APOSENTO ALTO

domingo, 18 de junio de 2017

LECTURA BÍBLICA 18 DE JUNIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    5:27-32

Luc 5:27 Tiempo después, al salir de la ciudad, Jesús vio a un cobrador de impuestos llamado Leví sentado en su cabina de cobrador. «Sígueme y sé mi discípulo», le dijo Jesús.
Luc 5:28 Entonces Leví se levantó, dejó todo y lo siguió.
Luc 5:29 Más tarde, Leví dio un banquete en su casa, con Jesús como invitado de honor. Muchos de los cobradores de impuestos, compañeros de Leví, y otros invitados comieron con ellos.
Luc 5:30 Pero los fariseos y los maestros de la ley religiosa les reclamaron severamente a los discípulos de Jesús diciéndoles: «¿Por qué comen y beben con semejante escoria*?».
Luc 5:31 Jesús les contestó: «La gente sana no necesita médico, los enfermos sí.
Luc 5:32 No he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores y necesitan arrepentirse».







FILIPENSES 2:12-18

Flp 2:12 Queridos amigos, siempre siguieron mis instrucciones cuando estaba con ustedes. Y, ahora que estoy lejos, es aún más importante que lo hagan. Esfuércense por demostrar los resultados de su salvación obedeciendo a Dios con profunda reverencia y temor.
Flp 2:13 Pues Dios trabaja en ustedes y les da el deseo y el poder para que hagan lo que a él le agrada.
Flp 2:14 Hagan todo sin quejarse y sin discutir,
Flp 2:15 para que nadie pueda criticarlos. Lleven una vida limpia e inocente como corresponde a hijos de Dios y brillen como luces radiantes en un mundo lleno de gente perversa y corrupta.
Flp 2:16 Aférrense a la palabra de vida; entonces, el día que Cristo vuelva, me sentiré orgulloso de no haber corrido la carrera en vano y de que mi trabajo no fue inútil.
Flp 2:17 Sin embargo, me alegraré aun si tengo que perder la vida derramándola como ofrenda líquida a Dios,* así como el fiel servicio de ustedes también es una ofrenda a Dios. Y quiero que todos ustedes participen de esta alegría.
Flp 2:18 Claro que sí, deberían alegrarse, y yo me gozaré con ustedes.




SALMO 119:137-144

Sal 119:137
Tsade
Oh SEÑOR, tú eres recto, y tus ordenanzas son justas.
Sal 119:138 Tus leyes son perfectas y absolutamente confiables.
Sal 119:139 La indignación me agobia, porque mis enemigos despreciaron tus palabras.
Sal 119:140 Tus promesas fueron sometidas a una prueba rigurosa; por eso las amo tanto.
Sal 119:141 Soy insignificante y despreciado, pero no olvido tus mandamientos.
Sal 119:142 Tu justicia es eterna, y tus enseñanzas son totalmente ciertas.
Sal 119:143 Cuando la presión y el estrés se me vienen encima, yo encuentro alegría en tus mandatos.
Sal 119:144 Tus leyes siempre tienen razón; ayúdame a entenderlas para poder vivir.






LECTURA PARA LA NOCHE

2 REYES    10-11

2Re 10:1 Acab tenía setenta hijos que vivían en la ciudad de Samaria. Así que Jehú escribió cartas y las envió a Samaria, a los ancianos y funcionarios de la ciudad* y a los tutores de los hijos de Acab. Les escribió:
2Re 10:2 «Los hijos del rey están con ustedes y ustedes tienen a su disposición carros de guerra, caballos, armas y una ciudad fortificada. En cuanto reciban esta carta,
2Re 10:3 escojan al más competente de los hijos de su amo para que sea su rey y prepárense para pelear por la dinastía de Acab».
2Re 10:4 Entonces se paralizaron de miedo y dijeron: «¡Hemos visto que dos reyes no pudieron contra este hombre! ¿Qué podemos hacer nosotros?».
2Re 10:5 Así que los administradores del palacio y de la ciudad, junto con los ancianos y con los tutores de los hijos del rey, enviaron el siguiente mensaje a Jehú: «Somos sus sirvientes y haremos todo lo que nos diga. No proclamaremos rey a nadie; haga lo que mejor le parezca».
2Re 10:6 Jehú respondió con una segunda carta: «Si ustedes están de mi lado y van a obedecerme, tráiganme a Jezreel la cabeza de cada uno de los hijos de su amo mañana, a esta hora». Los setenta hijos del rey estaban al cuidado de los líderes de Samaria, en donde se les había criado desde la niñez.
2Re 10:7 Cuando llegó la carta, los líderes mataron a los setenta hijos del rey; pusieron las cabezas en canastos y se las entregaron a Jehú, quien estaba en Jezreel.
2Re 10:8 Un mensajero fue a ver a Jehú y le dijo: —Han traído las cabezas de los hijos del rey. Entonces Jehú ordenó: —Apílenlas en dos montones a la entrada de la puerta de la ciudad y déjenlas allí hasta la mañana.
2Re 10:9 Al día siguiente, Jehú salió y habló a la multitud que se había juntado: «Ustedes no tienen la culpa —les dijo—. Yo soy el que conspiró contra mi amo y lo mató; pero ¿quién mató a todos estos?
2Re 10:10 No tengan duda de que se cumplirá el mensaje que el SEÑOR dio acerca de la familia de Acab. El SEÑOR declaró por medio de su siervo Elías que esto sucedería».
2Re 10:11 Después Jehú mató a los demás parientes de Acab que vivían en Jezreel, a todos sus funcionarios importantes, a sus amigos personales y a sus sacerdotes. Así fue cómo a Acab no le quedó ningún descendiente.
2Re 10:12 Entonces Jehú partió hacia Samaria. En el camino, mientras estaba en Bet-eked de los Pastores,
2Re 10:13 se cruzó con unos parientes del rey Ocozías, de Judá. —¿Quiénes son ustedes? —les preguntó. Y ellos contestaron: —Somos parientes del rey Ocozías. Vamos a visitar a los hijos del rey Acab y a los hijos de la reina madre.
2Re 10:14 «¡Tráiganlos vivos!», gritó Jehú a sus hombres. Así que los capturaron, cuarenta y dos en total, y los mataron junto al pozo de Bet-eked. No escapó ninguno.
2Re 10:15 Cuando Jehú salió de allí, encontró a Jonadab, hijo de Recab, quien venía a su encuentro. Después de saludarse, Jehú le dijo: —¿Me eres tan leal como yo lo soy contigo? —Sí, lo soy —contestó Jonadab. —Si lo eres —dijo Jehú—, entonces estréchame la mano. Jonadab le dio la mano y Jehú lo ayudó a subirse al carro.
2Re 10:16 Luego Jehú le dijo: —Ven conmigo y verás lo dedicado que soy al SEÑOR. Y Jonadab lo acompañó en su carro.
2Re 10:17 Cuando Jehú llegó a Samaria, mató a todos los que quedaban de la familia de Acab, tal como el SEÑOR había prometido por medio de Elías.
2Re 10:18 Luego Jehú convocó a una reunión a toda la gente de la ciudad y les dijo: «¡La forma en que Acab le rindió culto a Baal no fue nada en comparación con la forma en que yo voy a rendirle culto!
2Re 10:19 Por lo tanto, manden llamar a todos los profetas y a los que veneran a Baal y reúnan a todos sus sacerdotes. Asegúrense de que vengan todos, porque voy a ofrecer un gran sacrificio a Baal. Cualquiera que no venga será ejecutado»; pero el astuto plan de Jehú consistía en destruir a todos los que rendían culto a Baal.
2Re 10:20 Después Jehú ordenó: «¡Preparen una asamblea solemne para rendir culto a Baal!». Así que lo hicieron.
2Re 10:21 Mandó mensajeros por todo Israel para convocar a los que veneraban a Baal. Asistieron todos —no faltó ninguno— y llenaron el templo de Baal de un extremo al otro.
2Re 10:22 Entonces Jehú le indicó al encargado del guardarropa: «Asegúrate de que todos los que rinden culto a Baal tengan puesto uno de estos mantos». Así que a cada uno de ellos se le dio un manto.
2Re 10:23 Después Jehú entró al templo de Baal con Jonadab, hijo de Recab, y les dijo a los que veneraban a Baal: «Asegúrense de que aquí no haya nadie que adora al SEÑOR, sólo los que rinden culto a Baal».
2Re 10:24 Así que estaban todos adentro del templo para ofrecer sacrificios y ofrendas quemadas. Ahora bien, Jehú había puesto a ochenta de sus hombres fuera del edificio y les había advertido: «Si dejan que alguno se escape, pagarán con su propia vida».
2Re 10:25 Apenas Jehú terminó de sacrificar la ofrenda quemada, les ordenó a sus guardias y oficiales: «¡Entren y mátenlos a todos! ¡Que no escape nadie!». Así que los guardias y oficiales los mataron a filo de espada y arrastraron los cuerpos fuera.* Luego los hombres de Jehú entraron en la fortaleza más recóndita* del templo de Baal
2Re 10:26 y sacaron a rastras la columna sagrada* que se usaba para rendir culto a Baal y la quemaron.
2Re 10:27 Destrozaron la columna sagrada, demolieron el templo de Baal y lo convirtieron en un baño público; y así quedó hasta el día de hoy.
2Re 10:28 De esa forma, Jehú destruyó todo rastro del culto a Baal en Israel.
2Re 10:29 Sin embargo, no destruyó los becerros de oro que estaban en Betel y en Dan, con los cuales Jeroboam, hijo de Nabat, había hecho pecar a Israel.
2Re 10:30 No obstante, el SEÑOR le dijo a Jehú: «Hiciste bien al seguir mis instrucciones de destruir a la familia de Acab. Por lo tanto, tus descendientes serán reyes de Israel hasta la cuarta generación»;
2Re 10:31 pero Jehú no obedeció con todo el corazón la ley del SEÑOR, Dios de Israel. Se negó a abandonar los pecados que Jeroboam hizo cometer a Israel.
2Re 10:32 Por ese tiempo, el SEÑOR comenzó a reducir el tamaño del territorio de Israel. El rey Hazael conquistó varias regiones del país
2Re 10:33 al oriente del río Jordán, entre ellas, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés. El área que conquistó se extendía desde la ciudad de Aroer, cerca del valle del Arnón, hasta tan al norte como Galaad y Basán.
2Re 10:34 Los otros acontecimientos del reinado de Jehú —todo lo que hizo y todos sus logros— están registrados en El libro de la historia de los reyes de Israel .
2Re 10:35 Cuando Jehú murió, lo enterraron en Samaria; y su hijo Joacaz lo sucedió en el trono.
2Re 10:36 Jehú reinó en Israel desde Samaria durante veintiocho años en total.
2Re 11:1 Cuando Atalía, la madre del rey Ocozías de Judá, supo que su hijo había muerto, comenzó a aniquilar al resto de la familia real;
2Re 11:2 pero Josaba, hermana de Ocozías e hija del rey Yoram,* tomó a Joás, el hijo más pequeño de Ocozías, y lo rescató de entre los demás hijos del rey que estaban a punto de ser ejecutados. Para esconderlo de Atalía, Josaba puso a Joás con su nodriza en un dormitorio; por eso no asesinaron al niño.
2Re 11:3 Joás permaneció escondido en el templo del SEÑOR durante seis años, mientras Atalía gobernaba el país.
2Re 11:4 En el séptimo año del reinado de Atalía, el sacerdote Joiada mandó llamar al templo del SEÑOR a los comandantes, a los mercenarios cariteos y a los guardias del palacio. Hizo un pacto solemne con ellos y los obligó hacer un juramento de lealtad allí, en el templo del SEÑOR; luego les mostró al hijo del rey.
2Re 11:5 Joiada les dijo: «Tienen que hacer lo siguiente: una tercera parte de ustedes, los que están de turno el día de descanso, vigilarán el palacio real;
2Re 11:6 otra tercera parte de ustedes hará guardia en la Puerta Shur; y la otra tercera parte lo hará detrás de la guardia del palacio. Los tres grupos vigilarán el palacio.
2Re 11:7 Los dos grupos que no están de turno el día de descanso guardarán al rey en el templo del SEÑOR.
2Re 11:8 Formen una escolta alrededor del rey y tengan sus armas en la mano. Maten a cualquiera que intente penetrar las filas. Quédense junto al rey vaya donde vaya».
2Re 11:9 Así que los comandantes hicieron todo tal como el sacerdote Joiada les había ordenado. Los comandantes se encargaron de los hombres que se presentaban para su turno ese día de descanso, así como de los que terminaban el suyo. Los llevaron a todos ante el sacerdote Joiada,
2Re 11:10 quien les dio las lanzas y los escudos pequeños que habían pertenecido al rey David y estaban guardados en el templo del SEÑOR.
2Re 11:11 Los guardias del palacio se ubicaron alrededor del rey, con sus armas listas. Formaron una hilera desde el lado sur del templo hasta el lado norte y alrededor del altar.
2Re 11:12 Entonces Joiada sacó a Joás, el hijo del rey, puso la corona sobre su cabeza y le entregó una copia de las leyes de Dios.* Lo ungieron y lo proclamaron rey, y todos aplaudieron y gritaron: «¡Viva el rey!».
2Re 11:13 Cuando Atalía oyó el ruido que hacían los guardias del palacio y la gente, fue de prisa al templo del SEÑOR para ver qué pasaba.
2Re 11:14 Cuando llegó, vio al recién coronado rey de pie en el lugar de autoridad, junto a la columna, como era la costumbre durante las coronaciones. Los comandantes y los trompetistas lo rodeaban, y gente de todo el reino celebraba y tocaba las trompetas. Cuando Atalía vio todo esto, rasgó su ropa en señal de desesperación y gritó: «¡Traición! ¡Traición!».
2Re 11:15 Después el sacerdote Joiada ordenó a los comandantes que estaban a cargo de las tropas: «Llévensela a los soldados que están de guardia frente al templo,* y maten a cualquiera que intente rescatarla». Pues el sacerdote había dicho: «No deben matarla dentro del templo del SEÑOR».
2Re 11:16 Por eso la agarraron y la llevaron a la puerta por donde los caballos entraban al predio del palacio, y allí la mataron.
2Re 11:17 Luego Joiada hizo un pacto entre el SEÑOR y el rey y el pueblo, de que serían el pueblo del SEÑOR. También hizo un pacto entre el rey y el pueblo.
2Re 11:18 Así que toda la gente fue al templo de Baal y entre todos lo destruyeron; demolieron los altares, hicieron pedazos los ídolos y mataron a Matán, el sacerdote de Baal, frente a los altares. El sacerdote Joiada puso guardias en el templo del SEÑOR.
2Re 11:19 Después los comandantes, los mercenarios cariteos, los guardias del palacio y toda la gente del reino escoltaron al rey desde el templo del SEÑOR; pasaron por la puerta de la guardia y entraron al palacio, y el rey se sentó en el trono real.
2Re 11:20 Toda la gente del reino se alegró, y la ciudad estaba tranquila porque Atalía había sido ejecutada en el palacio del rey.
2Re 11:21 * Joás* tenía siete años cuando subió al trono.

sábado, 17 de junio de 2017

LECTURA BÍBLICA 17 DE JUNIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    5:17-26

Luc 5:17 Cierto día, mientras Jesús enseñaba, algunos fariseos y maestros de la ley religiosa estaban sentados cerca. (Al parecer, esos hombres habían llegado de todas las aldeas de Galilea y Judea, y también de Jerusalén). Y el poder sanador del Señor estaba presente con fuerza en Jesús.
Luc 5:18 Unos hombres llegaron cargando a un paralítico en una camilla. Trataron de llevarlo dentro a donde estaba Jesús,
Luc 5:19 pero no pudieron acercarse a él debido a la multitud. Entonces subieron al techo y quitaron algunas tejas. Luego bajaron al enfermo en su camilla hasta ponerlo en medio de la multitud, justo frente a Jesús.
Luc 5:20 Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo al hombre: «Joven, tus pecados son perdonados».
Luc 5:21 Pero los fariseos y los maestros de la ley religiosa decían para sí: «¿Quién se cree que es? ¡Es una blasfemia! ¡Sólo Dios puede perdonar pecados!».
Luc 5:22 Jesús supo lo que pensaban, así que les preguntó: «¿Por qué cuestionan eso en su corazón?
Luc 5:23 ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados son perdonados” o “Ponte de pie y camina”?
Luc 5:24 Así que les demostraré que el Hijo del Hombre* tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados». Entonces Jesús miró al paralítico y dijo: «¡Ponte de pie, toma tu camilla y vete a tu casa!».
Luc 5:25 Al instante, delante de todos, el hombre se levantó de un salto, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios.
Luc 5:26 El asombro se apoderó de todos, y quedaron pasmados. Y alababan a Dios exclamando: «¡Hoy hemos visto cosas maravillosas!».






