dios me castigue y aun me mate si no te nombro comandante de mi ejército en su lugar».
2Sa 19:14 Así que Amasa* convenció a todos los hombres de Judá, y ellos respondieron unánimemente. Y le mandaron a decir al rey: «Regrese a nosotros, y traiga de vuelta a todos los que lo acompañan».
2Sa 19:15 Así que el rey emprendió su regreso a Jerusalén. Cuando llegó al río Jordán, la gente de Judá fue hasta Gilgal para encontrarse con él y escoltarlo hasta el otro lado del río.
2Sa 19:16 Simei, hijo de Gera, el hombre de Bahurim de Benjamín, se apresuró a cruzar junto con los hombres de Judá para darle la bienvenida al rey David.
2Sa 19:17 Otros mil hombres de la tribu de Benjamín estaban con él, entre ellos Siba, el sirviente principal de la casa de Saúl, los quince hijos de Siba y sus veinte sirvientes. Bajaron corriendo hasta llegar al Jordán para recibir al rey.
2Sa 19:18 Cruzaron los bajíos del Jordán para llevar a todos los de la casa del rey al otro lado del río, ayudándolo en todo lo que pudieron. Cuando el rey estaba a punto de cruzar el río, Simei cayó de rodillas ante él.
2Sa 19:19 —Mi señor el rey, por favor, perdóneme —le rogó—. Olvide la terrible cosa que su siervo hizo cuando usted dejó Jerusalén. Que el rey lo borre de su mente.
2Sa 19:20 Estoy consciente de cuánto he pecado. Es por eso que he venido aquí este día, siendo el primero en todo Israel* en recibir a mi señor el rey.
2Sa 19:21 Entonces Abisai hijo de Sarvia dijo: —¡Simei debe morir, porque maldijo al rey ungido por el SEÑOR!
2Sa 19:22 —¿Quién les pidió su opinión a ustedes, hijos de Sarvia? —exclamó David—. ¿Por qué hoy se han convertido en mis adversarios?* ¡Éste no es un día de ejecución, sino de celebración! ¡Hoy he vuelto a ser el rey de Israel!
2Sa 19:23 Entonces, volviéndose a Simei, David juró: —Se te perdonará la vida.
2Sa 19:24 Ahora bien, Mefiboset,* el nieto de Saúl, descendió de Jerusalén para encontrarse con el rey. No había cuidado sus pies, cortado su barba ni lavado su ropa desde el día en que el rey dejó Jerusalén.
2Sa 19:25 —¿Por qué no viniste conmigo, Mefiboset? —le preguntó el rey.
2Sa 19:26 Mefiboset contestó: —Mi señor el rey, mi siervo Siba me engañó. Le dije: “Ensilla mi burro* para que pueda ir con el rey”. Pues como usted sabe, soy lisiado.
2Sa 19:27 Siba me calumnió cuando dijo que me negué a venir. Pero sé que mi señor el rey es como un ángel de Dios, así que haga como mejor le parezca.
2Sa 19:28 Todos mis parientes y yo sólo podíamos esperar la muerte de su parte, mi señor, ¡pero en cambio me honró al permitirme comer a su propia mesa! ¿Qué más puedo pedir?
2Sa 19:29 —Ya dijiste suficiente —respondió David—. He decidido que tú y Siba se dividan tu tierra en partes iguales.
2Sa 19:30 —Désela toda a él —dijo Mefiboset—. ¡Estoy satisfecho con que haya vuelto a salvo, mi señor el rey!
2Sa 19:31 Barzilai de Galaad había descendido de Rogelim para escoltar al rey a cruzar el Jordán.
2Sa 19:32 Él era muy anciano, tenía unos ochenta años, y era muy rico. Él fue quien proveyó el alimento para el rey durante el tiempo que pasó en Mahanaim.
2Sa 19:33 —Cruza el río conmigo y quédate a vivir en Jerusalén —le dijo el rey a Barzilai—. Y allí me haré cargo de ti.
2Sa 19:34 —No —le respondió—, soy demasiado viejo para ir con el rey a Jerusalén.
2Sa 19:35 Ahora tengo ochenta años de edad, y ya no puedo disfrutar de nada. La comida y el vino ya no tienen sabor, tampoco puedo oír las voces de los cantantes. Sería nada más una carga para mi señor el rey.
2Sa 19:36 ¡Tan sólo cruzar el río Jordán con el rey es todo el honor que necesito!
2Sa 19:37 Después déjeme regresar para que muera en mi ciudad, donde están enterrados mi padre y mi madre. Pero aquí está su siervo, mi hijo Quimam; permítale que él vaya con mi señor el rey y que reciba lo que usted quiera darle.
2Sa 19:38 —Muy bien —acordó el rey—. Quimam irá conmigo, y lo ayudaré en cualquier forma que tú quieras; haré por ti cualquier cosa que desees.
2Sa 19:39 Luego toda la gente cruzó el Jordán junto con el rey. Después que David lo hubo bendecido y besado, Barzilai regresó a su propia casa.
2Sa 19:40 El rey cruzó el Jordán hacia Gilgal, y llevó a Quimam con él. Todas las tropas de Judá y la mitad de las de Israel escoltaron al rey en su camino.
2Sa 19:41 Pero todos los hombres de Israel se quejaron con el rey: —Los hombres de Judá se adueñaron del rey y no nos dieron el honor de ayudarlo a usted ni a los de su casa ni a sus hombres a cruzar el Jordán.
2Sa 19:42 Los hombres de Judá respondieron: —El rey es un pariente cercano. ¿Por qué tienen que enojarse por eso? ¡No hemos tocado la comida del rey ni hemos recibido algún favor especial!
2Sa 19:43 —Pero hay diez tribus en Israel —le respondieron los otros—. De modo que tenemos diez veces más derecho sobre el rey que ustedes. ¿Qué derecho tienen de tratarnos con tanto desprecio? ¿Acaso no fuimos nosotros los primeros en hablar de traerlo de regreso para que fuera de nuevo nuestro rey? La discusión continuó entre unos y otros, y los hombres de Judá hablaron con más dureza que los de Israel.

sábado, 21 de mayo de 2016

LECTURA BÍBLICA 21 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    15:1-15

Mar 15:1 Muy temprano por la mañana, los principales sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley religiosa —todo el Concilio Supremo* —se reunieron para hablar del próximo paso. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador romano.
Mar 15:2 Pilato le preguntó a Jesús: —¿Eres tú el rey de los judíos? —Tú lo has dicho —contestó Jesús.
Mar 15:3 Entonces los principales sacerdotes siguieron acusándolo de muchos delitos,
Mar 15:4 y Pilato le preguntó: «¿No vas a contestarles? ¿Qué me dices de las acusaciones que presentan en tu contra?».
Mar 15:5 Pero, para sorpresa de Pilato, Jesús no dijo nada.
Mar 15:6 Ahora bien, era costumbre del gobernador cada año, durante la celebración de la Pascua, poner en libertad a un preso, el que la gente pidiera.
Mar 15:7 Uno de los presos en ese tiempo era Barrabás, un revolucionario que había cometido un asesinato durante un levantamiento.
Mar 15:8 La multitud acudió a Pilato y le pidió que soltara a un preso como era la costumbre.
Mar 15:9 «¿Quieren que les deje en libertad a este “rey de los judíos”?» —preguntó Pilato.
Mar 15:10 (Pues ya se había dado cuenta de que los principales sacerdotes habían arrestado a Jesús por envidia).
Mar 15:11 Pero, en ese momento, los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que exigiera la libertad de Barrabás en lugar de la de Jesús.
Mar 15:12 Pilato les preguntó: —Entonces, ¿qué hago con este hombre al que ustedes llaman rey de los judíos?
Mar 15:13 —¡Crucifícalo! —le contestaron a gritos.
Mar 15:14 —¿Por qué? —insistió Pilato —. ¿Qué crimen ha cometido? Pero la turba rugió aún más fuerte: —¡Crucifícalo!
Mar 15:15 Entonces Pilato, para calmar a la multitud, dejó a Barrabás en libertad. Y mandó azotar a Jesús con un látigo que tenía puntas de plomo, y después lo entregó a los soldados romanos para que lo crucificaran.



GÁLATAS 4:1-20

Gál 4:1 Piénsenlo de la siguiente manera: si un padre muere y deja una herencia a sus hijos pequeños, esos niños no están en mejor situación que los esclavos hasta que se hagan mayores de edad, a pesar de que en verdad son dueños de todas las posesiones de su padre.
Gál 4:2 Tienen que obedecer a sus tutores hasta que cumplan la edad establecida por su padre.
Gál 4:3 Eso mismo sucedía con nosotros antes de que viniera Cristo. Éramos como niños; éramos esclavos de los principios* espirituales básicos de este mundo.
Gál 4:4 Pero, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley.
Gál 4:5 Dios lo envió para que comprara la libertad de los que éramos esclavos de la ley, a fin de poder adoptarnos como sus propios hijos.
Gál 4:6 Y, debido a que somos* sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestro corazón, el cual nos impulsa a exclamar «Abba, Padre»*.
Gál 4:7 Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios. Y, como eres su hijo, Dios te ha hecho su heredero.
Gál 4:8 Antes de conocer a Dios, ustedes, los gentiles,* eran esclavos de los llamados dioses, que ni siquiera existen.
Gál 4:9 Así que, ahora que conocen a Dios (o mejor dicho, ahora que Dios los conoce a ustedes), ¿por qué quieren retroceder y convertirse otra vez en esclavos de los débiles e inútiles principios espirituales de este mundo?
Gál 4:10 Pretenden ganarse el favor de Dios al cumplir con ciertos días o meses, estaciones o años.
Gál 4:11 Temo por ustedes. Quizá todo el arduo trabajo que hice entre ustedes fue en vano.
Gál 4:12 Amados hermanos, les ruego que vivan como yo, libres de esas cosas, pues yo llegué a ser como ustedes, los gentiles, libre de esas leyes. Ustedes no me trataron mal cuando les prediqué por primera vez.
Gál 4:13 Sin duda, recordarán que yo estaba enfermo la primera vez que les llevé la Buena Noticia.
Gál 4:14 Pero, aunque mi condición los tentaba a no aceptarme, ustedes no me despreciaron ni me rechazaron. Todo lo contrario, me recibieron y me cuidaron como si yo fuera un ángel de Dios o incluso el mismo Cristo Jesús.
Gál 4:15 ¿Dónde ha ido a parar el espíritu de alegría y de gratitud que antes tenían? Estoy seguro de que ustedes se hubieran arrancado los propios ojos para dármelos de haber sido posible.
Gál 4:16 ¿Acaso ahora me volví su enemigo porque les digo la verdad?
Gál 4:17 Esos falsos maestros están muy ansiosos de ganarse el favor de ustedes, pero sus intenciones no son nada buenas. Lo que quieren es aislarlos de mí para que ustedes sólo les presten atención a ellos.
Gál 4:18 Si alguien quiere hacer cosas buenas por ustedes, no hay ningún problema; pero que lo haga en todo tiempo, no sólo cuando estoy con ustedes.
Gál 4:19 ¡Oh mis hijos queridos! Siento como si volviera a sufrir dolores de parto por ustedes, y seguirán hasta que Cristo se forme por completo en sus vidas.
Gál 4:20 Desearía estar con ustedes en este momento para poder hablarles en otro tono. Pero, estando tan lejos, no sé qué más puedo hacer para ayudarlos.




