APOSENTO ALTO

martes, 17 de octubre de 2017

LECTURA BÍBLICA 17 DE OCTUBRE

LECTURA PARA LA MAÑANA

JUAN     5:31-47

Jua 5:31 »Si yo diera testimonio en mi propio favor, mi testimonio no sería válido.
Jua 5:32 Pero hay otro que también da testimonio de mí, y les aseguro que todo lo que dice acerca de mí es verdad.
Jua 5:33 De hecho, ustedes enviaron a sus hombres para que escucharan a Juan el Bautista, y el testimonio que él dio acerca de mí fue cierto.
Jua 5:34 Por supuesto, no necesito testigos humanos, pero digo estas cosas para que ustedes sean salvos.
Jua 5:35 Juan era como una lámpara que ardía y brillaba, y ustedes se entusiasmaron con su mensaje durante un tiempo.
Jua 5:36 Pero yo tengo un testigo aún más importante que Juan: mis enseñanzas y mis milagros. El Padre me dio estas obras para que yo las realizara, y ellas prueban que él me envió.
Jua 5:37 Y el Padre mismo, quien me envió, ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han oído su voz ni lo han visto cara a cara,
Jua 5:38 y no tienen su mensaje en el corazón, porque no creen en mí, que soy a quien el Padre les ha enviado.
Jua 5:39 »Ustedes estudian las Escrituras a fondo porque piensan que ellas les dan vida eterna. ¡Pero las Escrituras me señalan a mí!
Jua 5:40 Sin embargo, ustedes se niegan a venir a mí para recibir esa vida.
Jua 5:41 »La aprobación de ustedes no significa nada para mí,
Jua 5:42 porque sé que no tienen el amor de Dios adentro.
Jua 5:43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y ustedes me han rechazado. Sin embargo, si otros vienen en su propio nombre, ustedes los reciben con gusto.
Jua 5:44 ¡Con razón les cuesta creer! Pues a ustedes les encanta honrarse unos a otros, pero no les importa la honra que proviene del único que es Dios.*
Jua 5:45 »Sin embargo, no soy yo quien los acusará ante el Padre. ¡Moisés los acusará! Sí, Moisés, en quien ustedes han puesto su esperanza.
Jua 5:46 Si en verdad le creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque él escribió acerca de mí.
Jua 5:47 Pero, como no creen en lo que él escribió, ¿cómo creerán lo que yo digo?».





 1 PEDRO  2:9-17

1Pe 2:9 Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey,* una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa.
1Pe 2:10 «Antes no tenían identidad como pueblo, ahora son pueblo de Dios. Antes no recibieron misericordia, ahora han recibido la misericordia de Dios»*.
1Pe 2:11 Queridos amigos, ya que son «extranjeros y residentes temporales», les advierto que se alejen de los deseos mundanos, que luchan contra el alma.
1Pe 2:12 Procuren llevar una vida ejemplar entre sus vecinos no creyentes. Así, por más que ellos los acusen de actuar mal, verán que ustedes tienen una conducta honorable y le darán honra a Dios cuando él juzgue al mundo.*
1Pe 2:13 Por amor al Señor, respeten a toda autoridad humana, ya sea el rey como jefe de Estado
1Pe 2:14 o a los funcionarios que él ha nombrado. Pues a ellos el rey los ha mandando a que castiguen a aquellos que hacen el mal y a que honren a los que hacen el bien.
1Pe 2:15 La voluntad de Dios es que la vida honorable de ustedes calle a la gente ignorante que los acusa sin fundamento alguno.
1Pe 2:16 Pues ustedes son libres pero, a la vez, son esclavos de Dios, así que no usen su libertad como una excusa para hacer el mal.
1Pe 2:17 Respeten a todos y amen a sus hermanos en Cristo.* Teman a Dios y respeten al rey.





CANTARES 2

Cnt 2:1 Soy el azafrán de primavera que florece en la llanura Sarón,* el lirio del valle.
Cnt 2:2 
El joven

Como un lirio entre los cardos es mi amada entre las jóvenes.
Cnt 2:3 
La joven

Como el manzano más selecto del huerto es mi amante entre los jóvenes. Me siento bajo su sombra placentera y saboreo sus deliciosos frutos.
Cnt 2:4 Él me escolta hasta la sala de banquetes; es evidente lo mucho que me ama.
Cnt 2:5 Fortalézcanme con pasteles de pasas, refrésquenme con manzanas, porque desfallezco de amor.
Cnt 2:6 Su brazo izquierdo está debajo de mi cabeza, y su brazo derecho me abraza.
Cnt 2:7 Prométanme, oh mujeres de Jerusalén, por las gacelas y los ciervos salvajes, que no despertarán el amor hasta que llegue el momento apropiado.*
Cnt 2:8 ¡Ay, oigo que viene mi amado! Viene saltando por las montañas, brincando por las colinas.
Cnt 2:9 Mi amante es como una gacela veloz o un venado joven. ¡Miren! Allí está, detrás del muro, asomándose por la ventana, mirando dentro de la habitación.
Cnt 2:10 Mi amante me dijo: «¡Levántate, amada mía! ¡Ven conmigo, mi bella mujer!
Cnt 2:11 Mira, el invierno se acabó y las lluvias ya pasaron.
Cnt 2:12 Las flores están brotando, ha llegado la temporada de los pájaros cantores;* y el arrullo de las tórtolas llena el aire.
Cnt 2:13 Las higueras comienzan a formar su fruto, y las vides fragantes están en flor. ¡Levántate, amada mía! ¡Ven conmigo, mi bella mujer!».
Cnt 2:14 
El joven

Mi paloma se esconde detrás de las rocas, detrás de un peñasco en el precipicio. Déjame ver tu cara; déjame oír tu voz. Pues tu voz es agradable, y tu cara es hermosa.
Cnt 2:15 
Las jóvenes de Jerusalén

Atrapen todos los zorros, esos zorros pequeños, antes de que arruinen el viñedo del amor, ¡porque las vides están en flor!
Cnt 2:16 
La joven

Mi amado es mío, y yo soy suya. Él apacienta entre los lirios.
Cnt 2:17 Antes de que soplen las brisas del amanecer y huyan las sombras de la noche, regresa a mí, amor mío, como una gacela o un venado joven sobre montes empinados.*

LECTURA PARA LA NOCHE

JEREMÍAS 47-48

Jer 47:1 Este es el mensaje que el profeta Jeremías recibió del SEÑOR acerca de los filisteos de Gaza, antes de que la ciudad fuera conquistada por el ejército egipcio.
Jer 47:2 Esto dice el SEÑOR: «Del norte viene un diluvio que inundará la tierra. Destruirá la tierra y todo lo que hay en ella, tanto las ciudades como sus habitantes. La gente gritará de terror, y todos en la tierra gemirán.
Jer 47:3 Escuchen el ruido de los cascos de los caballos y el estruendo de las ruedas de los carros de guerra al pasar. Los padres aterrorizados corren desesperados, ni siquiera miran hacia atrás para ver a sus hijos indefensos.
Jer 47:4 »Ha llegado el momento de destruir a los filisteos, junto con sus aliados de Tiro y Sidón. Sí, el SEÑOR está destruyendo a los pocos que quedan de los filisteos, a esos colonos de la isla de Creta.*
Jer 47:5 Gaza será humillada, su cabeza rapada; Ascalón quedará en silencio. Ustedes, los que quedan de las costas mediterráneas,* ¿hasta cuándo se lamentarán y harán duelo?
Jer 47:6 »Ahora, ¡oh espada del SEÑOR!, ¿cuándo volverás a descansar? Vuelve a tu vaina; descansa y mantente quieta.
Jer 47:7 »¿Pero cómo se mantendrá quieta cuando el SEÑOR la ha enviado en una misión? Pues la ciudad de Ascalón y el pueblo que vive junto al mar deben ser destruidos».
Jer 48:1 Este es el mensaje que se dio con relación a Moab. Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: «Qué aflicción le espera a la ciudad de Nebo; pronto quedará en ruinas. La ciudad de Quiriataim será humillada y conquistada; la fortaleza será humillada y derribada.
Jer 48:2 Ya nunca más nadie se jactará de Moab, porque en Hesbón hay un complot para destruirla. “Vengan —dicen—, haremos que nunca más sea una nación”. La ciudad de Madmena* también será silenciada; la espada te seguirá allí.
Jer 48:3 Oigan los gritos que vienen de Horonaim, gritos de devastación y gran destrucción.
Jer 48:4 Toda Moab está destruida; sus pequeños clamarán.*
Jer 48:5 Sus refugiados lloran amargamente mientras escalan las colinas de Luhit. Gritan de terror, mientras bajan la ladera a Horonaim.
Jer 48:6 ¡Huyan por su vida! ¡Escóndanse* en el desierto!
Jer 48:7 Puesto que ustedes confiaron en sus riquezas y habilidades, serán tomados cautivos. ¡Su dios Quemos, con sus sacerdotes y funcionarios, serán llevados a tierras distantes!
Jer 48:8 »Todas las ciudades serán destruidas y nadie escapará, ni en las mesetas ni en los valles, porque el SEÑOR así lo ha dicho.
Jer 48:9 Oh si Moab tuviera alas para que volara lejos,* porque sus ciudades quedarán abandonadas y nadie vivirá en ellas.
Jer 48:10 ¡Malditos los que se rehúsen a hacer el trabajo del SEÑOR, los que retengan la espada del derramamiento de sangre!
Jer 48:11 »Desde sus comienzos Moab ha vivido en paz, nunca ha ido al destierro. Es como el vino que se ha dejado reposar. No ha sido vertida de botella en botella, por eso es fragante y suave.
Jer 48:12 Pero pronto se acerca el día —dice el SEÑOR—, cuando enviaré hombres que la viertan de su vasija. ¡Verterán a Moab y luego destrozarán la vasija!
Jer 48:13 Por fin Moab se avergonzará de su ídolo Quemos, como el pueblo de Israel se avergonzó de su becerro de oro en Betel.*
Jer 48:14 »Ustedes solían jactarse: “Nosotros somos héroes, hombres valientes de guerra”.
Jer 48:15 Sin embargo, ahora Moab será destruida junto con sus ciudades. Sus jóvenes más prometedores son condenados a la masacre, —el Rey, cuyo nombre es el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales—.
Jer 48:16 Pronto se acerca la destrucción de Moab; se avecina una calamidad amenazante.
Jer 48:17 ¡Amigos de Moab, lloren y lamenten por esta nación! ¡Miren cómo se ha quebrado el cetro fuerte, y se ha hecho pedazos el hermoso bastón!
Jer 48:18 »Bájense de su gloria y siéntense en el polvo, gente de Dibón, porque los que destruyan a Moab también harán pedazos a Dibón. Ellos derribarán todas sus torres.
Jer 48:19 Habitantes de Aroer, párense junto al camino y observen. Griten a los que huyen de Moab: “¿Qué sucedió allí?”.
Jer 48:20 »Y la contestación que reciben es: “¡Moab queda en ruinas, deshonrada; lloren y giman! Anúncienlo en las orillas del río Arnón: ¡Moab ha sido destruida!”.
Jer 48:21 Se derramó el juicio sobre las ciudades de la meseta, sobre Holón, Jaza* y Mefaat,
Jer 48:22 sobre Dibón, Nebo y Bet-deblataim,
Jer 48:23 sobre Quiriataim, Bet-gamul y Bet-meón,
Jer 48:24 sobre Queriot y Bosra, todas las ciudades de Moab, lejanas y cercanas.
Jer 48:25 »El poder de Moab ha llegado a su fin. Su brazo ha sido quebrado —dice el SEÑOR—.
Jer 48:26 Dejen que se tambalee y caiga como un borracho, porque se ha rebelado contra el SEÑOR. Moab se revolcará en su propio vómito y será ridiculizada por todos.
Jer 48:27 ¿No ridiculizaste tú a los israelitas? ¿Fueron ellos acaso sorprendidos en compañía de ladrones para que tú los desprecies como lo haces?
Jer 48:28 »Ustedes, habitantes de Moab, huyan de sus ciudades y vivan en cuevas. Escóndanse como palomas que anidan en las hendiduras de las rocas.
Jer 48:29 Todos hemos oído de la soberbia de Moab, porque su orgullo es muy grande. Sabemos de su orgullo altanero, de su arrogancia y de su corazón altivo.
Jer 48:30 Yo conozco su insolencia —dice el SEÑOR—, pero sus alardes están vacíos, tan vacíos como sus hechos.
Jer 48:31 Así que ahora gimo por Moab, de veras, me lamentaré por Moab. Mi corazón está quebrantado por los hombres de Kir-hareset.*
Jer 48:32 »Pueblo de Sibma, rico en viñedos, lloraré por ti aún más de lo que lloré por Jazer. Tus extensas vides en otro tiempo llegaban hasta el mar Muerto,* ¡pero el destructor te ha dejado desnudo y cosechó tus uvas y frutos de verano!
Jer 48:33 El gozo y la alegría desaparecieron de la fructífera Moab; los lagares no producen vino. Nadie pisa las uvas dando gritos de alegría. Hay gritos, sí, pero no de alegría.
Jer 48:34 »En cambio, se pueden oír terribles gritos de terror desde Hesbón hasta Eleale y Jahaza; desde Zoar hasta Horonaim y Eglat-selisiya. Incluso las aguas de Nimrim ya están secas.
Jer 48:35 »Acabaré con Moab —dice el SEÑOR—, porque la gente ofrece sacrificios en los altares paganos y quema incienso a sus dioses falsos.
Jer 48:36 Mi corazón gime como una flauta por Moab y Kir-hareset porque ha desaparecido toda su riqueza.
Jer 48:37 La gente se rapa la cabeza y se afeita la barba en señal de luto. Se hacen cortaduras en las manos y se ponen ropa de tela áspera.
Jer 48:38 Hay llanto y dolor en cada hogar moabita y en cada calle. Pues hice pedazos a Moab como a una vasija vieja y despreciada.
Jer 48:39 ¡Cómo quedó hecha añicos! ¡Escuchen los lamentos! ¡Miren la vergüenza de Moab! Se ha vuelto objeto de burla, ejemplo de ruina para todos sus vecinos».
Jer 48:40 Esto dice el SEÑOR: «¡Miren! El enemigo cae en picada como un águila, desplegando sus alas sobre Moab.
Jer 48:41 Sus ciudades caerán y sus fortalezas serán tomadas. Aun los guerreros más poderosos estarán en agonía como mujeres en trabajo de parto.
Jer 48:42 Moab ya no será más una nación porque se jactó ante el SEÑOR.
Jer 48:43 »Terror, trampas y redes serán tu suerte, oh Moab —dice el SEÑOR—.
Jer 48:44 Los que huyan en terror caerán en una trampa, y los que escapen de la trampa serán apresados por una red. Me aseguraré de que no escapes porque ha llegado el tiempo de tu juicio —dice el SEÑOR—.
Jer 48:45 Los habitantes huyen hasta Hesbón pero no pueden continuar porque sale fuego de Hesbón, la antigua casa de Sehón, fuego que devora toda la tierra junto con toda su gente rebelde.
Jer 48:46 »¡Oh Moab, ellos lloran por ti! ¡El pueblo del dios Quemos queda destruido! Tus hijos y tus hijas fueron llevados cautivos.
Jer 48:47 Pero en los días venideros restableceré el bienestar de Moab. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!». Aquí termina la profecía de Jeremías acerca de Moab.