FILIPENSES 2:1-11

Flp 2:1 ¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo?
Flp 2:2 Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito.
Flp 2:3 No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.
Flp 2:4 No se ocupen sólo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.
Flp 2:5 Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
Flp 2:6 Aunque era Dios,* no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse.
Flp 2:7 En cambio, renunció a sus privilegios divinos;* adoptó la humilde posición de un esclavo* y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre,*
Flp 2:8 se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales.
Flp 2:9 Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres
Flp 2:10 para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
Flp 2:11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre.



SALMO 119:129-136

Sal 119:129
Pe
Tus leyes son maravillosas. ¡Con razón las obedezco!
Sal 119:130 La enseñanza de tu palabra da luz, de modo que hasta los simples pueden entender.
Sal 119:131 Abro la boca y jadeo anhelando tus mandatos.
Sal 119:132 Ven y muéstrame tu misericordia, como lo haces con todos los que aman tu nombre.
Sal 119:133 Guía mis pasos conforme a tu palabra, para que no me domine el mal.
Sal 119:134 Rescátame de la opresión de la gente malvada, entonces podré obedecer tus mandamientos.
Sal 119:135 Mírame con amor; enséñame tus decretos.
Sal 119:136 Torrentes de lágrimas brotan de mis ojos, porque la gente desobedece tus enseñanzas.





LECTURA PARA LA NOCHE

2 REYES    8-9

2Re 8:1 Eliseo le había dicho a la madre del niño que él había resucitado: «Toma a tu familia y múdate a algún otro lugar, porque el SEÑOR ha decretado que habrá hambre en Israel durante siete años».
2Re 8:2 Entonces la mujer hizo lo que el hombre de Dios le indicó. Tomó a su familia y se estableció en la tierra de los filisteos por siete años.
2Re 8:3 Una vez que pasó el hambre, la mujer regresó de la tierra de los filisteos y fue a ver al rey para recuperar su casa y sus tierras.
2Re 8:4 Cuando ella entró, el rey estaba conversando con Giezi, el sirviente del hombre de Dios, y acababa de decirle: «Cuéntame algunas de las grandes cosas que ha hecho Eliseo».
2Re 8:5 Cuando Giezi estaba relatándole al rey la ocasión en que Eliseo le había devuelto la vida a un niño, en ese preciso instante, la madre del niño entró para presentarle al rey la petición de su casa y de sus tierras. —¡Mire, mi señor el rey! —exclamó Giezi—. ¡Ella es la mujer y este es su hijo, el que Eliseo volvió a la vida!
2Re 8:6 —¿Es cierto? —le preguntó el rey. Y ella le contó la historia. Entonces el rey dio instrucciones a uno de sus funcionarios para que la mujer recuperara todo lo que había perdido, incluso el valor de todos los cultivos que se habían cosechado durante su ausencia.
2Re 8:7 Luego Eliseo fue a Damasco, la capital de Aram, donde el rey Ben-adad estaba enfermo. Cuando alguien le informó al rey que el hombre de Dios había llegado,
2Re 8:8 el rey le dijo a Hazael: «Llévale un regalo al hombre de Dios. Luego dile que le pregunte al SEÑOR: “¿Voy a recuperarme de esta enfermedad?”».
2Re 8:9 Entonces Hazael cargó cuarenta camellos con los mejores productos de Damasco para regalarle a Eliseo. Fue a verlo y le dijo: —Tu siervo Ben-adad, rey de Aram, me ha enviado a preguntarte: “¿Voy a recuperarme de esta enfermedad?”.
2Re 8:10 Eliseo contestó: —Ve y dile: “Ciertamente te recuperarás”. ¡Pero la verdad es que el SEÑOR me ha mostrado que morirá!
2Re 8:11 Eliseo se quedó mirando a Hazael* tan fijamente que Hazael se sintió incómodo.* Así que el hombre de Dios se puso a llorar.
2Re 8:12 —¿Qué pasa, mi señor? —le preguntó Hazael. —Yo sé las cosas terribles que tú le harás al pueblo de Israel —contestó Eliseo—. ¡Quemarás sus ciudades fortificadas, matarás a sus muchachos a filo de espada, estrellarás a sus niños contra el suelo y abrirás el vientre a sus mujeres embarazadas!
2Re 8:13 Entonces Hazael le dijo: —¿Cómo podría un don nadie como yo* hacer cosas tan grandes como esas? Eliseo le contestó: —El SEÑOR me ha mostrado que tú serás rey de Aram.
2Re 8:14 Cuando Hazael se despidió de Eliseo y regresó, el rey le preguntó: —¿Qué te dijo Eliseo? —Me dijo que es seguro que te recuperarás —contestó Hazael.
2Re 8:15 Ahora bien, al día siguiente, Hazael agarró una manta, la empapó en agua y se la puso al rey sobre la cara hasta que murió. Entonces Hazael pasó a ser el siguiente rey de Aram.
2Re 8:16 Yoram, hijo del rey Josafat de Judá, comenzó a gobernar Judá durante el quinto año del reinado de Joram, hijo de Acab, rey de Israel.
2Re 8:17 Yoram tenía treinta y dos años cuando subió al trono, y reinó en Jerusalén ocho años.
2Re 8:18 Sin embargo, siguió el ejemplo de los reyes de Israel y fue tan perverso como el rey Acab, porque se había casado con una de las hijas de Acab. Así que Yoram hizo lo malo a los ojos del SEÑOR.
2Re 8:19 El SEÑOR no quiso destruir a Judá porque había hecho un pacto con David y le había prometido que sus descendientes seguirían gobernando, como una lámpara que brilla para siempre.
2Re 8:20 Durante el reinado de Yoram, los edomitas se rebelaron contra Judá y coronaron a su propio rey.
2Re 8:21 Entonces Yoram* marchó con todos sus carros de guerra a atacar la ciudad de Zair.* Los edomitas rodearon a Yoram y a los comandantes de sus carros de guerra, pero él los atacó* de noche al abrigo de la oscuridad. Sin embargo, el ejército de Yoram lo abandonó y los soldados huyeron a sus casas.
2Re 8:22 Así que Edom ha sido independiente de Judá hasta el día de hoy. La ciudad de Libna también se rebeló por ese mismo tiempo.
2Re 8:23 Los demás acontecimientos del reinado de Yoram y todo lo que hizo están registrados en El libro de la historia de los reyes de Judá .
2Re 8:24 Cuando Yoram murió, lo enterraron con sus antepasados en la ciudad de David. Luego su hijo Ocozías lo sucedió en el trono.
2Re 8:25 Ocozías, hijo de Yoram, comenzó a gobernar Judá durante el año doce del reinado de Joram, hijo de Acab, rey de Israel.
2Re 8:26 Ocozías tenía veintidós años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén un año. Su madre se llamaba Atalía y era nieta del rey Omrí de Israel.
2Re 8:27 Ocozías siguió el mal ejemplo de la familia del rey Acab. Hizo lo malo a los ojos del SEÑOR, igual que la familia de Acab, pues eran parientes políticos.
2Re 8:28 Ocozías se unió a Joram, hijo de Acab, rey de Israel, en su guerra contra el rey Hazael de Aram, en Ramot de Galaad. Cuando los arameos hirieron al rey Joram en batalla,
2Re 8:29 él regresó a Jezreel para recuperarse de las heridas que había recibido en Ramot.* Como Joram estaba herido, el rey Ocozías de Judá fue a visitarlo a Jezreel.
2Re 9:1 Mientras tanto, el profeta Eliseo mandó llamar a un miembro del grupo de profetas. «Prepárate para viajar* —le dijo—, y llévate este frasco de aceite de oliva. Ve a Ramot de Galaad,
2Re 9:2 y busca a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsi. Llévalo a un cuarto privado, lejos de sus amigos,
2Re 9:3 y derrama el aceite sobre su cabeza. Dile: “Esto dice el SEÑOR: ‘Yo te unjo para que seas rey de Israel’ ”. Luego abre la puerta ¡y corre por tu vida!».
2Re 9:4 Entonces el joven profeta hizo lo que se le indicó y fue a Ramot de Galaad.
2Re 9:5 Cuando llegó, encontró a Jehú sentado junto con otros oficiales del ejército. —Tengo un mensaje para usted, comandante —le dijo. —¿Para quién de nosotros? —preguntó Jehú. —Para usted, comandante —le contestó.
2Re 9:6 Entonces Jehú dejó a los otros y entró en la casa. Acto seguido, el joven profeta derramó el aceite sobre la cabeza de Jehú y dijo: «Esto es lo que el SEÑOR, Dios de Israel dice: “Yo te unjo rey del pueblo del SEÑOR, Israel.
2Re 9:7 Tú destruirás a la familia de Acab, tu amo. Así vengaré el asesinato de mis profetas y de todos los siervos del SEÑOR a quienes Jezabel mató.
2Re 9:8 Es preciso que toda la familia de Acab sea aniquilada. Destruiré a cada uno de sus descendientes varones, tanto esclavos como libres, en todo Israel.
2Re 9:9 Destruiré a la familia de Acab así como destruí a las familias de Jeroboam, hijo de Nabat, y de Baasa, hijo de Ahías.
2Re 9:10 Los perros se comerán a Jezabel, la esposa de Acab, en la parcela en Jezreel, y nadie la enterrará”». Enseguida el joven profeta abrió la puerta y salió corriendo.
2Re 9:11 Jehú regresó a donde estaban los otros oficiales y uno de ellos le preguntó: —¿Qué quería ese loco? ¿Está todo bien? —Ya sabes cómo parlotea un hombre de esos —contestó Jehú.
2Re 9:12 —Estás ocultando algo —le dijeron ellos—, cuéntanos. Entonces Jehú les contó: —Él me dijo: “Esto dice el SEÑOR: ‘Yo te he ungido para que seas rey de Israel’ ”.
2Re 9:13 Enseguida ellos tendieron sus capas sobre las gradas y tocaron el cuerno de carnero mientras gritaban: «¡Jehú es rey!».
2Re 9:14 Entonces Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsi, encabezó una conspiración contra el rey Joram. (Joram había estado con el ejército en Ramot de Galaad, defendiendo a Israel contra las fuerzas del rey Hazael de Aram;
2Re 9:15 pero el rey Joram* fue herido durante la batalla y regresó a Jezreel para recuperarse). Así que Jehú dijo a sus hombres: «Si ustedes quieren que yo sea rey, no dejen que nadie salga de la ciudad y vaya a Jezreel para informar lo que hemos hecho».
2Re 9:16 Entonces Jehú subió a un carro de guerra y fue a Jezreel a buscar al rey Joram, quien estaba allí, acostado y herido. El rey Ocozías de Judá también se encontraba allí porque había ido a visitarlo.
2Re 9:17 Cuando el centinela de la torre de Jezreel divisó a Jehú y a sus acompañantes acercándose, gritó a Joram: —¡Una compañía de soldados se aproxima! —Manda a un jinete a preguntarles si vienen en son de paz —ordenó el rey Joram.
2Re 9:18 Así que salió un jinete al encuentro de Jehú y le dijo: —El rey quiere saber si vienes en son de paz. —¿Y tú qué sabes de paz? —preguntó Jehú—. ¡Únete a nosotros! Entonces el centinela gritó al rey: «¡El mensajero llegó hasta ellos, pero no regresa!».
2Re 9:19 De modo que el rey envió a un segundo jinete, el cual cabalgó hasta donde ellos estaban y les dijo: —El rey quiere saber si vienen en son de paz. Y otra vez Jehú respondió: —¿Y tú que sabes de paz? ¡Únete a nosotros!
2Re 9:20 El centinela exclamó: «¡El mensajero llegó hasta ellos, pero tampoco regresa! Debe ser Jehú, el hijo de Nimsi, porque conduce como un loco».
2Re 9:21 «¡Rápido! ¡Preparen mi carro!», ordenó el rey Joram. Entonces el rey Joram de Israel y el rey Ocozías de Judá salieron en sus carros de guerra a encontrarse con Jehú. Dieron con él en la parcela que había pertenecido a Nabot de Jezreel.
2Re 9:22 El rey Joram preguntó: —¿Vienes en son de paz, Jehú? —¿Cómo puede haber paz cuando la idolatría y la brujería de tu madre, Jezabel, están por todas partes? —contestó Jehú.
2Re 9:23 Entonces el rey Joram, dando vuelta a sus caballos* para huir, le gritó a Ocozías: «¡Traición, Ocozías!».
2Re 9:24 Jehú tensó su arco y le disparó a Joram entre los hombros. La flecha le atravesó el corazón, y Joram cayó muerto dentro de su carro.
2Re 9:25 Luego Jehú le dijo a su oficial, Bidcar: «Arrójenlo en la parcela que perteneció a Nabot de Jezreel. ¿Recuerdas cuando tú y yo íbamos a caballo detrás de su padre, Acab? El SEÑOR declaró este mensaje en su contra cuando dijo:
2Re 9:26 “Juro solemnemente, dice el SEÑOR, que en esta misma parcela le daré su merecido por el asesinato que vi ayer de Nabot y de sus hijos”. Así que tírenlo en la propiedad de Nabot, tal como dijo el SEÑOR».
2Re 9:27 Al ver lo que pasaba, el rey Ocozías de Judá huyó por el camino que lleva a Bet-hagan. Entonces Jehú lo siguió gritando: «¡Dispárenle a él también!». Así que hirieron a Ocozías mientras escapaba en su carro de guerra en la cuesta de Gur, cerca de Ibleam. Pudo llegar hasta Meguido, pero allí murió.
2Re 9:28 Sus sirvientes lo llevaron en el carro de guerra hasta Jerusalén, donde lo enterraron junto a sus antepasados, en la Ciudad de David.
2Re 9:29 Ocozías había comenzado a reinar en Judá durante el año once del reinado de Joram, hijo de Acab.
2Re 9:30 Cuando Jezabel, la reina madre, supo que Jehú había llegado a Jezreel, se pintó los párpados, se arregló el cabello y se sentó frente a una ventana.
2Re 9:31 Cuando Jehú entró por la puerta del palacio, ella le gritó: «¿Has venido en son de paz, asesino? ¡Tú eres igual a Zimri, quien mató a su amo!».*
2Re 9:32 Jehú levantó la vista, la vio en la ventana y gritó: «¿Quién está de mi lado?». Entonces dos o tres eunucos se asomaron a verlo.
2Re 9:33 «¡Tírenla abajo!», gritó Jehú. Así que la arrojaron por la ventana, y su sangre salpicó la pared y los caballos; y Jehú pisoteó el cuerpo de Jezabel con las patas de sus caballos.
2Re 9:34 Luego Jehú entró al palacio, comió y bebió. Después de un rato dijo: «Que alguien se encargue de enterrar a esa maldita mujer, porque era hija de un rey»;
2Re 9:35 pero cuando fueron a enterrarla, sólo encontraron el cráneo, los pies y las manos.
2Re 9:36 Cuando regresaron y le contaron a Jehú, él declaró: «Eso cumple el mensaje que el SEÑOR dio por medio de su siervo Elías de Tisbé, quien dijo: “Los perros se comerán el cuerpo de Jezabel en la parcela de Jezreel.
2Re 9:37 Sus restos quedarán desparramados como estiércol en la parcela de Jezreel, para que nadie pueda reconocerla”».

