APOSENTO ALTO

lunes, 7 de mayo de 2018

LECTURA BÍBLICA 7 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    11:27-33

Mar 11:27 Nuevamente entraron en Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por la zona del templo, los principales sacerdotes, los maestros de la ley religiosa y los ancianos se le acercaron.
Mar 11:28 —¿Con qué autoridad haces todas estas cosas? —le reclamaron —. ¿Quién te dio el derecho de hacerlas?
Mar 11:29 —Les diré con qué autoridad hago estas cosas si me contestan una pregunta —respondió Jesús —.
Mar 11:30 La autoridad de Juan para bautizar, ¿provenía del cielo o era meramente humana? ¡Contéstenme!
Mar 11:31 Ellos discutieron el asunto unos con otros. «Si decimos que provenía del cielo, preguntará por qué nosotros no le creímos a Juan.
Mar 11:32 ¿Pero nos atrevemos a decir que era meramente humana?». Pues tenían temor de lo que haría la gente, porque todos creían que Juan era un profeta.
Mar 11:33 Entonces finalmente contestaron: —No sabemos. Y Jesús respondió: —Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas.




2 CORINTIOS 6

2Co 6:1 Como colaboradores de Dios,* les suplicamos que no reciban ese maravilloso regalo de la bondad de Dios y luego no le den importancia.
2Co 6:2 Pues Dios dice: «En el momento preciso, te oí. En el día de salvación te ayudé»*. Efectivamente, el «momento preciso» es ahora. Hoy es el día de salvación.
2Co 6:3 Vivimos de tal manera que nadie tropezará a causa de nosotros, y nadie encontrará ninguna falta en nuestro ministerio.
2Co 6:4 En todo lo que hacemos, demostramos que somos verdaderos ministros de Dios. Con paciencia soportamos dificultades y privaciones y calamidades de toda índole.
2Co 6:5 Fuimos golpeados, encarcelados, enfrentamos a turbas enfurecidas, trabajamos hasta quedar exhaustos, aguantamos noches sin dormir y pasamos hambre.
2Co 6:6 Probamos lo que somos por nuestra pureza, nuestro entendimiento, nuestra paciencia, nuestra bondad, por el Espíritu Santo que está dentro de nosotros* y por nuestro amor sincero.
2Co 6:7 Con fidelidad predicamos la verdad. El poder de Dios actúa en nosotros. Usamos las armas de la justicia con la mano derecha para atacar y con la izquierda para defender.
2Co 6:8 Servimos a Dios, ya sea que la gente nos honre o nos desprecie, sea que nos calumnie o nos elogie. Somos sinceros, pero nos llaman impostores.
2Co 6:9 Nos ignoran aun cuando somos bien conocidos. Vivimos al borde de la muerte, pero aún seguimos con vida. Nos han golpeado, pero no matado.
2Co 6:10 Hay dolor en nuestro corazón, pero siempre tenemos alegría. Somos pobres, pero damos riquezas espirituales a otros. No poseemos nada y, sin embargo, lo tenemos todo.
2Co 6:11 ¡Oh, queridos amigos corintios!, les hemos hablado con toda sinceridad y nuestro corazón está abierto a ustedes.
2Co 6:12 No hay falta de amor de nuestra parte, pero ustedes nos han negado su amor.
2Co 6:13 Les pido que respondan como si fueran mis propios hijos. ¡Ábrannos su corazón!
2Co 6:14 No se asocien íntimamente con los que son incrédulos. ¿Cómo puede la justicia asociarse con la maldad? ¿Cómo puede la luz vivir con las tinieblas?
2Co 6:15 ¿Qué armonía puede haber entre Cristo y el diablo?* ¿Cómo puede un creyente asociarse con un incrédulo?
2Co 6:16 ¿Y qué clase de unión puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? Pues nosotros somos el templo del Dios viviente. Como dijo Dios: «Viviré en ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.*
2Co 6:17 Por lo tanto, salgan de entre los incrédulos y apártense de ellos, dice el SEÑOR. No toquen sus cosas inmundas, y yo los recibiré a ustedes.*
2Co 6:18 Y yo seré su Padre, y ustedes serán mis hijos e hijas, dice el SEÑOR Todopoderoso»*.

SALMO 101

Sal 101:1
Salmo de David.
Cantaré de tu amor y de tu justicia, oh SEÑOR; te alabaré con canciones.
Sal 101:2 Tendré cuidado de llevar una vida intachable, ¿cuándo vendrás a ayudarme? Viviré con integridad en mi propio hogar.
Sal 101:3 Me negaré a mirar cualquier cosa vil o vulgar. Detesto a los que actúan de manera deshonesta; no tendré nada que ver con ellos.
Sal 101:4 Rechazaré las ideas perversas y me mantendré alejado de toda clase de mal.
Sal 101:5 No toleraré a los que calumnian a sus vecinos; no soportaré la presunción ni el orgullo.
Sal 101:6 Buscaré a personas fieles para que sean mis compañeros; sólo a los que sean irreprochables se les permitirá servirme.
Sal 101:7 No permitiré que los engañadores sirvan en mi casa, y los mentirosos no permanecerán en mi presencia.
Sal 101:8 Mi tarea diaria será descubrir a los perversos y liberar de sus garras a la ciudad del SEÑOR.



LECTURA PARA LA NOCHE

1 SAMUEL    15-16

1Sa 15:1 Cierto día, Samuel le dijo a Saúl: «Fue el SEÑOR quien me dijo que te ungiera como rey de su pueblo, Israel. ¡Ahora escucha este mensaje del SEÑOR!
1Sa 15:2 Esto es lo que el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales ha declarado: “He decidido ajustar cuentas con la nación de Amalec por oponerse a Israel cuando salió de Egipto.
1Sa 15:3 Ve ahora y destruye* por completo a toda la nación amalecita: hombres, mujeres, niños, recién nacidos, ganado, ovejas, cabras, camellos y burros”».
1Sa 15:4 Entonces Saúl movilizó a su ejército en Telaim. Eran doscientos mil soldados de Israel y diez mil hombres de Judá.
1Sa 15:5 Después Saúl y su ejército fueron a una ciudad de los amalecitas y se pusieron al acecho en el valle.
1Sa 15:6 Saúl envió esta advertencia a los ceneos: «Apártense de donde viven los amalecitas o morirán junto con ellos. Pues ustedes fueron bondadosos con el pueblo de Israel cuando salió de Egipto». Así que los ceneos empacaron sus cosas y se fueron.
1Sa 15:7 Luego Saúl mató a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, al oriente de Egipto.
1Sa 15:8 Capturó a Agag, el rey amalecita, pero destruyó por completo a todos los demás.
1Sa 15:9 Saúl y sus hombres le perdonaron la vida a Agag y se quedaron con lo mejor de las ovejas y las cabras, del ganado, de los becerros gordos y de los corderos; de hecho, con todo lo que les atrajo. Sólo destruyeron lo que no tenía valor o que era de mala calidad.
1Sa 15:10 Luego el SEÑOR le dijo a Samuel:
1Sa 15:11 «Lamento haber hecho a Saúl rey, porque no me ha sido leal y se ha negado a obedecer mi mandato». Al oírlo, Samuel se conmovió tanto que clamó al SEÑOR durante toda la noche.
1Sa 15:12 Temprano a la mañana siguiente Samuel fue a buscar a Saúl. Alguien le dijo: «Saúl fue a la ciudad de Carmelo a levantar un monumento en su propio honor y después continuó a Gilgal».
1Sa 15:13 Cuando por fin Samuel lo encontró, Saúl lo saludó con alegría. —Que el SEÑOR te bendiga —le dijo—. Llevé a cabo el mandato del SEÑOR.
1Sa 15:14 —Entonces, ¿qué es todo ese balido de ovejas y cabras, y ese mugido de ganado que oigo? —le preguntó Samuel.
1Sa 15:15 —Es cierto que los soldados dejaron con vida lo mejor de las ovejas, las cabras y el ganado —admitió Saúl—, pero van a sacrificarlos al SEÑOR tu Dios. Hemos destruido todo lo demás.
1Sa 15:16 Entonces Samuel le dijo a Saúl: —¡Basta! ¡Escucha lo que el SEÑOR me dijo anoche! —¿Qué te dijo? —preguntó Saúl.
1Sa 15:17 Y Samuel le dijo: —Aunque te tengas en poca estima, ¿acaso no eres el líder de las tribus de Israel? El SEÑOR te ungió como rey de Israel,
1Sa 15:18 te envió en una misión y te dijo: “Ve y destruye por completo a los pecadores —a los amalecitas— hasta que todos estén muertos”.
1Sa 15:19 ¿Por qué no obedeciste al SEÑOR? ¿Por qué te apuraste a tomar del botín y a hacer lo que es malo a los ojos del SEÑOR?
1Sa 15:20 —¡Pero yo sí obedecí al SEÑOR! —insistió Saúl—. ¡Cumplí la misión que él me encargó! Traje al rey Agag, pero destruí a todos los demás.
1Sa 15:21 Entonces mis tropas llevaron lo mejor de las ovejas, de las cabras, del ganado y del botín para sacrificarlos al SEÑOR tu Dios en Gilgal.
1Sa 15:22 Pero Samuel respondió: —¿Qué es lo que más le agrada al SEÑOR: tus ofrendas quemadas y sacrificios, o que obedezcas a su voz? ¡Escucha! La obediencia es mejor que el sacrificio, y la sumisión es mejor que ofrecer la grasa de carneros.
1Sa 15:23 La rebelión es tan pecaminosa como la hechicería, y la terquedad, tan mala como rendir culto a ídolos. Así que, por cuanto has rechazado el mandato del SEÑOR, él te ha rechazado como rey.
1Sa 15:24 Entonces Saúl le confesó a Samuel: —Es cierto, he pecado. He desobedecido tus instrucciones y el mandato del SEÑOR, porque tuve miedo del pueblo y por eso hice lo que ellos me pidieron.
1Sa 15:25 Pero ahora, por favor, perdona mi pecado y regresa conmigo para que pueda adorar al SEÑOR.
1Sa 15:26 Pero Samuel respondió: —¡No volveré contigo! Ya que tú rechazaste el mandato del SEÑOR, él te ha rechazado como rey de Israel.
1Sa 15:27 Cuando Samuel se dio vuelta para irse, Saúl trató de detenerlo y rasgó el borde de su túnica.
1Sa 15:28 Entonces Samuel le dijo: —Hoy el SEÑOR te ha arrancado el reino de Israel y se lo ha dado a otro: a uno que es mejor que tú.
1Sa 15:29 Y aquél que es la Gloria de Israel, no mentirá ni cambiará de parecer porque no es humano para que cambie de parecer.
1Sa 15:30 Entonces Saúl volvió a implorar: —Sé que he pecado. Pero al menos te ruego que me honres ante los ancianos de mi pueblo y ante Israel al volver conmigo para que adore al SEÑOR tu Dios.
1Sa 15:31 Entonces Samuel por fin accedió y regresó con él, y Saúl adoró al SEÑOR.
1Sa 15:32 Luego Samuel dijo: —Tráiganme al rey Agag. Agag llegó lleno de esperanza, porque pensó: «¡Seguramente ya pasó lo peor, y he sido librado de la muerte!».*
1Sa 15:33 Pero Samuel le dijo: —Como tu espada ha matado a los hijos de muchas madres, ahora tu madre se quedará sin hijos. Y Samuel cortó a Agag en pedazos delante del SEÑOR en Gilgal.
1Sa 15:34 Después Samuel fue a su casa en Ramá, y Saúl regresó a su casa en Guibeá de Saúl.
1Sa 15:35 Samuel nunca más volvió a ver a Saúl, pero lloraba por él constantemente. Y el SEÑOR se lamentó de haber hecho a Saúl rey de Israel.
1Sa 16:1 Ahora bien, el SEÑOR le dijo a Samuel: —Ya has hecho suficiente duelo por Saúl. Lo he rechazado como rey de Israel, así que llena tu frasco con aceite de oliva y ve a Belén. Busca a un hombre llamado Isaí que vive allí, porque he elegido a uno de sus hijos para que sea mi rey.
1Sa 16:2 Pero Samuel le preguntó: —¿Cómo puedo hacerlo? Si Saúl llega a enterarse, me matará. —Lleva contigo una novilla —le contestó el SEÑOR— y di que has venido para ofrecer un sacrificio al SEÑOR.
1Sa 16:3 Invita a Isaí al sacrificio, y te mostraré a cuál de sus hijos ungirás para mí.
1Sa 16:4 Así que Samuel hizo como el SEÑOR le indicó. Cuando llegó a Belén, los ancianos del pueblo salieron a su encuentro temblando. —¿Qué pasa? —le preguntaron—. ¿Vienes en son de paz?
1Sa 16:5 —Sí —contestó Samuel—, vine para ofrecer un sacrificio al SEÑOR. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio. Luego Samuel realizó el rito de purificación para Isaí y sus hijos y también los invitó al sacrificio.
1Sa 16:6 Cuando llegaron, Samuel se fijó en Eliab y pensó: «¡Seguramente éste es el ungido del SEÑOR!».
1Sa 16:7 Pero el SEÑOR le dijo a Samuel: —No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El SEÑOR no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el SEÑOR mira el corazón.
1Sa 16:8 Entonces Isaí le dijo a su hijo Abinadab que caminara delante de Samuel. Pero Samuel dijo: —Este no es el que el SEÑOR ha elegido.
1Sa 16:9 Después Isaí llamó a Simea,* pero Samuel dijo: —Tampoco es este a quien el SEÑOR ha elegido.
1Sa 16:10 De la misma manera, Isaí le presentó sus siete hijos a Samuel. Pero Samuel le dijo: —El SEÑOR no ha elegido a ninguno de ellos.
1Sa 16:11 Después Samuel preguntó: —¿Son éstos todos los hijos que tienes? —Queda todavía el más joven —contestó Isaí—. Pero está en el campo cuidando las ovejas y las cabras. —Manda llamarlo de inmediato —dijo Samuel—. No nos sentaremos a comer hasta que él llegue.
1Sa 16:12 Entonces Isaí mandó a buscarlo. El joven era trigueño y apuesto, y de hermosos ojos. Y el SEÑOR dijo: —Este es, úngelo.
1Sa 16:13 Al estar David de pie entre sus hermanos, Samuel tomó el frasco de aceite de oliva que había traído y ungió a David con el aceite. Y el Espíritu del SEÑOR vino con gran poder sobre David a partir de ese día. Luego Samuel regresó a Ramá.
1Sa 16:14 Ahora bien, el Espíritu del SEÑOR se había apartado de Saúl, y el SEÑOR envió un espíritu atormentador.*
1Sa 16:15 Algunos de los siervos de Saúl le dijeron: —Un espíritu atormentador de parte de Dios te está afligiendo.
1Sa 16:16 Busquemos a un buen músico para que toque el arpa cada vez que el espíritu atormentador te aflija. Tocará música relajante, y dentro de poco estarás bien.
1Sa 16:17 —Me parece bien —dijo Saúl—. Búsquenme a alguien que toque bien y tráiganlo aquí.
1Sa 16:18 Entonces un siervo le dijo a Saúl: —Uno de los hijos de Isaí de Belén tiene mucho talento para tocar el arpa. No sólo eso, es un guerrero valiente, un hombre de guerra y de buen juicio. También es un joven bien parecido y el SEÑOR está con él.
1Sa 16:19 Entonces Saúl mandó mensajeros a Isaí para decirle: «Envíame a tu hijo David, el pastor».
1Sa 16:20 Isaí hizo caso y envió a su hijo David a Saúl, junto con un cabrito, un burro cargado de pan y un cuero lleno de vino.
1Sa 16:21 Así que David llegó a donde estaba Saúl y quedó a su servicio. Saúl llegó a apreciar mucho a David, y el joven se convirtió en su escudero.
1Sa 16:22 Luego Saúl mandó un recado a Isaí con una petición: «Por favor, permite que David quede a mi servicio, porque me simpatiza mucho».
1Sa 16:23 Y cada vez que el espíritu atormentador de parte de Dios afligía a Saúl, David tocaba el arpa. Entonces Saúl se sentía mejor, y el espíritu atormentador se iba.

