Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Hechos 1:13
domingo, 5 de abril de 2020
lunes, 30 de marzo de 2020
martes, 24 de marzo de 2020
viernes, 6 de septiembre de 2019
miércoles, 4 de septiembre de 2019
domingo, 7 de octubre de 2018
LECTURA BÍBLICA 7 DE OCTUBRE
LECTURA PARA LA MAÑANA
JUAN 2:12-25
Jua 2:12 Después de la boda, se fue unos días a Capernaúm con su madre, sus hermanos y sus discípulos.
Jua 2:13 Se acercaba la fecha de la celebración de la Pascua judía, así que Jesús fue a Jerusalén.
Jua 2:14 Vio que en la zona del templo había unos comerciantes que vendían ganado, ovejas y palomas para los sacrificios; vio a otros que estaban en sus mesas cambiando dinero extranjero.
Jua 2:15 Jesús se hizo un látigo con unas cuerdas y expulsó a todos del templo. Echó las ovejas y el ganado, arrojó por el suelo las monedas de los cambistas y les volteó las mesas.
Jua 2:16 Luego se dirigió a los que vendían palomas y les dijo: «Saquen todas esas cosas de aquí. ¡Dejen de convertir la casa de mi Padre en un mercado!».
Jua 2:17 Entonces sus discípulos recordaron la profecía de las Escrituras que dice: «El celo por la casa de Dios me consumirá»*.
Jua 2:18 Pero los líderes judíos exigieron: —¿Qué estás haciendo? Si Dios te dio autoridad para hacer esto, muéstranos una señal milagrosa que lo compruebe.
Jua 2:19 —De acuerdo —contestó Jesús —. Destruyan este templo y, en tres días, lo levantaré.
Jua 2:20 —¡Qué dices! —exclamaron —. Tardaron cuarenta y seis años en construir este templo, ¿y tú puedes reconstruirlo en tres días?
Jua 2:21 Pero, cuando Jesús dijo «este templo», se refería a su propio cuerpo.
Jua 2:22 Después que resucitó de los muertos, sus discípulos recordaron que había dicho esto y creyeron en las Escrituras y también en lo que Jesús había dicho.
Jua 2:23 Debido a las señales milagrosas que Jesús hizo en Jerusalén durante la celebración de la Pascua, muchos comenzaron a confiar en él.
Jua 2:24 Pero Jesús no confiaba en ellos porque conocía la naturaleza humana.
Jua 2:25 No hacía falta que nadie le dijera cómo es el ser humano.
Jua 2:13 Se acercaba la fecha de la celebración de la Pascua judía, así que Jesús fue a Jerusalén.
Jua 2:14 Vio que en la zona del templo había unos comerciantes que vendían ganado, ovejas y palomas para los sacrificios; vio a otros que estaban en sus mesas cambiando dinero extranjero.
Jua 2:15 Jesús se hizo un látigo con unas cuerdas y expulsó a todos del templo. Echó las ovejas y el ganado, arrojó por el suelo las monedas de los cambistas y les volteó las mesas.
Jua 2:16 Luego se dirigió a los que vendían palomas y les dijo: «Saquen todas esas cosas de aquí. ¡Dejen de convertir la casa de mi Padre en un mercado!».
Jua 2:17 Entonces sus discípulos recordaron la profecía de las Escrituras que dice: «El celo por la casa de Dios me consumirá»*.
Jua 2:18 Pero los líderes judíos exigieron: —¿Qué estás haciendo? Si Dios te dio autoridad para hacer esto, muéstranos una señal milagrosa que lo compruebe.
Jua 2:19 —De acuerdo —contestó Jesús —. Destruyan este templo y, en tres días, lo levantaré.
Jua 2:20 —¡Qué dices! —exclamaron —. Tardaron cuarenta y seis años en construir este templo, ¿y tú puedes reconstruirlo en tres días?
Jua 2:21 Pero, cuando Jesús dijo «este templo», se refería a su propio cuerpo.
Jua 2:22 Después que resucitó de los muertos, sus discípulos recordaron que había dicho esto y creyeron en las Escrituras y también en lo que Jesús había dicho.
Jua 2:23 Debido a las señales milagrosas que Jesús hizo en Jerusalén durante la celebración de la Pascua, muchos comenzaron a confiar en él.
Jua 2:24 Pero Jesús no confiaba en ellos porque conocía la naturaleza humana.
Jua 2:25 No hacía falta que nadie le dijera cómo es el ser humano.
SANTIAGO 3:13-18
Stg 3:13 Si ustedes son sabios y entienden los caminos de Dios, demuéstrenlo viviendo una vida honesta y haciendo buenas acciones con la humildad que proviene de la sabiduría.
Stg 3:14 Pero, si tienen envidias amargas y ambiciones egoístas en el corazón, no encubran la verdad con jactancias y mentiras.
Stg 3:15 Pues la envidia y el egoísmo no forman parte de la sabiduría que proviene de Dios. Dichas cosas son terrenales, puramente humanas y demoníacas.
Stg 3:16 Pues, donde hay envidias y ambiciones egoístas, también habrá desorden y toda clase de maldad.
Stg 3:17 Pero la sabiduría que proviene del cielo es, ante todo, pura y también ama la paz; siempre es amable y dispuesta a ceder ante los demás. Está llena de compasión y de buenas acciones. No muestra favoritismo y siempre es sincera.
Stg 3:18 Y los que procuran la paz sembrarán semillas de paz y recogerán una cosecha de justicia.*
Stg 3:14 Pero, si tienen envidias amargas y ambiciones egoístas en el corazón, no encubran la verdad con jactancias y mentiras.
Stg 3:15 Pues la envidia y el egoísmo no forman parte de la sabiduría que proviene de Dios. Dichas cosas son terrenales, puramente humanas y demoníacas.
Stg 3:16 Pues, donde hay envidias y ambiciones egoístas, también habrá desorden y toda clase de maldad.
Stg 3:17 Pero la sabiduría que proviene del cielo es, ante todo, pura y también ama la paz; siempre es amable y dispuesta a ceder ante los demás. Está llena de compasión y de buenas acciones. No muestra favoritismo y siempre es sincera.
Stg 3:18 Y los que procuran la paz sembrarán semillas de paz y recogerán una cosecha de justicia.*
ECLESIASTÉS 5
Ecl 5:1 * Cuando entres en la casa de Dios, abre los oídos y cierra la boca. El que presenta ofrendas a Dios sin pensar hace mal.
Ecl 5:2 * No hagas promesas a la ligera y no te apresures a presentar tus asuntos delante de Dios. Después de todo, Dios está en el cielo, y tú estás aquí en la tierra. Por lo tanto, que sean pocas tus palabras.
Ecl 5:3 Demasiada actividad trae pesadillas; demasiadas palabras te hacen necio.
Ecl 5:4 Cuando le hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a Dios no le agradan los necios. Cumple todas las promesas que le hagas.
Ecl 5:5 Es mejor no decir nada que hacer promesas y no cumplirlas.
Ecl 5:6 No dejes que tu boca te haga pecar, y no te defiendas ante el mensajero del templo al decir que la promesa que hiciste fue un error. Esa actitud enojaría a Dios y quizá destruya todo lo que has logrado.
Ecl 5:7 Hablar no cuesta nada, es como soñar despierto y tantas otras actividades inútiles. Tú, en cambio, teme a Dios.
Ecl 5:8 No te sorprendas si ves que un poderoso oprime a un pobre y si no se hace justicia en toda la tierra. Pues todo funcionario está bajo las órdenes de otro superior a él, y la justicia se pierde entre trámites y burocracia.
Ecl 5:9 ¡Hasta el rey saca todo lo que puede de la tierra para su propio beneficio!*
Ecl 5:10 Los que aman el dinero nunca tendrán suficiente. ¡Qué absurdo es pensar que las riquezas traen verdadera felicidad!
Ecl 5:11 Cuanto más tengas, más se te acercará la gente para ayudarte a gastarlo. Por lo tanto, ¿de qué sirven las riquezas? ¡Quizás sólo para ver cómo se escapan de las manos!
Ecl 5:12 La gente trabajadora siempre duerme bien, coma mucho o coma poco; pero los ricos rara vez tienen una buena noche de descanso.
Ecl 5:13 He notado otro gran problema bajo el sol: acaparar riquezas perjudica al que ahorra.
Ecl 5:14 Se invierte dinero en negocios arriesgados que fracasan, y entonces todo se pierde. A fin de cuentas, no queda nada para dejarles a los hijos.
Ecl 5:15 Todos llegamos al final de nuestra vida tal como estábamos el día que nacimos: desnudos y con las manos vacías. No podemos llevarnos las riquezas al morir.
Ecl 5:16 Esto es otro problema muy serio: las personas no se van de este mundo mejor de lo que llegaron. Todo su esfuerzo es en vano, como si trabajaran para el viento.
Ecl 5:17 Viven toda su vida bajo una carga pesada: con enojo, frustración y desánimo.
Ecl 5:18 Aun así, he notado al menos una cosa positiva. Es bueno que la gente coma, beba y disfrute del trabajo que hace bajo el sol durante el corto tiempo de vida que Dios le concedió, y que acepte su destino.
Ecl 5:19 También es algo bueno recibir riquezas de parte de Dios y la buena salud para disfrutarlas. Disfrutar del trabajo y aceptar lo que depara la vida son verdaderos regalos de Dios.