viernes, 16 de junio de 2017

LECTURA BÍBLICA 16 DE JUNIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    5:12-16

Luc 5:12 En una de las aldeas, Jesús conoció a un hombre que tenía una lepra muy avanzada. Cuando el hombre vio a Jesús, se inclinó rostro en tierra y le suplicó que lo sanara. —¡Señor! —le dijo—, ¡si tú quieres puedes sanarme y dejarme limpio!
Luc 5:13 Jesús extendió la mano y lo tocó: —Sí quiero —dijo —. ¡Queda sano! Al instante, la lepra desapareció.
Luc 5:14 Entonces Jesús le dio instrucciones de que no dijera a nadie lo que había sucedido. Le dijo: «Preséntate ante el sacerdote y deja que te examine. Lleva contigo la ofrenda que exige la ley de Moisés a los que son sanados de lepra.* Esto será un testimonio público de que has quedado limpio».
Luc 5:15 Pero, a pesar de las instrucciones de Jesús, la noticia de su poder corrió aún más, y grandes multitudes llegaron para escucharlo predicar y ser sanados de sus enfermedades.
Luc 5:16 Pero Jesús muchas veces se alejaba al desierto para orar.





FILIPENSES 1:21-30

Flp 1:21 Pues, para mí, vivir significa vivir para Cristo y morir es aún mejor.
Flp 1:22 Pero, si vivo, puedo realizar más labor fructífera para Cristo. Así que realmente no sé qué es mejor.
Flp 1:23 Estoy dividido entre dos deseos: quisiera partir y estar con Cristo, lo cual sería mucho mejor para mí;
Flp 1:24 pero, por el bien de ustedes, es mejor que siga viviendo.
Flp 1:25 Al estar consciente de esto, estoy convencido de que seguiré con vida para continuar ayudándolos a todos ustedes a crecer y a experimentar la alegría de su fe.
Flp 1:26 Y, cuando vuelva, tendrán más razones todavía para sentirse orgullosos en Cristo Jesús de lo que él está haciendo por medio de mí.
Flp 1:27 Sobre todo, deben vivir como ciudadanos del cielo, comportándose de un modo digno de la Buena Noticia acerca de Cristo. Entonces, sea que vuelva a verlos o solamente tenga noticias de ustedes, sabré que están firmes y unidos en un mismo espíritu y propósito, luchando juntos por la fe, es decir la Buena Noticia.
Flp 1:28 No se dejen intimidar por sus enemigos de ninguna manera. Eso les será por señal a ellos de que serán destruidos, mientras que ustedes serán salvos, aun por Dios mismo.
Flp 1:29 Pues a ustedes se les dio no sólo el privilegio de confiar en Cristo sino también el privilegio de sufrir por él.
Flp 1:30 Estamos juntos en esta lucha. Ustedes han visto mi lucha en el pasado y saben que aún no ha terminado.




SALMO 119:121-128

Sal 119:121
Ayin
No me dejes a merced de mis enemigos, porque he hecho lo que es correcto y justo.
Sal 119:122 Te ruego que me des seguridad de una bendición. ¡No permitas que los arrogantes me opriman!
Sal 119:123 Mis ojos se esfuerzan por ver tu rescate, por ver la verdad de tu promesa cumplida.
Sal 119:124 Soy tu siervo; trátame con tu amor inagotable y enséñame tus decretos.
Sal 119:125 Da discernimiento a este siervo tuyo; entonces comprenderé tus leyes.
Sal 119:126 SEÑOR, es tiempo de que actúes, porque esta gente malvada ha desobedecido tus enseñanzas.
Sal 119:127 De verdad, amo tus mandatos más que el oro, incluso que el oro más fino.
Sal 119:128 Cada uno de tus mandamientos es recto, por eso detesto todo camino falso.




LECTURA PARA LA NOCHE

2 REYES    6-7

2Re 6:1 Cierto día, el grupo de profetas fue a ver a Eliseo para decirle: —Como puedes ver, este lugar, donde nos reunimos contigo es demasiado pequeño.
2Re 6:2 Bajemos al río Jordán, donde hay bastantes troncos. Allí podemos construir un lugar para reunirnos. —Me parece bien —les dijo Eliseo—, vayan.
2Re 6:3 —Por favor, ven con nosotros —le dijo uno de ellos. —Está bien, iré —contestó él.
2Re 6:4 Entonces Eliseo fue con ellos. Una vez que llegaron al Jordán, comenzaron a talar árboles;
2Re 6:5 pero mientras uno de ellos cortaba un árbol, la cabeza de su hacha cayó al río. —¡Ay, señor! —gritó—, ¡era un hacha prestada!
2Re 6:6 —¿Dónde cayó? —preguntó el hombre de Dios. Cuando le mostró el lugar, Eliseo cortó un palo y lo tiró al agua en ese mismo sitio. Entonces la cabeza del hacha salió a flote.
2Re 6:7 —Agárrala —le dijo Eliseo. Y el hombre extendió la mano y la tomó.
2Re 6:8 Cada vez que el rey de Aram entraba en guerra con Israel, consultaba con sus funcionarios y les decía: «Movilizaremos nuestras fuerzas en tal y tal lugar».
2Re 6:9 Sin embargo, de inmediato Eliseo, hombre de Dios, le advertía al rey de Israel: «No te acerques a ese lugar, porque allí los arameos piensan movilizar sus tropas».
2Re 6:10 Entonces el rey de Israel mandaba un aviso al lugar indicado por el hombre de Dios. Varias veces Eliseo le advirtió al rey para que estuviera alerta en esos lugares.
2Re 6:11 Esa situación disgustó mucho al rey de Aram y llamó a sus oficiales y les preguntó: —¿Quién de ustedes es el traidor? ¿Quién ha estado informándole al rey de Israel acerca de mis planes?
2Re 6:12 —No somos nosotros, mi señor el rey —respondió uno de los oficiales—. ¡Eliseo, el profeta de Israel, le comunica al rey de Israel hasta las palabras que usted dice en la intimidad de su alcoba!
2Re 6:13 —Vayan a averiguar dónde está —les ordenó el rey—, para mandar soldados a capturarlo. Luego le avisaron: «Eliseo está en Dotán».
2Re 6:14 Así que una noche, el rey de Aram envió un gran ejército con muchos caballos y carros de guerra para rodear la ciudad.
2Re 6:15 Al día siguiente, cuando el sirviente del hombre de Dios se levantó temprano y salió, había tropas, caballos y carros de guerra por todos lados. —¡Oh señor! ¿Qué vamos a hacer ahora? —gritó el joven a Eliseo.
2Re 6:16 —¡No tengas miedo! —le dijo Eliseo—. ¡Hay más de nuestro lado que del lado de ellos!
2Re 6:17 Entonces Eliseo oró: «Oh SEÑOR, ¡abre los ojos de este joven para que vea!». Así que el SEÑOR abrió los ojos del joven, y cuando levantó la vista vio que la montaña alrededor de Eliseo estaba llena de caballos y carros de fuego.
2Re 6:18 Cuando el ejército arameo avanzó hacia él, Eliseo rogó: «Oh SEÑOR, haz que ellos queden ciegos». Entonces el SEÑOR los hirió con ceguera, tal como Eliseo había pedido.
2Re 6:19 Luego Eliseo salió y les dijo: «¡Ustedes vinieron por el camino equivocado! ¡Esta no es la ciudad correcta! Síganme y los llevaré a donde está el hombre que buscan», y los guió a la ciudad de Samaria.
2Re 6:20 Apenas entraron en Samaria, Eliseo pidió en oración: «Oh SEÑOR, ahora ábreles los ojos para que vean». Entonces el SEÑOR les abrió los ojos, y se dieron cuenta de que estaban en el centro de la ciudad de Samaria.
2Re 6:21 Cuando el rey de Israel los vio, gritó a Eliseo: —¿Los mato, padre mío, los mato?
2Re 6:22 —¡Claro que no! —contestó Eliseo—. ¿Acaso matamos a los prisioneros de guerra? Dales de comer y de beber, y mándalos de regreso a su casa, con su amo.
2Re 6:23 Entonces el rey hizo un gran banquete para ellos y luego los mandó de regreso a su amo. Después de este incidente, los saqueadores arameos se mantuvieron lejos de la tierra de Israel.
2Re 6:24 Sin embargo, tiempo después, el rey de Aram reunió a todo su ejército y sitió a Samaria.
2Re 6:25 Como consecuencia, hubo mucha hambre en la ciudad. Estuvo sitiada por tanto tiempo que la cabeza de un burro se vendía por casi ochenta piezas de plata, y doscientos mililitros de estiércol de paloma se vendía por cinco piezas* de plata.
2Re 6:26 Cierto día, mientras el rey de Israel caminaba por la muralla de la ciudad, una mujer lo llamó: —¡Mi señor el rey, por favor, ayúdeme! —le dijo.
2Re 6:27 Él le respondió: —Si el SEÑOR no te ayuda, ¿qué puedo hacer yo? No tengo comida en el granero ni vino en la prensa para darte.
2Re 6:28 Pero después el rey le preguntó: —¿Qué te pasa? Ella contestó: —Esta mujer me dijo: “Mira, comámonos a tu hijo hoy y mañana nos comeremos al mío”.
2Re 6:29 Entonces cocinamos a mi hijo y nos lo comimos. Al día siguiente, yo le dije: “Mata a tu hijo para que nos lo comamos”, pero ella lo había escondido.
2Re 6:30 Cuando el rey oyó esto, rasgó sus vestiduras en señal de desesperación; y como seguía caminando por la muralla, la gente pudo ver que debajo del manto real tenía tela áspera puesta directamente sobre la piel.
2Re 6:31 Entonces el rey juró: «Que Dios me castigue y aun me mate si hoy mismo no separo la cabeza de Eliseo de sus hombros».
2Re 6:32 Eliseo estaba sentado en su casa con los ancianos de Israel cuando el rey mandó a un mensajero a llamarlo; pero antes de que llegara el mensajero, Eliseo dijo a los ancianos: «Un asesino ya mandó a un hombre a cortarme la cabeza. Cuando llegue, cierren la puerta y déjenlo afuera. Pronto oiremos los pasos de su amo detrás de él».
2Re 6:33 Mientras Eliseo decía esto, el mensajero llegó, y el rey* dijo: —¡Todo este sufrimiento viene del SEÑOR! ¿Por qué seguiré esperando al SEÑOR?
2Re 7:1 Eliseo le respondió: —¡Escucha el mensaje del SEÑOR! Esto dice el SEÑOR: “Mañana, a esta hora, en los mercados de Samaria, tres kilos de harina selecta costarán apenas una pieza de plata* y seis kilos de grano de cebada costarán apenas una pieza de plata”.*
2Re 7:2 El funcionario que atendía al rey le dijo al hombre de Dios: —¡Eso sería imposible aunque el SEÑOR abriera las ventanas del cielo! Pero Eliseo le respondió: —¡Lo verás con tus propios ojos, pero no podrás comer nada de eso!
2Re 7:3 Sucedió que había cuatro hombres con lepra* sentados en la entrada de las puertas de la ciudad. «¿De qué nos sirve sentarnos aquí a esperar la muerte? —se preguntaban unos a otros—.
2Re 7:4 Si nos quedamos aquí, moriremos, pero con el hambre que hay en la ciudad, moriremos de hambre también allá si regresamos. Así que mejor sería ir y entregarnos al ejército arameo. Si ellos nos perdonan la vida, mucho mejor; pero si nos matan, igual habríamos muerto».
2Re 7:5 Así que, al ponerse el sol, salieron hacia el campamento de los arameos; pero cuando se aproximaron al límite del campamento, ¡no había nadie!
2Re 7:6 Pues el SEÑOR había hecho que el ejército arameo escuchara el traqueteo de carros de guerra a toda velocidad, el galope de caballos y los sonidos de un gran ejército que se acercaba. Por eso se gritaron unos a otros: «¡El rey de Israel ha contratado a los hititas y a los egipcios* para que nos ataquen!».
2Re 7:7 Así que se llenaron de pánico y huyeron en la oscuridad de la noche; abandonaron sus carpas, sus caballos, sus burros y todo lo demás, y corrieron para salvar la vida.
2Re 7:8 Cuando los leprosos llegaron al límite del campamento, fueron de carpa en carpa, comieron y bebieron vino, sacaron plata, oro y ropa, y escondieron todo.
2Re 7:9 Finalmente se dijeron entre ellos: «Esto no está bien. Hoy es un día de buenas noticias, ¡y nosotros no lo hemos dicho a nadie! Si esperamos hasta la mañana, seguro que nos ocurre alguna calamidad. ¡Vamos, regresemos al palacio y contémosle a la gente!».
2Re 7:10 Así que regresaron a la ciudad e informaron a los porteros lo que había sucedido. «Salimos al campamento arameo —dijeron—, ¡y allí no había nadie! Los caballos y los burros estaban atados, y todas las carpas estaban en orden, ¡pero no había ni una sola persona!».
2Re 7:11 Entonces los porteros gritaron la noticia a la gente del palacio.
2Re 7:12 El rey se levantó de su cama a la mitad de la noche y dijo a sus oficiales: —Yo sé lo que pasó. Los arameos saben que estamos muriendo de hambre, por eso abandonaron su campamento y están escondidos en el campo; esperan que salgamos de la ciudad para capturarnos vivos y tomar la ciudad.
2Re 7:13 Entonces uno de sus oficiales le dijo: —Deberíamos mandar espías a investigar. Que se lleven cinco de los caballos que quedan. Si les pasa algo, no será peor que si se quedan aquí y mueren con todos nosotros.
2Re 7:14 Así que prepararon dos carros de guerra con caballos, y el rey envió espías para que averiguaran qué le había sucedido al ejército arameo.
2Re 7:15 Los espías recorrieron todo el camino hasta el río Jordán siguiendo un rastro de prendas y objetos tirados por los arameos cuando huyeron desesperadamente. Luego regresaron y le informaron al rey.
2Re 7:16 Entonces la gente de Samaria salió corriendo y saqueó el campamento de los arameos. Así se cumplió ese día, tal como el SEÑOR había prometido, que se venderían tres kilos de harina selecta por una pieza de plata y seis kilos de grano de cebada por una pieza de plata.
2Re 7:17 El rey asignó al funcionario que lo atendía para que controlara a las multitudes en la puerta, pero cuando salieron corriendo, lo atropellaron y lo pisotearon y así el hombre murió. Así que todo sucedió exactamente como el hombre de Dios lo había predicho cuando el rey fue a verlo a su casa.
2Re 7:18 El hombre de Dios le había dicho al rey: «Mañana, a esta hora, en los mercados de Samaria, tres kilos de harina selecta costarán una pieza de plata y seis kilos de grano de cebada costarán una pieza de plata».
2Re 7:19 El funcionario del rey había respondido: «¡Eso sería imposible aunque el SEÑOR abriera las ventanas del cielo!». Y el hombre de Dios había dicho: «¡Lo verás con tus propios ojos, pero no podrás comer nada de eso!».
2Re 7:20 Y así fue, las multitudes lo aplastaron y murió a la entrada de la ciudad.