domingo, 6 de mayo de 2018

LECTURA BÍBLICA 6 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    11:12-26

Mar 11:12 A la mañana siguiente, cuando salían de Betania, Jesús tuvo hambre.
Mar 11:13 Vio que, a cierta distancia, había una higuera frondosa, así que se acercó para ver si encontraba higos. Pero sólo tenía hojas porque aún no había comenzado la temporada de los higos.
Mar 11:14 Entonces Jesús dijo al árbol: «¡Que nadie jamás vuelva a comer tu fruto!». Y los discípulos lo oyeron.
Mar 11:15 Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas,
Mar 11:16 y les prohibió a todos que usaran el templo como un mercado.*
Mar 11:17 Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones»*.
Mar 11:18 Cuando los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa oyeron lo que Jesús había hecho, comenzaron a planificar cómo matarlo. Pero tenían miedo de Jesús, porque la gente estaba asombrada de su enseñanza.
Mar 11:19 Esa tarde Jesús y los discípulos salieron* de la ciudad.
Mar 11:20 A la mañana siguiente, al pasar junto a la higuera que él había maldecido, los discípulos notaron que se había marchitado desde la raíz.
Mar 11:21 Pedro recordó lo que Jesús había dicho al árbol el día anterior y exclamó: —¡Mira, Rabí!* ¡La higuera que maldijiste se marchitó y murió!
Mar 11:22 Entonces Jesús dijo a los discípulos: —Tengan fe en Dios.
Mar 11:23 Les digo la verdad, ustedes pueden decir a esta montaña: “Levántate y échate al mar”, y sucederá. Pero deben creer de verdad que ocurrirá y no tener ninguna duda en el corazón.
Mar 11:24 Les digo, ustedes pueden orar por cualquier cosa y, si creen que lo han recibido, será suyo.
Mar 11:25 Pero, cuando estén orando, primero perdonen a todo aquel contra quien guarden rencor, para que su Padre que está en el cielo también les perdone a ustedes sus pecados.*




2 CORINTIOS 5

2Co 5:1 Pues sabemos que, cuando se desarme esta tienda de campaña terrenal en la cual vivimos (es decir, cuando muramos y dejemos este cuerpo terrenal), tendremos una casa en el cielo, un cuerpo eterno hecho para nosotros por Dios mismo y no por manos humanas.
2Co 5:2 Nos fatigamos en nuestro cuerpo actual y anhelamos ponernos nuestro cuerpo celestial como si fuera ropa nueva.
2Co 5:3 Pues nos vestiremos con un cuerpo celestial; no seremos espíritus sin cuerpo.*
2Co 5:4 Mientras vivimos en este cuerpo terrenal, gemimos y suspiramos, pero no es que queramos morir y deshacernos de este cuerpo que nos viste. Más bien, queremos ponernos nuestro cuerpo nuevo para que este cuerpo que muere sea consumido por la vida.
2Co 5:5 Dios mismo nos ha preparado para esto y, como garantía, nos ha dado su Espíritu Santo.
2Co 5:6 Así que siempre vivimos en plena confianza, aunque sabemos que mientras vivamos en este cuerpo no estamos en el hogar celestial con el Señor.
2Co 5:7 Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos.
2Co 5:8 Sí, estamos plenamente confiados, y preferiríamos estar fuera de este cuerpo terrenal porque entonces estaríamos en el hogar celestial con el Señor.
2Co 5:9 Así que, ya sea que estemos aquí en este cuerpo o ausentes de este cuerpo, nuestro objetivo es agradarlo a él.
2Co 5:10 Pues todos tendremos que estar delante de Cristo para ser juzgados. Cada uno de nosotros recibirá lo que merezca por lo bueno o lo malo que haya hecho mientras estaba en este cuerpo terrenal.
2Co 5:11 Dado que entendemos nuestra temible responsabilidad ante el Señor, trabajamos con esmero para persuadir a otros. Dios sabe que somos sinceros, y espero que ustedes también lo sepan.
2Co 5:12 ¿Estamos de nuevo recomendándonos a ustedes? No, estamos dándoles un motivo para que estén orgullosos de nosotros,* para que puedan responder a los que se jactan de tener ministerios espectaculares en vez de tener un corazón sincero.
2Co 5:13 Si parecemos estar locos es para darle gloria a Dios. Y, si estamos en nuestro sano juicio, es para beneficio de ustedes.
2Co 5:14 Sea de una forma u otra, el amor de Cristo nos controla.* Ya que creemos que Cristo murió por todos, también creemos que todos hemos muerto a nuestra vida antigua.*
2Co 5:15 Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos.
2Co 5:16 Así que hemos dejado de evaluar a otros desde el punto de vista humano. En un tiempo, pensábamos de Cristo sólo desde un punto de vista humano. ¡Qué tan diferente lo conocemos ahora!
2Co 5:17 Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado, ¡una nueva vida ha comenzado!
2Co 5:18 Y todo esto es un regalo de Dios, quien nos trajo de vuelta a él mismo por medio de Cristo. Y Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él.
2Co 5:19 Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación.
2Co 5:20 Así que somos embajadores de Cristo; Dios hace su llamado por medio de nosotros. Hablamos en nombre de Cristo cuando les rogamos: «¡Vuelvan a Dios!».
2Co 5:21 Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado,* para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo.

SALMO 100

Sal 100:1 
Salmo de agradecimiento.
¡Aclamen con alegría al SEÑOR, habitantes de toda la tierra!
Sal 100:2 Adoren al SEÑOR con gozo. Vengan ante él cantando con alegría.
Sal 100:3 ¡Reconozcan que el SEÑOR es Dios! Él nos hizo, y le pertenecemos; somos su pueblo, ovejas de su prado.
Sal 100:4 Entren por sus puertas con acción de gracias; vayan a sus atrios con alabanza. Denle gracias y alaben su nombre.
Sal 100:5 Pues el SEÑOR es bueno. Su amor inagotable permanece para siempre, y su fidelidad continúa de generación en generación.