lunes, 16 de octubre de 2017

LECTURA BÍBLICA 16 DE OCTUBRE

LECTURA PARA LA MAÑANA

JUAN     5:16-30

Jua 5:16 Entonces los líderes judíos comenzaron a acosar* a Jesús por haber violado las reglas del día de descanso.
Jua 5:17 Pero Jesús respondió: «Mi Padre siempre trabaja, y yo también».
Jua 5:18 Entonces los líderes judíos se esforzaron aún más por encontrar una forma de matarlo. Pues no sólo violaba el día de descanso sino que, además, decía que Dios era su Padre, con lo cual se hacía igual a Dios.
Jua 5:19 Entonces Jesús explicó: «Les digo la verdad, el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sólo hace lo que ve que el Padre hace. Todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo,
Jua 5:20 pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. De hecho, el Padre le mostrará cómo hacer cosas más trascendentes que el sanar a ese hombre. Entonces ustedes quedarán realmente asombrados.
Jua 5:21 Pues, así como el Padre da vida a los que resucita de los muertos, también el Hijo da vida a quien él quiere.
Jua 5:22 Además, el Padre no juzga a nadie, sino que le ha dado al Hijo autoridad absoluta para juzgar,
Jua 5:23 a fin de que todos honren al Hijo así como honran al Padre. El que no honra al Hijo, por cierto tampoco honra al Padre quien lo envió.
Jua 5:24 »Les digo la verdad, todos los que escuchan mi mensaje y creen en Dios, quien me envió, tienen vida eterna. Nunca serán condenados por sus pecados, pues ya han pasado de la muerte a la vida.
Jua 5:25 »Y les aseguro que se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado —cuando los muertos oirán mi voz, la voz del Hijo de Dios, y los que escuchen, vivirán.
Jua 5:26 El Padre tiene vida en sí mismo y le ha entregado a su Hijo ese mismo poder de dar vida.*
Jua 5:27 Y le ha dado autoridad para juzgar a todos, porque es el Hijo del Hombre.*
Jua 5:28 ¡No se sorprendan tanto! Ciertamente, ya se acerca el tiempo en que todos los que están en las tumbas oirán la voz del Hijo de Dios
Jua 5:29 y resucitarán. Los que hicieron el bien resucitarán para gozar de la vida eterna, y los que continuaron en su maldad resucitarán para sufrir el juicio.
Jua 5:30 Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta; juzgo según Dios me indica. Por lo tanto, mi juicio es justo, porque llevo a cabo la voluntad del que me envió y no la mía.




 1 PEDRO  2:1-8

1Pe 2:1 Por lo tanto, desháganse de toda mala conducta. Acaben con todo engaño, hipocresía, celos y toda clase de comentarios hirientes.
1Pe 2:2 Como bebés recién nacidos, deseen con ganas la leche espiritual pura para que crezcan a una experiencia plena de la salvación. Pidan a gritos ese alimento nutritivo
1Pe 2:3 ahora que han probado la bondad del Señor.
1Pe 2:4 Ahora ustedes se acercan a Cristo, quien es la piedra viva principal del templo de Dios. La gente lo rechazó, pero Dios lo eligió para darle gran honra.
1Pe 2:5 Y ustedes son las piedras vivas con las cuales Dios edifica su templo espiritual. Además, son sacerdotes santos.* Por la mediación de Jesucristo, ustedes ofrecen sacrificios espirituales que agradan a Dios.
1Pe 2:6 Como dicen las Escrituras: «Pongo en Jerusalén* una piedra principal, elegida para gran honra, y todo el que confíe en él jamás será deshonrado»*.
1Pe 2:7 Así es, ustedes, los que confían en él, reconocen la honra que Dios le ha dado; pero para aquellos que lo rechazan, «La piedra que los constructores rechazaron ahora se ha convertido en la piedra principal»*.
1Pe 2:8 Además, «Él es la piedra que hace tropezar a muchos, es la roca que los hace caer»*. Tropiezan porque no obedecen la palabra de Dios y por eso se enfrentan con el destino que les fue preparado.




CANTARES 1

Cnt 1:1 Este es el Cantar de los Cantares de Salomón, la mejor de las canciones.
Cnt 1:2
La joven*

Bésame, una y otra vez, porque tu amor es más dulce que el vino.
Cnt 1:3 ¡Qué fragante es tu perfume! Tu nombre es como la fragancia que se esparce. ¡Con razón todas las jóvenes te aman!
Cnt 1:4 ¡Llévame contigo, ven, corramos! El rey me ha traído a su alcoba.

Las jóvenes de Jerusalén

Cuánto nos alegramos por ti, oh rey; elogiamos tu amor aún más que el vino.

La joven

Con razón te quieren las jóvenes.
Cnt 1:5 Soy morena pero hermosa, oh mujeres de Jerusalén, morena como las carpas de Cedar, morena como las cortinas de las carpas de Salomón.
Cnt 1:6 No me miren así por ser morena, el sol ha bronceado mi piel. Mis hermanos se enojaron conmigo; me obligaron a cuidar de sus viñedos, por eso no pude cuidarme a mí misma, mi propio viñedo.
Cnt 1:7 Dime, mi amor, ¿hacia dónde llevarás hoy tu rebaño? ¿Dónde harás descansar tus ovejas al mediodía? ¿Por qué tendría yo que vagar como una prostituta* entre tus amigos y sus rebaños?
Cnt 1:8
 El joven

Oh, más hermosa mujer, si no lo sabes, sigue las huellas de mi rebaño y apacienta tus cabritos junto a las carpas de los pastores.
Cnt 1:9 Amada mía, tú eres tan cautivante como una yegua entre los sementales del faraón.
Cnt 1:10 ¡Qué hermosas son tus mejillas! ¡Tus pendientes las encienden aún más! ¡Qué hermoso es tu cuello realzado con un collar de joyas!
Cnt 1:11 Te haremos unos pendientes de oro con cuentas de plata.
Cnt 1:12
La joven

El rey está descansando en su sofá, encantado por la fragancia de mi perfume.
Cnt 1:13 Mi amante es como una bolsita de mirra que reposa entre mis pechos.
Cnt 1:14 Es como un ramito de aromáticas flores de alheña de los viñedos de En-gadi.
Cnt 1:15
El joven

¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa! Tus ojos son como palomas.
Cnt 1:16
 La joven

¡Y tú eres tan apuesto, amor mío, tan agradable que no puedo expresarlo! La tierna hierba es nuestra cama;
Cnt 1:17 las ramas fragantes de los cedros son los soportes de nuestra casa y los abetos aromáticos, las vigas del techo.