Ecl 5:20 A esas personas Dios las mantiene tan ocupadas en disfrutar de la vida que no pasan tiempo rumiando el pasado.
Ecl 5:2 * No hagas promesas a la ligera y no te apresures a presentar tus asuntos delante de Dios. Después de todo, Dios está en el cielo, y tú estás aquí en la tierra. Por lo tanto, que sean pocas tus palabras.
Ecl 5:3 Demasiada actividad trae pesadillas; demasiadas palabras te hacen necio.
Ecl 5:4 Cuando le hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a Dios no le agradan los necios. Cumple todas las promesas que le hagas.
Ecl 5:5 Es mejor no decir nada que hacer promesas y no cumplirlas.
Ecl 5:6 No dejes que tu boca te haga pecar, y no te defiendas ante el mensajero del templo al decir que la promesa que hiciste fue un error. Esa actitud enojaría a Dios y quizá destruya todo lo que has logrado.
Ecl 5:7 Hablar no cuesta nada, es como soñar despierto y tantas otras actividades inútiles. Tú, en cambio, teme a Dios.
Ecl 5:8 No te sorprendas si ves que un poderoso oprime a un pobre y si no se hace justicia en toda la tierra. Pues todo funcionario está bajo las órdenes de otro superior a él, y la justicia se pierde entre trámites y burocracia.
Ecl 5:9 ¡Hasta el rey saca todo lo que puede de la tierra para su propio beneficio!*
Ecl 5:10 Los que aman el dinero nunca tendrán suficiente. ¡Qué absurdo es pensar que las riquezas traen verdadera felicidad!
Ecl 5:11 Cuanto más tengas, más se te acercará la gente para ayudarte a gastarlo. Por lo tanto, ¿de qué sirven las riquezas? ¡Quizás sólo para ver cómo se escapan de las manos!
Ecl 5:12 La gente trabajadora siempre duerme bien, coma mucho o coma poco; pero los ricos rara vez tienen una buena noche de descanso.
Ecl 5:13 He notado otro gran problema bajo el sol: acaparar riquezas perjudica al que ahorra.
Ecl 5:14 Se invierte dinero en negocios arriesgados que fracasan, y entonces todo se pierde. A fin de cuentas, no queda nada para dejarles a los hijos.
Ecl 5:15 Todos llegamos al final de nuestra vida tal como estábamos el día que nacimos: desnudos y con las manos vacías. No podemos llevarnos las riquezas al morir.
Ecl 5:16 Esto es otro problema muy serio: las personas no se van de este mundo mejor de lo que llegaron. Todo su esfuerzo es en vano, como si trabajaran para el viento.
Ecl 5:17 Viven toda su vida bajo una carga pesada: con enojo, frustración y desánimo.
Ecl 5:18 Aun así, he notado al menos una cosa positiva. Es bueno que la gente coma, beba y disfrute del trabajo que hace bajo el sol durante el corto tiempo de vida que Dios le concedió, y que acepte su destino.
Ecl 5:19 También es algo bueno recibir riquezas de parte de Dios y la buena salud para disfrutarlas. Disfrutar del trabajo y aceptar lo que depara la vida son verdaderos regalos de Dios.
Ecl 5:20 A esas personas Dios las mantiene tan ocupadas en disfrutar de la vida que no pasan tiempo rumiando el pasado.
LECTURA PARA LA NOCHE
JEREMÍAS 14-15
Jer 14:1 Jeremías recibió este mensaje del SEÑOR que explica por qué detuvo la lluvia:
Jer 14:2 «Judá desfallece; el comercio a las puertas de la ciudad se estanca. Todo el pueblo se sienta en el suelo porque está de luto, y surge un gran clamor de Jerusalén.
Jer 14:3 Los nobles envían a sus sirvientes a buscar agua pero los pozos están secos. Confundidos y desesperados, los siervos regresan con sus cántaros vacíos, y con sus cabezas cubiertas en señal de dolor.
Jer 14:4 El suelo está reseco y agrietado por falta de lluvia. Los agricultores están profundamente angustiados; ellos también se cubren la cabeza.
Jer 14:5 Aun la cierva abandona su cría porque no hay pasto en el campo.
Jer 14:6 Los burros salvajes se paran sobre las lomas desiertas jadeando como chacales sedientos. Fuerzan la vista en busca de hierba, pero no la hay por ninguna parte».
Jer 14:7 Le gente dice: «Nuestra maldad nos alcanzó, SEÑOR, pero ayúdanos por el honor de tu propia fama. Nos alejamos de ti y pecamos contra ti una y otra vez.
Jer 14:8 Oh, Esperanza de Israel, nuestro Salvador en tiempos de aflicción, ¿por qué eres como un desconocido? ¿Por qué eres como un viajero que pasa por la tierra y se detiene sólo para pasar la noche?
Jer 14:9 ¿Estás confundido también? ¿Es nuestro guerrero valiente incapaz de salvarnos? SEÑOR, tú estás aquí entre nosotros y somos conocidos como pueblo tuyo. ¡Por favor, no nos abandones ahora!».
Jer 14:10 Así que el SEÑOR dice a su pueblo: «A ustedes les encanta andar lejos de mí y no se han contenido. Por lo tanto no los aceptaré más como mi pueblo; ahora les recordaré todas sus maldades y los castigaré por sus pecados».
Jer 14:11 Luego el SEÑOR me dijo: —Ya no ores más por este pueblo.
Jer 14:12 Cuando ellos ayunen no les prestaré atención. Cuando me presenten sus ofrendas quemadas y las ofrendas de grano, no las aceptaré. En cambio, los devoraré con guerra, hambre y enfermedad.
Jer 14:13 Luego dije: —Oh Soberano SEÑOR, sus profetas les dicen: “Todo está bien, no vendrá guerra ni hambre. El SEÑOR ciertamente les enviará paz”.
Jer 14:14 Entonces el SEÑOR dijo: —Esos profetas dicen mentiras en mi nombre. Yo no los envié ni les dije que hablaran. No les transmití ningún mensaje. Ellos profetizan visiones y revelaciones que nunca han visto ni oído. Hablan necedades, producto de su propio corazón mentiroso.
Jer 14:15 Por lo tanto, esto dice el SEÑOR: yo castigaré a esos profetas mentirosos, porque han hablado en mi nombre a pesar de que no los envié. Dicen que no vendrá guerra ni hambre, ¡pero ellos mismos morirán en la guerra y morirán de hambre!
Jer 14:16 En cuanto a aquellos a quienes profetizan, sus cadáveres serán arrojados en las calles de Jerusalén, víctimas del hambre y de la guerra. No quedará nadie para enterrarlos. Se habrán ido todos: esposos, esposas, hijos e hijas. Pues derramaré sobre ellos su propia maldad.
Jer 14:17 Ahora bien, Jeremías, diles esto: »“Mis ojos derraman lágrimas día y noche. No puedo dejar de llorar porque mi hija virgen —mi pueblo precioso— ha sido derribada y yace herida de muerte.
Jer 14:18 Si salgo al campo, veo los cuerpos masacrados por el enemigo. Si camino por las calles de la ciudad veo gente muerta por el hambre. Los profetas y los sacerdotes continúan con su trabajo pero no saben lo que hacen”.
Jer 14:19 SEÑOR, ¿has rechazado por completo a Judá? ¿Verdaderamente odias a Jerusalén?* ¿Por qué nos has herido sin la menor esperanza de recuperarnos? Esperábamos paz, pero la paz no llegó; esperábamos un tiempo de sanidad, pero sólo encontramos terror.
Jer 14:20 SEÑOR, confesamos nuestra maldad y también la de nuestros antepasados; todos hemos pecado contra ti.
Jer 14:21 Por el honor de tu fama, SEÑOR, no nos abandones; no deshonres tu propio trono glorioso. Por favor, recuérdanos, y no rompas tu pacto con nosotros.
Jer 14:22 ¿Puede alguno de los inútiles dioses ajenos enviarnos lluvia? ¿O acaso cae del cielo por sí misma? No, tú eres el único, ¡oh SEÑOR nuestro Dios! Sólo tú puedes hacer tales cosas. Entonces esperaremos que nos ayudes.
Jer 15:1 Luego el SEÑOR me dijo: «Aun si Moisés y Samuel se presentaran delante de mí para rogarme por este pueblo, no lo ayudaría. ¡Fuera con ellos! ¡Quítenlos de mi vista!
Jer 15:2 Y si te dijeren: “¿Pero adónde podemos ir?”, diles: “Esto dice el SEÑOR: »‘Los que están destinados a la muerte, a la muerte; los destinados a la guerra, a la guerra; los destinados al hambre, al hambre; los destinados al cautiverio, al cautiverio’ ”.
Jer 15:3 »Enviaré contra ellos cuatro clases de destructores —dice el SEÑOR—. Enviaré la espada para matar, los perros para arrastrar, los buitres para devorar y los animales salvajes para acabar con lo que haya quedado.
Jer 15:4 Debido a las cosas perversas que Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, hizo en Jerusalén, haré a mi pueblo objeto de horror para todos los reinos de la tierra.
Jer 15:5 »¿Quién tendrá compasión de ti, Jerusalén? ¿Quién llorará por ti? ¿Quién se tomará la molestia de preguntar cómo estás?
Jer 15:6 Tú me has abandonado y me has dado la espalda —dice el SEÑOR—. Por eso, levantaré mi puño para destruirte. Estoy cansado de darte siempre otra oportunidad.