LECTURA PARA LA NOCHE

1 SAMUEL    14

1Sa 14:1 Cierto día, Jonatán le dijo a su escudero: «Ven, vamos a donde está la avanzada de los filisteos». Pero Jonatán no le dijo a su padre lo que pensaba hacer.
1Sa 14:2 Mientras tanto, Saúl y sus seiscientos hombres acamparon en las afueras de Guibeá alrededor del árbol de granadas* de Migrón.
1Sa 14:3 Entre los hombres de Saúl estaba Ahías, el sacerdote, que vestía el efod, el chaleco sacerdotal. Ahías era hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote del SEÑOR que había servido en Silo. Nadie se dio cuenta de que Jonatán había dejado el campamento israelita.
1Sa 14:4 Para llegar al puesto de avanzada de los filisteos, Jonatán tuvo que descender de entre dos peñascos llamados Boses y Sene.
1Sa 14:5 Un peñasco estaba al norte, frente a Micmas; el otro estaba al sur, delante de Geba.
1Sa 14:6 —Crucemos hasta la avanzada de esos paganos —le dijo Jonatán a su escudero—. Tal vez el SEÑOR nos ayude, porque nada puede detener al SEÑOR. ¡Él puede ganar la batalla ya sea que tenga muchos guerreros o sólo unos cuantos!
1Sa 14:7 —Haz lo que mejor te parezca —respondió el escudero—. Estoy contigo, decidas lo que decidas.
1Sa 14:8 —Muy bien —le dijo Jonatán—. Cruzaremos y dejaremos que nos vean.
1Sa 14:9 Si nos dicen: “Quédense donde están o los mataremos”, entonces nos detendremos y no subiremos hacia ellos.
1Sa 14:10 Pero si nos dicen: “Suban y peleen”, entonces subiremos. Esa será la señal del SEÑOR de que nos ayudará a derrotarlos.
1Sa 14:11 Cuando los filisteos vieron que se acercaban, gritaron: «¡Miren, los hebreos salen de sus escondites!».
1Sa 14:12 Entonces los hombres de la avanzada le gritaron a Jonatán: «¡Suban aquí y les daremos una lección!». «Vamos, sube detrás de mí —le dijo Jonatán a su escudero—, ¡porque el SEÑOR nos ayudará a derrotarlos!».
1Sa 14:13 Así que escalaron usando pies y manos.Entonces los filisteos caían ante Jonatán, y su escudero mataba a los que venían por detrás.
1Sa 14:14 Mataron a unos veinte hombres en total, y sus cuerpos quedaron dispersos en un espacio de media hectárea.*
1Sa 14:15 De repente, el ejército de los filisteos se llenó de pánico, tanto los que estaban en el campamento como los que estaban en el campo, hasta las avanzadas y los destacamentos de asalto. Y en ese preciso momento hubo un terremoto, y todos quedaron aterrorizados.
1Sa 14:16 Entonces los centinelas de Saúl en Guibeá de Benjamín vieron algo muy extraño: el inmenso ejército filisteo comenzó a dispersarse en todas direcciones.
1Sa 14:17 «Pasen lista y averigüen quién falta», ordenó Saúl. Y cuando hicieron el recuento, descubrieron que Jonatán y su escudero no estaban.
1Sa 14:18 Entonces Saúl le gritó a Ahías: «¡Trae el efod aquí!». Pues en ese tiempo Ahías llevaba puesto el efod delante de los israelitas.*
1Sa 14:19 Pero mientras Saúl hablaba con el sacerdote, la confusión en el campamento de los filisteos era cada vez más fuerte. Entonces Saúl le dijo al sacerdote: «No importa, ¡vamos ya!».*
1Sa 14:20 Enseguida Saúl y sus hombres corrieron a la batalla y encontraron que los filisteos estaban matándose unos a otros. Había una terrible confusión en todas partes.
1Sa 14:21 Aun los hebreos, que anteriormente se habían unido al ejército filisteo, se rebelaron y se unieron a Saúl, a Jonatán y al resto de los israelitas.
1Sa 14:22 De igual manera, los hombres de Israel que estaban escondidos en la zona montañosa de Efraín, cuando vieron que los filisteos huían, se unieron a la persecución.
1Sa 14:23 Así que en ese día el SEÑOR salvó a Israel, y la recia batalla se extendió aún más allá de Bet-avén.
1Sa 14:24 Ahora bien, ese día los hombres de Israel quedaron agotados porque Saúl los había puesto bajo juramento diciendo: «Que caiga una maldición sobre cualquiera que coma antes del anochecer, antes de que me vengue por completo de mis enemigos». De manera que nadie comió nada en todo el día,
1Sa 14:25 aun cuando en el suelo del bosque todos habían encontrado panales de miel.
1Sa 14:26 Así que no se atrevieron a tocar la miel por miedo al juramento que habían hecho.
1Sa 14:27 Pero Jonatán no había escuchado la orden de su padre, y metió la punta de su vara en un panal y comió la miel. Después de haberla comido, cobró nuevas fuerzas.*
1Sa 14:28 Pero uno de los hombres lo vio y le dijo: —Tu padre obligó al ejército que hiciera un juramento estricto que cualquiera que comiera algún alimento hoy sería maldito. Por eso todos están cansados y desfallecidos.
1Sa 14:29 —¡Mi padre nos ha creado dificultades a todos! —exclamó Jonatán—. Una orden como esa sólo puede causarnos daño. ¡Miren cómo he cobrado nuevas fuerzas después de haber comido un poco de miel!
1Sa 14:30 Si a los hombres se les hubiera permitido comer libremente del alimento que encontraran entre nuestros enemigos, ¡imagínese a cuántos filisteos más habríamos podido matar!
1Sa 14:31 Así que los israelitas persiguieron y mataron a los filisteos todo el día desde Micmas hasta Ajalón, pero los soldados iban debilitándose.
1Sa 14:32 Esa noche se apresuraron a echar mano del botín y mataron ovejas, cabras, ganado y becerros, pero los comieron sin escurrirles la sangre.
1Sa 14:33 Entonces alguien le informó a Saúl: —Mira, los hombres están pecando contra el SEÑOR al comer carne que todavía tiene sangre. —¡Eso está muy mal! —dijo Saúl—. Busquen una piedra grande y haganla rodar hasta aquí.
1Sa 14:34 Luego vayan entre las tropas y díganles: “Tráiganme el ganado, las ovejas y las cabras. Mátenlos aquí y escúrranles la sangre antes de comérselos. No pequen contra el SEÑOR al comer carne que aún tiene sangre”. Así que esa noche las tropas llevaron sus animales y los mataron allí.
1Sa 14:35 Luego Saúl construyó un altar al SEÑOR; fue el primer altar que él le construyó al SEÑOR.
1Sa 14:36 Después Saúl dijo: —Persigamos a los filisteos toda la noche y saqueemos sus bienes hasta el amanecer. Destruyamos hasta el último hombre. Sus hombres respondieron: —Haremos lo que mejor te parezca. Pero el sacerdote dijo: —Primero consultemos al SEÑOR.
1Sa 14:37 Entonces Saúl le preguntó a Dios: —¿Debemos perseguir a los filisteos? ¿Nos ayudarás a derrotarlos? Pero Dios no respondió ese día.
1Sa 14:38 Entonces Saúl les dijo a los líderes: —¡Algo anda mal! Que vengan aquí todos los comandantes de mi ejército. Debemos descubrir qué pecado se ha cometido hoy.
1Sa 14:39 Juro por el nombre del SEÑOR, quien rescató a Israel, que el pecador morirá, ¡aun si fuera mi propio hijo Jonatán! Pero nadie se atrevía a decirle cuál era el problema.
1Sa 14:40 Entonces Saúl dijo: —Jonatán y yo nos pondremos aquí, y todos ustedes se pondrán allá. Y el pueblo respondió a Saúl: —Lo que mejor te parezca.
1Sa 14:41 Entonces Saúl oró: —Oh, SEÑOR, Dios de Israel, por favor, muéstranos quién es culpable y quién es inocente.* Entonces hicieron un sorteo sagrado, y Jonatán y Saúl fueron señalados como los culpables, y los demás declarados inocentes.
1Sa 14:42 Después dijo Saúl: —Ahora hagan otro sorteo para señalar si es Jonatán o soy yo. Entonces, Jonatán fue indicado como el culpable.
1Sa 14:43 —Dime lo que has hecho —le preguntó Saúl a Jonatán. —Probé un poco de miel —admitió Jonatán—. Fue sólo un poco en la punta de mi vara. ¿Merece eso la muerte?
1Sa 14:44 —Sí, Jonatán —dijo Saúl—, ¡debes morir! Que Dios me castigue e incluso me mate si no mueres por esto.
1Sa 14:45 Pero la gente intervino y le dijo a Saúl: —Jonatán ganó esta gran victoria para Israel. ¿Debe morir? ¡De ningún modo! Tan cierto como que el SEÑOR vive, que ni un solo cabello de su cabeza será tocado, porque hoy Dios lo ayudó a hacer esta gran proeza. De modo que la gente salvó a Jonatán de la muerte.
1Sa 14:46 Entonces Saúl llamó a su ejército y no persiguieron más a los filisteos, y los filisteos volvieron a sus casas.
1Sa 14:47 Cuando Saúl aseguró su posición de rey sobre Israel, peleó contra sus enemigos en todas las direcciones: contra Moab, Amón, Edom, los reyes de Soba y los filisteos. Y dondequiera que iba, obtenía la victoria.*
1Sa 14:48 Realizó grandes proezas y conquistó a los amalecitas y así salvó a Israel de todos aquellos que lo habían saqueado.
1Sa 14:49 Los hijos de Saúl eran Jonatán, Isboset* y Malquisúa. También tuvo dos hijas, Merab, la mayor, y Mical.
1Sa 14:50 La esposa de Saúl era Ahinoam, la hija de Ahimaas. El comandante del ejército de Saúl era Abner, hijo de Ner, tío de Saúl.
1Sa 14:51 Cis, el padre de Saúl, y Ner, el padre de Abner, eran hijos de Abiel.
1Sa 14:52 Los israelitas pelearon constantemente con los filisteos durante toda la vida de Saúl. Así que cada vez que Saúl veía a un joven fuerte y valiente, lo reclutaba en su ejército.

sábado, 5 de mayo de 2018

LECTURA BÍBLICA 5 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    11:1-11

Mar 11:1 Mientras Jesús y los discípulos se acercaban a Jerusalén, llegaron a las ciudades de Betfagé y Betania, en el Monte de los Olivos. Jesús mandó a dos de ellos que se adelantaran.
Mar 11:2 «Vayan a la aldea que está allí —les dijo —. En cuanto entren, verán un burrito atado, que nadie ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo aquí.
Mar 11:3 Si alguien les pregunta: “¿Qué están haciendo?” simplemente digan: “El Señor lo necesita y él lo devolverá pronto”».
Mar 11:4 Los dos discípulos salieron y encontraron el burrito en la calle, atado frente a la puerta principal.
Mar 11:5 Mientras lo desataban, algunos que estaban allí les preguntaron: «¿Qué están haciendo, por qué desatan ese burrito?».
Mar 11:6 Ellos contestaron lo que Jesús había dicho y se les dio permiso para llevarlo.
Mar 11:7 Así que llevaron el burrito a Jesús y pusieron sus prendas encima y él se sentó allí.
Mar 11:8 Muchos de la multitud tendían sus prendas sobre el camino delante de él y otros extendían ramas frondosas que habían cortado en los campos.
Mar 11:9 Jesús estaba en el centro de la procesión, y la gente que lo rodeaba gritaba: «¡Alaben a Dios!* ¡Bendiciones al que viene en el nombre del SEÑOR!
Mar 11:10 ¡Bendiciones al reino que viene, el reino de nuestro antepasado David! ¡Alaben a Dios en el cielo más alto!»*.
Mar 11:11 Así Jesús llegó a Jerusalén y entró en el templo. Después de mirar todo detenidamente a su alrededor, salió porque ya era tarde. Después regresó a Betania con los doce discípulos.



2 CORINTIOS 4

2Co 4:1 Por lo tanto, ya que Dios, en su misericordia, nos ha dado este nuevo camino,* nunca nos damos por vencidos.
2Co 4:2 Rechazamos todas las acciones vergonzosas y los métodos turbios. No tratamos de engañar a nadie ni de distorsionar la palabra de Dios. Decimos la verdad delante de Dios, y todos los que son sinceros lo saben bien.
2Co 4:3 Si la Buena Noticia que predicamos está escondida detrás de un velo, sólo está oculta de la gente que se pierde.
2Co 4:4 Satanás, quien es el dios de este mundo, ha cegado la mente de los que no creen. Son incapaces de ver la gloriosa luz de la Buena Noticia. No entienden este mensaje acerca de la gloria de Cristo, quien es la imagen exacta de Dios.
2Co 4:5 Como ven, no andamos predicando acerca de nosotros mismos. Predicamos que Jesucristo es Señor, y nosotros somos siervos de ustedes por causa de Jesús.
2Co 4:6 Pues Dios, quien dijo: «Que haya luz en la oscuridad», hizo que esta luz brille en nuestro corazón para que podamos conocer la gloria de Dios que se ve en el rostro de Jesucristo.
2Co 4:7 Ahora tenemos esta luz que brilla en nuestro corazón, pero nosotros mismos somos como frágiles vasijas de barro que contienen este gran tesoro.* Esto deja bien claro que nuestro gran poder proviene de Dios, no de nosotros mismos.
2Co 4:8 Por todos lados nos presionan las dificultades, pero no nos aplastan. Estamos perplejos pero no caemos en la desesperación.
2Co 4:9 Somos perseguidos pero nunca abandonados por Dios. Somos derribados, pero no destruidos.
2Co 4:10 Mediante el sufrimiento, nuestro cuerpo sigue participando de la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús también pueda verse en nuestro cuerpo.
2Co 4:11 Es cierto, vivimos en constante peligro de muerte porque servimos a Jesús, para que la vida de Jesús sea evidente en nuestro cuerpo que muere.
2Co 4:12 Así que vivimos de cara a la muerte, pero esto ha dado como resultado vida eterna para ustedes.
2Co 4:13 Sin embargo, seguimos predicando porque tenemos la misma clase de fe que tenía el salmista cuando dijo: «Creí en Dios, por tanto hablé»*.
2Co 4:14 Sabemos que Dios, quien resucitó al Señor Jesús,* también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará ante él mismo junto con ustedes.
2Co 4:15 Todo esto es para beneficio de ustedes. Y, a medida que la gracia de Dios alcance a más y más personas, habrá abundante acción de gracias, y Dios recibirá más y más gloria.
2Co 4:16 Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu* va renovándose cada día.
2Co 4:17 Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades!
2Co 4:18 Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre.


SALMO 99

Sal 99:1 ¡El SEÑOR es rey! ¡Qué tiemblen las naciones! Está sentado en su trono, entre los querubines. ¡Qué se estremezca toda la tierra!
Sal 99:2 El SEÑOR se sienta con majestad en Jerusalén,* exaltado sobre todas las naciones.
Sal 99:3 Que ellas alaben tu nombre grande y temible. ¡Tu nombre es santo!
Sal 99:4 Rey poderoso, amante de la justicia, tú has establecido la imparcialidad. Has actuado con justicia y con rectitud en todo Israel.*
Sal 99:5 ¡Exalten al SEÑOR nuestro Dios! ¡Póstrense ante sus pies porque él es santo!
Sal 99:6 Moisés y Aarón estaban entre sus sacerdotes; Samuel también invocó su nombre. Clamaron al SEÑOR por ayuda, y él les respondió.
Sal 99:7 Habló a Israel desde la columna de nube, y los israelitas siguieron las leyes y los decretos que les dio.
Sal 99:8 Oh SEÑOR nuestro Dios, tú les respondiste; para ellos fuiste Dios perdonador, pero los castigaste cuando se desviaron.
Sal 99:9 Exalten al SEÑOR nuestro Dios y adoren en su monte santo, en Jerusalén, ¡porque el SEÑOR nuestro Dios es santo!