SALMO 114

Sal 114:1 Cuando los israelitas escaparon de Egipto —cuando la familia de Jacob dejó esa tierra extranjera—,
Sal 114:2 la tierra de Judá se convirtió en el santuario de Dios, e Israel llegó a ser su reino.
Sal 114:3 El mar Rojo* los vio venir y se apuró a quitarse del camino; el agua del río Jordán se hizo a un lado.
Sal 114:4 ¡Las montañas saltaron como carneros, las colinas brincaron como corderos!
Sal 114:5 ¿Qué te pasa, mar Rojo, qué te llevó a quitarte del camino? ¿Qué sucedió, río Jordán, que te hiciste a un lado?
Sal 114:6 Montañas, ¿por qué saltaron como carneros? Colinas, ¿por qué brincaron como corderos?
Sal 114:7 Tiembla, oh tierra, ante la presencia del Señor, ante el Dios de Jacob.
Sal 114:8 Él convirtió la roca en una laguna de agua; sí, de la roca sólida fluyó un manantial.


LECTURA PARA LA NOCHE

2 SAMUEL    16-17

2Sa 16:1 Cuando David pasó un poco más allá de la cima del monte de los Olivos, Siba, el siervo de Mefiboset,* lo estaba esperando. Tenía dos burros cargados con doscientos panes, cien racimos de pasas, cien ramas con frutas de verano y un cuero lleno de vino.
2Sa 16:2 —¿Para qué es todo esto? —le preguntó el rey a Siba. —Los burros son para que monten los que acompañen al rey —contestó Siba—, y el pan y la fruta son para que coman los jóvenes. El vino es para los que se agoten en el desierto.
2Sa 16:3 —¿Y dónde está Mefiboset, el nieto de Saúl? —le preguntó el rey. —Se quedó en Jerusalén —contestó Siba—. Dijo: “Hoy recobraré el reino de mi abuelo Saúl”.
2Sa 16:4 —En ese caso —le dijo el rey a Siba—, te doy todo lo que le pertenece a Mefiboset. —Me inclino ante usted —respondió Siba—, que yo siempre pueda complacerlo, mi señor el rey.
2Sa 16:5 Mientras el rey David llegaba a Bahurim, salió un hombre de la aldea maldiciéndolos. Era Simei, hijo de Gera, del mismo clan de la familia de Saúl.
2Sa 16:6 Les arrojó piedras al rey, a los oficiales del rey y a los guerreros valientes que lo rodeaban.
2Sa 16:7 —¡Vete de aquí, asesino y sinvergüenza! —le gritó a David—.
2Sa 16:8 El SEÑOR te está pagando por todo el derramamiento de sangre en el clan de Saúl. Le robaste el trono, y ahora el SEÑOR se lo ha dado a tu hijo Absalón. Al fin te van a pagar con la misma moneda, ¡porque eres un asesino!
2Sa 16:9 —¿Cómo es posible que este perro muerto maldiga a mi señor el rey? —exclamó Abisai, el hijo de Sarvia—. ¡Déjeme ir y cortarle la cabeza!
2Sa 16:10 —¡No! —dijo el rey—. ¿Quién les pidió su opinión a ustedes, los hijos de Sarvia? Si el SEÑOR le dijo que me maldijera, ¿quiénes son ustedes para detenerlo?
2Sa 16:11 Entonces David les dijo a Abisai y a sus sirvientes: —Mi propio hijo quiere matarme, ¿acaso no tiene este pariente de Saúl* todavía más motivos para hacerlo? Déjenlo en paz y permítanle que maldiga, porque el SEÑOR le dijo que lo hiciera.
2Sa 16:12 Y tal vez el SEÑOR vea con cuánta injusticia me han tratado y me bendiga a causa de estas maldiciones que sufrí hoy.
2Sa 16:13 Así que David y sus hombres continuaron por el camino, y Simei les seguía el paso desde un cerro cercano, maldiciendo mientras caminaba, tirándole piedras a David y arrojando polvo al aire.
2Sa 16:14 El rey y todos lo que estaban con él se fatigaron en el camino, así que descansaron cuando llegaron al río Jordán.*
2Sa 16:15 Mientras tanto, Absalón y todo el ejército de Israel llegaron a Jerusalén acompañados por Ahitofel.
2Sa 16:16 Cuando llegó Husai el arquita, el amigo de David, enseguida fue a ver a Absalón. —¡Viva el rey! —exclamó—. ¡Viva el rey!
2Sa 16:17 —¿Es ésta la forma en que tratas a tu amigo David? —le preguntó Absalón—. ¿Por qué no estás con él?
2Sa 16:18 —Estoy aquí porque le pertenezco al hombre que fue escogido por el SEÑOR y por todos los hombres de Israel —le respondió Husai—.
2Sa 16:19 De todos modos, ¿por qué no te serviré? Así como fui el consejero de tu padre, ¡ahora seré tu consejero!
2Sa 16:20 Después Absalón se volvió a Ahitofel y le preguntó: —¿Qué debo hacer ahora?
2Sa 16:21 —Ve y acuéstate con las concubinas de tu padre —contestó Ahitofel—, porque él las dejó aquí para que cuidaran el palacio. Entonces todo Israel sabrá que has insultado a tu padre más allá de toda esperanza de reconciliación, y el pueblo te dará su apoyo.
2Sa 16:22 Entonces levantaron una carpa en la azotea del palacio para que todos pudieran verla, y Absalón entró y tuvo sexo con las concubinas de su padre.
2Sa 16:23 Absalón siguió el consejo de Ahitofel, tal como lo había hecho David, porque cada palabra que decía Ahitofel parecía tan sabia como si hubiera salido directamente de la boca de Dios.
2Sa 17:1 Entonces Ahitofel dijo a Absalón: «Déjame escoger a doce mil hombres que salgan en busca de David esta noche.
2Sa 17:2 Lo alcanzaré cuando esté agotado y desanimado. Él y sus tropas se dejarán llevar por el pánico y todos huirán. Luego mataré sólo al rey
2Sa 17:3 y te traeré de regreso a toda la gente, así como una recién casada vuelve a su marido. Después de todo, es la vida de un solo hombre la que buscas.* Entonces estarás en paz con todo el pueblo».
2Sa 17:4 Este plan les pareció bien a Absalón y a todos los ancianos de Israel.
2Sa 17:5 Pero después Absalón dijo: —Traigan a Husai el arquita. Veamos lo que él piensa acerca de este plan.
2Sa 17:6 Cuando Husai llegó, Absalón le contó lo que Ahitofel había dicho y le preguntó: —¿Qué opinas? ¿Debemos seguir el consejo de Ahitofel? Si no, ¿qué sugieres?
2Sa 17:7 —Bueno —le contestó Husai— esta vez Ahitofel se equivocó.
2Sa 17:8 Tú conoces a tu padre y a sus hombres; son guerreros poderosos. En este momento están tan enfurecidos como una osa a la que le han robado sus cachorros. Y recuerda que tu padre es un hombre de guerra con experiencia. Él no pasará la noche con las tropas.
2Sa 17:9 Seguramente ya está escondido en algún pozo o en alguna cueva. Y cuando salga y ataque, y mueran unos cuantos de tus hombres, entonces habrá pánico entre tus tropas, y se correrá la voz de que están masacrando a los hombres de Absalón.
2Sa 17:10 Así pues hasta los soldados más valientes, aunque tengan el corazón de un león, quedarán paralizados de miedo, porque todo Israel sabe qué poderoso guerrero es tu padre y qué valientes son sus hombres.
2Sa 17:11 »Recomiendo que movilices a todo el ejército de Israel y que llames a los soldados desde tan lejos como Dan al norte y Beerseba al sur. De esa manera tendrás un ejército tan numeroso como la arena a la orilla del mar. Y te aconsejo que tú personalmente dirijas las tropas.
2Sa 17:12 Cuando encontremos a David, caeremos sobre él como el rocío que cae sobre la tierra. De este modo ni él ni ninguno de sus hombres quedarán con vida.
2Sa 17:13 Y si David llegara a escapar a una ciudad, tú tendrás a todo Israel allí a tu mando. Luego podremos tomar sogas y arrastrar las murallas de la ciudad al valle más cercano, hasta que cada piedra haya sido derribada.
2Sa 17:14 Absalón y todos los hombres de Israel dijeron: «El consejo de Husai es mejor que el de Ahitofel». Pues el SEÑOR había decidido frustrar el consejo de Ahitofel, que en realidad era un plan mejor, ¡para poder traer la calamidad sobre Absalón!
2Sa 17:15 Husai les contó a Sadoc y a Abiatar, los sacerdotes, lo que Ahitofel les había dicho a Absalón y a los ancianos de Israel así como lo que él mismo había aconsejado.
2Sa 17:16 «¡Rápido! —les dijo—. Encuentren a David e insístanle que no se quede en los bajíos del río Jordán* esta noche. De inmediato debe cruzar e internarse en el desierto. De lo contrario moriran, él y todo su ejército».
2Sa 17:17 Jonatán y Ahimaas se habían quedado en En-rogel para no ser vistos al entrar ni al salir de la ciudad. Habían acordado que una sirvienta les llevaría el mensaje que ellos debían darle al rey David.
2Sa 17:18 Sin embargo, un muchacho los vio en En-rogel, y se lo contó a Absalón, así que escaparon a toda prisa a Bahurim donde un hombre los escondió dentro de un pozo en su patio.
2Sa 17:19 La esposa del hombre puso una tela sobre la boca del pozo y esparció grano encima para que se secara al sol; por eso nadie sospechó que estaban allí.
2Sa 17:20 Cuando llegaron los hombres de Absalón, le preguntaron a la mujer: —¿Has visto a Ahimaas y a Jonatán? La mujer contestó: —Estuvieron aquí, pero cruzaron el arroyo. Entonces los hombres de Absalón los buscaron sin éxito y regresaron a Jerusalén.
2Sa 17:21 Luego los dos hombres salieron del pozo y se apresuraron a ir donde estaba el rey David. «¡Rápido —le dijeron—, cruce el Jordán esta misma noche!». Y le contaron cómo Ahitofel había aconsejado que lo capturaran y lo mataran.
2Sa 17:22 Entonces David y los que estaban con él cruzaron el río Jordán durante la noche, y todos llegaron a la otra orilla antes del amanecer.
2Sa 17:23 Cuando Ahitofel se dio cuenta de que no se había seguido su consejo, ensilló su burro y se fue a su pueblo natal, donde puso sus asuntos en orden y se ahorcó. Murió allí y lo enterraron en la tumba de la familia.
2Sa 17:24 Pronto David llegó a Mahanaim. A estas alturas, Absalón había movilizado a todo el ejército de Israel y estaba guiando a sus tropas a través del río Jordán.
2Sa 17:25 Absalón había nombrado a Amasa comandante de su ejército para reemplazar a Joab, quien había sido el comandante bajo David. (Amasa era primo de Joab. Su padre era Jeter,* un ismaelita.* Su madre, Abigail, hija de Nahas, era hermana de Sarvia, la madre de Joab).
2Sa 17:26 Absalón y el ejército israelita armaron el campamento en la tierra de Galaad.
2Sa 17:27 Cuando David llegó a Mahanaim, fue recibido calurosamente por Sobi, hijo de Nahas, que venía de Rabá de los amonitas; por Maquir, hijo de Amiel, de Lodebar; y por Barzilai de Galaad, que era de Rogelim.
2Sa 17:28 Ellos trajeron camillas, ollas de cocina, recipientes para servir, trigo y cebada, harina y grano tostado, frijoles, lentejas,
2Sa 17:29 miel, mantequilla, ovejas, cabras y queso para David y los que estaban con él porque dijeron: «Todos ustedes deben estar muy hambrientos, cansados y con sed después de su largo caminar por el desierto».