Jer 15:7 Te aventaré como el grano a las puertas de las ciudades y te quitaré tus hijos que tanto quieres. Destruiré a mi propio pueblo, porque rehusó cambiar sus malos caminos.
Jer 15:8 Habrá más viudas que granos de arena a la orilla del mar. Traeré al destructor al mediodía contra las madres de los jóvenes. Súbitamente haré que caiga sobre ellas la angustia y el terror.
Jer 15:9 La madre de siete hijos se debilita y lucha por respirar; su sol se puso mientras todavía es de día. Ahora queda sin hijos, avergonzada y humillada. A los que quedaron, los entregaré para que sus enemigos los maten. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!».
Jer 15:10 Luego dije: —Qué aflicción tengo, madre mía. ¡Oh, si hubiera muerto al nacer! En todas partes me odian. No soy un acreedor que pretende cobrar ni un deudor que se niega a pagar; aun así todos me maldicen.
Jer 15:11 El SEÑOR respondió: —Yo cuidaré de ti, Jeremías; tus enemigos te pedirán que ruegues a su favor en tiempos de aflicción y angustia.
Jer 15:12 ¿Puede un hombre quebrar una barra de hierro que proviene del norte o una barra de bronce?
Jer 15:13 Sin que a ellos les cueste nada, entregaré tus riquezas y tesoros a tus enemigos como botín, porque el pecado corre desenfrenado en tu tierra.
Jer 15:14 Les diré a tus enemigos que te lleven cautivo a una tierra extranjera. Pues mi enojo arde como un fuego que quemará para siempre.*
Jer 15:15 Luego dije: —SEÑOR, tú sabes lo que me sucede. Por favor, ayúdame. ¡Castiga a mis perseguidores! Por favor, dame más tiempo; no dejes que muera joven. Es por tu causa que sufro.
Jer 15:16 Cuando descubrí tus palabras las devoré; son mi gozo y la delicia de mi corazón, porque yo llevo tu nombre, oh SEÑOR Dios de los Ejércitos Celestiales.
Jer 15:17 Nunca me uní a la gente en sus alegres banquetes. Me senté a solas porque tu mano estaba sobre mí y me llené de indignación ante sus pecados.
Jer 15:18 ¿Por qué, entonces, continúa mi sufrimiento? ¿Por qué es incurable mi herida? Tu ayuda parece tan incierta como el arroyo estacional, como un manantial que se ha secado.
Jer 15:19 Esto responde el SEÑOR: —Si regresas a mí te restauraré para que puedas continuar sirviéndome. Si hablas palabras beneficiosas en vez de palabras despreciables, serás mi vocero. Tienes que influir en ellos; ¡no dejes que ellos influyan en ti!
Jer 15:20 Pelearán contra ti como un ejército en ataque, pero yo te haré tan seguro como una pared de bronce fortificada. Ellos no te conquistarán, porque estoy contigo para protegerte y rescatarte. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!
Jer 15:21 Sí, te mantendré a salvo de estos hombres malvados; te rescataré de sus manos crueles.
Jer 14:2 «Judá desfallece; el comercio a las puertas de la ciudad se estanca. Todo el pueblo se sienta en el suelo porque está de luto, y surge un gran clamor de Jerusalén.
Jer 14:3 Los nobles envían a sus sirvientes a buscar agua pero los pozos están secos. Confundidos y desesperados, los siervos regresan con sus cántaros vacíos, y con sus cabezas cubiertas en señal de dolor.
Jer 14:4 El suelo está reseco y agrietado por falta de lluvia. Los agricultores están profundamente angustiados; ellos también se cubren la cabeza.
Jer 14:5 Aun la cierva abandona su cría porque no hay pasto en el campo.
Jer 14:6 Los burros salvajes se paran sobre las lomas desiertas jadeando como chacales sedientos. Fuerzan la vista en busca de hierba, pero no la hay por ninguna parte».
Jer 14:7 Le gente dice: «Nuestra maldad nos alcanzó, SEÑOR, pero ayúdanos por el honor de tu propia fama. Nos alejamos de ti y pecamos contra ti una y otra vez.
Jer 14:8 Oh, Esperanza de Israel, nuestro Salvador en tiempos de aflicción, ¿por qué eres como un desconocido? ¿Por qué eres como un viajero que pasa por la tierra y se detiene sólo para pasar la noche?
Jer 14:9 ¿Estás confundido también? ¿Es nuestro guerrero valiente incapaz de salvarnos? SEÑOR, tú estás aquí entre nosotros y somos conocidos como pueblo tuyo. ¡Por favor, no nos abandones ahora!».
Jer 14:10 Así que el SEÑOR dice a su pueblo: «A ustedes les encanta andar lejos de mí y no se han contenido. Por lo tanto no los aceptaré más como mi pueblo; ahora les recordaré todas sus maldades y los castigaré por sus pecados».
Jer 14:11 Luego el SEÑOR me dijo: —Ya no ores más por este pueblo.
Jer 14:12 Cuando ellos ayunen no les prestaré atención. Cuando me presenten sus ofrendas quemadas y las ofrendas de grano, no las aceptaré. En cambio, los devoraré con guerra, hambre y enfermedad.
Jer 14:13 Luego dije: —Oh Soberano SEÑOR, sus profetas les dicen: “Todo está bien, no vendrá guerra ni hambre. El SEÑOR ciertamente les enviará paz”.
Jer 14:14 Entonces el SEÑOR dijo: —Esos profetas dicen mentiras en mi nombre. Yo no los envié ni les dije que hablaran. No les transmití ningún mensaje. Ellos profetizan visiones y revelaciones que nunca han visto ni oído. Hablan necedades, producto de su propio corazón mentiroso.
Jer 14:15 Por lo tanto, esto dice el SEÑOR: yo castigaré a esos profetas mentirosos, porque han hablado en mi nombre a pesar de que no los envié. Dicen que no vendrá guerra ni hambre, ¡pero ellos mismos morirán en la guerra y morirán de hambre!
Jer 14:16 En cuanto a aquellos a quienes profetizan, sus cadáveres serán arrojados en las calles de Jerusalén, víctimas del hambre y de la guerra. No quedará nadie para enterrarlos. Se habrán ido todos: esposos, esposas, hijos e hijas. Pues derramaré sobre ellos su propia maldad.
Jer 14:17 Ahora bien, Jeremías, diles esto: »“Mis ojos derraman lágrimas día y noche. No puedo dejar de llorar porque mi hija virgen —mi pueblo precioso— ha sido derribada y yace herida de muerte.
Jer 14:18 Si salgo al campo, veo los cuerpos masacrados por el enemigo. Si camino por las calles de la ciudad veo gente muerta por el hambre. Los profetas y los sacerdotes continúan con su trabajo pero no saben lo que hacen”.
Jer 14:19 SEÑOR, ¿has rechazado por completo a Judá? ¿Verdaderamente odias a Jerusalén?* ¿Por qué nos has herido sin la menor esperanza de recuperarnos? Esperábamos paz, pero la paz no llegó; esperábamos un tiempo de sanidad, pero sólo encontramos terror.
Jer 14:20 SEÑOR, confesamos nuestra maldad y también la de nuestros antepasados; todos hemos pecado contra ti.
Jer 14:21 Por el honor de tu fama, SEÑOR, no nos abandones; no deshonres tu propio trono glorioso. Por favor, recuérdanos, y no rompas tu pacto con nosotros.
Jer 14:22 ¿Puede alguno de los inútiles dioses ajenos enviarnos lluvia? ¿O acaso cae del cielo por sí misma? No, tú eres el único, ¡oh SEÑOR nuestro Dios! Sólo tú puedes hacer tales cosas. Entonces esperaremos que nos ayudes.
Jer 15:1 Luego el SEÑOR me dijo: «Aun si Moisés y Samuel se presentaran delante de mí para rogarme por este pueblo, no lo ayudaría. ¡Fuera con ellos! ¡Quítenlos de mi vista!
Jer 15:2 Y si te dijeren: “¿Pero adónde podemos ir?”, diles: “Esto dice el SEÑOR: »‘Los que están destinados a la muerte, a la muerte; los destinados a la guerra, a la guerra; los destinados al hambre, al hambre; los destinados al cautiverio, al cautiverio’ ”.
Jer 15:3 »Enviaré contra ellos cuatro clases de destructores —dice el SEÑOR—. Enviaré la espada para matar, los perros para arrastrar, los buitres para devorar y los animales salvajes para acabar con lo que haya quedado.
Jer 15:4 Debido a las cosas perversas que Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, hizo en Jerusalén, haré a mi pueblo objeto de horror para todos los reinos de la tierra.
Jer 15:5 »¿Quién tendrá compasión de ti, Jerusalén? ¿Quién llorará por ti? ¿Quién se tomará la molestia de preguntar cómo estás?
Jer 15:6 Tú me has abandonado y me has dado la espalda —dice el SEÑOR—. Por eso, levantaré mi puño para destruirte. Estoy cansado de darte siempre otra oportunidad.
Jer 15:7 Te aventaré como el grano a las puertas de las ciudades y te quitaré tus hijos que tanto quieres. Destruiré a mi propio pueblo, porque rehusó cambiar sus malos caminos.
Jer 15:8 Habrá más viudas que granos de arena a la orilla del mar. Traeré al destructor al mediodía contra las madres de los jóvenes. Súbitamente haré que caiga sobre ellas la angustia y el terror.