jueves, 15 de junio de 2017

LECTURA BÍBLICA 15 DE JUNIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    5:1-11

Luc 5:1 Cierto día, mientras Jesús predicaba en la orilla del mar de Galilea,* grandes multitudes se abalanzaban sobre él para escuchar la palabra de Dios.
Luc 5:2 Jesús notó dos barcas vacías en la orilla porque los pescadores las habían dejado mientras lavaban sus redes.
Luc 5:3 Al subir a una de las barcas, Jesús le pidió a Simón,* el dueño de la barca, que la empujara al agua. Luego se sentó en la barca y desde allí enseñaba a las multitudes.
Luc 5:4 Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: —Ahora ve a las aguas más profundas y echa tus redes para pescar.
Luc 5:5 —Maestro —respondió Simón—, hemos trabajado mucho durante toda la noche y no hemos pescado nada. Pero, si tú lo dices, echaré las redes nuevamente.
Luc 5:6 Y esta vez las redes se llenaron de tantos peces, ¡que comenzaron a romperse!
Luc 5:7 Un grito de auxilio atrajo a los compañeros de la otra barca, y pronto las dos barcas estaban llenas de peces y a punto de hundirse.
Luc 5:8 Cuando Simón Pedro se dio cuenta de lo que había sucedido, cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: —Señor, por favor, aléjate de mí, soy demasiado pecador para estar cerca de ti.
Luc 5:9 Pues estaba muy asombrado por la cantidad de peces que habían sacado, al igual que los otros que estaban con él.
Luc 5:10 Sus compañeros, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, también estaban asombrados. Jesús respondió a Simón: «¡No tengas miedo! ¡De ahora en adelante, pescarás personas!».
Luc 5:11 Y, en cuanto llegaron a tierra firme, dejaron todo y siguieron a Jesús.




FILIPENSES 1:12-20

Flp 1:12 Además, mis amados hermanos, quiero que sepan que todo lo que me ha sucedido en este lugar ha servido para difundir la Buena Noticia.
Flp 1:13 Pues cada persona de aquí —incluida toda la guardia del palacio* —sabe que estoy encadenado por causa de Cristo.
Flp 1:14 Y, dado que estoy preso, la mayoría de los creyentes* de este lugar ha aumentado su confianza y anuncia con valentía el mensaje de Dios* sin temor.
Flp 1:15 Es cierto que algunos predican acerca de Cristo por celos y rivalidad, pero otros lo hacen con intenciones puras.
Flp 1:16 Estos últimos predican porque me aman, pues saben que fui designado para defender la Buena Noticia.
Flp 1:17 Los otros no tienen intenciones puras cuando predican de Cristo. Lo hacen con ambición egoísta, no con sinceridad sino con el propósito de que las cadenas me resulten más dolorosas.
Flp 1:18 Pero eso no importa; sean falsas o genuinas sus intenciones, el mensaje acerca de Cristo se predica de todas maneras, de modo que me gozo. Y seguiré gozándome
Flp 1:19 porque sé que la oración de ustedes y la ayuda del Espíritu de Jesucristo, darán como resultado mi libertad.
Flp 1:20 Tengo la plena seguridad y la esperanza que jamás seré avergonzado, sino que seguiré actuando con valor por Cristo, como lo he hecho en el pasado. Y confío en que mi vida dará honor a Cristo, sea que yo viva o muera.




SALMO 119:113-120

Sal 119:113
Sámec
Detesto a los que tienen divididas sus lealtades, pero amo tus enseñanzas.
Sal 119:114 Tú eres mi refugio y mi escudo; tu palabra es la fuente de mi esperanza.
Sal 119:115 Lárguense de mi vida, ustedes los de mente malvada, porque tengo la intención de obedecer los mandatos de mi Dios.
Sal 119:116 ¡SEÑOR, sostenme como prometiste para que viva! No permitas que se aplaste mi esperanza.
Sal 119:117 Sostenme y seré rescatado; entonces meditaré continuamente en tus decretos.
Sal 119:118 Pero has rechazado a todos los que se apartan de tus decretos, quienes no hacen más que engañarse a sí mismos.
Sal 119:119 Desechas a los perversos de la tierra como si fueran desperdicios; ¡con razón me encanta obedecer tus leyes!
Sal 119:120 Me estremezco en temor de ti; quedo en temor reverente ante tus ordenanzas.




LECTURA PARA LA NOCHE

2 REYES    4-5

2Re 4:1 Cierto día, la viuda de un miembro del grupo de profetas fue a ver a Eliseo y clamó: —Mi esposo, quien te servía, ha muerto, y tú sabes cuánto él temía al SEÑOR; pero ahora ha venido un acreedor y me amenaza con llevarse a mis dos hijos como esclavos.
2Re 4:2 —¿Cómo puedo ayudarte? —preguntó Eliseo—. Dime, ¿qué tienes en tu casa? —No tengo nada, sólo un frasco de aceite de oliva —contestó ella.
2Re 4:3 Entonces Eliseo le dijo: —Pídeles a tus amigos y vecinos que te presten todas las jarras vacías que puedan.
2Re 4:4 Luego ve a tu casa con tus hijos y cierra la puerta. Vierte en las jarras el aceite de oliva que tienes en tu frasco y cuando se llenen ponlas a un lado.
2Re 4:5 Entonces ella hizo lo que se le indicó. Sus hijos le traían las jarras y ella las llenaba una tras otra.
2Re 4:6 ¡Pronto todas las jarras estaban llenas hasta el borde! —Tráeme otra jarra —le dijo a uno de sus hijos. —¡Ya no hay más! —le respondió. Al instante, el aceite de oliva dejó de fluir.
2Re 4:7 Cuando ella le contó al hombre de Dios lo que había sucedido, él le dijo: «Ahora vende el aceite de oliva y paga tus deudas; tú y tus hijos pueden vivir de lo que sobre».
2Re 4:8 Cierto día, Eliseo fue a la ciudad de Sunem y una mujer rica que vivía allí le insistió que fuera a comer a su casa. Después, cada vez que él pasaba por allí, se detenía en esa casa para comer algo.
2Re 4:9 Entonces la mujer le dijo a su esposo: «Estoy segura de que este hombre que pasa por aquí de vez en cuando es un santo hombre de Dios.
2Re 4:10 Construyamos un pequeño cuarto en el techo para él y pongámosle una cama, una mesa, una silla y una lámpara. Así tendrá un lugar dónde quedarse cada vez que pase por aquí».
2Re 4:11 Cierto día, Eliseo regresó a Sunem y subió a ese cuarto para descansar.
2Re 4:12 Entonces le dijo a su sirviente, Giezi: «Dile a la mujer sunamita que quiero hablar con ella». Cuando ella llegó,
2Re 4:13 Eliseo le dijo a Giezi: «Dile: “Agradecemos tu amable interés por nosotros. ¿Qué podemos hacer por ti? ¿Quieres que te recomendemos con el rey o con el comandante del ejército?”». «No —contestó ella—, mi familia me cuida bien».
2Re 4:14 Más tarde, Eliseo le preguntó a Giezi: —¿Qué podemos hacer por ella? —Ella no tiene hijos —contestó Giezi—, y su esposo ya es anciano.
2Re 4:15 —Llámala de nuevo —le dijo Eliseo. La mujer regresó y se quedó de pie en la puerta mientras Eliseo le dijo:
2Re 4:16 —El año que viene, por esta fecha, ¡tendrás un hijo en tus brazos! —¡No, señor mío! —exclamó ella—. Hombre de Dios, no me engañes así ni me des falsas esperanzas.
2Re 4:17 Efectivamente, la mujer pronto quedó embarazada y al año siguiente, por esa fecha, tuvo un hijo, tal como Eliseo le había dicho.
2Re 4:18 Cierto día, el niño, ya más grande, salió a ayudar a su padre en el trabajo con los cosechadores,
2Re 4:19 y de repente gritó: «¡Me duele la cabeza! ¡Me duele la cabeza!». Su padre le dijo a uno de sus sirvientes: «Llévalo a casa, junto a su madre».
2Re 4:20 Entonces el sirviente lo llevó a su casa, y la madre lo sostuvo en su regazo; pero cerca del mediodía, el niño murió.
2Re 4:21 Ella lo subió y lo recostó sobre la cama del hombre de Dios; luego cerró la puerta y lo dejó allí.
2Re 4:22 Después le envió un mensaje a su esposo: «Mándame a uno de los sirvientes y un burro para que pueda ir rápido a ver al hombre de Dios y luego volver enseguida».
2Re 4:23 —¿Por qué ir hoy? —preguntó él—. No es ni festival de luna nueva ni día de descanso. Pero ella dijo: —No importa.
2Re 4:24 Entonces ensilló el burro y le dijo al sirviente: «¡Apúrate! Y no disminuyas el paso a menos que yo te lo diga».
2Re 4:25 Cuando ella se acercaba al hombre de Dios, en el monte Carmelo, Eliseo la vio desde lejos y le dijo a Giezi: «Mira, allí viene la señora de Sunem.
2Re 4:26 Corre a su encuentro y pregúntale: “¿Están todos bien, tú, tu esposo y tu hijo?”». «Sí —contestó ella—, todo bien”.
2Re 4:27 Sin embargo, cuando ella se encontró con el hombre de Dios en la montaña, se postró en el suelo delante de él y se agarró de sus pies. Giezi comenzó a apartarla, pero el hombre de Dios dijo: «Déjala. Está muy angustiada, pero el SEÑOR no me ha dicho qué le pasa».
2Re 4:28 Entonces ella dijo: «¿Acaso yo te pedí un hijo, señor mío? ¿Acaso no te dije: “No me engañes ni me des falsas esperanzas”?».
2Re 4:29 Enseguida Eliseo le dijo a Giezi: «¡Prepárate para salir de viaje,* toma mi vara y vete! No hables con nadie en el camino. Ve rápido y pon la vara sobre el rostro del niño».
2Re 4:30 Pero la madre del niño dijo: «Tan cierto como que el SEÑOR vive y que usted vive, yo no regresaré a mi casa a menos que usted venga conmigo». Así que Eliseo volvió con ella.
2Re 4:31 Giezi se adelantó apresuradamente y puso la vara sobre el rostro del niño, pero no pasó nada. No daba señales de vida. Entonces regresó a encontrarse con Eliseo y le dijo: «El niño sigue muerto».
2Re 4:32 En efecto, cuando Eliseo llegó, el niño estaba muerto, acostado en la cama del profeta.
2Re 4:33 Eliseo entró solo, cerró la puerta tras sí y oró al SEÑOR.
2Re 4:34 Después se tendió sobre el cuerpo del niño, puso su boca sobre la boca del niño, sus ojos sobre sus ojos y sus manos sobre sus manos. Mientras se tendía sobre él, ¡el cuerpo del niño comenzó a entrar en calor!
2Re 4:35 Entonces Eliseo se levantó, caminó de un lado a otro en la habitación, y se tendió nuevamente sobre el niño. ¡Esta vez el niño estornudó siete veces y abrió los ojos!
2Re 4:36 Entonces Eliseo llamó a Giezi y le dijo: «¡Llama a la madre del niño!». Cuando ella entró, Eliseo le dijo: «¡Aquí tienes, toma a tu hijo!».
2Re 4:37 Ella cayó a los pies de Eliseo y se inclinó ante él llena de gratitud. Después tomó a su hijo en brazos y lo llevó abajo.
2Re 4:38 Eliseo regresó a Gilgal, y había hambre en la tierra. Cierto día, mientras un grupo de profetas estaba sentado frente a él, le dijo a su sirviente: «Pon una olla grande al fuego y prepara un guisado para el resto del grupo».
2Re 4:39 Entonces uno de los jóvenes fue al campo a recoger hierbas y regresó con el bolsillo lleno de calabazas silvestres. Las cortó en tiras y las puso en la olla, sin darse cuenta de que eran venenosas.
2Re 4:40 Sirvieron un poco del guisado a los hombres, quienes después de comer uno o dos bocados, gritaron: «¡Hombre de Dios, este guisado está envenenado!». Así que no quisieron comerlo.
2Re 4:41 Eliseo les dijo: «Tráiganme un poco de harina». Entonces la arrojó en la olla y dijo: «Ahora está bien, sigan comiendo». Y ya no les hizo daño.
2Re 4:42 Otro día, un hombre de Baal-salisa le trajo al hombre de Dios un saco de grano fresco y veinte panes de cebada que había preparado con el primer grano de su cosecha. Entonces Eliseo dijo: —Dénselo a la gente para que coma.
2Re 4:43 —¿Qué? —exclamó el sirviente—. ¿Alimentar a cien personas sólo con esto? Pero Eliseo reiteró: —Dénselo a la gente para que coma, porque esto dice el SEÑOR: “¡Todos comerán, y hasta habrá de sobra!”.
2Re 4:44 Cuando se lo dieron a la gente, hubo suficiente para todos y sobró, tal como el SEÑOR había prometido.
2Re 5:1 El rey de Aram sentía una gran admiración por Naamán, el comandante del ejército, porque el SEÑOR le había dado importantes victorias a Aram por medio de él; pero a pesar de ser un poderoso guerrero, Naamán padecía de lepra.*
2Re 5:2 En ese tiempo, los saqueadores arameos habían invadido la tierra de Israel, y entre sus cautivos se encontraba una muchacha a quien habían entregado a la esposa de Naamán como criada.
2Re 5:3 Cierto día, la muchacha le dijo a su señora: «Ojalá que mi amo fuera a ver al profeta de Samaria; él lo sanaría de su lepra».
2Re 5:4 Entonces Naamán le contó al rey lo que había dicho la joven israelita.
2Re 5:5 «Ve a visitar al profeta —le dijo el rey de Aram—. Te daré una carta de presentación para que se la lleves al rey de Israel». Entonces Naamán emprendió viaje y llevaba de regalo trescientos cuarenta kilos de plata, sesenta y ocho kilos de oro,* y diez mudas de ropa.
2Re 5:6 La carta para el rey de Israel decía: «Mediante esta carta presento a mi siervo Naamán. Quiero que lo sanes de su lepra».
2Re 5:7 Cuando el rey de Israel leyó la carta, horrorizado, rasgó sus vestiduras y dijo: «¡Este hombre me manda a un leproso para que lo sane! ¿Acaso soy Dios para dar vida y quitarla? Creo que sólo busca pelear conmigo».
2Re 5:8 Sin embargo, cuando Eliseo, hombre de Dios, supo que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras en señal de aflicción, le envió este mensaje: «¿Por qué estás tan disgustado? Envíame a Naamán, así él sabrá que hay un verdadero profeta en Israel».
2Re 5:9 Entonces Naamán fue con sus caballos y carros de guerra y esperó frente a la puerta de la casa de Eliseo;
2Re 5:10 pero Eliseo le mandó a decir mediante un mensajero: «Ve y lávate siete veces en el río Jordán. Entonces tu piel quedará restaurada, y te sanarás de la lepra».
2Re 5:11 Naamán se enojó mucho y se fue muy ofendido. «¡Yo creí que el profeta iba a salir a recibirme! —dijo—. Esperaba que él moviera su mano sobre la lepra e invocara el nombre del SEÑOR su Dios ¡y me sanara!
2Re 5:12 ¿Acaso los ríos de Damasco —el Abaná y el Farfar— no son mejores que cualquier río de Israel? ¿Por qué no puedo lavarme en uno de ellos y sanarme?». Así que Namaán dio media vuelta y salió enfurecido.
2Re 5:13 Sus oficiales trataron de hacerle entrar en razón y le dijeron: «Señor,* si el profeta le hubiera pedido que hiciera algo muy difícil, ¿usted no lo habría hecho? Así que en verdad debería obedecerlo cuando sencillamente le dice: “¡Ve, lávate y te curarás!”».
2Re 5:14 Entonces Naamán bajó al río Jordán y se sumergió siete veces, tal como el hombre de Dios le había indicado. ¡Y su piel quedó tan sana como la de un niño, y se curó!
2Re 5:15 Después Naamán y todo su grupo regresaron a buscar al hombre de Dios. Se pararon ante él, y Naamán le dijo: —Ahora sé que no hay Dios en todo el mundo, excepto en Israel. Así que le ruego que acepte un regalo de su siervo.
2Re 5:16 Pero Eliseo respondió: —Tan cierto como que el SEÑOR vive, a quien yo sirvo, no aceptaré ningún regalo. Aunque Naamán insistió en que aceptara el regalo, Eliseo se negó.
2Re 5:17 Entonces Naamán le dijo: —Está bien, pero permítame por favor cargar dos de mis mulas con tierra de este lugar, y la llevaré a mi casa. A partir de ahora, nunca más presentaré ofrendas quemadas o sacrificios a ningún otro dios que no sea el SEÑOR.
2Re 5:18 Sin embargo, que el SEÑOR me perdone en una sola cosa: cuando mi amo, el rey, vaya al templo del dios Rimón para rendirle culto y se apoye en mi brazo, que el SEÑOR me perdone cuando yo también me incline.
2Re 5:19 —Ve en paz —le dijo Eliseo. Así que Naamán emprendió el regreso a su casa.
2Re 5:20 Ahora bien, Giezi, el sirviente de Eliseo, hombre de Dios, se dijo a sí mismo: «Mi amo no debería haber dejado ir al arameo sin aceptar ninguno de sus regalos. Tan cierto como que el SEÑOR vive, yo iré tras él y le sacaré algo».
2Re 5:21 Entonces Giezi salió en busca de Naamán. Cuando Naamán vio que Giezi corría detrás de él, bajó de su carro de guerra y fue a su encuentro. —¿Está todo bien? —le preguntó Naamán.
2Re 5:22 —Sí —contestó Giezi—, pero mi amo me mandó a decirle que acaban de llegar dos jóvenes profetas de la zona montañosa de Efraín; y él quisiera treinta y cuatro kilos* de plata y dos mudas de ropa para ellos.
2Re 5:23 —Por supuesto, llévate el doble* de la plata —insistió Naamán. Así que le dio dos mudas de ropa, amarró el dinero en dos bolsas y mandó a dos de sus sirvientes para que le llevaran los regalos.
2Re 5:24 Cuando llegaron a la ciudadela,* Giezi tomó los regalos de mano de los sirvientes y despidió a los hombres. Luego entró en su casa y escondió los regalos.
2Re 5:25 Cuando entró para ver a su amo, Eliseo le preguntó: —¿Adónde fuiste, Giezi? —A ninguna parte —le contestó él.
2Re 5:26 Pero Eliseo le preguntó: —¿No te das cuenta de que yo estaba allí en espíritu cuando Naamán bajó de su carro de guerra para ir a tu encuentro? ¿Acaso es momento de recibir dinero y ropa, olivares y viñedos, ovejas y ganado, sirvientes y sirvientas?
2Re 5:27 Por haber hecho esto, tú y todos tus descendientes sufrirán la lepra de Naamán para siempre. Cuando Giezi salió de la habitación, estaba cubierto de lepra; su piel se puso blanca como la nieve.