LECTURA PARA LA NOCHE

1 SAMUEL    11-13

1Sa 11:1 Como un mes después,* el rey Nahas de Amón dirigió a su ejército contra la ciudad israelita llamada Jabes de Galaad. Pero los habitantes de Jabes pidieron paz. —Haz un tratado con nosotros y seremos tus siervos —rogaron.
1Sa 11:2 —Está bien —dijo Nahas—, pero con una sola condición. ¡Le sacaré el ojo derecho a cada uno de ustedes para deshonrar a todo Israel!
1Sa 11:3 —¡Danos siete días para enviar mensajeros por todo Israel! —respondieron los ancianos de Jabes—. Si nadie viene a salvarnos, aceptaremos tus condiciones.
1Sa 11:4 Cuando los mensajeros llegaron a Guibeá de Saúl y le contaron al pueblo acerca de su aprieto, todos se echaron a llorar.
1Sa 11:5 Saúl había estado arando un campo con sus bueyes y, cuando regresó a la ciudad, preguntó: «¿Qué les pasa? ¿Por qué están llorando?». Así que le contaron del mensaje de Jabes.
1Sa 11:6 Entonces el Espíritu de Dios vino con poder sobre Saúl y se enojó mucho.
1Sa 11:7 Así que, tomó dos bueyes, los cortó en pedazos y envió mensajeros para que los llevaran por todo Israel con el siguiente mensaje: «¡Esto es lo que le pasará a los bueyes del que se niegue a seguir a Saúl y a Samuel a la batalla!». Entonces el SEÑOR hizo que la gente tuviera miedo del enojo de Saúl, por lo tanto todos salieron a la guerra como un solo hombre.
1Sa 11:8 Cuando Saúl los movilizó en Bezec, se dio cuenta de que había trescientos mil hombres de Israel y treinta mil* de Judá.
1Sa 11:9 Entonces Saúl envió a los mensajeros de regreso a Jabes de Galaad para decir: «¡Los rescataremos mañana antes del mediodía!». Cuando llegó el mensaje, ¡hubo gran alegría en toda la ciudad!
1Sa 11:10 Así que los hombres de Jabes dijeron a sus enemigos: «Mañana iremos a ustedes y podrán hacer con nosotros lo que quieran».
1Sa 11:11 Pero a la mañana siguiente, antes del amanecer, Saúl llegó con su ejército dividido en tres destacamentos. Entonces atacó por sorpresa a los amonitas y los masacró durante toda la mañana. El resto del ejército amonita quedó tan disperso que no había dos de ellos juntos.
1Sa 11:12 Entonces la gente clamó a Samuel: —¿Ahora, dónde están esos hombres que decían: “¿Por qué debe Saúl gobernarnos?”? ¡Tráiganlos aquí y los mataremos!
1Sa 11:13 Pero Saúl respondió: —Nadie será ejecutado hoy, ¡porque este día el SEÑOR rescató a Israel!
1Sa 11:14 Luego Samuel dijo a la gente: —¡Vengan, vamos todos a Gilgal para renovar el reino!
1Sa 11:15 Así que todos fueron a Gilgal y en una ceremonia solemne delante del SEÑOR proclamaron rey a Saúl. Después ofrecieron ofrendas de paz al SEÑOR, y Saúl y todos los israelitas se llenaron de alegría..
1Sa 12:1 Entonces Samuel se dirigió a todo Israel: —He hecho lo que me han pedido y les he dado un rey.
1Sa 12:2 Ahora el rey es su líder. Estoy aquí delante de ustedes —un hombre ya viejo y canoso— y mis hijos les sirven. He sido su líder desde mi niñez hasta el día de hoy.
1Sa 12:3 Ahora testifiquen contra mí en presencia del SEÑOR y ante su ungido. ¿A quién le he robado un buey o un burro? ¿Alguna vez he estafado a alguno de ustedes? ¿Alguna vez los he oprimido? ¿Alguna vez he aceptado soborno o he pervertido la justicia? Díganmelo y corregiré cualquier cosa incorrecta que haya hecho.
1Sa 12:4 —No —le contestaron ellos—, nunca nos has engañado ni oprimido y nunca has aceptado soborno alguno.
1Sa 12:5 —El SEÑOR y su ungido son mis testigos hoy —declaró Samuel— de que mis manos están limpias. —Sí, él es nuestro testigo —respondieron.
1Sa 12:6 —Fue el SEÑOR quien designó a Moisés y a Aarón —continuó Samuel—. Él sacó a sus antepasados de la tierra de Egipto.
1Sa 12:7 Ahora, permanezcan aquí en silencio delante del SEÑOR mientras les recuerdo todas las grandes cosas que el SEÑOR ha hecho por ustedes y por sus antepasados.
1Sa 12:8 »Cuando los israelitas estaban* en Egipto y clamaron al SEÑOR, él envió a Moisés y a Aarón para rescatarlos de Egipto y traerlos a esta tierra.
1Sa 12:9 Sin embargo, los israelitas pronto se olvidaron del SEÑOR su Dios, entonces él los entregó a Sísara, el comandante del ejército de Hazor, y también a los filisteos y al rey de Moab, quienes lucharon contra ellos.
1Sa 12:10 »Entonces clamaron al SEÑOR nuevamente y confesaron: “Hemos pecado al apartarnos del SEÑOR y al rendir culto a las imágenes de Baal y Astarot. Pero te adoraremos a ti y sólo a ti si nos rescatas de nuestros enemigos”.
1Sa 12:11 Luego el SEÑOR envió a Gedeón,* a Bedán,* a Jefté y a Samuel* para salvarlos, y ustedes vivieron a salvo.
1Sa 12:12 »Pero cuando tuvieron miedo de Nahas, rey de Amón, vinieron a mí y dijeron que querían un rey para que gobernara sobre ustedes, aun cuando el SEÑOR su Dios ya era su rey.
1Sa 12:13 Está bien, aquí está el rey que han escogido. Ustedes lo pidieron y el SEÑOR se lo concedió.
1Sa 12:14 »Ahora, si ustedes temen al SEÑOR y lo adoran, si escuchan su voz y no se rebelan contra sus mandatos, entonces tanto ustedes como su rey demostrarán que reconocen al SEÑOR como su Dios.
1Sa 12:15 Pero si se rebelan contra los mandatos del SEÑOR y rehúsan escucharlo, entonces su mano será tan dura con ustedes como ha sido con sus antepasados.
1Sa 12:16 »Ahora quédense aquí y vean la maravilla que el SEÑOR está a punto de hacer.
1Sa 12:17 Ustedes saben que nunca llueve en esta época del año durante la cosecha de trigo. Le pediré al SEÑOR que hoy envíe truenos y lluvia. ¡Entonces se darán cuenta de qué tan perversos han sido al pedirle al SEÑOR un rey!
1Sa 12:18 Entonces Samuel clamó al SEÑOR, y ese mismo día envió truenos y lluvia. Y todo el pueblo quedó aterrado del SEÑOR y de Samuel.
1Sa 12:19 —¡Ora al SEÑOR tu Dios por nosotros o moriremos! —le dijeron a Samuel—. A nuestras faltas hemos agregado el pecado de pedir un rey.
1Sa 12:20 —No teman —los tranquilizó Samuel—, de verdad han hecho mal, pero ahora asegúrense de adorar al SEÑOR con todo el corazón y no le den la espalda.
1Sa 12:21 No vuelvan a rendir culto a ídolos despreciables que no pueden ayudarlos o rescatarlos, ¡son completamente inútiles!
1Sa 12:22 El SEÑOR no abandonará a su pueblo, porque eso traería deshonra a su gran nombre. Pues le agradó al SEÑOR hacerlos su pueblo.
1Sa 12:23 »En cuanto a mí, ciertamente no pecaré contra el SEÑOR al dejar de orar por ustedes. Y seguiré enseñándoles lo que es bueno y correcto.
1Sa 12:24 Por su parte, asegúrense de temer al SEÑOR y de servirlo fielmente. Piensen en todas las cosas maravillosas que él ha hecho por ustedes.
1Sa 12:25 Pero si siguen pecando, ustedes y su rey serán destruidos.
1Sa 13:1 Saúl tenía treinta* años cuando subió al trono, y reinó durante cuarenta y dos años.*
1Sa 13:2 Saúl eligió a tres mil soldados selectos del ejército de Israel y mandó a los demás hombres a casa. Llevó consigo a dos mil de los hombres escogidos a Micmas y a la zona montañosa de Betel. Los otros mil fueron con Jonatán, el hijo de Saúl, a Guibeá en la tierra de Benjamín.
1Sa 13:3 Poco tiempo después, Jonatán atacó y derrotó la guarnición de los filisteos en Geba. La noticia corrió rápidamente entre los filisteos. Entonces Saúl tocó el cuerno de carnero por toda la tierra, y dijo: «¡Hebreos, escuchen esto! ¡Levántense! ¡Sublévense!».
1Sa 13:4 Así que todo Israel oyó la noticia que Saúl había destruido la guarnición filistea en Geba y que ahora los filisteos odiaban a los israelitas más que nunca. Entonces todo el ejército israelita fue llamado para unirse a Saúl en Gilgal.
1Sa 13:5 Los filisteos reunieron un ejército poderoso de tres mil* carros de guerra, seis mil hombres para conducirlos, y ¡tantos guerreros como los granos de arena a la orilla del mar! Acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén.
1Sa 13:6 Los hombres de Israel vieron el gran aprieto en el que estaban y, como estaban fuertemente presionados por el enemigo, trataron de esconderse en cuevas, matorrales, rocas, hoyos y cisternas.
1Sa 13:7 Algunos cruzaron el río Jordán y escaparon a la tierra de Gad y de Galaad. Mientras tanto, Saúl se quedó en Gilgal, y sus hombres temblaban de miedo.
1Sa 13:8 Durante siete días Saúl esperó allí, según las instrucciones de Samuel, pero aun así Samuel no llegaba. Saúl se dio cuenta de que sus tropas habían comenzado a desertar,
1Sa 13:9 de modo que ordenó: «¡Tráiganme la ofrenda quemada y las ofrendas de paz!». Y Saúl mismo sacrificó la ofrenda quemada.
1Sa 13:10 Precisamente cuando Saúl terminaba de sacrificar la ofrenda quemada, llegó Samuel. Saúl salió a recibirlo,
1Sa 13:11 pero Samuel preguntó: —¿Qué has hecho? Saúl le contestó: —Vi que mis hombres me abandonaban, y que tú no llegabas cuando prometiste, y que los filisteos ya están en Micmas, listos para la batalla.
1Sa 13:12 Así que dije: “¡Los filisteos están listos para marchar contra nosotros en Gilgal, y yo ni siquiera he pedido ayuda al SEÑOR!”. De manera que me vi obligado a ofrecer yo mismo la ofrenda quemada antes de que tú llegaras.
1Sa 13:13 —¡Qué tontería! —exclamó Samuel—. No obedeciste al mandato que te dio el SEÑOR tu Dios. Si lo hubieras obedecido, el SEÑOR habría establecido tu reinado sobre Israel para siempre.
1Sa 13:14 Pero ahora tu reino tiene que terminar, porque el SEÑOR ha buscado a un hombre conforme a su propio corazón. El SEÑOR ya lo ha nombrado para ser líder de su pueblo, porque tú no obedeciste el mandato del SEÑOR.
1Sa 13:15 Después Samuel salió de Gilgal y siguió su camino, pero el resto de las tropas fue con Saúl a encontrarse con el ejército. De Gilgal subieron a Guibeá, en la tierra de Benjamín.* Cuando Saúl contó los hombres que todavía estaban con él, ¡descubrió que sólo quedaban seiscientos!
1Sa 13:16 Saúl, Jonatán y las tropas acampaban en Geba, en la tierra de Benjamín; mientras que los filisteos levantaron su campamento en Micmas.
1Sa 13:17 Tres destacamentos de asalto pronto salieron del campamento de los filisteos. Uno fue al norte hacia Ofra, en la tierra de Sual;
1Sa 13:18 otro fue al occidente, a Bet-horón, y el tercero avanzó hacia la frontera sobre el valle de Zeboim, cerca del desierto.
1Sa 13:19 No había herreros en la tierra de Israel en esos días. Los filisteos no los permitían, por miedo a que forjaran espadas y lanzas para los hebreos.
1Sa 13:20 Entonces cada vez que los israelitas necesitaban afilar sus rejas de arado, picos, hachas y hoces,* tenían que llevarlos a un herrero filisteo.
1Sa 13:21 (Lo que cobraban era lo siguiente: ocho gramos* de plata por afilar una reja de arado o un pico, y cuatro gramos* por afilar un hacha, una hoz o una aguijada para bueyes).
1Sa 13:22 Por eso el día de la batalla, nadie del pueblo de Israel tenía espada o lanza, excepto Saúl y Jonatán.
1Sa 13:23 El paso de Micmas, mientras tanto, había sido asegurado por un contingente del ejército filisteo.

viernes, 4 de mayo de 2018

LECTURA BÍBLICA 4 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    10:35-52

