viernes, 20 de enero de 2017

LECTURA BÍBLICA 20 DE ENERO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MATEO    8:14-22

Mat 8:14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, la suegra de Pedro estaba enferma en cama con mucha fiebre.
Mat 8:15 Pero, cuando Jesús le tocó la mano, la fiebre se fue. Entonces ella se levantó y le preparó una comida.
Mat 8:16 Aquella noche, le llevaron a Jesús muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus malignos con una simple orden y sanó a todos los enfermos.
Mat 8:17 Así se cumplió la palabra del Señor por medio del profeta Isaías, quien dijo: «Se llevó nuestras enfermedades y quitó nuestras dolencias»*.
Mat 8:18 Cuando Jesús vio a la multitud que lo rodeaba, dio instrucciones a sus discípulos de que cruzaran al otro lado del lago.
Mat 8:19 Entonces uno de los maestros de la ley religiosa le dijo: —Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas.
Mat 8:20 Pero Jesús respondió: —Los zorros tienen cuevas donde vivir y los pájaros tienen nidos, pero el Hijo del Hombre* no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza.
Mat 8:21 Otro de sus discípulos dijo: —Señor, deja que primero regrese a casa y entierre a mi padre.
Mat 8:22 Pero Jesús le dijo: —Sígueme ahora. Deja que los muertos espirituales entierren a sus muertos.*


HECHOS 11:19-30

Hch 11:19 Mientras tanto, los creyentes que fueron dispersados durante la persecución que hubo después de la muerte de Esteban, viajaron tan lejos como Fenicia, Chipre y Antioquía de Siria. Predicaban la palabra de Dios, pero sólo a judíos.
Hch 11:20 Sin embargo, algunos de los creyentes que fueron a Antioquía desde Chipre y Cirene les comenzaron a predicar a los gentiles* acerca del Señor Jesús.
Hch 11:21 El poder del Señor estaba con ellos, y un gran número de estos gentiles creyó y se convirtió al Señor.
Hch 11:22 Cuando la iglesia de Jerusalén se enteró de lo que había pasado, enviaron a Bernabé a Antioquía.
Hch 11:23 Cuando él llegó y vio las pruebas de la bendición de Dios, se llenó de alegría y alentó a los creyentes a que permanecieran fieles al Señor.
Hch 11:24 Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y firme en la fe. Y mucha gente llegó al Señor.
Hch 11:25 Después Bernabé siguió hasta Tarso para buscar a Saulo.
Hch 11:26 Cuando lo encontró, lo llevó de regreso a Antioquía. Los dos se quedaron allí con la iglesia durante todo un año, enseñando a grandes multitudes. (Fue en Antioquía donde, por primera vez, a los creyentes* los llamaron «cristianos»).
Hch 11:27 Durante aquellos días, unos profetas viajaron de Jerusalén a Antioquía.
Hch 11:28 Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie en una de las reuniones y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo romano. (Esto se cumplió durante el reinado de Claudio).
Hch 11:29 Así que los creyentes de Antioquía decidieron enviar una ayuda a los hermanos de Judea, y cada uno dio lo que podía.
Hch 11:30 Así lo hicieron, y confiaron sus ofrendas a Bernabé y a Saulo para que las llevaran a los ancianos de la iglesia de Jerusalén.



SALMO 19

Sal 19:1 Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento despliega la destreza de sus manos.
Sal 19:2 Día tras día no cesan de hablar; noche tras noche lo dan a conocer.
Sal 19:3 Hablan sin sonidos ni palabras; su voz jamás se oye.*
Sal 19:4 Sin embargo, su mensaje se ha difundido por toda la tierra y sus palabras, por todo el mundo. Dios preparó un hogar para el sol en los cielos,
Sal 19:5 y éste irrumpe como un novio radiante luego de su boda. Se alegra como un gran atleta, ansioso por correrla carrera.
Sal 19:6 El sol sale de un extremo de los cielos y sigue su curso hasta llegar al otro extremo; nada puede ocultarse de su calor.
Sal 19:7 Las enseñanzas del SEÑOR son perfectas, reavivan el alma. Los decretos del SEÑOR son confiables, hacen sabio al sencillo.
Sal 19:8 Los mandamientos del SEÑOR son rectos, traen alegría al corazón. Los mandatos del SEÑOR son claros, dan buena percepción para vivir.
Sal 19:9 La reverencia al SEÑOR es pura, permanece para siempre. Las leyes del SEÑOR son verdaderas, cada una de ellas es imparcial.
Sal 19:10 Son más deseables que el oro, incluso que el oro más puro. Son más dulces que la miel, incluso que la miel que gotea del panal.
Sal 19:11 Sirven de advertencia para tu siervo, una gran recompensa para quienes las obedecen.
Sal 19:12 ¿Cómo puedo conocer todos los pecados escondidos en mi corazón? Límpiame de estas faltas ocultas.
Sal 19:13 ¡Libra a tu siervo de pecar intencionalmente! No permitas que estos pecados me controlen. Entonces estaré libre de culpa y seré inocente de grandes pecados.
Sal 19:14 Que las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón sean de tu agrado, oh SEÑOR, mi roca y mi redentor.

LECTURA PARA LA NOCHE

GÉNESIS 42-43

Gén 42:1 Cuando Jacob oyó que había grano en Egipto, les dijo a sus hijos: «¿Por qué están ahí sin hacer nada, mirándose uno a otro?
Gén 42:2 He oído que hay grano en Egipto. Desciendan a Egipto y compren suficiente grano para que sigamos con vida. De no ser así, moriremos».
Gén 42:3 Entonces los diez hermanos mayores de José descendieron a Egipto a comprar grano;
Gén 42:4 pero Jacob no dejó que el hermano menor de José, Benjamín, fuera con ellos, por temor a que pudiera sufrir algún daño.
Gén 42:5 Así que los hijos de Jacob* llegaron a Egipto junto con otras personas para comprar alimento, porque el hambre también había llegado a Canaán.
Gén 42:6 Como José era gobernador de Egipto y estaba encargado de vender el grano a todas las personas, sus hermanos tuvieron que acudir a él. Cuando llegaron, se inclinaron delante de él, con el rostro en tierra.
Gén 42:7 José reconoció a sus hermanos enseguida, pero fingió no conocerlos y les habló con dureza. —Ustedes, ¿de dónde vienen? —les preguntó. —De la tierra de Canaán —contestaron—. Venimos a comprar alimento.
Gén 42:8 Aunque José reconoció a sus hermanos, ellos no lo reconocieron a él.
Gén 42:9 Entonces recordó los sueños que había tenido acerca de ellos hacía muchos años atrás, y les dijo: —¡Ustedes son espías! Han venido para ver lo vulnerable que se ha hecho nuestra tierra.
Gén 42:10 —¡No, mi señor! —exclamaron—. Sus siervos han venido simplemente a comprar alimento.
Gén 42:11 Todos nosotros somos hermanos, miembros de la misma familia. ¡Somos hombres honrados, señor! ¡No somos espías!
Gén 42:12 —¡Sí, lo son! —insistió José—. Han venido para ver lo vulnerable que se ha hecho nuestra tierra.
Gén 42:13 —Señor —dijeron ellos—, en realidad somos doce en total. Nosotros, sus siervos, somos todos hermanos, hijos de un hombre que vive en la tierra de Canaán. Nuestro hermano menor quedó con nuestro padre, y uno de nuestros hermanos ya no está con nosotros.
Gén 42:14 Pero José insistió: —Como dije, ¡ustedes son espías!
Gén 42:15 Voy a comprobar su historia de la siguiente manera: ¡Juro por la vida del faraón que ustedes nunca se irán de Egipto a menos que su hermano menor venga hasta aquí!
Gén 42:16 Uno de ustedes irá a traer a su hermano. Los demás se quedarán aquí, en la cárcel. Así sabremos si su historia es cierta o no. Por la vida del faraón, si resulta que ustedes no tienen un hermano menor, entonces confirmaré que son espías.
Gén 42:17 Entonces José los metió en la cárcel por tres días.
Gén 42:18 Al tercer día, José les dijo: —Yo soy un hombre temeroso de Dios. Si hacen lo que les digo, vivirán.
Gén 42:19 Si de verdad son hombres honrados, escojan a uno de sus hermanos para que se quede en la cárcel. Los demás podrán regresar a casa con el grano para sus familias que mueren de hambre.
Gén 42:20 Pero deben traerme a su hermano menor. Eso demostrará que dicen la verdad, y no morirán. Ellos estuvieron de acuerdo.
Gén 42:21 Y hablando entre ellos, dijeron: «Es obvio que estamos pagando por lo que le hicimos hace tiempo a José. Vimos su angustia cuando rogaba por su vida, pero no quisimos escucharlo. Por eso ahora tenemos este problema».
Gén 42:22 «¿No les dije yo que no pecaran contra el muchacho? —preguntó Rubén—. Pero ustedes no me hicieron caso, ¡y ahora tenemos que responder por su sangre!».
Gén 42:23 Obviamente ellos no sabían que José entendía lo que decían, pues él les hablaba mediante un intérprete.
Gén 42:24 Entonces José se apartó de ellos y comenzó a llorar. Cuando recuperó la compostura, volvió a hablarles. Entonces escogió a Simeón e hizo que lo ataran a la vista de los demás hermanos.
Gén 42:25 Después José ordenó a sus siervos que llenaran de grano los costales de los hombres, pero también les dio instrucciones secretas de que devolvieran el dinero del pago y lo pusieran en la parte superior del costal de cada uno de ellos. Además les dio provisiones para el viaje.
Gén 42:26 Así que los hermanos cargaron sus burros con el grano y emprendieron el regreso a casa.
Gén 42:27 Cuando se detuvieron a pasar la noche y uno de ellos abrió su costal a fin de sacar grano para su burro, encontró su dinero en la abertura del costal.
Gén 42:28 «¡Miren! —exclamó a sus hermanos—. Me devolvieron el dinero. ¡Aquí está en mi costal!». Entonces se les desplomó el corazón y, temblando, se decían unos a otros: «¿Qué nos ha hecho Dios?».
Gén 42:29 Cuando los hermanos llegaron a donde estaba su padre Jacob, en la tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había sucedido.
Gén 42:30 «El hombre que gobierna la nación nos habló con mucha dureza —le dijeron—. Nos acusó de ser espías en su tierra,
Gén 42:31 pero nosotros le dijimos: “Somos hombres honrados, no espías.
Gén 42:32 Somos doce hermanos, hijos del mismo padre. Uno de nuestros hermanos ya no está con nosotros, y el menor está en casa con nuestro padre, en la tierra de Canaán”.
Gén 42:33 »Entonces el hombre que gobierna la nación nos dijo: “Comprobaré si ustedes son hombres honrados de la siguiente manera: dejen a uno de sus hermanos aquí conmigo, tomen grano para sus familias hambrientas y regresen a casa;
Gén 42:34 pero deben traerme a su hermano menor. Entonces sabré que ustedes son hombres honrados y no espías. Después les entregaré a su hermano, y podrán comerciar libremente en la tierra”».
Gén 42:35 Luego, al vaciar cada uno su costal, ¡encontraron las bolsas con el dinero que habían pagado por el grano! Los hermanos y su padre quedaron aterrados cuando vieron las bolsas con el dinero,
Gén 42:36 y Jacob exclamó: —¡Ustedes me están robando a mis hijos! ¡José ya no está! ¡Simeón tampoco! Y ahora quieren llevarse también a Benjamín. ¡Todo está en mi contra!
Gén 42:37 Entonces Rubén dijo a su padre: —Puedes matar a mis dos hijos si no te traigo de regreso a Benjamín. Yo me hago responsable de él y prometo traerlo a casa.
Gén 42:38 Pero Jacob le respondió: —Mi hijo no irá con ustedes. Su hermano José está muerto, y él es todo lo que me queda. Si algo le ocurriera en el camino, ustedes mandarían a la tumba* a este hombre entristecido y canoso.
Gén 43:1 El hambre seguía azotando la tierra de Canaán.
Gén 43:2 Cuando el grano que habían traído de Egipto estaba por acabarse, Jacob dijo a sus hijos: —Vuelvan y compren un poco más de alimento para nosotros.
Gén 43:3 Pero Judá dijo: —El hombre hablaba en serio cuando nos advirtió: “No volverán a ver mi rostro a menos que su hermano venga con ustedes”.
Gén 43:4 Si envías a Benjamín con nosotros, descenderemos y compraremos más alimento,
Gén 43:5 pero si no dejas que Benjamín vaya, nosotros tampoco iremos. Recuerda que el hombre dijo: “No volverán a ver mi rostro a menos que su hermano venga con ustedes”.
Gén 43:6 —¿Por qué fueron ustedes tan crueles conmigo? —se lamentó Jacob* — ¿Por qué le dijeron que tenían otro hermano?
Gén 43:7 —El hombre no dejaba de hacernos preguntas sobre nuestra familia —respondieron ellos—. Nos preguntó: “¿Su padre todavía vive? ¿Tienen ustedes otro hermano?”. Y nosotros contestamos sus preguntas. ¿Cómo íbamos a saber que nos diría: “Traigan aquí a su hermano”?
Gén 43:8 Judá le dijo a su padre: —Envía al muchacho conmigo, y nos iremos ahora mismo. De no ser así, todos moriremos de hambre, y no solamente nosotros, sino tú y nuestros hijos.
Gén 43:9 Yo garantizo personalmente su seguridad. Puedes hacerme responsable a mí si no te lo traigo de regreso. Entonces cargaré con la culpa para siempre.
Gén 43:10 Si no hubiéramos perdido todo este tiempo, ya habríamos ido y vuelto dos veces.
Gén 43:11 Entonces su padre Jacob finalmente les dijo: —Si no queda otro remedio, entonces al menos hagan esto: carguen sus costales con los mejores productos de esta tierra —bálsamo, miel, resinas aromáticas, pistachos y almendras—; llévenselos al hombre como regalo.
Gén 43:12 Tomen también el doble del dinero que les devolvieron, ya que probablemente alguien se equivocó.
Gén 43:13 Después tomen a su hermano y regresen a ver al hombre.
Gén 43:14 Que el Dios Todopoderoso* les muestre misericordia cuando estén delante del hombre, para que ponga a Simeón en libertad y permita que Benjamín regrese. Pero si tengo que perder a mis hijos, que así sea.
Gén 43:15 Así que los hombres cargaron los regalos de Jacob, tomaron el doble de dinero y emprendieron el viaje con Benjamín. Finalmente llegaron a Egipto y se presentaron ante José.
Gén 43:16 Cuando José vio a Benjamín con ellos, le dijo al administrador de su casa: «Esos hombres comerán conmigo hoy al mediodía. Llévalos dentro del palacio. Luego mata un animal y prepara un gran banquete».
Gén 43:17 El hombre hizo conforme a lo que José le dijo y los llevó al palacio de José.
Gén 43:18 Los hermanos estaban aterrados al ver que los llevaban a la casa de José, y decían: «Es por el dinero que alguien puso en nuestros costales la última vez que estuvimos aquí. Él piensa hacer como que nosotros lo robamos. Luego nos apresará, nos hará esclavos y se llevará nuestros burros».
Gén 43:19 Los hermanos se acercaron al administrador de la casa de José y hablaron con él en la entrada del palacio.
Gén 43:20 —Señor —le dijeron—, ya vinimos a Egipto una vez a comprar alimento;
Gén 43:21 pero cuando íbamos de regreso a nuestra casa, nos detuvimos a pasar la noche y abrimos nuestros costales. Entonces descubrimos que el dinero de cada uno de nosotros —la cantidad exacta que habíamos pagado— ¡estaba en la parte superior de cada costal! Aquí está, lo hemos traído con nosotros.
Gén 43:22 También trajimos más dinero para comprar más alimento. No tenemos idea de quién puso el dinero en nuestros costales.
Gén 43:23 —Tranquilos, no tengan miedo —les dijo el administrador—. El Dios de ustedes, el Dios de su padre, debe de haber puesto ese tesoro en sus costales. Me consta que recibí el pago que hicieron. Después soltó a Simeón y lo llevó a donde estaban ellos.
Gén 43:24 Luego el administrador acompañó a los hombres hasta el palacio de José. Les dio agua para que se lavaran los pies y alimento para sus burros.
Gén 43:25 Ellos prepararon sus regalos para la llegada de José a mediodía, porque les dijeron que comerían allí.
Gén 43:26 Cuando José volvió a casa, le entregaron los regalos que le habían traído y luego se postraron hasta el suelo delante de él.
Gén 43:27 Después de saludarlos, él les preguntó: —¿Cómo está su padre, el anciano del que me hablaron? ¿Todavía vive?
Gén 43:28 —Sí —contestaron—. Nuestro padre, siervo de usted, sigue con vida y está bien. Y volvieron a postrarse.
Gén 43:29 Entonces José miró a su hermano Benjamín, hijo de su misma madre. —¿Es este su hermano menor del que me hablaron? —preguntó José—. Que Dios te bendiga, hijo mío.
Gén 43:30 Entonces José se apresuró a salir de la habitación porque la emoción de ver a su hermano lo había vencido. Entró en su cuarto privado, donde perdió el control y se echó a llorar.
Gén 43:31 Después de lavarse la cara, volvió a salir, ya más controlado. Entonces ordenó: «Traigan la comida».
Gén 43:32 Los camareros sirvieron a José en su propia mesa, y sus hermanos fueron servidos en una mesa aparte. Los egipcios que comían con José se sentaron en su propia mesa, porque los egipcios desprecian a los hebreos y se niegan a comer con ellos.
Gén 43:33 José indicó a cada uno de sus hermanos dónde sentarse y, para sorpresa de ellos, los sentó según sus edades, desde el mayor hasta el menor.
Gén 43:34 También llenó sus platos con comida de su propia mesa, y le dio a Benjamín cinco veces más que a los demás. Entonces festejaron y bebieron libremente con José.