miércoles, 14 de junio de 2017

LECTURA BÍBLICA 14 DE JUNIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    4:38-44

Luc 4:38 Después de salir de la sinagoga ese día, Jesús fue a la casa de Simón, donde encontró a la suegra de Simón muy enferma, con mucha fiebre. «Por favor, sánala», le suplicaron todos.
Luc 4:39 De pie junto a su cama, Jesús reprendió a la fiebre y la fiebre se fue de la mujer. Ella se levantó de inmediato y les preparó una comida.
Luc 4:40 Esa tarde, al ponerse el sol, la gente de toda la aldea llevó ante Jesús a sus parientes enfermos. Cualquiera que fuera la enfermedad, el toque de su mano los sanaba a todos.
Luc 4:41 Muchos estaban poseídos por demonios, los cuales salieron a su orden gritando: «¡Eres el Hijo de Dios!». Pero, como ellos sabían que él era el Mesías, los reprendió y no los dejó hablar.
Luc 4:42 Muy temprano a la mañana siguiente, Jesús salió a un lugar aislado. Las multitudes lo buscaron por todas partes y, cuando por fin lo encontraron, le suplicaron que no se fuera.
Luc 4:43 Pero él respondió: «Debo predicar la Buena Noticia del reino de Dios también en otras ciudades, porque para eso fui enviado».
Luc 4:44 Así que siguió recorriendo la región, predicando en las sinagogas de toda Judea.*



FILIPENSES 1:1-11

Flp 1:1 Saludos de Pablo y de Timoteo, esclavos de Cristo Jesús. Yo, Pablo, escribo esta carta a todo el pueblo santo de Dios en Filipos que pertenece a Cristo Jesús, incluidos los ancianos gobernantes* y los diáconos.
Flp 1:2 Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les den gracia y paz.
Flp 1:3 Cada vez que pienso en ustedes, le doy gracias a mi Dios.
Flp 1:4 Siempre que oro, pido por todos ustedes con alegría,
Flp 1:5 porque han colaborado conmigo en dar a conocer la Buena Noticia acerca de Cristo desde el momento que la escucharon por primera vez hasta ahora.
Flp 1:6 Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.
Flp 1:7 Está bien que sienta estas cosas por todos ustedes, porque ocupan un lugar especial en mi corazón. Participan conmigo del favor especial de Dios, tanto en mi prisión como al defender y confirmar la verdad de la Buena Noticia.
Flp 1:8 Dios sabe cuánto los amo y los extraño con la tierna compasión de Cristo Jesús.
Flp 1:9 Le pido a Dios que el amor de ustedes desborde cada vez más y que sigan creciendo en conocimiento y entendimiento.
Flp 1:10 Quiero que entiendan lo que realmente importa, a fin de que lleven una vida pura e intachable hasta el día que Cristo vuelva.
Flp 1:11 Que estén siempre llenos del fruto de la salvación —es decir el carácter justo que Jesucristo produce en su vida* —porque esto traerá mucha gloria y alabanza a Dios.




SALMO 119:105-112

Sal 119:105
Nun
Tu palabra es una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino.
Sal 119:106 Lo prometí una vez y volveré a prometerlo: obedeceré tus justas ordenanzas.
Sal 119:107 He sufrido mucho, oh SEÑOR; restaura mi vida otra vez, como lo prometiste.
Sal 119:108 SEÑOR, acepta mi ofrenda de alabanza y enséñame tus ordenanzas.
Sal 119:109 Mi vida pende de un hilo constantemente, pero no dejaré de obedecer tus enseñanzas.
Sal 119:110 Los malvados me han tendido sus trampas, pero no me apartaré de tus mandamientos.
Sal 119:111 Tus leyes son mi tesoro; son el deleite de mi corazón.
Sal 119:112 Estoy decidido a obedecer tus decretos hasta el final.