viernes, 20 de mayo de 2016

LECTURA BÍBLICA 20 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    14:66-72

Mar 14:66 Mientras tanto, Pedro estaba abajo, en el patio. Una de las sirvientas que trabajaba para el sumo sacerdote pasó
Mar 14:67 y vio que Pedro se calentaba junto a la fogata. Se quedó mirándolo y dijo: —Tú eres uno de los que estaban con Jesús de Nazaret.*
Mar 14:68 Pero Pedro lo negó y dijo: —No sé de qué hablas. Y salió afuera, a la entrada. En ese instante, cantó un gallo.*
Mar 14:69 Cuando la sirvienta vio a Pedro parado allí, comenzó a decirles a los otros: «¡No hay duda de que este hombre es uno de ellos!».
Mar 14:70 Pero Pedro lo negó otra vez. Un poco más tarde, algunos de los otros que estaban allí confrontaron a Pedro y dijeron: —Seguro que tú eres uno de ellos, porque eres galileo.
Mar 14:71 Pedro juró: —¡Que me caiga una maldición si les miento! ¡No conozco a ese hombre del que hablan!
Mar 14:72 Inmediatamente, el gallo cantó por segunda vez. De repente, las palabras de Jesús pasaron rápidamente por la mente de Pedro: «Antes de que cante el gallo dos veces, negarás tres veces que me conoces»; y se echó a llorar.





GÁLATAS 3:15-29

Gál 3:15 Amados hermanos, el siguiente es un ejemplo de la vida diaria: así como nadie puede anular ni modificar un acuerdo irrevocable, tampoco en este caso.
Gál 3:16 Dios ha dado las promesas a Abraham y a su hijo.* Y noten que la Escritura no dice «a sus hijos»*, como si significara muchos descendientes. Más bien, dice «a su hijo», y eso sin duda se refiere a Cristo.
Gál 3:17 Lo que trato de decir es lo siguiente: el acuerdo que Dios hizo con Abraham no podía anularse cuatrocientos treinta años más tarde —cuando Dios le dio la ley a Moisés—, porque Dios estaría rompiendo su promesa.
Gál 3:18 Pues, si fuera posible recibir la herencia por cumplir la ley, entonces esa herencia ya no sería el resultado de aceptar la promesa de Dios. Pero Dios, por su gracia, se la concedió a Abraham mediante una promesa.
Gál 3:19 Entonces, ¿para qué se entregó la ley? Fue añadida a la promesa para mostrarle a la gente sus pecados. Pero la intención era que la ley durara sólo hasta la llegada del Hijo prometido. Por medio de ángeles, Dios entregó su ley a Moisés, quien hizo de mediador entre Dios y el pueblo.
Gál 3:20 Ahora bien, un mediador es de ayuda si dos o más partes tienen que llegar a un acuerdo. Pero Dios —quien es uno solo —no usó ningún mediador cuando le dio la promesa a Abraham.
Gál 3:21 ¿Hay algún conflicto, entonces, entre la ley de Dios y las promesas de Dios?* ¡De ninguna manera! Si la ley pudiera darnos vida nueva, nosotros podríamos hacernos justos ante Dios por obedecerla.
Gál 3:22 Pero las Escrituras declaran que todos somos prisioneros del pecado, así que recibimos la promesa de libertad que Dios hizo únicamente por creer en Jesucristo.
Gál 3:23 Antes de que se nos abriera el camino de la fe en Cristo, estábamos vigilados por la ley. Nos mantuvo en custodia protectora, por así decirlo, hasta que fuera revelado el camino de la fe.
Gál 3:24 Dicho de otra manera, la ley fue nuestra tutora hasta que vino Cristo; nos protegió hasta que se nos declarara justos ante Dios por medio de la fe.
Gál 3:25 Y ahora que ha llegado el camino de la fe, ya no necesitamos que la ley sea nuestra tutora.
Gál 3:26 Pues todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
Gál 3:27 Y todos los que fueron unidos a Cristo en el bautismo se han puesto a Cristo como si se pusieran ropa nueva.*
Gál 3:28 Ya no hay judío ni gentil,* esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.
Gál 3:29 Y, ahora que pertenecen a Cristo, son verdaderos hijos* de Abraham. Son sus herederos, y la promesa de Dios a Abraham les pertenece a ustedes.



SALMO 113

Sal 113:1 ¡Alabado sea el SEÑOR! Sí, alábenle, oh siervos del SEÑOR, ¡alaben el nombre del SEÑOR!
Sal 113:2 Bendito sea el nombre del SEÑOR ahora y para siempre.
Sal 113:3 En todas partes —del Oriente al Occidente—, alaben el nombre del SEÑOR.
Sal 113:4 Él está por encima de las naciones; su gloria es más alta que los cielos.
Sal 113:5 ¿Quién puede compararse con el SEÑOR nuestro Dios, quien está entronizado en las alturas?
Sal 113:6 Él se inclina para mirar el cielo y la tierra.
Sal 113:7 Levanta del polvo a los pobres, y a los necesitados, del basurero.
Sal 113:8 Los pone entre príncipes, ¡incluso entre los príncipes de su propio pueblo!
Sal 113:9 A la mujer sin hijos le da una familia y la transforma en una madre feliz. ¡Alabado sea el SEÑOR!