jueves, 19 de enero de 2017

LECTURA BÍBLICA 19 DE ENERO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MATEO    8:1-13

Mat 8:1 Al bajar Jesús por la ladera del monte, grandes multitudes lo seguían.
Mat 8:2 De repente, un leproso se le acercó y se arrodilló delante de él. —Señor —dijo el hombre—, si tú quieres, puedes sanarme y dejarme limpio.
Mat 8:3 Jesús extendió la mano y lo tocó: —Sí quiero —dijo —. ¡Queda sano! Al instante, la lepra desapareció.
Mat 8:4 —No se lo cuentes a nadie —le dijo Jesús —. En cambio, preséntate ante el sacerdote y deja que te examine. Lleva contigo la ofrenda que exige la ley de Moisés a los que son sanados de lepra.* Esto será un testimonio público de que has quedado limpio.
Mat 8:5 Cuando Jesús regresó a Capernaúm, un oficial romano* se le acercó y le rogó:
Mat 8:6 —Señor, mi joven siervo* está en cama, paralizado y con terribles dolores.
Mat 8:7 —Iré a sanarlo —dijo Jesús.
Mat 8:8 —Señor —dijo el oficial—, no soy digno de que entres en mi casa. Tan sólo pronuncia la palabra desde donde estás y mi siervo se sanará.
Mat 8:9 Lo sé porque estoy bajo la autoridad de mis oficiales superiores y tengo autoridad sobre mis soldados. Sólo tengo que decir: “Vayan”, y ellos van o “vengan”, y ellos vienen. Y, si les digo a mis esclavos: “Hagan esto”, lo hacen.
Mat 8:10 Al oírlo, Jesús quedó asombrado. Se dirigió a los que lo seguían y dijo: «Les digo la verdad, ¡no he visto una fe como ésta en todo Israel!
Mat 8:11 Y les digo que muchos gentiles* vendrán de todas partes del mundo —del oriente y del occidente —y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en la fiesta del reino del cielo.
Mat 8:12 Pero muchos israelitas —para quienes se preparó el reino —serán arrojados a la oscuridad de afuera, donde habrá llanto y rechinar de dientes».
Mat 8:13 Entonces Jesús le dijo al oficial romano: «Vuelve a tu casa. Debido a que creíste, ha sucedido». Y el joven siervo quedó sano en esa misma hora.




HECHOS 11:1-18

Hch 11:1 La noticia de que los gentiles* habían recibido la palabra de Dios pronto llegó a los apóstoles y a los demás creyentes* de Judea.
Hch 11:2 Pero, cuando Pedro regresó a Jerusalén, los creyentes judíos* lo criticaron.
Hch 11:3 —Entraste en una casa de gentiles,* ¡y hasta comiste con ellos! —le dijeron.
Hch 11:4 Entonces Pedro les contó todo tal como había sucedido.
Hch 11:5 —Yo estaba en la ciudad de Jope —les dijo—, y mientras oraba, caí en un estado de éxtasis y tuve una visión. Algo parecido a una sábana grande descendía por sus cuatro puntas desde el cielo y bajó justo hasta donde yo estaba.
Hch 11:6 Cuando me fijé en el contenido de la sábana, vi toda clase de animales domésticos y salvajes, reptiles y aves.
Hch 11:7 Y oí una voz que decía: “Levántate, Pedro, mátalos y come de ellos”.
Hch 11:8 »“No, Señor —respondí —. Jamás he comido algo que nuestras leyes judías declaren impuro o inmundo”.*
Hch 11:9 »Pero la voz del cielo habló de nuevo: “No llames a algo impuro si Dios lo ha hecho limpio”.
Hch 11:10 Eso sucedió tres veces antes de que la sábana, con todo lo que había dentro, fuera subida al cielo otra vez.
Hch 11:11 »Justo en ese momento, tres hombres que habían sido enviados desde Cesarea llegaron a la casa donde estábamos hospedados.
Hch 11:12 El Espíritu Santo me dijo que los acompañara y que no me preocupara que fueran gentiles. Estos seis hermanos aquí presentes me acompañaron, y pronto entramos en la casa del hombre que había mandado a buscarnos.
Hch 11:13 Él nos contó cómo un ángel se le había aparecido en su casa y le había dicho: “Envía mensajeros a Jope y manda a llamar a un hombre llamado Simón Pedro.
Hch 11:14 ¡Él te dirá cómo tú y todos los de tu casa pueden ser salvos!”.
Hch 11:15 »Cuando comencé a hablar —continuó Pedro—, el Espíritu Santo descendió sobre ellos tal como descendió sobre nosotros al principio.
Hch 11:16 Entonces pensé en las palabras del Señor cuando dijo: “Juan bautizó con* agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”.
Hch 11:17 Y, como Dios les dio a esos gentiles el mismo don que nos dio a nosotros cuando creímos en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para estorbar a Dios?
Hch 11:18 Cuando los demás oyeron esto, dejaron de oponerse y comenzaron a alabar a Dios. Dijeron: —Podemos ver que Dios también les ha dado a los gentiles el privilegio de arrepentirse de sus pecados y de recibir vida eterna.





SALMO 18:25-50

Sal 18:25 Con los fieles te muestras fiel; a los íntegros les muestras integridad.
Sal 18:26 Con los puros te muestras puro, pero te muestras hostil con los perversos.
Sal 18:27 Rescatas al humilde, pero humillas al orgulloso.
Sal 18:28 Enciendes una lámpara para mí. El SEÑOR, mi Dios, ilumina mi oscuridad.
Sal 18:29 Con tu fuerza puedo aplastar a un ejército; con mi Dios puedo escalar cualquier muro.
Sal 18:30 El camino de Dios es perfecto. Todas las promesas del SEÑOR demuestran ser verdaderas. Él es escudo para todos los que buscan su protección.
Sal 18:31 Pues ¿quién es Dios aparte del SEÑOR? ¿Quién más que nuestro Dios es una roca sólida?
Sal 18:32 Dios me arma de fuerza y hace perfecto mi camino.
Sal 18:33 Me hace andar tan seguro como un ciervo, para que pueda pararme en las alturas de las montañas.
Sal 18:34 Entrena mis manos para la batalla; fortalece mi brazo para tensar un arco de bronce.
Sal 18:35 Me has dado tu escudo de victoria. Tu mano derecha me sostiene; tu ayuda me ha engrandecido.
Sal 18:36 Has trazado un camino ancho para mis pies a fin de evitar que resbalen.
Sal 18:37 Perseguí a mis enemigos y los alcancé; no paré hasta verlos conquistados.
Sal 18:38 Los herí de muerte para que no pudieran levantarse; cayeron debajo de mis pies.
Sal 18:39 Me has armado de fuerza para la batalla; has sometido a mis enemigos debajo de mis pies.
Sal 18:40 Pusiste mi pie sobre su cuello; destruí a todos los que me odiaban.
Sal 18:41 Pidieron ayuda, pero nadie fue a rescatarlos. Hasta clamaron al SEÑOR, pero él se negó a responder.
Sal 18:42 Los molí tan fino como el polvo que se lleva el viento. Los barrí y los eché a la calle como suciedad.
Sal 18:43 Me diste la victoria sobre los que me acusaban. Me nombraste gobernante de naciones; ahora me sirve gente que ni siquiera conozco.
Sal 18:44 En cuanto oyen hablar de mí, se rinden; naciones extranjeras se arrastran ante mí.
Sal 18:45 Todas pierden el valor y salen temblando de sus fortalezas.
Sal 18:46 ¡El SEÑOR vive! ¡Alabanzas a mi Roca! ¡Exaltado sea el Dios de mi salvación!
Sal 18:47 Él es el Dios que da su merecido a los que me dañan; él somete a las naciones bajo mi control
Sal 18:48 y me rescata de mis enemigos. Tú me mantienes seguro, lejos del alcance de mis enemigos; me salvas de adversarios violentos.
Sal 18:49 Por eso, oh SEÑOR, te alabaré entre las naciones; cantaré alabanzas a tu nombre.
Sal 18:50 Le das grandes victorias a tu rey; le muestras amor inagotable a tu ungido, a David y a todos sus descendientes para siempre.