Jer 15:9 La madre de siete hijos se debilita y lucha por respirar; su sol se puso mientras todavía es de día. Ahora queda sin hijos, avergonzada y humillada. A los que quedaron, los entregaré para que sus enemigos los maten. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!».
Jer 15:10 Luego dije: —Qué aflicción tengo, madre mía. ¡Oh, si hubiera muerto al nacer! En todas partes me odian. No soy un acreedor que pretende cobrar ni un deudor que se niega a pagar; aun así todos me maldicen.
Jer 15:11 El SEÑOR respondió: —Yo cuidaré de ti, Jeremías; tus enemigos te pedirán que ruegues a su favor en tiempos de aflicción y angustia.
Jer 15:12 ¿Puede un hombre quebrar una barra de hierro que proviene del norte o una barra de bronce?
Jer 15:13 Sin que a ellos les cueste nada, entregaré tus riquezas y tesoros a tus enemigos como botín, porque el pecado corre desenfrenado en tu tierra.
Jer 15:14 Les diré a tus enemigos que te lleven cautivo a una tierra extranjera. Pues mi enojo arde como un fuego que quemará para siempre.*
Jer 15:15 Luego dije: —SEÑOR, tú sabes lo que me sucede. Por favor, ayúdame. ¡Castiga a mis perseguidores! Por favor, dame más tiempo; no dejes que muera joven. Es por tu causa que sufro.
Jer 15:16 Cuando descubrí tus palabras las devoré; son mi gozo y la delicia de mi corazón, porque yo llevo tu nombre, oh SEÑOR Dios de los Ejércitos Celestiales.
Jer 15:17 Nunca me uní a la gente en sus alegres banquetes. Me senté a solas porque tu mano estaba sobre mí y me llené de indignación ante sus pecados.
Jer 15:18 ¿Por qué, entonces, continúa mi sufrimiento? ¿Por qué es incurable mi herida? Tu ayuda parece tan incierta como el arroyo estacional, como un manantial que se ha secado.
Jer 15:19 Esto responde el SEÑOR: —Si regresas a mí te restauraré para que puedas continuar sirviéndome. Si hablas palabras beneficiosas en vez de palabras despreciables, serás mi vocero. Tienes que influir en ellos; ¡no dejes que ellos influyan en ti!
Jer 15:20 Pelearán contra ti como un ejército en ataque, pero yo te haré tan seguro como una pared de bronce fortificada. Ellos no te conquistarán, porque estoy contigo para protegerte y rescatarte. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!
Jer 15:21 Sí, te mantendré a salvo de estos hombres malvados; te rescataré de sus manos crueles.
viernes, 8 de junio de 2018
LECTURA BÍBLICA 8 DE JUNIO
LECTURA PARA LA MAÑANA
LUCAS 2:41-52
Luc 2:41 Cada año, los padres de Jesús iban a Jerusalén para el festival de la Pascua.
Luc 2:42 Cuando Jesús tenía doce años, asistieron al festival como siempre.
Luc 2:43 Una vez terminada la celebración, emprendieron el regreso a Nazaret, pero Jesús se quedó en Jerusalén. Al principio, sus padres no se dieron cuenta,
Luc 2:44 porque creyeron que estaba entre los otros viajeros. Pero, cuando se hizo de noche y no aparecía, comenzaron a buscarlo entre sus parientes y amigos.
Luc 2:45 Como no pudieron encontrarlo, regresaron a Jerusalén para buscarlo allí.
Luc 2:46 Tres días después, por fin lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros religiosos, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
Luc 2:47 Todos los que lo oían quedaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas.
Luc 2:48 Sus padres no sabían qué pensar. —Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? —le dijo su madre —. Tu padre y yo hemos estado desesperados buscándote por todas partes.
Luc 2:49 —¿Pero por qué tuvieron que buscarme? —les preguntó —. ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?*
Luc 2:50 Pero ellos no entendieron lo que les quiso decir.
Luc 2:51 Luego regresó con sus padres a Nazaret, y vivió en obediencia a ellos. Y su madre guardó todas esas cosas en el corazón.
Luc 2:52 Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en el favor de Dios y de toda la gente.
Luc 2:42 Cuando Jesús tenía doce años, asistieron al festival como siempre.
Luc 2:43 Una vez terminada la celebración, emprendieron el regreso a Nazaret, pero Jesús se quedó en Jerusalén. Al principio, sus padres no se dieron cuenta,
Luc 2:44 porque creyeron que estaba entre los otros viajeros. Pero, cuando se hizo de noche y no aparecía, comenzaron a buscarlo entre sus parientes y amigos.
Luc 2:45 Como no pudieron encontrarlo, regresaron a Jerusalén para buscarlo allí.
Luc 2:46 Tres días después, por fin lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros religiosos, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
Luc 2:47 Todos los que lo oían quedaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas.
Luc 2:48 Sus padres no sabían qué pensar. —Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? —le dijo su madre —. Tu padre y yo hemos estado desesperados buscándote por todas partes.
Luc 2:49 —¿Pero por qué tuvieron que buscarme? —les preguntó —. ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?*
Luc 2:50 Pero ellos no entendieron lo que les quiso decir.
Luc 2:51 Luego regresó con sus padres a Nazaret, y vivió en obediencia a ellos. Y su madre guardó todas esas cosas en el corazón.
Luc 2:52 Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en el favor de Dios y de toda la gente.
EFESIOS 4:17-24
Efe 4:17 Con la autoridad del Señor digo lo siguiente: ya no vivan como los que no conocen a Dios,* porque ellos están irremediablemente confundidos.
Efe 4:18 Tienen la mente llena de oscuridad; vagan lejos de la vida que Dios ofrece, porque cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia él.
Efe 4:19 Han perdido la vergüenza. Viven para los placeres sensuales y practican con gusto toda clase de impureza.
Efe 4:20 Pero eso no es lo que ustedes aprendieron acerca de Cristo.
Efe 4:21 Ya que han oído sobre Jesús y han conocido la verdad que procede de él,
Efe 4:22 desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño.
Efe 4:23 Y, en cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes.
Efe 4:24 Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.
Efe 4:18 Tienen la mente llena de oscuridad; vagan lejos de la vida que Dios ofrece, porque cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia él.
Efe 4:19 Han perdido la vergüenza. Viven para los placeres sensuales y practican con gusto toda clase de impureza.
Efe 4:20 Pero eso no es lo que ustedes aprendieron acerca de Cristo.
Efe 4:21 Ya que han oído sobre Jesús y han conocido la verdad que procede de él,
Efe 4:22 desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño.
Efe 4:23 Y, en cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes.
Efe 4:24 Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.
SALMO 119:57-64
Sal 119:57
Jet
¡SEÑOR, eres mío! ¡Prometo obedecer tus palabras!
Sal 119:58 Deseo tus bendiciones con todo el corazón; ten misericordia, como lo prometiste.
Sal 119:59 Consideré el rumbo de mi vida y decidí volver a tus leyes.
Sal 119:60 Me apresuraré sin demora a obedecer tus mandatos.
Sal 119:61 Gente malvada trata de arrastrarme al pecado, pero estoy firmemente anclado a tus enseñanzas.
Sal 119:62 Me levanto a medianoche para agradecerte por tus justas ordenanzas.
Sal 119:63 Soy amigo de todo el que te teme, de todo el que obedece tus mandamientos.
Sal 119:64 Oh SEÑOR, tu amor inagotable llena la tierra; enséñame tus decretos.
Jet
¡SEÑOR, eres mío! ¡Prometo obedecer tus palabras!
Sal 119:58 Deseo tus bendiciones con todo el corazón; ten misericordia, como lo prometiste.
Sal 119:59 Consideré el rumbo de mi vida y decidí volver a tus leyes.
Sal 119:60 Me apresuraré sin demora a obedecer tus mandatos.
Sal 119:61 Gente malvada trata de arrastrarme al pecado, pero estoy firmemente anclado a tus enseñanzas.
Sal 119:62 Me levanto a medianoche para agradecerte por tus justas ordenanzas.
Sal 119:63 Soy amigo de todo el que te teme, de todo el que obedece tus mandamientos.
Sal 119:64 Oh SEÑOR, tu amor inagotable llena la tierra; enséñame tus decretos.
LECTURA PARA LA NOCHE
1 REYES 12
1Re 12:1 Roboam fue a Siquem, donde todo Israel se había reunido para proclamarlo rey.
1Re 12:2 Cuando Jeroboam, hijo de Nabat, se enteró de esto regresó de Egipto,* donde había huido para escapar del rey Salomón.
1Re 12:3 Entonces los líderes de Israel mandaron a llamar a Jeroboam, y él junto con toda la asamblea de Israel fueron a hablar con Roboam.
1Re 12:4 —Su padre fue un amo muy duro —le dijeron—. Alivie los trabajos tan pesados y los impuestos tan altos que su padre impuso sobre nosotros. Entonces seremos sus leales súbditos.
1Re 12:5 Roboam les respondió: —Denme tres días para pensarlo; luego regresen y les daré una respuesta. Entonces el pueblo se retiró.
1Re 12:6 Después el rey Roboam consultó el asunto con los ancianos que habían sido consejeros de su padre Salomón. —¿Qué me aconsejan ustedes? —les preguntó—. ¿Cómo debo responder a este pueblo?