LECTURA PARA LA NOCHE

2 SAMUEL    14-15

2Sa 14:1 Joab se dio cuenta de cuánto el rey deseaba ver a Absalón.
2Sa 14:2 Así que mandó llamar a una mujer de Tecoa que tenía fama de ser muy sabia. Le dijo: «Finge que estás de duelo; ponte ropa de luto y no uses lociones.* Actúa como una mujer que ha estado de duelo por mucho tiempo.
2Sa 14:3 Entonces ve al rey y dile la historia que te voy a contar». Luego Joab le dijo lo que tenía que decir.
2Sa 14:4 Cuando la mujer de Tecoa se acercó al rey, se inclinó rostro en tierra con profundo respeto y exclamó: —¡Oh rey, ayúdeme!
2Sa 14:5 —¿Qué problema tienes? —preguntó el rey. —¡Ay de mí que soy viuda! —contestó ella—. Mi esposo está muerto y
2Sa 14:6 mis dos hijos se pelearon en el campo y, como no había nadie que los separara, uno de ellos resultó muerto.
2Sa 14:7 Ahora el resto de la familia me exige: “Entréganos a tu hijo y lo ejecutaremos por haber matado a su hermano. No merece heredar la propiedad familiar”. Quieren extinguir la única brasa que me queda, y el nombre y la familia de mi esposo desaparecerán de la faz de la tierra.
2Sa 14:8 —Yo me encargo de este asunto —le dijo el rey—. Ve a tu casa, yo me aseguraré de que nadie lo toque.
2Sa 14:9 —¡Oh gracias, mi señor el rey! —le respondió la mujer de Tecoa—. Si lo critican por ayudarme, que la culpa caiga sobre mí y sobre la casa de mi padre, y que el rey y su trono sean inocentes.
2Sa 14:10 —Si alguien se opone —le dijo el rey—, tráemelo. ¡Te aseguro que nunca más volverá a molestarte!
2Sa 14:11 Luego ella dijo: —Por favor, júreme por el SEÑOR su Dios que no dejará que nadie tome venganza contra mi hijo. No quiero más derramamiento de sangre. —Tan cierto como que el SEÑOR vive —le respondió—, ¡no se tocará ni un solo cabello de la cabeza de tu hijo!
2Sa 14:12 —Por favor, permítame preguntar una cosa más a mi señor el rey —dijo ella. —Adelante, habla —respondió él.
2Sa 14:13 Ella contestó: —¿Por qué no hace por el pueblo de Dios lo mismo que prometió hacer por mí? Se ha declarado culpable a sí mismo al tomar esta decisión, porque ha rehusado traer a casa a su propio hijo desterrado.
2Sa 14:14 Todos moriremos algún día. Nuestra vida es como agua derramada en el suelo, la cual no se puede volver a juntar. Pero Dios no arrasa con nuestra vida, sino que idea la manera de traernos de regreso cuando hemos estado separados de él.
2Sa 14:15 »He venido a rogarle a mi señor el rey porque la gente me ha amenazado. Me dije: “Tal vez el rey me escuche
2Sa 14:16 y nos rescate de los que quieren quitarnos la herencia* que Dios nos dio.
2Sa 14:17 Sí, mi señor el rey nos devolverá la tranquilidad de espíritu”. Sé que usted es como un ángel de Dios que puede distinguir entre lo bueno y lo malo. Que el SEÑOR su Dios esté con usted.
2Sa 14:18 —Tengo que saber algo —le dijo el rey—, y dime la verdad. —¿Sí, mi señor el rey? —respondió ella.
2Sa 14:19 —¿Joab te incitó a hacer esto? Y la mujer contestó: —Mi señor el rey, ¿cómo podría negarlo? Nadie puede esconder nada de usted. Sí, Joab me envió y me dijo qué decir.
2Sa 14:20 Lo hizo para que pueda ver el asunto con otros ojos. ¡Pero usted es tan sabio como un ángel de Dios, y comprende todo lo que sucede entre nosotros!
2Sa 14:21 Entonces el rey mandó llamar a Joab y le dijo: —Está bien, ve y trae de regreso al joven Absalón.
2Sa 14:22 Joab se inclinó rostro en tierra con profundo respeto y dijo: —Por fin sé que cuento con su favor, mi señor el rey, porque me ha concedido esta petición.
2Sa 14:23 Enseguida Joab fue a Gesur y trajo a Absalón de regreso a Jerusalén.
2Sa 14:24 Pero el rey dio esta orden: «Absalón puede ir a su propia casa, pero jamás vendrá a mi presencia». De manera que Absalón no vio al rey.
2Sa 14:25 Absalón era elogiado como el hombre más apuesto de todo Israel. De pies a cabeza era perfecto.
2Sa 14:26 Se cortaba el cabello una vez al año, y lo hacía sólo porque era muy pesado. ¡El peso de su cabello era de más de dos kilos!*
2Sa 14:27 Tenía tres hijos y una hija. Su hija se llamaba Tamar, y era muy hermosa.
2Sa 14:28 Absalón vivió dos años en Jerusalén, pero nunca pudo ver al rey.
2Sa 14:29 Así que mandó llamar a Joab para pedirle que intercediera por él, pero Joab se negó a ir. Entonces Absalón volvió a enviar por él una segunda vez, pero de nuevo Joab se negó.
2Sa 14:30 Finalmente Absalón les dijo a sus siervos: «Vayan y préndanle fuego al campo de cebada de Joab, el que está junto al mío». Entonces fueron y le prendieron fuego al campo tal como Absalón les había mandado.
2Sa 14:31 Entonces Joab fue a la casa de Absalón y le reclamó: —¿Por qué tus siervos le prendieron fuego a mi campo?
2Sa 14:32 Absalón contestó: —Porque quería que le preguntaras al rey por qué me trajo de Gesur si no tenía intención de verme. Mejor me hubiera quedado allá. Déjame ver al rey; si me encuentra culpable de algo, entonces que me mate.
2Sa 14:33 De manera que Joab le dijo al rey lo que Absalón había dicho. Por fin el rey mandó llamar a Absalón, quien fue y se inclinó ante el rey, y el rey lo besó.
2Sa 15:1 Después Absalón compró un carruaje y caballos, y contrató a cincuenta guardaespaldas para que corrieran delante de él.
2Sa 15:2 Cada mañana se levantaba temprano e iba a la puerta de la ciudad. Cuando la gente llevaba un caso al rey para que lo juzgara, Absalón le preguntaba de qué parte de Israel era, y la persona le mencionaba a qué tribu pertenecía.
2Sa 15:3 Entonces Absalón le decía: «Usted tiene muy buenos argumentos a su favor. ¡Es una pena que el rey no tenga disponible a nadie para que los escuche!
2Sa 15:4 Qué lástima que no soy el juez; si lo fuera, todos podrían traerme sus casos para que los juzgara, y yo les haría justicia».
2Sa 15:5 Cuando alguien trataba de inclinarse ante él, no lo permitía. En cambio, lo tomaba de la mano y lo besaba.
2Sa 15:6 Absalón hacía esto con todos los que venían al rey por justicia, y de este modo se robaba el corazón de todo el pueblo de Israel.
2Sa 15:7 Después de cuatro años,* Absalón le dijo al rey: —Permítame ir a Hebrón a ofrecer un sacrificio al SEÑOR y cumplir un voto que le hice.
2Sa 15:8 Pues mientras su siervo estaba en Gesur en Aram, prometí que le ofrecería sacrificio al SEÑOR en Hebrón* si me traía de regreso a Jerusalén.
2Sa 15:9 —Está bien —le dijo el rey—. Ve y cumple tu voto. Así que Absalón se fue a Hebrón.
2Sa 15:10 Pero mientras estaba allí, envió mensajeros secretos a todas las tribus de Israel para iniciar una rebelión contra el rey. «Tan pronto como oigan el cuerno de carnero —decía el mensaje— deben decir: “Absalón ha sido coronado rey en Hebrón”».
2Sa 15:11 Absalón llevó consigo a doscientos hombres de Jerusalén como invitados, pero ellos no sabían nada de sus intenciones.
2Sa 15:12 Mientras Absalón ofrecía los sacrificios, mandó a buscar a Ahitofel, uno de los consejeros de David que vivía en Gilo. En poco tiempo muchos más se unieron a Absalón, y la conspiración cobró fuerza.
2Sa 15:13 Pronto llegó un mensajero a Jerusalén para decirle a David: «¡Todo Israel se ha unido a Absalón en una conspiración en su contra!».
2Sa 15:14 —Entonces debemos huir de inmediato, ¡si no será muy tarde! —David dijo a sus hombres—. ¡Apresúrense! Si salimos de Jerusalén antes de que llegue Absalón, tanto nosotros como la ciudad nos salvaremos del desastre.
2Sa 15:15 —Estamos con usted —respondieron sus consejeros—. Haga lo que mejor le parezca.
2Sa 15:16 Entonces el rey salió de inmediato junto con todos los de su casa. No dejó a nadie excepto a diez de sus concubinas para que cuidaran el palacio.
2Sa 15:17 Así que el rey y toda su gente salieron a pie, y se detuvieron en la última casa
2Sa 15:18 a fin de que los hombres del rey pasaran al frente. Había seiscientos hombres de Gat que habían venido con David, junto con los guardaespaldas del rey.*
2Sa 15:19 Después el rey se dio vuelta y le dijo a Itai, un líder de los hombres de Gat: —¿Por qué vienes con nosotros? Vuelve al rey Absalón porque tú eres un huésped en Israel, un extranjero en el exilio.
2Sa 15:20 Llegaste hace poco, ¿debería forzarte a vagar con nosotros? Ni siquiera sé a dónde iremos. Regresa y llévate contigo a tus parientes, y que el SEÑOR te muestre su amor inagotable y su fidelidad.*
2Sa 15:21 Pero Itai le respondió al rey: —Juro por el SEÑOR y por el rey que iré dondequiera que mi señor el rey vaya, sin importar lo que pase, ya sea que signifique la vida o la muerte.
2Sa 15:22 David respondió: —Está bien, ven con nosotros. De modo que Itai y todos sus hombres junto con sus familias lo acompañaron.
2Sa 15:23 Entonces todo el pueblo lloraba a gritos cuando el rey y sus seguidores pasaban. Así que cruzaron el valle de Cedrón y fueron hacia el desierto.
2Sa 15:24 Sadoc y todos los levitas también fueron con él cargando el arca del pacto de Dios. Pusieron el arca de Dios en el suelo, y Abiatar ofreció sacrificios* hasta que todos dejaron la ciudad.
2Sa 15:25 Luego el rey le dio instrucciones a Sadoc para que regresara el arca de Dios a la ciudad: «Si al SEÑOR le parece bien —dijo David—, me traerá de regreso para volver a ver el arca y el tabernáculo;*
2Sa 15:26 pero si él ha terminado conmigo, entonces dejemos que haga lo que mejor le parezca».
2Sa 15:27 El rey también le dijo al sacerdote Sadoc: «Mira,* este es mi plan. Tú y Abiatar* deben regresar a la ciudad sin llamar la atención junto con tu hijo Ahimaas y con Jonatán, el hijo de Abiatar.
2Sa 15:28 Yo me detendré en los bajíos del río Jordán* y allí esperaré tu informe».
2Sa 15:29 De este modo Sadoc y Abiatar devolvieron el arca de Dios a la ciudad y allí se quedaron.
2Sa 15:30 Entonces David subió el camino que lleva al monte de los Olivos, llorando mientras caminaba. Llevaba la cabeza cubierta y los pies descalzos en señal de duelo. Las personas que iban con él también se cubrieron la cabeza y lloraron mientras subían el monte.
2Sa 15:31 Cuando alguien le dijo a David que su consejero Ahitofel ahora respaldaba a Absalón, David oró: «¡Oh SEÑOR, haz que Ahitofel le dé consejos necios a Absalón!».
2Sa 15:32 Al llegar David a la cima del monte de los Olivos, donde la gente adoraba a Dios, Husai el arquita lo estaba esperando. Husai había rasgado sus ropas y había echado polvo sobre su cabeza en señal de duelo.
2Sa 15:33 Pero David le dijo: «Si vienes conmigo sólo serás una carga.
2Sa 15:34 Regresa a Jerusalén y dile a Absalón: “Ahora seré tu consejero, oh rey, así como lo fui de tu padre en el pasado”. Entonces podrás frustrar y contrarrestar los consejos de Ahitofel.
2Sa 15:35 Sadoc y Abiatar, los sacerdotes, estarán allí. Diles todo lo que se está planeando en el palacio del rey,
2Sa 15:36 y ellos enviarán a sus hijos Ahimaas y Jonatán para que me cuenten lo que está sucediendo».
2Sa 15:37 Entonces Husai, el amigo de David, regresó a Jerusalén y arribó justo cuando llegaba Absalón.

jueves, 19 de mayo de 2016

LECTURA BÍBLICA 19 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    14:53-65

Mar 14:53 Llevaron a Jesús a la casa del sumo sacerdote, donde se habían reunido los principales sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley religiosa.
Mar 14:54 Mientras tanto, Pedro lo siguió de lejos y entró directamente al patio del sumo sacerdote. Allí se sentó con los guardias para calentarse junto a la fogata.
Mar 14:55 Adentro, los principales sacerdotes y todo el Concilio Supremo* intentaban encontrar pruebas contra Jesús para poder ejecutarlo, pero no pudieron encontrar ninguna.
Mar 14:56 Había muchos falsos testigos que hablaban en contra de él, pero todos se contradecían.
Mar 14:57 Finalmente unos hombres se pusieron de pie y dieron el siguiente falso testimonio:
Mar 14:58 «Nosotros lo oímos decir: “Yo destruiré este templo hecho con manos humanas y en tres días construiré otro, no hecho con manos humanas”».
Mar 14:59 ¡Pero aun así sus relatos no coincidían!
Mar 14:60 Entonces el sumo sacerdote se puso de pie ante todos y le preguntó a Jesús: «Bien, ¿no vas a responder a estos cargos? ¿Qué tienes que decir a tu favor?».
Mar 14:61 Pero Jesús se mantuvo callado y no contestó. Entonces el sumo sacerdote le preguntó: —¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?
Mar 14:62 Jesús dijo: —YO SOY.* Y ustedes verán al Hijo del Hombre sentado en el lugar de poder, a la derecha de Dios,* y viniendo en las nubes del cielo.*
Mar 14:63 Entonces el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras en señal de horror y dijo: «¿Para qué necesitamos más testigos?
Mar 14:64 Todos han oído la blasfemia que dijo. ¿Cuál es el veredicto?». «¡Culpable! —gritaron todos —. ¡Merece morir!».
Mar 14:65 Entonces algunos comenzaron a escupirle, y le vendaron los ojos y le daban puñetazos. «¡Profetízanos!» —se burlaban. Y los guardias lo abofeteaban mientras se lo llevaban.