LECTURA PARA LA NOCHE

GÉNESIS 41

Gén 41:1 Dos años después, el faraón soñó que estaba de pie a la orilla del río Nilo.
Gén 41:2 En su sueño, vio siete vacas gordas y sanas que salían del río y comenzaban a pastar entre los juncos.
Gén 41:3 Luego vio otras siete vacas que salían del Nilo detrás de ellas, pero eran flacas y raquíticas. Esas vacas se pusieron junto a las vacas gordas, en la ribera del río.
Gén 41:4 ¡Entonces las vacas flacas y raquíticas se comieron a las siete vacas gordas y sanas! En ese momento del sueño, el faraón se despertó.
Gén 41:5 Después volvió a dormirse y tuvo un segundo sueño. Esta vez vio siete espigas llenas de grano, robustas y hermosas, que crecían de un solo tallo.
Gén 41:6 Luego aparecieron otras siete espigas de grano, pero estaban resecas y marchitadas por el viento oriental.
Gén 41:7 ¡Entonces las espigas secas se tragaron a las siete robustas y bien formadas! El faraón volvió a despertarse y se dio cuenta de que era un sueño.
Gén 41:8 A la mañana siguiente, el faraón estaba muy perturbado por los sueños. Entonces llamó a todos los magos y a los sabios de Egipto. Cuando el faraón les contó sus sueños, ninguno de ellos pudo decirle lo que significaban.
Gén 41:9 Finalmente habló el jefe de los coperos del rey: «Hoy he recordado mi falla —le dijo al faraón—.
Gén 41:10 Hace un tiempo, usted se enojó con el jefe de los panaderos y conmigo, y nos encarceló en el palacio del capitán de la guardia.
Gén 41:11 Una noche, el jefe de los panaderos y yo tuvimos, cada uno, un sueño, y cada sueño tenía su propio significado.
Gén 41:12 Con nosotros, en la cárcel, había un joven hebreo, que era esclavo del capitán de la guardia. Nosotros le contamos nuestros sueños, y él nos explicó el significado de cada sueño.
Gén 41:13 Y todo sucedió tal como él lo había predicho. Yo fui restituido a mi puesto de copero, y el jefe de los panaderos fue ejecutado y atravesado con un poste».
Gén 41:14 El faraón mandó llamar a José de inmediato, y enseguida lo trajeron de la cárcel. Después de afeitarse y cambiarse de ropa, José se presentó ante el faraón.
Gén 41:15 Entonces el faraón le dijo: —Anoche tuve un sueño, y nadie aquí puede decirme lo que significa; pero me enteré de que cuando tú oyes un sueño puedes interpretarlo.
Gén 41:16 —No está en mis manos el poder para hacerlo —respondió José—, pero Dios puede decirle lo que su sueño significa y darle tranquilidad.
Gén 41:17 Entonces el faraón le contó su sueño a José. —En mi sueño —le dijo—, yo estaba de pie a la orilla del río Nilo
Gén 41:18 y vi siete vacas gordas y sanas que salían del río y comenzaban a pastar entre los juncos.
Gén 41:19 Luego vi siete vacas flacas y raquíticas con aspecto enfermizo que salían después de las primeras. Jamás había visto unos animales tan lamentables en toda la tierra de Egipto.
Gén 41:20 Entonces esas vacas flacas y raquíticas se comieron a las siete vacas gordas,
Gén 41:21 pero nadie lo hubiera creído, ¡porque después seguían siendo tan flacas y raquíticas como antes! Luego me desperté.
Gén 41:22 »Al rato volví a quedarme dormido y tuve otro sueño. Vi también en mis sueños siete espigas llenas de grano, robustas y hermosas, que crecían de un solo tallo.
Gén 41:23 Después aparecieron otras siete espigas de grano, pero estaban infestadas, resecas y marchitadas por el viento oriental.
Gén 41:24 Entonces las espigas secas se tragaron a las siete robustas. Les conté esos sueños a los magos, pero ninguno pudo decirme lo que significan.
Gén 41:25 José respondió: —Ambos sueños del faraón significan lo mismo. Dios le da a conocer de antemano al faraón lo que está por hacer.
Gén 41:26 Las siete vacas sanas y las siete espigas robustas representan siete años de prosperidad.
Gén 41:27 Las siete vacas flacas y raquíticas que salieron después, y las siete espigas resecas y marchitadas por el viento oriental representan siete años de hambre.
Gén 41:28 »Esto sucederá tal como lo he descrito, pues Dios ha revelado de antemano al faraón lo que está por hacer.
Gén 41:29 Los próximos siete años serán un período de gran prosperidad en toda la tierra de Egipto,
Gén 41:30 pero después llegarán siete años de un hambre tan intensa que hará olvidar toda esa prosperidad de Egipto. El hambre destruirá la tierra.
Gén 41:31 La hambruna será tan grave que borrará hasta el recuerdo de los años buenos.
Gén 41:32 El haber tenido dos sueños similares significa que esos acontecimientos fueron decretados por Dios, y él hará que ocurran pronto.
Gén 41:33 »Por lo tanto, el faraón debería encontrar a un hombre inteligente y sabio, y ponerlo a cargo de toda la tierra de Egipto.
Gén 41:34 Después el faraón debería nombrar supervisores de la tierra, a fin de que almacenen una quinta parte de las cosechas durante los siete años buenos.
Gén 41:35 Haga que ellos reúnan toda la producción de alimentos en los años buenos que vienen y la lleven a los graneros del faraón. Almacene bien el grano y vigílelo para que haya alimento en las ciudades.
Gén 41:36 De esa manera, habrá suficiente para comer cuando lleguen los siete años de hambre sobre la tierra de Egipto. De lo contrario, el hambre destruirá la tierra.
Gén 41:37 Las sugerencias de José fueron bien recibidas por el faraón y sus funcionarios.
Gén 41:38 Entonces el faraón preguntó a sus funcionarios: «¿Acaso encontraremos a alguien como este hombre, tan claramente lleno del espíritu de Dios?».
Gén 41:39 Así que el faraón dijo a José: «Como Dios te ha revelado el significado de los sueños a ti, es obvio que no hay nadie más sabio e inteligente que tú.
Gén 41:40 Quedarás a cargo de mi palacio, y toda mi gente recibirá órdenes de ti. Sólo yo, sentado en mi trono, tendré un rango superior al tuyo».
Gén 41:41 El faraón dijo a José: «Yo, aquí en persona, te pongo a cargo de toda la tierra de Egipto».
Gén 41:42 Luego el faraón se quitó de la mano el anillo con su sello oficial y lo puso en el dedo de José; lo vistió con ropas de lino de la mejor calidad y le puso un collar de oro.
Gén 41:43 Después hizo que José subiera al carro de guerra reservado para su segundo en autoridad, y dondequiera que iba José, se gritaba la orden: «¡Arrodíllense!». Así que el faraón puso a José a cargo de todo Egipto,
Gén 41:44 y le dijo: «Yo soy el faraón, pero nadie levantará una mano ni un pie en toda la tierra de Egipto sin tu aprobación».
Gén 41:45 Luego el faraón le puso un nuevo nombre a José, un nombre egipcio: Zafnat-panea.* También le dio una esposa, quien se llamaba Asenat y era hija de Potifera, el sacerdote de On.* Entonces José se hizo cargo de toda la tierra de Egipto.
Gén 41:46 Tenía treinta años cuando comenzó a servir en el palacio del faraón, rey de Egipto. Después, cuando José salió de la presencia del faraón, inspeccionó toda la tierra de Egipto.
Gén 41:47 Tal como se había predicho, la tierra produjo cosechas abundantes durante siete años.
Gén 41:48 Todos esos años, José recogió todas las cosechas que crecieron en Egipto y guardó en las ciudades el grano de los campos aledaños.
Gén 41:49 Acumuló grandes cantidades de grano, tanto como si fuera arena a la orilla del mar. Al final, dejó de registrar las cantidades porque había tanto que resultaba imposible medirlo.
Gén 41:50 Durante ese tiempo, antes del primer año de hambre, les nacieron dos hijos a José y su esposa Asenat, hija de Potifera, el sacerdote de On.
Gén 41:51 José llamó a su hijo mayor Manasés,* porque dijo: «Dios me hizo olvidar todas mis angustias y a todos los de la familia de mi padre».
Gén 41:52 José llamó a su segundo hijo Efraín,* porque dijo: «Dios me hizo fructífero en esta tierra de mi aflicción».
Gén 41:53 Finalmente acabaron los siete años de cosechas abundantes en toda la tierra de Egipto.
Gén 41:54 Después comenzaron los siete años de hambre, tal como José había predicho. El hambre también azotó a todas las regiones vecinas, pero en todo Egipto había alimento de sobra.
Gén 41:55 Con el tiempo, sin embargo, el hambre se extendió por toda la tierra de Egipto también. Cuando la gente reclamó alimento al faraón, él les dijo: «Vayan a ver a José y hagan todo lo que les diga».
Gén 41:56 Entonces, dada la gravedad del hambre en todas partes, José abrió los graneros y distribuyó grano a los egipcios, porque el hambre era intensa en toda la tierra de Egipto.
Gén 41:57 Y llegaba a Egipto gente de todas partes para comprarle grano a José, porque el hambre era intensa en todo el mundo.

miércoles, 18 de enero de 2017

LECTURA BÍBLICA 18 DE ENERO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MATEO    7:15-29

Mat 7:15 »Ten cuidado de los falsos profetas que vienen disfrazados de ovejas inofensivas pero en realidad son lobos feroces.
Mat 7:16 Puedes identificarlos por su fruto, es decir, por la manera en que se comportan. ¿Acaso puedes recoger uvas de los espinos o higos de los cardos?
Mat 7:17 Un buen árbol produce frutos buenos y un árbol malo produce frutos malos.
Mat 7:18 Un buen árbol no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos.
Mat 7:19 Por lo tanto, todo árbol que no produce frutos buenos se corta y se arroja al fuego.
Mat 7:20 Así es, de la misma manera que puedes identificar un árbol por su fruto, puedes identificar a la gente por sus acciones.
Mat 7:21 »No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Sólo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Mat 7:22 El día del juicio, muchos me dirán: “¡Señor, Señor! Profetizamos en tu nombre, expulsamos demonios en tu nombre e hicimos muchos milagros en tu nombre”.
Mat 7:23 Pero yo les responderé: “Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios”.
Mat 7:24 »Todo el que escucha mi enseñanza y la sigue es sabio, como la persona que construye su casa sobre una roca sólida.
Mat 7:25 Aunque llueva a cántaros y suban las aguas de la inundación y los vientos golpeen contra esa casa, no se vendrá abajo porque está construida sobre un lecho de roca.
Mat 7:26 Pero el que oye mi enseñanza y no la obedece es un necio, como la persona que construye su casa sobre la arena.
Mat 7:27 Cuando vengan las lluvias y lleguen las inundaciones y los vientos golpeen contra esa casa, se derrumbará con un gran estruendo».
Mat 7:28 Cuando Jesús terminó de decir esas cosas, las multitudes quedaron asombradas de su enseñanza,
Mat 7:29 porque lo hacía con verdadera autoridad, algo completamente diferente de lo que hacían los maestros de la ley religiosa.



HECHOS 10:24-48

Hch 10:24 Llegaron a Cesarea al día siguiente. Cornelio los estaba esperando y había reunido a sus parientes y amigos cercanos.
Hch 10:25 Cuando Pedro entró en la casa, Cornelio cayó a sus pies y lo adoró.
Hch 10:26 Pero Pedro lo levantó y le dijo: «¡Ponte de pie, yo soy un ser humano como tú!».
Hch 10:27 Entonces conversaron y entraron en donde muchos otros estaban reunidos.
Hch 10:28 Pedro les dijo: —Ustedes saben que va en contra de nuestras leyes que un hombre judío se relacione con gentiles* o que entre en su casa. Pero Dios me ha mostrado que ya no debo pensar que alguien es impuro o inmundo.
Hch 10:29 Por eso, sin oponerme, vine aquí tan pronto como me llamaron. Ahora díganme por qué enviaron por mí.
Hch 10:30 Cornelio contestó: —Hace cuatro días, yo estaba orando en mi casa como a esta misma hora, las tres de la tarde. De repente, un hombre con ropa resplandeciente se paró delante de mí.
Hch 10:31 Me dijo: “Cornelio, ¡tu oración ha sido escuchada, y Dios ha tomado en cuenta tus donativos para los pobres!
Hch 10:32 Ahora, envía mensajeros a Jope y manda llamar a un hombre llamado Simón Pedro. Está hospedado en la casa de Simón, un curtidor que vive cerca de la orilla del mar”.
Hch 10:33 Así que te mandé a llamar de inmediato, y te agradezco que hayas venido. Ahora, estamos todos aquí, delante de Dios, esperando escuchar el mensaje que el Señor te ha dado.
Hch 10:34 Entonces Pedro respondió: —Veo con claridad que Dios no muestra favoritismo.
Hch 10:35 En cada nación, él acepta a los que lo temen y hacen lo correcto.
Hch 10:36 Éste es el mensaje de la Buena Noticia para el pueblo de Israel: que hay paz con Dios por medio de Jesucristo, quien es Señor de todo.
Hch 10:37 Ustedes saben lo que pasó en toda Judea, comenzando en Galilea, después de que Juan empezó a predicar su mensaje de bautismo.
Hch 10:38 Y saben que Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder. Después Jesús anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que eran oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Hch 10:39 »Y nosotros, los apóstoles, somos testigos de todo lo que él hizo por toda Judea y en Jerusalén. Lo mataron, colgándolo en una cruz,*
Hch 10:40 pero Dios lo resucitó al tercer día. Después Dios permitió que se apareciera,
Hch 10:41 no al público en general,* sino a nosotros, a quienes Dios había elegido de antemano para que fuéramos sus testigos. Nosotros fuimos los que comimos y bebimos con él después de que se levantó de los muertos.
Hch 10:42 Y él nos ordenó que predicáramos en todas partes y diéramos testimonio de que Jesús es a quien Dios designó para ser el juez de todos, de los que están vivos y de los muertos.
Hch 10:43 De él dan testimonio todos los profetas cuando dicen que a todo el que cree en él se le perdonarán los pecados por medio de su nombre.
Hch 10:44 Mientras Pedro aún estaba diciendo estas cosas, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban el mensaje.
Hch 10:45 Los creyentes judíos* que habían llegado con Pedro quedaron asombrados al ver que el don del Espíritu Santo también era derramado sobre los gentiles.
Hch 10:46 Pues los oyeron hablar en otras lenguas* y alabar a Dios. Entonces Pedro preguntó:
Hch 10:47 «¿Puede alguien oponerse a que ellos sean bautizados ahora que han recibido el Espíritu Santo, tal como nosotros lo recibimos?».
Hch 10:48 Por lo tanto, dio órdenes de que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Después Cornelio le pidió que se quedara varios días con ellos.