LECTURA PARA LA NOCHE

JEREMÍAS 44-46

Jer 44:1 Este es el mensaje que recibió Jeremías con relación a los judíos que vivían en el norte de Egipto, en las ciudades de Migdol, Tafnes y Menfis* y también en el sur de Egipto.*
Jer 44:2 «Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: ustedes vieron las calamidades que traje sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá. Ahora están abandonadas y en ruinas.
Jer 44:3 Ellos provocaron mi enojo con toda su perversidad. Quemaban incienso y rendían culto a otros dioses, dioses que ni ellos ni ustedes ni ninguno de sus antepasados conocieron.
Jer 44:4 »Una y otra vez envié a mis siervos, los profetas, para rogarles: “No hagan estas cosas horribles que tanto detesto”,
Jer 44:5 pero mi pueblo no quiso escucharme ni apartarse de su conducta perversa. Siguieron quemando incienso a esos dioses.
Jer 44:6 Por eso mi furia se desbordó y cayó como fuego sobre las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que hasta hoy son unas ruinas desoladas.
Jer 44:7 »Ahora, el SEÑOR Dios de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel, les pregunta: ¿por qué se destruyen ustedes mismos? Pues ninguno de ustedes sobrevivirá: ningún hombre, mujer o niño de entre ustedes que haya venido aquí desde Judá, ni siquiera los bebés que llevan en brazos.
Jer 44:8 ¿Por qué provocan mi enojo quemando incienso a ídolos que ustedes han hecho aquí en Egipto? Lo único que lograrán es destruirse y hacerse a sí mismos objeto de maldición y burla para todas las naciones de la tierra.
Jer 44:9 ¿Acaso han olvidado los pecados de sus antepasados, los pecados de los reyes y las reinas de Judá, y los pecados que ustedes y sus esposas cometieron en Judá y en Jerusalén?
Jer 44:10 Hasta este mismo instante no han mostrado remordimiento ni reverencia. Ninguno ha elegido obedecer mi palabra ni los decretos que les di a ustedes y a sus antepasados.
Jer 44:11 »Por lo tanto, esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: ¡estoy decidido a destruir a cada uno de ustedes!
Jer 44:12 Tomaré a este remanente de Judá —los que estaban resueltos a venir y vivir en Egipto— y los consumiré. Caerán aquí en Egipto, muertos por guerra y hambre. Todos morirán, desde el menos importante hasta el más importante. Serán objeto de condenación, de horror, de maldición y de burla.
Jer 44:13 Los castigaré en Egipto así como lo hice en Jerusalén, con guerra, hambre y enfermedad.
Jer 44:14 Del remanente que huyó a Egipto, con la esperanza de regresar algún día a Judá, no quedarán sobrevivientes. A pesar de que anhelan volver a su tierra sólo un puñado lo hará».
Jer 44:15 Entonces todas las mujeres presentes y todos los hombres que sabían que sus esposas habían quemado incienso a los ídolos —una gran multitud de todos los judíos que vivían en el norte y en el sur de Egipto* — le contestaron a Jeremías:
Jer 44:16 —¡No escucharemos tus mensajes del SEÑOR!
Jer 44:17 Haremos lo que se nos antoje. Quemaremos incienso y derramaremos ofrendas líquidas a la reina del cielo tanto como nos guste, tal como nosotros, nuestros antepasados, nuestros reyes y funcionarios han hecho siempre en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén. ¡Pues en aquellos días teníamos comida en abundancia, estábamos bien económicamente y no teníamos problemas!
Jer 44:18 Pero desde que dejamos de quemar incienso a la reina del cielo y dejamos de rendirle culto con ofrendas líquidas, nos hemos visto en tremendos problemas y hemos muerto por guerra y hambre.
Jer 44:19 »Además —agregaron las mujeres—, ¿acaso crees que quemábamos incienso y derramábamos las ofrendas líquidas a la reina del cielo y hacíamos pasteles con su imagen sin el conocimiento y la ayuda de nuestros esposos? ¡Por supuesto que no!
Jer 44:20 Entonces Jeremías les dijo a todos, tanto hombres como mujeres que le habían dado esa respuesta:
Jer 44:21 —¿Acaso piensan que el SEÑOR no sabía que ustedes y sus antepasados, sus reyes y funcionarios y todo el pueblo quemaban incienso a los ídolos en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?
Jer 44:22 Fue porque el SEÑOR no podía soportar más todas las cosas repugnantes que él convirtió su tierra en objeto de maldición —una ruina desolada sin habitantes— como sucede hoy.
Jer 44:23 A ustedes les ocurrieron todas estas cosas horribles porque quemaron incienso a los ídolos y pecaron contra el SEÑOR. Se negaron a obedecerlo y no han seguido sus instrucciones, sus decretos ni sus leyes.
Jer 44:24 Luego Jeremías les dijo a todos, incluidas las mujeres: «Escuchen este mensaje del SEÑOR, todos ustedes ciudadanos de Judá que viven en Egipto.
Jer 44:25 Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Ustedes y sus esposas han dicho: ‘Guardaremos nuestras promesas de quemar incienso y derramar ofrendas líquidas a la reina del cielo’ y por sus hechos han demostrado que hablaban en serio. ¡Así que vayan, cumplan sus promesas y votos a ella!”.
Jer 44:26 »Sin embargo, escuchen este mensaje del SEÑOR todos ustedes, los judíos que ahora viven en Egipto: “He jurado por mi gran nombre —dice el SEÑOR— que mi nombre ya no será pronunciado por ningún judío en la tierra de Egipto. Ninguno de ustedes podrá invocar mi nombre ni usar el siguiente juramento: ‘Tan cierto como que el SEÑOR Soberano vive’.
Jer 44:27 Pues los vigilaré para traerles desastre y no bien. Todos los de Judá que ahora viven en Egipto sufrirán guerra y hambre hasta que todos mueran.
Jer 44:28 Sólo un pequeño número escapará de morir y regresará a Judá desde Egipto. ¡Entonces todos los que vinieron a Egipto sabrán cuáles palabras son verdad: las mías o las de ellos!
Jer 44:29 »”Esta es la prueba que les doy —dice el SEÑOR— de que se cumplirán todas mis amenazas y de que aquí en esta tierra los castigaré”.
Jer 44:30 Esto dice el SEÑOR: “Yo entregaré al faraón Hofra, rey de Egipto, en manos de sus enemigos, quienes desean su muerte, así como entregué al rey Sedequías de Judá en manos de Nabucodonosor* de Babilonia”».
Jer 45:1 El profeta Jeremías le dio un mensaje a Baruc, hijo de Nerías, en el cuarto año del reinado de Joacim, hijo de Josías,* después que Baruc escribió todo lo que Jeremías le había dictado. Le dijo:
Jer 45:2 «Baruc, esto te dice el SEÑOR, Dios de Israel:
Jer 45:3 “Tú has dicho: ‘¡Estoy repleto de dificultades! ¿No he sufrido ya lo suficiente? ¡Y ahora el SEÑOR ha añadido más! Estoy agotado de tanto gemir y no encuentro descanso’ ”.
Jer 45:4 »Baruc, esto dice el SEÑOR: “Destruiré esta nación que construí; arrancaré lo que planté.
Jer 45:5 ¿Buscas grandes cosas para ti mismo? ¡No lo hagas! Yo traeré un gran desastre sobre todo este pueblo; pero a ti te daré tu vida como recompensa dondequiera vayas. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!”».
Jer 46:1 El profeta Jeremías recibió del SEÑOR los siguientes mensajes con relación a las naciones extranjeras.
Jer 46:2 En el cuarto año del reinado de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, se dio este mensaje con relación a Egipto. Fue en ocasión de la batalla de Carquemis* cuando Nabucodonosor* de Babilonia venció al faraón Necao, rey de Egipto y a su ejército, junto al río Éufrates.
Jer 46:3 «¡Preparen sus escudos y avancen a la batalla!
Jer 46:4 Ensillen los caballos, y monten los sementales. Tomen sus posiciones y pónganse los cascos. Afilen las lanzas y preparen sus armaduras.
Jer 46:5 Pero ¿qué es lo que veo? El ejército egipcio huye aterrorizado. Sus hombres de guerra más valientes corren sin mirar atrás. A cada paso se llenan de terror —dice el SEÑOR—.
Jer 46:6 El corredor más veloz no puede huir; los guerreros más poderosos no pueden escapar. En el norte, junto al río Éufrates tropiezan y caen.
Jer 46:7 »¿Quién es éste que se levanta como el Nilo en tiempos de crecida e inunda toda la tierra?
Jer 46:8 Es el ejército egipcio que inunda toda la tierra, y se jacta de que cubrirá toda la tierra como un diluvio, destruyendo ciudades y sus habitantes.
Jer 46:9 ¡A la carga, caballos y carros de guerra; ataquen, poderosos guerreros de Egipto! ¡Vengan, todos ustedes aliados de Etiopía, Libia y Lidia* que son hábiles con el escudo y el arco!
Jer 46:10 Pues este es el día del Señor, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, día para vengarse de sus enemigos. La espada devorará hasta quedar satisfecha, ¡sí, hasta que se emborrache de la sangre de ustedes! El Señor, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, recibirá hoy un sacrificio en la tierra del norte, junto al río Éufrates.
Jer 46:11 Sube a Galaad en busca de medicina, ¡oh virgen hija de Egipto! Pero tus muchos tratamientos no te devolverán la salud.
Jer 46:12 Las naciones han oído de tu vergüenza. La tierra está llena de tus gritos de desesperación. Tus guerreros más poderosos chocarán unos contra otros y caerán juntos».
Jer 46:13 Entonces el profeta Jeremías recibió del SEÑOR el siguiente mensaje acerca de los planes de Nabucodonosor para atacar Egipto.
Jer 46:14 «¡Grítenlo en Egipto! ¡Publíquenlo en las ciudades de Migdol, Menfis* y Tafnes! Movilícense para la batalla, porque la espada devorará a todos los que están a su alrededor.
Jer 46:15 ¿Por qué han caído sus guerreros? No pueden mantenerse de pie porque el SEÑOR los derribó.
Jer 46:16 Tropiezan y caen unos sobre otros y se dicen entre sí: “Vamos, volvamos a nuestra gente, a la tierra donde nacimos. ¡Huyamos de la espada del enemigo!”.
Jer 46:17 Allí dirán: “¡El faraón, rey de Egipto, es un bocón que perdió su oportunidad!”.
Jer 46:18 »Tan cierto como que yo vivo —dice el Rey, cuyo nombre es el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales—, ¡alguien viene contra Egipto que es tan alto como el monte Tabor o como el monte Carmelo junto al mar!
Jer 46:19 ¡Hagan las maletas! ¡Prepárense para ir al destierro, ustedes ciudadanos de Egipto! La ciudad de Menfis será destruida, quedará sin un solo habitante.
Jer 46:20 Egipto es tan hermoso como una joven novilla, ¡pero el tábano del norte ya está en camino!
Jer 46:21 Los mercenarios de Egipto se han vuelto como becerros engordados. Ellos también se darán vuelta y huirán, porque este es el día del gran desastre para Egipto, un momento de enorme castigo.
Jer 46:22 Egipto huye, silencioso como serpiente que se desliza. Los soldados invasores avanzan; se enfrentan a ella con hachas como si fueran leñadores.
Jer 46:23 Cortarán a su pueblo como se talan los árboles —dice el SEÑOR—, porque son más numerosos que las langostas.
Jer 46:24 Egipto será humillado, será entregado en manos de la gente del norte».
Jer 46:25 El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel, dice: «Castigaré a Amón, el dios de Tebas* y a todos los demás dioses de Egipto. Castigaré a sus gobernantes y al faraón también, y a todos los que confían en él.
Jer 46:26 Los entregaré en manos de los que buscan matarlos, al rey Nabucodonosor de Babilonia y a su ejército. Sin embargo, después la tierra se recuperará de los estragos de la guerra. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!
Jer 46:27 »Pero no temas, mi siervo Jacob; no te desalientes, Israel. Pues los traeré de regreso a casa desde tierras lejanas, y tus hijos regresarán del destierro. Israel* regresará a vivir en paz y tranquilidad, y nadie los atemorizará.
Jer 46:28 No temas, mi siervo Jacob, porque yo estoy contigo —dice el SEÑOR—. Destruiré por completo a las naciones donde te envié al destierro, pero no te destruiré a ti por completo. Te disciplinaré, pero con justicia; no puedo dejarte sin castigo».

domingo, 15 de octubre de 2017

LECTURA BÍBLICA 15 DE OCTUBRE

LECTURA PARA LA MAÑANA

JUAN     5:1-15

Jua 5:1 Después Jesús regresó a Jerusalén para la celebración de uno de los días sagrados de los judíos.
Jua 5:2 Dentro de la ciudad, cerca de la Puerta de las Ovejas, se encontraba el estanque de Betesda,* que tenía cinco pórticos cubiertos.
Jua 5:3 Una multitud de enfermos —ciegos, cojos, paralíticos —estaban tendidos en los pórticos.*
Jua 5:4 -.-
Jua 5:5 Uno de ellos era un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.
Jua 5:6 Cuando Jesús lo vio y supo que hacía tanto que padecía la enfermedad, le preguntó: —¿Te gustaría recuperar la salud?
Jua 5:7 —Es que no puedo, señor —contestó el enfermo—, porque no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se agita el agua. Siempre alguien llega antes que yo.
Jua 5:8 Jesús le dijo: —¡Ponte de pie, toma tu camilla y anda!
Jua 5:9 ¡Al instante, el hombre quedó sano! Enrolló la camilla, ¡y comenzó a caminar! Pero ese milagro sucedió el día de descanso,
Jua 5:10 así que los líderes judíos protestaron. Le dijeron al hombre que había sido sanado: —¡No puedes trabajar el día de descanso! ¡La ley no te permite cargar esa camilla!
Jua 5:11 Pero él respondió: —El hombre que me sanó me dijo: “Toma tu camilla y anda”.
Jua 5:12 —¿Quién te dijo semejante cosa? —le exigieron.
Jua 5:13 El hombre no lo sabía, porque Jesús había desaparecido entre la multitud.
Jua 5:14 Pero después, Jesús lo encontró en el templo y le dijo: «Ya estás sano; así que deja de pecar o podría sucederte algo mucho peor».
Jua 5:15 Entonces el hombre fue a ver a los líderes judíos y les dijo que era Jesús quien lo había sanado.



 1 PEDRO  1:17-25

1Pe 1:17 Y recuerden que el Padre celestial, a quien ustedes oran, no tiene favoritos. Él los juzgará o los recompensará según lo que hagan. Así que tienen que vivir con un reverente temor de él mientras sean «extranjeros en la tierra».
1Pe 1:18 Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. Y el rescate que él pagó no consistió simplemente en oro o plata
1Pe 1:19 sino que fue la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha.
1Pe 1:20 Dios lo eligió como el rescate por ustedes mucho antes de que comenzara el mundo, pero ahora él se lo ha revelado a ustedes en estos últimos días.
1Pe 1:21 Por medio de Cristo, han llegado a confiar en Dios. Y han puesto su fe y su esperanza en Dios, porque él levantó a Cristo de los muertos y le dio una gloria inmensa.
1Pe 1:22 Al obedecer la verdad, ustedes quedaron limpios de sus pecados, por eso ahora tienen que amarse unos a otros como hermanos, con amor sincero.* Ámense profundamente de todo corazón.*
1Pe 1:23 Pues han nacido de nuevo pero no a una vida que pronto se acabará. Su nueva vida durará para siempre porque proviene de la eterna y viviente palabra de Dios.
1Pe 1:24 Como dicen las Escrituras: «Los seres humanos son como la hierba, su belleza es como la flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita.
1Pe 1:25 Pero la palabra del Señor permanece para siempre»*. Y esta palabra es el mensaje de la Buena Noticia que se les ha predicado.