GÁLATAS 3:1-14

Gál 3:1 ¡Ay gálatas tontos! ¿Quién los ha hechizado? Pues el significado de la muerte de Jesucristo se les explicó con tanta claridad como si lo hubieran visto morir en la cruz.
Gál 3:2 Déjenme hacerles una pregunta: ¿recibieron al Espíritu Santo por obedecer la ley de Moisés? ¡Claro que no! Recibieron al Espíritu porque creyeron el mensaje que escucharon acerca de Cristo.
Gál 3:3 ¿Será posible que sean tan tontos? Después de haber comenzado a vivir la vida cristiana en el Espíritu, ¿por qué ahora tratan de ser perfectos mediante sus propios esfuerzos?
Gál 3:4 ¿Acaso han pasado por tantas experiencias* en vano? ¡No puede ser que no les hayan servido para nada!
Gál 3:5 Vuelvo a preguntarles: ¿acaso Dios les da al Espíritu Santo y hace milagros entre ustedes porque obedecen la ley? ¡Por supuesto que no! Es porque creen el mensaje que oyeron acerca de Cristo.
Gál 3:6 Del mismo modo, «Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe»*.
Gál 3:7 Así que los verdaderos hijos de Abraham son los que ponen su fe en Dios.
Gál 3:8 Es más, las Escrituras previeron este tiempo en el que Dios declararía justos a los gentiles* por causa de su fe. Dios anunció esa Buena Noticia a Abraham hace tiempo, cuando le dijo: «Todas las naciones serán bendecidas por medio de ti»*.
Gál 3:9 Así que todos los que ponen su fe en Cristo participan de la misma bendición que recibió Abraham por causa de su fe.
Gál 3:10 Pero los que dependen de la ley para hacerse justos ante Dios están bajo la maldición de Dios, porque las Escrituras dicen: «Maldito es todo el que no cumple ni obedece cada uno de los mandatos que están escritos en el libro de la Ley de Dios»*.
Gál 3:11 Queda claro, entonces, que nadie puede hacerse justo ante Dios por tratar de cumplir la ley, ya que las Escrituras dicen: «Es por medio de la fe que el justo tiene vida»*.
Gál 3:12 El camino de la fe es muy diferente del camino de la ley, que dice: «Es mediante la obediencia a la ley que una persona tiene vida»*.
Gál 3:13 Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición dictada en la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó sobre sí la maldición de nuestras fechorías. Pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»*.
Gál 3:14 Mediante Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la misma bendición que le prometió a Abraham, a fin de que los creyentes pudiéramos recibir por medio de la fe al Espíritu Santo prometido.*



SALMO 112

Sal 112:1 *¡Alabado sea el SEÑOR! Qué felices son los que temen al SEÑOR y se deleitan en obedecer sus mandatos.
Sal 112:2 Sus hijos tendrán éxito en todas partes; toda una generación de justos será bendecida.
Sal 112:3 Ellos mismos serán ricos, y sus buenas acciones durarán para siempre.
Sal 112:4 La luz brilla en la oscuridad para los justos; son generosos, compasivos y rectos.
Sal 112:5 Les va bien a los que prestan dinero con generosidad y manejan sus negocios equitativamente.
Sal 112:6 A estas personas no las vencerá el mal; a los rectos se les recordará por mucho tiempo.
Sal 112:7 Ellos no tienen miedo de malas noticias; confían plenamente en que el SEÑOR los cuidará.
Sal 112:8 Tienen confianza y viven sin temor, y pueden enfrentar triunfantes a sus enemigos.
Sal 112:9 Comparten con libertad y dan con generosidad a los necesitados; sus buenas acciones serán recordadas para siempre. Ellos tendrán influencia y recibirán honor.
Sal 112:10 Los perversos lo verán y se pondrán furiosos. Rechinarán los dientes de enojo; se escabullirán avergonzados con sus esperanzas frustradas.

LECTURA PARA LA NOCHE

2 SAMUEL    13

2Sa 13:1 Ahora bien, Absalón, hijo de David, tenía una hermana muy hermosa llamada Tamar; y Amnón, su medio hermano, se enamoró perdidamente de ella.
2Sa 13:2 Amnón se obsesionó tanto con Tamar que se enfermó. Ella era virgen, y Amnón pensó que nunca podría poseerla.
2Sa 13:3 Pero Amnón tenía un amigo muy astuto, su primo Jonadab, quien era hijo de Simea, hermano de David.
2Sa 13:4 Cierto día Jonadab le dijo a Amnón: —¿Cuál es el problema? ¿Por qué debe el hijo de un rey verse tan abatido día tras día? Entonces Amnón le dijo: —Estoy enamorado de Tamar, hermana de mi hermano Absalón.
2Sa 13:5 —Bien —dijo Jonadab—, te diré lo que tienes que hacer. Vuelve a la cama y finge que estás enfermo. Cuando tu padre venga a verte, pídele que le permita a Tamar venir y prepararte algo de comer. Dile que te hará sentir mejor si ella prepara los alimentos en tu presencia y te da de comer con sus propias manos.
2Sa 13:6 Entonces Amnón se acostó y fingió estar enfermo. Cuando el rey fue a verlo, Amnón le pidió: «Por favor deja que mi hermana Tamar venga y me prepare mi comida preferida* mientras yo observo, así podré comer de sus manos».
2Sa 13:7 Entonces David aceptó la propuesta y envió a Tamar a la casa de Amnón para que le preparara algo de comer.
2Sa 13:8 Cuando Tamar llegó a la casa de Amnón, fue a donde él estaba acostado para que pudiera verla mientras preparaba la masa. Luego le horneó su comida preferida,
2Sa 13:9 pero cuando ella le llevó la bandeja, Amnón se negó a comer y les dijo a sus sirvientes: «Salgan todos de aquí». Así que todos salieron.
2Sa 13:10 Entonces él le dijo a Tamar: —Ahora trae la comida a mi dormitorio y dame de comer aquí. Tamar le llevó su comida preferida,
2Sa 13:11 pero cuando ella comenzó a darle de comer, la agarró y le insistió: —Ven, mi amada hermana, acuéstate conmigo.
2Sa 13:12 —¡No, hermano mío! —imploró ella—. ¡No seas insensato! ¡No me hagas esto! En Israel no se hace semejante perversidad.
2Sa 13:13 ¿Adónde podría ir con mi vergüenza? Y a ti te dirán que eres uno de los necios más grandes de Israel. Por favor, sólo habla con el rey, y él te permitirá casarte conmigo.
2Sa 13:14 Pero Amnón no quiso escucharla y, como era más fuerte que ella, la violó.
2Sa 13:15 De pronto, el amor de Amnón se transformó en odio, y la llegó a odiar aún más de lo que la había amado. —¡Vete de aquí! —le gruñó.
2Sa 13:16 —¡No, no! —gritó Tamar—. ¡Echarme de aquí ahora es aun peor de lo que ya me has hecho! Pero Amnón no quiso escucharla.
2Sa 13:17 Entonces llamó a su sirviente y le ordenó: —¡Echa fuera a esta mujer y cierra la puerta detrás de ella!
2Sa 13:18 Así que el sirviente la sacó y cerró la puerta detrás de ella. Tamar llevaba puesta una hermosa túnica larga,* como era costumbre en esos días para las hijas vírgenes del rey.
2Sa 13:19 Pero entonces, ella rasgó su túnica y echó ceniza sobre su cabeza y, cubriéndose la cara con las manos, se fue llorando.
2Sa 13:20 Su hermano Absalón la vio y le preguntó: «¿Es verdad que Amnón ha estado contigo? Bien, hermanita, quédate callada por ahora, ya que él es tu hermano. No te angusties por esto». Así pues, Tamar vivió como una mujer desconsolada en la casa de su hermano Absalón.
2Sa 13:21 Cuando el rey David se enteró de lo que había sucedido, se enojó mucho.*
2Sa 13:22 Absalón nunca habló de esto con Amnón, sin embargo, lo odió profundamente por lo que le había hecho a su hermana.
2Sa 13:23 Dos años después, cuando se esquilaban las ovejas de Absalón en Baal-hazor, cerca de Efraín, Absalón invitó a todos los hijos del rey a una fiesta.
2Sa 13:24 Él fue adonde estaba el rey y le dijo: —Mis esquiladores ya se encuentran trabajando. ¿Podrían el rey y sus siervos venir a celebrar esta ocasión conmigo?
2Sa 13:25 El rey contestó: —No, hijo mío. Si fuéramos todos, seríamos mucha carga para ti. Entonces Absalón insistió, pero aun así el rey dijo que no iría, aunque le dio su bendición.
2Sa 13:26 —Bien —le dijo al rey—, si no puedes ir, ¿por qué no envías a mi hermano Amnón con nosotros? —¿Por qué a Amnón? —preguntó el rey.
2Sa 13:27 Pero Absalón siguió insistiendo hasta que por fin el rey accedió y dejó que todos sus hijos asistieran, entre ellos Amnón. Así que Absalón preparó un banquete digno de un rey.*
2Sa 13:28 Absalón les dijo a sus hombres: —Esperen hasta que Amnón se emborrache; entonces, a mi señal, ¡mátenlo! No tengan miedo. Yo soy quien da la orden. ¡Anímense y háganlo!
2Sa 13:29 Por lo tanto, cuando Absalón dio la señal, mataron a Amnón. Enseguida los otros hijos del rey montaron sus mulas y huyeron.
2Sa 13:30 Mientras iban de regreso a Jerusalén, a David le llegó este informe: «Absalón mató a todos los hijos del rey, ¡ninguno quedó con vida!».
2Sa 13:31 Entonces el rey se levantó, rasgó su túnica y se tiró al suelo. Sus consejeros también rasgaron sus ropas en señal de horror y tristeza.
2Sa 13:32 Pero justo en ese momento, Jonadab el hijo de Simea, hermano de David, llegó y dijo: —No, no crea que todos los hijos del rey están muertos, ¡solamente Amnón! Absalón había estado tramando esto desde que Amnón violó a su hermana Tamar.
2Sa 13:33 No, mi señor el rey, ¡no todos sus hijos están muertos! ¡Sólo murió Amnón!
2Sa 13:34 Mientras tanto, Absalón escapó. En ese momento, el centinela que estaba sobre la muralla de Jerusalén vio a una multitud descendiendo de una colina por el camino desde el occidente. Entonces corrió y le dijo al rey: —Veo a una multitud que viene por el camino de Horonaim por la ladera de la colina.*
2Sa 13:35 —¡Mire! —le dijo Jonadab al rey— ¡allí están! Ya vienen los hijos del rey, tal como dije.
2Sa 13:36 Pronto llegaron, llorando y sollozando. Entonces el rey y todos sus siervos lloraron amargamente con ellos.
2Sa 13:37 Y David hizo duelo por su hijo Amnón por muchos días. Absalón huyó adonde estaba su abuelo Talmai, hijo de Amiud, rey de Gesur.
2Sa 13:38 Se quedó en Gesur por tres años.
2Sa 13:39 Y el rey David,* ya resignado de la muerte de Amnón, anhelaba reencontrarse con su hijo Absalón.*

miércoles, 18 de mayo de 2016

LECTURA BÍBLICA 18

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    14:43-52

Mar 14:43 En ese mismo instante, mientras Jesús todavía hablaba, llegó Judas, uno de los doce discípulos, junto con una multitud de hombres armados con espadas y palos. Los habían enviado los principales sacerdotes, los maestros de la ley religiosa y los ancianos.
Mar 14:44 El traidor, Judas, había acordado previamente con ellos una señal: «Sabrán a cuál arrestar cuando yo lo salude con un beso. Entonces podrán llevárselo bajo custodia».
Mar 14:45 En cuanto llegaron, Judas se acercó a Jesús. «¡Rabí!»* —exclamó, y le dio el beso.
Mar 14:46 Entonces los otros agarraron a Jesús y lo arrestaron.
Mar 14:47 Pero uno de los hombres que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al esclavo del sumo sacerdote cortándole una oreja.
Mar 14:48 Jesús les preguntó: «¿Acaso soy un peligroso revolucionario, para que vengan con espadas y palos para arrestarme?
Mar 14:49 ¿Por qué no me arrestaron en el templo? Estuve enseñando allí entre ustedes todos los días. Pero estas cosas suceden para que se cumpla lo que dicen las Escrituras acerca de mí».
Mar 14:50 Entonces todos sus discípulos lo abandonaron y huyeron.
Mar 14:51 Un joven que los seguía sólo llevaba puesta una camisa de noche de lino. Cuando la turba intentó agarrarlo,
Mar 14:52 su camisa de noche se deslizó y huyó desnudo.