SALMO 18:1-24

Sal 18:1 Te amo, SEÑOR; tú eres mi fuerza.
Sal 18:2 El SEÑOR es mi roca, mi fortaleza y mi salvador. Mi Dios es mi roca, en quien encuentro protección. Él es mi escudo, el poder que me salva y mi lugar seguro.
Sal 18:3 Clamé al SEÑOR, quien es digno de alabanza, y me salvó de mis enemigos.
Sal 18:4 Me enredaron las cuerdas de la muerte; me arrasó una inundación devastadora.
Sal 18:5 La tumba* me envolvió con sus cuerdas; la muerte me tendió una trampa en el camino.
Sal 18:6 Pero en mi angustia, clamé al SEÑOR; sí, oré a mi Dios para pedirle ayuda. Él me oyó desde su santuario; mi clamor llegó a sus oídos.
Sal 18:7 Entonces la tierra se estremeció y tembló; se sacudieron los cimientos de las montañas; temblaron a causa de su enojo.
Sal 18:8 De su nariz salía humo a raudales, de su boca saltaban violentas llamas de fuego; carbones encendidos se disparaban de él.
Sal 18:9 Abrió los cielos y descendió; había oscuras nubes de tormenta debajo de sus pies.
Sal 18:10 Voló montado sobre un poderoso ser angelical,* remontándose sobre las alas del viento.
Sal 18:11 Se envolvió con un manto de oscuridad y ocultó su llegada con oscuras nubes de lluvia.
Sal 18:12 Nubes densas taparon el brillo a su alrededor, e hicieron llover granizo y carbones encendidos.*
Sal 18:13 El SEÑOR retumbó desde el cielo; la voz del Altísimo resonó en medio del granizo y de los carbones encendidos.
Sal 18:14 Disparó sus flechas y dispersó a sus enemigos; destelló su relámpago, y quedaron muy confundidos.
Sal 18:15 Luego, a tu orden, oh SEÑOR, a la ráfaga de tu aliento, pudo verse el fondo del mar, y los cimientos de la tierra quedaron al descubierto.
Sal 18:16 Él extendió la mano desde el cielo y me rescató; me sacó de aguas profundas.
Sal 18:17 Me rescató de mis enemigos poderosos, de los que me odiaban y eran demasiado fuertes para mí.
Sal 18:18 Me atacaron en un momento de angustia, pero el SEÑOR me sostuvo.
Sal 18:19 Me condujo a un lugar seguro; me rescató porque en mí se deleita.
Sal 18:20 El SEÑOR me recompensó por hacer lo correcto; me restauró debido a mi inocencia.
Sal 18:21 Pues he permanecido en los caminos del SEÑOR; no me he apartado de mi Dios para seguir el mal.
Sal 18:22 He seguido todas sus ordenanzas, nunca he abandonado sus decretos.
Sal 18:23 Soy intachable delante de Dios; me he abstenido del pecado.
Sal 18:24 El SEÑOR me recompensó por hacer lo correcto; él ha visto mi inocencia.

LECTURA PARA LA NOCHE

GÉNESIS 39-40

Gén 39:1 Cuando los mercaderes ismaelitas llevaron a José a Egipto, lo vendieron a Potifar, un oficial egipcio. Potifar era capitán de la guardia del faraón, rey de Egipto.
Gén 39:2 El SEÑOR estaba con José, por eso tenía éxito en todo mientras servía en la casa de su amo egipcio.
Gén 39:3 Potifar lo notó y se dio cuenta de que el SEÑOR estaba con José, y le daba éxito en todo lo que hacía.
Gén 39:4 Eso agradó a Potifar, quien pronto nombró a José su asistente personal. Lo puso a cargo de toda su casa y de todas sus posesiones.
Gén 39:5 Desde el día en que José quedó encargado de la casa y de las propiedades de su amo, el SEÑOR comenzó a bendecir la casa de Potifar por causa de José. Todos los asuntos de la casa marchaban bien, y las cosechas y los animales prosperaron.
Gén 39:6 Pues Potifar le dio a José total y completa responsabilidad administrativa sobre todas sus posesiones. Con José a cargo, Potifar no se preocupaba por nada, ¡excepto qué iba a comer! José era un joven muy apuesto y bien fornido,
Gén 39:7 y la esposa de Potifar pronto comenzó a mirarlo con deseos sexuales. —Ven y acuéstate conmigo —le ordenó ella.
Gén 39:8 Pero José se negó: —Mire —le contestó—, mi amo confía en mí y me puso a cargo de todo lo que hay en su casa.
Gén 39:9 Nadie aquí tiene más autoridad que yo. Él no me ha negado nada, con excepción de usted, porque es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer semejante maldad? Sería un gran pecado contra Dios.
Gén 39:10 Día tras día, ella seguía presionando a José, pero él se negaba a acostarse con ella y la evitaba tanto como podía.
Gén 39:11 Cierto día, sin embargo, José entró a hacer su trabajo y no había nadie más allí.
Gén 39:12 Ella llegó, lo agarró del manto y le ordenó: «¡Vamos, acuéstate conmigo!». José se zafó de un tirón, pero dejó su manto en manos de ella al salir corriendo de la casa.
Gén 39:13 Cuando ella vio que tenía el manto en las manos y que él había huido,
Gén 39:14 llamó a sus siervos. Enseguida todos los hombres llegaron corriendo. «¡Miren! —dijo ella—. ¡Mi esposo ha traído aquí a este esclavo hebreo para que nos deje en ridículo! Él entró en mi cuarto para violarme, pero yo grité.
Gén 39:15 Cuando me oyó gritar, salió corriendo y se escapó, pero dejó su manto en mis manos».
Gén 39:16 Ella se quedó con el manto hasta que su esposo regresó a la casa.
Gén 39:17 Luego le contó su versión de lo sucedido: «Ese esclavo hebreo que trajiste a nuestra casa intentó entrar y aprovecharse de mí;
Gén 39:18 pero, cuando grité, ¡salió corriendo y dejó su manto en mis manos!».
Gén 39:19 Potifar se enfureció cuando oyó el relato de su esposa acerca de cómo José la había tratado.
Gén 39:20 Entonces agarró a José y lo metió en la cárcel donde estaban los presos del rey. José quedó allí,
Gén 39:21 pero el SEÑOR estaba con José en la cárcel y le mostró su fiel amor. El SEÑOR hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel.
Gén 39:22 Poco después el director puso a José a cargo de los demás presos y de todo lo que ocurría en la cárcel.
Gén 39:23 El encargado no tenía de qué preocuparse, porque José se ocupaba de todo. El SEÑOR estaba con él y lo prosperaba en todo lo que hacía.
Gén 40:1 Pasado un tiempo, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos del faraón ofendieron a su señor, el rey.
Gén 40:2 El faraón se enojó con esos dos funcionarios
Gén 40:3 y los puso en la cárcel donde estaba José, en el palacio del capitán de la guardia.
Gén 40:4 Ellos permanecieron en la cárcel durante mucho tiempo, y el capitán de la guardia los asignó a José, quien se ocupaba de ellos.
Gén 40:5 Una noche, mientras estaban en la cárcel, el copero y el panadero del faraón tuvieron, cada uno, un sueño, y cada sueño tenía su propio significado.
Gén 40:6 Cuando José los vio a la mañana siguiente, notó que los dos parecían preocupados.
Gén 40:7 —¿Por qué se ven tan preocupados hoy? —les preguntó.
Gén 40:8 —Anoche los dos tuvimos sueños —contestaron ellos—, pero nadie puede decirnos lo que significan. —La interpretación de los sueños es asunto de Dios —respondió José—. Vamos, cuéntenme lo que soñaron.
Gén 40:9 Entonces el jefe de los coperos fue el primero en contarle su sueño a José. —En mi sueño —dijo él—, vi una vid delante de mí.
Gén 40:10 La vid tenía tres ramas, las cuales comenzaron a brotar y a florecer y, en poco tiempo, produjo racimos de uvas maduras.
Gén 40:11 Yo tenía la copa del faraón en mi mano, entonces tomé un racimo de uvas y exprimí el jugo en la copa. Después puse la copa en la mano del faraón.
Gén 40:12 —El sueño significa lo siguiente —dijo José—: las tres ramas representan tres días;
Gén 40:13 dentro de tres días, el faraón te levantará y te pondrá nuevamente en tu puesto como jefe de sus coperos.
Gén 40:14 Te pido que te acuerdes de mí y me hagas un favor cuando las cosas te vayan bien. Háblale de mí al faraón, para que me saque de este lugar.
Gén 40:15 Pues me trajeron secuestrado desde mi tierra, la tierra de los hebreos, y ahora estoy aquí en la cárcel, aunque no hice nada para merecerlo.
Gén 40:16 Cuando el jefe de los panaderos vio que José había dado una interpretación tan positiva del primer sueño, le dijo a José: —Yo también tuve un sueño. En mi sueño, había tres canastas de pasteles blancos sobre mi cabeza.
Gén 40:17 En la canasta de arriba había todo tipo de pasteles para el faraón, pero llegaron las aves y se los comieron de la canasta que estaba sobre mi cabeza.
Gén 40:18 —El sueño significa lo siguiente —le dijo José—: las tres canastas también representan tres días.
Gén 40:19 En tres días, el faraón te levantará y atravesará tu cuerpo con un poste; luego las aves llegarán y picotearán tu carne.
Gén 40:20 Tres días después era el cumpleaños del faraón, quien preparó un banquete para todos sus funcionarios y su personal. Así que llamó* al jefe de sus coperos y al jefe de sus panaderos para que se unieran a los demás funcionarios.
Gén 40:21 Entonces restituyó al jefe de los coperos a su cargo anterior, para que volviera a entregar al faraón su copa.
Gén 40:22 Pero el faraón atravesó al jefe de los panaderos con un poste, tal como José había predicho cuando le interpretó el sueño.
Gén 40:23 Sin embargo, el jefe de los coperos del faraón se olvidó de José por completo y nunca más volvió a pensar en él.

martes, 17 de enero de 2017

LECTURA BÍBLICA 17 DE ENERO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MATEO    7:1-14

Mat 7:1 »No juzguen a los demás, y no serán juzgados.
Mat 7:2 Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás.* El criterio que usen para juzgar a otros es el criterio con el que se les juzgará a ustedes.*
Mat 7:3 »¿Y por qué te preocupas por la astilla en el ojo de tu amigo,* cuando tú tienes un tronco en el tuyo?
Mat 7:4 ¿Cómo puedes pensar en decirle a tu amigo:* “Déjame ayudarte a sacar la astilla de tu ojo”, cuando tú no puedes ver más allá del tronco que está en tu propio ojo?
Mat 7:5 ¡Hipócrita! Primero quita el tronco de tu ojo; después verás lo suficientemente bien para ocuparte de la astilla en el ojo de tu amigo.
Mat 7:6 »No desperdicies lo que es santo en gente que no es santa.* ¡No arrojes tus perlas a los cerdos! Pisotearán las perlas y luego se darán vuelta y te atacarán.
Mat 7:7 »Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá.
Mat 7:8 Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.
Mat 7:9 »Ustedes, los que son padres, si sus hijos les piden un pedazo de pan, ¿acaso les dan una piedra en su lugar?
Mat 7:10 O, si les piden un pescado, ¿les dan una serpiente? ¡Claro que no!
Mat 7:11 Así que, si ustedes, gente pecadora, saben dar buenos regalos a sus hijos, cuánto más su Padre celestial dará buenos regalos a quienes le pidan.
Mat 7:12 »Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti. Ésa es la esencia de todo lo que se enseña en la ley y en los profetas.
Mat 7:13 »Sólo puedes entrar en el reino de Dios a través de la puerta angosta. La carretera al infierno* es amplia y la puerta es ancha para los muchos que escogen ese camino.
Mat 7:14 Pero la puerta de acceso a la vida es muy angosta y el camino es difícil, y son sólo unos pocos los que alguna vez lo encuentran.



HECHOS 10:1-23

Hch 10:1 En Cesarea vivía un oficial del ejército romano* llamado Cornelio, quien era un capitán del regimiento italiano.
Hch 10:2 Era un hombre devoto, temeroso de Dios, igual que todos los de su casa. Daba generosamente a los pobres y oraba a Dios con frecuencia.
Hch 10:3 Una tarde, como a las tres, tuvo una visión en la cual vio que un ángel de Dios se le acercaba. —¡Cornelio! —dijo el ángel.
Hch 10:4 Cornelio lo miró fijamente, aterrorizado. —¿Qué quieres, señor? —le preguntó al ángel. Y el ángel contestó: —¡Dios ha recibido tus oraciones y tus donativos a los pobres como una ofrenda!
Hch 10:5 Ahora pues, envía a algunos hombres a Jope y manda llamar a un hombre llamado Simón Pedro.
Hch 10:6 Él está hospedado con Simón, un curtidor que vive cerca de la orilla del mar.
Hch 10:7 En cuanto el ángel se fue, Cornelio llamó a dos de los sirvientes de su casa y a un soldado devoto, que era uno de sus asistentes personales.
Hch 10:8 Les contó lo que había ocurrido y los envió a Jope.
Hch 10:9 Al día siguiente, mientras los mensajeros de Cornelio se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar. Era alrededor del mediodía,
Hch 10:10 y tuvo hambre. Pero, mientras preparaban la comida, cayó en un estado de éxtasis.
Hch 10:11 Vio los cielos abiertos y algo parecido a una sábana grande que bajaba por sus cuatro puntas.
Hch 10:12 En la sábana había toda clase de animales, reptiles y aves.
Hch 10:13 Luego una voz le dijo: —Levántate, Pedro; mátalos y come de ellos.
Hch 10:14 —No, Señor —dijo Pedro —. Jamás he comido algo que nuestras leyes judías declaren impuro e inmundo.*
Hch 10:15 Pero la voz habló de nuevo: —No llames a algo impuro si Dios lo ha hecho limpio.
Hch 10:16 La misma visión se repitió tres veces, y repentinamente la sábana fue subida al cielo.
Hch 10:17 Pedro quedó muy desconcertado. ¿Qué podría significar la visión? Justo en ese momento, los hombres enviados por Cornelio encontraron la casa de Simón. De pie, frente a la puerta,
Hch 10:18 preguntaron si se hospedaba allí un hombre llamado Simón Pedro.
Hch 10:19 Entre tanto, mientras Pedro trataba de descifrar la visión, el Espíritu Santo le dijo: «Tres hombres han venido a buscarte.
Hch 10:20 Levántate, baja y vete con ellos sin titubear. No te preocupes, porque yo los he enviado».
Hch 10:21 Entonces Pedro bajó y dijo: —Yo soy el hombre que ustedes buscan. ¿Por qué han venido?
Hch 10:22 Ellos dijeron: —Nos envió Cornelio, un oficial romano. Es un hombre devoto y temeroso de Dios, muy respetado por todos los judíos. Un ángel santo le dio instrucciones para que vayas a su casa a fin de que él pueda escuchar tu mensaje.
Hch 10:23 Entonces Pedro invitó a los hombres a quedarse para pasar la noche. Al siguiente día, fue con ellos, acompañado por algunos hermanos de Jope.