ECLESIASTÉS 12

Ecl 12:1 No dejes que la emoción de la juventud te lleve a olvidarte de tu Creador. Hónralo mientras seas joven, antes de que te pongas viejo y digas: «La vida ya no es agradable».
Ecl 12:2 Acuérdate de él antes de que la luz del sol, de la luna y de las estrellas se vuelva tenue a tus ojos viejos, y las nubes negras oscurezcan para siempre tu cielo.
Ecl 12:3 Acuérdate de él antes de que tus piernas —de tu casa— empiecen a temblar, y tus hombros —guerreros fuertes— se encorven. Acuérdate de él antes de que tus dientes —pocos sirvientes que te quedan— dejen de moler, y tus pupilas —que miran por las ventanas— ya no vean con claridad.
Ecl 12:4 Acuérdate de él antes de que la puerta de las oportunidades de la vida se cierre y disminuya el sonido de la actividad diaria. Ahora te levantas con el primer canto de los pájaros, pero un día todos esos trinos apenas serán perceptibles.
Ecl 12:5 Acuérdate de él antes de que tengas miedo de caerte y te preocupes de los peligros de la calle; antes de que el cabello se te ponga blanco como un almendro en flor y arrastres los pies sin energía como un saltamontes moribundo, y la alcaparra ya no estimule el deseo sexual. Acuérdate de él antes de que te falte poco para llegar a la tumba —hogar eterno— donde los que lamentan tu muerte llorarán en tu entierro.
Ecl 12:6 Sí, acuérdate de tu Creador ahora que eres joven, antes de que se rompa el cordón de plata de la vida y se quiebre la vasija de oro. No esperes hasta que la jarra de agua se haga pedazos contra la fuente y la polea se rompa en el pozo.
Ecl 12:7 Pues ese día el polvo volverá a la tierra, y el espíritu regresará a Dios, que fue quien lo dio.
Ecl 12:8 «Nada tiene sentido —dice el Maestro—, ningún sentido en absoluto».
Ecl 12:9 Ten en cuenta lo siguiente: el Maestro fue considerado sabio y le enseñó a la gente todo lo que sabía. Escuchó con atención muchos proverbios, los estudió y los clasificó.
Ecl 12:10 El Maestro se esmeró por encontrar las palabras correctas para expresar las verdades con claridad.*
Ecl 12:11 Las palabras de los sabios son como el aguijón para el ganado: dolorosas pero necesarias. El conjunto de sus dichos es como la vara con clavos que usa el pastor* para guiar a sus ovejas.
Ecl 12:12 Pero ahora, hijo mío, déjame darte un consejo más: ten cuidado, porque escribir libros es algo que nunca termina y estudiar mucho te agota.
Ecl 12:13 Aquí culmina el relato. Mi conclusión final es la siguiente: teme a Dios y obedece sus mandatos, porque ese es el deber que tenemos todos.
Ecl 12:14 Dios nos juzgará por cada cosa que hagamos, incluso lo que hayamos hecho en secreto, sea bueno o sea malo.

LECTURA PARA LA NOCHE

JEREMÍAS 39-43

Jer 39:1 En enero* del noveno año del reinado de Sedequías, el rey Nabucodonosor* llegó con su ejército para sitiar Jerusalén.
Jer 39:2 Dos años y medio más tarde, el 18 de julio* del año once del reinado de Sedequías, los babilonios abrieron una brecha en la muralla y la ciudad cayó.
Jer 39:3 Todos los oficiales del ejército babilónico entraron y, en señal de su triunfo, se sentaron en la Puerta Central: Nergal-sarezer de Samgar y Nebo-sarsequim,* un oficial principal, Nergal-sarezer, consejero del rey, y todos los demás oficiales.
Jer 39:4 Cuando el rey Sedequías y todos los soldados vieron que los babilonios habían invadido la ciudad, huyeron. Esperaron hasta la caída del sol y entonces se deslizaron por la puerta que está entre las dos murallas, detrás del jardín real, y se dirigieron al valle del Jordán.*
Jer 39:5 Sin embargo, las tropas babilónicas* persiguieron al rey y lo capturaron en las llanuras de Jericó. Entonces lo llevaron ante el rey Nabucodonosor de Babilonia, que se encontraba en Ribla, en la tierra de Hamat. Allí el rey de Babilonia dictó sentencia contra Sedequías.
Jer 39:6 Hizo que Sedequías presenciara la masacre de sus hijos y de todos los nobles de Judá.
Jer 39:7 Luego le sacaron los ojos, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia.
Jer 39:8 Mientras tanto, los babilonios quemaron Jerusalén, incluido el palacio, y derribaron las murallas de la ciudad.
Jer 39:9 Luego Nabuzaradán, capitán de la guardia, envió a Babilonia a los que habían desertado para unirse a sus filas junto con el resto del pueblo que quedaba en la ciudad.
Jer 39:10 Pero Nabuzaradán dejó a algunos de los más pobres en Judá, y les asignó viñedos y campos para cuidar.
Jer 39:11 El rey Nabucodonosor había ordenado a Nabuzaradán, capitán de la guardia, que encontrara a Jeremías.
Jer 39:12 «Asegúrate de que no esté herido —le dijo—, trátalo bien y dale todo lo que quiera».
Jer 39:13 Así que Nabuzaradán, capitán de la guardia; Nabusazbán, un oficial principal; Nergal-sarezer, consejero del rey; y los demás oficiales del rey de Babilonia
Jer 39:14 enviaron mensajeros para que sacaran a Jeremías de la prisión. Lo pusieron al cuidado de Gedalías, hijo de Ahicam y nieto de Safán, quien lo llevó de regreso a su casa. Entonces Jeremías permaneció en Judá, entre su propio pueblo.
Jer 39:15 El SEÑOR le dio a Jeremías el siguiente mensaje cuando todavía estaba en prisión:
Jer 39:16 «Dile a Ebed-melec el etíope:* “Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: ‘Cumpliré en esta ciudad todas mis amenazas; enviaré desastre y no prosperidad. Tú mismo verás su destrucción,
Jer 39:17 pero te libraré de aquellos a quienes tanto temes.
Jer 39:18 Como has confiado en mí, te daré tu vida como recompensa; te rescataré y te mantendré seguro. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!’ ”».
Jer 40:1 El SEÑOR le dio a Jeremías un mensaje después que Nabuzaradán, capitán de la guardia, lo dejó libre en Ramá. Este había encontrado a Jeremías atado con cadenas entre todos los demás cautivos de Jerusalén y de Judá que estaban siendo desterrados a Babilonia.
Jer 40:2 El capitán de la guardia mandó llamar a Jeremías y le dijo: «El SEÑOR tu Dios trajo desastre a esta tierra
Jer 40:3 tal como dijo que haría, pues este pueblo ha pecado contra el SEÑOR y lo desobedeció. Por eso ocurrió.
Jer 40:4 Ahora voy a quitarte estas cadenas y a dejarte libre. Si quieres venir conmigo a Babilonia, eres bienvenido. Me ocuparé de que seas tratado bien, pero si no quieres venir, puedes quedarte aquí. Toda la tierra está ante ti, puedes irte a donde quieras.
Jer 40:5 Si decides quedarte, regresa a Gedalías, hijo de Ahicam y nieto de Safán. Él fue nombrado gobernador de Judá por el rey de Babilonia. Quédate allí con la gente que él gobierna, pero eso depende de ti. Puedes irte a donde quieras». Entonces Nabuzaradán, capitán de la guardia, le dio a Jeremías algo de comida y dinero y lo dejó ir.
Jer 40:6 Entonces, Jeremías regresó a Gedalías, hijo de Ahicam, en Mizpa, y vivió en Judá con los pocos que se quedaron en la tierra.
Jer 40:7 Los líderes de los grupos guerrilleros judíos que estaban en el campo oyeron que el rey de Babilonia había nombrado a Gedalías, hijo de Ahicam, gobernador sobre las personas pobres que fueron dejadas en Judá, es decir los hombres, las mujeres y los niños que no habían sido desterrados a Babilonia.
Jer 40:8 Así que fueron a ver a Gedalías a Mizpa. El grupo incluía a: Ismael, hijo de Netanías; Johanán y Jonatán, hijos de Carea; Seraías, hijo de Tanhumet; los hijos de Efai el netofatita; Jezanías, hijo del maacateo, y todos sus hombres.
Jer 40:9 Gedalías les juró que los babilonios* no querían hacerles ningún daño. «No tengan miedo de servirles. Vivan en la tierra y sirvan al rey de Babilonia, y todo les irá bien —les prometió—.
Jer 40:10 En cuanto a mí, permaneceré en Mizpa para representarlos a ustedes ante los babilonios cuando vengan a reunirse con nosotros. Establézcanse en las ciudades que han tomado y vivan de la tierra. Cosechen las uvas, los frutos de verano y los olivos, y almacénenlos».
Jer 40:11 Cuando los judíos que se encontraban en Moab, Amón, Edom y en los otros países cercanos oyeron que el rey de Babilonia había dejado un puñado de gente en Judá y que Gedalías era el gobernador
Jer 40:12 comenzaron a regresar a Judá de los lugares adonde habían huido. Se detuvieron en Mizpa para encontrarse con Gedalías y luego se fueron a los campos de Judá para recoger una gran cosecha de uvas y de otros cultivos.
Jer 40:13 Poco tiempo después, Johanán, hijo de Carea, y los otros líderes guerrilleros fueron a ver a Gedalías en Mizpa.
Jer 40:14 Le dijeron: «¿Sabías que Baalis, rey de Amón, ha enviado a Ismael, hijo de Netanías, para asesinarte?», pero Gedalías se negó a creerles.
Jer 40:15 Más adelante Johanán habló con Gedalías en privado y se ofreció para matar a Ismael en forma secreta. —¿Por qué deberíamos permitir que venga y te mate? —preguntó Johanán—. ¿Qué les sucederá entonces a los judíos que regresaron? ¿Por qué los pocos que quedamos deberíamos terminar esparcidos y perdidos?
Jer 40:16 Pero Gedalías le dijo a Johanán: —Te prohíbo que hagas semejante cosa ya que mientes en cuanto a Ismael.
Jer 41:1 Ahora bien, a mediados del otoño,* Ismael, hijo de Netanías y nieto de Elisama, que era miembro de la familia real y que había sido uno de los altos funcionarios del rey, fue con diez hombres a Mizpa para encontrarse con Gedalías. Mientras comían juntos,
Jer 41:2 Ismael y sus diez hombres de pronto se levantaron, desenvainaron sus espadas y mataron a Gedalías, a quien el rey de Babilonia había nombrado gobernador.
Jer 41:3 Ismael también mató a todos los judíos y a los soldados babilónicos* que estaban con Gedalías en Mizpa.
Jer 41:4 Al día siguiente, antes de que alguien se enterara del asesinato de Gedalías,
Jer 41:5 llegaron ochenta hombres de Siquem, de Silo y de Samaria para adorar en el templo del SEÑOR. Venían con sus barbas afeitadas, con las ropas rasgadas y con cortaduras que se habían hecho en el cuerpo. También traían consigo incienso y ofrendas de grano.
Jer 41:6 Entonces Ismael salió de Mizpa para ir a su encuentro e iba llorando por el camino. Cuando los alcanzó, les dijo: «¡Oh, vengan y vean lo que le ha sucedido a Gedalías!».
Jer 41:7 En cuanto entraron a la ciudad, Ismael y sus hombres los mataron a todos, menos a diez, y echaron sus cuerpos en una cisterna.
Jer 41:8 Los otros diez convencieron a Ismael que los dejara en libertad, con la promesa de traerle todo el trigo, la cebada, el aceite de oliva y la miel que habían escondido.
Jer 41:9 La cisterna donde Ismael echó los cuerpos de los hombres que asesinó era grande, cavada por órdenes del rey Asa cuando fortificó Mizpa para protegerse de Baasa, rey de Israel. Así que, Ismael, hijo de Netanías, la llenó de cadáveres.
Jer 41:10 Después Ismael capturó a las hijas del rey y al resto del pueblo que había quedado en Mizpa bajo el cuidado de Gedalías, quien había sido encargado por Nabuzaradán, capitán de la guardia. Los llevó consigo y comenzó el regreso a la tierra de Amón.
Jer 41:11 Sin embargo, cuando Johanán, hijo de Carea, y los otros líderes guerrilleros se enteraron de los crímenes cometidos por Ismael,
Jer 41:12 reunieron a todos sus hombres y salieron a detenerlo. Lo alcanzaron junto al estanque grande cerca de Gabaón.
Jer 41:13 La gente que Ismael había capturado gritó de alegría cuando vio a Johanán y a los otros líderes guerrilleros.
Jer 41:14 Entonces todos los cautivos de Mizpa escaparon y empezaron a ayudar a Johanán.
Jer 41:15 Mientras tanto, Ismael y ocho de sus hombres escaparon de Johanán y huyeron a la tierra de los amonitas.
Jer 41:16 Entonces Johanán, hijo de Carea, y los otros líderes guerrilleros tomaron a toda la gente que habían liberado en Gabaón: los soldados, las mujeres, los niños y los funcionarios de la corte* que Ismael había capturado después de matar a Gedalías.
Jer 41:17 Los llevaron a todos a la aldea de Gerut-quimam cerca de Belén, donde hicieron preparativos para irse a Egipto
Jer 41:18 porque tenían miedo de lo que harían los babilonios* cuando se enteraran de que Ismael había matado a Gedalías, el gobernador designado por el rey babilónico.
Jer 42:1 Entonces los líderes guerrilleros, incluidos Johanán, hijo de Carea, y Jezanías,* hijo de Osaías, junto con todo el pueblo, desde el menos importante hasta el más importante, se acercaron a
Jer 42:2 Jeremías el profeta y le dijeron: —Por favor, ora al SEÑOR tu Dios por nosotros. Como puedes ver, somos un pequeño remanente comparado con lo que éramos antes.
Jer 42:3 Ora que el SEÑOR tu Dios nos muestre qué hacer y adónde ir.
Jer 42:4 —Está bien —contestó Jeremías—, oraré al SEÑOR su Dios, como me lo han pedido, y les diré todo lo que él diga. No les ocultaré nada.
Jer 42:5 Ellos dijeron a Jeremías: —¡Que el SEÑOR tu Dios sea fiel testigo contra nosotros si rehusamos obedecer todo lo que él nos diga que hagamos!
Jer 42:6 Nos guste o no, obedeceremos al SEÑOR nuestro Dios a quien te enviamos con nuestro ruego. Pues si le obedecemos, todo nos irá bien.
Jer 42:7 Diez días más tarde, el SEÑOR le dio a Jeremías la respuesta.
Jer 42:8 Así que él mandó a buscar a Johanán, hijo de Carea, a los demás líderes guerrilleros y a todo el pueblo, desde el menos importante hasta el más importante.
Jer 42:9 Les dijo: «Ustedes me enviaron al SEÑOR, Dios de Israel, con su petición y esta es la respuesta:
Jer 42:10 “Permanezcan aquí en esta tierra. Si lo hacen, los edificaré y no los derribaré; los plantaré y no los desarraigaré. Pues lamento todo el castigo que tuve que traer sobre ustedes.
Jer 42:11 No teman más al rey de Babilonia —dice el SEÑOR—. Pues yo estoy con ustedes, los salvaré y los libraré de su poder.
Jer 42:12 Seré misericordioso con ustedes al hacer que él sea amable para que les permita quedarse en su propia tierra”.
Jer 42:13 »Sin embargo, si se niegan a obedecer al SEÑOR su Dios, y dicen: “No nos quedaremos aquí;
Jer 42:14 sino que iremos a Egipto donde estaremos libres de guerra, de llamados a las armas y de hambre”,
Jer 42:15 entonces escuchen el mensaje del SEÑOR al remanente de Judá. Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Si están decididos a irse a Egipto y vivir allí,
Jer 42:16 la misma guerra y el mismo hambre que temen los alcanzarán, y allí morirán.
Jer 42:17 Este es el destino que le espera a quien insista en irse a vivir a Egipto. Efectivamente, morirán por guerra, enfermedad y hambre. Ninguno escapará del desastre que traeré sobre ustedes allí”.
Jer 42:18 »Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Así como se derramó mi enojo y mi furia sobre la gente de Jerusalén, así se derramará sobre ustedes cuando entren a Egipto. Serán objeto de condenación, de horror, de maldición y de burla; y nunca más volverán a ver su tierra natal”.
Jer 42:19 »Escuchen, ustedes que forman el remanente de Judá. El SEÑOR les ha dicho: “¡No se vayan a Egipto!”. No olviden la advertencia que hoy les di.
Jer 42:20 Pues no fueron sinceros cuando me enviaron a orar al SEÑOR su Dios por ustedes. Dijeron: “Sólo dinos lo que el SEÑOR nuestro Dios dice ¡y lo haremos!”.
Jer 42:21 Hoy les he transmitido exactamente lo que él dijo, pero ahora ustedes no obedecerán al SEÑOR su Dios más que en el pasado.
Jer 42:22 Así que tengan por seguro que morirán por guerra, enfermedad y hambre en Egipto, donde ustedes insisten en ir».
Jer 43:1 Cuando Jeremías terminó de dar este mensaje del SEÑOR su Dios a todo el pueblo,
Jer 43:2 Azarías, hijo de Osaías, y Johanán, hijo de Carea, y los demás hombres arrogantes le dijeron a Jeremías: «¡Mentira! ¡El SEÑOR nuestro Dios no nos ha prohibido ir a Egipto!
Jer 43:3 Baruc, hijo de Nerías, te ha convencido para que digas esto, porque él quiere que nos quedemos aquí para que los babilonios* nos maten o nos lleven al destierro».
Jer 43:4 Entonces Johanán, los demás líderes guerrilleros y todo el pueblo se negaron a obedecer la orden del SEÑOR de permanecer en Judá.
Jer 43:5 Johanán y los otros líderes se llevaron con ellos a toda la gente que había regresado de los países vecinos adonde habían huido.
Jer 43:6 En la multitud había hombres, mujeres y niños, las hijas del rey y todos los que Nabuzaradán, capitán de la guardia, había dejado con Gedalías. El profeta Jeremías y Baruc también fueron incluidos.
Jer 43:7 El pueblo rehusó obedecer la voz del SEÑOR y se fue a Egipto hasta la ciudad de Tafnes.
Jer 43:8 En Tafnes, el SEÑOR le dio otro mensaje a Jeremías. Le dijo:
Jer 43:9 «A la vista de toda la gente de Judá, toma unas piedras grandes y entiérralas debajo de las piedras del pavimento a la entrada del palacio del faraón aquí en Tafnes.
Jer 43:10 Luego dile al pueblo de Judá: “Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: ‘Les aseguro que traeré a mi siervo Nabucodonosor,* rey de Babilonia, aquí a Egipto. Estableceré su trono sobre estas piedras que he escondido. Sobre ellas extenderá su dosel real
Jer 43:11 y cuando venga, destruirá la tierra de Egipto. Traerá muerte a los destinados a la mu erte, cautiverio a los destinados al cautiverio y guerra a los destinados a la guerra.
Jer 43:12 Prenderá fuego a los templos de los dioses egipcios; quemará los templos y se llevará los ídolos como botín. Limpiará la tierra de Egipto como un pastor que limpia de pulgas su capa, pero él saldrá ileso.
Jer 43:13 Derribará las columnas sagradas que están en el templo al sol* en Egipto, y reducirá a cenizas los templos de los dioses de Egipto’ ”».