Mar 10:35 Entonces Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron y dijeron: —Maestro, queremos que nos hagas un favor.
Mar 10:36 —¿Cuál es la petición? —preguntó él.
Mar 10:37 Ellos contestaron: —Cuando te sientes en tu trono glorioso, nosotros queremos sentarnos en lugares de honor a tu lado, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Mar 10:38 Pero Jesús les dijo: —¡No saben lo que piden! ¿Acaso pueden beber de la copa amarga de sufrimiento que yo estoy a punto de beber? ¿Acaso pueden ser bautizados con el bautismo de sufrimiento con el cual yo tengo que ser bautizado?
Mar 10:39 —Claro que sí —contestaron ellos—, ¡podemos! Entonces Jesús les dijo: —Es cierto, beberán de mi copa amarga y serán bautizados con mi bautismo de sufrimiento.
Mar 10:40 Pero no me corresponde a mí decir quién se sentará a mi derecha o a mi izquierda. Dios preparó esos lugares para quienes él ha escogido.
Mar 10:41 Cuando los otros diez discípulos oyeron lo que Santiago y Juan habían pedido, se indignaron.
Mar 10:42 Así que Jesús los reunió a todos y les dijo: «Ustedes saben que los gobernantes de este mundo tratan a su pueblo con prepotencia y los funcionarios hacen alarde de su autoridad frente a los súbditos.
Mar 10:43 Pero entre ustedes será diferente. El que quiera ser líder entre ustedes deberá ser sirviente,
Mar 10:44 y el que quiera ser el primero entre ustedes deberá ser esclavo de los demás.
Mar 10:45 Pues ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos».
Mar 10:46 Después llegaron a Jericó y mientras Jesús y sus discípulos salían de la ciudad, una gran multitud los siguió. Un mendigo ciego llamado Bartimeo (hijo de Timeo) estaba sentado junto al camino.
Mar 10:47 Cuando Bartimeo oyó que Jesús de Nazaret estaba cerca, comenzó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!».
Mar 10:48 «¡Cállate!» —muchos le gritaban. Pero él gritó aún más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
Mar 10:49 Cuando Jesús lo oyó, se detuvo y dijo: «Díganle que se acerque». Así que llamaron al ciego. «Anímate —le dijeron —. ¡Vamos, él te llama!».
Mar 10:50 Bartimeo echó a un lado su abrigo, se levantó de un salto y se acercó a Jesús.
Mar 10:51 —¿Qué quieres que haga por ti? —preguntó Jesús. —Mi Rabí* —dijo el hombre ciego—, ¡quiero ver!
Mar 10:52 Y Jesús le dijo: —Puedes irte, pues tu fe te ha sanado. Al instante el hombre pudo ver y siguió a Jesús por el camino.*


2 CORINTIOS 3

2Co 3:1 ¿Otra vez comenzamos a elogiarnos a nosotros mismos? ¿Acaso somos como otros, que necesitan llevarles cartas de recomendación o que les piden que se escriban tales cartas en nombre de ellos? ¡Por supuesto que no!
2Co 3:2 La única carta de recomendación que necesitamos son ustedes mismos. Sus vidas son una carta escrita en nuestro* corazón; todos pueden leerla y reconocer el buen trabajo que hicimos entre ustedes.
2Co 3:3 Es evidente que son una carta de Cristo que muestra el resultado de nuestro ministerio entre ustedes. Esta «carta» no está escrita con pluma y tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente. No está tallada en tablas de piedra, sino en corazones humanos.
2Co 3:4 Estamos seguros de todo esto debido a la gran confianza que tenemos en Dios por medio de Cristo.
2Co 3:5 No es que pensemos que estamos capacitados para hacer algo por nuestra propia cuenta. Nuestra aptitud proviene de Dios.
2Co 3:6 Él nos capacitó para que seamos ministros de su nuevo pacto. Éste no es un pacto de leyes escritas, sino del Espíritu. El antiguo pacto escrito termina en muerte; pero, de acuerdo con el nuevo pacto, el Espíritu da vida.
2Co 3:7 El camino* antiguo, con leyes grabadas en piedra, conducía a la muerte, aunque comenzó con tanta gloria que el pueblo de Israel no podía mirar la cara de Moisés. Pues su rostro brillaba con la gloria de Dios, aun cuando el brillo ya estaba desvaneciéndose.
2Co 3:8 ¿No deberíamos esperar mayor gloria dentro del nuevo camino, ahora que el Espíritu Santo da vida?
2Co 3:9 Si el antiguo camino, que trae condenación, era glorioso, ¡cuánto más glorioso es el nuevo camino, que nos hace justos ante Dios!
2Co 3:10 De hecho, aquella primera gloria no era para nada gloriosa comparada con la gloria sobreabundante del nuevo camino.
2Co 3:11 Así que, si el antiguo camino, que ha sido reemplazado, era glorioso, ¡cuánto más glorioso es el nuevo, que permanece para siempre!
2Co 3:12 Ya que este nuevo camino nos da tal confianza, podemos ser muy valientes.
2Co 3:13 No somos como Moisés, quien se cubría la cara con un velo para que el pueblo de Israel no pudiera ver la gloria, aun cuando esa gloria estaba destinada a desvanecerse.
2Co 3:14 Pero la mente de ellos se endureció y, hasta el día de hoy, cada vez que se lee el antiguo pacto, el mismo velo les cubre la mente para que no puedan entender la verdad. Y este velo puede quitarse solamente al creer en Cristo.
2Co 3:15 Efectivamente, incluso hoy en día, cuando leen los escritos de Moisés, tienen el corazón cubierto con ese velo y no comprenden.
2Co 3:16 Pero, cuando alguien se vuelve al Señor, el velo es quitado.
2Co 3:17 Pues el Señor es el Espíritu y, donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
2Co 3:18 Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. Y el Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen.


SALMO 98

Sal 98:1 Salmo.
Canten al SEÑOR una nueva canción, porque ha hecho obras maravillosas. Su mano derecha obtuvo una poderosa victoria; su santo brazo ha mostrado su poder salvador.
Sal 98:2 El SEÑOR anunció su victoria y reveló su justicia a toda nación.
Sal 98:3 Recordó su promesa de amar y de ser fiel a Israel. ¡Los extremos de la tierra han visto la victoria de nuestro Dios!
Sal 98:4 Aclamen al SEÑOR, habitantes de toda la tierra; ¡prorrumpan en alabanza y canten de alegría!
Sal 98:5 Canten alabanzas al SEÑOR con el arpa, con el arpa y dulces melodías,
Sal 98:6 con trompetas y el sonido del cuerno de carnero. ¡Toquen una alegre sinfonía delante del SEÑOR, el Rey!
Sal 98:7 ¡Que el mar y todo lo que contiene le exclamen alabanzas! ¡Que se le unan la tierra y todas sus criaturas vivientes!
Sal 98:8 ¡Que los ríos aplaudan con júbilo! ¡Que las colinas entonen sus cánticos de alegría
Sal 98:9 delante del SEÑOR! Pues el SEÑOR viene a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a las naciones con imparcialidad.

LECTURA PARA LA NOCHE

1 SAMUEL    9-10

1Sa 9:1 Había un hombre rico e influyente llamado Cis, de la tribu de Benjamín. Era hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, de la tribu de Benjamín.
1Sa 9:2 Su hijo Saúl era el hombre más apuesto en Israel; era tan alto que los demás apenas le llegaban a los hombros.
1Sa 9:3 Cierto día, los burros de Cis se extraviaron, y él le dijo a Saúl: «Lleva a un siervo contigo y ve a buscar los burros».
1Sa 9:4 Así que Saúl tomó a un siervo y anduvo por la zona montañosa de Efraín, por la tierra de Salisa, por el área de Saalim y por toda la tierra de Benjamín, pero no pudieron encontrar los burros por ninguna parte.
1Sa 9:5 Finalmente, entraron a la región de Zuf y Saúl le dijo a su siervo: —Volvamos a casa. ¡Es probable que ahora mi padre esté más preocupado por nosotros que por los burros!
1Sa 9:6 Pero el siervo dijo: —¡Se me ocurre algo! En esta ciudad vive un hombre de Dios. La gente lo tiene en gran estima porque todo lo que dice se cumple. Vayamos a buscarlo; tal vez pueda decirnos por dónde ir.
1Sa 9:7 —Pero no tenemos nada que ofrecerle —respondió Saúl—. Hasta nuestra comida se acabó y no tenemos nada para darle.
1Sa 9:8 —Bueno —dijo el siervo—, tengo una pequeña pieza de plata.* ¡Al menos, se la podemos ofrecer al hombre de Dios y ver qué pasa!
1Sa 9:9 (En esos días, si la gente quería recibir un mensaje de Dios, decía: «Vamos a preguntarle al vidente», porque los profetas solían ser llamados «videntes»).
1Sa 9:10 —Está bien —aceptó Saúl—, ¡hagamos el intento! Así que se encaminaron hacia la ciudad donde vivía el hombre de Dios.
1Sa 9:11 Al ir subiendo la colina hacia la ciudad, se encontraron con unas jóvenes que salían a sacar agua. Entonces Saúl y su siervo les preguntaron: —¿Se encuentra por aquí el vidente?
1Sa 9:12 —Sí —les contestaron—, sigan por este camino; él está junto a las puertas de la ciudad. Acaba de llegar para participar de un sacrificio público que se realizará arriba, en el lugar de adoración.
1Sa 9:13 Apúrense para que lo puedan encontrar antes de que suba a comer. Los invitados no comenzarán a comer hasta que él llegue para bendecir los alimentos.
1Sa 9:14 De modo que llegaron a la ciudad y, mientras entraban por las puertas, Samuel iba saliendo hacia ellos para subir al lugar de adoración.
1Sa 9:15 Ahora bien, el SEÑOR le había dicho a Samuel el día anterior:
1Sa 9:16 «Mañana a esta hora te enviaré a un hombre de la tierra de Benjamín. Úngelo para que sea el líder de mi pueblo, Israel. Él lo librará de los filisteos, porque desde lo alto he mirado a mi pueblo con misericordia y he oído su clamor».
1Sa 9:17 Cuando Samuel vio a Saúl, el SEÑOR le dijo: «¡Ese es el hombre del que te hablé! Él gobernará a mi pueblo».
1Sa 9:18 Justo en ese momento, Saúl se acercó a Samuel a las puertas de la ciudad y le preguntó: —¿Podría decirme, por favor, dónde está la casa del vidente?
1Sa 9:19 —¡Yo soy el vidente! —contestó Samuel—. Sube al lugar de adoración delante de mí. Allí comeremos juntos; en la mañana te diré lo que quieres saber y te enviaré de regreso.
1Sa 9:20 Y no te preocupes por esos burros que se perdieron hace tres días, porque ya los encontraron. Además, estoy aquí para decirte que tú y tu familia son el centro de todas las esperanzas de Israel.
1Sa 9:21 Saúl respondió: —¡Pero sólo soy de la tribu de Benjamín, la más pequeña de Israel, y mi familia es la menos importante de todas las familias de la tribu! ¿Por qué me habla usted de esa manera?
1Sa 9:22 Luego Samuel llevó a Saúl y a su siervo al comedor y los sentó en la cabecera de la mesa, y así los honró más que a los treinta invitados especiales.
1Sa 9:23 Después Samuel dio instrucciones al cocinero para que le sirviera a Saúl el mejor corte de carne, la porción que había sido reservada para el invitado de honor.
1Sa 9:24 El cocinero trajo la carne y la puso frente a Saúl. «Adelante, come —le dijo Samuel—, ¡lo había apartado para ti aun antes de que invitara a los demás!». Así que ese día Saúl comió con Samuel.
1Sa 9:25 Cuando bajaron del lugar de adoración y regresaron a la ciudad, Samuel llevó a Saúl a la azotea de la casa y allí le preparó una cama.*
1Sa 9:26 Al amanecer del día siguiente, Samuel llamó a Saúl: «¡Levántate! ¡Es hora de que sigas tu viaje!». Así que Saúl se preparó y salió de la casa junto a Samuel.
1Sa 9:27 Cuando llegaron a las afueras de la ciudad, Samuel le dijo a Saúl que mandara a su siervo que se adelantara. Después de que el siervo se fue, Samuel dijo: «Quédate aquí, porque he recibido un mensaje especial para ti de parte de Dios».
1Sa 10:1 Entonces Samuel tomó un frasco de aceite de oliva y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Besó a Saúl y dijo: «Hago esto porque el SEÑOR te ha designado para que gobiernes a Israel, su posesión más preciada.*
1Sa 10:2 Cuando me dejes hoy, verás a dos hombres junto a la tumba de Raquel en Selsa, en los límites del territorio de Benjamín. Ellos te dirán que los burros fueron encontrados y que tu padre dejó de preocuparse por ellos, pero que ahora está preocupado por ti. Está preguntando: “¿Han visto a mi hijo?”.
1Sa 10:3 »Cuando llegues al roble de Tabor, te encontrarás con tres hombres que van camino a Betel para adorar a Dios. Uno llevará tres cabritos, otro tendrá tres panes y el tercero un odre lleno de vino.
1Sa 10:4 Los tres hombres te saludarán y te ofrecerán dos panes, los cuales debes aceptar.
1Sa 10:5 »Cuando llegues a Guibeá de Dios,* donde está la guarnición de los filisteos, encontrarás a un grupo de profetas que desciende del lugar de adoración. Estarán tocando un arpa, una pandereta, una flauta y una lira, y estarán profetizando.
1Sa 10:6 En ese momento el Espíritu del SEÑOR vendrá poderosamente sobre ti y profetizarás con ellos. Serás transformado en una persona diferente.
1Sa 10:7 Después de que sucedan estas señales, haz lo que deba hacerse, porque Dios está contigo.
1Sa 10:8 Luego desciende a Gilgal delante de mí. Allí me encontraré contigo para sacrificar ofrendas quemadas y ofrendas de paz. Deberás esperar siete días hasta que yo llegue y te dé más instrucciones».
1Sa 10:9 Mientras Saúl se daba vuelta para irse, Dios le dio un nuevo corazón, y todas las señales de Samuel se cumplieron en ese día.
1Sa 10:10 Cuando Saúl y su siervo llegaron a Guibeá, vieron a un grupo de profetas que se les acercaba. Entonces el Espíritu de Dios vino poderosamente sobre Saúl, y él también comenzó a profetizar.
1Sa 10:11 Cuando los que conocían a Saúl se enteraron de lo sucedido, exclamaron: «¿Qué? ¿Hasta Saúl es profeta? ¿Cómo se convirtió el hijo de Cis en profeta?».
1Sa 10:12 Además, uno de los que estaban allí dijo: «¿Cualquiera puede convertirse en profeta, sin importar quien sea su padre?»* . Este es el origen del dicho: «¿Hasta Saúl es profeta?».
1Sa 10:13 Cuando Saúl terminó de profetizar, subió al lugar de adoración.
1Sa 10:14 —¿Dónde han estado? —les preguntó el tío de Saúl a él y a su siervo. —Estábamos buscando a los burros —le respondió Saúl—, pero no pudimos encontrarlos. Así que acudimos a Samuel para preguntarle dónde estaban.
1Sa 10:15 —¡Ah! ¿Y qué dijo? —le preguntó su tío.
1Sa 10:16 —Nos dijo que ya habían encontrado los burros —contestó Saúl. Pero Saúl no le contó a su tío lo que Samuel había dicho acerca del reino.
1Sa 10:17 Después Samuel convocó a todo el pueblo de Israel para que se reuniera delante del SEÑOR en Mizpa,
1Sa 10:18 y dijo: «Esto es lo que el SEÑOR, Dios de Israel, ha declarado: “Los saqué de Egipto; los rescaté de los egipcios y de todas las naciones que los oprimían.
1Sa 10:19 Pero aunque los rescaté de su miseria y aflicción, hoy han rechazado a su Dios y han dicho: ‘¡No, en lugar de Dios queremos un rey!’. Por lo tanto, preséntense ahora delante del SEÑOR por tribus y clanes”».
1Sa 10:20 Entonces Samuel reunió a todas las tribus de Israel delante del SEÑOR, y por sorteo se eligió a la tribu de Benjamín.
1Sa 10:21 Después llevó a cada familia de la tribu de Benjamín delante del SEÑOR, y se eligió a la familia de los Matri. Finalmente de entre ellos fue escogido Saúl hijo de Cis. Pero cuando lo buscaron, ¡había desaparecido!
1Sa 10:22 Entonces le preguntaron al SEÑOR: —¿Dónde está? Y el SEÑOR contestó: —Está escondido entre el equipaje.
1Sa 10:23 Así que lo encontraron y lo sacaron. Era tan alto que los demás apenas le llegaban al hombro.
1Sa 10:24 Luego Samuel dijo a todo el pueblo: «Este es el hombre que el SEÑOR ha escogido como su rey. ¡No hay nadie como él en todo Israel!». Y todo el pueblo gritó: «¡Viva el rey!».
1Sa 10:25 Después, Samuel le explicó al pueblo cuales eran los derechos y las obligaciones de un rey. Los escribió en un rollo y lo puso delante del SEÑOR. Luego Samuel envió al pueblo a sus casas.
1Sa 10:26 Cuando Saúl regresó a su casa en Guibeá lo acompañó un grupo de hombres a quienes Dios les había tocado el corazón.
1Sa 10:27 Sin embargo, había unos sinvergüenzas que se quejaban: «¿Cómo puede este hombre salvarnos?». Y lo despreciaban y se negaban a llevarle regalos; pero Saúl no les hizo caso. [Nahas, rey de los amonitas, había estado oprimiendo gravemente a los habitantes de Gad y de Rubén que vivían al oriente del río Jordán. Les sacó el ojo derecho a todos los israelitas que vivían allí, y no permitía que nadie viniera a rescatarlos. De hecho, de todos los israelitas que vivían al oriente del río Jordán, no había uno solo a quien Nahas no le hubiera sacado el ojo derecho. Pero había siete mil hombres que habían escapado de los amonitas y se habían establecido en Jabes de Galaad]* .