1Re 12:7 Los consejeros ancianos contestaron: —Si hoy se pone al servicio de este pueblo y les da una respuesta favorable, ellos siempre serán sus leales súbditos.
1Re 12:8 Sin embargo, Roboam rechazó el consejo de los ancianos y pidió, en cambio, la opinión de los jóvenes que se habían criado con él y que ahora eran sus consejeros.
1Re 12:9 —¿Qué me aconsejan ustedes? —les preguntó—. ¿Cómo debo responder a esta gente que me pide que alivie las cargas que impuso mi padre?
1Re 12:10 Los jóvenes contestaron: —Así debería responder a esos que se quejan de todo y que quieren una carga más liviana: “¡Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre!
1Re 12:11 Es cierto que mi padre les impuso cargas pesadas, ¡pero yo las haré aún más pesadas! ¡Mi padre los golpeaba con látigos, pero yo los azotaré con escorpiones!”.
1Re 12:12 Tres días después, Jeroboam y toda la gente regresaron para conocer la decisión de Roboam, tal como el rey había ordenado.
1Re 12:13 Entonces Roboam habló con dureza al pueblo porque rechazó el consejo de los ancianos
1Re 12:14 y siguió el consejo de los más jóvenes. Así que le dijo al pueblo: «Mi padre les impuso cargas pesadas, ¡pero yo las haré aún más pesadas! Mi padre los golpeaba con látigos, ¡pero yo los azotaré con escorpiones!».
1Re 12:15 Por lo tanto, el rey no prestó atención al pueblo. Este giro en la historia ocurrió por voluntad del SEÑOR, porque cumplía el mensaje que el SEÑOR le había dado a Jeroboam, hijo de Nabat, por medio del profeta Ahías de Silo.
1Re 12:16 Cuando todos los israelitas se dieron cuenta de que el rey no iba a hacerles caso, respondieron: «¡Abajo la dinastía de David! No nos interesa para nada el hijo de Isaí. ¡Regresa a tu casa, Israel! Y tú, David, ¡cuida de tu propia casa!». Entonces el pueblo de Israel regresó a casa;
1Re 12:17 pero Roboam siguió gobernando a los israelitas que vivían en las ciudades de Judá.
1Re 12:18 Luego el rey Roboam envió a Adoniram,* quien estaba a cargo de los trabajadores, a restaurar el orden, pero el pueblo de Israel lo apedreó a muerte. Cuando el rey Roboam se enteró, enseguida subió a su carro de guerra y huyó a Jerusalén.
1Re 12:19 Hasta el día de hoy, las tribus del norte de Israel se han negado a ser gobernadas por un descendiente de David.
1Re 12:20 Cuando los israelitas supieron que Jeroboam había regresado de Egipto, convocaron una asamblea y lo nombraron rey de todo Israel. Así que sólo la tribu de Judá permaneció fiel a la familia de David.
1Re 12:21 Cuando Roboam llegó a Jerusalén, movilizó a los hombres de Judá y a la tribu de Benjamín —ciento ochenta mil guerreros selectos— para pelear contra los hombres de Israel y recuperar el reino.
1Re 12:22 Ahora bien, Dios le dijo a Semaías, hombre de Dios:
1Re 12:23 «Dile a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y también a toda la gente de Judá y de Benjamín y a todo el resto del pueblo:
1Re 12:24 “Esto dice el SEÑOR: ‘No peleen contra sus parientes, los israelitas. ¡Regrese cada uno a su casa, porque lo que ha sucedido es obra mía!’ ”». Entonces ellos obedecieron el mensaje del SEÑOR y cada uno volvió a su casa, tal como el SEÑOR había ordenado.
1Re 12:25 Jeroboam fortificó la ciudad de Siquem, en la región montañosa de Efraín, la que llegó a ser su capital. Tiempo después, también fortificó la ciudad de Peniel.*
1Re 12:26 Jeroboam pensó: «Si no tengo cuidado, el reino volverá a la dinastía de David.
1Re 12:27 Cuando este pueblo vaya a Jerusalén para ofrecer sacrificios en el templo del SEÑOR, ellos volverán a ser leales al rey Roboam de Judá; a mí me matarán y a él lo nombrarán rey en mi lugar».
1Re 12:28 Entonces, siguiendo la recomendación de sus consejeros, el rey hizo dos becerros de oro. Después dijo a la gente:* «Para ustedes es muy complicado ir hasta Jerusalén a adorar. Miren, israelitas, ¡estos son los dioses que los sacaron de Egipto!».
1Re 12:29 Jeroboam colocó uno de los ídolos con forma de becerro en Betel y al otro lo puso en Dan, es decir, en ambos extremos de su reino.
1Re 12:30 Esto llegó a ser un gran pecado, porque la gente rendía culto a ídolos y viajaba hasta Dan, al norte, para rendir culto al becerro que estaba allí.
1Re 12:31 Además, Jeroboam construyó edificios en el mismo sitio de los santuarios paganos y consagró sacerdotes de entre la gente común, es decir, personas que no pertenecían a la tribu sacerdotal de Leví.
1Re 12:32 También instituyó un festival religioso en Betel, que se celebraba el día quince del octavo mes,* y que era una imitación del Festival de las Enramadas en Judá. Allí, en Betel, Jeroboam ofrecía sacrificios a los becerros que había hecho, y nombró sacerdotes para los santuarios paganos que había construido.
1Re 12:33 Así que el día quince del octavo mes, una fecha que él mismo había designado, Jeroboam ofreció sacrificios sobre el altar de Betel. Él instituyó un festival religioso para Israel y subió al altar a quemar incienso.
1Re 12:2 Cuando Jeroboam, hijo de Nabat, se enteró de esto regresó de Egipto,* donde había huido para escapar del rey Salomón.
1Re 12:3 Entonces los líderes de Israel mandaron a llamar a Jeroboam, y él junto con toda la asamblea de Israel fueron a hablar con Roboam.
1Re 12:4 —Su padre fue un amo muy duro —le dijeron—. Alivie los trabajos tan pesados y los impuestos tan altos que su padre impuso sobre nosotros. Entonces seremos sus leales súbditos.
1Re 12:5 Roboam les respondió: —Denme tres días para pensarlo; luego regresen y les daré una respuesta. Entonces el pueblo se retiró.
1Re 12:6 Después el rey Roboam consultó el asunto con los ancianos que habían sido consejeros de su padre Salomón. —¿Qué me aconsejan ustedes? —les preguntó—. ¿Cómo debo responder a este pueblo?
1Re 12:7 Los consejeros ancianos contestaron: —Si hoy se pone al servicio de este pueblo y les da una respuesta favorable, ellos siempre serán sus leales súbditos.
1Re 12:8 Sin embargo, Roboam rechazó el consejo de los ancianos y pidió, en cambio, la opinión de los jóvenes que se habían criado con él y que ahora eran sus consejeros.
1Re 12:9 —¿Qué me aconsejan ustedes? —les preguntó—. ¿Cómo debo responder a esta gente que me pide que alivie las cargas que impuso mi padre?
1Re 12:10 Los jóvenes contestaron: —Así debería responder a esos que se quejan de todo y que quieren una carga más liviana: “¡Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre!
1Re 12:11 Es cierto que mi padre les impuso cargas pesadas, ¡pero yo las haré aún más pesadas! ¡Mi padre los golpeaba con látigos, pero yo los azotaré con escorpiones!”.
1Re 12:12 Tres días después, Jeroboam y toda la gente regresaron para conocer la decisión de Roboam, tal como el rey había ordenado.
1Re 12:13 Entonces Roboam habló con dureza al pueblo porque rechazó el consejo de los ancianos
1Re 12:14 y siguió el consejo de los más jóvenes. Así que le dijo al pueblo: «Mi padre les impuso cargas pesadas, ¡pero yo las haré aún más pesadas! Mi padre los golpeaba con látigos, ¡pero yo los azotaré con escorpiones!».
1Re 12:15 Por lo tanto, el rey no prestó atención al pueblo. Este giro en la historia ocurrió por voluntad del SEÑOR, porque cumplía el mensaje que el SEÑOR le había dado a Jeroboam, hijo de Nabat, por medio del profeta Ahías de Silo.
1Re 12:16 Cuando todos los israelitas se dieron cuenta de que el rey no iba a hacerles caso, respondieron: «¡Abajo la dinastía de David! No nos interesa para nada el hijo de Isaí. ¡Regresa a tu casa, Israel! Y tú, David, ¡cuida de tu propia casa!». Entonces el pueblo de Israel regresó a casa;
1Re 12:17 pero Roboam siguió gobernando a los israelitas que vivían en las ciudades de Judá.
1Re 12:18 Luego el rey Roboam envió a Adoniram,* quien estaba a cargo de los trabajadores, a restaurar el orden, pero el pueblo de Israel lo apedreó a muerte. Cuando el rey Roboam se enteró, enseguida subió a su carro de guerra y huyó a Jerusalén.
1Re 12:19 Hasta el día de hoy, las tribus del norte de Israel se han negado a ser gobernadas por un descendiente de David.
1Re 12:20 Cuando los israelitas supieron que Jeroboam había regresado de Egipto, convocaron una asamblea y lo nombraron rey de todo Israel. Así que sólo la tribu de Judá permaneció fiel a la familia de David.