sábado, 14 de octubre de 2017

LECTURA BÍBLICA 14 DE OCTUBRE

LECTURA PARA LA MAÑANA

JUAN     4:43-54

Jua 4:43 Pasados los dos días, Jesús siguió camino a Galilea.
Jua 4:44 Él mismo había declarado que un profeta no recibe honra en su propio pueblo.
Jua 4:45 Sin embargo, los galileos lo recibieron bien, porque habían estado en Jerusalén durante la celebración de la Pascua y habían visto todo lo que él hizo allí.
Jua 4:46 En su paso por Galilea, Jesús llegó a Caná, donde había convertido el agua en vino. Cerca de allí, en Capernaúm, había un funcionario de gobierno que tenía un hijo muy enfermo.
Jua 4:47 Cuando supo que Jesús había ido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que se dirigiera a Capernaúm para sanar a su hijo, quien estaba al borde de la muerte.
Jua 4:48 Jesús le preguntó: —¿Acaso nunca van a creer en mí a menos que vean señales milagrosas y maravillas?
Jua 4:49 —Señor, por favor —suplicó el funcionario—, ven ahora mismo, antes de que mi hijito se muera.
Jua 4:50 Entonces Jesús le dijo: —Vuelve a tu casa. ¡Tu hijo vivirá! Y el hombre creyó lo que Jesús le dijo y emprendió el regreso a su casa.
Jua 4:51 Mientras el funcionario iba en camino, algunos de sus sirvientes salieron a su encuentro con la noticia de que su hijo estaba vivo y sano.
Jua 4:52 Él les preguntó a qué hora el niño había comenzado a mejorar, y ellos le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, ¡la fiebre de pronto se le fue!».
Jua 4:53 Entonces el padre se dio cuenta de que la sanidad había ocurrido en el mismo instante en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vivirá». Y tanto él como todos los de su casa creyeron en Jesús.
Jua 4:54 Ésa fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús en Galilea al volver de Judea.


 1 PEDRO  1:10-16

1Pe 1:10 Incluso los profetas quisieron saber más cuando profetizaron acerca de esta salvación inmerecida que estaba preparada para ustedes.
1Pe 1:11 Se preguntaban a qué tiempo y en qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando les dijo de antemano sobre los sufrimientos de Cristo y de la inmensa gloria que después vendría.
1Pe 1:12 Se les dijo que los mensajes que habían recibido no eran para ellos sino para ustedes. Y ahora esta Buena Noticia les fue anunciada a ustedes por medio de aquellos que la predicaron con el poder del Espíritu Santo, enviado del cielo. Todo es tan maravilloso que aun los ángeles observan con gran expectación cómo suceden estas cosas.
1Pe 1:13 Así que piensen con claridad y ejerciten el control propio. Pongan su esperanza en la salvación inmerecida que recibirán cuando Jesucristo sea revelado al mundo.
1Pe 1:14 Por lo tanto, vivan como hijos obedientes de Dios. No vuelvan atrás, a su vieja manera de vivir, con el fin de satisfacer sus propios deseos. Antes lo hacían por ignorancia,
1Pe 1:15 pero ahora sean santos en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es santo.
1Pe 1:16 Pues las Escrituras dicen: «Sean santos, porque yo soy santo»*.



ECLESIASTÉS 11

Ecl 11:1 Envía tu grano por los mares, y a su tiempo recibirás ganancias.*
Ecl 11:2 Coloca tus inversiones en varios lugares,* porque no sabes qué riesgos podría haber más adelante.
Ecl 11:3 Cuando las nubes están cargadas, vienen las lluvias. Un árbol puede caer hacia el norte o hacia el sur, pero donde cae, allí queda.
Ecl 11:4 El agricultor que espera el clima perfecto nunca siembra; si contempla cada nube, nunca cosecha.
Ecl 11:5 Así como no puedes entender el rumbo que toma el viento ni el misterio de cómo crece un bebecito en el vientre de su madre,* tampoco puedes entender cómo actúa Dios, quien hace todas las cosas.
Ecl 11:6 Siembra tu semilla por la mañana, y por la tarde, no dejes de trabajar porque no sabes si la ganancia vendrá de una actividad o de la otra, o quizás de ambas.
Ecl 11:7 La luz es agradable; qué hermoso es ver el amanecer de un nuevo día.
Ecl 11:8 Si alguien llega a la ancianidad, que disfrute de cada día de vida; pero que también recuerde que habrá muchos días oscuros. Todo lo que aún vendrá carece de sentido.
Ecl 11:9 Gente joven:* ¡la juventud es hermosa! Disfruten de cada momento de ella. Hagan todo lo que quieran hacer, ¡no se pierdan nada! Pero recuerden que tendrán que rendirle cuentas a Dios de cada cosa que hagan.
Ecl 11:10 Así que dejen de preocuparse y mantengan un cuerpo sano; pero tengan presente que la juventud —toda la vida por delante— no tiene sentido.