jueves, 3 de mayo de 2018

LECTURA BÍBLICA 3 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    10:17-34

Mar 10:17 Cuando Jesús estaba por emprender su camino a Jerusalén, un hombre se le acercó corriendo, se arrodilló y le preguntó: —Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
Mar 10:18 —¿Por qué me llamas bueno? —preguntó Jesús —. Sólo Dios es verdaderamente bueno.
Mar 10:19 Pero, para contestar a tu pregunta, tú conoces los mandamientos: «No asesines; no cometas adulterio; no robes; no des falso testimonio; no estafes a nadie; honra a tu padre y a tu madre»*.
Mar 10:20 —Maestro —respondió el hombre—, he obedecido todos esos mandamientos desde que era joven.
Mar 10:21 Jesús miró al hombre y sintió profundo amor por él. —Hay una cosa que todavía no has hecho —le dijo —. Anda y vende todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Después ven y sígueme.
Mar 10:22 Al oír esto, el hombre puso cara larga y se fue triste porque tenía muchas posesiones.
Mar 10:23 Jesús miró a su alrededor y dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!».
Mar 10:24 Los discípulos quedaron asombrados de sus palabras. Pero Jesús volvió a decir: «Queridos hijos, es muy difícil* entrar en el reino de Dios.
Mar 10:25 De hecho, ¡es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios!».
Mar 10:26 Los discípulos quedaron atónitos. —Entonces, ¿quién podrá ser salvo? —preguntaron.
Mar 10:27 Jesús los miró fijamente y dijo: —Humanamente hablando, es imposible, pero no para Dios. Con Dios, todo es posible.
Mar 10:28 Entonces Pedro comenzó a hablar. —Nosotros hemos dejado todo para seguirte —dijo.
Mar 10:29 —Así es —respondió Jesús—, y les aseguro que todo el que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o bienes por mi causa y por la Buena Noticia
Mar 10:30 recibirá ahora a cambio cien veces más el número de casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y bienes, junto con persecución. Y, en el mundo que vendrá, esa persona tendrá la vida eterna.
Mar 10:31 Pero muchos que ahora son los más importantes, en ese día serán los menos importantes, y aquellos que ahora parecen menos importantes, en ese día serán los más importantes.*
Mar 10:32 Subían rumbo a Jerusalén, y Jesús caminaba delante de ellos. Los discípulos estaban llenos de asombro y la gente que los seguía, abrumada de temor. Jesús tomó a los doce discípulos aparte y, una vez más, comenzó a describir todo lo que estaba por sucederle.
Mar 10:33 «Escuchen —les dijo—, subimos a Jerusalén, donde el Hijo del Hombre* será traicionado y entregado a los principales sacerdotes y a los maestros de la ley religiosa. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los romanos.*
Mar 10:34 Se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán con un látigo y lo matarán. Pero, después de tres días, resucitará».


2 CORINTIOS 2

2Co 2:1 Así que decidí que no les causaría tristeza con otra visita dolorosa.
2Co 2:2 Pues, si yo les causo tristeza, ¿quién me alegrará a mí? Por cierto, no será alguien a quien yo haya entristecido.
2Co 2:3 Por eso les escribí como lo hice, para que, cuando llegue, no me causen tristeza los mismos que deberían darme la más grande alegría. Seguramente, todos ustedes saben que mi alegría proviene de que estén alegres.
2Co 2:4 Escribí aquella carta con gran angustia, un corazón afligido y muchas lágrimas. No quise causarles tristeza, más bien quería que supieran cuánto amor tengo por ustedes.
2Co 2:5 No exagero cuando digo que el hombre que causó todos los problemas los lastimó más a todos ustedes que a mí.
2Co 2:6 La mayoría de ustedes se le opusieron, y eso ya fue suficiente castigo.
2Co 2:7 No obstante, ahora es tiempo de perdonarlo y consolarlo; de otro modo, podría ser vencido por el desaliento.
2Co 2:8 Así que ahora los insto a que reafirmen su amor por él.
2Co 2:9 Les escribí como lo hice para probarlos y ver si cumplirían mis instrucciones al pie de la letra.
2Co 2:10 Si ustedes perdonan a este hombre, yo también lo perdono. Y, cuando yo perdono lo que necesita ser perdonado, lo hago con la autoridad de Cristo en beneficio de ustedes,
2Co 2:11 para que Satanás no se aproveche de nosotros. Pues ya conocemos sus maquinaciones malignas.
2Co 2:12 Cuando llegué a la ciudad de Troas para predicar la Buena Noticia de Cristo, el Señor me abrió una puerta de oportunidad.
2Co 2:13 Pero no sentía paz, porque mi querido hermano Tito todavía no había llegado con un informe de ustedes. Así que me despedí y seguí hacia Macedonia para buscarlo.
2Co 2:14 Pero, ¡gracias a Dios!, él nos ha hecho sus cautivos y siempre nos lleva en triunfo en el desfile victorioso de Cristo. Ahora nos usa para difundir el conocimiento de Cristo por todas partes como un fragante perfume.
2Co 2:15 Nuestras vidas son la fragancia de Cristo que sube hasta Dios. Pero esta fragancia se percibe de una manera diferente por los que se salvan y los que se pierden.
2Co 2:16 Para los que se pierden, somos un espantoso olor de muerte y condenación. Pero, para aquellos que se salvan, somos un perfume que da vida. ¿Y quién es la persona adecuada para semejante tarea?
2Co 2:17 Ya ven, no somos como tantos charlatanes* que predican para provecho personal. Nosotros predicamos la palabra de Dios con sinceridad y con la autoridad de Cristo, sabiendo que Dios nos observa.


SALMO 97

Sal 97:1 ¡El SEÑOR es rey! ¡Que se goce la tierra! ¡Que se alegren las costas más lejanas!
Sal 97:2 Nubes oscuras lo rodean. La rectitud y la justicia son el cimiento de su trono.
Sal 97:3 Fuego se extiende delante de él y calcina a todos sus enemigos.
Sal 97:4 Sus relámpagos destellan por el mundo; la tierra lo ve y tiembla.
Sal 97:5 Las montañas se derriten como cera delante del SEÑOR, delante del Señor de toda la tierra.
Sal 97:6 Los cielos proclaman su justicia; toda nación ve su gloria.
Sal 97:7 Los que rinden culto a ídolos quedan deshonrados —todos los que se jactan de sus inútiles dioses —pues todos los dioses tienen que inclinarse ante él.
Sal 97:8 ¡Jerusalén* oyó y se alegró, y todas las ciudades de Judá están felices a causa de tu justicia, oh SEÑOR!
Sal 97:9 Pues tú, oh SEÑOR, eres supremo en toda la tierra, exaltado muy por encima de todos los dioses.
Sal 97:10 ¡Ustedes, los que aman al SEÑOR, odien el mal! Él protege la vida de sus justos y los rescata del poder de los perversos.
Sal 97:11 La luz brilla sobre los justos, y la alegría sobre los de corazón recto.
Sal 97:12 ¡Que todos los justos se alegren en el SEÑOR y alaben su santo nombre!