GÁLATAS 2

Gál 2:1 Luego, catorce años más tarde, regresé a Jerusalén, esta vez con Bernabé; y Tito también vino.
Gál 2:2 Fui a Jerusalén, porque Dios me reveló que debía hacerlo. Durante mi tiempo allí, me reuní en privado con los que eran reconocidos como los dirigentes de la iglesia y les presenté el mensaje que predico a los gentiles.* Quería asegurarme de que estábamos de acuerdo, porque temía que todos mis esfuerzos hubieran sido inútiles y que estaba corriendo la carrera en vano.
Gál 2:3 Sin embargo ellos me respaldaron y ni siquiera exigieron que mi compañero Tito se circuncidara, a pesar de que era griego.*
Gál 2:4 Incluso esa cuestión surgió sólo a causa de algunos que se dicen cristianos —falsos cristianos en realidad* —, que se habían infiltrado entre nosotros. Se metieron en secreto para espiarnos y privarnos de la libertad que tenemos en Cristo Jesús. Pues querían esclavizarnos y obligarnos a seguir los reglamentos judíos.
Gál 2:5 Pero no nos doblegamos ante ellos ni por un solo instante. Queríamos preservar la verdad del mensaje del evangelio para ustedes.
Gál 2:6 Los líderes de la iglesia no tenían nada que agregar a lo que yo predicaba. (Dicho sea de paso, su fama de grandes líderes a mí no me afectó para nada, porque Dios no tiene favoritos).
Gál 2:7 Al contrario, ellos comprendieron que Dios me había dado la responsabilidad de predicar el evangelio a los gentiles tal como le había dado a Pedro la responsabilidad de predicar a los judíos.
Gál 2:8 Pues el mismo Dios que actuaba por medio de Pedro, apóstol a los judíos, también actuaba por medio de mí, apóstol a los gentiles.
Gál 2:9 De hecho, Santiago, Pedro* y Juan —quienes eran considerados pilares de la iglesia —reconocieron el don que Dios me había dado y nos aceptaron a Bernabé y a mí como sus colegas. Nos animaron a seguir predicando a los gentiles mientras ellos continuaban su tarea con los judíos.
Gál 2:10 La única sugerencia que hicieron fue que siguiéramos ayudando a los pobres, algo que yo siempre tengo deseos de hacer.
Gál 2:11 Pero, cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que enfrentarlo cara a cara, porque él estaba muy equivocado en lo que hacía.
Gál 2:12 Cuando llegó por primera vez, Pedro comía con los gentiles que son cristianos, quienes no estaban circuncidados. Pero después, cuando llegaron algunos amigos de Santiago, Pedro no quiso comer más con esos gentiles. Tenía miedo a la crítica de los que insistían en la necesidad de la circuncisión.
Gál 2:13 Como resultado, otros cristianos judíos imitaron la hipocresía de Pedro, e incluso Bernabé se dejó llevar por esa hipocresía.
Gál 2:14 Cuando vi que ellos no seguían la verdad del mensaje del evangelio, le dije a Pedro delante de todos los demás: «Si tú, que eres judío de nacimiento, dejaste a un lado las leyes judías y vives como un gentil, ¿por qué ahora tratas de obligar a estos gentiles a seguir las tradiciones judías?
Gál 2:15 »Tú y yo somos judíos de nacimiento, no somos “pecadores” como los gentiles.
Gál 2:16 Sin embargo, sabemos que una persona es declarada justa ante Dios por la fe en Jesucristo y no por la obediencia a la ley. Y nosotros hemos creído en Cristo Jesús para poder ser declarados justos ante Dios por causa de nuestra fe en Cristo y no porque hayamos obedecido la ley. Pues nadie jamás será declarado justo ante Dios mediante la obediencia a la ley»*.
Gál 2:17 Pero supongamos que intentamos ser declarados justos ante Dios por medio de la fe en Cristo y luego se nos declara culpables por haber abandonado la ley. ¿Acaso esto quiere decir que Cristo nos ha llevado al pecado? ¡Por supuesto que no!
Gál 2:18 Más bien, soy un pecador si vuelvo a construir el viejo sistema de la ley que ya eché abajo.
Gál 2:19 Pues, cuando intenté obedecer la ley, la ley misma me condenó. Así que morí a la ley —es decir, dejé de intentar cumplir todas sus exigencias —a fin de vivir para Dios.
Gál 2:20 Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Gál 2:21 Yo no tomo la gracia de Dios como algo sin sentido. Pues, si cumplir la ley pudiera hacernos justos ante Dios, entonces no habría sido necesario que Cristo muriera.



SALMO 111

Sal 111:1 *¡Alabado sea el SEÑOR! Daré gracias al SEÑOR con todo mi corazón al reunirme con su pueblo justo.
Sal 111:2 ¡Qué asombrosas son las obras del SEÑOR! Todos los que se deleitan en él deberían considerarlas.
Sal 111:3 Todo lo que él hace revela su gloria y majestad; su justicia nunca falla.
Sal 111:4 Él nos hace recordar sus maravillosas obras. ¡Cuánta gracia y misericordia tiene nuestro SEÑOR!
Sal 111:5 Da alimento a los que le temen; siempre recuerda su pacto.
Sal 111:6 Ha mostrado su gran poder a su pueblo al entregarle las tierras de otras naciones.
Sal 111:7 Todo lo que hace es justo y bueno, y todos sus mandamientos son confiables;
Sal 111:8 siempre son verdaderos, para ser obedecidos fielmente y con integridad.
Sal 111:9 Él pagó el rescate completo por su pueblo y les ha garantizado para siempre el pacto que hizo con ellos. ¡Qué santo e imponente es su nombre!
Sal 111:10 El temor del SEÑOR es la base de la verdadera sabiduría; todos los que obedecen sus mandamientos crecerán en sabiduría. ¡Alábenlo para siempre!