LECTURA PARA LA NOCHE

JEREMÍAS 35-38

Jer 35:1 Este es el mensaje que el SEÑOR le dio a Jeremías cuando Joacim, hijo de Josías, era rey de Judá:
Jer 35:2 «Ve al asentamiento donde habitan las familias de los recabitas e invítalos al templo del SEÑOR. Llévalos a una de las habitaciones interiores y ofréceles algo de vino».
Jer 35:3 Así que fui a ver a Jaazanías, hijo de Jeremías y nieto de Habasinías, y a todos sus hermanos e hijos, que representan a todas las familias recabitas.
Jer 35:4 Los llevé al templo y fuimos a la habitación asignada a los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, hombre de Dios. Esta habitación se encontraba junto a la que usaban los funcionarios del templo, encima de la habitación de Maaseías, hijo de Salum, el portero del templo.
Jer 35:5 Puse copas y jarras llenas de vino delante de ellos y los invité a beber,
Jer 35:6 pero no aceptaron. «No —dijeron—, no bebemos vino porque nuestro antepasado Jonadab,* hijo de Recab, nos ordenó: “Nunca beban vino ni ustedes ni sus descendientes.
Jer 35:7 Tampoco edifiquen casas, ni planten cultivos, ni viñedos, sino que siempre vivan en carpas. Si ustedes obedecen estos mandamientos vivirán largas y buenas vidas en la tierra”.
Jer 35:8 Así que le hemos obedecido en todas estas cosas. Nunca hemos bebido vino hasta el día de hoy, ni tampoco nuestras esposas, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas.
Jer 35:9 No hemos construido casas ni hemos sido dueños de viñedos o granjas, ni sembramos campos.
Jer 35:10 Hemos vivido en carpas y hemos obedecido por completo los mandamientos de Jonadab, nuestro antepasado.
Jer 35:11 Sin embargo, cuando el rey Nabucodonosor* de Babilonia atacó este país tuvimos miedo del ejército de Babilonia y del ejército de Siria.* Así que decidimos mudarnos a Jerusalén. Por esa razón, estamos aquí».
Jer 35:12 Entonces el SEÑOR le dio a Jeremías el siguiente mensaje:
Jer 35:13 «Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: ve y dile al pueblo de Judá y de Jerusalén: “Vengan y aprendan una lección de cómo obedecerme.
Jer 35:14 Los recabitas no beben vino hasta el día de hoy porque su antepasado Jonadab les dijo que no; pero yo les hablé a ustedes una y otra vez y se negaron a obedecerme.
Jer 35:15 Vez tras vez les envié profetas que decían: ‘Apártense de su conducta perversa y comiencen a hacer lo que es correcto. Dejen de rendir culto a otros dioses para que vivan en paz aquí en la tierra que les di a ustedes y a sus antepasados’; pero ustedes no querían escucharme ni obedecerme.
Jer 35:16 Los descendientes de Jonadab, hijo de Recab, han obedecido a su antepasado en todo, pero ustedes rehusaron escucharme”.
Jer 35:17 »Por lo tanto, esto dice el SEÑOR Dios de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Dado que ustedes se niegan a escuchar o a responder cuando llamo, enviaré sobre Judá y Jerusalén todos los desastres con los que amenacé”».
Jer 35:18 Entonces Jeremías se dirigió a los recabitas y les dijo: «Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Ustedes han obedecido a su antepasado Jonadab en todos los aspectos y han seguido todas sus instrucciones”.
Jer 35:19 Por lo tanto, esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Jonadab, hijo de Recab, siempre tendrá descendientes que me sirvan”».
Jer 36:1 El SEÑOR le dio a Jeremías el siguiente mensaje en el cuarto año del reinado de Joacim, hijo de Josías, en Judá:*
Jer 36:2 «Toma un rollo y anota todos mis mensajes contra Israel, Judá y las demás naciones. Comienza con el primer mensaje allá por los tiempos de Josías y escribe todos los mensajes, hasta llegar al tiempo presente.
Jer 36:3 Quizá los habitantes de Judá se arrepientan cuando vuelvan a escuchar todas las cosas terribles que tengo pensadas para ellos. Entonces perdonaré sus pecados y maldades».
Jer 36:4 Así que Jeremías mandó llamar a Baruc, hijo de Nerías, y mientras Jeremías le dictaba todas las profecías que el SEÑOR le había dado, Baruc las escribía en un rollo.
Jer 36:5 Entonces Jeremías le dijo a Baruc: «Estoy preso aquí y no puedo ir al templo.
Jer 36:6 Así que en el próximo día de ayuno ve al templo y lee los mensajes de parte del SEÑOR que te he hecho escribir en este rollo. Léelos para que la gente de todo Judá que esté presente los escuche.
Jer 36:7 Quizá se aparten de sus malos caminos y antes de que sea demasiado tarde le pidan al SEÑOR que los perdone. Pues el SEÑOR los ha amenazado con su terrible enojo».
Jer 36:8 Baruc hizo lo que Jeremías le dijo y leyó al pueblo los mensajes del SEÑOR en el templo.
Jer 36:9 Lo hizo en un día de ayuno sagrado, celebrado a finales del otoño,* durante el quinto año del reinado de Joacim, hijo de Josías. Gente de toda Judá había venido a Jerusalén ese día para asistir a los servicios en el templo.
Jer 36:10 Baruc leyó al pueblo las palabras de Jeremías, escritas en el rollo. En el templo, se paró frente a la habitación de Gemarías, hijo de Safán, el secretario. Esa habitación estaba junto al atrio superior del templo, cerca de la entrada de la Puerta Nueva.
Jer 36:11 Cuando Micaías, hijo de Gemarías y nieto de Safán, oyó los mensajes de parte del SEÑOR,
Jer 36:12 bajó a la sala del secretario en el palacio, donde estaban reunidos los funcionarios administrativos. Allí estaba el secretario Elisama junto con Delaía, hijo de Semaías; Elnatán, hijo de Acbor; Gemarías, hijo de Safán; Sedequías, hijo de Ananías y todos los demás funcionarios.
Jer 36:13 Cuando Micaías les contó acerca de los mensajes que Baruc leía al pueblo,
Jer 36:14 los funcionarios enviaron a Jehudí, hijo de Netanías, nieto de Selemías y bisnieto de Cusi, para pedirle a Baruc que también viniera a leerles los mensajes. Entonces Baruc tomó el rollo y se dirigió a ellos.
Jer 36:15 Los funcionarios le dijeron: «Siéntate y léenos el rollo». Entonces Baruc hizo lo que le pidieron.
Jer 36:16 Cuando oyeron todos los mensajes, se miraron unos a otros asustados. —Tenemos que contarle al rey lo que hemos oído —le dijeron a Baruc—,
Jer 36:17 pero primero dinos cómo obtuviste estos mensajes. ¿Provinieron directamente de Jeremías?
Jer 36:18 Así que Baruc explicó: —Jeremías me los dictó y yo los escribí con tinta, palabra por palabra, en este rollo.
Jer 36:19 —Tanto tú como Jeremías deberían esconderse —le dijeron los funcionarios a Baruc—. ¡No le digan a nadie dónde están!
Jer 36:20 Entonces, los funcionarios dejaron el rollo a salvo en la habitación de Elisama, el secretario, y le fueron a decir al rey lo que había acontecido.
Jer 36:21 Luego el rey envió a Jehudí a buscar el rollo y Jehudí lo sacó de la habitación de Elisama y lo leyó al rey, con los funcionarios presentes.
Jer 36:22 Era avanzado el otoño, así que el rey estaba en el cuarto del palacio acondicionado para el invierno, sentado junto a un brasero para calentarse.
Jer 36:23 Cada vez que Jehudí terminaba de leer tres o cuatro columnas, el rey tomaba un cuchillo y cortaba esa sección del rollo. Luego lo lanzaba al fuego, sección por sección, hasta que quemó todo el rollo.
Jer 36:24 Ni el rey ni sus asistentes mostraron ninguna señal de temor o arrepentimiento ante lo que habían oído.
Jer 36:25 Aun cuando Elnatán, Delaía y Gemarías le suplicaron al rey que no quemara el rollo, él no les hizo caso.
Jer 36:26 Entonces el rey mandó a su hijo Jerameel, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, para que arrestaran a Baruc y a Jeremías; pero el SEÑOR los había escondido.
Jer 36:27 Después de que el rey quemó el rollo en el que Baruc había escrito las palabras de Jeremías, el SEÑOR le dio a Jeremías otro mensaje. Le dijo:
Jer 36:28 «Toma otro rollo y escribe de nuevo todo tal como lo hiciste en el rollo que quemó el rey Joacim.
Jer 36:29 Luego dile al rey: “Esto dice el SEÑOR: ‘Tú quemaste el rollo porque allí dice que el rey de Babilonia destruiría esta tierra y la dejaría vacía de gente y de animales.
Jer 36:30 Ahora, esto dice el SEÑOR acerca del rey Joacim de Judá: el rey no tendrá herederos que se sienten en el trono de David. Su cadáver será echado a la intemperie y permanecerá sin enterrar, expuesto al calor del día y a las heladas de la noche.
Jer 36:31 Lo castigaré a él, a su familia y a sus ayudantes por sus pecados. Derramaré sobre ellos y sobre la gente de Jerusalén y de Judá todas las calamidades que prometí, porque no hicieron caso a mis advertencias’ ”».
Jer 36:32 Así que Jeremías tomó otro rollo y volvió a dictarle a su secretario Baruc. Escribió todo lo que estaba en el rollo que el rey Joacim había quemado en el brasero. ¡Sólo que esta vez agregó mucho más!
Jer 37:1 Sedequías, hijo de Josías, subió al trono de Judá después de Joaquín,* hijo de Joacim. Fue nombrado rey por el rey Nabucodonosor* de Babilonia.
Jer 37:2 Sin embargo, ni Sedequías ni sus ayudantes ni la gente que quedó en la tierra de Judá hicieron caso a lo que el SEÑOR decía a través de Jeremías.
Jer 37:3 No obstante, el rey Sedequías envió a Jucal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maaseías, a pedirle a Jeremías: «Por favor, ora por nosotros al SEÑOR, nuestro Dios».
Jer 37:4 Todavía no habían encarcelado a Jeremías, por lo tanto se movía con total libertad entre la gente.
Jer 37:5 En ese tiempo, el ejército del faraón Hofra* de Egipto apareció en la frontera sur de Judá. Cuando el ejército babilónico* se enteró de esto, levantó el sitio de Jerusalén.
Jer 37:6 Entonces el SEÑOR le dio el siguiente mensaje a Jeremías:
Jer 37:7 «Esto dice el SEÑOR, Dios de Israel: el rey de Judá te envió a consultarme acerca de lo que va a suceder. Dile a él: “El ejército del faraón está a punto de regresar a Egipto aunque vino aquí para ayudarte.
Jer 37:8 Luego los babilonios* regresarán y conquistarán esta ciudad y la quemarán hasta reducirla a cenizas”.
Jer 37:9 »Esto dice el SEÑOR: “No se engañen a sí mismos creyendo que los babilonios se marcharon para siempre. ¡No es así!
Jer 37:10 Y aunque pudieran destruir a todo el ejército babilónico y dejaran a sólo un puñado de sobrevivientes heridos, ¡aun así éstos saldrían tambaleando de sus carpas e incendiarían esta ciudad hasta reducirla a cenizas!”».
Jer 37:11 Cuando el ejército babilónico se fue de Jerusalén debido a que se acercaba el ejército del faraón,
Jer 37:12 Jeremías comenzó a salir de la ciudad camino al territorio de Benjamín para tomar posesión de su terreno allí, entre sus parientes.*
Jer 37:13 Sin embargo, cuando atravesaba la Puerta de Benjamín un guardia lo arrestó y le dijo: —¡Estás desertando para unirte a los babilonios! El guardia que lo arrestó era Irías, hijo de Selemías y nieto de Hananías.
Jer 37:14 —¡Mentira! —protestó Jeremías—. No tenía la menor intención de hacer tal cosa. Pero Irías no quiso escucharlo, así que llevó a Jeremías ante los funcionarios.
Jer 37:15 Ellos estaban furiosos con Jeremías y mandaron que lo azotaran y lo encarcelaran en la casa del secretario Jonatán porque la casa de Jonatán había sido convertida en prisión.
Jer 37:16 Jeremías fue puesto en un calabozo donde permaneció por muchos días.
Jer 37:17 Más tarde, a escondidas, el rey Sedequías pidió que Jeremías fuera al palacio y allí el rey le preguntó: —¿Tienes algún mensaje de parte del SEÑOR? —¡Sí, lo tengo! —dijo Jeremías—. Serás derrotado por el rey de Babilonia.
Jer 37:18 Entonces Jeremías le preguntó al rey: —¿Qué crimen he cometido? ¿Qué he hecho yo contra ti, tus ayudantes o el pueblo para que me hayan encarcelado?
Jer 37:19 ¿Ahora dónde están tus profetas que te dijeron que el rey de Babilonia no te atacaría a ti ni a esta tierra?
Jer 37:20 Escucha, mi señor y rey, te suplico que no me mandes de regreso al calabozo en la casa del secretario Jonatán, porque allí me moriré.
Jer 37:21 Así que el rey Sedequías mandó que no regresaran a Jeremías al calabozo. En cambio lo encerró en el patio de la guardia del palacio real. El rey también ordenó que cada día se le diera a Jeremías un pan recién horneado mientras hubiera pan en la ciudad. Así que Jeremías fue puesto en la prisión del palacio.
Jer 38:1 Entonces Sefatías, hijo de Matán; Gedalías, hijo de Pasur; Jehucal,* hijo de Selemías; y Pasur, hijo de Malquías, oyeron lo que Jeremías le decía al pueblo:
Jer 38:2 «Esto dice el SEÑOR: “Todo el que se quede en Jerusalén morirá por guerra, enfermedad o hambre, pero los que se rindan a los babilonios* vivirán. Su recompensa será su propia vida, ¡ellos vivirán!”.
Jer 38:3 El SEÑOR también dice: “La ciudad de Jerusalén ciertamente será entregada al ejército del rey de Babilonia, quien la conquistará”».
Jer 38:4 Entonces los funcionarios fueron a ver al rey y le dijeron: —Señor, ¡este hombre debe morir! Esta forma de hablar desmoralizará a los pocos hombres de guerra que nos quedan al igual que a todo el pueblo. ¡Este hombre es un traidor!
Jer 38:5 El rey Sedequías estuvo de acuerdo. —Está bien —dijo—, hagan lo que quieran. No los puedo detener.
Jer 38:6 Así que los funcionarios sacaron a Jeremías de la celda y lo bajaron con sogas a una cisterna vacía en el patio de la cárcel que pertenecía a Malquías, miembro de la familia real. La cisterna no tenía agua pero Jeremías se hundió en una espesa capa de barro que había en el fondo.
Jer 38:7 Pero el etíope* Ebed-melec, un importante funcionario de la corte, se enteró de que Jeremías estaba en la cisterna. En ese momento el rey estaba en sesión junto a la Puerta de Benjamín,
Jer 38:8 entonces Ebed-melec salió del palacio a toda prisa para hablar con él.
Jer 38:9 —Mi señor y rey —dijo—, estos hombres hicieron un gran mal al poner al profeta Jeremías dentro de la cisterna. Pronto morirá de hambre porque casi no hay pan en la ciudad.
Jer 38:10 Entonces el rey le dijo a Ebed-melec: —Toma contigo a unos treinta de mis hombres y saca a Jeremías de la cisterna antes de que muera.
Jer 38:11 Asi que Ebed-melec se llevó a los hombres y fue a la habitación del palacio que estaba debajo de la tesorería. Allí encontró trapos viejos y ropa desechada que llevó a la cisterna y se los bajó con sogas a Jeremías.
Jer 38:12 Ebed-melec le gritó a Jeremías: «Ponte estos trapos debajo de tus axilas para protegerte de las sogas». Cuando Jeremías estuvo listo,
Jer 38:13 lo sacaron. Entonces regresaron a Jeremías al patio de la guardia —la prisión del palacio— y allí permaneció.
Jer 38:14 Cierto día, el rey Sedequías mandó llamar a Jeremías e hizo que lo llevaran a la tercera entrada del templo del SEÑOR. —Quiero preguntarte algo —le dijo el rey—. Y no intentes ocultar la verdad.
Jer 38:15 —Si te dijera la verdad, me matarías —contestó Jeremías—. Y si te diera un consejo, igual no me escucharías.
Jer 38:16 Entonces el rey Sedequías le prometió en secreto: —Tan cierto como que el SEÑOR nuestro Creador vive, no te mataré ni te entregaré en manos de los hombres que desean verte muerto.
Jer 38:17 Entonces Jeremías le dijo a Sedequías: —Esto dice el SEÑOR Dios de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Si te rindes a los oficiales babilónicos, tú y toda tu familia vivirán, y la ciudad no será incendiada;
Jer 38:18 pero si rehúsas rendirte, ¡no escaparás! La ciudad será entregada en manos de los babilonios y la incendiarán hasta reducirla a cenizas”.
Jer 38:19 —Pero tengo miedo de rendirme —dijo el rey—, porque los babilonios me pueden entregar a los judíos que desertaron para unirse a ellos. ¡Y quién sabe qué me harán!
Jer 38:20 —Si eliges obedecer al SEÑOR no serás entregado a ellos —contestó Jeremías—, sino que salvarás tu vida y todo te irá bien;
Jer 38:21 pero si te niegas a rendirte, el SEÑOR me ha revelado lo siguiente:
Jer 38:22 todas las mujeres que queden en el palacio serán sacadas y entregadas a los oficiales del ejército babilónico. Entonces las mujeres se mofarán de ti diciendo: »“¡Qué buenos amigos tienes! Te han traicionado y engañado. ¡Cuando tus pies se hundieron en el barro, te abandonaron a tu suerte!”.
Jer 38:23 Todas tus esposas e hijos serán entregados a los babilonios y tú no escaparás. El rey de Babilonia te apresará, y esta ciudad será incendiada.
Jer 38:24 Entonces Sedequías le dijo a Jeremías: —No le comentes a nadie que me dijiste esto ¡o morirás!
Jer 38:25 Mis funcionarios quizá se enteren de que hablé contigo y te digan: “Cuéntanos de lo que hablaban tú y el rey. De lo contrario, te mataremos”.
Jer 38:26 Si tal cosa sucediera, sólo diles que me suplicaste que no te enviara de nuevo al calabozo de Jonatán por temor a morir allí.
Jer 38:27 Efectivamente, poco tiempo después los funcionarios del rey vinieron a Jeremías a preguntarle por qué el rey lo había llamado; pero Jeremías siguió las instrucciones del rey y ellos se fueron sin enterarse de la verdad ya que nadie había escuchado la conversación entre Jeremías y el rey.
Jer 38:28 Así que Jeremías permaneció encarcelado en el patio de la guardia hasta el día en que Jerusalén fue conquistada.