SALMO 17

Sal 17:1 Oh SEÑOR, oye mi ruego pidiendo justicia; escucha mi grito de auxilio. Presta oído a mi oración, porque proviene de labios sinceros.
Sal 17:2 Declárame inocente, porque tú ves a los que hacen lo correcto.
Sal 17:3 Pusiste a prueba mis pensamientos y examinaste mi corazón durante la noche; me has escudriñado y no encontraste ningún mal. Estoy decidido a no pecar con mis palabras.
Sal 17:4 He seguido tus mandatos, los cuales me impidieron ir tras la gente cruel y perversa.
Sal 17:5 Mis pasos permanecieron en tu camino; no he vacilado en seguirte.
Sal 17:6 Oh Dios, a ti dirijo mi oración porque sé que me responderás; inclínate y escucha cuando oro.
Sal 17:7 Muéstrame tu amor inagotable de maravillosas maneras. Con tu gran poder rescatas a los que buscan refugiarse de sus enemigos.
Sal 17:8 Cuídame como cuidarías tus propios ojos;* escóndeme bajo la sombra de tus alas.
Sal 17:9 Protégeme de los perversos que me atacan, del enemigo mortal que me rodea.
Sal 17:10 No tienen compasión; ¡escucha cómo se jactan!
Sal 17:11 Me rastrean y me rodean, a la espera de cualquier oportunidad para tirarme al suelo.
Sal 17:12 Son como leones hambrientos, deseosos por despedazarme; como leones jóvenes, escondidos en emboscada.
Sal 17:13 ¡Levántate, oh SEÑOR! ¡Enfréntalos y haz que caigan de rodillas! ¡Con tu espada rescátame de los perversos!
Sal 17:14 Con el poder de tu mano, oh SEÑOR, destruye a los que buscan su recompensa en este mundo; pero sacia el hambre de los que son tu tesoro. Que sus hijos tengan abundancia y dejen herencia a sus descendientes.
Sal 17:15 Porque soy recto, te veré; cuando despierte, te veré cara a cara y quedaré satisfecho.

LECTURA PARA LA NOCHE

GÉNESIS 37-38

Gén 37:1 Entonces Jacob volvió a establecerse en la tierra de Canaán, donde su padre había vivido como extranjero.
Gén 37:2 Este es el relato de Jacob y su familia. Cuando José tenía diecisiete años de edad, a menudo cuidaba los rebaños de su padre. Trabajaba para sus medio hermanos, los hijos de Bilha y Zilpa, dos de las esposas de su padre, así que le contaba a su padre acerca de las fechorías que hacían sus hermanos.
Gén 37:3 Jacob* amaba a José más que a sus otros hijos porque le había nacido en su vejez. Por eso, un día, Jacob mandó a hacer un regalo especial para José: una hermosa túnica.*
Gén 37:4 Pero, por el contrario, sus hermanos lo odiaban porque su padre lo amaba más que a ellos. No dirigían ni una sola palabra amable hacia José.
Gén 37:5 Una noche José tuvo un sueño, y cuando se lo contó a sus hermanos, lo odiaron más que nunca.
Gén 37:6 —Escuchen este sueño —les dijo—.
Gén 37:7 Resulta que estábamos en el campo atando gavillas de grano. De repente, mi gavilla se levantó, y las gavillas de ustedes se juntaron alrededor de la mía, ¡y se inclinaron ante ella!
Gén 37:8 Sus hermanos respondieron: —Así que crees que serás nuestro rey, ¿no es verdad? ¿De veras piensas que reinarás sobre nosotros? Así que lo odiaron aún más debido a sus sueños y a la forma en que los contaba.
Gén 37:9 Al poco tiempo José tuvo otro sueño y de nuevo se lo contó a sus hermanos. —Escuchen, tuve otro sueño —les dijo—. ¡El sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí!
Gén 37:10 Esta vez le contó el sueño a su padre además de a sus hermanos, pero su padre lo reprendió. —¿Qué clase de sueño es ése? —le preguntó—. ¿Acaso tu madre, tus hermanos y yo llegaremos a postrarnos delante de ti?
Gén 37:11 Sin embargo, mientras los hermanos de José tenían celos de él, su padre estaba intrigado por el significado de los sueños.
Gén 37:12 Poco tiempo después, los hermanos de José fueron hasta Siquem para apacentar los rebaños de su padre.
Gén 37:13 Cuando ya llevaban un buen tiempo allí, Jacob le dijo a José: —Tus hermanos están en Siquem apacentando las ovejas. Prepárate, porque te enviaré a verlos. —Estoy listo para ir —respondió José.
Gén 37:14 —Ve a ver cómo están tus hermanos y los rebaños —dijo Jacob—. Luego vuelve aquí y tráeme noticias de ellos. Así que Jacob despidió a José, y él viajó hasta Siquem desde su casa, en el valle de Hebrón.
Gén 37:15 Cuando José llegó a Siquem, un hombre de esa zona lo encontró dando vueltas por el campo. —¿Qué buscas? —le preguntó.
Gén 37:16 —Busco a mis hermanos —contestó José—. ¿Sabe usted dónde están apacentando sus rebaños?
Gén 37:17 —Sí —le dijo el hombre—. Se han ido de aquí, pero les oí decir: “Vayamos a Dotán”. Entonces José siguió a sus hermanos hasta Dotán y allí los encontró.
Gén 37:18 Cuando los hermanos de José lo vieron acercarse, lo reconocieron desde lejos. Mientras llegaba, tramaron un plan para matarlo.
Gén 37:19 —¡Aquí viene el soñador! —dijeron—.
Gén 37:20 Vamos, matémoslo y tirémoslo en una de esas cisternas. Podemos decirle a nuestro padre: “Un animal salvaje se lo comió”. ¡Entonces veremos en qué quedan sus sueños!
Gén 37:21 Pero cuando Rubén oyó el plan, trató de salvar a José. —No lo matemos —dijo—.
Gén 37:22 ¿Para qué derramar sangre? Sólo tirémoslo en esta cisterna vacía, aquí en el desierto. Entonces morirá sin que le pongamos una mano encima. Rubén tenía pensado rescatar a José y devolverlo a su padre.
Gén 37:23 Entonces, cuando llegó José, sus hermanos le quitaron la hermosa túnica que llevaba puesta.
Gén 37:24 Después lo agarraron y lo tiraron en la cisterna. Resulta que la cisterna estaba vacía; no tenía nada de agua adentro.
Gén 37:25 Luego, justo cuando se sentaron a comer, levantaron la vista y vieron a la distancia una caravana de camellos que venía acercándose. Era un grupo de mercaderes ismaelitas que transportaban goma de resina, bálsamo y resinas aromáticas desde Galaad hasta Egipto.
Gén 37:26 Judá dijo a sus hermanos: «¿Qué ganaremos con matar a nuestro hermano? Tendríamos que encubrir el crimen.*
Gén 37:27 En lugar de hacerle daño, vendámoslo a esos mercaderes ismaelitas. Después de todo, es nuestro hermano, ¡de nuestra misma sangre!». Así que sus hermanos estuvieron de acuerdo.
Gén 37:28 Entonces, cuando se acercaron los ismaelitas, que eran mercaderes madianitas, los hermanos de José lo sacaron de la cisterna y se lo vendieron por veinte monedas* de plata. Y los mercaderes lo llevaron a Egipto.
Gén 37:29 Tiempo después, Rubén regresó para sacar a José de la cisterna. Cuando descubrió que José no estaba allí, se rasgó la ropa en señal de lamento.
Gén 37:30 Luego regresó a donde estaban sus hermanos y dijo lamentándose: «¡El muchacho desapareció! ¿Qué voy a hacer ahora?».
Gén 37:31 Entonces los hermanos mataron un cabrito y mojaron la túnica de José con la sangre.
Gén 37:32 Luego enviaron la hermosa túnica a su padre con el siguiente mensaje: «Mira lo que encontramos. Esta túnica, ¿no es la de tu hijo?».
Gén 37:33 Su padre la reconoció de inmediato. «Sí —dijo él—, es la túnica de mi hijo. Seguro que algún animal salvaje se lo comió. ¡Sin duda despedazó a José!».
Gén 37:34 Entonces Jacob rasgó su ropa y se vistió de tela áspera, e hizo duelo por su hijo durante mucho tiempo.
Gén 37:35 Toda su familia intentó consolarlo, pero él no quiso ser consolado. A menudo decía: «Me iré a la tumba* llorando a mi hijo», y entonces sollozaba.
Gén 37:36 Mientras tanto, los mercaderes madianitas* llegaron a Egipto, y allí le vendieron a José a Potifar, quien era un oficial del faraón, rey de Egipto. Potifar era capitán de la guardia del palacio.
Gén 38:1 En esos días, Judá dejó su casa y se fue a Adulam, donde se quedó con un hombre llamado Hira.
Gén 38:2 Allí vio a una mujer cananea, la hija de Súa, y se casó con ella. Cuando se acostaron,
Gén 38:3 ella quedó embarazada y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Er.
Gén 38:4 Después volvió a quedar embarazada y dio a luz otro hijo, y le puso por nombre Onán.
Gén 38:5 Además, dio a luz un tercer hijo y lo llamó Sela. Cuando nació Sela, ellos vivían en Quezib.
Gén 38:6 Con el transcurso del tiempo, Judá arregló que Er, su hijo mayor, se casara con una joven llamada Tamar.
Gén 38:7 Pero Er era un hombre perverso ante los ojos del SEÑOR, y el SEÑOR le quitó la vida.
Gén 38:8 Entonces Judá dijo a Onán, hermano de Er: «Cásate con Tamar, como nuestra ley exige al hermano de un hombre que haya muerto. Tú debes darle un heredero a tu hermano».
Gén 38:9 Pero Onán no estaba dispuesto a tener un hijo que no fuera su propio heredero. Por eso, cada vez que tenía relaciones sexuales con la mujer de su hermano, derramaba el semen en el suelo. Esto evitaba que ella tuviera un hijo de su hermano.
Gén 38:10 Así que el SEÑOR consideró una maldad que Onán negara un hijo a su hermano muerto, y el SEÑOR también le quitó la vida a Onán.
Gén 38:11 Entonces Judá le dijo a Tamar, su nuera: «Vuelve a la casa de tus padres y permanece viuda hasta que mi hijo Sela tenga edad suficiente para casarse contigo». (Pero en realidad, Judá no pensaba hacerlo porque temía que Sela también muriera, igual que sus dos hermanos). Entonces Tamar regresó a vivir a la casa de sus padres.
Gén 38:12 Unos años después, murió la esposa de Judá. Cumplido el período de luto, Judá y su amigo Hira el adulamita subieron a Timnat para supervisar la esquila de sus ovejas.
Gén 38:13 Alguien le dijo a Tamar: «Mira, tu suegro sube a Timnat para esquilar sus ovejas».
Gén 38:14 Tamar ya sabía que Sela había crecido, pero aún no se había arreglado nada para que ella se casara con él. Así que se quitó la ropa de viuda y se cubrió con un velo para disfrazarse. Luego se sentó junto al camino, a la entrada de la aldea de Enaim, la cual está rumbo a Timnat.
Gén 38:15 Judá la vio y creyó que era una prostituta, porque ella tenía el rostro cubierto.
Gén 38:16 Entonces se detuvo y le hizo una propuesta indecente: —Déjame tener sexo contigo —le dijo, sin darse cuenta de que era su propia nuera. —¿Cuánto me pagarás por tener sexo contigo? —preguntó Tamar.
Gén 38:17 —Te enviaré un cabrito de mi rebaño —prometió Judá. —¿Pero qué me darás como garantía de que enviarás el cabrito? —preguntó ella.
Gén 38:18 —¿Qué clase de garantía quieres? —respondió él. Ella contestó: —Déjame tu sello de identidad junto con su cordón, y el bastón que llevas. Entonces Judá se los entregó. Después tuvo relaciones sexuales con ella, y Tamar quedó embarazada.
Gén 38:19 Luego ella regresó a su casa, se quitó el velo y se puso la ropa de viuda como de costumbre.
Gén 38:20 Más tarde Judá le pidió a su amigo Hira el adulamita que llevara el cabrito a la mujer y recogiera las cosas que le había dejado como garantía, pero Hira no pudo encontrarla.
Gén 38:21 Entonces preguntó a los hombres de ese lugar: —¿Dónde puedo encontrar a la prostituta del templo local que se sentaba junto al camino, a la entrada de Enaim? —Nunca hemos tenido una prostituta del templo aquí —contestaron ellos.
Gén 38:22 Entonces Hira regresó a donde estaba Judá y le dijo: —No pude encontrarla por ninguna parte, y los hombres de la aldea afirman que nunca ha habido una prostituta del templo pagano en ese lugar.
Gén 38:23 —Entonces deja que se quede con las cosas que le di —dijo Judá—. Envié el cabrito, tal como acordamos, pero tú no pudiste encontrarla. Si regresamos a buscarla, seremos el hazmerreír del pueblo.
Gén 38:24 Unos tres meses después, le dijeron a Judá: —Tu nuera Tamar se ha comportado como una prostituta y ahora, como consecuencia, está embarazada. —¡Sáquenla y quémenla! —ordenó Judá.
Gén 38:25 Pero cuando la sacaban para matarla, ella envió el siguiente mensaje a su suegro: «El dueño de estas cosas fue quien me dejó embarazada. Fíjese bien. ¿De quién son este sello, este cordón y este bastón?».
Gén 38:26 Judá los reconoció enseguida y dijo: —Ella es más justa que yo, porque no arreglé que ella se casara con mi hijo Sela. Y Judá nunca más volvió a acostarse con Tamar.
Gén 38:27 Cuando llegó el tiempo de que Tamar diera a luz, se descubrió que esperaba gemelos.
Gén 38:28 Durante el parto, uno de los niños sacó la mano, entonces la partera le ató un hilo rojo en la muñeca y anunció: «Éste salió primero».
Gén 38:29 Pero luego el niño metió la mano de vuelta, ¡y salió primero su hermano! Entonces la partera exclamó: «¡Vaya! ¿Cómo hiciste para abrirte brecha y salir primero?». Y lo llamaron Fares.*
Gén 38:30 Luego nació el niño que llevaba el hilo rojo en la muñeca, y lo llamaron Zara.*

lunes, 16 de enero de 2017

LECTURA BÍBLICA 16 DE ENERO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MATEO    6:25-34

Mat 6:25 »Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa?
Mat 6:26 Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que ellos?
Mat 6:27 ¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir un solo momento a su vida?
Mat 6:28 »¿Y por qué preocuparse por la ropa? Miren cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni cosen su ropa;
Mat 6:29 sin embargo, ni Salomón con toda su gloria se vistió tan hermoso como ellos.
Mat 6:30 Y, si Dios cuida de manera tan maravillosa a las flores silvestres que hoy están y mañana se echan al fuego, tengan por seguro que cuidará de ustedes. ¿Por qué tienen tan poca fe?
Mat 6:31 »Así que no se preocupen por todo eso diciendo: “¿Qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿qué ropa nos pondremos?”.
Mat 6:32 Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades.
Mat 6:33 Busquen el reino de Dios* por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten.
Mat 6:34 »Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy.