LECTURA PARA LA NOCHE

2 SAMUEL    11-12

2Sa 11:1 En la primavera,* cuando los reyes suelen salir a la guerra, David envió a Joab y al ejército israelita para pelear contra los amonitas. Destruyeron al ejército amonita y sitiaron la ciudad de Rabá. Sin embargo, David se quedó en Jerusalén.
2Sa 11:2 Una tarde, después del descanso de mediodía, David se levantó de la cama y subió a caminar por la azotea del palacio. Mientras miraba hacia la ciudad, vio a una mujer de belleza singular que estaba bañándose.
2Sa 11:3 Luego envió a alguien para que averiguara quién era la mujer y le dijeron: «Es Betsabé, hija de Eliam y esposa de Urías el hitita».
2Sa 11:4 Así que David envió mensajeros para que la trajeran y cuando llegó al palacio, se acostó con ella. Luego ella regresó a su casa. (Betsabé recién había terminado los ritos de purificación posteriores a su período menstrual).
2Sa 11:5 Tiempo después, cuando Betsabé descubrió que estaba embarazada, le envió el siguiente mensaje a David: «Estoy embarazada».
2Sa 11:6 Entonces David envió un mensaje a Joab: «Mándame a Urías el hitita». Así que Joab se lo envió.
2Sa 11:7 Cuando Urías llegó, David le preguntó cómo estaban Joab y el ejército, y cómo marchaba la guerra.
2Sa 11:8 Después le dijo a Urías: «Ve a tu casa a descansar».* David incluso le envió un regalo a Urías apenas este dejó el palacio.
2Sa 11:9 Pero Urías no fue a su casa, sino que durmió esa noche a la entrada del palacio con la guardia real.
2Sa 11:10 Al enterarse David de que Urías no había ido a su casa, lo mandó llamar y le preguntó: —¿Qué pasa? ¿Por qué no fuiste anoche a tu casa después de haber estado fuera por tanto tiempo?
2Sa 11:11 Urías le contestó: —El arca y el ejército de Israel y el de Judá están viviendo en carpas de campaña,* y Joab y los hombres de mi señor están acampando a cielo abierto. ¿Cómo podría yo ir a casa para beber, comer y dormir con mi esposa? Juro que jamás haría semejante cosa.
2Sa 11:12 —Está bien, quédate hoy aquí —le dijo David— y mañana puedes regresar al ejército. Así que Urías se quedó en Jerusalén ese día y el siguiente.
2Sa 11:13 David lo invitó a cenar y lo emborrachó. Pero aun así no logró que Urías se fuera a la casa con su esposa, sino que nuevamente se quedó a dormir a la entrada del palacio con la guardia real.
2Sa 11:14 Entonces, a la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la dio a Urías para que se la entregara.
2Sa 11:15 La carta le daba las siguientes instrucciones a Joab: «Pon a Urías en las líneas del frente, donde la batalla sea más violenta. Luego retrocedan, para que lo maten».
2Sa 11:16 Así que Joab asignó a Urías a un lugar cerca de la muralla de la ciudad donde sabía que peleaban los hombres más fuertes del enemigo.
2Sa 11:17 Y cuando los soldados enemigos salieron de la ciudad para pelear, Urías el hitita murió junto con varios soldados israelitas.
2Sa 11:18 Luego Joab envió a David un informe de la batalla.
2Sa 11:19 Le dijo a su mensajero: «Informa al rey todas las novedades de la batalla.
2Sa 11:20 Pero tal vez se enoje y pregunte: “¿Por qué las tropas se acercaron tanto a la ciudad? ¿Acaso no sabían que dispararían desde la muralla?
2Sa 11:21 ¿No fue Abimelec, hijo de Gedeón,* muerto en Tebes por una mujer que le tiró una piedra de molino desde la muralla? ¿Por qué se acercaron tanto a la muralla?”. Entonces dile: “Murió también Urías el hitita”».
2Sa 11:22 Por lo tanto, el mensajero fue a Jerusalén y le dio un informe completo a David.
2Sa 11:23 —El enemigo salió contra nosotros a campo abierto —le dijo—, y cuando los perseguíamos hasta las puertas de la ciudad,
2Sa 11:24 los arqueros que estaban en la muralla nos dispararon flechas. Mataron a algunos hombres del rey, entre ellos a Urías el hitita.
2Sa 11:25 —Bien, dile a Joab que no se desanime —dijo David—. ¡La espada devora a éste hoy y a aquél mañana! La próxima vez esfuércense más, ¡y conquistarán la ciudad!
2Sa 11:26 Cuando la esposa de Urías se enteró de que su marido había muerto, hizo duelo por él.
2Sa 11:27 Una vez cumplido el período de luto, David mandó que la trajeran al palacio, y pasó a ser una de sus esposas. Luego ella dio a luz un hijo. Pero el SEÑOR estaba disgustado con lo que David había hecho.
2Sa 12:1 Por lo tanto el SEÑOR envió al profeta Natán para que le contara a David la siguiente historia: —Había dos hombres en cierta ciudad; uno era rico y el otro, pobre.
2Sa 12:2 El hombre rico poseía muchas ovejas, y ganado en cantidad.
2Sa 12:3 El pobre no tenía nada, sólo una pequeña oveja que había comprado. Él crió esa ovejita, la cual creció junto con sus hijos. La ovejita comía del mismo plato del dueño y bebía de su vaso, y él la acunaba como a una hija.
2Sa 12:4 Cierto día llegó una visita a la casa del hombre rico. Pero en lugar de matar un animal de su propio rebaño o de su propia manada, tomó la ovejita del hombre pobre, la mató y la preparó para su invitado.
2Sa 12:5 Entonces David se puso furioso. —¡Tan cierto como que el SEÑOR vive —juró—, cualquier hombre que haga semejante cosa merece la muerte!
2Sa 12:6 Debe reparar el daño dándole al hombre pobre cuatro ovejas por la que le robó y por no haber tenido compasión.
2Sa 12:7 Entonces Natán le dijo a David: —¡Tú eres ese hombre! El SEÑOR, Dios de Israel, dice: “Yo te ungí rey de Israel y te libré del poder de Saúl.
2Sa 12:8 Te di la casa de tu amo, sus esposas y los reinos de Israel y Judá. Y si eso no hubiera sido suficiente, te habría dado más, mucho más.
2Sa 12:9 ¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del SEÑOR e hiciste este acto tan horrible? Pues mataste a Urías el hitita con la espada de los amonitas y le robaste a su esposa.
2Sa 12:10 De ahora en adelante, tu familia vivirá por la espada porque me has despreciado al tomar a la esposa de Urías para que sea tu mujer”.
2Sa 12:11 »Esto dice el SEÑOR: “Por lo que has hecho, haré que tu propia familia se rebele en tu contra. Ante tus propios ojos, daré tus mujeres a otro hombre, y él se acostará con ellas a la vista de todos.
2Sa 12:12 Tú lo hiciste en secreto, pero yo haré que esto suceda abiertamente a la vista de todo Israel”.
2Sa 12:13 Entonces David confesó a Natán: —He pecado contra el SEÑOR. Natán respondió: —Sí, pero el SEÑOR te ha perdonado, y no morirás por este pecado.
2Sa 12:14 Sin embargo, como has mostrado un total desprecio por el SEÑOR* con lo que hiciste, tu hijo morirá.
2Sa 12:15 Después que Natán regresó a su casa, el SEÑOR le envió una enfermedad mortal al hijo que David tuvo con la esposa de Urías.
2Sa 12:16 Así que David le suplicó a Dios que perdonara la vida de su hijo, y no comió, y estuvo toda la noche tirado en el suelo.
2Sa 12:17 Entonces los ancianos de su casa le rogaban que se levantara y comiera con ellos, pero él se negó.
2Sa 12:18 Finalmente, al séptimo día, el niño murió. Los consejeros de David tenían temor de decírselo. «No escuchaba razones cuando el niño estaba enfermo —se decían—, ¿qué locura hará cuando le digamos que el niño murió?».
2Sa 12:19 Cuando David vio que susurraban entre sí, se dio cuenta de lo que había pasado. —¿Murió el niño? —preguntó. —Sí —le contestaron—, ya murió.
2Sa 12:20 De inmediato David se levantó del suelo, se lavó, se puso lociones* y se cambió de ropa. Luego fue al tabernáculo a adorar al SEÑOR y después volvió al palacio donde le sirvieron comida y comió.
2Sa 12:21 Sus consejeros estaban asombrados. —No lo entendemos —le dijeron—. Mientras el niño aún vivía, lloraba y rehusaba comer. Pero ahora que el niño ha muerto, usted terminó el duelo y de nuevo está comiendo.
2Sa 12:22 —Ayuné y lloré —respondió David— mientras el niño vivía porque me dije: “Tal vez el SEÑOR sea compasivo conmigo y permita que el niño viva”.
2Sa 12:23 Pero ¿qué motivo tengo para ayunar ahora que ha muerto? ¿Puedo traerlo de nuevo a la vida? Un día yo iré a él, pero él no puede regresar a mí.
2Sa 12:24 Luego David consoló a Betsabé, su esposa, y se acostó con ella. Entonces ella quedó embarazada y dio a luz un hijo, y David* lo llamó Salomón. El SEÑOR amó al niño
2Sa 12:25 y mandó decir por medio del profeta Natán que deberían llamarlo Jedidías (que significa “amado del SEÑOR”) como el SEÑOR había ordenado.*
2Sa 12:26 Mientras tanto, Joab luchaba contra la ciudad de Rabá, la capital de Amón, y tomó las fortificaciones reales.*
2Sa 12:27 Entonces Joab envió mensajeros a David para decirle: «He peleado contra Rabá y he capturado el suministro de agua.*
2Sa 12:28 Ahora traiga al resto del ejército y tome la ciudad, de lo contrario yo seré quien la conquiste y reciba el reconocimiento por la victoria».
2Sa 12:29 Entonces David reunió al resto del ejército y fue a Rabá, peleó contra la ciudad y la tomó.
2Sa 12:30 David quitó la corona de la cabeza del rey* y la colocaron sobre la de él. La corona estaba hecha de oro con gemas incrustadas y pesaba treinta y cuatro kilos.* Además, David se llevó un enorme botín de la ciudad.
2Sa 12:31 También hizo esclavos a los habitantes de Rabá y los forzó a trabajar con* sierras, picos y hachas de hierro, y a trabajar en los hornos de ladrillos.* Así trató a la gente de todas las ciudades amonitas. Luego David regresó a Jerusalén con todo el ejército.

martes, 17 de mayo de 2016

LECTURA BÍBLICA 17 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    14:32-42

Mar 14:32 Fueron al huerto de olivos llamado Getsemaní, y Jesús dijo: «Siéntense aquí mientras yo voy a orar».
Mar 14:33 Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan y comenzó a afligirse y angustiarse profundamente.
Mar 14:34 Les dijo: «Mi alma está destrozada de tanta tristeza, hasta el punto de la muerte. Quédense aquí y velen conmigo».
Mar 14:35 Se adelantó un poco más y cayó en tierra. Pidió en oración que, si fuera posible, pasara de él la horrible hora que le esperaba.
Mar 14:36 «Abba, Padre* —clamó—, todo es posible para ti. Te pido que quites esta copa de sufrimiento de mí. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».
Mar 14:37 Luego volvió y encontró a los discípulos dormidos. Le dijo a Pedro: «Simón, ¿estás dormido? ¿No pudiste velar conmigo ni siquiera una hora?
Mar 14:38 Velen y oren para que no cedan ante la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil».
Mar 14:39 Entonces Jesús los dejó otra vez e hizo la misma oración que antes.
Mar 14:40 Cuando regresó de nuevo adonde estaban ellos, los encontró dormidos porque no podían mantener los ojos abiertos. Y no sabían qué decir.
Mar 14:41 Cuando volvió a ellos por tercera vez, les dijo: «Adelante, duerman, descansen. Pero no, la hora ha llegado. El Hijo del Hombre es traicionado y entregado en manos de pecadores.
Mar 14:42 Levántense, vamos. ¡Miren, el que me traiciona ya está aquí!».




GÁLATAS 1

Gál 1:1 Les escribo, yo, el apóstol Pablo. No fui nombrado apóstol por ningún grupo de personas ni por ninguna autoridad humana, sino por Jesucristo mismo y por Dios Padre, quien levantó a Jesús de los muertos.
Gál 1:2 Todos los hermanos de este lugar se unen a mí para enviar esta carta que escribo, a las iglesias de Galacia.
Gál 1:3 Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo* les concedan gracia y paz.
Gál 1:4 Tal como Dios nuestro Padre lo planeó, Jesús entregó su vida por nuestros pecados para rescatarnos de este mundo de maldad en el que vivimos.
Gál 1:5 ¡A Dios sea toda la gloria por siempre y para siempre! Amén.
Gál 1:6 Estoy horrorizado de que ustedes estén apartándose tan pronto de Dios, quien los llamó a sí mismo por medio de la amorosa misericordia de Cristo.* Están siguiendo un evangelio diferente, que aparenta ser la Buena Noticia,
Gál 1:7 pero no lo es en absoluto. Están siendo engañados por los que a propósito distorsionan la verdad acerca de Cristo.
Gál 1:8 Si alguien —ya sea nosotros o incluso un ángel del cielo —les predica otra Buena Noticia diferente de la que nosotros les hemos predicado, que le caiga la maldición de Dios.
Gál 1:9 Repito lo que ya hemos dicho: si alguien predica otra Buena Noticia distinta de la que ustedes han recibido, que esa persona sea maldita.
Gál 1:10 Queda claro que no es mi intención ganarme el favor de la gente, sino el de Dios. Si mi objetivo fuera agradar a la gente, no sería un siervo de Cristo.
Gál 1:11 Amados hermanos, quiero que entiendan que el mensaje del evangelio que predico no se basa en un simple razonamiento humano.
Gál 1:12 No recibí mi mensaje de ninguna fuente humana ni nadie me lo enseñó. En cambio, lo recibí por revelación directa de Jesucristo.*
Gál 1:13 Ustedes saben cómo me comportaba cuando pertenecía a la religión judía y cómo perseguí con violencia a la iglesia de Dios. Hice todo lo posible por destruirla.
Gál 1:14 Yo superaba ampliamente a mis compatriotas judíos en mi celo por las tradiciones de mis antepasados.
Gál 1:15 Pero aun antes de que yo naciera, Dios me eligió y me llamó por su gracia maravillosa. Luego le agradó
Gál 1:16 revelarme* a su Hijo para que yo proclamara a los gentiles* la Buena Noticia acerca de Jesús. Cuando esto sucedió, no me apresuré a consultar con ningún ser humano.*
Gál 1:17 Tampoco subí a Jerusalén para pedir consejo de los que eran apóstoles antes que yo. En cambio, me fui a la región de Arabia y después regresé a la ciudad de Damasco.
Gál 1:18 Luego, tres años más tarde, fui a Jerusalén para conocer a Pedro* y me quedé quince días con él.
Gál 1:19 El único otro apóstol que conocí en esos días fue Santiago, el hermano del Señor.
Gál 1:20 Declaro delante de Dios que no es mentira lo que les escribo.
Gál 1:21 Después de esa visita, me dirigí al norte, a las provincias de Siria y Cilicia.
Gál 1:22 Y aun así, las congregaciones cristianas de Judea todavía no me conocían personalmente.
Gál 1:23 Todo lo que sabían de mí era lo que la gente decía: «¡El que antes nos perseguía ahora predica la misma fe que trataba de destruir!».
Gál 1:24 Y alababan a Dios por causa de mí.