LECTURA PARA LA NOCHE

2 REYES    1-3

2Re 1:1 Después de la muerte del rey Acab, la nación de Moab se rebeló contra Israel.
2Re 1:2 Cierto día Ocozías, el nuevo rey de Israel, se cayó por la reja de la ventana de una habitación en el piso superior de su palacio en Samaria y quedó gravemente herido. Entonces envió mensajeros al templo de Baal-zebub, dios de Ecrón, para que consultaran si iba a recuperarse.
2Re 1:3 Entonces el ángel del SEÑOR le dijo a Elías, quien era de Tisbé: «Ve y enfrenta a los mensajeros del rey de Samaria, y pregúntales: “¿Acaso no hay Dios en Israel? ¿Por qué recurren a Baal-zebub, dios de Ecrón, a consultarle si el rey va a recuperarse?
2Re 1:4 Por lo tanto, esto dice el SEÑOR: nunca te levantarás de la cama donde estás; ten por seguro que morirás”». Entonces Elías fue a transmitirles el mensaje.
2Re 1:5 Cuando los mensajeros regresaron, el rey les preguntó: —¿Por qué volvieron tan pronto?
2Re 1:6 Ellos contestaron: —Se nos cruzó un hombre y nos dijo que regresáramos y le diéramos este mensaje al rey: “Esto dice el SEÑOR: ‘¿Acaso no hay Dios en Israel? ¿Por qué mandas hombres a preguntarle a Baal-zebub, dios de Ecrón, si vas a recuperarte? Por eso que hiciste, nunca te levantarás de la cama donde estás; ten por seguro que morirás’ ”.
2Re 1:7 —¿Qué hombre les dijo eso? —preguntó el rey—. ¿Cómo era?
2Re 1:8 Y ellos contestaron: —Era un hombre velludo* y tenía un cinto de cuero en la cintura. —¡Elías de Tisbé! —exclamó el rey.
2Re 1:9 Entonces envió a un capitán del ejército con cincuenta soldados para que lo arrestaran. Lo encontraron sentado en la cima de una colina, y el capitán le dijo: —Hombre de Dios, el rey te ordena que vengas con nosotros.
2Re 1:10 Elías respondió al capitán: —Si yo soy un hombre de Dios, ¡que caiga fuego del cielo y te destruya a ti y a tus cincuenta hombres! Enseguida cayó fuego del cielo y los mató a todos.
2Re 1:11 Entonces el rey envió a otro capitán con otros cincuenta hombres, y el capitán dijo a Elías: —Hombre de Dios, el rey te exige que bajes de inmediato.
2Re 1:12 Elías respondió: —Si yo soy un hombre de Dios, ¡que caiga fuego del cielo y te destruya a ti y a tus cincuenta hombres! Y de nuevo el fuego de Dios cayó del cielo y los mató a todos.
2Re 1:13 Por tercera vez, el rey envió a un capitán con cincuenta hombres; pero esta vez el capitán subió a la colina, se arrodilló ante Elías y le suplicó: —Hombre de Dios, por favor, perdone mi vida y también la vida de estos cincuenta siervos suyos.
2Re 1:14 Sabemos que cayó fuego del cielo y destruyó a los primeros dos grupos; pero ahora, ¡le ruego que me perdone la vida!
2Re 1:15 Entonces el ángel del SEÑOR dijo a Elías: «Desciende con él y no le tengas miedo». Así que Elías se levantó y fue con el capitán a ver al rey.
2Re 1:16 Así que Elías dijo al rey: «Esto dice el SEÑOR: “¿Por qué enviaste mensajeros a Baal-zebub, dios de Ecrón, a preguntarle si te recuperarías? ¿Acaso no hay Dios en Israel para contestar tu pregunta? Ahora, porque hiciste esto, nunca te levantarás de la cama donde estás; ten por seguro que morirás”».
2Re 1:17 Así que Ocozías murió como el SEÑOR lo había anunciado por medio de Elías. Dado que Ocozías no tenía ningún hijo que reinara en su lugar, su hermano Joram* lo sucedió en el trono. Esto ocurrió en el segundo año del reinado de Yoram, hijo de Josafat, rey de Judá.
2Re 1:18 Los demás acontecimientos del reinado de Ocozías están registrados en El libro de la historia de los reyes de Israel .
2Re 2:1 Cuando el SEÑOR estaba por llevarse a Elías al cielo en un torbellino, Elías y Eliseo estaban en camino desde Gilgal.
2Re 2:2 Y Elías le dijo a Eliseo: —Quédate aquí, porque el SEÑOR me dijo que fuera a Betel. Eliseo respondió: —Tan cierto como que el SEÑOR vive y que tú vives, ¡nunca te dejaré! Así que descendieron juntos a Betel.
2Re 2:3 El grupo de profetas de Betel se acercó a Eliseo para preguntarle: —¿Sabías que hoy el SEÑOR se llevará a tu amo? —Claro que lo sé —contestó Eliseo—, ¡pero no digan nada!
2Re 2:4 Entonces Elías le dijo a Eliseo: —Quédate aquí, porque el SEÑOR me dijo que fuera a Jericó. Pero Eliseo le respondió de nuevo: —Tan cierto como que el SEÑOR vive y que tú vives, ¡nunca te dejaré! Así que continuaron juntos a Jericó.
2Re 2:5 Después el grupo de profetas de Jericó se acercó a Eliseo para preguntarle: —¿Sabías que hoy el SEÑOR se llevará a tu amo? —Claro que lo sé —contestó Eliseo—, ¡pero no digan nada!
2Re 2:6 Entonces Elías le dijo a Eliseo: —Quédate aquí, porque el SEÑOR me dijo que fuera al río Jordán. Pero una vez más, Eliseo respondió: —Tan cierto como que el SEÑOR vive y que tú vives, ¡nunca te dejaré! Así que siguieron juntos.
2Re 2:7 Cincuenta hombres del grupo de profetas también fueron y observaron de lejos cuando Elías y Eliseo se detuvieron junto al río Jordán.
2Re 2:8 Luego Elías dobló su manto y con él golpeó el agua. ¡El río se dividió en dos y ambos cruzaron sobre tierra seca!
2Re 2:9 Cuando llegaron al otro lado, Elías le dijo a Eliseo: —Dime qué puedo hacer por ti antes de ser llevado. Y Eliseo respondió: —Te pido que me permitas heredar una doble porción de tu espíritu y que llegue a ser tu sucesor.
2Re 2:10 —Has pedido algo difícil —respondió Elías—. Si me ves en el momento en que sea llevado de tu lado, recibirás lo que pediste; pero si no me ves, no lo recibirás.
2Re 2:11 Mientras iban caminando y conversando, de pronto apareció un carro de fuego, tirado por caballos de fuego. Pasó entre los dos hombres y los separó, y Elías fue llevado al cielo por un torbellino.
2Re 2:12 Eliseo lo vio y exclamó: «¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Veo los carros de Israel con sus conductores!». Mientras desaparecían de su vista, rasgó su ropa en señal de angustia.
2Re 2:13 Entonces Eliseo tomó el manto de Elías, el cual se había caído cuando fue llevado, y regresó a la orilla del río Jordán.
2Re 2:14 Golpeó el agua con el manto de Elías y exclamó: «¿Dónde está el SEÑOR, Dios de Elías?». Entonces el río se dividió en dos y Eliseo lo cruzó.
2Re 2:15 Cuando el grupo de profetas de Jericó vio desde lejos lo que había sucedido, exclamaron: «¡El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo!». Enseguida salieron a su encuentro y se inclinaron hasta el suelo delante de él.
2Re 2:16 —Señor —le dijeron—, usted tan sólo dé la orden y cincuenta de nuestros hombres más fuertes buscarán a su amo por todo el desierto. Tal vez el Espíritu del SEÑOR lo haya dejado en alguna montaña o en algún valle. —No —respondió Eliseo—, no los manden.
2Re 2:17 Pero ellos insistieron tanto que él, avergonzado, finalmente aceptó: —Está bien —les dijo—, mándenlos. Así que cincuenta hombres buscaron a Elías durante tres días, pero no lo encontraron.
2Re 2:18 Eliseo aún estaba en Jericó cuando los hombres regresaron. «¿Acaso no les dije que no fueran?», preguntó.
2Re 2:19 Cierto día, los líderes de la ciudad de Jericó fueron a visitar a Eliseo. —Tenemos un problema, señor —le dijeron—. Como puedes ver, esta ciudad está situada en un entorno agradable, pero el agua es mala y la tierra no produce.
2Re 2:20 Eliseo dijo: —Tráiganme un recipiente nuevo y pónganle sal. Así que se lo llevaron
2Re 2:21 y Eliseo fue hasta el manantial que suministraba el agua a la ciudad, le echó la sal y dijo: «Esto dice el SEÑOR: “Yo he purificado el agua, ya no causará muerte ni esterilidad”».*
2Re 2:22 Desde entonces el agua quedó pura, tal como dijo Eliseo.
2Re 2:23 Después Eliseo salió de Jericó y subió a Betel. Mientras iba por el camino, unos muchachos de la ciudad comenzaron a burlarse y a reírse de él. «¡Vete de aquí, viejo calvo! —gritaban— ¡Vete de aquí, viejo calvo!».
2Re 2:24 Eliseo se dio la vuelta, los miró y los maldijo en el nombre del SEÑOR. Entonces dos osos salieron del bosque y atacaron a cuarenta y dos de ellos.
2Re 2:25 De allí, Eliseo fue al monte Carmelo y finalmente regresó a Samaria.
2Re 3:1 Joram,* hijo de Acab, comenzó a gobernar Israel durante el año dieciocho del reinado de Josafat en Judá y reinó en Samaria doce años.
2Re 3:2 Joram hizo lo malo a los ojos del SEÑOR, aunque no tanto como su padre y su madre. Por lo menos derribó la columna sagrada de Baal que su padre había levantado.
2Re 3:3 Sin embargo, continuó con los pecados que Jeroboam, hijo de Nabat, había cometido e hizo cometer al pueblo de Israel.
2Re 3:4 Mesa, rey de Moab, se dedicaba a la cría de ovejas. Acostumbraba pagar al rey de Israel un tributo anual de cien mil corderos y la lana de cien mil carneros;
2Re 3:5 pero después de la muerte de Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.
2Re 3:6 Entonces el rey Joram sin demora reunió al ejército de Israel y marchó desde Samaria.
2Re 3:7 Ya en camino, envió este mensaje a Josafat, rey de Judá: «El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Saldrás conmigo a la batalla contra él?». Josafat le respondió: «¡Por supuesto! Tú y yo somos como uno; mis tropas son tus tropas y mis caballos son tus caballos.
2Re 3:8 ¿Qué camino tomaremos?». Joram contestó: «Atacaremos desde el desierto de Edom».
2Re 3:9 El rey de Edom y sus tropas también se unieron a ellos, y los tres ejércitos dieron un rodeo a través del desierto durante siete días; pero no había agua para los hombres ni para los animales.
2Re 3:10 —¿Qué haremos ahora? —clamó el rey de Israel—. El SEÑOR nos ha traído a los tres aquí para que el rey de Moab nos derrote.
2Re 3:11 Pero el rey Josafat de Judá preguntó: —¿Acaso no hay ningún profeta del SEÑOR con nosotros? Si es así, podemos preguntarle al SEÑOR por medio de él qué debemos hacer. Uno de los oficiales del rey Joram respondió: —Eliseo, hijo de Safat, está entre nosotros. Él era el ayudante personal de Elías.*
2Re 3:12 —Sí, el SEÑOR habla por medio de él —dijo Josafat. Así que los reyes de Israel, Judá y Edom fueron a consultar a Eliseo.
2Re 3:13 —¿Por qué has venido a verme a mí?* —preguntó Eliseo al rey de Israel—. ¡Busca a los profetas paganos de tu padre y de tu madre! Pero Joram, rey de Israel, dijo: —¡No! ¿Acaso no ha sido el SEÑOR quien nos trajo a los tres reyes aquí para que el rey de Moab nos derrote?
2Re 3:14 Eliseo respondió: —Tan cierto como que el SEÑOR Todopoderoso vive, a quien sirvo, si no fuera por el respeto que le tengo al rey Josafat de Judá, no perdería el tiempo hablando contigo.
2Re 3:15 Ahora, tráiganme a alguien que sepa tocar el arpa. Mientras tocaban el arpa, el poder* del SEÑOR vino sobre Eliseo,
2Re 3:16 quien dijo: —Esto dice el SEÑOR: “¡Este valle seco se llenará de lagunas!
2Re 3:17 Ustedes no verán viento ni lluvia, dice el SEÑOR, pero este valle se llenará de agua. Habrá suficiente para ustedes, para su ganado y para los demás animales;
2Re 3:18 pero eso es algo muy sencillo para el SEÑOR, ¡porque él les dará la victoria sobre el ejército de Moab!
2Re 3:19 Ustedes conquistarán las mejores ciudades de Moab, incluso las que están fortificadas. Cortarán todos los árboles buenos, taparán todos los manantiales y con piedras arruinarán toda la tierra productiva”.
2Re 3:20 Al día siguiente, como a la hora que se ofrecía el sacrificio matutino, ¡de repente apareció agua! Fluía desde Edom, y pronto hubo agua por todos lados.
2Re 3:21 Mientras tanto, cuando los moabitas se enteraron de que los tres ejércitos marchaban contra ellos, movilizaron a todos los hombres que tenían edad suficiente para ceñirse una espada, y tomaron posiciones a lo largo de la frontera.
2Re 3:22 Ahora bien, cuando se levantaron a la mañana siguiente, el sol se reflejaba en el agua de tal forma que a los moabitas les pareció ver rojo, como si fuera sangre.
2Re 3:23 «¡Es sangre! —exclamaban—. ¡Seguro los tres ejércitos se atacaron mutuamente y se mataron unos a otros! ¡Hombres de Moab, vamos a recoger el botín!».
2Re 3:24 Sin embargo, cuando los moabitas llegaron al campamento de los israelitas, el ejército de Israel se levantó y los atacó hasta que se dieron la vuelta y huyeron. Las tropas de Israel los persiguieron hasta dentro de la tierra de Moab, destruyendo todo lo que encontraban a su paso.*
2Re 3:25 Destruyeron las ciudades, cubrieron con piedras toda la tierra productiva, taparon todos los manantiales y cortaron todos los árboles buenos. Lo último que quedaba en pie era Kir-hareset con sus murallas de piedra, pero algunos hombres con hondas la rodearon y la atacaron.
2Re 3:26 Cuando el rey de Moab vio que estaba perdiendo la batalla, salió con setecientos de sus espadachines en un intento desesperado por penetrar en las filas enemigas que estaban cerca del rey de Edom, pero fracasaron.
2Re 3:27 Después el rey de Moab tomó a su hijo mayor, el heredero al trono, y lo sacrificó como una ofrenda quemada sobre la muralla. En consecuencia, hubo un gran enojo contra Israel* y los israelitas se retiraron y regresaron a su tierra.

martes, 13 de junio de 2017

LECTURA BÍBLICA 13 DE JUNIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    4:31-37

Luc 4:31 Después Jesús fue a Capernaúm, una ciudad de Galilea, y enseñaba en la sinagoga cada día de descanso.
Luc 4:32 Allí también la gente quedó asombrada de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
Luc 4:33 Cierta vez que Jesús estaba en la sinagoga, un hombre poseído por un demonio, un espíritu maligno,* comenzó a gritarle a Jesús:
Luc 4:34 —¡Vete! ¿Por qué te entrometes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Yo sé quién eres: el Santo de Dios!
Luc 4:35 —¡Cállate! —lo interrumpió Jesús y le ordenó —: ¡Sal de este hombre! En ese mismo momento, el demonio arrojó al hombre al suelo mientras la multitud miraba; luego salió de él sin hacerle más daño.
Luc 4:36 La gente, asombrada, exclamó: «¡Qué poder y autoridad tienen las palabras de este hombre! Hasta los espíritus malignos le obedecen y huyen a su orden».
Luc 4:37 Las noticias acerca de Jesús corrieron por cada aldea de toda la región.



EFESIOS 6:10-24

Efe 6:10 Una palabra final: sean fuertes en el Señor y en su gran poder.
Efe 6:11 Pónganse toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo.
Efe 6:12 Pues no luchamos* contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales.
Efe 6:13 Por lo tanto, pónganse todas las piezas de la armadura de Dios para poder resistir al enemigo en el tiempo del mal. Así, después de la batalla, todavía seguirán de pie, firmes.
Efe 6:14 Defiendan su posición, poniéndose el cinturón de la verdad y la coraza de la justicia de Dios.
Efe 6:15 Pónganse como calzado la paz que proviene de la Buena Noticia a fin de estar completamente preparados.*
Efe 6:16 Además de todo eso, levanten el escudo de la fe para detener las flechas encendidas del diablo.*
Efe 6:17 Pónganse la salvación como casco y tomen la espada del Espíritu, la cual es la palabra de Dios.
Efe 6:18 Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes.*
Efe 6:19 Y oren también por mí. Pídanle a Dios que me dé las palabras adecuadas para poder explicar con valor su misterioso plan: que la Buena Noticia es para judíos y gentiles* por igual.*
Efe 6:20 Ahora estoy encadenado, pero sigo predicando este mensaje como embajador de Dios. Así que pidan en oración que yo siga hablando de él con valentía, como debo hacerlo.
Efe 6:21 Para tenerlos al tanto, Tíquico les dará un informe completo de lo que estoy haciendo y de cómo me va. Él es un amado hermano y un fiel colaborador en la obra del Señor.
Efe 6:22 Lo envié a ustedes con un propósito específico: que sepan cómo estamos y reciban ánimo.
Efe 6:23 La paz sea con ustedes, queridos hermanos, y que Dios el Padre y el Señor Jesucristo les den amor junto con fidelidad.
Efe 6:24 Que la gracia de Dios sea eternamente con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo.



SALMO 119:97-104

Sal 119:97
Mem
¡Oh, cuánto amo tus enseñanzas! Pienso en ellas todo el día.
Sal 119:98 Tus mandatos me hacen más sabio que mis enemigos, pues me guían constantemente.
Sal 119:99 Así es, tengo mejor percepción que mis maestros, porque siempre pienso en tus leyes.
Sal 119:100 Hasta soy más sabio que los ancianos, porque he obedecido tus mandamientos.
Sal 119:101 Me negué a andar por cualquier mal camino, a fin de permanecer obediente a tu palabra.
Sal 119:102 No me he apartado de tus ordenanzas, porque me has enseñado bien.
Sal 119:103 ¡Qué dulces son a mi paladar tus palabras!; son más dulces que la miel.
Sal 119:104 Tus mandamientos me dan entendimiento; ¡con razón detesto cada camino falso de la vida!