HECHOS 9:20-43

Hch 9:20 Y enseguida comenzó a predicar acerca de Jesús en las sinagogas, diciendo: «¡Él es verdaderamente el Hijo de Dios!».
Hch 9:21 Todos los que lo oían quedaban asombrados. «¿No es éste el mismo hombre que causó tantos estragos entre los seguidores de Jesús en Jerusalén? —se preguntaban —. ¿Y no llegó aquí para arrestarlos y llevarlos encadenados ante los sacerdotes principales?».
Hch 9:22 La predicación de Saulo se hacía cada vez más poderosa, y los judíos de Damasco no podían refutar las pruebas de que Jesús de verdad era el Mesías.
Hch 9:23 Poco tiempo después, unos judíos conspiraron para matarlo.
Hch 9:24 Día y noche vigilaban la puerta de la ciudad para poder asesinarlo, pero a Saulo se le informó acerca del complot.
Hch 9:25 De modo que, durante la noche, algunos de los creyentes* lo bajaron en un canasto grande por una abertura que había en la muralla de la ciudad.
Hch 9:26 Cuando Saulo llegó a Jerusalén, trató de reunirse con los creyentes, pero todos le tenían miedo. ¡No creían que de verdad se había convertido en un creyente!
Hch 9:27 Entonces Bernabé se lo llevó a los apóstoles y les contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino a Damasco y cómo el Señor le había hablado a Saulo. También les dijo que, en Damasco, Saulo había predicado con valentía en el nombre de Jesús.
Hch 9:28 Así que Saulo se quedó con los apóstoles y los acompañó por toda Jerusalén, predicando con valor en el nombre del Señor.
Hch 9:29 Debatió con algunos judíos que hablaban griego, pero ellos trataron de matarlo.
Hch 9:30 Cuando los creyentes* se enteraron, lo llevaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso, su ciudad natal.
Hch 9:31 La iglesia, entonces, tuvo paz por toda Judea, Galilea y Samaria; se fortalecía y los creyentes vivían en el temor del Señor. Y, con la ayuda del Espíritu Santo, también creció en número.
Hch 9:32 Mientras tanto, Pedro viajaba de un lugar a otro, y descendió a visitar a los creyentes de la ciudad de Lida.
Hch 9:33 Allí conoció a un hombre llamado Eneas, quien estaba paralizado y postrado en cama hacía ocho años.
Hch 9:34 Pedro le dijo: «Eneas, ¡Jesucristo te sana! ¡Levántate y enrolla tu camilla!». Al instante, fue sanado.
Hch 9:35 Entonces todos los habitantes de Lida y Sarón vieron a Eneas caminando, y se convirtieron al Señor.
Hch 9:36 Había una creyente en Jope que se llamaba Tabita (que en griego significa Dorcas*). Ella siempre hacía buenas acciones a los demás y ayudaba a los pobres.
Hch 9:37 En esos días, se enfermó y murió. Lavaron el cuerpo para el entierro y lo pusieron en un cuarto de la planta alta.
Hch 9:38 Pero los creyentes habían oído que Pedro estaba cerca, en Lida, entonces mandaron a dos hombres a suplicarle: «Por favor, ¡ven tan pronto como puedas!».
Hch 9:39 Así que Pedro regresó con ellos y, tan pronto como llegó, lo llevaron al cuarto de la planta alta. El cuarto estaba lleno de viudas que lloraban y le mostraban a Pedro las túnicas y demás ropa que Dorcas les había hecho.
Hch 9:40 Pero Pedro les pidió a todos que salieran del cuarto; luego se arrodilló y oró. Volviéndose hacia el cuerpo, dijo: «¡Tabita, levántate!». ¡Y ella abrió los ojos! Cuando vio a Pedro, ¡se sentó!
Hch 9:41 Él le dio la mano y la ayudó a levantarse. Después llamó a las viudas y a todos los creyentes, y la presentó viva.
Hch 9:42 Las noticias corrieron por toda la ciudad y muchos creyeron en el Señor.
Hch 9:43 Y Pedro se quedó mucho tiempo en Jope, viviendo con Simón, un curtidor de pieles.



SALMO 16

Sal 16:1 Mantenme a salvo, oh Dios, porque a ti he acudido en busca de refugio.
Sal 16:2 Le dije al SEÑOR: «¡Tú eres mi dueño! Todo lo bueno que tengo proviene de ti».
Sal 16:3 ¡Los justos de la tierra son mis verdaderos héroes! ¡Ellos son mi deleite!
Sal 16:4 A quienes andan detrás de otros dioses se les multiplican los problemas. No participaré en sus sacrificios de sangre ni siquiera mencionaré los nombres de sus dioses.
Sal 16:5 SEÑOR, sólo tú eres mi herencia, mi copa de bendición; tú proteges todo lo que me pertenece.
Sal 16:6 La tierra que me has dado es agradable; ¡qué maravillosa herencia!
Sal 16:7 Bendeciré al SEÑOR, quien me guía; aun de noche mi corazón me enseña.
Sal 16:8 Sé que el SEÑOR siempre está conmigo; no seré sacudido, porque él está aquí a mi lado.
Sal 16:9 Con razón mi corazón está contento y yo me alegro;* mi cuerpo descansa seguro,
Sal 16:10 porque tú no dejarás mi alma entre los muertos* ni permitirás que tu santo* se pudra en la tumba.
Sal 16:11 Me mostrarás el camino de la vida, me concederás la alegría de tu presencia y el placer de vivir contigo para siempre.*

LECTURA PARA LA NOCHE

GÉNESIS 36

Gén 36:1 Este es el relato de los descendientes de Esaú (también conocido como Edom).
Gén 36:2 Esaú se casó con dos mujeres jóvenes de Canaán: Ada, hija de Elón el hitita, y Aholibama, hija de Aná y nieta de Zibeón el heveo.
Gén 36:3 También se casó con su prima Basemat, que era hija de Ismael y hermana de Nebaiot.
Gén 36:4 Ada dio a luz un hijo, a quien llamaron Elifaz. Basemat dio a luz un hijo llamado Reuel.
Gén 36:5 Aholibama dio a luz varones: Jeús, Jaalam y Coré. Todos esos hijos le nacieron a Esaú en tierra de Canaán.
Gén 36:6 Esaú tomó a sus esposas, a sus hijos y a los de su casa, junto con sus animales y su ganado —toda la riqueza que había adquirido en la tierra de Canaán— y se mudó para alejarse de su hermano Jacob.
Gén 36:7 No había tierra suficiente para sustentar a ambos, debido a la cantidad de animales y posesiones que habían adquirido.
Gén 36:8 Por eso, Esaú (también conocido como Edom) se estableció en la zona montañosa de Seir.
Gén 36:9 Este es el relato de los descendientes de Esaú, los edomitas, que habitaron en la zona montañosa de Seir.
Gén 36:10 Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada, esposa de Esaú; y Reuel, hijo de Basemat, esposa de Esaú.
Gén 36:11 Los descendientes de Elifaz fueron: Temán, Omar, Zefo, Gatam y Cenaz.
Gén 36:12 Timna, la concubina de Elifaz, hijo de Esaú, dio a luz un hijo llamado Amalec. Estos fueron los descendientes de Ada, esposa de Esaú.
Gén 36:13 Los descendientes de Reuel fueron: Nahat, Zera, Sama y Miza. Estos fueron los descendientes de Basemat, esposa de Esaú.
Gén 36:14 Esaú también tuvo hijos con Aholibama, hija de Aná y nieta de Zibeón. Sus nombres fueron: Jeús, Jaalam y Coré.
Gén 36:15 Estos son los descendientes de Esaú que llegaron a ser jefes de varios clanes: Los descendientes del hijo mayor de Esaú, Elifaz, llegaron a ser jefes de los clanes de Temán, Omar, Zefo, Cenaz,
Gén 36:16 Coré, Gatam y Amalec. Ellos fueron, en la tierra de Edom, los jefes de clanes que descendieron de Elifaz. Todos fueron descendientes de Ada, esposa de Esaú.
Gén 36:17 Los descendientes de Reuel, hijo de Esaú, se convirtieron en los jefes de los clanes de Nahat, Zera, Sama y Miza. Esos son los jefes de los clanes en la tierra de Edom que descendieron de Reuel. Todos fueron descendientes de Basemat, esposa de Esaú.
Gén 36:18 Los descendientes de Esaú con su esposa Aholibama llegaron a ser jefes de los clanes de Jeús, Jaalam y Coré. Ellos fueron los jefes de los clanes que descendieron de Aholibama, esposa de Esaú e hija de Aná.
Gén 36:19 Esos son los clanes que descendieron de Esaú (también conocido como Edom), cada uno identificado por el nombre del jefe de su clan.
Gén 36:20 Estos son los nombres de las tribus que descendieron de Seir el horeo, las cuales habitaron en la tierra de Edom: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná,
Gén 36:21 Disón, Ezer y Disán. Estos fueron los jefes de los clanes horeos, descendientes de Seir, que habitaron en la tierra de Edom.
Gén 36:22 Los descendientes de Lotán fueron: Hori y Hemam. La hermana de Lotán se llamaba Timna.
Gén 36:23 Los descendientes de Sobal fueron: Alván, Manahat, Ebal, Sefo y Onam.
Gén 36:24 Los descendientes de Zibeón fueron: Aja y Aná (este Aná fue el que descubrió las aguas termales en el desierto mientras cuidaba los burros de su padre).
Gén 36:25 Los descendientes de Aná fueron: su hijo Disón, y su hija Aholibama.
Gén 36:26 Los descendientes de Disón* fueron: Hemdán, Esbán, Itrán y Querán.
Gén 36:27 Los descendientes de Ezer fueron: Bilhán, Zaaván y Acán.
Gén 36:28 Los descendientes de Disán fueron: Uz y Arán.
Gén 36:29 Así que los jefes de los clanes horeos fueron: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná,
Gén 36:30 Disón, Ezer y Disán. Los clanes horeos llevan el nombre de sus jefes de clan, los cuales habitaron en la tierra de Seir.
Gén 36:31 Estos son los reyes que gobernaron en la tierra de Edom antes de que los israelitas tuvieran rey:*
Gén 36:32 Bela, hijo de Beor, quien reinó en Edom desde su ciudad de Dinaba.
Gén 36:33 Cuando Bela murió, reinó en su lugar Jobab, hijo de Zera, quien era de Bosra.
Gén 36:34 Cuando Jobab murió, reinó en su lugar Husam, quien era de la región de Temán.
Gén 36:35 Cuando Husam murió, reinó en su lugar Hadad, hijo de Bedad; y gobernó desde la ciudad de Avit. Él fue quien derrotó a los madianitas en la tierra de Moab.
Gén 36:36 Cuando Hadad murió, reinó en su lugar Samla, quien era de la ciudad de Masreca.
Gén 36:37 Cuando Samla murió, reinó en su lugar Saúl, quien era de la ciudad de Rehobot del Río.
Gén 36:38 Cuando Saúl murió, reinó en su lugar Baal-hanán, hijo de Acbor.
Gén 36:39 Cuando Baal-hanán, hijo de Acbor, murió, reinó en su lugar Hadad* y gobernó desde la ciudad de Pau. Su esposa fue Mehetabel, hija de Matred y nieta de Mezaab.
Gén 36:40 Estos son los nombres de los jefes de los clanes descendientes de Esaú, los cuales habitaron en los lugares que llevan sus mismos nombres: Timna, Alva, Jetet,
Gén 36:41 Aholibama, Ela, Pinón,
Gén 36:42 Cenaz, Temán, Mibzar,
Gén 36:43 Magdiel e Iram. Esos son los jefes de los clanes de Edom, registrados según los asentamientos en la tierra que ocuparon. Todos ellos descendieron de Esaú, el antepasado de los edomitas.

domingo, 15 de enero de 2017

LECTURA BÍBLICA 15 DE ENERO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MATEO    6:16-24

Mat 6:16 »Y, cuando ayunes, que no sea evidente, como hacen los hipócritas pues tratan de tener una apariencia miserable y andan desarreglados para que la gente los admire por sus ayunos. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que ésa.
Mat 6:17 Pero tú, cuando ayunes, lávate la cara y péinate.
Mat 6:18 Así, nadie se dará cuenta de que estás ayunando, excepto tu Padre, quien sabe lo que haces en privado. Y tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará.
Mat 6:19 »No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban.
Mat 6:20 Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar.
Mat 6:21 Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.
Mat 6:22 »Tu ojo es una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz.
Mat 6:23 Pero, cuando tu ojo es malo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad. Y si la luz que crees tener en realidad es oscuridad, ¡qué densa es esa oscuridad!
Mat 6:24 »Nadie puede servir a dos amos. Pues odiará a uno y amará al otro; será leal a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero.