viernes, 13 de octubre de 2017

LECTURA BÍBLICA 13 DE OCTUBRE

LECTURA PARA LA MAÑANA

JUAN     4:27-42

Jua 4:27 Justo en ese momento, volvieron sus discípulos. Se sorprendieron al ver que Jesús hablaba con una mujer, pero ninguno se atrevió a preguntarle: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué le hablas?».
Jua 4:28 La mujer dejó su cántaro junto al pozo y volvió corriendo a la aldea mientras les decía a todos:
Jua 4:29 «¡Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho en mi vida! ¿No será éste el Mesías?».
Jua 4:30 Así que la gente salió de la aldea para verlo.
Jua 4:31 Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús: —Rabí,* come algo.
Jua 4:32 Pero Jesús respondió: —Yo tengo una clase de alimento que ustedes no conocen.
Jua 4:33 «¿Le habrá traído alguien de comer mientras nosotros no estábamos?» —se preguntaban los discípulos unos a otros.
Jua 4:34 Entonces Jesús explicó: —Mi alimento consiste en hacer la voluntad de Dios, quien me envió, y en terminar su obra.
Jua 4:35 Ustedes conocen el dicho: “Hay cuatro meses entre la siembra y la cosecha”, pero yo les digo: despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listos* para la cosecha.
Jua 4:36 A los segadores se les paga un buen salario, y los frutos que cosechan son personas que pasan a tener la vida eterna. ¡Qué alegría le espera tanto al que siembra como al que cosecha!
Jua 4:37 Ya saben el dicho: “Uno siembra y otro cosecha”, y es cierto.
Jua 4:38 Yo los envié a ustedes a cosechar donde no sembraron; otros ya habían hecho el trabajo, y ahora a ustedes les toca levantar la cosecha.
Jua 4:39 Muchos samaritanos de esa aldea creyeron en Jesús, porque la mujer había dicho: «¡Él me dijo todo lo que hice en mi vida!».
Jua 4:40 Cuando salieron a verlo, le rogaron que se quedara en la aldea. Así que Jesús se quedó dos días,
Jua 4:41 tiempo suficiente para que muchos más escucharan su mensaje y creyeran.
Jua 4:42 Luego le dijeron a la mujer: «Ahora creemos, no sólo por lo que tú nos dijiste, sino porque lo hemos oído en persona. Ahora sabemos que él es realmente el Salvador del mundo».





 1 PEDRO  1:1-9

1Pe 1:1 Yo, Pedro, apóstol de Jesucristo, escribo esta carta a los elegidos por Dios que viven como extranjeros en las provincias de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia.*
1Pe 1:2 Dios Padre los conocía y los eligió desde hace mucho tiempo, y su Espíritu los ha hecho santos. Como resultado, ustedes lo obedecieron y fueron limpiados por la sangre de Jesucristo. Que Dios les conceda cada vez más gracia y paz.
1Pe 1:3 Que toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es por su gran misericordia que hemos nacido de nuevo, porque Dios levantó a Jesucristo de los muertos. Ahora vivimos con gran expectación
1Pe 1:4 y tenemos una herencia que no tiene precio, una herencia que está reservada en el cielo para ustedes, pura y sin mancha, que no puede cambiar ni deteriorarse.
1Pe 1:5 Por la fe que tienen, Dios los protege con su poder hasta que reciban esta salvación, la cual está lista para ser revelada en el día final, a fin de que todos la vean.
1Pe 1:6 Así que alégrense de verdad.* Les espera una alegría inmensa, aun cuando tengan que soportar muchas pruebas por un tiempo breve.
1Pe 1:7 Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo.
1Pe 1:8 Ustedes aman a Jesucristo a pesar de que nunca lo han visto. Aunque ahora no lo ven, confían en él y se gozan con una alegría gloriosa e indescriptible.
1Pe 1:9 La recompensa por confiar en él será la salvación de sus almas.



ECLESIASTÉS 10

Ecl 10:1 Así como las moscas muertas apestan todo un frasco de perfume, una pizca de necedad arruina gran sabiduría y honor.
Ecl 10:2 Una persona sabia elige el camino correcto; el necio toma el rumbo equivocado.
Ecl 10:3 ¡Se puede identificar a los necios tan sólo de ver cómo andan por la calle!
Ecl 10:4 Si tu jefe se enoja contigo, ¡no renuncies a tu puesto! Un espíritu sereno puede superar grandes errores.
Ecl 10:5 He visto otro mal bajo el sol: los reyes y gobernantes cometen un grave error
Ecl 10:6 cuando le otorgan gran autoridad a gente necia y asignan cargos inferiores a personas con capacidad comprobada.
Ecl 10:7 Hasta he visto sirvientes cabalgar como príncipes, ¡y príncipes andar a pie como si fueran sirvientes!
Ecl 10:8 Cuando cavas un pozo, puedes caerte en él. Cuando derrumbas una pared vieja, puede morderte una serpiente.
Ecl 10:9 Cuando trabajas en una cantera, las piedras pueden caerte encima y aplastarte. Cuando cortas leña, se corre peligro en cada golpe del hacha.
Ecl 10:10 Si se usa un hacha sin filo hay que hacer doble esfuerzo, por lo tanto, afila la hoja. Ahí está el valor de la sabiduría: ayuda a tener éxito.
Ecl 10:11 Si una serpiente te muerde antes de que la encantes, ¿de qué te sirve ser encantador de serpientes?
Ecl 10:12 Las palabras sabias traen aprobación, pero a los necios, sus propias palabras los destruyen.
Ecl 10:13 Los necios basan sus pensamientos en suposiciones insensatas, por lo tanto, llegan a conclusiones locas y malvadas;
Ecl 10:14 hablan y hablan sin parar. Nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que va a suceder, nadie puede predecir el futuro.
Ecl 10:15 Los necios se agotan tanto con un poco de trabajo que ni siquiera saben cómo regresar a su casa.
Ecl 10:16 ¡Qué tristeza sufrirá el pueblo gobernado por un sirviente,* cuyos líderes hacen fiesta desde la mañana!
Ecl 10:17 Dichoso el pueblo que tiene por rey a un líder noble y cuyos dirigentes festejan en el momento apropiado para trabajar con fuerza y no para emborracharse.
Ecl 10:18 Por la pereza se hunde el techo; por el ocio gotea la casa.
Ecl 10:19 Una fiesta da alegría, un buen vino, felicidad, ¡y el dinero lo da todo!
Ecl 10:20 Nunca te burles del rey, ni siquiera en tu mente; y no te mofes de los poderosos, ni siquiera dentro de tu dormitorio. Pues un pajarito podría transmitir tu mensaje y contarles lo que dijiste.