LECTURA PARA LA NOCHE

1 REYES    21-22

1Re 21:1 Había un hombre llamado Nabot, de Jezreel, que era dueño de un viñedo ubicado en Jezreel al lado del palacio de Acab, rey de Samaria.
1Re 21:2 Cierto día Acab le dijo a Nabot: —Ya que tu viñedo está tan cerca de mi palacio, me gustaría comprarlo para usarlo como huerta. A cambio te daré un viñedo mejor, o bien, si prefieres, te pagaré con dinero.
1Re 21:3 Pero Nabot respondió: —El SEÑOR me libre de entregar la herencia que me dejaron mis antepasados.
1Re 21:4 Entonces Acab regresó a su casa enojado y de mal humor por la respuesta de Nabot, y se acostó de cara a la pared y no quiso comer.
1Re 21:5 —¿Qué te pasa? —le preguntó su esposa Jezabel—. ¿Por qué estás tan disgustado que no quieres comer nada?
1Re 21:6 —Le pedí a Nabot que me vendiera su viñedo, incluso le ofrecí canjeárselo por otro mejor, ¡pero no quiso! —le contestó Acab.
1Re 21:7 —¿Acaso no eres tú el rey de Israel? —preguntó Jezabel—. Levántate y come algo, no te preocupes por eso. ¡Yo te conseguiré el viñedo de Nabot!
1Re 21:8 Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, las selló con el sello del rey y las envió a los ancianos y a los demás líderes de la ciudad donde vivía Nabot.
1Re 21:9 En esas cartas daba la siguiente orden: «Convoquen a todos los ciudadanos a que se reúnan para hacer ayuno y oración y denle a Nabot un lugar de honor.
1Re 21:10 Luego, sienten a dos sinvergüenzas frente a él que lo acusen de maldecir a Dios y al rey. Después sáquenlo y mátenlo a pedradas».
1Re 21:11 Así que los ancianos y los demás líderes de la ciudad siguieron las instrucciones que Jezabel había escrito en las cartas.
1Re 21:12 Proclamaron ayuno y pusieron a Nabot en un lugar prominente ante la gente.
1Re 21:13 Luego llegaron los dos sinvergüenzas y se sentaron frente a él. Entonces acusaron a Nabot ante todos los presentes diciendo: «Este hombre maldijo a Dios y al rey». Entonces arrastraron a Nabot hasta sacarlo de la ciudad y lo mataron a pedradas.
1Re 21:14 Después los líderes de la ciudad mandaron a decirle a Jezabel: «Nabot fue apedreado hasta morir».
1Re 21:15 En cuanto Jezabel oyó la noticia, le dijo a Acab: «¿Recuerdas el viñedo que Nabot no quería venderte? Bueno, pues, ¡ahora es tuyo! ¡Nabot está muerto!».
1Re 21:16 Entonces Acab bajó de inmediato al viñedo de Nabot para tomarlo en posesión.
1Re 21:17 Pero el SEÑOR dijo a Elías:*
1Re 21:18 «Ve a encontrarte con el rey Acab de Israel, que gobierna en Samaria. Estará en Jezreel, en el viñedo de Nabot, adueñándose de él.
1Re 21:19 Dale el siguiente mensaje: “Esto dice el SEÑOR: ‘¿No te bastó con matar a Nabot? ¿También tienes que robarle? Por lo que has hecho, ¡los perros lamerán tu sangre en el mismo lugar donde lamieron la sangre de Nabot!’ ”».
1Re 21:20 —Así que, enemigo mío, ¡me has encontrado! —le dijo Acab a Elías. —Sí —contestó Elías—, te encontré porque te has vendido para hacer lo malo a los ojos del SEÑOR.
1Re 21:21 Por eso ahora el SEÑOR dice: “Traeré calamidad sobre ti y te consumiré. ¡Destruiré a cada uno de tus descendientes varones, tanto esclavos como libres, en todo Israel!
1Re 21:22 Voy a destruir a tu familia como lo hice con la familia de Jeroboam, hijo de Nabat, y con la familia de Baasa, hijo de Ahías, ¡porque me hiciste enojar mucho e hiciste pecar a Israel!”.
1Re 21:23 »En cuanto a Jezabel, el SEÑOR dice: “Los perros se comerán el cuerpo de Jezabel en la parcela de Jezreel”.*
1Re 21:24 »A los miembros de la familia de Acab que mueran en la ciudad, se los comerán los perros, y a los que mueran en el campo se los comerán los buitres.
1Re 21:25 (Nunca nadie se entregó tanto a hacer lo que es malo a los ojos del SEÑOR como Acab, bajo la influencia de su esposa Jezabel.
1Re 21:26 La peor infamia que cometió fue rendir culto a ídolos* tal como habían hecho los amorreos, pueblo que el SEÑOR había expulsado de la tierra del paso de los israelitas).
1Re 21:27 Sin embargo, cuando Acab escuchó este mensaje, rasgó su ropa, se vistió de tela áspera e hizo ayuno. Hasta dormía vestido de tela áspera y andaba de luto.
1Re 21:28 Entonces Elías recibió otro mensaje del SEÑOR:
1Re 21:29 «¿Viste cómo Acab se ha humillado ante mí? Por haberse humillado, no haré lo que prometí mientras él viva, sino que traeré la desgracia sobre sus hijos. Destruiré su dinastía».
1Re 22:1 Durante tres años no hubo guerra entre Aram e Israel;
1Re 22:2 pero al tercer año, el rey Josafat de Judá fue a visitar a Acab, rey de Israel.
1Re 22:3 Durante la visita, el rey de Israel dijo a sus funcionarios: «¿Se dan cuenta de que la ciudad de Ramot de Galaad nos pertenece? ¡Sin embargo no hemos hecho nada por recuperarla de manos del rey de Aram!».
1Re 22:4 Entonces se dirigió a Josafat y le preguntó: —¿Saldrás conmigo a la batalla para recuperar Ramot de Galaad? —¡Por supuesto! —contestó Josafat al rey de Israel—. Tú y yo somos como uno solo. Mis tropas son tus tropas y mis caballos son tus caballos.
1Re 22:5 Entonces agregó: —Pero primero averigüemos qué dice el SEÑOR.
1Re 22:6 Así que el rey de Israel convocó a los profetas, unos cuatrocientos en total, y les preguntó: —¿Debo ir a pelear contra Ramot de Galaad o desistir? Todos ellos contestaron: —¡Sí, adelante! El SEÑOR dará la victoria al rey.
1Re 22:7 Pero Josafat preguntó: —¿Acaso no hay también un profeta del SEÑOR aquí? Debemos hacerle la misma pregunta.
1Re 22:8 El rey de Israel contestó a Josafat: —Hay un hombre más que podría consultar al SEÑOR por nosotros, pero lo detesto. ¡Nunca me profetiza nada bueno, sólo desgracias! Se llama Micaías, hijo de Imla. —¡Un rey no debería hablar de esa manera! —respondió Josafat—. Escuchemos lo que tenga que decir.
1Re 22:9 De modo que el rey de Israel llamó a uno de sus funcionarios y le dijo: —¡Rápido! Trae a Micaías, hijo de Imla.
1Re 22:10 El rey Acab de Israel y Josafat, rey de Judá, vestidos con sus vestiduras reales, estaban sentados en sus respectivos tronos en el campo de trillar que está cerca de la puerta de Samaria. Todos los profetas de Acab profetizaban allí, delante de ellos.
1Re 22:11 Uno de los profetas llamado Sedequías, hijo de Quenaana, hizo unos cuernos de hierro y proclamó: —Esto dice el SEÑOR: ¡Con estos cuernos cornearás a los arameos hasta matarlos!
1Re 22:12 Todos los demás profetas estaban de acuerdo. —Sí —decían—, sube a Ramot de Galaad y saldrás vencedor, porque ¡el SEÑOR dará la victoria al rey!
1Re 22:13 Mientras tanto, el mensajero que había ido a buscar a Micaías le dijo: —Mira, todos los profetas le prometen victoria al rey. Ponte tú también de acuerdo con ellos y asegúrale que saldrá vencedor.
1Re 22:14 Pero Micaías respondió: —Tan cierto como que el SEÑOR vive, sólo diré lo que el SEÑOR me indique.
1Re 22:15 Cuando Micaías se presentó ante el rey, Acab le preguntó: —Micaías, ¿debemos ir a pelear contra Ramot de Galaad o desistir? Micaías le respondió con sarcasmo: —¡Sí, sube y saldrás vencedor, porque el SEÑOR dará la victoria al rey!
1Re 22:16 Pero el rey le respondió con dureza: —¿Cuántas veces tengo que exigirte que sólo me digas la verdad cuando hables de parte del SEÑOR?
1Re 22:17 Entonces Micaías le dijo: —En una visión, vi a todo Israel disperso por los montes, como ovejas sin pastor, y el SEÑOR dijo: “Han matado a su amo.* Envíalos a sus casas en paz”.
1Re 22:18 —¿No te dije? —exclamó el rey de Israel a Josafat—. Nunca me profetiza otra cosa que desgracias.
1Re 22:19 Micaías continuó diciendo: —¡Escucha lo que dice el SEÑOR! Vi al SEÑOR sentado en su trono, rodeado por todos los ejércitos del cielo, a su derecha y a su izquierda.
1Re 22:20 Entonces el SEÑOR dijo: “¿Quién puede seducir a Acab para que vaya a pelear contra Ramot de Galaad y lo maten?”. »Hubo muchas sugerencias,
1Re 22:21 hasta que finalmente un espíritu se acercó al SEÑOR y dijo: “¡Yo puedo hacerlo!”.
1Re 22:22 »“¿Cómo lo harás?”, preguntó el SEÑOR. »El espíritu contestó: “Saldré e inspiraré a todos los profetas de Acab para que hablen mentiras”. »“Tendrás éxito —dijo el SEÑOR—, adelante, hazlo”.
1Re 22:23 »Así que, como ves, el SEÑOR ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, porque el SEÑOR ha dictado tu condena.
1Re 22:24 Entonces Sedequías, hijo de Quenaana, se acercó a Micaías y le dio una bofetada. —¿Desde cuándo el Espíritu del SEÑOR salió de mí para hablarte a ti? —le reclamó.
1Re 22:25 Y Micaías le contestó: —¡Ya lo sabrás, cuando estés tratando de esconderte en algún cuarto secreto!
1Re 22:26 «¡Arréstenlo! —ordenó el rey de Israel—. Llévenlo de regreso a Amón, el gobernador de la ciudad, y a mi hijo Joás.
1Re 22:27 Denles la siguiente orden de parte del rey: “¡Metan a este hombre en la cárcel y no le den más que pan y agua hasta que yo regrese sano y salvo de la batalla!”».
1Re 22:28 Pero Micaías respondió: «¡Si tú regresas a salvo, eso significará que el SEÑOR no habló por medio de mí!». Entonces dirigiéndose a los que estaban alrededor, agregó: «¡Todos ustedes, tomen nota de mis palabras!».
1Re 22:29 Entonces Acab, rey de Israel, y Josafat, rey de Judá, dirigieron a sus ejércitos contra Ramot de Galaad.
1Re 22:30 El rey de Israel dijo a Josafat: «Cuando entremos en la batalla, yo me disfrazaré para que nadie me reconozca, pero tú ponte tus vestiduras reales». Así que el rey de Israel se disfrazó, y ambos entraron en la batalla.
1Re 22:31 Mientras tanto, el rey de Aram había dado las siguientes órdenes a sus treinta y dos comandantes de carros de guerra: «Ataquen sólo al rey de Israel. ¡No pierdan tiempo con nadie más!».
1Re 22:32 Entonces, cuando los comandantes arameos de los carros vieron a Josafat en sus vestiduras reales, comenzaron a perseguirlo. «¡Allí está el rey de Israel!», gritaban; pero cuando Josafat gritó,
1Re 22:33 los comandantes de los carros se dieron cuenta de que no era el rey de Israel y dejaron de perseguirlo.
1Re 22:34 Sin embargo, un soldado arameo disparó una flecha al azar hacia las tropas israelitas e hirió al rey de Israel entre las uniones de su armadura. «¡Da la vuelta* y sácame de aquí! —dijo Acab entre quejas y gemidos al conductor de su carro—. ¡Estoy gravemente herido!».
1Re 22:35 La encarnizada batalla se prolongó todo ese día, y el rey permaneció erguido en su carro frente a los arameos. La sangre de su herida corría hasta llegar al piso del carro, y al atardecer, murió.
1Re 22:36 Justo cuando se ponía el sol, este clamor recorrió las filas israelitas: «¡Estamos perdidos! ¡Sálvese quien pueda!».
1Re 22:37 Así que el rey murió, y llevaron su cuerpo a Samaria, donde lo enterraron.
1Re 22:38 Después lavaron su carro junto al estanque de Samaria y llegaron los perros y lamieron su sangre en el lugar donde se bañaban las prostitutas,* tal como el SEÑOR lo había anunciado.
1Re 22:39 Los demás acontecimientos del reinado de Acab y todo lo que él hizo —incluso la historia del palacio de marfil y las ciudades que construyó— están registrados en El libro de la historia de los reyes de Israel .
1Re 22:40 Así que Acab murió y su hijo Ocozías lo sucedió en el trono.
1Re 22:41 Josafat, hijo de Asa, comenzó a gobernar Judá durante el cuarto año del reinado de Acab, rey de Israel.
1Re 22:42 Josafat tenía treinta y cinco años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén veinticinco años. Su madre era Azuba, hija de Silhi.
1Re 22:43 Josafat fue un buen rey, quien siguió el ejemplo de su padre Asa. Hizo lo que era agradable a los ojos del SEÑOR.* Sin embargo, durante su reinado no quitó todos los santuarios paganos, y la gente siguió ofreciendo sacrificios y quemando incienso allí.
1Re 22:44 Josafat también hizo la paz con el rey de Israel.
1Re 22:45 Los demás acontecimientos del reinado de Josafat, el alcance de su poder y las guerras que hizo están registrados en El libro de la historia de los reyes de Judá .
1Re 22:46 Expulsó de la tierra a los demás prostitutos y prostitutas de los santuarios paganos, quienes seguían con sus prácticas desde los días de su padre Asa.
1Re 22:47 (En ese tiempo no había rey en Edom sino sólo un regente).
1Re 22:48 Josafat también construyó una flota de barcos mercantes* para que navegaran hasta Ofir en busca de oro; pero los barcos nunca llegaron a zarpar porque naufragaron en su propio puerto de Ezión-geber.
1Re 22:49 En una oportunidad, Ocozías, hijo de Acab, le propuso a Josafat: «Deja que mis hombres naveguen con los tuyos en los barcos»; pero Josafat rechazó la propuesta.
1Re 22:50 Cuando Josafat murió, lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David. Después su hijo Yoram lo sucedió en el trono.
1Re 22:51 Ocozías, hijo de Acab, comenzó a gobernar Israel en el año diecisiete del reinado de Josafat en Judá; reinó en Samaria dos años.
1Re 22:52 Él hizo lo malo a los ojos del SEÑOR al seguir el ejemplo de su padre y de su madre y también el ejemplo de Jeroboam, hijo de Nabat, quien había hecho pecar a Israel.
1Re 22:53 Ocozías sirvió a Baal y le rindió culto, con lo que provocó el enojo del SEÑOR, Dios de Israel, tal como lo había hecho su padre.

lunes, 12 de junio de 2017

LECTURA BÍBLICA 12 DE JUNIO

LECTURA PARA LA MAÑANA

LUCAS    4:13-30

Luc 4:13 Cuando el diablo terminó de tentar a Jesús, lo dejó hasta la siguiente oportunidad.
Luc 4:14 Entonces Jesús regresó a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo. Las noticias acerca de él corrieron rápidamente por toda la región.
Luc 4:15 Enseñaba con frecuencia en las sinagogas y todos lo elogiaban.
Luc 4:16 Cuando llegó a Nazaret, la aldea donde creció, fue como de costumbre a la sinagoga el día de descanso y se puso de pie para leer las Escrituras.
Luc 4:17 Le dieron el rollo del profeta Isaías. Jesús lo desenrolló y encontró el lugar donde está escrito lo siguiente:
Luc 4:18 «El Espíritu del SEÑOR está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad,
Luc 4:19 y que ha llegado el tiempo del favor del SEÑOR»*.
Luc 4:20 Lo enrolló de nuevo, se lo entregó al ayudante y se sentó. Todas las miradas en la sinagoga se fijaron en él.
Luc 4:21 Después Jesús comenzó a hablarles: «La Escritura que acaban de oír, ¡se ha cumplido este mismo día!».
Luc 4:22 Todos hablaban bien de él y estaban asombrados de la gracia con la que salían las palabras de su boca. «¿Cómo puede ser? —preguntaban —. ¿No es éste el hijo de José?».
Luc 4:23 Entonces Jesús les dijo: «Seguramente ustedes me citarán el proverbio que dice: “Médico, cúrate a ti mismo” para decirme: “Haz milagros aquí en tu propio pueblo como los que hiciste en Capernaúm.”
Luc 4:24 Pero les digo la verdad, ningún profeta es aceptado en su propio pueblo.
Luc 4:25 »Sin duda había muchas viudas necesitadas en Israel en el tiempo de Elías, cuando los cielos se cerraron por tres años y medio y un hambre terrible devastó la tierra.
Luc 4:26 Sin embargo, Elías no fue enviado a ninguna de ellas. En cambio, lo enviaron a una extranjera, a una viuda de Sarepta en la tierra de Sidón.
Luc 4:27 También había muchos leprosos en Israel en el tiempo del profeta Eliseo, pero el único sanado fue Naamán, un sirio».
Luc 4:28 Al oír eso la gente de la sinagoga se puso furiosa.
Luc 4:29 Se levantaron de un salto, lo atacaron y lo llevaron a la fuerza hasta el borde del cerro sobre el cual estaba construida la ciudad. Querían arrojarlo por el precipicio,
Luc 4:30 pero él pasó por en medio de la multitud y siguió su camino.