1Re 12:21 Cuando Roboam llegó a Jerusalén, movilizó a los hombres de Judá y a la tribu de Benjamín —ciento ochenta mil guerreros selectos— para pelear contra los hombres de Israel y recuperar el reino.
1Re 12:22 Ahora bien, Dios le dijo a Semaías, hombre de Dios:
1Re 12:23 «Dile a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y también a toda la gente de Judá y de Benjamín y a todo el resto del pueblo:
1Re 12:24 “Esto dice el SEÑOR: ‘No peleen contra sus parientes, los israelitas. ¡Regrese cada uno a su casa, porque lo que ha sucedido es obra mía!’ ”». Entonces ellos obedecieron el mensaje del SEÑOR y cada uno volvió a su casa, tal como el SEÑOR había ordenado.
1Re 12:25 Jeroboam fortificó la ciudad de Siquem, en la región montañosa de Efraín, la que llegó a ser su capital. Tiempo después, también fortificó la ciudad de Peniel.*
1Re 12:26 Jeroboam pensó: «Si no tengo cuidado, el reino volverá a la dinastía de David.
1Re 12:27 Cuando este pueblo vaya a Jerusalén para ofrecer sacrificios en el templo del SEÑOR, ellos volverán a ser leales al rey Roboam de Judá; a mí me matarán y a él lo nombrarán rey en mi lugar».
1Re 12:28 Entonces, siguiendo la recomendación de sus consejeros, el rey hizo dos becerros de oro. Después dijo a la gente:* «Para ustedes es muy complicado ir hasta Jerusalén a adorar. Miren, israelitas, ¡estos son los dioses que los sacaron de Egipto!».
1Re 12:29 Jeroboam colocó uno de los ídolos con forma de becerro en Betel y al otro lo puso en Dan, es decir, en ambos extremos de su reino.
1Re 12:30 Esto llegó a ser un gran pecado, porque la gente rendía culto a ídolos y viajaba hasta Dan, al norte, para rendir culto al becerro que estaba allí.
1Re 12:31 Además, Jeroboam construyó edificios en el mismo sitio de los santuarios paganos y consagró sacerdotes de entre la gente común, es decir, personas que no pertenecían a la tribu sacerdotal de Leví.
1Re 12:32 También instituyó un festival religioso en Betel, que se celebraba el día quince del octavo mes,* y que era una imitación del Festival de las Enramadas en Judá. Allí, en Betel, Jeroboam ofrecía sacrificios a los becerros que había hecho, y nombró sacerdotes para los santuarios paganos que había construido.
1Re 12:33 Así que el día quince del octavo mes, una fecha que él mismo había designado, Jeroboam ofreció sacrificios sobre el altar de Betel. Él instituyó un festival religioso para Israel y subió al altar a quemar incienso.
jueves, 7 de junio de 2018
LECTURA BÍBLICA 7 DE JUNIO
LECTURA PARA LA MAÑANA
LUCAS 2:21-40
Luc 2:21 Ocho días después, cuando el bebé fue circuncidado, le pusieron por nombre Jesús, el nombre que había dado el ángel aun antes de que el niño fuera concebido.
Luc 2:22 Luego llegó el tiempo para la ofrenda de purificación, como exigía la ley de Moisés después del nacimiento de un niño; así que sus padres lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor.
Luc 2:23 La ley del Señor dice: «Si el primer hijo de una mujer es varón, habrá que dedicarlo al SEÑOR»*.
Luc 2:24 Así que ellos ofrecieron el sacrificio requerido en la ley del Señor, que consistía en «un par de tórtolas o dos pichones de paloma»*.
Luc 2:25 En ese tiempo, había en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era justo y devoto, y esperaba con anhelo que llegara el Mesías y rescatara a Israel. El Espíritu Santo estaba sobre él
Luc 2:26 y le había revelado que no moriría sin antes ver al Mesías del Señor.
Luc 2:27 Ese día, el Espíritu lo guió al templo. De manera que, cuando María y José llegaron para presentar al bebé Jesús ante el Señor como exigía la ley,
Luc 2:28 Simeón estaba allí. Tomó al niño en sus brazos y alabó a Dios diciendo:
Luc 2:29 «Soberano Señor, permite ahora que tu siervo muera en paz, como prometiste.
Luc 2:30 He visto tu salvación,
Luc 2:31 la que preparaste para toda la gente.
Luc 2:32 Él es una luz para revelar a Dios a las naciones, ¡y es la gloria de tu pueblo Israel!».
Luc 2:33 Los padres de Jesús estaban asombrados de lo que se decía de él.
Luc 2:34 Entonces Simeón les dio su bendición y le dijo a María, la madre del bebé: «Este niño está destinado a provocar la caída de muchos en Israel, pero también será la alegría de muchos otros. Fue enviado como una señal de Dios, pero muchos se le opondrán.
Luc 2:35 Como resultado, saldrán a la luz los pensamientos más profundos de muchos corazones, y una espada atravesará tu propia alma».
Luc 2:36 En el templo también estaba Ana, una profetisa muy anciana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Su esposo había muerto cuando sólo llevaban siete años de casados.
Luc 2:37 Después ella vivió como viuda hasta la edad de ochenta y cuatro años.* Nunca salía del templo, sino que permanecía allí de día y de noche adorando a Dios en ayuno y oración.
Luc 2:38 Llegó justo en el momento que Simeón hablaba con María y José, y comenzó a alabar a Dios. Habló del niño a todos los que esperaban que Dios rescatara a Jerusalén.
Luc 2:39 Una vez que los padres de Jesús cumplieron con todas las exigencias de la ley del Señor, regresaron a su casa en Nazaret de Galilea.
Luc 2:40 Allí el niño crecía sano y fuerte. Estaba lleno de sabiduría, y el favor de Dios estaba sobre él.
Luc 2:22 Luego llegó el tiempo para la ofrenda de purificación, como exigía la ley de Moisés después del nacimiento de un niño; así que sus padres lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor.
Luc 2:23 La ley del Señor dice: «Si el primer hijo de una mujer es varón, habrá que dedicarlo al SEÑOR»*.
Luc 2:24 Así que ellos ofrecieron el sacrificio requerido en la ley del Señor, que consistía en «un par de tórtolas o dos pichones de paloma»*.
Luc 2:25 En ese tiempo, había en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era justo y devoto, y esperaba con anhelo que llegara el Mesías y rescatara a Israel. El Espíritu Santo estaba sobre él
Luc 2:26 y le había revelado que no moriría sin antes ver al Mesías del Señor.
Luc 2:27 Ese día, el Espíritu lo guió al templo. De manera que, cuando María y José llegaron para presentar al bebé Jesús ante el Señor como exigía la ley,
Luc 2:28 Simeón estaba allí. Tomó al niño en sus brazos y alabó a Dios diciendo:
Luc 2:29 «Soberano Señor, permite ahora que tu siervo muera en paz, como prometiste.
Luc 2:30 He visto tu salvación,
Luc 2:31 la que preparaste para toda la gente.
Luc 2:32 Él es una luz para revelar a Dios a las naciones, ¡y es la gloria de tu pueblo Israel!».
Luc 2:33 Los padres de Jesús estaban asombrados de lo que se decía de él.
Luc 2:34 Entonces Simeón les dio su bendición y le dijo a María, la madre del bebé: «Este niño está destinado a provocar la caída de muchos en Israel, pero también será la alegría de muchos otros. Fue enviado como una señal de Dios, pero muchos se le opondrán.
Luc 2:35 Como resultado, saldrán a la luz los pensamientos más profundos de muchos corazones, y una espada atravesará tu propia alma».
Luc 2:36 En el templo también estaba Ana, una profetisa muy anciana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Su esposo había muerto cuando sólo llevaban siete años de casados.
Luc 2:37 Después ella vivió como viuda hasta la edad de ochenta y cuatro años.* Nunca salía del templo, sino que permanecía allí de día y de noche adorando a Dios en ayuno y oración.
Luc 2:38 Llegó justo en el momento que Simeón hablaba con María y José, y comenzó a alabar a Dios. Habló del niño a todos los que esperaban que Dios rescatara a Jerusalén.
Luc 2:39 Una vez que los padres de Jesús cumplieron con todas las exigencias de la ley del Señor, regresaron a su casa en Nazaret de Galilea.
Luc 2:40 Allí el niño crecía sano y fuerte. Estaba lleno de sabiduría, y el favor de Dios estaba sobre él.
EFESIOS 4:1-16
Efe 4:1 Por lo tanto, yo, prisionero por servir al Señor, les suplico que lleven una vida digna del llamado que han recibido de Dios, porque en verdad han sido llamados.
Efe 4:2 Sean siempre humildes y amables. Sean pacientes unos con otros y tolérense las faltas por amor.
Efe 4:3 Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz.
Efe 4:4 Pues hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, tal como ustedes fueron llamados a una misma esperanza gloriosa para el futuro.
Efe 4:5 Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
Efe 4:6 y un solo Dios y Padre de todos, quien está sobre todos y en todos, y vive por medio de todos.
Efe 4:7 No obstante, él nos ha dado a cada uno de nosotros un don* especial mediante la generosidad de Cristo.
Efe 4:8 Por eso las Escrituras dicen: «Cuando ascendió a las alturas, se llevó a una multitud de cautivos y dio dones a su pueblo»*.
Efe 4:9 Fíjense que dice «ascendió». Sin duda, eso significa que Cristo también descendió a este mundo inferior.*
Efe 4:10 Y el que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, a fin de llenar la totalidad del universo con su presencia.