HECHOS 9:1-19

Hch 9:1 Mientras tanto, Saulo pronunciaba amenazas en cada palabra y estaba ansioso por matar a los seguidores* del Señor. Así que acudió al sumo sacerdote.
Hch 9:2 Le pidió cartas dirigidas a las sinagogas de Damasco para solicitarles su cooperación en el arresto de los seguidores del Camino que se encontraran ahí. Su intención era llevarlos —a hombres y mujeres por igual —de regreso a Jerusalén encadenados.
Hch 9:3 Al acercarse a Damasco para cumplir esa misión, una luz del cielo de repente brilló alrededor de él.
Hch 9:4 Saulo cayó al suelo y oyó una voz que le decía: —¡Saulo, Saulo! ¿Por qué me persigues?
Hch 9:5 —¿Quién eres, señor? —preguntó Saulo. —Yo soy Jesús, ¡a quien tú persigues! —contestó la voz —.
Hch 9:6 Ahora levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.
Hch 9:7 Los hombres que estaban con Saulo se quedaron mudos, porque oían el sonido de una voz, ¡pero no veían a nadie!
Hch 9:8 Saulo se levantó del suelo pero, cuando abrió los ojos, estaba ciego. Entonces sus acompañantes lo llevaron de la mano hasta Damasco.
Hch 9:9 Permaneció allí, ciego, durante tres días sin comer ni beber.
Hch 9:10 Ahora bien, había un creyente* en Damasco llamado Ananías. El Señor le habló en una visión, lo llamó: —¡Ananías! —¡Sí, Señor! —respondió.
Hch 9:11 El Señor le dijo: —Ve a la calle llamada Derecha, a la casa de Judas. Cuando llegues, pregunta por un hombre de Tarso que se llama Saulo. En este momento, él está orando.
Hch 9:12 Le he mostrado en visión a un hombre llamado Ananías que entra y pone las manos sobre él para que recobre la vista.
Hch 9:13 —¡Pero Señor! —exclamó Ananías—, ¡he oído a mucha gente hablar de las cosas terribles que ese hombre les ha hecho a los creyentes* de Jerusalén!
Hch 9:14 Además, tiene la autorización de los sacerdotes principales para arrestar a todos los que invocan tu nombre.
Hch 9:15 Pero el Señor le dijo: —Ve, porque él es mi instrumento elegido para llevar mi mensaje a los gentiles* y a reyes, como también al pueblo de Israel.
Hch 9:16 Y le voy a mostrar cuánto debe sufrir por mi nombre.
Hch 9:17 Así que Ananías fue y encontró a Saulo, puso sus manos sobre él y dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, quien se te apareció en el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo».
Hch 9:18 Al instante, algo como escamas cayó de los ojos de Saulo y recobró la vista. Luego se levantó y fue bautizado.
Hch 9:19 Después comió algo y recuperó las fuerzas. Saulo se quedó unos días con los creyentes* en Damasco.



SALMO 15

Sal 15:1 SEÑOR, ¿quién puede adorar en tu santuario? ¿Quién puede entrar a tu presencia en tu monte santo?
Sal 15:2 Los que llevan una vida intachable y hacen lo correcto, los que dicen la verdad con corazón sincero.
Sal 15:3 Los que no se prestan al chisme ni le hacen daño a su vecino, ni hablan mal de sus amigos.
Sal 15:4 Los que desprecian a los pecadores descarados, y honran a quienes siguen fielmente al SEÑOR y mantienen su palabra aunque salgan perjudicados.
Sal 15:5 Los que prestan dinero sin cobrar intereses y no aceptan sobornos para mentir acerca de un inocente. Esa gente permanecerá firme para siempre.

LECTURA PARA LA NOCHE

GÉNESIS 34-35

Gén 34:1 Cierto día, Dina, la hija de Jacob y Lea, fue a visitar a unas jóvenes que vivían en la región.
Gén 34:2 Cuando el príncipe del lugar, Siquem, hijo de Hamor el heveo, vio a Dina, la tomó a la fuerza y la violó.
Gén 34:3 Sin embargo, luego se enamoró de ella e intentó ganarse su cariño con palabras tiernas.
Gén 34:4 Le dijo a su padre Hamor: «Consígueme a esta joven pues quiero casarme con ella».
Gén 34:5 Entonces Jacob se enteró de que Siquem había deshonrado a su hija Dina, pero como sus hijos estaban en el campo cuidando sus animales, él no dijo nada hasta que regresaron.
Gén 34:6 Hamor, el padre de Siquem, fue a hablar del asunto con Jacob.
Gén 34:7 Mientras tanto, los hijos de Jacob, al enterarse de lo ocurrido, regresaron del campo de inmediato. Quedaron horrorizados y llenos de furia cuando supieron que su hermana había sido violada. Siquem había cometido un acto vergonzoso contra la familia de Jacob,* algo que nunca debió haber hecho.
Gén 34:8 Hamor habló con Jacob y con sus hijos: —Mi hijo Siquem está verdaderamente enamorado de su hija —dijo—. Por favor, permítanle casarse con ella.
Gén 34:9 De hecho, formemos también otros matrimonios: ustedes nos entregan a sus hijas para nuestros hijos, y nosotros les entregaremos a nuestras hijas para los hijos de ustedes.
Gén 34:10 Todos ustedes pueden vivir entre nosotros; ¡la tierra está a su disposición! Establézcanse aquí y comercien con nosotros, y siéntanse en libertad de comprar propiedades en la región.
Gén 34:11 El propio Siquem también habló con el padre de Dina y con sus hermanos: —Por favor, sean bondadosos conmigo y permitan que me case con ella —les suplicó—. Yo les daré cualquier cosa que me pidan.
Gén 34:12 Sea cual fuere la dote o el regalo que exijan, lo pagaré de buena gana; sólo les pido que me entreguen a la muchacha como esposa.
Gén 34:13 Pero como Siquem había deshonrado a la hermana de ellos, Dina, los hijos de Jacob respondieron con engaño a Siquem y a Hamor, su padre.
Gén 34:14 Les dijeron: —De ninguna manera podemos permitirlo, porque tú no has sido circuncidado. ¡Sería una vergüenza para nuestra hermana casarse con un hombre como tú!
Gén 34:15 Pero hay una solución. Si todos los varones entre ustedes se circuncidan, como lo hicimos nosotros,
Gén 34:16 entonces les entregaremos a nuestras hijas y tomaremos a las hijas de ustedes para nosotros. Viviremos entre ustedes y seremos un solo pueblo;
Gén 34:17 pero si no aceptan circuncidarse, tomaremos a nuestra hermana y nos marcharemos.
Gén 34:18 Hamor y su hijo Siquem aceptaron la propuesta.
Gén 34:19 Siquem no demoró en cumplir con el requisito, porque deseaba con desesperación a la hija de Jacob. Siquem era un miembro muy respetado de su familia,
Gén 34:20 y acompañó a su padre, Hamor, a presentar la propuesta a los líderes que estaban a las puertas de la ciudad.
Gén 34:21 Les dijeron: «Esos hombres son nuestros amigos. Invitémoslos a vivir entre nosotros y comerciemos libremente. Miren, hay suficiente tierra para mantenerlos. Podemos tomar a sus hijas como esposas y permitir que ellos se casen con las nuestras.
Gén 34:22 Pero ellos aceptarán quedarse aquí y formar un solo pueblo con nosotros únicamente si nuestros hombres se circuncidan, como lo hicieron ellos.
Gén 34:23 Además, si nosotros lo hacemos, todos sus animales y sus posesiones con el tiempo serán nuestros. Vamos, aceptemos sus condiciones y dejemos que se establezcan entre nosotros».
Gén 34:24 Todos los hombres del consejo estuvieron de acuerdo con Hamor y Siquem, y todos los varones de la ciudad fueron circuncidados.
Gén 34:25 Sin embargo, tres días después, cuando aún estaban adoloridos, dos de los hijos de Jacob —Simeón y Leví—, que eran hermanos de Dina por parte de padre y de madre, tomaron sus espadas y entraron en la ciudad sin encontrar resistencia. Entonces masacraron a todos los varones,
Gén 34:26 entre ellos Hamor y su hijo Siquem. Los mataron a espada, y después sacaron a Dina de la casa de Siquem y regresaron a su campamento.
Gén 34:27 Mientras tanto, los demás hijos de Jacob llegaron a la ciudad. Al encontrar masacrados a los hombres, saquearon la ciudad, porque allí habían deshonrado a su hermana.
Gén 34:28 Se apoderaron de todos los rebaños, las manadas y los burros; se llevaron todo lo que pudieron, tanto de adentro de la ciudad como de los campos.
Gén 34:29 Robaron todas las riquezas y saquearon las casas. También tomaron a todos los niños y a las mujeres, y se los llevaron cautivos.
Gén 34:30 Después, Jacob les dijo a Simeón y a Leví: —¡Ustedes me han arruinado! Me han hecho despreciable ante todos los pueblos de esta tierra: los cananeos y los ferezeos. Nosotros somos tan pocos que ellos se unirán y nos aplastarán. ¡Me destruirán, y toda mi familia será aniquilada!
Gén 34:31 —¿Pero cómo íbamos a permitir que él tratara a nuestra hermana como a una prostituta? —replicaron ellos, enojados.
Gén 35:1 Entonces Dios dijo a Jacob: «¡Prepárate! Múdate a Betel, establécete allí y edifica un altar a Dios, quien te apareció cuando huías de tu hermano Esaú».
Gén 35:2 Entonces Jacob les dijo a todos los de su casa: «Desháganse de todos sus ídolos paganos, purifíquense y pónganse ropas limpias.
Gén 35:3 Ahora vamos a Betel, donde edificaré un altar al Dios que respondió a mis oraciones cuando yo estaba angustiado. Él ha estado conmigo en todos los lugares por donde anduve».
Gén 35:4 Entonces le entregaron a Jacob todos los ídolos paganos que conservaban y también los aretes, y él los enterró bajo el gran árbol que está cerca de Siquem.
Gén 35:5 Cuando salían, Dios mandó terror sobre los habitantes de todas las ciudades de aquella región, así que nadie atacó a la familia de Jacob.
Gén 35:6 Finalmente Jacob y todos los de su casa llegaron a Luz (también llamada Betel), en Canaán.
Gén 35:7 Allí Jacob edificó un altar y llamó al lugar El-betel (que significa «Dios de Betel»), porque Dios se le había aparecido allí cuando huía de su hermano Esaú.
Gén 35:8 Poco tiempo después murió Débora, la mujer que había cuidado a Rebeca desde niña, y fue enterrada bajo el roble que está en el valle de Betel. Desde entonces ese lugar fue llamado Alón-bacut (que significa «roble del llanto»).
Gén 35:9 Ahora que Jacob había regresado de Padán-aram, Dios se le apareció de nuevo en Betel. Y Dios lo bendijo
Gén 35:10 diciéndole: «Tu nombre es Jacob, pero ya no te llamarás Jacob. A partir de ahora tu nombre será Israel».* Así que Dios le cambió el nombre y lo llamó Israel.
Gén 35:11 Entonces Dios dijo: «Yo soy El-Shaddai: Dios Todopoderoso. Sé fructífero y multiplícate. Llegarás a formar una gran nación; incluso, de ti saldrán muchas naciones. ¡Habrá reyes entre tus descendientes!
Gén 35:12 Y te entregaré la tierra que les di a Abraham y a Isaac. Así es, te la daré a ti y a tus descendientes».
Gén 35:13 Luego Dios ascendió desde el lugar donde le había hablado a Jacob.
Gén 35:14 Jacob levantó una columna conmemorativa para marcar el lugar donde Dios le había hablado. Luego derramó vino sobre la columna como sacrificio a Dios y la ungió con aceite de oliva.
Gén 35:15 Jacob llamó a aquel lugar Betel (que significa «casa de Dios»), porque allí Dios le había hablado.
Gén 35:16 Una vez que salieron de Betel, Jacob y su clan avanzaron hacia Efrata; pero Raquel entró en trabajo de parto mientras aún estaban lejos de allí, y sus dolores eran intensos.
Gén 35:17 Luego de un parto muy difícil, la partera finalmente exclamó: «¡No temas; tienes otro varón!».
Gén 35:18 Raquel estaba a punto de morir, pero con su último suspiro puso por nombre al niño Benoni (que significa «hijo de mi tristeza»). Sin embargo, el padre del niño lo llamó Benjamín (que significa «hijo de mi mano derecha»).
Gén 35:19 Así que Raquel murió y fue enterrada en el camino a Efrata (es decir, Belén).
Gén 35:20 Jacob levantó una columna conmemorativa sobre la tumba de Raquel, la cual puede verse hasta el día de hoy.
Gén 35:21 Entonces Jacob* siguió su viaje y acampó más allá de Migdal-edar.
Gén 35:22 Mientras vivía allí, Rubén tuvo relaciones sexuales con Bilha, la concubina de su padre, y Jacob se enteró enseguida. Estos son los nombres de los doce hijos de Jacob:
Gén 35:23 Los hijos de Lea fueron: Rubén (el hijo mayor de Jacob), Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.
Gén 35:24 Los hijos de Raquel fueron: José y Benjamín.
Gén 35:25 Los hijos de Bilha, la sierva de Raquel, fueron: Dan y Neftalí.
Gén 35:26 Los hijos de Zilpa, la sierva de Lea, fueron: Gad y Aser. Estos son los nombres de los hijos que le nacieron a Jacob en Padán-aram.
Gén 35:27 Entonces Jacob regresó a la casa de su padre Isaac en Mamre, que está cerca de Quiriat-arba (actualmente llamada Hebrón), donde Abraham e Isaac vivieron como extranjeros.
Gén 35:28 Isaac vivió ciento ochenta años.
Gén 35:29 Después dio su último suspiro y murió en buena vejez, y se reunió con sus antepasados al morir. Y lo enterraron sus hijos Esaú y Jacob.

sábado, 14 de enero de 2017

LECTURA BÍBLICA 14 DE ENERO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MATEO    6:1-15

Mat 6:1 »¡Tengan cuidado! No hagan sus buenas acciones en público para que los demás los admiren, porque perderán la recompensa de su Padre, que está en el cielo.
Mat 6:2 Cuando le des a alguien que pasa necesidad, no hagas lo que hacen los hipócritas que tocan la trompeta en las sinagogas y en las calles para llamar la atención a sus actos de caridad. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que ésa.
Mat 6:3 Pero tú, cuando le des a alguien que pasa necesidad, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.
Mat 6:4 Entrega tu ayuda en privado y tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará.
Mat 6:5 »Cuando ores, no hagas como los hipócritas a quienes les encanta orar en público, en las esquinas de las calles y en las sinagogas donde todos pueden verlos. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que ésa.
Mat 6:6 Pero tú, cuando ores, apártate a solas, cierra la puerta detrás de ti y ora a tu Padre en privado. Entonces, tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará.
Mat 6:7 »Cuando ores, no parlotees de manera interminable como hacen los seguidores de otras religiones. Piensan que sus oraciones recibirán respuesta sólo por repetir las mismas palabras una y otra vez.
Mat 6:8 No seas como ellos, porque tu Padre sabe exactamente lo que necesitas, incluso antes de que se lo pidas.
Mat 6:9 Ora de la siguiente manera: Padre nuestro que estás en el cielo, que sea siempre santo tu nombre.
Mat 6:10 Que tu reino venga pronto. Que se cumpla tu voluntad en la tierra como se cumple en el cielo.
Mat 6:11 Danos hoy el alimento que necesitamos,*
Mat 6:12 y perdona nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros.
Mat 6:13 No permitas que cedamos ante la tentación,* sino rescátanos del maligno.*
Mat 6:14 »Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti.
Mat 6:15 Pero, si te niegas a perdonar a los demás, tu Padre no perdonará tus pecados.