SALMO 110

Sal 110:1
Salmo de David.
El SEÑOR le dijo a mi Señor: «Siéntate en el lugar de honor a mi derecha, hasta que humille a tus enemigos y los ponga por debajo de tus pies».
Sal 110:2 El SEÑOR extenderá tu poderoso reino desde Jerusalén,* y gobernarás a tus enemigos.
Sal 110:3 Cuando vayas a la guerra, tu pueblo te servirá por voluntad propia. Estás envuelto en vestiduras santas, y tu fuerza se renovará cada día como el rocío de la mañana.
Sal 110:4 El SEÑOR ha hecho un juramento y no romperá su promesa: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec».
Sal 110:5 El Señor está a tu derecha para protegerte; derribará a muchos reyes cuando estalle su enojo.
Sal 110:6 Castigará a las naciones y llenará de cadáveres sus territorios; destrozará cabezas por toda la tierra.
Sal 110:7 Pero él se refrescará en los arroyos junto al camino. Saldrá vencedor.


LECTURA PARA LA NOCHE

2 SAMUEL    8-10

2Sa 8:1 Después David derrotó y sometió a los filisteos al conquistar Gat, su ciudad más grande.*
2Sa 8:2 David también conquistó la tierra de Moab. Hizo que la gente se acostara en el suelo en una fila y con una soga los midió y los separó por grupos. Ejecutó dos grupos por cada grupo que dejó con vida. Los moabitas a quienes se les perdonó la vida, se convirtieron en súbditos de David y tuvieron que pagarle tributo.
2Sa 8:3 David también destruyó las fuerzas de Hadad-ezer, hijo de Rehob, rey de Soba, cuando Hadad-ezer marchó para fortalecer su control a lo largo del río Éufrates.
2Sa 8:4 David capturó mil carros de guerra, siete mil conductores de carros de guerra* y veinte mil soldados de infantería. Les lisió los caballos de tiro, excepto los necesarios para cien carros de guerra.
2Sa 8:5 Cuando los arameos de Damasco llegaron para ayudar al rey Hadad-ezer, David mató a veintidós mil de ellos.
2Sa 8:6 Luego puso varias guarniciones militares en Damasco, la capital aramea, y los arameos se convirtieron en súbditos de David y le pagaban tributo. Así que el SEÑOR le daba la victoria a David dondequiera que iba.
2Sa 8:7 David llevó a Jerusalén los escudos de oro de los oficiales de Hadad-ezer,
2Sa 8:8 junto con una gran cantidad de bronce de las ciudades de Tebah* y Berotai que pertenecían a Hadad-ezer.
2Sa 8:9 Cuando Toi, rey de Hamat, se enteró de que David había destruido a todo el ejército de Hadad-ezer,
2Sa 8:10 envió a su hijo Joram para felicitar al rey David por su exitosa campaña. Hadad-ezer y Toi habían sido enemigos y con frecuencia estaban en guerra. Joram le obsequió a David muchos regalos de plata, de oro y de bronce.
2Sa 8:11 El rey David dedicó todos estos regalos al SEÑOR, así como lo hizo con la plata y el oro de las demás naciones que había derrotado
2Sa 8:12 —de Edom,* de Moab, de Amón, de Filistea y de Amalec— y de Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba.
2Sa 8:13 A raíz de esto, David se volvió muy famoso. Después de su regreso, aniquiló a dieciocho mil edomitas* en el valle de la Sal.
2Sa 8:14 Puso guarniciones militares por todo Edom, y los edomitas se convirtieron en súbditos de David. Es más, el SEÑOR le daba la victoria a David dondequiera que iba.
2Sa 8:15 De modo que David reinó sobre todo Israel e hizo lo que era justo y correcto para su pueblo.
2Sa 8:16 Joab, hijo de Servia, era el comandante del ejército; Josafat, hijo de Ahilud, era el historiador del reino.
2Sa 8:17 Sadoc, hijo de Ahitob, y Ahimelec, hijo de Abiatar, eran los sacerdotes; Seraías era el secretario de la corte.
2Sa 8:18 Benaía, hijo de Joiada, era el capitán de la guardia personal del rey,* y los hijos de David servían como líderes sacerdotales.*
2Sa 9:1 Cierto día, David preguntó: «¿Hay alguien de la familia de Saúl que aún siga con vida, alguien a quien pueda mostrarle bondad por amor a Jonatán?».
2Sa 9:2 Entonces mandó llamar a Siba, un hombre que había sido uno de los siervos de Saúl. —¿Eres tú Siba? —le preguntó el rey. —Sí, señor, lo soy —contestó Siba.
2Sa 9:3 Enseguida el rey le preguntó: —¿Hay alguien de la familia de Saúl que todavía viva? De ser así, quisiera mostrarle la bondad de Dios. Siba le contestó: —Sí, uno de los hijos de Jonatán sigue con vida. Está lisiado de ambos pies.
2Sa 9:4 —¿Dónde está? —preguntó el rey. —En Lodebar —le contestó Siba—, en la casa de Maquir, hijo de Amiel.
2Sa 9:5 Entonces David mandó a buscarlo y lo sacó de la casa de Maquir.
2Sa 9:6 Su nombre era Mefiboset;* era hijo de Jonatán y nieto de Saúl. Cuando se presentó ante David, se postró hasta el suelo con profundo respeto. David dijo: —¡Saludos, Mefiboset! Mefiboset respondió: —Yo soy su siervo.
2Sa 9:7 —¡No tengas miedo! —le dijo David—, mi intención es mostrarte mi bondad por lo que le prometí a tu padre Jonatán. Te daré todas las propiedades que pertenecían a tu abuelo Saúl, y comerás aquí conmigo, a la mesa del rey.
2Sa 9:8 Mefiboset se inclinó respetuosamente y exclamó: —¿Quién es su siervo para que le muestre tal bondad a un perro muerto como yo?
2Sa 9:9 Entonces el rey llamó a Siba, el siervo de Saúl, y dijo: —Le he dado al nieto de tu amo todo lo que pertenecía a Saúl y a su familia.
2Sa 9:10 Tú, tus hijos y tus siervos cultivarán la tierra para él, para que produzca alimento para la casa de tu amo.* Pero Mefiboset, el nieto de tu amo, comerá aquí, a mi mesa. (Siba tenía quince hijos y veinte siervos).
2Sa 9:11 Siba respondió: —Sí, mi señor el rey, yo soy su siervo y haré todo lo que me ha ordenado. A partir de ese momento, Mefiboset comió a la mesa de David,* como si fuera uno de los hijos del rey.
2Sa 9:12 Mefiboset tenía un hijo pequeño llamado Mica. A partir de entonces, todos los miembros de la casa de Siba fueron siervos de Mefiboset.
2Sa 9:13 Y Mefiboset, quien estaba lisiado de ambos pies, vivía en Jerusalén y comía a la mesa del rey.
2Sa 10:1 Después de un tiempo, murió Nahas,* rey de los amonitas, y su hijo Hanún, subió al trono.
2Sa 10:2 David dijo: «Le mostraré lealtad a Hanún, así como su padre Nahas, siempre me fue leal». Entonces David envió embajadores a Hanún para expresarle sus condolencias por la muerte de su padre. Pero cuando los embajadores de David llegaron a la tierra de Amón,
2Sa 10:3 los comandantes amonitas le dijeron a Hanún, su amo: «¿Realmente cree que estos hombres vienen para honrar a su padre? ¡No, David los ha enviado a espiar la ciudad para luego venir y conquistarla!».
2Sa 10:4 Entonces Hanún tomó presos a los embajadores de David, les afeitó la mitad de la barba, les cortó los mantos a la altura de las nalgas y los envió avergonzados de regreso a David.
2Sa 10:5 Cuando llegó a oídos de David lo que había sucedido, envió mensajeros para decirles a los hombres: «Quédense en Jericó hasta que les crezca la barba y luego regresen». Pues se sentían muy avergonzados de su aspecto.
2Sa 10:6 Cuando el pueblo de Amón se dio cuenta de qué tan seriamente había provocado el enojo de David, los amonitas contrataron a veinte mil soldados arameos de infantería de las tierras de Bet-rehob y Soba, mil del rey de Maaca y doce mil de la tierra de Tob.
2Sa 10:7 Cuando David se enteró, envió a Joab con todos sus guerreros a pelear contra ellos.
2Sa 10:8 Las tropas amonitas se pusieron en pie de guerra a la entrada de la puerta de la ciudad, mientras los arameos de Soba y Rehob, junto con los hombres de Tob y Maaca, tomaron posiciones para pelear a campo abierto.
2Sa 10:9 Cuando Joab vio que tendría que luchar tanto por el frente como por la retaguardia, eligió a algunas de las tropas selectas israelitas y las puso bajo su propio mando para luchar contra los arameos a campo abierto.
2Sa 10:10 Dejó al resto del ejército bajo el mando de su hermano Abisai, quien atacaría a los amonitas.
2Sa 10:11 «Si los arameos son demasiado fuertes para mí, entonces ven en mi ayuda —le dijo Joab a su hermano—. Si los amonitas son demasiado fuertes para ti, yo iré en tu ayuda.
2Sa 10:12 ¡Sé valiente! Luchemos con valor por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios, y que se haga la voluntad del SEÑOR».
2Sa 10:13 Cuando Joab y sus tropas atacaron, los arameos comenzaron a huir.
2Sa 10:14 Al ver que los arameos corrían, los amonitas huyeron de Abisai y retrocedieron a la ciudad. Terminada la batalla, Joab regresó a Jerusalén.
2Sa 10:15 Al darse cuenta los arameos de que no podían contra Israel se reagruparon,
2Sa 10:16 y se les unieron tropas adicionales arameas que Hadad-ezer mandó llamar del otro lado del río Éufrates.* Estas tropas llegaron a Helam bajo el mando de Sobac, el comandante de las fuerzas de Hadad-ezer.
2Sa 10:17 Cuando David oyó lo que sucedía, movilizó a todo Israel, cruzó el río Jordán y guió al ejército a Helam. Los arameos se pusieron en formación de batalla y lucharon contra David;
2Sa 10:18 pero nuevamente los arameos huyeron de los israelitas. Esta vez las fuerzas de David mataron a setecientos conductores de carros de guerra y a cuarenta mil soldados de infantería,* entre éstos a Sobac, el comandante del ejército.
2Sa 10:19 Cuando todos los reyes que estaban aliados con Hadad-ezer vieron que Israel los había derrotado, se rindieron a Israel y se convirtieron en sus súbditos. Después de esto, los arameos tuvieron miedo de ayudar a los amonitas.