Efe 4:11 Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros.
Efe 4:12 Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo.
Efe 4:13 Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo.
Efe 4:14 Entonces ya no seremos inmaduros como los niños. No seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. No nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan la verdad.
Efe 4:15 En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia.
Efe 4:16 Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.
Efe 4:2 Sean siempre humildes y amables. Sean pacientes unos con otros y tolérense las faltas por amor.
Efe 4:3 Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz.
Efe 4:4 Pues hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, tal como ustedes fueron llamados a una misma esperanza gloriosa para el futuro.
Efe 4:5 Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
Efe 4:6 y un solo Dios y Padre de todos, quien está sobre todos y en todos, y vive por medio de todos.
Efe 4:7 No obstante, él nos ha dado a cada uno de nosotros un don* especial mediante la generosidad de Cristo.
Efe 4:8 Por eso las Escrituras dicen: «Cuando ascendió a las alturas, se llevó a una multitud de cautivos y dio dones a su pueblo»*.
Efe 4:9 Fíjense que dice «ascendió». Sin duda, eso significa que Cristo también descendió a este mundo inferior.*
Efe 4:10 Y el que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, a fin de llenar la totalidad del universo con su presencia.
Efe 4:11 Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros.
Efe 4:12 Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo.
Efe 4:13 Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo.
Efe 4:14 Entonces ya no seremos inmaduros como los niños. No seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. No nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan la verdad.
Efe 4:15 En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia.
Efe 4:16 Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.
SALMO 119:49-56
Sal 119:49
Zain
Recuerda la promesa que me hiciste; es mi única esperanza.
Sal 119:50 Tu promesa renueva mis fuerzas; me consuela en todas mis dificultades.
Sal 119:51 Los orgullosos me tratan con un desprecio total, pero yo no me aparto de tus enseñanzas.
Sal 119:52 Medito en tus antiguas ordenanzas; oh SEÑOR, ellas me consuelan.
Sal 119:53 Me pongo furioso con los perversos, porque rechazan tus enseñanzas.
Sal 119:54 Tus decretos han sido el tema de mis canciones en todos los lugares donde he vivido.
Sal 119:55 De noche reflexiono sobre quién eres, SEÑOR; por lo tanto, obedezco tus enseñanzas.
Sal 119:56 Así paso mis días: obedeciendo tus mandamientos.
Zain
Recuerda la promesa que me hiciste; es mi única esperanza.
Sal 119:50 Tu promesa renueva mis fuerzas; me consuela en todas mis dificultades.
Sal 119:51 Los orgullosos me tratan con un desprecio total, pero yo no me aparto de tus enseñanzas.
Sal 119:52 Medito en tus antiguas ordenanzas; oh SEÑOR, ellas me consuelan.
Sal 119:53 Me pongo furioso con los perversos, porque rechazan tus enseñanzas.
Sal 119:54 Tus decretos han sido el tema de mis canciones en todos los lugares donde he vivido.
Sal 119:55 De noche reflexiono sobre quién eres, SEÑOR; por lo tanto, obedezco tus enseñanzas.
Sal 119:56 Así paso mis días: obedeciendo tus mandamientos.
LECTURA PARA LA NOCHE
1 REYES 11
1Re 11:1 Ahora bien, el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras. Además de la hija del faraón, se casó con mujeres de Moab, de Amón, de Edom, de Sidón y de los hititas.
1Re 11:2 El SEÑOR había instruido claramente a los israelitas cuando les dijo: «No se casen con ellas, porque les desviarán el corazón hacia sus dioses». Sin embargo, Salomón se empecinó en amarlas.
1Re 11:3 En total, tuvo setecientas esposas de cuna real y trescientas concubinas. En efecto, ellas apartaron su corazón del SEÑOR.
1Re 11:4 Cuando Salomón ya era anciano, ellas le desviaron el corazón para que rindiera culto a otros dioses en lugar de ser totalmente fiel al SEÑOR su Dios, como lo había sido David su padre.
1Re 11:5 Salomón rindió culto a Astoret, la diosa de los sidonios, y a Moloc,* el detestable dios de los amonitas.
1Re 11:6 De ese modo, Salomón hizo lo malo a los ojos del SEÑOR; se negó a seguir al SEÑOR en forma total y absoluta, como lo había hecho David, su padre.
1Re 11:7 Incluso construyó un santuario pagano para Quemos, el detestable dios de Moab, y otro para Moloc, el detestable dios de los amonitas, en el monte de los Olivos al oriente de Jerusalén.*
1Re 11:8 Salomón construyó esos santuarios para que todas sus esposas extranjeras quemaran incienso e hicieran sacrificios a sus dioses.
1Re 11:9 El SEÑOR estaba muy enojado con Salomón, porque su corazón se había apartado del SEÑOR, Dios de Israel, quien se le había aparecido dos veces.
1Re 11:10 Le había advertido a Salomón específicamente que no rindiera culto a otros dioses, pero Salomón no hizo caso al mandato del SEÑOR.
1Re 11:11 En consecuencia, el SEÑOR le dijo: «Ya que no has cumplido mi pacto y has desobedecido mis decretos, ciertamente te arrancaré el trono y se lo daré a uno de tus siervos;
1Re 11:12 pero por amor a tu padre David, no lo haré mientras vivas, sino que le quitaré el trono a tu hijo.
1Re 11:13 Y aun así, no le quitaré el reino entero; lo dejaré ser rey de una tribu por amor a mi siervo David y por amor a Jerusalén, mi ciudad escogida».
1Re 11:14 Entonces el SEÑOR levantó a Hadad, el edomita, quien era miembro de la familia real de Edom, para que fuera adversario de Salomón.
1Re 11:15 Sucedió que años atrás, David había derrotado a Edom, y Joab, el comandante del ejército, se había quedado para enterrar a unos soldados de Israel que habían muerto en batalla. Mientras estaban allí, mataron a todos los varones de Edom.
1Re 11:16 Joab y el ejército de Israel se quedaron durante seis meses hasta que acabaron con todos.
1Re 11:17 Sin embargo, Hadad y unos cuantos funcionarios de la corte de su padre lograron escapar y se dirigieron a Egipto. (Hadad era apenas un niño en ese tiempo).
1Re 11:18 Salieron de Madián y se fueron a Parán, donde otros se les unieron. Luego viajaron a Egipto y se presentaron ante el faraón, quien les dio casa, comida y tierras.
1Re 11:19 El faraón se encariñó con Hadad y le dio en matrimonio a su cuñada, la hermana de la reina Tahpenes.
1Re 11:20 Ella le dio un hijo, a quien llamaron Genubat. Tahpenes lo crió* en el palacio del faraón entre los propios hijos del faraón.
1Re 11:21 Cuando le llegó la noticia a Hadad en Egipto de que tanto David como su comandante Joab habían muerto, le dijo al faraón: —Permíteme regresar a mi país.
1Re 11:22 —¿Por qué? —le preguntó el faraón—. ¿Qué te falta aquí que deseas regresar a tu tierra? —Nada —contestó él—, pero aun así, te pido que me dejes regresar.
1Re 11:23 Dios también levantó a Rezón, hijo de Eliada, como adversario de Salomón. Rezón había huido de su amo, el rey Hadad-ezer de Soba,
1Re 11:24 y había llegado a ser el líder de una banda de rebeldes. Después de que David venció a Hadad-ezer, Rezón y sus hombres huyeron a Damasco, donde él llegó a ser rey.
1Re 11:25 Rezón fue enemigo a muerte de Israel por el resto del reinado de Salomón y generó conflictos como lo había hecho Hadad. Rezón odió a Israel profundamente y siguió reinando en Aram.
1Re 11:26 Otro líder rebelde fue Jeroboam, hijo de Nabat, uno de los propios funcionarios de Salomón. Provenía de la ciudad de Sereda, en Efraín, y su madre era una viuda llamada Zerúa.
1Re 11:27 Esta es la historia que explica su rebelión: Salomón estaba reconstruyendo los terraplenes* y reparando las murallas de la ciudad de su padre David.
1Re 11:28 Jeroboam era un joven muy capaz. Cuando Salomón vio lo diligente que era, lo puso a cargo de los trabajadores de las tribus de Efraín y Manasés, los descendientes de José.
1Re 11:29 Cierto día, mientras Jeroboam salía de Jerusalén, el profeta Ahías de Silo se encontró con él en el camino. Ahías tenía puesta una capa nueva. Los dos estaban solos en un campo
1Re 11:30 cuando Ahías tomó la capa nueva que llevaba puesta y la rompió en doce pedazos.
1Re 11:31 Luego le dijo a Jeroboam: «Toma diez de estos pedazos, porque el SEÑOR, Dios de Israel, dice: “¡Estoy a punto de arrancar el reino de manos de Salomón y te daré a ti diez de las tribus!
1Re 11:32 Pero le dejaré una tribu a Salomón por amor a mi siervo David y por amor a Jerusalén, la ciudad que he escogido entre todas las tribus de Israel.
1Re 11:33 Pues Salomón se ha* apartado de mí y rindió culto a Astoret, diosa de los sidonios; a Quemos, dios de Moab; y a Moloc, dios de los amonitas. Salomón no ha seguido mis caminos ni ha hecho lo que me agrada. Tampoco ha obedecido mis decretos y ordenanzas como lo hizo su padre David.