HECHOS 8:26-40

Hch 8:26 En cuanto a Felipe, un ángel del Señor le dijo: «Ve al sur* por el camino del desierto que va de Jerusalén a Gaza».
Hch 8:27 Entonces él emprendió su viaje y se encontró con el tesorero de Etiopía, un eunuco de mucha autoridad bajo el mando de Candace, la reina de Etiopía. El eunuco había ido a Jerusalén a adorar
Hch 8:28 y ahora venía de regreso. Sentado en su carruaje, leía en voz alta el libro del profeta Isaías.
Hch 8:29 El Espíritu Santo le dijo a Felipe: «Acércate y camina junto al carruaje».
Hch 8:30 Felipe se acercó corriendo y oyó que el hombre leía al profeta Isaías. Felipe le preguntó: —¿Entiendes lo que estás leyendo?
Hch 8:31 El hombre contestó: —¿Y cómo puedo entenderlo, a menos que alguien me explique? Y le rogó a Felipe que subiera al carruaje y se sentara junto a él.
Hch 8:32 El pasaje de la Escritura que leía era el siguiente: «Como oveja fue llevado al matadero. Y, como cordero en silencio ante sus trasquiladores, no abrió su boca.
Hch 8:33 Fue humillado y no le hicieron justicia. ¿Quién puede hablar de sus descendientes? Pues su vida fue quitada de la tierra»*.
Hch 8:34 El eunuco le preguntó a Felipe: «Dime, ¿hablaba el profeta acerca de sí mismo o de alguien más?».
Hch 8:35 Entonces, comenzando con esa misma porción de la Escritura, Felipe le habló de la Buena Noticia acerca de Jesús.
Hch 8:36 Mientras iban juntos, llegaron a un lugar donde había agua, y el eunuco dijo: «¡Mira, allí hay agua! ¿Qué impide que yo sea bautizado?»*.
Hch 8:37 -.-
Hch 8:38 Ordenó que detuvieran el carruaje, descendieron al agua, y Felipe lo bautizó.
Hch 8:39 Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco nunca más volvió a verlo, pero siguió su camino con mucha alegría.
Hch 8:40 Entre tanto, Felipe se encontró más al norte, en la ciudad de Azoto. Predicó la Buena Noticia allí y en cada pueblo a lo largo del camino, hasta que llegó a Cesarea.


SALMO 14

Sal 14:1 Sólo los necios dicen en su corazón: «No hay Dios». Ellos son corruptos y sus acciones son malas; ¡no hay ni uno solo que haga lo bueno!
Sal 14:2 El SEÑOR mira desde los cielos a toda la raza humana; observa para ver si hay alguien realmente sabio, si alguien busca a Dios.
Sal 14:3 Pero no, todos se desviaron; todos se corrompieron.* No hay ni uno que haga lo bueno, ¡ni uno solo!
Sal 14:4 ¿Será posible que nunca aprendan los que hacen el mal? Devoran a mi pueblo como si fuera pan y ni siquiera piensan en orar al SEÑOR.
Sal 14:5 El terror se apoderará de ellos, pues Dios está con los que lo obedecen.
Sal 14:6 Los perversos frustran los planes de los oprimidos, pero el SEÑOR protegerá a su pueblo.
Sal 14:7 ¿Quién vendrá del monte Sión para rescatar a Israel? Cuando el SEÑOR restaure a su pueblo, Jacob gritará de alegría e Israel se gozará.

LECTURA PARA LA NOCHE

GÉNESIS 32-33

Gén 32:1 * Cuando Jacob emprendió nuevamente su viaje, llegaron ángeles de Dios a encontrarse con él.
Gén 32:2 Al verlos, Jacob exclamó: «¡Este es el campamento de Dios!». Por eso llamaron a aquel lugar Mahanaim.*
Gén 32:3 Entonces Jacob envió mensajeros por delante a su hermano Esaú, quien vivía en la región de Seir, en la tierra de Edom.
Gén 32:4 Y les dijo: «Den este mensaje a mi señor Esaú: “Humildes saludos de tu siervo Jacob. Hasta el momento, estuve viviendo con el tío Labán,
Gén 32:5 y ahora soy dueño de ganado, burros, rebaños de ovejas y de cabras, y muchos siervos, tanto varones como mujeres. He enviado a estos mensajeros por delante para informar a mi señor de mi llegada, con la esperanza de que me recibas con bondad”».
Gén 32:6 Después de transmitir el mensaje, los mensajeros regresaron y le informaron a Jacob: «Nos encontramos con su hermano Esaú y ya viene en camino a su encuentro, ¡con un ejército de cuatrocientos hombres!».
Gén 32:7 Jacob quedó aterrado con la noticia. Entonces separó a los miembros de su casa en dos grupos, y también a los rebaños, a las manadas y a los camellos,
Gén 32:8 pues pensó: «Si Esaú encuentra a uno de los grupos y lo ataca, quizá el otro grupo pueda escapar».
Gén 32:9 Entonces Jacob oró: «Oh Dios de mi abuelo Abraham y Dios de mi padre Isaac; oh SEÑOR, tú me dijiste: “Regresa a tu tierra y a tus parientes”. Y me prometiste: “Te trataré con bondad”.
Gén 32:10 No soy digno de todo el amor inagotable y de la fidelidad que has mostrado a mí, tu siervo. Cuando salí de mi hogar y crucé el río Jordán, no poseía más que mi bastón, ¡pero ahora todos los de mi casa ocupan dos grandes campamentos!
Gén 32:11 Oh SEÑOR, te ruego que me rescates de la mano de mi hermano Esaú. Tengo miedo de que venga para atacarme a mí y también a mis esposas y a mis hijos.
Gén 32:12 Pero tú me prometiste: “Ciertamente te trataré con bondad y multiplicaré tus descendientes hasta que lleguen a ser tan numerosos como la arena a la orilla del mar, imposibles de contar”».
Gén 32:13 Así que Jacob pasó la noche en aquel lugar. Luego escogió de sus pertenencias los siguientes regalos para entregar a su hermano Esaú:
Gén 32:14 doscientas cabras, veinte chivos, doscientas ovejas, veinte carneros,
Gén 32:15 trienta camellas con sus crías, cuarenta vacas, diez toros, veinte burras y diez burros.
Gén 32:16 Separó esos animales en manadas y asignó cada manada a un siervo distinto. Luego dijo a estos siervos: «Vayan delante de mí con los animales, pero guarden una buena distancia entre las manadas».
Gén 32:17 A los hombres que dirigían el primer grupo les dio las siguientes instrucciones: «Cuando mi hermano Esaú se encuentre con ustedes, él les preguntará: “¿De quién son siervos? ¿Adónde van? ¿Quién es el dueño de estos animales?”.
Gén 32:18 Entonces deben contestar: “Pertenecen a su servidor Jacob, pero son un regalo para su señor Esaú. Mire, él viene detrás de nosotros”».
Gén 32:19 Jacob dio las mismas instrucciones a los siervos a cargo del segundo y tercer grupo, y a todos los que iban detrás de las manadas: «Cuando se encuentren con Esaú, deben responder lo mismo,
Gén 32:20 y asegúrense de decirle: “Mire, su servidor Jacob viene detrás de nosotros”». Jacob pensó: «Intentaré apaciguarlo enviando regalos antes de mi llegada, y cuando me encuentre con él en persona, quizá me reciba con bondad».
Gén 32:21 Así que los regalos fueron enviados por delante, y Jacob pasó la noche en el campamento.
Gén 32:22 Durante la noche, Jacob se levantó y tomó a sus dos esposas, a sus dos mujeres esclavas y a sus once hijos, y cruzó el río Jaboc con ellos.
Gén 32:23 Después de llevarlos a la otra orilla, hizo pasar todas sus pertenencias.
Gén 32:24 Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer.
Gén 32:25 Cuando el hombre vio que no ganaría el combate, tocó la cadera de Jacob y la dislocó.
Gén 32:26 Luego el hombre le dijo: —¡Déjame ir, pues ya amanece! —No te dejaré ir a menos que me bendigas —le dijo Jacob.
Gén 32:27 —¿Cómo te llamas? —preguntó el hombre. —Jacob —contestó él.
Gén 32:28 —Tu nombre ya no será Jacob —le dijo el hombre—. De ahora en adelante, serás llamado Israel,* porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.
Gén 32:29 —Por favor, dime cuál es tu nombre —le dijo Jacob. —¿Por qué quieres saber mi nombre? —respondió el hombre. Entonces bendijo a Jacob allí.
Gén 32:30 Jacob llamó a aquel lugar Peniel (que significa «rostro de Dios»), porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y sin embargo conservo la vida».
Gén 32:31 El sol salía cuando Jacob dejó Peniel* y se fue cojeando debido a su cadera dislocada.
Gén 32:32 (Hasta el día de hoy, el pueblo de Israel no come del tendón que está cerca de la articulación de la cadera, debido a lo que ocurrió aquella noche cuando el hombre torció el tendón de la cadera de Jacob).
Gén 33:1 Entonces Jacob levantó la vista y vio a Esaú, quien se acercaba con sus cuatrocientos hombres. Por eso, repartió a los niños entre Lea, Raquel y sus dos esposas esclavas.
Gén 33:2 Colocó en el frente a sus dos esposas esclavas con sus respectivos hijos, después a Lea con sus hijos, y por último a Raquel y a José.
Gén 33:3 Entonces Jacob se adelantó a todos ellos. Cuando se aproximó a su hermano, se inclinó hasta el suelo siete veces delante de él.
Gén 33:4 Entonces Esaú corrió a su encuentro y lo abrazó, puso los brazos alrededor de su cuello y lo besó. Y ambos lloraron.
Gén 33:5 Después Esaú miró a las mujeres y a los niños, y preguntó: —¿Quiénes son esas personas que vienen contigo? —Son los hijos que Dios, en su misericordia, me ha dado a mí, tu siervo —contestó Jacob.
Gén 33:6 Después las esposas esclavas se presentaron con sus hijos y se inclinaron ante él.
Gén 33:7 Luego se presentó Lea con sus hijos, quienes también se inclinaron ante él. Finalmente se presentaron José y Raquel, y ambos se inclinaron ante él.
Gén 33:8 —¿Y qué eran todos esos rebaños y esas manadas que encontré en el camino? —preguntó Esaú. —Son un regalo, mi señor, para asegurar tu amistad —contestó Jacob.
Gén 33:9 —Hermano mío, yo tengo más que suficiente —dijo Esaú—. Guarda para ti lo que tienes.
Gén 33:10 —No —insistió Jacob—, si he logrado tu favor, te ruego que aceptes este regalo de mi parte. ¡Y qué alivio es ver tu amigable sonrisa! ¡Es como ver el rostro de Dios!
Gén 33:11 Por favor, acepta este regalo que te traje, porque Dios ha sido muy generoso conmigo. Yo tengo más que suficiente. Debido a la insistencia de Jacob, Esaú finalmente aceptó el regalo.
Gén 33:12 —Bien —dijo Esaú—, vamos. Yo iré delante de ti.
Gén 33:13 Pero Jacob respondió: —Tú mismo puedes ver, mi señor, que algunos de los niños son muy pequeños, y los rebaños y las manadas también tienen sus crías. Si se les hace caminar mucho, aunque fuera un solo día, todos los animales podrían morir.
Gén 33:14 Por favor, mi señor, ve tú primero. Nosotros iremos detrás más lento, a un ritmo que sea cómodo para los animales y para los niños. Nos encontraremos en Seir.
Gén 33:15 —De acuerdo —dijo Esaú—, pero déjame al menos asignarte a algunos de mis hombres para que los guíen y los protejan. —No es necesario —respondió Jacob—. ¡Basta que me hayas recibido amigablemente, mi señor!
Gén 33:16 Entonces Esaú se dio la vuelta y emprendió el camino de regreso a Seir ese mismo día.
Gén 33:17 Jacob, en cambio, viajó hasta Sucot. Allí se construyó una casa e hizo cobertizos para su ganado. Por eso aquel lugar se llamó Sucot (que significa «cobertizos»).
Gén 33:18 Después de viajar todo el trayecto desde Padán-aram, Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, en la tierra de Canaán. Una vez allí, estableció su campamento fuera de la ciudad.
Gén 33:19 La parcela donde acampó la compró a la familia de Hamor, el padre de Siquem, por cien monedas de plata.*
Gén 33:20 Y allí edificó un altar y le puso por nombre El-Elohe-Israel.*