EFESIOS 6:1-9

Efe 6:1 Hijos, obedezcan a sus padres porque ustedes pertenecen al Señor,* pues esto es lo correcto.
Efe 6:2 «Honra a tu padre y a tu madre». Ése es el primer mandamiento que contiene una promesa:
Efe 6:3 si honras a tu padre y a tu madre, «te irá bien y tendrás una larga vida en la tierra»*.
Efe 6:4 Padres,* no hagan enojar a sus hijos con la forma en que los tratan. Más bien, críenlos con la disciplina e instrucción que proviene del Señor.
Efe 6:5 Esclavos, obedezcan a sus amos terrenales con profundo respeto y temor. Sírvanlos con sinceridad, tal como servirían a Cristo.
Efe 6:6 Traten de agradarlos todo el tiempo, no sólo cuando ellos los observan. Como esclavos de Cristo, hagan la voluntad de Dios con todo el corazón.
Efe 6:7 Trabajen con entusiasmo, como si lo hicieran para el Señor y no para la gente.
Efe 6:8 Recuerden que el Señor recompensará a cada uno de nosotros por el bien que hagamos, seamos esclavos o libres.
Efe 6:9 Y ustedes, amos, traten a sus esclavos de la misma manera. No los amenacen; recuerden que ambos tienen el mismo Amo en el cielo, y él no tiene favoritos.





SALMO 119:89-96

Sal 119:89
Lámed
Tu eterna palabra, oh SEÑOR, se mantiene firme en el cielo.
Sal 119:90 Tu fidelidad se extiende a cada generación, y perdura igual que la tierra que creaste.
Sal 119:91 Tus ordenanzas siguen siendo verdad hasta el día de hoy, porque todo está al servicio de tus planes.
Sal 119:92 Si tus enseñanzas no me hubieran sostenido con alegría, ya habría muerto en mi sufrimiento.
Sal 119:93 Jamás olvidaré tus mandamientos, pues por medio de ellos me diste vida.
Sal 119:94 Soy tuyo, ¡rescátame!, porque me he esforzado mucho en obedecer tus mandamientos.
Sal 119:95 Aunque los malvados se escondan por el camino para matarme, con calma, mantendré mi mente puesta en tus leyes.
Sal 119:96 Aun la perfección tiene sus límites, pero tus mandatos no tienen límite.




LECTURA PARA LA NOCHE

1 REYES    19-20

1Re 19:1 Cuando Acab llegó a su casa, le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho, incluso la manera en que había matado a todos los profetas de Baal.
1Re 19:2 Entonces Jezabel le mandó este mensaje a Elías: «Que los dioses me hieran e incluso me maten si mañana a esta hora yo no te he matado, así como tú los mataste a ellos».
1Re 19:3 Elías tuvo miedo y huyó para salvar su vida. Se fue a Beerseba, una ciudad de Judá, y dejó allí a su sirviente.
1Re 19:4 Luego siguió solo todo el día hasta llegar al desierto. Se sentó bajo un solitario árbol de retama y pidió morirse: «Basta ya, SEÑOR; quítame la vida, porque no soy mejor que mis antepasados que ya murieron».
1Re 19:5 Entonces se acostó y durmió debajo del árbol. Mientras dormía, un ángel lo tocó y le dijo: «¡Levántate y come!».
1Re 19:6 Elías miró a su alrededor, y cerca de su cabeza había un poco de pan horneado sobre piedras calientes y un jarro de agua. Así que comió y bebió, y volvió a acostarse.
1Re 19:7 Entonces el ángel del SEÑOR regresó, lo tocó y le dijo: «Levántate y come un poco más, de lo contrario, el viaje que tienes por delante será demasiado para ti».
1Re 19:8 Entonces se levantó, comió y bebió, y la comida le dio fuerza suficiente para viajar durante cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al monte Sinaí,* la montaña de Dios.
1Re 19:9 Allí llegó a una cueva, donde pasó la noche. Entonces el SEÑOR le dijo a Elías: —¿Qué haces aquí, Elías?
1Re 19:10 —He servido con gran celo al SEÑOR Dios Todopoderoso —respondió Elías—; pero el pueblo de Israel ha roto su pacto contigo, derribó tus altares y mató a cada uno de tus profetas. Yo soy el único que queda con vida, y ahora me buscan para matarme a mí también.
1Re 19:11 El SEÑOR le dijo: —Sal y ponte de pie delante de mí, en la montaña. Mientras Elías estaba de pie allí, el SEÑOR pasó, y un viento fuerte e impetuoso azotó la montaña. La ráfaga fue tan tremenda que las rocas se aflojaron, pero el SEÑOR no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el SEÑOR no estaba en el terremoto.
1Re 19:12 Pasado el terremoto hubo un incendio, pero el SEÑOR no estaba en el incendio. Y después del incendio hubo un suave susurro.
1Re 19:13 Cuando Elías lo oyó, se cubrió la cara con su capa, salió y se paró a la entrada de la cueva. Entonces una voz le dijo: —¿Qué haces aquí, Elías?
1Re 19:14 Él volvió a responder: —He servido con gran celo al SEÑOR Dios Todopoderoso; pero el pueblo de Israel ha roto su pacto contigo, derribó tus altares y mató a cada uno de tus profetas. Yo soy el único que queda con vida, y ahora me buscan para matarme a mí también.
1Re 19:15 Entonces el SEÑOR le dijo: —Regresa por el mismo camino que viniste y sigue hasta el desierto de Damasco. Cuando llegues allí, unge a Hazael para que sea rey de Aram.
1Re 19:16 Después unge a Jehú, nieto de Nimsi,* para que sea rey de Israel; y unge a Eliseo, hijo de Safat, de la tierra de Abel-mehola, para que tome tu lugar como mi profeta.
1Re 19:17 ¡A cualquiera que escape de Hazael, Jehú lo matará; y a los que escapen de Jehú, Eliseo los matará!
1Re 19:18 Sin embargo, preservaré a otros siete mil en Israel, ¡quienes nunca se han inclinado ante Baal ni lo han besado!
1Re 19:19 Entonces Elías fue y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando un campo. Había doce pares de bueyes en el campo, y Eliseo araba con el último par. Elías se acercó a él, le echó su capa sobre los hombros y siguió caminando.
1Re 19:20 Eliseo dejó los bueyes donde estaban, salió corriendo detrás de Elías y le dijo: —Deje que primero me despida de mis padres con un beso y luego iré con usted. Elías respondió: —Regresa, pero piensa en lo que te hice.
1Re 19:21 Entonces Eliseo regresó a donde estaban sus bueyes y los mató. Con la madera del arado hizo una fogata para asar la carne. Repartió la carne asada entre la gente del pueblo, y todos comieron. Después se fue con Elías como su ayudante.
1Re 20:1 Por ese tiempo, Ben-adad, rey de Aram, movilizó a su ejército con el apoyo de treinta y dos reyes aliados, sus carros de guerra y sus caballos. Sitiaron a Samaria, la capital de Israel, y lanzaron ataques contra la ciudad.
1Re 20:2 Ben-adad envió mensajeros a la ciudad para que transmitieran el siguiente mensaje al rey Acab de Israel: «Ben-adad dice:
1Re 20:3 “¡Tu plata y tu oro son míos, igual que tus esposas y tus mejores hijos!”».
1Re 20:4 «Está bien, mi señor el rey —respondió el rey de Israel—. ¡Todo lo que tengo es tuyo!».
1Re 20:5 Pronto los mensajeros de Ben-adad regresaron y dijeron: «Ben-adad dice: “Ya te he exigido que me des tu plata, tu oro, tus esposas y tus hijos;
1Re 20:6 pero mañana a esta hora, enviaré a mis funcionarios a registrar tu palacio y las casas de tus funcionarios. ¡Se llevarán todo lo que más valoras!”».
1Re 20:7 Entonces Acab mandó llamar a todos los ancianos del reino y les dijo: —¡Miren cómo este hombre está causando problemas! Ya accedí a su exigencia de darle mis esposas, mis hijos, mi plata y mi oro.
1Re 20:8 —No cedas ante ninguna otra de sus exigencias —le aconsejaron todos los ancianos y todo el pueblo.
1Re 20:9 Así que Acab dijo a los mensajeros de Ben-adad: «Díganle esto a mi señor el rey: “Te daré todo lo que pediste la primera vez, pero no puedo aceptar tu última exigencia”». Entonces los mensajeros le llevaron la respuesta a Ben-adad.
1Re 20:10 Con eso Ben-adad le envió otro mensaje a Acab, que decía: «Que los dioses me hieran e incluso me maten si de Samaria queda polvo suficiente para darle un puñado a cada uno de mis soldados».
1Re 20:11 El rey de Israel le envió esta respuesta: «Un guerrero que está preparandose con su espada para salir a pelear no debería presumir como un guerrero que ya ganó».
1Re 20:12 Ben-adad y los otros reyes recibieron la respuesta de Acab mientras bebían en sus carpas.* «¡Prepárense para atacar!», ordenó Ben-adad a sus oficiales. Entonces se prepararon para atacar la ciudad.
1Re 20:13 Entonces un profeta fue a ver a Acab, rey de Israel, y le dijo: —Esto dice el SEÑOR: “¿Ves todas esas fuerzas enemigas? Hoy las entregaré en tus manos. Así sabrás que yo soy el SEÑOR”.
1Re 20:14 —¿Cómo lo hará? —preguntó Acab. El profeta contestó: —Esto dice el SEÑOR: “Lo harán las tropas de los comandantes provinciales”. —¿Debemos atacar nosotros primero? —preguntó Acab. —Sí —contestó el profeta.
1Re 20:15 Entonces Acab reunió a las tropas de los doscientos treinta y dos comandantes de las provincias. Luego llamó al resto del ejército de Israel, unos siete mil hombres.
1Re 20:16 Cerca del mediodía, mientras Ben-adad y los treinta y dos reyes aliados aún estaban en sus carpas bebiendo hasta emborracharse,
1Re 20:17 el primer contingente, formado por las tropas de los comandantes provinciales, avanzó desde la ciudad. Mientras se acercaban, la patrulla de avanzada que había mandado Ben-adad le informó: —Unas tropas avanzan desde Samaria.
1Re 20:18 —Tráiganlos vivos —ordenó Ben-adad—, ya sea que vengan en son de paz o de guerra.
1Re 20:19 Ahora bien, los comandantes de las provincias de Acab junto con todo el ejército habían salido a pelear.
1Re 20:20 Cada soldado israelita mató a su oponente arameo, y de pronto todo el ejército arameo sintió pánico y huyó. Los israelitas persiguieron a los arameos, pero el rey Ben-adad y algunos de sus conductores de carros escaparon a caballo.
1Re 20:21 Sin embargo, el rey de Israel destruyó al resto de los caballos y carros de guerra y masacró a los arameos.
1Re 20:22 Después el profeta le dijo al rey Acab: «Prepárate para otro ataque; empieza a planificar desde ahora, porque el rey de Aram regresará la próxima primavera».*
1Re 20:23 Después de la derrota, los oficiales de Ben-adad le dijeron: «Los dioses de los israelitas son dioses de las montañas, por eso ganaron; pero podemos vencerlos fácilmente en las llanuras.
1Re 20:24 ¡Sólo que esta vez reemplaza a los reyes con generales!
1Re 20:25 Recluta otro ejército como el que perdiste. Consíguenos la misma cantidad de caballos, carros de guerra y hombres, y nosotros pelearemos contra los israelitas en las llanuras. Sin duda los venceremos». Así que el rey Ben-adad hizo lo que ellos le sugirieron.
1Re 20:26 La primavera siguiente, llamó al ejército arameo y avanzó contra Israel, pero esta vez en Afec.
1Re 20:27 Entonces Israel reunió a su ejército, montó líneas de abastecimiento y salió a pelear. Pero el ejército de Israel parecía dos pequeños rebaños de cabras en comparación con el inmenso ejército arameo, ¡que llenaba la campiña!
1Re 20:28 Entonces el hombre de Dios fue a ver al rey de Israel y le dijo: «Esto dice el SEÑOR: “Los arameos han dicho: ‘El SEÑOR es un dios de las montañas y no de las llanuras’. Así que derrotaré a este gran ejército por ti. Entonces sabrás que yo soy el SEÑOR”».
1Re 20:29 Los dos ejércitos acamparon, uno frente al otro, durante siete días. El séptimo día comenzó la batalla. En un solo día los israelitas mataron a cien mil soldados arameos de infantería.
1Re 20:30 El resto huyó a la ciudad de Afec, pero la muralla les cayó encima y mató a otros veintisiete mil de ellos. Ben-adad huyó a la ciudad y se escondió en un cuarto secreto.
1Re 20:31 Los oficiales de Ben-adad le dijeron: «Hemos oído, señor, que los reyes de Israel son compasivos. Entonces pongámonos tela áspera alrededor de la cintura y sogas en la cabeza en señal de humillación, y rindámonos ante el rey de Israel. Tal vez así le perdone la vida».
1Re 20:32 Entonces se pusieron tela áspera y sogas, y fueron a ver al rey de Israel, a quien le suplicaron: —Su siervo Ben-adad dice: “Le ruego que me perdone la vida”. El rey de Israel respondió: —¿Todavía vive? ¡Él es mi hermano!
1Re 20:33 Los hombres tomaron la respuesta como una buena señal y, aprovechando esas palabras, enseguida le respondieron: —¡Sí, su hermano Ben-adad! —¡Vayan a traerlo! —les dijo el rey de Israel. Cuando Ben-adad llegó, Acab lo invitó a subir a su carro de guerra.
1Re 20:34 Ben-adad le dijo: —Te devolveré las ciudades que mi padre le quitó a tu padre, y puedes establecer lugares de comercio en Damasco, como hizo mi padre en Samaria. Entonces Acab le dijo: —Te dejaré en libertad con estas condiciones. Así que hicieron un nuevo tratado y Ben-adad quedó en libertad.
1Re 20:35 Mientras tanto, el SEÑOR le ordenó a un miembro del grupo de profetas que le dijera a otro: «¡Golpéame!»; pero el hombre se negó a golpearlo.
1Re 20:36 Entonces el profeta le dijo: «Como no obedeciste la voz del SEÑOR, un león te matará apenas te separes de mí». Cuando el hombre se fue, sucedió que un león lo atacó y lo mató.
1Re 20:37 Luego el profeta se dirigió a otro hombre y le dijo: «¡Golpéame!». Así que el hombre lo golpeó y lo hirió.
1Re 20:38 El profeta se puso una venda en los ojos para que no lo reconocieran y se quedó junto al camino, esperando al rey.
1Re 20:39 Cuando el rey pasó, el profeta lo llamó: —Señor, yo estaba en lo más reñido de la batalla, cuando de pronto un hombre me trajo un prisionero y me dijo: “Vigila a este hombre; si por alguna razón se te escapa, ¡pagarás con tu vida o con una multa de treinta y cuatro kilos* de plata!”;
1Re 20:40 pero mientras yo estaba ocupado en otras cosas, ¡el prisionero desapareció! —Bueno, fue tu culpa —respondió el rey—. Tú mismo has firmado tu propia sentencia.
1Re 20:41 Enseguida el profeta se quitó la venda de los ojos, y el rey lo reconoció como uno de los profetas.
1Re 20:42 El profeta le dijo: —Esto dice el SEÑOR: “Por haberle perdonado la vida al hombre que yo dije que había que destruir* ahora tú morirás en su lugar, y tu pueblo morirá en lugar de su pueblo”.
1Re 20:43 Entonces el rey de Israel volvió a su casa en Samaria, enojado y de mal humor.