1Re 11:34 »”Sin embargo, no le quitaré todo el reino a Salomón por ahora. Por amor a mi siervo David, a quien yo escogí y quien obedeció mis mandatos y decretos, mantendré a Salomón como líder el resto de sus días,
1Re 11:35 pero le quitaré el reino a su hijo y te daré a ti diez de las tribus.
1Re 11:36 Su hijo tendrá una tribu para que los descendientes de David, mi siervo, sigan reinando y, como una lámpara, brillen en Jerusalén, la ciudad que he escogido para que sea el lugar para mi nombre.
1Re 11:37 Te pondré a ti en el trono de Israel, y gobernarás todo lo que tu corazón desee.
1Re 11:38 Si prestas atención a lo que te digo y sigues mis caminos y haces todo lo que yo considero correcto, y si obedeces mis decretos y mandatos, como lo hizo mi siervo David, entonces siempre estaré contigo. Estableceré una dinastía duradera para ti, como lo hice con David, y te entregaré Israel.
1Re 11:39 Por causa del pecado de Salomón, castigaré a los descendientes de David, aunque no para siempre”».
1Re 11:40 Salomón intentó matar a Jeroboam, pero él huyó a Egipto, donde reinaba Sisac, y se quedó allí hasta la muerte de Salomón.
1Re 11:41 Los demás acontecimientos del reinado de Salomón, con todos sus logros y su sabiduría, están registrados en El libro de los hechos de Salomón .
1Re 11:42 Salomón gobernó en Jerusalén a todo Israel durante cuarenta años.
1Re 11:43 Cuando murió, lo enterraron en la Ciudad de David, la cual llevaba ese nombre por su padre. Luego su hijo Roboam lo sucedió en el trono.
1Re 11:2 El SEÑOR había instruido claramente a los israelitas cuando les dijo: «No se casen con ellas, porque les desviarán el corazón hacia sus dioses». Sin embargo, Salomón se empecinó en amarlas.
1Re 11:3 En total, tuvo setecientas esposas de cuna real y trescientas concubinas. En efecto, ellas apartaron su corazón del SEÑOR.
1Re 11:4 Cuando Salomón ya era anciano, ellas le desviaron el corazón para que rindiera culto a otros dioses en lugar de ser totalmente fiel al SEÑOR su Dios, como lo había sido David su padre.
1Re 11:5 Salomón rindió culto a Astoret, la diosa de los sidonios, y a Moloc,* el detestable dios de los amonitas.
1Re 11:6 De ese modo, Salomón hizo lo malo a los ojos del SEÑOR; se negó a seguir al SEÑOR en forma total y absoluta, como lo había hecho David, su padre.
1Re 11:7 Incluso construyó un santuario pagano para Quemos, el detestable dios de Moab, y otro para Moloc, el detestable dios de los amonitas, en el monte de los Olivos al oriente de Jerusalén.*
1Re 11:8 Salomón construyó esos santuarios para que todas sus esposas extranjeras quemaran incienso e hicieran sacrificios a sus dioses.
1Re 11:9 El SEÑOR estaba muy enojado con Salomón, porque su corazón se había apartado del SEÑOR, Dios de Israel, quien se le había aparecido dos veces.
1Re 11:10 Le había advertido a Salomón específicamente que no rindiera culto a otros dioses, pero Salomón no hizo caso al mandato del SEÑOR.
1Re 11:11 En consecuencia, el SEÑOR le dijo: «Ya que no has cumplido mi pacto y has desobedecido mis decretos, ciertamente te arrancaré el trono y se lo daré a uno de tus siervos;
1Re 11:12 pero por amor a tu padre David, no lo haré mientras vivas, sino que le quitaré el trono a tu hijo.
1Re 11:13 Y aun así, no le quitaré el reino entero; lo dejaré ser rey de una tribu por amor a mi siervo David y por amor a Jerusalén, mi ciudad escogida».
1Re 11:14 Entonces el SEÑOR levantó a Hadad, el edomita, quien era miembro de la familia real de Edom, para que fuera adversario de Salomón.
1Re 11:15 Sucedió que años atrás, David había derrotado a Edom, y Joab, el comandante del ejército, se había quedado para enterrar a unos soldados de Israel que habían muerto en batalla. Mientras estaban allí, mataron a todos los varones de Edom.
1Re 11:16 Joab y el ejército de Israel se quedaron durante seis meses hasta que acabaron con todos.
1Re 11:17 Sin embargo, Hadad y unos cuantos funcionarios de la corte de su padre lograron escapar y se dirigieron a Egipto. (Hadad era apenas un niño en ese tiempo).
1Re 11:18 Salieron de Madián y se fueron a Parán, donde otros se les unieron. Luego viajaron a Egipto y se presentaron ante el faraón, quien les dio casa, comida y tierras.
1Re 11:19 El faraón se encariñó con Hadad y le dio en matrimonio a su cuñada, la hermana de la reina Tahpenes.
1Re 11:20 Ella le dio un hijo, a quien llamaron Genubat. Tahpenes lo crió* en el palacio del faraón entre los propios hijos del faraón.
1Re 11:21 Cuando le llegó la noticia a Hadad en Egipto de que tanto David como su comandante Joab habían muerto, le dijo al faraón: —Permíteme regresar a mi país.
1Re 11:22 —¿Por qué? —le preguntó el faraón—. ¿Qué te falta aquí que deseas regresar a tu tierra? —Nada —contestó él—, pero aun así, te pido que me dejes regresar.
1Re 11:23 Dios también levantó a Rezón, hijo de Eliada, como adversario de Salomón. Rezón había huido de su amo, el rey Hadad-ezer de Soba,
1Re 11:24 y había llegado a ser el líder de una banda de rebeldes. Después de que David venció a Hadad-ezer, Rezón y sus hombres huyeron a Damasco, donde él llegó a ser rey.
1Re 11:25 Rezón fue enemigo a muerte de Israel por el resto del reinado de Salomón y generó conflictos como lo había hecho Hadad. Rezón odió a Israel profundamente y siguió reinando en Aram.
1Re 11:26 Otro líder rebelde fue Jeroboam, hijo de Nabat, uno de los propios funcionarios de Salomón. Provenía de la ciudad de Sereda, en Efraín, y su madre era una viuda llamada Zerúa.
1Re 11:27 Esta es la historia que explica su rebelión: Salomón estaba reconstruyendo los terraplenes* y reparando las murallas de la ciudad de su padre David.
1Re 11:28 Jeroboam era un joven muy capaz. Cuando Salomón vio lo diligente que era, lo puso a cargo de los trabajadores de las tribus de Efraín y Manasés, los descendientes de José.
1Re 11:29 Cierto día, mientras Jeroboam salía de Jerusalén, el profeta Ahías de Silo se encontró con él en el camino. Ahías tenía puesta una capa nueva. Los dos estaban solos en un campo
1Re 11:30 cuando Ahías tomó la capa nueva que llevaba puesta y la rompió en doce pedazos.
1Re 11:31 Luego le dijo a Jeroboam: «Toma diez de estos pedazos, porque el SEÑOR, Dios de Israel, dice: “¡Estoy a punto de arrancar el reino de manos de Salomón y te daré a ti diez de las tribus!
1Re 11:32 Pero le dejaré una tribu a Salomón por amor a mi siervo David y por amor a Jerusalén, la ciudad que he escogido entre todas las tribus de Israel.
1Re 11:33 Pues Salomón se ha* apartado de mí y rindió culto a Astoret, diosa de los sidonios; a Quemos, dios de Moab; y a Moloc, dios de los amonitas. Salomón no ha seguido mis caminos ni ha hecho lo que me agrada. Tampoco ha obedecido mis decretos y ordenanzas como lo hizo su padre David.
1Re 11:34 »”Sin embargo, no le quitaré todo el reino a Salomón por ahora. Por amor a mi siervo David, a quien yo escogí y quien obedeció mis mandatos y decretos, mantendré a Salomón como líder el resto de sus días,
1Re 11:35 pero le quitaré el reino a su hijo y te daré a ti diez de las tribus.
1Re 11:36 Su hijo tendrá una tribu para que los descendientes de David, mi siervo, sigan reinando y, como una lámpara, brillen en Jerusalén, la ciudad que he escogido para que sea el lugar para mi nombre.
1Re 11:37 Te pondré a ti en el trono de Israel, y gobernarás todo lo que tu corazón desee.
1Re 11:38 Si prestas atención a lo que te digo y sigues mis caminos y haces todo lo que yo considero correcto, y si obedeces mis decretos y mandatos, como lo hizo mi siervo David, entonces siempre estaré contigo. Estableceré una dinastía duradera para ti, como lo hice con David, y te entregaré Israel.
1Re 11:39 Por causa del pecado de Salomón, castigaré a los descendientes de David, aunque no para siempre”».
1Re 11:40 Salomón intentó matar a Jeroboam, pero él huyó a Egipto, donde reinaba Sisac, y se quedó allí hasta la muerte de Salomón.
1Re 11:41 Los demás acontecimientos del reinado de Salomón, con todos sus logros y su sabiduría, están registrados en El libro de los hechos de Salomón .
1Re 11:42 Salomón gobernó en Jerusalén a todo Israel durante cuarenta años.
1Re 11:43 Cuando murió, lo enterraron en la Ciudad de David, la cual llevaba ese nombre por su padre. Luego su hijo Roboam lo sucedió en el trono.
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