LECTURA PARA LA NOCHE

JEREMÍAS 32-34

Jer 32:1 Jeremías recibió el siguiente mensaje del SEÑOR en el décimo año del reinado de Sedequías,* rey de Judá. También era el año dieciocho del reinado de Nabucodonosor.*
Jer 32:2 Para entonces, Jerusalén estaba sitiada por el ejército babilónico y Jeremías estaba preso en el patio de la guardia del palacio real.
Jer 32:3 El rey Sedequías lo había puesto allí, y preguntaba por qué Jeremías seguía dando esta profecía: «Esto dice el SEÑOR: “Estoy a punto de entregar esta ciudad al rey de Babilonia, y él la tomará.
Jer 32:4 El rey Sedequías será capturado por los babilonios* y llevado a encontrarse cara a cara con el rey de Babilonia.
Jer 32:5 Él llevará a Sedequías a Babilonia y allí me ocuparé de él —dice el SEÑOR—. Si ustedes pelean contra los babilonios, no vencerán”».
Jer 32:6 En ese tiempo el SEÑOR me envió un mensaje. Me dijo:
Jer 32:7 «Tu primo Hanameel, hijo de Salum, vendrá y te dirá: “Compra mi terreno en Anatot. Por ley tienes derecho a comprarlo antes de que lo ofrezca a algún otro”».
Jer 32:8 Entonces, así como el SEÑOR dijo que haría, mi primo Hanameel vino y me visitó en la cárcel. Me dijo: «Por favor compra mi terreno en Anatot en la tierra de Benjamín. Por ley tienes el derecho de comprarlo antes de que lo ofrezca a algún otro, así que cómpralo para ti». Entonces supe que el mensaje que había oído era del SEÑOR.
Jer 32:9 Así que compré el terreno en Anatot pagándole a Hanameel diecisiete piezas* de plata.
Jer 32:10 Firmé y sellé la escritura de compra delante de testigos, pesé la plata y le pagué.
Jer 32:11 Entonces tomé la escritura sellada y una copia de la escritura no sellada con los términos y condiciones de la compra,
Jer 32:12 y se las di a Baruc, hijo de Nerías y nieto de Maaseías. Hice todo esto en presencia de mi primo Hanameel, de los testigos que firmaron la escritura y de todos los hombres de Judá que estaban allí en el patio de la guardia.
Jer 32:13 Entonces le dije a Baruc mientras todos escuchaban:
Jer 32:14 «Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Toma tanto la escritura sellada como la copia no sellada y ponlas en una vasija de barro para preservarlas por largo tiempo”.
Jer 32:15 Pues esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Algún día de nuevo habrá dueños de estos terrenos que comprarán y venderán casas, viñedos y campos”».
Jer 32:16 Después que le di los documentos a Baruc, oré al SEÑOR:
Jer 32:17 «¡Oh Soberano SEÑOR! Hiciste los cielos y la tierra con tu mano fuerte y tu brazo poderoso. ¡Nada es demasiado difícil para ti!
Jer 32:18 Muestras un amor inagotable a miles, pero también haces recaer las consecuencias del pecado de una generación sobre la siguiente. Tú eres el Dios grande y poderoso, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales.
Jer 32:19 Tú posees toda la sabiduría y haces grandes y maravillosos milagros. Ves la conducta de todas las personas y les das lo que se merecen.
Jer 32:20 Realizaste señales milagrosas y maravillas en la tierra de Egipto, ¡cosas que se recuerdan hasta el día de hoy! Y sigues haciendo grandes milagros en Israel y en todo el mundo. Así has hecho que tu nombre sea famoso hasta el día de hoy.
Jer 32:21 »Tú sacaste a Israel de Egipto con señales poderosas y maravillas, con mano fuerte y brazo poderoso, y con un terror aplastante.
Jer 32:22 Le diste al pueblo de Israel esta tierra que habías prometido hace mucho tiempo a sus antepasados, tierra donde fluyen la leche y la miel.
Jer 32:23 Nuestros antepasados vinieron, la conquistaron y vivieron en ella, pero rehusaron obedecerte o seguir tu palabra. No hicieron nada de lo que les ordenaste. Por eso enviaste este terrible desastre sobre ellos.
Jer 32:24 »¡Miren cómo han construido rampas de asalto contra las murallas de la ciudad! Por medio de guerra, hambre y enfermedad la ciudad será entregada a los babilonios, que la conquistarán. Todo ha sucedido tal como lo dijiste.
Jer 32:25 Y aun así, oh Soberano SEÑOR, me has ordenado comprar el terreno —hasta pagué mucho dinero en presencia de estos testigos— aunque la ciudad pronto será entregada a los babilonios».
Jer 32:26 Después Jeremías recibió el siguiente mensaje del SEÑOR:
Jer 32:27 «Yo soy el SEÑOR, Dios de todos los pueblos del mundo. ¿Hay algo demasiado difícil para mí?
Jer 32:28 Por lo tanto, esto dice el SEÑOR: entregaré esta ciudad a los babilonios y a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y él la conquistará.
Jer 32:29 Los babilonios que están fuera de las murallas entrarán y prenderán fuego a la ciudad. Quemarán por completo todas estas casas, donde el pueblo provocó mi enojo al quemar incienso a Baal en las azoteas y al derramar ofrendas líquidas a otros dioses.
Jer 32:30 Desde su comienzo Israel y Judá sólo han hecho lo malo. Me han enfurecido con todas sus malas acciones —dice el SEÑOR—.
Jer 32:31 Desde el día que se construyó esta ciudad hasta ahora no han hecho más que enojarme, así que estoy decidido a deshacerme de ella.
Jer 32:32 »Los pecados de Israel y de Judá —los pecados de la gente de Jerusalén, de los reyes, de los funcionarios, de los sacerdotes y de los profetas— han provocado mi enojo.
Jer 32:33 Mi pueblo me ha dado la espalda y no quiere regresar. A pesar de que les he enseñado con diligencia, no aceptaron la instrucción ni obedecieron.
Jer 32:34 Levantaron sus ídolos abominables justo en mi propio templo, y así lo profanaron.
Jer 32:35 Edificaron santuarios paganos a Baal en el valle de Ben-hinom y allí sacrifican a sus hijos e hijas a Moloc. Jamás ordené un acto tan horrendo; ¡ni siquiera me pasó por la mente ordenar semejante cosa! ¡Qué maldad tan increíble la que hizo que Judá pecara tanto!
Jer 32:36 »Ahora quiero decir algo más acerca de esta ciudad. Ustedes han estado diciendo: “La ciudad caerá ante el rey de Babilonia por guerra, hambre y enfermedad”; pero esto dice el SEÑOR, Dios de Israel:
Jer 32:37 ciertamente traeré de regreso a mi pueblo de todos los países adonde lo esparcí en mi furor. Lo traeré de regreso a esta misma ciudad para que viva en paz y seguridad.
Jer 32:38 Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Jer 32:39 Les daré un solo corazón y un solo propósito: adorarme para siempre para su propio bien y el bien de todos sus descendientes.
Jer 32:40 Y haré un pacto eterno con ellos: nunca dejaré de hacerles bien. Pondré en el corazón de ellos el deseo de adorarme, y nunca me dejarán.
Jer 32:41 Me gozaré en hacerles bien, y con fidelidad y de todo corazón los volveré a plantar en esta tierra.
Jer 32:42 »Esto dice el SEÑOR: así como traje todas estas calamidades sobre ellos, así haré todo el bien que les he prometido.
Jer 32:43 Se volverán a comprar y a vender terrenos en esta tierra de la que ahora ustedes dicen: “Ha sido arrasada por los babilonios, es una tierra desolada de donde la gente y los animales han desaparecido”.
Jer 32:44 Es cierto, otra vez se comprarán y venderán terrenos —con escrituras firmadas y selladas frente a testigos— en la tierra de Benjamín y aquí en Jerusalén, en las ciudades de Judá y en la zona montañosa, en las colinas de Judá* y también en el Neguev. Pues algún día les devolveré la prosperidad. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!».
Jer 33:1 Mientras Jeremías aún estaba detenido en el patio de la guardia, el SEÑOR le dio un segundo mensaje:
Jer 33:2 «Esto dice el SEÑOR, el SEÑOR que hizo la tierra, que la formó y la estableció, cuyo nombre es el SEÑOR:
Jer 33:3 pídeme y te daré a conocer secretos sorprendentes que no conoces acerca de lo que está por venir.
Jer 33:4 Pues esto dice el SEÑOR, Dios de Israel: ustedes derribaron las casas de esta ciudad y hasta el palacio real a fin de conseguir materiales para fortalecer las murallas contra las rampas de asalto y contra la espada del enemigo.
Jer 33:5 Ustedes esperan luchar contra los babilonios* pero los hombres de esta ciudad ya están como muertos, porque en mi terrible enojo he decidido destruirlos. Los abandoné debido a toda su perversidad.
Jer 33:6 »Sin embargo, llegará el día en que sanaré las heridas de Jerusalén y le daré prosperidad y verdadera paz.
Jer 33:7 Restableceré el bienestar de Judá e Israel y reconstruiré sus ciudades.
Jer 33:8 Los limpiaré de sus pecados contra mí y perdonaré todos sus pecados de rebelión.
Jer 33:9 ¡Entonces esta ciudad me traerá gozo, gloria y honra ante todas las naciones de la tierra! ¡Ellas verán todo el bien que hago a mi pueblo y temblarán de asombro al ver la paz y prosperidad que le doy!
Jer 33:10 »Esto dice el SEÑOR: ustedes dijeron: “Esta es una tierra desolada de donde la gente y los animales han desaparecido”. Sin embargo, en las calles desiertas de Jerusalén y de las otras ciudades de Judá volverán a oírse
Jer 33:11 risas y voces de alegría. Otra vez se oirán las voces felices de los novios y las novias junto con las canciones alegres de las personas que traen ofrendas de gratitud al SEÑOR. Cantarán: “Denle gracias al SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, porque el SEÑOR es bueno. ¡Su fiel amor perdura para siempre!”. Pues restauraré la prosperidad de esta tierra a como era en el pasado, dice el SEÑOR.
Jer 33:12 »Esto dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales: esta tierra —a pesar de que ahora está desolada y no tiene gente ni animales— tendrá otra vez pastizales donde los pastores podrán llevar los rebaños.
Jer 33:13 Una vez más los pastores contarán sus rebaños en las ciudades de la zona montañosa, en las colinas de Judá,* en el Neguev, en la tierra de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén y en todas las ciudades de Judá. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!
Jer 33:14 »Llegará el día, dice el SEÑOR, cuando haré por Israel y por Judá todas las cosas buenas que les he prometido.
Jer 33:15 »En esos días y en ese tiempo levantaré un descendiente* justo, del linaje del rey David. Él hará lo que es justo y correcto en toda la tierra.
Jer 33:16 En ese día Judá será salvo, y Jerusalén vivirá segura. Y este será su nombre: “El SEÑOR es nuestra justicia”* .
Jer 33:17 Pues esto dice el SEÑOR: David tendrá por siempre un descendiente sentado en el trono de Israel.
Jer 33:18 Y siempre habrá sacerdotes levitas para ofrecerme ofrendas quemadas, ofrendas de grano y sacrificios».
Jer 33:19 Luego Jeremías recibió el siguiente mensaje del SEÑOR:
Jer 33:20 «Esto dice el SEÑOR: si ustedes pudieran romper mi pacto con el día y con la noche de modo que uno no siguiera al otro,
Jer 33:21 sólo entonces se rompería mi pacto con mi siervo David. Sólo entonces, él no tendría un descendiente para reinar sobre su trono. Lo mismo ocurre con mi pacto con los sacerdotes levitas que ministran ante mí.
Jer 33:22 Y así como no se pueden contar las estrellas de los cielos ni se puede medir la arena a la orilla del mar, así multiplicaré los descendientes de mi siervo David y de los levitas que ministran ante mí».
Jer 33:23 El SEÑOR le dio a Jeremías otro mensaje y le dijo:
Jer 33:24 «¿Te has dado cuenta de lo que la gente dice?: “¡El SEÑOR eligió a Judá y a Israel pero luego los abandonó!”. En son de burla dicen que Israel no es digno de ser considerado una nación.
Jer 33:25 Sin embargo, esto dice el SEÑOR: así como no cambiaría las leyes que gobiernan el día y la noche, la tierra y el cielo, así tampoco rechazaré a mi pueblo.
Jer 33:26 Nunca abandonaré a los descendientes de Jacob o de mi siervo David ni cambiaré el plan de que los descendientes de David gobiernen a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. En cambio, yo los restauraré a su tierra y tendré misericordia de ellos».
Jer 34:1 El rey Nabucodonosor de Babilonia llegó con todos los ejércitos de los reinos que él gobernaba y peleó contra Jerusalén y las ciudades de Judá. En ese momento Jeremías recibió el siguiente mensaje del SEÑOR:
Jer 34:2 «Ve ante Sedequías, rey de Judá, y dile: “Esto dice el SEÑOR, Dios de Israel: ‘Estoy por entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia y él la incendiará.
Jer 34:3 No escaparás de sus garras sino que te tomarán cautivo, te llevarán ante el rey de Babilonia y lo verás cara a cara. Después serás exiliado a Babilonia’.
Jer 34:4 »”Pero escucha esta promesa del SEÑOR, oh Sedequías, rey de Judá. Esto dice el SEÑOR: ‘No te matarán en la guerra
Jer 34:5 sino que morirás en paz. La gente quemará incienso en tu memoria de la misma manera que lo hizo con tus antepasados, los reyes que te precedieron. Se lamentarán por ti llorando: “¡Ay, nuestro amo ha muerto!”. Esto es lo que he decretado, dice el SEÑOR’ ”».
Jer 34:6 Así que el profeta Jeremías transmitió este mensaje al rey Sedequías de Judá.
Jer 34:7 En ese tiempo, el ejército babilónico sitiaba Jerusalén, Laquis y Azeca, las únicas ciudades fortificadas de Judá que todavía no habían sido conquistadas.
Jer 34:8 Jeremías recibió este mensaje del SEÑOR luego que el rey Sedequías hizo un pacto con el pueblo que proclamó la libertad de los esclavos.
Jer 34:9 El rey había ordenado que todo el pueblo dejara en libertad a sus esclavos hebreos, tanto hombres como mujeres. Nadie debía mantener a un hermano judío en esclavitud.
Jer 34:10 Las autoridades y todo el pueblo habían obedecido el mandato del rey,
Jer 34:11 pero luego cambiaron de opinión. Volvieron a tomar a los hombres y a las mujeres que habían liberado y los obligaron a ser esclavos otra vez.
Jer 34:12 Así que el SEÑOR les dio el siguiente mensaje por medio de Jeremías:
Jer 34:13 «Esto dice el SEÑOR, Dios de Israel: “Hace tiempo hice un pacto con sus antepasados cuando los rescaté de la esclavitud de Egipto.
Jer 34:14 Les dije que todo esclavo hebreo debía ser liberado después de haber servido seis años; pero sus antepasados no me hicieron caso.
Jer 34:15 Hace poco ustedes se arrepintieron e hicieron lo que es correcto obedeciendo mi palabra. Liberaron a sus esclavos e hicieron un pacto solemne conmigo en el templo que lleva mi nombre.
Jer 34:16 Sin embargo, ahora ustedes abandonaron su juramento y profanaron mi nombre al volver a tomar a los hombres y a las mujeres que habían liberado y obligarlos a ser esclavos otra vez.
Jer 34:17 »”Por lo tanto, esto dice el SEÑOR: ya que ustedes me han desobedecido al no poner en libertad a sus compatriotas, yo los pondré a ustedes en libertad para ser destruidos por guerra, enfermedad y hambre. Serán objeto de horror para todas las naciones de la tierra.
Jer 34:18 Puesto que rompieron las condiciones de nuestro pacto, los partiré en dos tal como ustedes partieron el becerro cuando caminaron entre las mitades para solemnizar sus votos.
Jer 34:19 Así es, yo los partiré, sean autoridades de Judá o de Jerusalén, funcionarios de la corte, sacerdotes o gente común, porque rompieron su juramento.
Jer 34:20 Los entregaré en manos de sus enemigos y ellos los matarán. Sus cuerpos serán alimento para los buitres y para los animales salvajes.
Jer 34:21 »”Yo entregaré a Sedequías, rey de Judá, y a sus funcionarios en manos del ejército del rey de Babilonia. A pesar de que el rey de Babilonia ha dejado Jerusalén por un tiempo,
Jer 34:22 llamaré a los ejércitos babilónicos para que regresen. Pelearán contra esta ciudad, la conquistarán y la incendiarán. Me aseguraré de que todas las ciudades de Judá sean destruidas y que nadie viva allí”».