LECTURA PARA LA NOCHE

1 SAMUEL    6-8

1Sa 6:1 Así que el arca del SEÑOR permaneció en territorio filisteo por un total de siete meses.
1Sa 6:2 Entonces los filisteos mandaron llamar a sus sacerdotes y adivinos, y les preguntaron: —¿Qué debemos hacer con el arca del SEÑOR? Dígannos cómo devolverla a su propio país.
1Sa 6:3 —Devuelvan el arca del Dios de Israel junto con un regalo —les dijeron—. Envíen una ofrenda por la culpa, para que la plaga se detenga. Entonces, si se sanan, sabrán que fue la mano de Dios la que causó esta plaga.
1Sa 6:4 —¿Qué clase de ofrenda por la culpa debemos enviar? —preguntaron. Entonces les respondieron: —Ya que la plaga los hirió a ustedes y a sus cinco gobernantes, elaboren cinco tumores de oro y cinco ratas de oro como los que asolaron la tierra.
1Sa 6:5 Hagan estas cosas para demostrar su respeto al Dios de Israel. Tal vez entonces él deje de afligirlos a ustedes, a sus dioses y a su tierra.
1Sa 6:6 No sean tercos y rebeldes como lo fueron faraón y los egipcios. Cuando Dios terminó con ellos, estaban deseosos de dejar ir a Israel.
1Sa 6:7 »Así que construyan una carreta nueva y busquen dos vacas que acaben de tener cría. Asegúrense de que las vacas nunca hayan llevado yugo. Engánchenlas a la carreta, pero encierren sus becerros en un corral.
1Sa 6:8 Pongan el arca del SEÑOR en la carreta, y junto a ella coloquen un cofre con las ratas de oro y los tumores de oro que estarán enviando como ofrenda por la culpa. Después dejen que las vacas vayan por donde quieran.
1Sa 6:9 Si cruzan la frontera de nuestra tierra y van hacia Bet-semes, sabremos que fue el SEÑOR quien trajo este terrible desastre sobre nosotros. Si no la cruzan, sabremos que no fue la mano de Dios que causó esta plaga; más bien sucedió por pura casualidad.
1Sa 6:10 Así que llevaron a cabo las instrucciones. Engancharon dos vacas a la carreta y encerraron sus crías en un corral.
1Sa 6:11 Luego pusieron el arca del SEÑOR en la carreta junto con el cofre que contenía los tumores y las ratas de oro.
1Sa 6:12 Y efectivamente, las vacas, sin desviarse a ningún lado, siguieron directo por el camino hacia Bet-semes, mugiendo por todo el camino. Los gobernantes filisteos las siguieron hasta los límites de Bet-semes.
1Sa 6:13 Ahora bien, los habitantes de Bet-semes estaban cosechando trigo en el valle y, cuando vieron el arca, ¡se llenaron de alegría!
1Sa 6:14 La carreta entró en el campo de un hombre llamado Josué y se detuvo junto a una roca grande. Entonces la gente hizo pedazos la madera de la carreta para leña, mató a las dos vacas y las sacrificó al SEÑOR como ofrenda quemada.
1Sa 6:15 Varios hombres de la tribu de Leví levantaron de la carreta el arca del SEÑOR y el cofre —que contenía las ratas y los tumores de oro— y los pusieron sobre la roca grande. En ese día el pueblo de Bet-semes ofreció muchos sacrificios y ofrendas quemadas al SEÑOR.
1Sa 6:16 Los cinco gobernantes filisteos observaron todo esto y luego regresaron a Ecrón ese mismo día.
1Sa 6:17 Los cinco tumores de oro enviados por los filisteos al SEÑOR, como ofrenda por la culpa, eran regalos de los gobernantes de Asdod, Gaza, Ascalón, Gat y Ecrón.
1Sa 6:18 Las cinco ratas de oro representaban las cinco ciudades filisteas junto con sus aldeas vecinas, que eran controladas por los cinco gobernantes. La gran roca de Bet-semes, donde colocaron el arca del SEÑOR, todavía está en el campo de Josué como un testimonio de lo que sucedió allí.
1Sa 6:19 Pero el SEÑOR mató a setenta hombres* de Bet-semes porque miraron dentro del arca del SEÑOR. Y el pueblo hizo gran duelo por lo que el SEÑOR había hecho.
1Sa 6:20 «¿Quién puede estar en la presencia del SEÑOR, este Dios santo? —clamaron—. ¿Adónde podremos enviar el arca desde aquí?».
1Sa 6:21 Así que enviaron mensajeros a la gente de Quiriat-jearim y le dijeron: «Los filisteos han devuelto el arca del SEÑOR. ¡Vengan y llévensela!».
1Sa 7:1 Entonces los hombres de Quiriat-jearim fueron por el arca del SEÑOR. La llevaron a la casa de Abinadab que estaba en las laderas y comisionaron a su hijo Eleazar para que se encargara de ella.
1Sa 7:2 El arca permaneció en Quiriat-jearim mucho tiempo: veinte años en total. Durante ese tiempo todos los israelitas se lamentaron porque parecía que el SEÑOR los había abandonado.
1Sa 7:3 Entonces Samuel le dijo a todo el pueblo de Israel: «Si en realidad desean volver al SEÑOR, desháganse de sus dioses ajenos y de las imágenes de Astarot. Tomen la determinación de obedecer sólo al SEÑOR; entonces él los rescatará de los filisteos».
1Sa 7:4 Así que los israelitas se deshicieron de todas sus imágenes de Baal y de Astarot y adoraron únicamente al SEÑOR.
1Sa 7:5 Después Samuel les dijo: «Reúnan a todo Israel en Mizpa, y yo oraré al SEÑOR por ustedes».
1Sa 7:6 De manera que se reunieron en Mizpa y, en una gran ceremonia, sacaron agua de un pozo y la derramaron delante del SEÑOR. Asimismo no comieron durante todo el día y confesaron que habían pecado contra el SEÑOR. (Fue en Mizpa donde Samuel se convirtió en juez de Israel).
1Sa 7:7 Cuando los gobernantes filisteos se enteraron de que Israel se había reunido en Mizpa, movilizaron a su ejército y avanzaron. El miedo invadió a los israelitas cuando supieron que los filisteos se acercaban.
1Sa 7:8 «¡No dejes de rogarle al SEÑOR nuestro Dios que nos salve de los filisteos!», le suplicaron a Samuel.
1Sa 7:9 Entonces Samuel tomó un cordero y lo ofreció al SEÑOR como ofrenda quemada entera. Rogó al SEÑOR que ayudara a Israel, y el SEÑOR le contestó.
1Sa 7:10 Entonces, justo en el momento en que Samuel sacrificaba la ofrenda quemada, llegaron los filisteos para atacar a Israel. Pero ese día el SEÑOR habló con una poderosa voz de trueno desde el cielo y causó tal confusión entre los filisteos, que los israelitas los derrotaron.
1Sa 7:11 Los hombres de Israel los persiguieron desde Mizpa hasta un lugar abajo de Bet-car, matándolos a lo largo del camino.
1Sa 7:12 Luego Samuel tomó una piedra grande y la colocó entre las ciudades de Mizpa y Jesana.* La llamó Ebenezer (que significa «la piedra de ayuda») porque dijo: «¡Hasta aquí el SEÑOR nos ha ayudado!».
1Sa 7:13 De modo que los filisteos fueron sometidos y no volvieron a invadir a Israel por algún tiempo. Y durante toda la vida de Samuel la mano poderosa del SEÑOR se levantó contra los filisteos.
1Sa 7:14 Entonces fueron restituidas a Israel las aldeas cercanas a Ecrón y Gat que los filisteos habían tomado, junto con el resto del territorio que habían tomado de Israel. Y en esos días hubo paz entre los israelitas y los amorreos.
1Sa 7:15 Samuel continuó como juez de Israel por el resto de su vida.
1Sa 7:16 Cada año hacía un recorrido y estableció su tribunal, primero en Betel, luego en Gilgal y después en Mizpa. Juzgaba al pueblo de Israel en cada uno de estos lugares.
1Sa 7:17 Luego regresaba a su hogar en Ramá, donde también atendía otros casos. En Ramá, Samuel construyó un altar al SEÑOR.
1Sa 8:1 Cuando Samuel envejeció, nombró a sus hijos como jueces de Israel.
1Sa 8:2 Joel y Abías, sus hijos mayores, establecieron su corte en Beerseba.
1Sa 8:3 Pero ellos no eran como su padre, porque codiciaban el dinero; aceptaban sobornos y pervertían la justicia.
1Sa 8:4 Finalmente, todos los ancianos de Israel se reunieron en Ramá para hablar del asunto con Samuel.
1Sa 8:5 «Mira, Samuel —le dijeron—, ya eres anciano y tus hijos no son como tú. Danos un rey para que nos juzgue así como lo tienen las demás naciones».
1Sa 8:6 Samuel se disgustó con esta petición y fue al SEÑOR en busca de orientación.
1Sa 8:7 «Haz todo lo que te digan —le respondió el SEÑOR—, porque es a mí a quien rechazan y no a ti; ya no quieren que yo siga siendo su rey.
1Sa 8:8 Desde que los saqué de Egipto me han abandonado continuamente y han seguido a otros dioses. Y ahora te tratan a ti de la misma manera.
1Sa 8:9 Haz lo que te pidan, pero adviérteles seriamente acerca de la manera en que reinará sobre ellos un rey».
1Sa 8:10 Entonces Samuel transmitió la advertencia del SEÑOR al pueblo que pedía un rey.
1Sa 8:11 —Esta es la manera en que un rey gobernará sobre ustedes —les dijo—. El rey reclutará en el ejército a los hijos de ustedes y los asignará a los carros de guerra y a sus conductores, y los hará correr delante de sus carros.
1Sa 8:12 Algunos serán generales y capitanes del ejército,* otros serán obligados a arar y a cosechar los cultivos del rey, y otros harán las armas y el equipo para los carros de guerra.
1Sa 8:13 El rey tomará a las hijas de ustedes y las obligará a cocinar, a hornear y a hacer perfumes para él.
1Sa 8:14 Les quitará a ustedes lo mejor de sus campos, viñedos y huertos de olivos, y se los dará a sus oficiales.
1Sa 8:15 Tomará una décima parte de su grano y de sus cosechas de uvas y la repartirá entre sus oficiales y miembros de la corte.
1Sa 8:16 Les quitará sus esclavos y esclavas, y les exigirá lo mejor de sus ganados* y burros para su propio uso.
1Sa 8:17 Les exigirá la décima parte de sus rebaños, y ustedes serán sus esclavos.
1Sa 8:18 Cuando llegue ese día, suplicarán alivio de este rey que ahora piden, pero entonces el SEÑOR no los ayudará.
1Sa 8:19 Sin embargo, el pueblo se negó a escuchar la advertencia de Samuel. —Aun así, todavía queremos un rey —dijeron ellos—.
1Sa 8:20 Nuestro deseo es ser como las naciones que nos rodean. El rey nos juzgará y será nuestro líder en las batallas.
1Sa 8:21 Así que Samuel le repitió al SEÑOR lo que el pueblo dijo,
1Sa 8:22 y el SEÑOR respondió: «Haz lo que te piden y dales un rey». Entonces Samuel estuvo de acuerdo y los envió a sus casas.

miércoles, 2 de mayo de 2018

LECTURA BÍBLICA 2 DE MAYO

LECTURA PARA LA MAÑANA

MARCOS    10:1-16

Mar 10:1 Luego Jesús salió de Capernaúm, descendió a la región de Judea y entró en la zona que está al este del río Jordán. Una vez más, las multitudes lo rodearon, y él les enseñaba como de costumbre.
Mar 10:2 Unos fariseos se acercaron y trataron de tenderle una trampa con la siguiente pregunta: —¿Está bien permitir que un hombre se divorcie de su esposa?
Mar 10:3 Jesús les contestó con otra pregunta: —¿Qué dijo Moisés en la ley sobre el divorcio?
Mar 10:4 —Bueno, él lo permitió —contestaron —. Dijo que un hombre puede darle a su esposa un aviso de divorcio por escrito y despedirla.*
Mar 10:5 Pero Jesús respondió: —Moisés escribió ese mandamiento sólo como una concesión ante la dureza del corazón de ustedes.
Mar 10:6 Pero, desde el principio de la creación, “Dios los hizo hombre y mujer”.*
Mar 10:7 Esto explica por qué “un hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa,*
Mar 10:8 y los dos se convierten en uno solo”*. Como ya no son dos sino uno,
Mar 10:9 que nadie separe lo que Dios ha unido.
Mar 10:10 Más tarde, cuando quedó a solas con sus discípulos en la casa, ellos sacaron el tema de nuevo.
Mar 10:11 Él les dijo: «El que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio contra ella.
Mar 10:12 Y, si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio».
Mar 10:13 Cierto día, algunos padres llevaron a sus niños a Jesús para que los tocara y los bendijera, pero los discípulos regañaron a los padres por molestarlo.
Mar 10:14 Cuando Jesús vio lo que sucedía, se enojó con sus discípulos y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino de Dios pertenece a los que son como estos niños.
Mar 10:15 Les digo la verdad, el que no reciba el reino de Dios como un niño nunca entrará en él».
Mar 10:16 Entonces tomó a los niños en sus brazos y después de poner sus manos sobre la cabeza de ellos, los bendijo.


2 CORINTIOS 1:12-24

2Co 1:12 Podemos decir con confianza y con una conciencia limpia que, en todos nuestros asuntos, hemos vivido en santidad* y con una sinceridad dadas por Dios. Hemos dependido de la gracia de Dios y no de nuestra propia sabiduría humana. Ésa es la forma en que nos hemos comportado ante el mundo y en especial con ustedes.
2Co 1:13 Nuestras cartas fueron transparentes, y no hay nada escrito entre líneas ni nada que no puedan entender. Espero que algún día nos entiendan plenamente,
2Co 1:14 aunque por ahora no nos entiendan. Entonces, en el día que el Señor Jesús* regrese, estarán orgullosos de nosotros de la misma manera que nosotros estamos orgullosos de ustedes.
2Co 1:15 Como estaba tan seguro de su comprensión y confianza, quise darles una doble bendición al visitarlos dos veces:
2Co 1:16 primero, de camino a Macedonia y, otra vez al regresar de Macedonia.* Luego podrían ayudarme a seguir mi viaje a Judea.
2Co 1:17 Tal vez se pregunten por qué cambié de planes. ¿Acaso piensan que hago mis planes a la ligera? ¿Piensan que soy como la gente del mundo que dice «sí» cuando en realidad quiere decir «no»?
2Co 1:18 Tan cierto como que Dios es fiel, nuestra palabra a ustedes no oscila entre el «sí» y el «no».
2Co 1:19 Pues Jesucristo, el Hijo de Dios, no titubea entre el «sí» y el «no». Él es aquél de quien Silas,* Timoteo y yo les predicamos, y siendo el «sí» definitivo de Dios, él siempre hace lo que dice.
2Co 1:20 Pues todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo con un resonante «¡sí!». Y, por medio de Cristo, nuestro «amén» (que significa «sí») se eleva a Dios para su gloria.
2Co 1:21 Es Dios quien nos capacita, junto con ustedes, para estar firmes por Cristo. Él nos comisionó
2Co 1:22 y nos identificó como suyos al poner al Espíritu Santo en nuestro corazón como un anticipo que garantiza todo lo que él nos prometió.
2Co 1:23 Ahora pongo a Dios por testigo de que les digo la verdad. La razón por la cual no regresé a Corinto fue para ahorrarles una severa reprimenda.
2Co 1:24 Pero eso no significa que queramos dominarlos al decirles cómo poner en práctica su fe. Queremos trabajar junto con ustedes para que estén llenos de alegría, porque es por medio de su propia fe que se mantienen firmes.


SALMO 96

Sal 96:1 ¡Canten al SEÑOR una nueva canción! ¡Qué toda la tierra cante al SEÑOR!
Sal 96:2 Canten al SEÑOR, alaben su nombre; cada día anuncien las buenas noticias de que él salva.
Sal 96:3 Anuncien sus gloriosas obras entre las naciones; cuéntenles a todos las cosas asombrosas que él hace.
Sal 96:4 ¡Grande es el SEÑOR! ¡Es el más digno de alabanza! A él hay que temer por sobre todos los dioses.
Sal 96:5 Los dioses de las otras naciones no son más que ídolos, ¡pero el SEÑOR hizo los cielos!
Sal 96:6 Honor y majestad lo rodean; fuerza y belleza llenan su santuario.
Sal 96:7 Oh naciones del mundo, reconozcan al SEÑOR; reconozcan que el SEÑOR es fuerte y glorioso.
Sal 96:8 ¡Den al SEÑOR la gloria que merece! Lleven ofrendas y entren en sus atrios.
Sal 96:9 Adoren al SEÑOR en todo su santo esplendor; que toda la tierra tiemble delante de él.
Sal 96:10 Digan a todas las naciones: «¡El SEÑOR reina!». El mundo permanece firme y no puede ser sacudido. Él juzgará a todos los pueblos con imparcialidad.
Sal 96:11 ¡Que los cielos se alegren, y la tierra se goce! ¡Que el mar y todo lo que contiene exclamen sus alabanzas!
Sal 96:12 ¡Que los campos y sus cultivos estallen de alegría! Que los árboles del bosque susurren con alabanza
Sal 96:13 delante del SEÑOR, ¡porque él viene! Viene a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia y a las naciones con su verdad.

LECTURA PARA LA NOCHE

1 SAMUEL    3-5

1Sa 3:1 Mientras tanto, el niño Samuel servía al SEÑOR ayudando a Elí. Ahora bien, en esos días los mensajes del SEÑOR eran muy escasos y las visiones eran poco comunes.
1Sa 3:2 Una noche, Elí, que para entonces estaba casi ciego, ya se había acostado.
1Sa 3:3 La lámpara de Dios aún no se había apagado, y Samuel estaba dormido en el tabernáculo* cerca del arca de Dios.
1Sa 3:4 De pronto el SEÑOR llamó: —¡Samuel! —Sí —respondió Samuel—. ¿Qué quiere?
1Sa 3:5 Se levantó y corrió hasta donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? —Yo no te llamé —dijo Elí—. Vuelve a la cama. Entonces, Samuel se volvió a acostar.
1Sa 3:6 Luego, el SEÑOR volvió a llamar: —¡Samuel! Nuevamente Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? —Yo no te llamé, hijo mío —respondió Elí—. Vuelve a la cama.
1Sa 3:7 Samuel todavía no conocía al SEÑOR, porque nunca antes había recibido un mensaje de él.
1Sa 3:8 Así que el SEÑOR llamó por tercera vez, y una vez más Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? En ese momento Elí se dio cuenta de que era el SEÑOR quien llamaba al niño.
1Sa 3:9 Entonces le dijo a Samuel: —Ve y acuéstate de nuevo y, si alguien vuelve a llamarte, di: “Habla, SEÑOR, que tu siervo escucha”. Así que Samuel volvió a su cama.
1Sa 3:10 Y el SEÑOR vino y llamó igual que antes: —¡Samuel! ¡Samuel! Y Samuel respondió: —Habla, que tu siervo escucha.
1Sa 3:11 Entonces el SEÑOR le dijo a Samuel: —Estoy por hacer algo espantoso en Israel.
1Sa 3:12 Llevaré a cabo todas mis amenazas contra Elí y su familia, de principio a fin.
1Sa 3:13 Le advertí que viene juicio sobre su familia para siempre, porque sus hijos blasfeman a Dios* y él no los ha disciplinado.
1Sa 3:14 Por eso juré que los pecados de Elí y los de sus hijos jamás serán perdonados ni por medio de sacrificios ni ofrendas.
1Sa 3:15 Entonces Samuel se quedó en la cama hasta la mañana; luego se levantó y abrió las puertas del tabernáculo,* como de costumbre. Tenía miedo de contarle a Elí lo que el SEÑOR le había dicho.
1Sa 3:16 Pero Elí lo llamó: —Samuel, hijo mío. —Aquí estoy —respondió Samuel.
1Sa 3:17 —¿Qué te dijo el SEÑOR? Dímelo todo. ¡Y que el SEÑOR te castigue, y aun te mate, si me ocultas algo!
1Sa 3:18 Entonces Samuel le contó todo a Elí; no le ocultó nada. —Es la voluntad del SEÑOR —respondió Elí—. Que él haga lo que mejor le parezca.
1Sa 3:19 El SEÑOR estaba con Samuel mientras crecía, y todo lo que Samuel decía se cumplía.
1Sa 3:20 Entonces todo Israel, desde Dan en el norte hasta Beerseba en el sur, supo que Samuel había sido confirmado como profeta del SEÑOR.
1Sa 3:21 El SEÑOR siguió apareciéndose en Silo y le daba mensajes a Samuel allí en el tabernáculo.
1Sa 4:1 Y las palabras de Samuel llegaban a todo el pueblo de Israel. En aquel tiempo, Israel estaba en guerra con los filisteos. El ejército israelita acampaba cerca de Ebenezer y los filisteos estaban en Afec.
1Sa 4:2 Los filisteos atacaron al ejército de Israel y lo derrotaron matando a cuatro mil hombres.
1Sa 4:3 Terminada la batalla, las tropas se retiraron a su campamento, y los ancianos de Israel se preguntaban: «¿Por qué permitió el SEÑOR que los filisteos nos derrotaran?». Después dijeron: «Traigamos de Silo el arca del pacto del SEÑOR. Si la llevamos con nosotros a la batalla, nos salvará* de nuestros enemigos».
1Sa 4:4 Así que enviaron hombres a Silo para que trajeran el arca del pacto del SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, quien está entronizado entre los querubines. Los hijos de Elí, Ofni y Finees, también estaban allí con el arca del pacto de Dios.
1Sa 4:5 Cuando los israelitas vieron que el arca del pacto del SEÑOR llegaba al campamento, ¡su grito de alegría fue tan fuerte que hizo temblar la tierra!
1Sa 4:6 «¿Qué estará pasando? —se preguntaron los filisteos—. ¿Qué es todo ese griterío en el campamento de los hebreos?». Cuando les dijeron que era porque el arca del SEÑOR había llegado al campamento,
1Sa 4:7 entraron en pánico. «¡Los dioses han* llegado a su campamento! —exclamaron—. ¡Esto es un desastre! ¡Nunca antes nos hemos enfrentado a algo así!
1Sa 4:8 ¡Socorro! ¿Quién podrá librarnos de los dioses poderosos de Israel? Son los mismos dioses que destruyeron a los egipcios con plagas cuando Israel estaba en el desierto.
1Sa 4:9 ¡Filisteos, peleen como nunca antes! ¡Si no lo hacen, seremos esclavos de los hebreos así como ellos han sido esclavos nuestros! ¡Peleen como hombres!».
1Sa 4:10 Así que los filisteos pelearon con desesperación, y de nuevo derrotaron a Israel. La matanza fue grande; ese día murieron treinta mil soldados israelitas. Los sobrevivientes dieron la vuelta y huyeron, cado uno a su carpa.
1Sa 4:11 Entonces los filisteos capturaron el arca de Dios y mataron a Ofni y a Finees, los dos hijos de Elí.
1Sa 4:12 Un hombre de la tribu de Benjamín corrió desde el campo de batalla y, más tarde ese mismo día, llegó a Silo. Había rasgado su ropa y echado polvo sobre su cabeza en señal de dolor.
1Sa 4:13 Elí esperaba junto al camino para oír noticias de la batalla, pues estaba tan preocupado por la seguridad del arca de Dios que le temblaba el corazón. Cuando llegó el mensajero y contó lo que había sucedido, un clamor resonó por todo el pueblo.
1Sa 4:14 «¿A qué se debe todo ese ruido?», preguntó Elí. Entonces el mensajero corrió a donde estaba Elí,
1Sa 4:15 quien tenía noventa y ocho años de edad y ya estaba ciego,
1Sa 4:16 y le dijo: —Acabo de llegar del campo de batalla; estuve allí hoy mismo. —¿Qué pasó, hijo mío? —preguntó Elí.
1Sa 4:17 —Israel fue derrotado por los filisteos —le contestó el mensajero—. Masacraron a la gente, también mataron a sus dos hijos, Ofni y Finees, y capturaron el arca de Dios.
1Sa 4:18 Cuando el mensajero mencionó lo que había sucedido al arca de Dios, Elí cayó de espaldas de su asiento junto a la puerta. Se quebró la nuca y murió, porque era viejo y demasiado gordo. Durante cuarenta años había sido el juez de Israel.
1Sa 4:19 La nuera de Elí, esposa de Finees, estaba embarazada y próxima a dar a luz. Cuando se enteró de que habían capturado el arca de Dios y que su suegro y su esposo habían muerto, entró en trabajo de parto y dio a luz.
1Sa 4:20 Ella murió después del parto, pero antes de que muriera las parteras trataron de animarla. «No tengas miedo —le dijeron—. ¡Tienes un varón!». Pero ella no contestó ni les prestó atención.
1Sa 4:21 Al niño le puso por nombre Icabod (que significa «¿dónde está la gloria?») porque dijo: «La gloria de Israel se ha ido». Le puso ese nombre porque el arca de Dios había sido capturada y porque murieron su suegro y su esposo.
1Sa 4:22 Y luego dijo: «La gloria se ha ido de Israel, porque el arca de Dios ha sido capturada».
1Sa 5:1 Después de que los filisteos capturaran el arca de Dios, la llevaron del campo de batalla en Ebenezer hasta la ciudad de Asdod.
1Sa 5:2 Llevaron el arca de Dios al templo del dios Dagón y la pusieron junto a una estatua de Dagón.
1Sa 5:3 Pero cuando los ciudadanos de Asdod fueron a verla a la mañana siguiente, ¡la estatua de Dagón había caído boca abajo delante del arca del SEÑOR! Así que levantaron a Dagón y nuevamente lo colocaron en su lugar.
1Sa 5:4 Pero temprano al día siguiente sucedió lo mismo: de nuevo Dagón había caído boca abajo frente al arca del SEÑOR. Esta vez su cabeza y sus manos se habían quebrado y estaban a la entrada; sólo el tronco de su cuerpo quedó intacto.
1Sa 5:5 Por eso, hasta el día de hoy, ni los sacerdotes de Dagón ni nadie más que entra al templo de Dagón, en Asdod, pisan el umbral.
1Sa 5:6 Entonces la mano dura del SEÑOR hirió a la gente de Asdod y de las aldeas cercanas con una plaga de tumores.*
1Sa 5:7 Cuando el pueblo se dio cuenta de lo que sucedía, exclamó: «¡No podemos quedarnos con el arca del Dios de Israel ni un minuto más! ¡Él está en contra de nosotros! Todos seremos destruidos junto con Dagón, nuestro dios».
1Sa 5:8 De modo que convocaron a los gobernantes de las ciudades filisteas y les preguntaron: —¿Qué debemos hacer con el arca del Dios de Israel? Los gobernantes deliberaron y contestaron: —Trasládenla a la ciudad de Gat. Así que trasladaron el arca del Dios de Israel a Gat.
1Sa 5:9 Pero cuando el arca llegó a Gat, la mano dura del SEÑOR cayó sobre sus hombres, jóvenes y mayores; los hirió con una plaga de tumores, y hubo gran pánico.
1Sa 5:10 Entonces enviaron el arca de Dios a la ciudad de Ecrón, pero cuando los habitantes de Ecrón vieron que se acercaba, clamaron: «¡Traen el arca del Dios de Israel a nuestra ciudad para matarnos a nosotros también!».
1Sa 5:11 Entonces el pueblo volvió a llamar a los gobernantes filisteos y les suplicó: «¡Por favor, regresen el arca del Dios de Israel a su propio país, o nos matará* a todos!». Pues ya había comenzado la plaga mortal enviada por Dios, y un gran temor se apoderaba del pueblo.
1Sa 5:12 Los que no morían, sufrían de tumores; y el clamor del pueblo ascendió al cielo.